lunes 1 de febrero de 2010

El difícil pero apasionante arte de la mezcla de estampados y diseños

“The good news is that in order to dress well one goes not have to brandish a taspery of patterns; the bad news is that if one wants to develop a unique and enduring dressing style, familiarity with prerogatives of patterns is a must. Dressing would be monotonous without the graphic interest of a variety of designs. This is not to suggest that multipatterned ensembles are inherently more stylist than plaid ones. From time to time, however, the sophisticated dresser will find himself switching gears….”

Alan Flusser

No hace mucho tiempo un lector de esta página nos pidió si le podiamos hacer llegar algunos consejos sobre cómo combinar los diseños más comunes que hoy existen, esto es, las rayas, los círculos, los cuadros y los tejidos lisos (carentes de estampado alguno).

Igualmente, también habéis sido muchos los que nos habéis ido enviando fotos con combinaciones de diseños para conocer nuestro parecer.

Por todo ello y porque somos de la opinión que todo hombre elegante debe conocer los secretos de la combinación de estampados hemos decidido dedicar el artículo de este mes a la emocionante pero no siempre fácil mezcla de patterns.
Como ya hemos apuntado varias veces, las dos pautas principales a tener en cuenta a la hora de escoger nuestra vestimenta son la correcta elección del color y una adecuada proporcionalidad entre la ropa que forma nuestro conjunto, solapas, cuello de la camisa etc, y nuestro físico.

Si bien nuestro objetivo debe siempre pasar por acertar con en las dos anteriores normas, una vez tengamos claro cuáles son esos colores que más nos favorecen y conozcamos cuál debe ser el corte de nuestra ropa que más realza nuestras virtudes y con mayor destreza oculta nuestros defectos, debemos subir un escalón más.

La incorporación de diseños a la ropa formal masculina no se produce hasta bien entrados los años 20. Antes de dicha fecha cualquier dibujo en la ropa del caballero estaba prohibido. Eran tiempos donde las diferencias entre las clases sociales estaban muy marcadas y los señores de la época debían demostrar que pertenecían a esa clase social que no necesitaba de trabajar para subsistir y por lo tanto no se manchaba la ropa.
Solo aquellos señores que realizaban su trabajo en el campo y en fábricas optaban por tejidos con diseños ya que éstos ocultaban con mayor disimulo las manchas que lo que hacían los tejidos lisos y claros.

Por ello, el señor de aquella época se decantaba normalmente por colores blancos o por aquellos cercanos a éste para sus camisas. Para los trajes y las corbatas se preferían colores sólidos y lisos ya que estos aparte de conseguir este objetivo, también eran considerados los más formales.

Esta situación empezó a cambiar gradualmente cuando los caballeros más atrevidos se lanzan, liderados por Eduardo VIII, a vestir diferentes patterns en su ropa. Y fue precisamente el Duque de Windsor quien no solo se decanta por diferentes diseños en su ropa sino que además los mezcla entre sí; algo impensable para su época. No son pocos los críticos de moda masculina que consideran la mezcla de patterns como la gran aportación de Eduardo VIII a la moda masculina.
La caza como acto social, el hecho de que la sociedad mundial de la época sufriera de una gran anglomanía y el que la aristocracia inglesa vistiera en sus casas de campo prendas informales donde se mezclaban diferentes diseños de gran tamaño posicionaron a los “nuevos” estampados como una opción válida para el atuendo masculino.

Hoy, aquello que era casi considerado como una locura forma parte del armario de la gran mayoría de los caballeros. Sin embargo, debemos reconocer que no siempre resulta fácil mezclar con acierto las rayas, los cuadros y los círculos entre sí.

Antes de entrar a analizar cómo se deben combinar los diferentes diseños debemos olvidarnos de los tópicos que con no mucho acierto se han extendido entre no pocos caballeros y se toman hoy como máximas a considerar.

Hoy encontramos opiniones poco fundadas, pero tristemente admitidas, que mantienen que no se pueden combinar las rayas con los cuadros, o los cuadros con los cirulos o los círculos con las rayas. Y nada más lejos de la realidad.

Empecemos por lo más sencillo: la combinación de varias prendas sin estampado alguno.
Nunca nos ha parecido una falta de elegancia decantarse para todo un conjunto por prendas sin dibujo alguno. Quizás pueda ser calificado como poco arriesgado o incluso a veces como aburrido pero somos de la opinión que un traje azul marino con una camisa azul claro y una corbata azul marino es de una belleza y armonía difícil de igualar.

Sin embargo, no me parece correcto hacer lo propio, es decir, escoger todas las prendas con un mismo diseño si el estampado escogido no es el liso. Un traje diplomático con una camisa y una corbata a rayas resulta demasiado recargado. Algo similar ocurre cuando vestimos, por ejemplo, un traje de Tweed con una camisa Tattersall y una corbata de dibujo similar.

Si alguien ha estudiado con detenimiento y ha profundizado en el mundo de las mezclas de los estampados ese ha sido sin lugar a dudas Alan Flusser.

Su libro, “Dressing the Man” es de obligatoria lectura para todos aquellos que como el autor piensen que el atuendo del caballero sería monótono si no se le introdujeran una interesante variedad de diseños.

Desde mi punto de vista no hay nada de malo en buscar la mayor sobriedad posible decantándonos en todo nuestro conjunto por diseños sin dibujo alguno. No obstante, solo cuando a estos diseños incorporemos alguna prenda con cuadros o líneas podremos aportar variedad y hasta una cierta “alegría” a nuestro atuendo.
Antes de empezar a estudiar las posibles combinaciones, apuntar que cuando hablamos de estampados englobamos dentro de estos a los tejidos sin dibujo alguno, a las rayas, cuadros, círculos y todo otro dibujo o motivo que no sea ninguno de los anteriores (cuadros POW, espiga, paisley, etc).

Es importante tener claro las combinaciones más básicas para poder entender y, lo que es más difícil, poner en práctica con éxito las de mayor complejidad. Estas últimas suelen coincidir con aquellas donde hay un gran número de estampados presentes en un mismo conjunto.

Cómo combinar dos estampados iguales

Después de la vestimenta de los estampados lisos ésta es la opción más fácil. Decantarnos por el mismo tipo de dibujo en dos prendas de nuestro atuendo resulta una de las opciones más seguras y sencillas.

Si queremos combinar un traje diplomático con una camisa también a rayas o una corbata a rayas con una camisa también a rayas deberemos intentar que el tamaño de las rayas sea lo más diferente posible. Igualmente, deberemos evitar hacer coincidir la escala de las rayas. Esto es, si las rayas de nuestro traje diplomático están bastante juntas las de nuestra camisa deberían estar más separadas.
Esto lo podemos hacer extensible al resto de las prendas de nuestro atuendo y a todos los tipos de estampados. Por ejemplo, si los cuadros dibujados en nuestra corbata son muy pequeños, debemos buscar pañuelos de bolsillo con cuadros de mayor tamaño.

Si vestimos una corbata de cuadro escocés deberemos intentar que el cuadro de nuestra camisa sea más disimulado y el grosor de la línea diferente al de nuestra corbata.

En el caso de que vistamos un traje tipo POW donde sus característicos cuadros cobran la mayor parte del protagonismo del conjunto final, debemos evitar a toda costa las corbatas con cuadros amplios, tipo escocesas, ya que la escala de su estampado puede ser similar al del POW y producir confusión al ojo humano.

Cómo combinar dos estampados diferentes

El conjuntar con acierto, por ejemplo, un traje diplomático con una camisa a cuadros no debería resultar tampoco muy complicado. Escogiendo una escala similar para ambos estampados seguro que la combinación resultante es muy visual y atractiva.

Un traje Príncipe de Gales es perfectamente combinable con una camisa a rayas. Solo deberemos cerciorarnos que la escala tanto del cuadro como de las líneas es parecida. Si la línea de cuadro de nuestro traje es gruesa así lo deberá ser la de nuestras rayas. Si esos cuadros son grandes las rayas de nuestra camisa deberán estar separadas en una escala similar a la que lo están los cuadros de nuestro POW.
Si optamos por un traje de Tweed y nos gustan los diseños tipo pasley en nuestra corbata debemos intentar vestir pasleys de considerable tamaño para buscar siempre la misma proporcionalidad entre los diseños.

Igualmente, si las rayas de nuestra camisa tienen cierto grosor también lo deberían tener los motivos que tenga nuestra corbata. Si esa camisa de rayas gruesas queremos combinarla con una corbata con círculos algo, desde mi punto de vista, muy elegante deberíamos elegir un diámetro ancho para nuestros círculos.
Hay que tener cuidado si nos decantamos por algún estampado muy pequeño ya que de combinarlo con otro de diseño diferente pero de proporción similar volveremos a encontrarnos con un efecto visual algo confuso.

Cuando un estampado es muy fino o pequeño, como el de una camisa a rayas muy finas y juntas o un traje de color ojo de perdiz de dibujo, se necesita obligatoriamente una corbata con diseños grandes o una camisa con rayas gordas; pero nunca una camisa de cuadros pequeños o una corbata tipo Macclesfield con sus característicos cuadros pequeños.

No obstante, debemos siempre prestar más cuidado a la mezcla de los estampados que aún siendo diferentes sean próximos a los cuadros. Como decimos, esta norma también aplica a ellos pero no la llevaremos a cabo si una de las prendas tiene cuadros muy pequeños. Si escoger ambas prendas con cuadros muy pequeños al sobreponerse nos dificultará enfocar y nos producirá confusión al no poderse diferenciar claramente las dos prendas.
Esto anterior explica porqué las corbatas tipo Macclesfield caracterizadas por sus dibujos pequeños no son una buena opción para las camisas de cuadros muy pequeños. Si queremos vestir un cuadro pequeño en nuestra camisa entonces deberemos optar por corbatas tipo Spitalsfield donde el dibujo es de mayor tamaño que en las Macclesfield.

Tampoco es de extrañar que una camisa tipo mil rayas no resalte suficiente si la juntamos con una corbata con motivos de reducido tamaña. Por todo ello podemos afirmar que deberemos buscar una escala similar en aquellos estampados que sean diferentes a excepción de cuando los diseños de ambos estampados sean de pequeña dimensión.

Si a pesar de estas indicaciones no nos termina de convencer el combinar dos estampados muy diferentes probemos a escoger primeramente la camisa que más interés tengamos en vestir y busquemos una corbata con un dibujo de tamaño algo más grande. Si lo que escogemos en primer lugar no es la camisa sino nuestro traje preferido, demos una oportunidad a la mezcla de estampados escogiendo primero una camisa con un diseño nuevamente igual o algo superior escala.

Como ocurre con los vinos y el paladar, el estilo también se educa y se aprende. La práctica es muchas veces nuestra mejor consejera y hay que probar para equivocarse al principio pero asegurarnos acertar en un futuro.

Cómo combinar tres estampados diferentes

Si bien las combinaciones anteriores podían acarrear resultados positivos con un mínimo de cuidado, el mezclar tres estampados, todos ellos diferentes, con éxito no resulta fácil.

Si queremos dar tal variedad a nuestro atuendo deberemos intentar combinar tres estampados claramente diferenciados. Si dos de ellos se parecen en forma, dibujo o tamaño corremos el riesgo de mostrar un conjunto confuso y sin orden.

