domingo, 1 de marzo de 2009

The shoe wardrobe

Siempre he mantenido que la elegancia empieza por el calzado y que éste es, sin lugar a dudas, la parte más importante de la indumentaria masculina. Como ya hemos establecido en más de una ocasión, el mejor traje de Henry Poole se puede ver arruinado por no vestir unos zapatos a la altura de éste o por no saberlos sencillamente combinar.

Del mismo modo, también puede ocurrir que un traje normalito se realce al descansar éste sobre unos zapatos bien escogidos y de calidad; aunque ni el más fino John Lobb podría hacer milagros en muchas ocasiones.

Unos buenos zapatos tratados con mimo pueden durarnos muchísimo tiempo. Si nos propusiéramos adquirir un par de zapatos todos los años, podríamos llegar a tener un armario a lo largo del tiempo similar al que en la foto del encabezado exhibe orgulloso Mr. Adolphe Menjou.
A través del reportaje de este mes intentaremos establecer cuáles son esos modelos que no deberían faltar en el armario de todo Aristócrata. Debido a que a la hora de vestir casual las opciones pueden ser interminables y además muy personales, nos centraremos siguiendo la línea editorial de nuestra página en las opciones más recomendable para vestir de forma formal.

Los que nos acompañáis desde el principio habréis observado que en elaristocrata.com no prestamos especial atención a las diferentes marcas. Preferimos hablar por el contrario, de ciertas telas, del corte bespoke, del correcto uso de las diferentes prendas etc. A pesar de ésto, a la hora de comprar zapatos debemos siempre acudir a marcas reputadas. Y cuando digo reputadas no me refiero a las marcas de moda. Las centenarias casas de Northampson, o ciertas casas húngaras, francesas o americanas siguen siendo el referente. Debemos por lo tanto huir de las marcas más “fashion” que en su afán de ganar cuota de mercado empiezan a ofrecer todo tipo de calzado. Es increíble comprobar, sobre todo en nuestro país, como hay banqueros, políticos etc que visten trajes perfectamente cortados y luego por supuesta comodidad o sencillamente por desconocimiento visten los zapatos erróneos. También es tristemente frecuente observar como muchos caballeros no dan importancia al calzado y se gastan la gran parte de su presupuesto en el traje, la camisa etc. dejando una parte mínima para los zapatos. Esto debería ser justamente al contrario: primero tendríamos que escoger los zapatos y luego deberíamos pensar cómo repartir el resto de nuestro presupuesto. Seguramente ninguno de nosotros vestiremos dos días consecutivos el mismo traje, por lo que tampoco parece muy conveniente ni correcto vestir dos días seguidos los mismos zapatos. Si a este hecho unimos una de las recomendaciones esenciales a la hora de cuidar nuestro calzado, esto es, dejarlos descansar al menos un día después de su uso, parece más que comprensible que poseamos más de un par. Esto que parece algo más que razonable desgraciadamente no siempre lo es y podemos contemplar como se produce una rotación de camisas, corbatas pero siempre vistiendo el mismo par de zapatos o en el mejor de los casos sólo se produce una alternancia entre dos.

Basta con cinco pares en nuestro armario correctamente escogidos para afrontar nuestro día a día. A éstos obviamente le tendremos que añadir aquellos zapatos que calzaremos una vez nos desprendamos del traje de chaqueta pero que en esta ocasión no vamos a tratar.

Oxford

Seguramente el modelo más clásico y más elegante de cuantos expondremos aquí. Es perfecto para ser vestido tanto con traje como con chaqué. Si sólo un par de zapatos pudiéramos permitirnos, éstos deberían ser sin lugar a dudas este clásico inglés que está en el armario de los caballeros ingleses desde 1830. Una de las notas que diferencia unos buenos Oxford es su costura prusiana. Como establece B. Roetzel en la costura prusiana las dos partes de la pala que se juntan con los cordones están cosidas bajo la parte delantera del zapato y terminan en una lengüeta cosida bajo los cordones. El resultado suele ser un zapato muy formal ya que en él apenas se averigua la lengüeta. Aunque el Oxford lo podemos encontrar cada vez en más tonalidades, su color por excelencia sigue siendo el negro.

