EL AFEITADO CON NAVAJA, EL ASEO DE LA BARBA

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Si el afeitado es el ritual masculino por antonomasia, el afeitado clásico es la máxima expresión del hombre.[...]
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Si el afeitado es el ritual masculino por antonomasia, el afeitado clásico es la máxima expresión del hombre. Las navajas clásicas, que nuestros bisabuelos manejaban con pericia de artista y que la industria y la cultura de la prisa enviaron al destierro, han vuelto. Y, con ellas, figuras (como la del barbero) y costumbres que creíamos perdidas y que, hoy más que nunca, nos recuerdan el valor ritual de los pequeños hábitos cotidianos, del tiempo propio.


Los hombres del siglo XXI saben que el encuentro diario frente al espejo es algo más que un trámite que apurar sin demasiados miramientos: es nuestro momento, el único (casi) que vamos a tener en todo el día para disfrutar de nuestra propia compañía. Por eso, en este artículo, nosotros, que somos unos nostálgicos empedernidos, hemos querido recuperar el ritual del afeitado clásico. Así que, toma nota, prepárate una buena lista de Spotify con tu música favorita y resérvate 15 minutos diarios (sabes que sí los tienes) para empezar a afeitarte como un auténtico gentleman.
 


1- Prepara tu piel, prepara tu mente. Antes de empezar, pégate una buena ducha de agua caliente. No es un capricho (no por nada, no hay ritual que se precie que no implique al elemento líquido por excelencia): el agua tiene algo de purificador, de renovador. Te ayudará a liberarte de cualquier preocupación o distracción rutinaria que te impida concentrarte en ti mismo (regálate este momento, te lo mereces) y, lo más importante, abrirá tus poros, preparando tu cara para el afeitado.
 
Si no te apetece o no tienes tiempo para darte una ducha, puedes humedecer una toalla en agua caliente para obtener el mismo efecto. Aplícala sobre la cara (sin lavarla) durante unos minutos. Se paciente (relájate, no hay prisa, disfruta): el agua caliente evitará daños como consecuencia de la fricción producida por la cuchilla sobre tu cara y ablandará el vello debajo de la piel.


2- Aplica un aceite pre-afeitado. Un buen aceite pre-afeitado hidrata el área a rasurar ablandando el pelo de la barba y evitando la irritación de la piel producida por la fricción de la cuchilla. Si te sueles saltar este paso, te recomendamos que reconsideres tu decisión: te sorprenderás.

3- Extiende la crema de afeitar (con brocha, por supuesto). Olvídate de las ‘espumas de bote’ y opta por una buena crema de afeitado. ¿Nuestro consejo? Elige una opción para caballeros de manufactura artesana, como 1805, de Trueffit & Hill, con notas de ciprés, bergamota, cardamomo, mandarina, nuez moscada, lavanda, geranio, almizcle, vetiver, sándalo y cedro. Una composición oceánica y fresca que elevará la rutina del afeitado al grado de ritual.


Para redondear la experiencia, extiende la crema con una brocha de gama alta que te ayudará a aumentar la suntuosidad de la espuma. Además, los pelos de la brocha (aunque los clásicos son los de tejón, nosotros preferimos alternativas más sostenibles) en contacto con la piel tienen un efecto exfoliante, perfecto para eliminar esas células muertas que le dan un aspecto apagado y envejecido a tu cara. Y la sensación de la brocha en contacto con el cuello y el rostro es, sencillamente, inenarrable.
 
4- ¿Navaja barbera o maquinilla clásica? Quienes se inician en el ritual del afeitado clásico, a menudo dudan entre estas dos opciones. Si bien es cierto que la navaja tiene un componente romántico innegable, también lo es que usarla requiere mucha más pericia (además, necesitarás adquirir utensilios complementarios, como una correa de cuero o una piedra especiales para afilarla).
 


5- Aféitate, disfruta. Después de todos los preparativos, por fin estás listo para el momento cumbre del ritual del afeitado. Antes de pasar la cuchilla o la navaja por la cara (unas 3 pasadas deberían ser suficientes), tira ligeramente de la piel para mantenerla firme y facilitar que el filo se deslice por ella sin incidentes. Aplica la presión justa (si sueles tener pelos enquistados o tienes la piel muy sensible, se especialmente suave) y comienza el proceso de afeitado. Puedes afeitarte en la dirección del crecimiento del pelo (recomendado si quieres evitar que tu piel se irrite) o al revés, si buscas un resultado más apurado (hazlo solo después de la primera pasada). Si optas por la segunda opción, insiste en la aplicación del aceite pre-afeitado y la crema para evitar futuras irritaciones.
 