Aunque como acabamos de apuntar una adecuada combinación de tres estampados no es fácil, de hacerse correctamente nos puede situar como referente en la mezcla de diseños. Pese a ello, no debemos olvidar que no deja de ser una opción arriesgada y no siempre satisfactoria.

Si nuestro conocimiento nos lo permite (o nuestro atrevimiento) deberemos escoger una escala mediana para los tres estampados. Cuando se trate de llevar a cabo esta combinación tendremos que asegurarnos que cada estampado combinaría con los otros dos diseños de forma independiente.
Si queremos no correr muchos riesgos debemos intentar que dichos estampados no estén excesivamente marcados. Si observamos la foto anterior observaremos como L. Barbera viste tres diseños diferentes sin que en ningún momento parezca recargado o alguno de ellos fuera de lugar.

Cómo combinar tres estampados donde dos de ellos son iguales

Cuando se trata de llevar a cabo esta combinación tendremos que asegurarnos que el tercer estampado combinaría con los otros diseños de forma independiente.

Es decir, si queremos combinar, por ejemplo, un traje a cuadros con una camisa a rayas y con una corbata con franjas anchas deberemos cerciorarnos de que ese traje a cuadros combinaría correctamente y de forma independiente tanto con las rayas anchas de la corbata como con las rayas finas de la camisa.

Aún cuando se aconseja que nuestra chaqueta combine tanto con la raya fina de nuestra camisa como con la ancha de nuestra corbata, la combinación resultante será más perfecta si nuestra chaqueta a cuadros combina mejor con las rayas anchas que con las finas.
Una pauta que nos puede ser de gran ayuda cuando mezclemos varios estampados es la que establece que cuando combinemos varios estampados siempre deberá haber uno más grande que el resto. Si además ese estampado de mayor tamaño se encuentra en la corbata nuestras opciones de éxito aumentarán considerablemente.

Cómo combinar tres estampados iguales

Nuevamente para llevar a cabo esta combinación deberemos prestar mucha atención a la escala de los diseños. Tendremos que, al igual que hacíamos cuando mezclábamos dos estampados iguales, intentar que el tamaño del dibujo sea diferente.

Un pequeño truco para acertar es escoger ese mismo diseño pero en escalas que vayan de menos a más desde la camisa al pocket square, es decir, de dentro hacia afuera. Por ejemplo, si nos decantáramos por un diseño de cuadros deberemos empezar con una camisa de cuadros pequeños e ir aumentando el tamaño del cuadro conforme escogemos las prendas más exteriores, es decir, después de elegir la camisa optaremos por una corbata de un cuadro mayor y descolgaremos ese traje de un cuadro de mayor tamaño que el de la corbata.
El combinar un mismo estampado en casi toda la totalidad de nuestro conjunto de forma elegante no resulta fácil. Por ello si tras hacer la prueba no nos quedamos conformes deberemos evitar abusar de ese mismo estampado en todo nuestro conjunto y dar entrada a un nuevo diseño.

Desgraciadamente todavía es relativamente frecuente escuchar que un traje diplomático debe estar acompañado también de una camisa y una corbata a rayas. Esto, en la mayoría de los casos, como ya hemos apuntado puede ocasionarnos más disgustos que satisfacciones; y aunque es posible y puede ser elegante, no podemos olvidar que normalmente cuando vestimos un mismo estampo (que no sea el liso) el resultado suele ser demasiado recargado y forzado.

Nuevamente si queremos poner en práctica esta opción deberemos decantarnos por una raya fina para la camisa, algo más ancha para la corbata y algo más gruesa para nuestro traje.

En definitiva, solo cuando ese mismo estampado difiera de los otros dos evitaríamos un look forzado y poco natural.

Cómo combinar cuatro estampados diferentes

Si combinar tres estampados iguales resulta difícil más lo es todavía ver en un mismo conjunto cuatro estampados diferentes y que además el resultado final sea positivo.
Son muy pocas ocasiones donde, al menos nosotros, hayamos tenido la suerte de comprobar como esa mezcla de estampados se ha hecho correctamente. Sin embargo, si han sido muchas las veces donde dicha puesta en práctica nos ha resultado chocante dándonos la impresión de que ese caballero ha cogido lo primero que se ha encontrado en su armario y no ha reparado en lo poco vistoso de la combinación.

Como ocurre en el deporte, cuando se intenta llevar a cabo un ejercicio de gran complicación podemos encontrarnos que las posibilidades de fracaso son mucho mayores a las de éxito y de producirse finalmente ese fracaso las consecuencias serían mucho más nefastas que si hubiéramos fallado ejercitando un ejercicio de menor complicación. Sin embargo, de llevar a buen puerto este ejercicio anularemos de un plumazo toda crítica posible y alcanzaremos esa meta reservada solo a unos pocos.

De ahí que solo ciertos dandis atrevidos y únicos como el propio Duque de Windsor hayan puesto en práctica la mezcla de estampados de forma exitosa. La combinación de tantos estampados exige la existencia de un caballero con mucha personalidad y seguridad en sí mismo.
Si observamos esta foto de de Luciano Barbera apreciaremos la gran naturalidad con la que combina cuatro estampados. Es con dicha naturalidad con la que consigue que nada parezca forzado. De hecho, nos tendremos que fijar en los estampados de las diferentes prendas para comprobar cómo efectivamente ha escogido todos ellos de diferente diseño, incluso el pocket square.

Al igual que hacíamos cuando hablábamos de las múltiples formas de combinar los calcetines os recomendamos poner en práctica estas normas, desde la sencilla mezcla de dos diseños similares hasta la complicada mezcla de cuatro patterns diferentes y de esta forma y con el paso del tiempo ir ganando confianza, elegancia y estilo.

El Aristócrata

Biografía: “Dressing the Man”, Alan Flusser
Fotos: Askandy, Sartorialist

viernes 1 de enero de 2010

Iconos del Estilo. Capítulo II: Fred Astaire; Elegance made casual and natural

“Few men have influenced American style more profoundly than Fred Astaire. Replacing the stiff-suited, aristocratic uniform of the day with his looser, more democratic look of tweed sport jackets and easy cut flannels, Astaire became a new model for a whole generation, and continues to be considered an icon of style.
A symbol of prewar America democratization, this charming dandy also replaced pomp and circumstance with nonchalance for practical reasons: being a dancer, Astaire´s clothes had to be comfortable, they had to follow him”

- Mr. Bruce Boyer, escritor de moda en CQ, Esquire y Quest

Hace ya más de un año, concretamente en Junio de 2008, inaugurábamos la sección de Iconos del Estilo con quien para mí ha sido uno de los grandes revolucionarios de la moda masculina: Eduardo VIII, Duque de Windsor.

Un mes más tarde, en Julio de 2008, hacíamos lo propio con la sección Iconos de la Elegancia. En esta ocasión no podía ser otro que Cary Grant el escogido como representante de la verdadera elegancia clásica intemporal para estrenar dicha sección. En Abril de 2009, esta publicación distingue al Príncipe Carlos de Inglaterra como el elegido para copar las páginas del segundo capítulo de Iconos de la Elegancia.

En esta ocasión queríamos continuar la saga de Iconos del Estilo o quizás lo que verdaderamente buscábamos no era otra cosa que encontrar la excusa perfecta para hablar de un caballero que a pesar de no contar con un físico destacable se convirtió en todo un referente del estilo de su época: Fred Astaire.

Fred Astaire fue, como apuntaba el crítico de moda Bruce Boyer en el párrafo introductorio de nuestro artículo, todo un icono de su época; una época, la de los años 30 y 40, donde la elegancia masculina alcanzaba sus cotas máximas y donde tener un bello rostro era imprescindible para destacar en el mundo del cine. Y quizás en ello radique la importancia de Astaire como icono del estilo.

Como decimos, en el tiempo en que Astaire hacía cine era prácticamente indispensable para convertirse en una estrella de Hollywood ser francamente apuesto. De ahí que tras ver sus enormes orejas seguro que todos estaremos de acuerdo en que si finalmente se convirtió en una no fue precisamente por su belleza natural.

Astaire no poseía ni un rostro agraciado ni una estatura que pudiera hacernos olvidar esos rasgos faciales más próximos, en palabras del escritor Graham Green, a los de Mickey Mouse que al de cualquier referente en el vestir masculino.

Aunque en su autobiografía Astaire sitúa su estatura en 1,75cm hoy parece confirmado que ésta no superaba el 1,71m. A pesar de destacar por un cuerpo deportista y fibroso, sus grandes entradas, esas llamativas orejas, sus 89cm de torso, su cintura de 73cm y su baja estatura no le otorgaban la fisionomía con la que un sastre deseara encontrarse en su probador.

Y precisamente es por esto por lo que no podemos dejar de admirar a Fred Astaire, todo un referente en el estilo que tenía una habilidad natural y conocía todos esos secretos para hacernos olvidar a todos ese cuerpo tan poco aventajado y fijarnos solo en su estilo delante de las cámaras.

Fred Astaire, un americano de Nebraska, conoció tan bien los secretos de los mejores sastres de la época como para posicionarse como un referente en una sociedad que hasta entonces solo miraba hacia Inglaterra y concretamente hacia las portadas de las revistas en la que el Duque de Windsor era el protagonista y a quien por cierto Astaire intentó enseñar bailar. De hecho, con solo 24 años, este americano de Omaha, era ya admirado e imitado por las elites sociales tanto de Londres como de Nueva York.

El estilo de Fred Astaire está estrechamente ligado al corte conocido popularmente como London Drape, English Drape o Drape Suit. Esta forma tan particular de coser tanto la chaqueta como el pantalón se le atribuye al sastre holandés de Anderson and Sheppard: Frederick Scholte, quien fue también el sastre del Duque de Windsor.

Un traje cortado según los patrones del London Drape convertirá a su propietario en un caballero con un cuerpo más estilizado y más atlético que el que verdaderamente se esconde tras el traje.

Para conseguir este efecto Scholte añadía a la chaqueta unos hombros de generosas proporciones y ceñía mucho la chaqueta a la cintura. Es, de alguna forma, una mezcla del corte americano y del británico. Del americano elige la caída natural de los hombros mientras que del británico coge la cintura ceñida.

El que personajes tan relevantes de la época como el Duque de Windsor o Fred Astaire se decantaran en sus trajes por el Drape Suit convierten a este estilo en el corte más extendido en la época. Si bien, como ya hemos estudiado, el Duque de Windsor experimentó también con nuevas “siluetas”, Fred Astaire se mantuvo fiel a dicho estilo durante mucho tiempo y fue, sin lugar a dudas, el gran responsable de su popularidad.

Fijándonos en esta foto de Robert Bryan podemos entender mejor el corte London Drape. Hombros muy anchos sin excesivas hombreras que terminan en una cintura muy ceñida, mangas muy amplias a la altura de la axila que gradualmente se va estrechando, solapas anchas terminadas en punta etc.

Los pantalones son muy anchos tanto a la altura de la cadera como en su contacto con el zapato por lo que apenas sufren estrechamiento en el discurrir de la pierna. Este tipo de pantalón es vestido por los caballeros de la época por encima incluso de la cintura lo que hace que el uso del cinturón sea innecesario y los señores, que no Astaire, se decantan por los tirantes.

El resultado final es un corte muy limpio y sin ninguna arruga dando la sensación de encontrarnos ante un caballero musculoso donde el torso en su parte media y baja dibuja la forma de copa de Martini que ya en otras ocasiones hemos tratado.

