NAMIKI YUKARI ROYALE vs MONTBLANC 149

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Dos de las referencias más preciadas por los amantes de las estilográficas y que hoy enfrentamos. Pero al margen del resultado final, merece la pena conocerlas pues quien sabe si ambas se merecen el honor de ocupar un puesto destacado en la ya cercana carta a los Reyes Magos.
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Dos de las referencias más preciadas por los amantes de las estilográficas y que hoy enfrentamos. Pero al margen del resultado final, merece la pena conocerlas pues quien sabe si ambas se merecen el honor de ocupar un puesto destacado en la ya cercana carta a los Reyes Magos.

Como la gran mayoría de las cosas de las que hablamos en esta página, estas plumas llevan conmigo el suficiente tiempo como para poder comentar sobre ellas con cierto criterio y no solo desde la lejanía. De hecho, la 149 me acompaña desde hace 5 años y la Namiki algo más de dos. Ambas las uso en el día a día. Los amantes de las plumas estarán conmigo que quedarse solo con una pluma no es tarea sencilla y menos ensalzar una sobre otra. Es, sencillamente, cuestión de gustos y preferencias en la escritura.

Obviamente, hay cosas difíciles de rebatir como, por ejemplo, que el servicio postventa de Montblanc, en caso de necesitarse, es mucho más accesible por sus muchos puntos de ventas. Además, yo mismo lo he utilizado en dos ocasiones y funciona a las mil maravillas. Igualmente, Montblanc lleva aparejado una serie de connotaciones que la estilográfica japonesa todavía no ha alcanzado; al menos no entre el público generalista

De entrada, lo que antes puede hacernos decantarnos por una u otra será el color. No pueden ser más diferentes. Si la nipona apuesta por el llamativo rojo, un rojo brillante, la alemana prefiere la elegancia seria del negro brillante (aunque también la japonesa se fabrica en negro y la alemana en negro mate). Rojo vs Negro. Aunque en negro la pluma pasará más desapercibida, la elección de un color u otro es una cuestión meramente personal. Si se tienen varias estilográficas, seguramente el color nos importe poco pues se tendrán plumas en tonos y terminaciones muy variados. Dicho esto, al igual que si solo se va a tener un traje es lógico que este sea azul oscuro, si se va a comprar una primera pluma también resulta comprensible decantarse por una que sea negra.

Los amantes de la tradición seguro que prestarán atención a la historia de la Montblanc 149. Montblanc empezó a comercializar esta pluma en 1952, sustituyendo al modelo 139. Forma parte de la serie 140, cuya producción empezó en 1948, tras abandonar la marca los modelos que no llevaban el sistema de carga por pistón. Quizás lo más determinante de la calidad del modelo sea el 1 que lidera su referencia 149; un número que identifica a la pluma como una Meisterstück, toda una declaración de intenciones. El 4 se refiere al nombrado sistema de carga, por pistón, y, finalmente, el 9 hace referencia al tamaño del plumín; el más grande que ofrece Montblanc.

La 149 tiene forma de cigarro, con un anillo dorado para integrar el mando del cargador con el barril. Sobre la rosca del capuchón lleva una ventana de tinta transparente que te da una idea, no muy clara, de la tinta restante. El capuchón está confeccionado en resina plástica y tiene forma de torpedo cerrándose con un sistema de rosca. En la falda del capuchón se pueden observar tres anillos. En el que está en medio, de mayor anchura que los demás, se puede leer la marca y el número 149 del modelo. Aunque en los primeros modelos el cuerpo y el capuchón estaban fabricados en celuloide, después de los años 60 pasan a fabricarse en resina plástica. También se cambió en esa misma época el material del alimentador, construido en un principio en ebonita y ya después en plástico.

Como es habitual en la marca, se puede observar el logotipo de la mítica estrella blanca sobre la tapa que hace de tornillo para sujetar el clip. La pluma lleva incorporado un plumín de oro de 14 ct bicolor, con unas bonitas filigranas, la altura del Montblanc y el logotipo de la marca. Si de enfrentar la decoración del plumín se trata, la 149 gana por goleada a la Royale. Otra diferencia con la pluma japonesa es su sistema de caga, siendo la carga de la Montblanc por émbolo cargando girándose el culote que se ubica tras el barril.

Por su parte la Namiki Yukari Royale deriva de la Shisen 80 Aniversario que apareció en 1998. Aquella pluma tenía decorado con la técnica Maki-e el capuchón con los cuatro animales mitológicos: el dragón, el fénix, el tigre y Xuanwu. Y es que para entender lo especial que resulta la marca Namiki conviene conocer el término japonés Maki-e, una técnica japonesa de lacado consistente en esparcir polvo o poner láminas de oro o plata sobre una base lacada, jugando con los tiempos de secado de la laca. Se dice que el lacado es una técnica descubierta por los japoneses hace más de nueve mil años, en el periodo Jōmon, pues se han encontrado objetos tratados con esta técnica que datan de dicha época, pero fue hace unos mil quinientos cuando los artesanos refinaron su técnica y desarrollaron concretamente la de Maki-e.

La laca que recubre toda la pluma se extrae de la corteza del árbol urushi haciendo cortes en ella y recogiendo la savia que desprende, proceso llamado sangría. Esta laca posee una durabilidad, suavidad, brillo y adhesión difícil de superar para cualquier otra laca sintética. El color vermillion (rojo) se consigue mezclando la laca con pigmentos de color. Se deja secar al aire libre mientras se le aplica luz ultravioleta y así aparece el rojo brillante tan particular de la Namiki Royale Vermillion; color este que en el Este de Asia se considera un color de protección. Sailor es otra de las marcas que domina esta técnica.