6- Despedida: after shave. Para acabar, aclárate con agua abundante, tibia o fría, si quieres cerrar bien los poros de la piel. Para un resultado sobresaliente, utiliza un jabón con PH bajo que te ayudará a mantener los niveles de grasa óptimos de la piel evitando que se seque en exceso. Termina aplicando un bálsamo postáfeitado o after-shave libre de alcohol (reseca la piel y favorece la aparición de arrugas) que contenga ingredientes naturales para la regeneración y alivio de la piel y menta, para refrescarla. Aplícatelo con calma, disfruta de los últimos momentos de tu ritual matutino y prepárate para salir, una vez más, a la vida.


Consejos sensatos, para un afeitado impecable:

• Afeitarse después de la ducha
• El agua caliente aporta flexibilidad a la piel y alarga el pelo
• Mejor en ayunas, para evitar los riesgos de irritación y rojeces vinculados con el flujo de sangre creado por la masticación.
• Utilizar una brocha, para enderezar el pelo y facilitar el afeitado.
• Realizar una exfoliación una vez por semana, la noche anterior al afeitado, para eliminar las células muertas y favorecer el crecimiento del pelo.
• Utilizar crema de afeitar, más protectora y más rica. Su espuma ablanda el pelo y garantiza un afeitado agradable, incluso con una barba tupida.
• Después del afeitado aplicar una pequeña cantidad de bálsamo para calmar la piel y nutrir la barba profundamente.
• Retocar la barba al menos una vez por semana con tijeras para barba o una máquina de afeitar.
• Es indispensable ir al barbero una vez por mes.
• Lavar la barba al mismo tiempo que el cabello con un champú voluminizador para revelar su resplandor.
• Cepillarla diariamente con un peine de queratina (nunca con un peine de plástico).
• Suavizarla todas las mañanas con polvo de seda.
• Besar a la persona amada únicamente con una barba suave y delicadamente perfumada.

Aunque hoy no te toque afeitarte, no descuides tu rutina de cuidados. Todo hombre que valore su imagen debe conocer la importancia de una buena crema hidratante, aplicada dos veces al día (mañana y noche), máxime si se afeita con frecuencia (ya sabes que el afeitado tiende a resecar y sensibilizar la piel).
 
PD: acuérdate de ti todos los días, aunque no te afeites
 
Redacción

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COMENTARIOS

Un comentario

  1. Hola, José Mª.
    En efecto, de un tiempo a esta parte parece que vuelve el afeitado clásico, sobre todo con maquinilla de hoja de doble filo, que es más fácil de dominar que la navaja barbera.
    Sobre este particular, me gustaría llamar la atención sobre las fotografías que ilustran el artículo, concretamente la primera y la tercera. A diferencia de la penúltima fotografía, que sí corresponde a una navaja de afeitar de verdad, lo que tiene en la mano el barbero en la primera es una shavette, un mango que imita la forma de la navaja, pero sin filo, puesto que lleva hojas desechables como las de la maquinilla. Por desgracia, es lo único que pueden usar los barberos en España, ya que el uso de la navaja (en barbería) está prohibido desde hace años. Yo, cuando quiero que me afeite mi barbero, llevo mi propia navaja.
    En cuanto a la otra foto, apoyar de esa forma la navaja sobre el cuello es la mejor manera de suicidarse, pero no de afeitarse. El filo de la navaja (gran novela, por otra parte) es tan agudo que solo apoyándolo en ese ángulo y con una ligera presión podría provocar un microcorte. La navaja jamás debe ir en perpendicular al cuello, sino oblicua, en un ángulo de unos 30° o menos, si no quiere uno sacarse unas lonchas del cuello como aperitivo.
    Es un arte casi extinto, pero en internet hay algunos magníficos sitios dedicados al afeitado clásico donde aprender todos sus secretos y técnicas. Tipos y tamaños de hojas, de brochas, cremas y jabones… Merece la pena, porque, como muy bien dices, esos quince o veinte minutos diarios son, probablemente, los unos que podremos dedicarnos a nosotros mismos en todo el día.
    Un saludo.

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