Este corte otorga una gran libertad de movimientos sobre todo en la parte de los brazos y los hombros. Al optar por unos hombros muy anchos y una cintura muy estrecha, la espalda tiene dentro de la chaqueta también gran autonomía de movimiento. La anchura de la sisa aporta también mucha libertad. Igualmente, consigue que no aparezca ningún tipo de arrugas por brusco que sea el movimiento que realice su propietario.

Si hemos entendido este corte seguramente ahora nos será más fácil comprender por qué el Drape Suit es considerado por los sastres de Anderson & Sheppard como “a hybrid between English/Continental and American”.

Aunque todavía quedan seguidores del English Drape, como Michael Anton autor del libro The Suit, debemos reconocer que este corte ha desaparecido prácticamente de nuestras calles.

No han sido pocas las ocasiones en las que en www.elaristocrata.com/ hemos discutido sobre quién de estos dos caballeros, Astaire o Grant, debería ser considerado como el caballero más elegante de todos los tiempos.

Si bien Cary Grant sigue siendo desde mi punto de vista el paradigma de la elegancia masculina, debo admitir que la de Fred Astaire es igual de sublime pero en forma diferente. La elegancia de Astaire radica, desde mi punto de vista, en la naturalidad con la que viste todo su armario; nada parece forzado. Grant nunca dejaría ni el mínimo detalle a la improvisación mientras que Fred Astaire escoge su ropa pensando en la finalidad a la que la va a destinar.

No obstante, para mí la gran diferencia reside, como ya hemos comentado, en que Cary Grant partía con gran ventaja debido a un cuerpo con unas medidas envidiables mientras Fred Astaire ni poseía la estatura, ni el cuerpo, ni esa belleza natural ni, en definitiva, el porte y la planta de Cary Grant.

Cary Grant no fue ningún revolucionario y tampoco tenía interés alguno en serlo. Sabía perfectamente elegir tanto el atuendo, el corte y los colores que conseguían que toda la atención se dirigiera a su rostro; su gran punto fuerte. Sin embargo, cuando observamos fotos de Fred Astaire nuestra mirada sube y baja desde su corbata hasta sus zapatos para solo después detenerse en su rostro.

La vestimenta de Cary Grant sufrió una evolución hacia colores clásicos y sólidos y ya después de 1947 resulta muy difícil verle vistiendo colores más atrevidos o con cualquier tipo de pattern en ellos. Su vestimenta se caracterizaba por un corte exquisito, trajes azules y grises, camisas blancas y corbatas de colores también sólidos y próximos al gris y zapatos negros; preferiblemente oxfords. Como hemos dicho, dejando de lado colores fuertes y diseños llamativos Grant consiguió su objetivo: que todas las miradas se posaran rápidamente en la parte más atractiva de su cuerpo, su rostro.


Cary Grant solo admitía la perfección en el corte de su ropa. Como establece Richard Torregrossa, autor del libro Cary Grant: A Celebration of Style, a propósito de una comparativa entre Grant y Astaire: “Cary Grant just wore clothes that fit”. Nunca Grant optaría por un pañuelo para ajustarse sus pantalones; para eso estaban los tirantes, tampoco se decantaría por unos zapatos de ante con su traje cruzado, para eso existían los Oxford negros…… En definitiva, y siempre desde mi punto de vista, Fred Astaire podría ser más estiloso pero nunca más elegante que Cary Grant.

Todos estaremos de acuerdo en que, al contrario de Grant, no era precisamente el rostro de Astaire la parte de su físico más atractiva. Por ello Astaire se esforzó en conseguir que fuera todo él el protagonista de la foto. Para ello estudiaba diferentes combinaciones de colores en sus prendas, prestaba gran atención a sus accesorios y mezclaba como nadie estilo formal con estilo informal etc.

Todo esto lo realizó con tal acierto que al final lo menos importante era su rostro. Era su personalidad, su naturalidad, esa democratización de la elegancia y finalmente su estilo el único protagonista de la foto.

Sus camisas tipo button-down, sus trajes cruzados, su corbata a rayas anchas, sus pañuelos de bolsillo de seda rojo con diseño tipo paisley, sus calcetines azules combinados perfectamente con alguna otra prenda de sus atuendo, sus zapatos de ante, su sombrero, sus chaquetas de Tweed, sus jerséis de cachemira amarillos, sus bufandas, sus trajes grises franela y la curiosa forma de anudarse a la cintura como si de un cinturón se tratara corbatas o pañuelos los que le han situado como uno de los caballeros más estilosos de todos los tiempos.

En la época en que a Fred Astaire le tocó vivir lo que se entendía como masculinidad estaba claramente definido y hay pocos ejemplos tan claros como el suyo donde una de las máximas de la moda clásica, “clothes make the man”, se puede aplicar con más confianza.

Si a esto le añadimos la enorme naturalidad con que llevaba a cabo sus personales “experimentos”, seguramente no nos equivocaríamos si lo situáramos como una de las referencias en el vestir masculino de todos los tiempos así como el responsable de la popularización del estilo conocido como Mid-Atlantic (mezcla del corte de SR y el de Princeton).

Aunque todavía no ha nacido un caballero que vista la white tie como lo hacia Cary Grant, debo reconocer que Astaire vestía el esmoquin con tal naturalidad que daba la sensación de que era su prenda diaria aunque en su corte buscara más la comodidad que convertirse en un referente de la sastrería Anderson & Sheppard.

El estilo de Fred Astaire es imposible de entender sin antes comprender su trabajo de bailarín. Cada vez que acudía a las pruebas a su sastrería, Astaire realizaba sencillos movimientos de baile para cerciorarse de que disponía de total libertad de movimientos. La chaqueta tenía que ser amplia para permitirle desenvolverse en el escenario con soltura pero sin aparentar en ningún momento que le venía grande; sus pantalones tampoco podían dar la sensación de ser súper anchos o que con el movimiento se le cayeran a la cadera; estos debían permanecer, conforme el gusto de Fred, incluso por encima del ombligo y dibujar en la medida de lo posible sus fibrosas piernas.

Una de las grandes virtudes de Fred Astaire fue su profundo conocimiento para elegir con gran acierto las proporciones de su ropa que mejor se adaptaban a su físico. Igualmente, era un experto en escoger esos colores y diseños que mejor disimulaban su reducida estatura.

Si tenemos tiempo de repasar el artículo que publicamos el pasado mes de Agosto podremos observar como las pautas recomendadas a caballeros de baja estatura las conocía perfectamente y las ponía en práctica. Desde el corte de sus solapas, la colocación de los botones en sus chaquetas cruzadas, el tipo de cuello de sus camisas, los colores, los patterns…..nada de esto parecía serle nuevo.

A pesar de que en su época los trajes con grandes cuadros, puestos de moda por el Duque de Windsor, hacían las delicias de los caballeros, Fred Astaire se decantaba por colores lisos y diseños más discretos. Igualmente, cuando tenía que escoger chaquetas o trajes a cuadros prefería diseños de reducido tamaño como los tejidos conocidos popularmente como Príncipe de Gales. De hecho a Fred Astaire se le atribuye la popularización de las chaquetas de sport.

Si bien desde bien joven era ya cliente de Brooks Brother, una vez alcanzó la fama sus trajes eran ya cortados en Anderson & Sheppard. También era cliente de Kilgour y de French & Stanbury.

Sus camisas, al igual que en el caso del Duque de Windsor, eran cosidas en Hawes & Curtis. También era cliente de la ya desaparecida Beale & Inman.

Prefería los modelos de camisas con cuellos blandos y con botones tan típicas en los campus de la Ivy League. Se caracterizan por una gran amplitud tanto en las mangas como en el cuerpo.

El tipo de cuello de su camisa era perfecto para la fisionomía de su rostro. El nudo Windsor de sus estrechas corbatas que se anudada en ese cuello conseguía disimular con gran acierto sus enormes orejas y su estrecha cara.

En escasísimas ocasiones escogía camisas a rayas. Sus preferidas siempre fueron las camisas lisas con tonalidades próximas al rosa, al azul claro y al amarillo.

Si bien muchos críticos de moda consideran al Príncipe de Gales y a Fred Astaire los dos estilos más imitados de la historia de la moda masculina reciente, a Astaire se le atribuye el honor de haber sido el actor de Hollywood más laureado en el sentido más “sartorialista” de la palabra.

Seguramente una de la descripciones que mejor definen el estilo de Fred Astaire sea la que realizó Joseph Epstein, editor de The American Scholar, cuando dijo de Fred Astaire “Charm is elegance made casual, with emphasis on the casual…….american charm, to be truly American, somehow has to combine the aristocratic with the democratic, but without a trace of snobbery”.

Fue precisamente esa elegancia casual la que creo toda una corriente de seguidores a lo largo de muchos años, sobre todo en Estados Unidos. Era tal la naturalidad con la que vestía sus trajes que éstos daban la sensación final de estar más próximos a cualquier atuendo casual que formal.

Definitivamente, el estilo de Astaire no se puede desligar de la naturalidad con la que vestía su ropa. Si nos deleitamos viendo cualquiera de sus películas observaremos que viste los trajes con la misma naturalidad que yo vestiría unos vaqueros. Y lo que es más, parece que en su persona esos trajes le resultan tan cómodos como a nosotros nuestro pijama.

Era capaz desde escoger calcetines de colores más que atrevidos para la época o incluso a rayas o anudarse una corbata a la cintura del pantalón y aún así conseguir que a nadie le llamara la atención. Tampoco tenía reparo en vestir un traje con un jersey que hacía las veces de la camisa y la corbata; algo totalmente prohibido por el establishment de la época. A sus chaquetas, al contrario de lo que se estilaba en Estados Unidos e influenciado por el estilo más británico, le añade dos aberturas laterales….

Y a pesar de todo esto, no había nada forzado en su forma de vestir. Esa seguridad y naturalidad con la que escogía la ropa de su día a día le alejaban de ser calificado como excéntrico.

No obstante, a pesar de esa naturalidad Astaire siempre estaba alerta a todo lo que el mundo de la moda le ponía frente a sus ojos. Una clara muestra de ello la encontramos en la anécdota que cuenta Astaire en su autobiografía “Steps in Time”. Según narra aquí, después de que sufriera un accidente con su Rolls-Royce Twenty solo fue capaz de recordar los botones del chaleco y los gemelos de diamantes y rubí que vestía el otro conductor. Según sigue contando, esa imagen no le desapareció de la retina hasta el día siguiente en que acudió a Cartier a adquirir un nuevo par de gemelos.

Es curioso observar la evolución del estilo Mid-Atlantic en Astaire. En los primeros años, la vestimenta de Astaire tenía sobre todo influencia británica. Pero fue con el paso de los años cuando empezó a diseñar su particular estilo. Y efectivamente, como establecen los escritores de moda de su época, el estilo Mid-Atlantic de Astaire es ya por entonces una mezcla de Jermyn Street, Broadway y Mulholland Drive.

La fusión que hace del estilo clásico británico y el más casual americano se puede apreciar en la película de 1941: “Second Chours” donde se aprecian dos tipos de vestimenta: una el campus de la universidad y otra muy diferente en la ciudad.

Aunque escoger la película de Astaire donde con más estilo viste resulta francamente difícil. Seguramente tendríamos que estar de acuerdo con aquellos que se decantan por "Top Hat". Esta película que vio la luz en 1935 pertenece a una época donde la elegancia masculina alcanza su punto álgido.