Existen múltiples variedades del modelo Oxford. Desde el clásico plain con los obligados cinco pares de agujeros y con un fino pespuntado en la puntera hasta el semi-brogue con puntera y la línea de las orejas con perforaciones marcadas y contrafuerte en el talón hasta el más recargado y de uso más sport full-brogue. El origen de las perforaciones en la piel de los zapatos proviene de los granjeros irlandeses quienes para facilitar el secado del interior de sus zapatos, hacían agujeros en la piel de la puntera y en las cañetas de su calzado.

En el Reino Unido, este tipo de zapato también se popularizó entre los guardas forestales. La burguesía que cazaba con éstos empezó también a vestirlos. A partir de entonces las perforaciones se fueron haciendo cada vez más finas para terminar siendo simplemente un adorno del zapato.
Más tarde y ya entrado el S. XIX los full-brogue empezaron a verse hasta en los campos de golf y eran considerados como zapatos deportivos.

El despegue de este modelo se debe al Príncipe de Gales, cuando sorprendió a la prensa internacional jugando al golf con zapatos full-brogue. Su particular estilo a la hora de vestir hizo que también se le viera vistiéndolos en varias ocasiones en recepciones de la alta sociedad de la época.

La principal diferencia entre el full-brogue y el semi-brogue está en la terminación de la puntera: en el caso del full-brogue, se trata de una puntera con terminación triangular, y en el del semi-brogue de una puntera con terminación recta.
Cuanto menos recargado sea nuestro Oxford más adecuado será para ser vestido formal. Esto no significa que el modelo plain sea siempre el más adecuado. Un semi-brogue o incluso un full es perfecto para ser calzado con por ejemplo, un traje de Tweed, unos pantalones de pana, de franela e incluso con un Príncipe de Gales. Los Brogue de ante, tan populares para vestirse con traje en Italia, pueden ser calzados desde con unos chinos hasta con unos vaqueros.

Derby

Los derby para los británicos y blucher para los americanos son otra opción que deberíamos tener en cuenta a la hora de confeccionar un buen armario.

La principal diferencia con el oxford es que en el derby la parte lateral del zapato va cosida por fuera de la parte delantera. La lengüeta en este caso se extiende desde el comienzo de la parte que cubre los dedos hasta el final del empeine.
Al igual que en el caso de los Oxford, según el grado de adorno los Blucher pueden recibir diversos nombres. Si no hay adornos se denominan plantip blucher; si lleva puntera nos encontraremos ante unos toecap bluchers, si llevan una puntera de ala similar al del full brogue en el Oxford lo llamaremos long wing blucher. El grado de adorno al igual que en los Oxford establece su formalidad.
Si nos decantamos por modelos con perforaciones marcadas tendrán que ser destinados a un uso rural. Los podremos lucir con chaquetas de tweed o incluso con trajes de lino. Los colores más frecuentes en los derby son los mismos que en el caso de su primo hermano, los Oxford: negros, marrones en sus diversas tonalidades, vino etc. No obstante, no debemos pasar por alto que después de las seis de la tarde sólo el color negro es aceptado para ser vestido con un conjunto formal. En caso de que vistamos de forma casual podremos ampliar los colores a elegir; incluso después de esta hora.

Monkstrap

Este tipo de zapato recibe esta denominación por la utilización de hebillas para abotonar el zapato y porque recuerda a las sandalias de los monjes. La gran diferencia con los Oxford y con los Derby es que es la hebilla la que une las cañetas. En un lado encontramos la hebilla y en el otro, el trozo de piel que se une a ésta. Los zapatos con hebilla son otro clásico que no puede faltar en ningún buen armario que presuma de tal. Podemos encontrarlo con una sólo hebilla o con una hebilla doble. Normalmente los zapatos de hebilla doble suelen ser más finos que los de hebilla sencilla aunque existen modelos como los savile de C&J que son de una gran belleza. Su uso aún siendo muy formal no lo es tanto como el clásico oxford; de ahí que calzarlos con un chaqué no sea correcto. El chaqué sigue siendo propiedad del oxford plain o de las botas Balmoral.