El plumín de la Namiki, monocolor de 18K, es el utilizado en los modelos superiores de la marca. Aunque mucho más parco que el de Montblanc se puede apreciar el dibujo del Fuji San y el logo de la marca. Dicho plumín tiene cierta flexibilidad aunque no está pensado para caligrafía. Con ambos plumines juntos se aprecia que el de la japonesa es más rectilíneo y estrecho. Su sistema de carga es de tipo convertidor (CON-70). El flujo y la regularidad del trazo son de lo mejorcito que se puede encontrar. Es cuando se utiliza durante largo tiempo, y sin descanso, cuando se valora su peso extra y ese gran plumín. Aún siendo más pesada que la 149 no se nota el peso, aunque sí su solidez. De hecho, tanto la 149 como la Royale son plumas para el día a día y a diferencia de muchas plumas de colección tienen el peso, la longitud y la consistencia necesaria para que pasen más tiempo en nuestras manos que en el mostrador de plumas.

Ambas plumas están pensadas para olvidarse del capuchón cuando se están utilizando. Ambas, igualmente, llenan con su longitud la mano evitando que puedan perderse por dentro de la palma. No obstante, como ya hemos apuntado, la Namiki se nota más pesada, como con más entidad. Esto no es ni bueno ni mano, dependerá de las preferencias de cada uno. Por ejemplo, en mi caso particular preferiría, de tener que escribir un libro a mano, claramente la Namiki. Pero de tener que plasmar firma tras firma también lo tendría claro: la Montablanc, por su ligereza y rapidez. Siendo esto de gran importancia, los que preferimos la pluma sobre cualquier otro instrumento de escritura damos mucha importancia al trazo y a que este no sufra ni cortes ni desmayo. Y en esto, por lo menos para mí, la Namiki está un paso por delante. Además, surfea como pocas plumas he probado.

La manera de cargarlas, pero sobre todo la forma de mostrar la tinta sobrante es tan diferente que seguro que habrá defensores de una y otra. Yo, personalmente, prefiero la claridad que deja ver la nipona. No hay que mirar a trasluz para descubrir si llegaremos a pasar el día como sí ocurre con la alemana. Quitas el barril y ves exactamente cuánta tinta queda. En la Montblanc toca aventurarse un poco pues no resulta tan sencillo. Dicho todo esto, ambas plumas son una perfecta elección y pueden convivir perfectamente. Aunque yo uso más la Namiki pues cuando tengo tiempo prefiero escribir estos artículos en papel antes de pasarlos a ordenador, y siempre en verde, la 149, cargada en azul oscuro, es la que más viaja conmigo y con la que cuando se acumulan documentos por firmar más utilizo.

Por hacer un símil, a los amantes de los relojes les diría que la Montblanc 149 es como el Rolex Submariner, una pluma fácilmente reconocible, con infinidad de puntos de servicio postventa, objeto de culto y uno de esos “must” que todo amante de los relojes debería tener. Por su parte, la Namiki Royale es un Jaeger LeCoultre Reverso, el reloj del entendido, del que no busca lo que tiene todo el mundo y del que prefiere pasar desapercibido aún siendo consciente de la calidad superior de su reloj.

Para terminar, os dejo un video por si a alguno pudiera ayudarle en su toma de decisión.

El Aristócrata

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COMENTARIOS

6 respuestas

  1. Tengo dos montblac 149 desde hace 30 años, con una no he tenido grandes problemas pero la otra ha ido cinco o seis veces al servicio técnico y nunca ha funcionado bien.
    En casa utilizo mucho una Kaweco Sport, una gran estilográfica que no llega a 50 euros.

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  2. Para mi Namiki representa la cúspide de las estilográficas japonesas. Con Montblanc, me imagino porque las hacen a churros, nunca sabes si la pluma que compras va a funcionar bien o no. Unas sí pero otras no. Es un poco lotería. Creo que Montblanc es la pluma para regalar y Pilot, Sailor y demás para usar.

    Gracias por el artículo. Bonita e interesante temática.

    Guille

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  3. Que belleza, pocas cosas hay mas bellas que una buena pluma. ¡Que pena que mi caligrafia desvirtue y estrope tanta belleza. me da tanta rabia que jamás me compré una buena pluma!
    Saludos

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  4. Comparativa ciertamente sugerente. Quiero aclarar, antes que nada, que no soy “hater” de Montblanc, antes bien lo contrario; es quizás mi marca preferida y, desde luego, la que se impone con diferencia en mi colección. Comparto, sin embargo, el comentario de Guille de que, en los modelos modernos, uno nunca sabe lo que se va a encontrar. Cierto que los buques insignia, la 149 y la 146 (a mi juicio, más equilibrada y polivalente), así como sus hermanas pequeñas de la serie, suelen ser excelentes escritoras. Lamentablemente, no cabe decir lo mismo de las dos series que prácticamente inauguraron el siglo, la Starwalker y la Boheme: lo mismo salen excelentes que necesitan pasar por un profesional para que ponga el plumín a punto. En ese sentido, creo que a día de hoy Pelikan dispone del catálogo más completo y no conozco un solo modelo que dé problemas. Distinto es si hablamos de las MB de hace 50 años, que ahí no he encontrado una sola que falle.
    En cuanto a Namiki, a los japoneses en general les reprocho que en sus mejores plumas sigan optando por el cartucho/convertidor y no por un sistema de carga integrado, aunque justo es reconocer que sus convertidores son quizás los mejores del mercado. En cuanto a sus plumines, creo que hoy por hoy están, al menos para mi gusto, por encima de los alemanes. También yo, para un libro largo, preferiría un plumín de origen Namiki.
    Con todo, sigo adicto a Montblanc. España y yo, que somos así.
    Saludos

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