No obstante, el dandi al que este mes dedicamos este artículo aparece en todo su esplendor en “Isn´t it a lovely day?”. Es esta película aparece Fred Astaire vistiendo chaquetas de Tweed, corbatas a rayas llamativas, trajes de franela gris, pocket squares de seda, camisas con botones en el cuello, zapatos de ante, sombrero tipo Homburg etc.

En 1942 con su interpretación en la película “Holiday Inn” da un paso más en la definición de lo que se conocerá a partir de entonces como estilo americano. El estilo de Fred Astaire en “Daddy Long Legs” lo convierten para muchos en el actor mejor vestido de todos los tiempos.

Le gustaban los zapatos tipo spectator, se atrevió con los jerseys de cuello vuelto, sentía predilección por los trajes cruzados, prescindió de los tirantes; algo obligado en los años 30 y 40….. Todo esto nos hará comprender como no son pocos los norteamericanos que le consideran el más glamuroso dandi que ha dado su país.

Si tenemos ocasión y después de la lectura de este artículo nos recreamos viendo sus películas observaremos que a pesar de haber pasado más de 70 años de su aparición en la gran pantalla su estilo tiene repercusión incluso hoy en muchos caballeros. Sus trajes de franela en grises y azules marinos sólidos, o en su defecto a rayas, las chaquetas tipo Príncipe de Gales, las blazers azul marino son hoy tan actuales como en la época en la que Fred Astaire bailaba con Ginger Rogers.

Para terminar os dejo una anécdota más que curiosa sobre la forma tan peculiar que tenía el señor Fred Astaire de hacer comprender a su ropa quien mandaba y cómo no les quedaba más remedio que sentar bien a su propietario.

“My late husband, David, and Fred Astaire went to the same little Italian tailor in Beverly Hills, up on Little Santa Monica. One day David came in to pick up a new suit, and there was Fred. The tailor comes out of the back room with Fred's new suit on a hanger and hands it to Fred. Fred takes the suit off the hanger, rolls it up, and throws it against the wall. David said, 'What are you doing?' And Fred answered, 'The way to wear clothes is to tell them who's boss in the beginning. Then they fit you."

- Danvi Janssen en “Fred Astaire: his friends talk”, Sarah Giles

Felíz Año 2010 y gracias por seguir un año más con nosotros.

El Aristócrata

Biografía y fotos: “Fred Astaire Style” Bruce Boyer, Assouline Publishing. “Fred Astaire”, Joseph Epstein, Yale University Press. “Steps in Time”, Fred Astaire, Cooper Square Press

martes 1 de diciembre de 2009

Un toque de distinción: los accesorios

El comienzo del mes de Diciembre nos recuerda que ya están aquí las Navidades y con Ella, por fin, llega la época de los tejidos tipo Tweed, los jerséis de lana y unas semanas que se caracterizarán, entre otras cosas, por las compras.

Debido por un lado a la cercanía de estas fechas y por otro a la ausencia en www.elristocrata.com de un artículo dedicado a la importancia de los complementos y de los accesorios, hemos querido dedicar este capítulo de Diciembre a intentar ayudar a los más indecisos a decidirse a que sean estos pequeños detalles los que recaben su atención cuando se dispongan a realizar las compras navideñas.
No son pocos los caballeros que mantienen que la gran distinción la suelen aportar esos pequeños complementos que acompañan diariamente nuestro atuendo. Si bien nosotros somos de la opinión de que es más importante saber combinar los colores de, por ejemplo, nuestro traje-camisa-corbata que la elección de unos determinados gemelos, también es verdad que para alcanzar la máxima cota de elegancia no podemos olvidar nunca esos pequeños pero importantes detalles.
Seguramente todos hayamos escuchado o leído en alguna ocasión que la joyería del caballero debería estar solo compuesta por el aniño de bodas, el reloj, un sello y el pasador de corbata. Aunque a la lista se han ido sumando con el paso del tiempo algún otro complemento, como punto de partida es una afirmación muy acertada.

El reloj
Para mí el accesorio más importante es sin lugar a dudas el reloj. Los relojes han sido junto los zapatos los complementos que más han despertado mi interés y de alguna forma dos de mis grandes pasiones materiales junto al más bello de todos los animales: el caballo español.
Un reloj nos puede decir mucho más que simplemente la hora; nos puede hablar y contar muchas cosas de su propietario. Con seguridad la forma de pensar, las aficiones y hasta las amistades de un propietario de un Audermars Piguet, un Richard Mille o un Roger Dubuis diferirán bastante de las de un señor con un Patek Phillipe, un FP Journe o un Lange&Söhne.

También me atrevería a afirmar que al igual que diferirán estas, también lo hará, por ejemplo, el corte del traje, los zapatos que lo acompañen o incluso la decoración de su casa. Resulta increíble cuanto nos puede decir un reloj de su portador.

Al igual que es el accesorio más importante también, muy a mi pesar, suele ser el más caro. No obstante, si nos detenemos a pensar solo unos minutos encontraremos infinidad de motivos para justificar tal gasto; que muy pocas veces inversión. Por ejemplo, hoy no somos pocos los que dejamos constancia de un acontecimiento importante con la adquisición de un nuevo reloj.

Conforme pasan los años y admiramos aquellas primeras piezas que ocuparon los primeros lugares de nuestra ya vieja caja de relojes, rápidamente nos viene a la memoria esa infernal prueba de Selectivad o aquella carrera universitaria o ese primer trabajo o el día de nuestra boda o el nacimiento de nuestra primera hija….. De alguna forma llegan a ser como aquellos tatuajes que en otros decoran su piel y que al final de sus días recuerdan todos los avatares por los que ha pasado su vida.
A esto debemos añadir que los caballeros, al contrario de lo que ocurre con las damas, no solemos poseer muchos objetos de valor que perduren a lo largo de nuestra vida y que llegado el momento estén en disposición de seguir siendo disfrutados por la generación siguiente.

Seguro que a muchos nos resultará familiar la frase: nunca un Patek Philippe es del todo suyo; suyo es el placer de custodiarlo hasta la siguiente generación. Esta frase, aunque acuñada por esta mítica casa suiza, se podría hacer extensivo a la mayoría de las piezas que contando con un diseño intemporal y un gran nombre detrás nos acompañen hasta el momento que esa segunda generación se haya ganado el honor de custodiarla hasta la tercera generación.

La elección de un reloj es algo muy personal y no hay elecciones erróneas. Habrá caballeros que seguro le darán la mayor importancia al diseño mientras otros potenciaran el carácter manufactura de ciertas casas; las cuales, por cierto, son muchas menos de lo que muchos dependientes de joyerías y no pocos caballeros piensan.

A pesar de que resulte difícil fallar en la elección de un reloj, hay unas mínimas normas a las que debemos prestar atención según el uso que le vayamos a dar. Por ejemplo, no debería ser el mismo reloj el que llevemos cuando vistamos de sport que el que escojamos cuando lo hagamos de chaqué.
Debemos huir de los maxi relojes, tan de moda hoy, cuando vistamos de forma clásica. La proporcionalidad de las diferentes prendas de las que tanto habla Alan Flusser aplica también al reloj. Un reloj de 44mm, por mucho que nos guste, no es apropiado vestirlo, por ejemplo, con un chaqué o un traje de tres piezas. Para estos encontramos opciones mucho más acertadas como es un reloj de bolsillo o uno de medidas discretas de 36 o 38mm.

Por el contrario si vestimos de sport o incluso con corbata pero de forma más informal, como por ejemplo durante los casual Fridays, un reloj de medidas más actuales puede completar nuestro conjunto de forma elegante.

Tampoco los relojes joyas, por exclusivos que sean, son adecuados en un caballero. La elegancia debe ser sencillez y discreción pero nunca esnobismo. Es por ello por lo que los relojes de pulsera de piel son, por norma general, más elegantes que los de acero u oro.
En definitiva se trata por un lado de buscar una adecuada concordancia entre nuestro reloj y el resto de nuestro atuendo y por otro de conseguir que no sea dicho reloj el primer blanco de las miradas de nuestros interlocutores. Hay infinidad de relojes de una enorme belleza y complejidad técnica que no necesitan hacerse visibles por sus materiales exteriores o por su tamaño y que sin embargo a la larga son los que resultan más bellos y los que esa segunda generación lucirá de forma orgullosa.

Los gemelos
A pesar de que los gemelos no se encuentran en esa escueta lista inicial de piezas de joyería que puede poseer un caballero, no cabe duda de que desde finales del S. XIX se han ganado por méritos propios un puesto de privilegio en ella.

Si bien los gemelos aparecen en el S. XVII los caballeros de la época no hacían uso de ellos al preferir estos por entonces cerrar los puños de la camisa con lazos de seda. No fue hasta el S. XIX cuando los gemelos empiezan a popularizarse y se convierten en el lugar perfecto donde mostrar piezas preciosas como el topacio, la turquesa o el zafiro.

Nuevamente fue Inglaterra y la anglomanía reinante en la época las grandes “culpables” de que su uso se empezara a extender tanto dentro como fuera de sus fronteras. Dicha anglomanía que recorre el mundo en los años 30 hace que todos los caballeros quieran seguir la nueva tendencia y cerrar sus camisas con gemelos; algo reservado hasta la fecha prácticamente solo al evening dress.
Esa popularidad despierta el interés de las casas de joyería y rápidamente amplían la oferta dirigida a los caballeros con gemelos realmente bellos. De hecho, fue el cuidado trabajo de los artesanos de aquella época de Van Cleef, Cartier y Tiffany el responsable de la creación de las piezas más bonitas y exclusivas que han llegado hasta nuestros días.

Otro gran responsable de la popularización de los gemelos fue el histórico Café Society. Miembros destacados de éste como Cole Porter, el Duque de Windsor o el mismo Cary Grant exportaron desde allí al resto del mundo una imagen cuidada donde los gemelos eran en gran parte los protagonistas.

También las señoras se dejaron atrapar por el encanto de los gemelos. Este fue el caso de la Princesa Natalie de Paley, de Tallulah Bankhead, de Amy Jolly o de la misma Marlene Dietrich quienes siempre que la ocasión lo permitía exhibían sus pequeños tesoros.

Los gemelos siguieron evolucionando en el tiempo dando lugar a formas y materiales muy diferentes a los conocidos hasta la fecha. En la película L'Homme à l'Hispano se pueden apreciar los primeros gemelos confeccionados enteramente en plástico o en piel y con diseños muy diferentes a lo acostumbrado hasta entonces.
A partir de los años 70 los gemelos van dejando paso a los “funcionales” botones y las camisas industriales salen de los talleres ya con un puño sencillo cosido a la manga.

Hoy, sin embargo, vemos nuevamente un claro resurgir del uso de gemelos y no hay señor elegante que se precie en nuestro país que no se decante por estos en los puños de sus camisas. Por el contrario, en países como Italia todavía el botón está muy presente y los gemelos, aunque ya muy popularizados, no tienen la exclusividad de la elegancia.

Hoy encontramos una enorme variedad de gemelos y francamente muchos de ellos con diseños muy interesantes. Sin embargo, si bien los gemelos de gama media han mejorado mucho en diseño, los gemelos joya al ser menos demandados no han hecho a la misma velocidad y los modelos que hoy encontramos en las joyerías de las principales ciudades del mundo no gozan de un gran atractivo.