Un zapato con hebilla da una gran variedad a nuestro armario. Unos oxfords y unos derby pueden ser confundidos por el ojo inexperto. Esto no ocurre con unos monks. Su/s hebilla son un signo claro de identidad. Otra ventaja de los monks, que también gozan los modelos derby, es que suelen ser más cómodos que los oxfords. Su uso es particularmente agradecido por los caballeros de pie ancho o con un empeine pronunciado. Igualmente su cierre hace que nos olvidemos totalmente de comprobar si se nos han desatado los cordones. Si bien sobre el uso de los oxfords hay un acuerdo sobre su idoneidad para ser calzados en la mayoría de las ocasiones, no ocurre lo mismo con los monks. Pocos modelos clásicos de zapatos levantan tantas discrepancias entre los caballeros que gustan de vestir de forma clásica. No veremos al inglés más tradicional vistiendo estos zapatos. Esto tiene su justificación en el hecho de que el ancho del pantalón inglés es de generosas proporciones lo que puede producir que se enganche fácilmente en la hebilla y además que estropee la caída del pantalón. Si nos decantamos por este zapato deberemos escoger un corte más estrecho para nuestro pantalón. Estos pueden ser destinados también a un uso más sport. Por ejemplo un zapato de doble hebilla con algún dibujo en color vino pueden ser perfectos para vestirlos hasta con unos jeans. Con una bonita variedad de oxfords, derbys y monks tendremos sin lugar a dudas cubierto nuestro armario en lo que se refiere a nuestra vestimenta formal.

Para los que somos forofos de los zapatos seguramente estas opciones no nos hayan aportado nada nuevo al tener varios modelos de ellos en nuestro armario. Para éstos y para los que quieran ampliar su fondo de armario hay otros modelos que si bien podemos prescindir de ellos, tarde o temprano terminaran robando espacio a nuestro armario.

Los mocasines, también conocidos como loafers y en algún caso como slip on, deberían ayudar a completar nuestro shoe wardrobe. A pesar de que sea tristemente habitual en nuestro país ver hasta en los círculos más elitistas su uso con traje de chaqueta, los mocasines nunca se deben vestir con traje de chaqueta; sean el modelo que sean e independientemente de la casa que los fabrique. No hay cosa más decepcionante que observar a un caballero con un traje bien cortado vistiendo unos sidney o incluso unos sebagos classic. Sin embargo, su uso si es correcto en una vestimenta semi-formal. Por ejemplo, una chaqueta azul marina y unos pantalones grises admiten perfectamente unos Tassel. También se pueden vestir con pantalones sport o con unos vaqueros.
Hay mocasines italianos que bien merecen también un hueco en nuestro armario, sobre todo en la época de verano.

Uno de los caprichos que si podemos permitírnoslo debemos sucumbir a él, son las botas Balmoral. Este modelo vió la luz ya en el S XIX. La bota la diseñó el zapatero de la Reina Victoria con el fin de que fueran vestidas por el Príncipe Alberto en su castillo de Balmoral. Más tarde fue utilizado como zapato de trabajo tanto por hombres como por mujeres.

Estas botas son perfectas para ser calzadas en las épocas más frías y son ideales sobre todo con nuestro morning suit. Ya bien sea porque nos guste asistir al comienzo de las diferentes temporadas de la opera o porque solamos vestir black tie o white tie deberíamos tener en nuestro armario unas opera pumps. Igualmente, si somos de los que disfrutamos pasando tiempo en nuestra casa de campo o simplemente en casa deleitándonos o de un buen libro tendríamos que adquirir cuanto antes un par de elegantes slippers. Podríamos seguir hablando casi indefinidamente de todos los modelos que deberían estar en nuestro armario o que sencillamente nos gustaría algún día poder vestir pero, por esta vez, nos quedaremos con los aquí descritos, los cuales por otro lado nos dan una base muy sólida para poder afrontar con confianza cualquier atuendo y cualquier situación.

El Aristócrata