Este hecho ha sido visto como una oportunidad de negocio y artesanos como David Webb han empezado a confeccionar gemelos joyas de una enorme belleza. No obstante, no es necesario hacer un gran desembolso para adquirir un bonito par de gemelos. Por ejemplo, los no tan exclusivos pero de diseño siempre interesante gemelos de Links o los archideseados JAR o los siempre divertidos de Il Travaso delle Idee son unas muy interesantes opciones.
También existen verdaderos artesanos que trabajan materiales como el marfil que consiguen con este tipo de materiales un resultado en concepto próximo al gemelo joya pero por aspecto más cercano al gemelo lúdico.

La elección del tipo de puño de nuestra camisa es algo personal y aunque hay opiniones muy autorizadas que mantienen que el puño sencillo es el más elegante, yo soy de la opinión de que el puño doble aporta una distinción a la camisa superior a la del puño sencillo. Además, el poder contar con este complemento nos permitirá introducir un toco de color y una mayor variedad a nuestro conjunto final.
Hasta no hace muchos años, la mayoría de los caballeros que se decidían por mostrar en sus camisas gemelos elegían aquellos cercanos al tipo joya. Hoy la enorme e interesante variedad de gemelos nos permite escoger este complemento con un carácter más alegre y con múltiples formas y colores que encontramos hoy.

Al igual que cuando hablábamos del reloj, la elección del gemelo debe guardar una correcta proporcionalidad y relación con nuestro atuendo. Parece lógico que no sea el mismo el gemelo el que usemos cuando vistamos un esmoquin que cuando nos decantemos por una americana de sport con unos jeans. De hecho, en las camisas de esmoquin nuestros gemelos siempre deberán ser iguales a los botones que con ésta llevemos.

Los gemelos se han ganado por meritos propios el ser objeto de culto entre muchos señores. Un claro ejemplo es Bertrand Pizzin de quien se dice posee más de 2.000 pares, siendo la mayoría de ellos gemelos joya. Otro caballero que desde hace muchos años se dejó atrapar por el encanto de este pequeño complemento fue Harry Connick Jr. quien es otro gran coleccionista.

Los gemelos son seguramente junto el reloj el único complemento que de cuidarse adecuadamente puede durar muchos años y con un poco de suerte pasar también a la siguiente generación.

El sello
Aunque reconozco que no soy partidario de este complemento, aquellos señores que quieran llevar el escudo de su familia deberán evitar que su sello sea demasiado suntuoso. Debemos prescindir de grabar nuestras iniciales en el sello ya que carece de todo sentido y elegancia. Tampoco aquellos sellos con una piedra preciosa son, desde mi opinión, un complemento imprescindible.

La sencillez es muchas veces sinónimo de elegancia y los anillos deberían estar reservados a las damas. Un anillo en un caballero es una pieza demasiado presuntuosa como para ser considera como elegante.
Hoy solo en círculos muy concretos en Inglaterra se puede seguir observando todavía su uso. Si este no es nuestro entorno natural, con total seguridad el sello producirá cierto rechazo y no menos incomprensión.

Las pulseras
Tampoco las pulseras son un accesorio que me despierte interés alguno. Cada día es más frecuente observar como caballeros perfectamente vestidos optan por este complemento que desde mi punto de vista rompe el aspecto sobrio del resto del conjunto. Es más, no son pocas las ocasiones donde no una, sino varias pulseras ocupan parte de la muñeca. Para mí no deja de ser un contrasentido el vestir, por ejemplo, un traje de tres piezas clásico y llevar cinco pulseras.

En definitiva, podría entender su uso en un look totalmente casual pero nunca formal. Si a pesar de esta recomendación queremos completar nuestra vestimenta con una o varias pulseras deberíamos a toda costa evitar pulseras grandes con cierres con logos ostensibles o aquellas de algún material precioso como el oro o la plata. Con seguridad, una pulsera trenzada de cuero o de hilo hará menos daño a nuestra foto final que cualquier aparatosa pulsera.

El cinturón
Como todos sabéis no soy partidario del uso del cinturón cuando vistamos de traje. Unos tirantes, o en su defecto unas pletinas laterales, son infinitamente más elegantes que el más bonito cinturón. El cinturón, como ya hemos comentado aquí en repetidas ocasiones, solo consigue dividir nuestro cuerpo en dos partes de forma muy visible y consecuentemente acortar nuestra figura.

En un uso sport, donde la diferencia en tejidos y colores de la parte superior e inferior es muy marcada el uso del cinturón se hace más comprensible y suele favorecer al resultado final.

Si no nos pagan por ello, deberemos huir de exhibir grandes logos o estampados de la marca en el cinturón. Tampoco tiene mucho sentido dejarnos llevar por la moda tan popular entre los futbolistas de lucir un gran broche con unas iniciales en nuestro cinturón. La única interpretación que a esto se le puede encontrar es precisamente de la que tenemos que huir a toda costa.

Si lo que buscamos no es hacer publicidad gratuita a las casas italianas o francesas hay normalmente, dentro incluso de estas marcas, cinturones mucho más interesantes a considerar.

La pashmina
Hoy se denomina de forma genérica pashmina a una especie de bufanda algo más larga y de materiales más ligeros que ésta. Sin embargo esto no es del todo correcto.

La pashmina es un tipo de lana procedente de las cabras de pashmina que habitan en la región de Ladakh de Cachemira en la India. En la región de Cachemira se produce la conocida como lana de pashmina. La lana de pashmina junto con la del antílope tibetano del Himalaya y la vicuña peruana representa hoy la máxima exclusividad en lana.
Como se ha puesto de manifiesto este otoño, las épocas de frio cada vez duran menos y cada año son más benignas. Es por ello por lo que el uso de la bufanda tradicional de lana tiene cada vez menos sentido y la funcionalidad de la pashmina está más acorde a los tiempos, que en términos climatológicos, corren.

La lana de pashmina se caracteriza por ser más ligera que la lana tradicional y se distingue por su gran suavidad y su protección contra el frio. Encontrar una pashmina 100% de lana de pashmina es francamente difícil y casi siempre se encuentra mezclada con otros tejidos como la seda. También la mezcla de seda y cachemira es bastante frecuente. No obstante las fabricadas en pura pashmina siguen siendo las más exclusivas en cuanto número y precio.
Además de su funcionalidad, la pashmina aporta un toque de elegancia y estilo difícilmente alcanzable por la tradicional bufanda. Las posibilidades que ésta brinda a la hora de anudarla por el cuello y su larga caída dan un juego extra a nuestro look. Existen varios tamaños aunque yo me decantaría por aquellas tipo chal de gran tamaño 36´´x 80´´ y dejaría de lado las tipo bufanda que suelen medir 15´´ x 60´´.

Desgraciadamente en nuestro país la oferta de pashminas es escasísima y la mayoría de las que se venden como tal están más próximas a las bufandas tradicionales tanto en medidas como en tejidos. Definitivamente, no nos resultará fácil hacernos con modelos interesantes.
Nuevamente tendremos que salir de nuestras fronteras y acudir a París o a Florencia para poder ver cierta variedad. En ambas ciudades los caballeros no tienen complejo alguno en vestir una prenda creada pensando en la mujer.

Las gafas
Aunque hoy las lentillas están muy perfeccionadas y la tolerancia a ellas ha aumentado considerablemente, debido a la mejora de los compuestos, todavía hay caballeros que prefieren usar las clásicas gafas.

El aconsejar un modelo u otro no tendría sentido alguno al ser una opción muy personal y sobre todo al poseer cada caballero una fisionomía diferente. Mi único consejo es buscar en ellas el mismo estilo que buscamos en nuestra ropa. Si nuestro estilo es clásico no deberíamos optar por los maxi modelos tan de moda hoy. En cambio, no veo problema alguno en decantarnos por este tipo de gafas con nuestra vestimenta sport.
Si por el contrario nuestro estilo es más moderno resulta lógico que optemos por modelos más atrevidos. Si no tenemos pensado cambiar de gafas con asiduidad es mejor decantarse siempre por modelos clásicos que no tengan mucha montura.

Quizás a la única norma a tener en cuenta a la hora de adquirir nuestras nuevas gafas de día (no las de sol) sea a la que hace referencia Alan Flusser en su libro “Dressing the Man”. Si todos estamos de acuerdo en que nuestro rostro debe ser el gran protagonista y la ropa nos debería ayudar a que así sea, o en sus propias palabras, si admitimos que nuestro rostro debe ser la foto y todo lo que le rodea el marco, debemos buscar gafas que no centralicen en ella la mirada de nuestros interlocutores. Por ello la elección del color es de suma importancia.
Si somos morenos de piel siempre será más conveniente optar por monturas oscuras y no claras. Si por el contrario nuestra tez es clara, escogiendo unas gafas de color oscuro no conseguiremos nuestro objetivo: que sea nuestra cara y no nuestras gafas la foto final a la que miren nuestros interlocutores ya que una gafa oscura resaltará demasiado por el fuerte contraste de tonalidades.

Aunque las gafas de sol cada día se usan más en invierno, su uso sigue estando mucho más extendido en la época de verano. El que sean un complemento muy necesario en nuestro país, no significa que su uso esté justificado en todas las ocasiones.

Seguro que más de uno de nosotros estará cansado de observar como en las bodas de verano, hay incluso invitados que ejercen de testigos y acuden a la Iglesia con el último modelo de la temporada. Al igual que un reloj de 44mm no es apto para vestirse con un morning coat tampoco las míticas gafas de piloto de Ray-Ban son un buen compañero para nuestro chaqué. Cada cosa en su lugar y en su momento.
Igualmente, tampoco es bienvenido el uso de gafas de sol en recintos cerrados y mucho menos cuando estemos sentados a la mesa; por mucho incluso que se empeñen ciertas estrellas de Hollywood en desmentir con su actitud esta afirmación.

La estilográfica
La pluma fue hasta los años 50 una fiel alidada de los bolsillos de las chaquetas de los caballeros de la época. La simplicidad del bolígrafo, su menor coste y la seguridad de no manchar la chaqueta convirtió a este último en su sustituto natural. Sin embargo, el romanticismo de una pluma nunca estará al alcance de ningún bolígrafo.

Aunque cada día en menor número, todavía hay caballeros que siguen usando la pluma como se hacía de antaño y se resisten a sustituirla por el impersonal bolígrafo. La firma que se realiza con una pluma da la sensación de que aguantará los avatares de la vida de forma más exitosa.
Las grandes firmas de la historia se han realizado con una pluma al igual que lo han hecho las grandes obras literarias. Por ejemplo, Eisenhower firmó la paz de la II Guerra Mundial con una estilográfica Parker51. La firma del Tratado de Desarme Nuclear de 1987 se realiza con plumas Parker creadas para la ocasión por Ronald Reagan y Mikhail Gorbachev. Winston Churchill firmaba normalmente con una Conway Stewart etc.
La “tecnología” de los plumines ha evolucionado mucho y ya no estamos expuestos a esas manchas inesperadas. Igualmente, rara vez nos dejarán en la estacada como si lo hacen, y en no pocas ocasiones, los bolígrafos.

Debemos reconocer que antes la belleza estaba reservada solo a la pluma y los bolígrafos eran mirados de reojo y no tenían unos diseños tan cuidados como las primeras. Hoy esta situación ha cambiado y podemos encontrar bolígrafos verdaderamente atractivos.

Como hemos dicho a lo largo de todo el artículo, debemos siempre buscar uniformidad en todos nuestros complementos. No tiene sentido vestir un traje cortado en Hunstman y llevar en su interior un bolígrafo de plástico, por ligero y cómodo que sea, ya que con seguridad nos chocaría ver a ese caballero sacar en una cena ese bolígrafo para anotar cualquier dato.

Las plumas, al igual que los relojes, pueden llegar a tener un gran valor sentimental para su propietario. Ya sea bien porque nos acompañe desde hace muchos años o porque la hayamos heredado de un ser querido o sencillamente porque con ella hayamos firmado un acontecimiento importante en nuestra vida, una pluma nos puede traer emotivos recuerdos. Hoy, incluso muchos de los caballeros que usan el bolígrafo a diario reservan las grandes firmas a su pluma.

Actualmente existen grandes coleccionistas de estilográficas que poseen auténticos tesoros y no tienen reparo en acudir a las subastas más exclusivas para adquirir esa pieza que llevan buscando desde hace tiempo.

Si de comprar una nueva estilográfica se trata yo recomendaría, como también lo haría con muchos de los accesorios aquí tratados, hacernos con piezas de época en anticuarios. Por ejemplo, la mítica tienda de Colonia de Peter Pütz tiene una infinidad de plumas, gemelos, alfileres etc. con enorme belleza e historia.

El paraguas, el móvil, la cartera, el juego de maletas….
Hay otros muchos accesorios que pueden aportar a nuestro conjunto un toque de elegancia o distinción. Un claro ejemplo son los paraguas de Swaine o los de James Smith&Son, los cuales con una madera que está pulida a mano pueden elegirse hasta en tres tallas diferentes.
Aunque en otro artículo entraremos más en detalle en las normas de caballerosidad a las que todo señor debe prestar atención, debemos siempre tener presente que cuando nos encontremos en compañía de una dama tenemos que portar nosotros el paraguas y asegurarnos de que es ella y no nosotros a quien se mantiene protegida de la lluvia.

También intentaremos que camine por el lado más alejado de la acera para en caso que un automóvil salpique el agua acumulada al lado del bordillo sea a nosotros a quienes nos manche y no a ella.

Los móviles son hoy más que un accesorio una necesidad. Aunque no hace mucho tiempo carecíamos de ellos y seguíamos acudiendo a reuniones y buscando soluciones a ciertos imprevistos, hoy salir de casa sin él puede representar todo un problema.

Los modelos que se pueden encontrar en el mercado son infinitos y las innumerables aplicaciones de muchos de ellos nos sorprenden no a pocos. Independientemente de nuestras necesidades, debemos huir de esos teléfonos hoy tan de moda y codiciados por las nuevas “celebrities” y el “new money”: los teléfonos joya.

Un teléfono con incrustaciones de diamantes, cristales, oro, plata etc. es solo un signo de ostentación y no debemos olvidar que la elegancia es discreción y esta palabra tiene más de cinco letras.

Quizás a más de uno le sorprenda que uno de los complementos al que más cariño se le pueda llegar a coger sea una “vulgar” cartera donde guardar el dinero y alguna que otra tarjeta.
Una cartera con una buena piel y sobre todo con un buen cosido nos puede y nos debe durar muchos años. Normalmente son aquellos objetos que más tiempo nos han acompañado y no los más nuevos, a los que más cariño se les coge. Seguro que unos zapatos a los que les hayamos cambiado la suela en dos ocasiones tienen un mayor valor sentimental para nosotros que ese último par que acaba de entrar en nuestro armario.

Algo similar puede ocurrir con una cartera. Aunque con el tiempo envejezca y la piel se oscurezca, si nos ha acompañado muchos años y en situaciones muy diversas y además nos la ha regalado una persona querida seguro que será uno de nuestros accesorios preferidos.

Aunque como todos vosotros sabéis no soy partidario de citar marcas debo reconocer que la piel que usa la mítica casa francesa Louis Vuitton en sus carteras es excelente y envejece francamente bien. Si bien a nadie le aconsejaría que comprara sus zapatos, ya que son de una calidad ínfima, no tengo inconveniente alguno en recomendar sus carteras.

No obstante, todavía existen verdaderos artesanos de la piel y de la aguja que son capaces de hacer verdaderas obras de arte y sus carteras nada tienen que envidiar a la de las más reputadas casas internacionales de complementos.
Otros accesorios como una agenda, un juego de maletas o un maletín de trabajo pueden aportarnos igualmente un toque de distinción.

En definitiva si escogemos correctamente también esos “pequeños” detalles nuestra indumentaria se verá completada y en muchos casos resaltada.

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo para todos

El Aristócrata

domingo 1 de noviembre de 2009

Bespoke Parte VI. El zapato a medida; Norman Vilalta: artesano y artista

Artesano: "Persona que hace por su cuenta objetos de uso doméstico imprimiéndoles un sello personal, a diferencia del obrero fabril"
Artista: "Persona que hace algo con suma perfección”

Desde que empezó a andar http://www.elaristocrata.com/ allá por Abril 08 teníamos pendiente la realización de un artículo sobre zapatería a medida. Si bien nos hemos hecho eco en repetidas ocasiones del interesantísimo mundo de la sastrería, no habíamos hecho lo propio con el de la zapatería bespoke.

Siempre hemos defendido que la elegancia empieza por los pies. A nuestros lectores les resultará familiar nuestra afirmación de que el mejor traje de Henry Poole se puede ver arruinado por no vestir unos zapatos a la altura de éste o por no saberlos combinar. Igualmente, estos habrán leído en esta página en más de una ocasión que del mismo modo, también puede ocurrir que un traje normalito se realce al descansar éste sobre unos zapatos bien escogidos y de calidad. No obstante, ni el más fino John Lobb podría hacer milagros en muchas ocasiones.

Durante estos casi dos años en los que hemos estado pensando en la estructura de este artículo y los posibles talleres donde realizarlo el nombre de Norman Vilalta siempre ha estado dentro de nuestras primeras opciones. Igualmente, queremos agradecer a los que nos sugeristeis que le dedicáramos este artículo porque después de conocer en profundidad su trabajo no creo que hubiera habido ningún otro taller, ni nacional ni extranjero, donde se nos tratara mejor y donde se nos mostrara un trabajo tan diferente a lo que hasta la fecha conocíamos.

Después de charlar por teléfono e intercambiar varios emails sobre el artículo y lo que con él queríamos contaros, acordamos mantener un encuentro de tres días en su taller de Barcelona y conocer el producto en profundidad.

Si bien el taller de Norman se encuentra en el centro de Barcelona, está ubicado en una zona relativamente alejada del bullicio de la ciudad y en una calle muy significativa al encontrarse su taller rodeado de galerías de arte. Después de pasar tres días con Norman y conocer su forma de trabajar y lo que él busca en cada par de zapatos que fabrica parece claro que la elección de los bajos de la Casa de Antoni Pámies, un edificio modernista de 1908, para establecer su laboratorio no fue para nada una casualidad. Y decimos laboratorio porque lo que allí encontramos está más cerca de un lugar donde se realizan investigaciones y experimentos que del típico taller donde solo la construcción manual de algún objeto justifica este último nombre.

Lo primero que nos encontramos al entrar en su taller-laboratorio es un tirador de la puerta principal con forma de una gran horma que perteneció al señor Josep Cunillera, zapatero ortopédico recientemente jubilado y quien representaba la tercera generación de zapateros en su familia y a quien Norman tiene en gran afecto. Hoy son las herramientas de Don Josep las responsables en gran parte del acabado de los zapatos que salen por la puerta del taller de Norman. Como nos comenta Norman, “en el gremio de zapateros los utensilios de trabajo siempre deben pasar de una mano a otra y nunca pueden descansar”.

Aparte de esta enorme horma, nos llama la atención la disposición de la tienda. Aunque más cerca de un taller de pintura o de escultura que de cualquier zapatería que podamos conocer, este fascinante lugar rezuma orden dentro de un enorme desorden. Si lo que vamos buscando es un lugar donde el lujo sea el protagonista nos llevaremos una gran desilusión. Su taller nunca podrá ser una tienda ya que el polvo campa a sus anchas rodeado de zapatos, pieles, pruebas etc.

Como decimos, no hay ni ostentación ni objetos innecesarios. Todo el guiño al lujo lo representan tres pequeñas sillas de madera donde Norman pasa horas charlando con amigos y clientes. Si el visitante lo que quiere encontrar son solo esas pequeñas obras de arte que conocemos como zapatos estará más que satisfecho ya que éstos están por todo el taller.

Justo pasado el umbral de la puerta, en una pequeña mesa en la entrada, se divisa una muestra de lo que será en un futuro cercano su línea prêt-à-porter. En esta mesa encontramos desde zapatos inspirados en modelos ingleses de los años 30 pero con un guiño a la modernidad, hasta mocasines con forro de razo.

Tras esta mesa y sobre el suelo, tanto a derecha como izquierda, observamos múltiples zapatos diseñados y fabricados por él que muestran tanto su evolución como zapatero artesano como la gran variedad de líneas con las que ha trabajado a lo largo de su ya prolija carrera.

Los modelos e inspiraciones son amplísimos. Como Norman nos adelantó incluso antes de visitarle no encontramos en su taller las líneas típicas de los Oxford o Bluchers de las casas inglesas e italianas. En su casa, como veremos más adelante, este concepto está superado.

Conforme nos acercamos al fondo de la tienda empezamos a vislumbrar lo que verdaderamente nos ha traído hasta allí: su laboratorio.

Resulta sorprendente como en menos de tres metros cuadrados se dan cita desde las centenarias herramientas con las que trabaja Norman, su mesa de trabajo y una diminuta silla. El desvirador, las limas, los hierros de cantos fríos, las ruletas, los zigzags, el yunque etc. comparten este diminuto espacio con zapatos y botas que se encuentran en pleno proceso de construcción. En definitiva, no más de tres metros cuadrados de donde salen todos los años cien pequeñas obras de arte.

Si hemos tenido la suerte de conocer anteriormente los zapatos de Norman Vilalta seguramente esperaríamos encontrar un taller mucho más moderno y amplio del que allí se abre ante nuestros ojos. Sin embargo, si algo trasmite este centenario taller es que estamos frente al lugar de trabajo de un auténtico artesano.

Norman Vilalta es argentino de nacimiento, español de adopción y barcelonés de agradecimiento. Su carrera como zapatero empezó en el país Sudamericano. Trabajando ya como abogado aprovechaba los fines de semana para ir a la casa de los artesanos de Correa Bottier a aprender el oficio. La gran amabilidad de esta familia y los sentimientos que allí afloraron le hicieron decidirse a dejar su profesión de abogado, dejarse llevar por su impulso interior y comenzar a capacitarse como zapatero artesano.

De Buenos Aires emprendió el viaje a Florencia. Allí empezó a trabajar en un taller de una señora alemana donde conoció a quien sería su maestro los siguientes años: Stefano Bemer. Él fue quien le dijo que para aprender a diseñar y hacer zapatos a mano necesitaba de al menos cinco años de capacitación. En este taller de Via di Camaldoli pasó mas de un año y medio aprendiendo los secretos relacionados tanto con la construcción de un zapato artesanal como con el diseño del mismo. Desde Florencia aterrizó en Barcelona donde ya lleva siete años entregados a esta profesión.

Mientras nos fijamos en un pequeño taburete de mimbre nos explica que la silla de cada zapatero es la responsable en gran parte del resultado final. Según nos comenta, si no te sabes sentar no puedes hacer zapatos. La forma de sentarte determina, por ejemplo, hasta como puedes cortar. Según sea la altura de la silla, el trabajo que se realice sobre el zapato puede variar considerablemente. Su silla de trabajo apenas despega del suelo unos centímetros y para seros sincero, no parece muy tentador pasar sobre ella las más de cincuenta horas que requiere la confección de uno de sus zapatos a medida.
Una vez hechas las oportunas presentaciones y tras declararse lector empedernido de nuestra página nos empieza a narrar la larga tradición que en nuestro país hay de artesanía zapatera.

Según nos cuenta, los dos países con mejores pieles son Inglaterra y España. No obstante, España es el país con mayor tradición de cuero manufactura. Por ejemplo, el cuero cordovan de cabra es prácticamente todo de procedencia española. La tradición española-árabe sobre la venta y compra de cuero convirtió a España en uno de los países con más tradición en el trabajo de la piel. Pero desgraciadamente esto no se nos ha contado y muchos seguimos pensando que la buena piel es propiedad casi en exclusiva de otros países.

Por el contrario, nos adelanta, no sin cierto pudor, algo con lo que muchos de los lectores de www.elaristocrata.com estamos totalmente de acuerdo. En España, y por mucho que desde esta página se intenta hacer, no se visten buenos zapatos. Y lo que es peor, tampoco se saben combinar los diferentes tipos de zapatos. “En España la gente es capaz de gastarse un dineral en un traje y luego ponerse con él esos infumables Sebagos”.

Las mejores botas de montar a caballo se hacen en nuestro país y las botas de cowboy proceden de las botas españolas. Según nos comenta, las botas de montar y de polo son muy difíciles de fabricar. Antes de empezar a confeccionar dichas botas Norman consiguió varios modelos antiguos ingleses y los desmontó para entender cómo estaban hechos. Los zapateros ingleses que hace cincuenta años se dedicaban a fabricar botas de montar a medida representaban el súmmum de la perfección. La bota de montar representa la máxima complicación de la zapatería artesanal y desgraciadamente hoy son contados los zapateros que hacen este tipo de zapato. Norman presentará sus botas próximamente en el Abierto de polo argentino.

Tampoco las Chealsea boots fabricadas en nuestro país tienen nada que envidiar a las de las casas extranjeras más reputadas. Igualmente, nuestros zapatos cartujanos son, según su opinión, de una enorme belleza.

Nos comenta que una de las cosas que tiene pendientes es pasar dos meses con un guarnicionero andaluz que le enseñe como se hacían antiguamente los zapatos cartujanos. Los zapatos de, por ejemplo, Guarnicionería López, si bien pueden no tener la terminación de unos zapatos bespoke, son magníficos y cuentan con una enorme variedad de modelos. Tampoco podemos olvidar a algunos zapateros menorquines quienes podrían competir fácilmente con los sobrevalorados zapatos RTW de John Lobb. Sin embargo la mayor parte de las buenas marcas RTW siguen viniendo de Northampton.

“Hoy la mayoría de los zapateros que hacen bespoke son solo artesanos pero en cambio no diseñan zapatos. Quizás esto explique mi gran admiración por el trabajo de Roger Vivier y de Ferragamo quienes han sido, desde mi puto de vista, los dos grandes maestros de la zapatería mundial”.

Como puntualiza, hoy estos grandes nombres se van sustituyendo poco a poco por nombres como el de nuestro internacional Manolo Blahnik. “Yo admiro mucho a Manolo Blahnick porque ha dedicado toda una vida a los zapatos y desgraciadamente ha tenido que hacerse famoso fuera de nuestras fronteras para que aquí se le reconozca su trabajo. No obstante, su producto difiere mucho de lo que yo considero un zapato artesano. Una cosa es decorar un zapato y otra muy diferente es hacer manualmente un zapato”.

Continúa contándonos que si bien en España se fabrican buenos zapatos RTW en cambio no contamos con destacados zapateros. “No podemos olvidar que el poner una marca en el interior de la lengüeta del zapato no te convierte en zapatero. Ser zapatero es otra cosa”.

“Hoy las grandes marcas internacionales, incluso aquellas que muchos de nosotros podemos considerar como el súmmum del refinamiento y calidad, funcionan como una gran empresa donde un equipo de personas diseña la colección, otro decide los colores y una gran fábrica los produce. Por el contrario, existen muy pocos profesionales que realicen todo el zapato ellos solos y lo que no es menos importante desde el mismo lugar de trabajo”.

El trabajo de Norman Vilalta lo podemos dividir en dos grandes grupos. Por un lado, encontramos una línea compuesta por zapatos clásicos y medida y por otro una serie mucho más conceptual y minimalista donde se une la artesanía y el diseño.

Mientras continuamos con nuestra charla hacemos una pausa para que pueda tomar medidas a un cliente, un galerista, artista y coleccionista de arte, a quien había citado coincidiendo con nuestra visita para de esta forma poder narraros de la manera más real posible el proceso de confección de uno de sus zapatos.

Durante el proceso de toma de medidas estudia y tiene en cuenta ambos pies ya que como bien nos apunta, nadie tiene los dos pies de las mismas dimensiones. Mide desde el largo, el ancho y el alto desde diferentes puntos hasta el grosor de los dedos, la altura del talón, el puente del pie etc. Mientras toma las medidas nos sigue contando que la forma de trabajar de un zapatero está siempre en continua evolución. Uno de sus mayores cambios lo podemos apreciar en el trabajo del talón donde ahora éste es una mera continuación en vertical de la suela.

Una vez concluido el proceso de toma de medidas, empieza una apasionante conversación con el cliente de más de una hora sobre lo que le gusta en un zapato y cuál es la imagen que le gustaría transmitir con ellos. Obviamente, no puede ser el mismo zapato el de un caballero que vista trajes cortados según el estilo inglés que el del señor que se decante por un estilo más italiano o el de aquel que quiere convertir el zapato en el foco de atención de su vestimenta o el de alguien que solo lo vestirá de manera casual. Tampoco, con seguridad, será el mismo zapato el de un artista que el de un banquero. Y en esto radica, como veremos más adelante, el gran valor añadido de la artesanía Norman: nadie como él sabe trasmitir la personalidad de cada cliente a los zapatos.

Una vez que abandona el cliente el taller, Norman nos adelanta como evolucionará el proceso de confección del zapato durante los siguientes dos meses hasta que éste esté totalmente terminado.

Después de la toma de medidas se prepara la plantilla de manera que refleje tanto el diseño del zapato final como el de la suela, especificando cada milímetro para, por ejemplo, conseguir una punta afilada o un estilo de zapato en concreto. Seguidamente se corta la piel y se ponen a remojar las punteras y los contrafuertes las cuales a posteriori se rebajarán dependiendo de la estructura del zapato que se quiera conseguir (rígidos, flexibles, ligeros etc).

A continuación Norman dibuja el modelo del zapato sobre la horma de madera y confecciona los patrones con las correcciones para cada uno de los pies. En caso que el cliente quiera un forro con un diseño particular se realiza un proceso similar al anterior.

Una vez terminados los patrones se pasan a un papel que cubrirá y se montará sobre la horma de madera. Es importante cerciorarse de que el dibujo del papel y su situación en la horma concuerdan perfectamente. Después se corta la piel acorde a las medidas de cada pieza de corte y forro. Seguidamente, se rebajan las partes que correspondan y se comprueba que vayan tanto unidas como que no hayan quedado regruesos. Se apara y ya está el corte listo para montar.

Las diferentes partes del zapato se montan siempre por separado siguiendo el siguiente orden: forro, corte, punteras, barretas y finalmente el corte de la punta. Posteriormente se cose, siempre a mano, el Goodyear o en su defecto el Norvegese a la vira.

El siguiente paso es ya poner los cambrillones los cuales en su taller son siempre de madera. Una vez terminada su correcta colocación se realiza el interior del zapato según lo especificado por el cliente.

El montado de la suela se realiza una vez que esta haya estado en remojo varios días y siempre después de haberla martillado con una piedra de río para conseguir el mayor grado de alisado posible. Este es el momento perfecto para trabajar sobre la suela y conseguir la flexibilidad que en ella quiere el cliente.

A posteriori, se construye el tacón del zapato estrato a estrato, insertando solo un tipo de clavos de madera alemanes que impiden que entre el agua ya que al contacto con la humedad estos se ensanchan y bloquean su paso. “El tacón queda más firme porque no se arruinan como los de acero además de no usar clavos de acero en el tacón el cambrillón también es de madera, por eso son más ligeros y no suenan en los detectores de metales de los aeropuertos”. Para la construcción del tacón, anteriormente se han debido martillar también cada una de las tapas. La terminación y forma de los cantos se realiza con lija, agua y calor. Finalmente se lustran los cantos con los diferentes hierros del zapato.

El acabado de la suela y del tacón se hace tradicionalmente con lima, vidrio, luego se trata con unas lijas de papel y con los hierros calientes con agua para posteriormente repetir todo el proceso esta vez con ceras y tintas. Se realiza con una lija de joyería progresiva 350, 500 y 800. Con su uso conseguimos que la fibra quede completamente lisa y brillante. Es ahora cuando se ponen los cuños de cada uno de los artesanos que han intervenido en la fabricación del zapato y se graban las iniciales del cliente en cada uno de los zapatos.

El lustrado pone fin a la construcción del zapato. El grado de intensidad del mismo depende en gran medida de lo que quiera el cliente. Si se trata de una glaseatura, el zapato se lustra haciendo capas muy sutiles de cera con un líquido especial. Si el cliente prefiere algún tipo de textura como, por ejemplo, un tono envejecido, el proceso de lustrado se alarga en el tiempo necesitándose otros dos días. “Junto con la terminación del tacón y la suela es cuando se les da el "carácter" al zapato por ejemplo para un mismo modelo, si el cliente lo usa con un determinado estilo en el vestido se le puede dar un carácter particular“.

Los instrumentos que utiliza en la confección de sus zapatos son igualmente de primera calidad. Por ejemplo, las agujas con las que cose son de jabalí. Otros detalles como la pega, formada por resina, cera de abeja y aceite, de la que se sirve para impermeabilizar el hilo y así evitar que lo pudra el agua son otra muestra de su concepto de zapatería artesanal.

Otra nota de la calidad de su trabajo es el uso de diferentes técnicas para obtener ese resultado buscado. Por ejemplo, este cliente con el que nos reunimos ayer quería en su primer par de zapatos una suela fina pero muy rígida por lo que tuvo que hacer un tratamiento especial a la suela y así conseguir en la mínima superficie la mayor rigidez. Esto se complicó cuando le comunicó a Norman que, sin embargo, quería una piel muy flexible. Para ello Norman trató el cuero con agua y jabón para de esta forma hacerlo flexible.

En total tres o cuatro meses tendrá que esperar cada cliente de media para poder empezar a disfrutar de estas pequeñas obras de arte.

Después de esta pequeña explicación sobre las fases de construcción de un zapato artesanal, Norman vuelve sobre la importancia del asesoramiento al cliente. No siempre el cliente sabe con certeza el zapato que busca o, como ocurre en muchos de los casos, le pueden asaltar dudas tras conocer el trabajo y la opinión del zapatero. Si el cliente no tiene claro qué tipo de zapato busca, Norman le intenta ayudar a despejar sus dudas aminorando las opciones. Por ejemplo, como hemos podido comprobar in situ con su anterior cliente, Norman pregunta sobre la línea que más se corresponde con su gusto. Quiere saber si prefiere un zapato más redondo, más cuadrado o más alargado. En el caso en concreto de este cliente, Norman le recomienda un tipo de horma que también disimularán su elevado empeine.

El cliente, igualmente, pidió a Norman que le diera algo más de holgura a la parte exterior del pie izquierdo; algo por otra parte normal ya que según nos cuenta Norman todavía no ha conocido a nadie que tenga la fisionomía de los dos pies idéntica.

Después de todas estas consideraciones coinciden en optar por un zapato de corte clásico pero con una punta circular que dará ese toque moderno que mejor se adapta con la personalidad de su futuro propietario.

Trascurridas dos o tres semanas se llama al cliente para que se someta a una primera prueba. En esta prueba todavía no existen los zapatos como tal. Todo lo que vemos son una especie de zapatillas de estar por casa a las que ya se les ha dado la forma de los pies del cliente y que sirven a Norman para asegure de que las medidas que tomó fueron las correctas y el cliente se siente cómodo con estas zapatillas. Las zapatillas de prueba se confeccionaron sobre una horma de madera en la cual se harán ciertas modificaciones una vez comprobadas y ajustadas las medidas después de esta primera prueba.

Para la realización de las hormas, Norman escoge la horma tipo que mejor se adapta al perfil del pie del cliente y la personaliza con todas las medidas y características de sus pies. Añadiendo trozos de piel u otros materiales a hormas estándar consigue unas hormas totalmente acordes a la fisionomía del pie del cliente.

El número de hormas estándar con las que trabaja es enorme ya que como bien nos indica, aunque el cliente sea el mismo, no pueden ser iguales las hormas a utilizar en un Blucher, un Loafer o un Oxford. Igualmente, tampoco puede ser igual una horma de un Oxford en el que se vaya a utilizar piel de cocodrilo que una en la que se use piel de becerro. La piel a utilizar exige en muchas ocasiones hacer pequeñas correcciones en las hormas.

Una vez hecha la primera prueba con este tipo de zapatilla “de estar por casa” se configura un nuevo zapato con la horma y las medidas casi definitivas. Este zapato ya cuenta con lengüeta, cordones, forro, etc. Este nuevo zapato lo vestirá el cliente durante al menos dos semanas y será la clave para que el zapatero pueda asegurarse de que son como un guante para los pies de su cliente. Esta segunda prueba sirve también para que Norman haga las pequeñas modificaciones que requiera el zapato y pase estas nuevamente a la horma para poder empezar ya a trabajar en los zapatos finales.

Cuando la horma está totalmente definida y construida es el momento de comenzar a definir el modelo de zapato y la piel a utilizar.

La gran mayoría de la piel que utiliza el taller de Norman viene de Francia. En concreto su debilidad sigue siendo la Tanneries Du Puy; la misma piel que emplea Hermes para la confección de sus bolsos. Según nos comenta, no existe hoy en día mejor piel que esta. Igualmente, el ante que usa en la parte exterior del zapato tampoco es ante corriente, solo recurre a ante de antílope.

Según nos cuenta, un zapato que se use con asiduidad y que cuente con una piel de calidad y su construcción haya sido artesanal debería durar si se cuida no menos de cuarenta años. Ese cuidado debe consistir en la utilización de unas hormas a medida. No obstante, lo más importante para conseguir alargar lo máximo posible la vida de nuestros zapatos es llevarlos siempre a reparar al zapatero que los hizo. Nadie mejor que él conoce cómo están fabricados.

La elección del color en esta casa tampoco es tan sencilla como a priori se pudiera esperar. Una de las pasiones y notas diferenciadoras de los zapatos de Norman Vilalta es el tratamiento del color de la piel. En este laboratorio el cliente no se limita a escoger un negro o un marrón oscuro. “En general no hago zapato negros, los hago de pieles azules o marrones y luego las transformo en negro de modo que con el paso del tiempo vayan dando veladuras”. Se puede conseguir el color que se quiera o incluso optar por diferentes tonalidades en un mismo zapato. Para ello las somete a calor o utiliza diferentes aceites que oscurecen o aclaran la piel.

Norman tiñe la piel de tal forma que conforme pase el tiempo vaya cambiando de color y adquiera esa belleza que solo los zapatos viejos tienen. “A mi me gusta investigar la infinidad de tonalidades que pueden adquirir la pieles. Por ejemplo, en mi casa de campo de Mallorca teñí la misma piel en diez diferentes tonalidades y las expuse al sol directo durante un mes y medio para ver como evoluciona el color. La que más me gustó fue con la que confeccione los siguientes pares de zapatos”. El cliente que acude a esta casa busca también que el color de su zapato no sea como el de la mayoría de los zapatos RTW que puede comprar en cualquier tienda. Como pudimos comprobar la pala de muchos de sus zapatos está formada por diferentes colores e incluso por diferentes tipos de pieles.

Como él mismo nos comenta, tiene un don con las manos que le permite si se le enseña la técnica, realizar cualquier cosa que requiera del uso de estas. Su habilidad con las manos también le permite dibujar tatuajes en la piel de sus zapatos; algo muy demandado por algunos de sus clientes.

Según nos adelanta, tan trascendental es la piel que se usa por fuera del zapato como la que se utiliza en el interior. Como nos indica en varios momentos del encuentro, tan importante es la belleza del zapato por fuera como por dentro. “Hoy la gran mayoría de los zapateros artesanos solo prestan atención a la belleza exterior del zapato cuando para mí es igual de importante una como otra”.

Nos cuenta que él fabrica zapatos donde a veces la piel que emplea en su interior es mucho más cara que la que ha utilizado fuera. Hay zapatos que, por ejemplo, su interior lo confecciona con ante de cabra. Esta permite conseguir una suavidad que, en sus propias palabras, representa la máxima esencia del lujo. Otras veces es el raso dopiato italiano el utilizado para forrar sus zapatos.

Seguidamente nos muestra un dieciséis pies del que según nos adelanta solo consigue extraer piel para dos pares de zapatos. El resto de esta la utiliza para los zapatos de prueba. “Si te fijas esta piel no es pareja; la piel tiene que tener pequeños defectos. En una buena piel se debería apreciar hasta las venas del animal. Si la piel fuera pareja es porque estamos ante una piel de baja calidad ya que habrá sido corregida”.

"Cuando voy a coser un zapato siempre lo forro en nylon para que en el proceso de montaje del zapato la piel no se manche".

Es curioso comprobar como al igual que ocurría en el caso de Laszlo Vass, Norman siente una gran alegría cuando sus clientes le llevan a reparar los zapatos que salieron de sus manos hace varios años. “Es como el encuentro con ese antiguo amor al que no ves desde hace años; se te acelera el corazón y una extraña sensación se apodera de ti”. Nos justifica este sentimiento porque como él mismo nos apunta “cuando mis zapatos salen del taller son hermosos, pero cuando el cliente los usa y los reparo al cabo de cuatro o cinco años estos zapatos son verdaderamente bellos”.

La reparación de la suela exige humedecer el zapato para conseguir que entre nuevamente en la horma y de esta forma poder empezar una vez más el proceso de martillado. La suela se hace nuevamente entera, el tacón se realiza estrato a estrato etc. Para conseguir que el zapato pase del nivel inicial de hermoso al de bello es necesario estirar de nuevo la piel. “A mi me gustan más los zapatos con alguna mancha o con las típicas arrugas que muestran el paso del tiempo o con una suela gastada que un par de zapatos totalmente nuevos.

Aprovechamos entonces para preguntarle su opinión sobre las fotos donde recientemente se ha visto al Príncipe Carlos vistiendo unos Lobb remendados. Sin lugar a dudas se muestra a favor de remendar los zapatos buenos. Según él es una técnica maravillosa que aporta si cabe más clase a esos zapatos.

Cuando le preguntamos qué casas son las que gozan más de su admiración no nos da nombres. Se limita a apuntarnos que siempre debemos buscar aquellos zapatos que sean bonitos los mires por donde los mires. En concreto nos indica que en un zapato debe ser bonito tanto el exterior, el interior como la propia la suela. Estas tres dimensiones determinarán si podemos calificar un zapato como hermoso.

Igualmente, todos los componentes utilizados en la fabricación del zapato deben ser hermosos. La máxima de su maestro es que todo el zapato debería ser bello. “Debe ser bello desde el hilo como la propia la costura”. Nos comenta esto mientras nos enseña la costura de un zapato donde dicha costura simula a un collar de perlas. “Si te fijas en esta suela los agujeros para luego coserla están a cinco o seis milímetros entre ellos cuando lo normal sería un centímetro. Esto es lo que yo entiendo por bello”.

Todos sus zapatos son tanto personalizados según las preferencias de sus clientes como de fabricación 100% artesanal. “El proceso artesanal que utilizo tanto en mis zapatos RTW como en los bespoke es como mínimo de la misma calidad que los de las casas de, por ejemplo, Lobb o Berluti”. No obstante, la gran diferencia del zapato de Norman Vilalta radica en la personalización. “Mi cliente no entra en la tienda y dice quiero esos zapatos a medida. Yo no trabajo así. Yo no quiero hacer dos pares de zapatos iguales”. Como él mismo nos sigue narrando, por muy similares que sean los pies de dos clientes, el estilo de ellos siempre es diferente.

“Yo tengo que conocer al cliente, hablar con él durante al menos una hora, ver como viste y qué imagen quiere trasmitir. Necesito verle caminar. Debo conseguir que los zapatos de mis clientes sean la prolongación de su personalidad. Deben ser sus zapatos y los de nadie más. Sinceramente no entiendo como alguien que nunca ha visto a su cliente puede hacerle unos zapatos”.

Solo una vez que tenga claro el estilo del cliente, y a veces según nos comenta en esto radica la fase más compleja de la fabricación de los zapatos, empieza a trabajar sobre el diseño de los mismos. Como él mismo nos dice “te puedo asegurar que si te doy varias hormas diferentes y hago entrar a sus propietarios usted podría identificar fácilmente cada horma con su cliente”.

Otra nota característica de sus zapatos es que el dibujo de estos no es simétrico. Nunca el lado derecho del zapato y el izquierdo son iguales. Esto, según apunta, representa una dificultad añadida a la hora de coserlos porque cambian las referencias de un lado y otro.

“Igualmente, intento huir de las modas. A mí me interesa el diseño y la artesanía pero no entro en las modas. No entiendo, por ejemplo, la absurda moda de las slippers. Hace poco vi a Brad Pitt con unas grandes iniciales en esas zapatillas de estar por casa. ¿Acaso a Brad Pitt se le olvida su nombre que se ve en la necesidad de bordar esas enormes iniciales en sus zapatillas?”

Conforme transcurre el segundo de nuestros encuentros, nos comenta que cinco son los oficios que intervienen en la fabricación de un zapato: el hormero, el diseñador, el cortador, el aparador y el montador del zapato. Todos ellos, como ya hemos apuntado, pondrán luego su cuño en el zapato. Aunque Norman interviene de una forma u otra en todas las etapas, nos confiesa que él no apara.

Una de las mejores noticias que recibimos en aquella soleada mañana de sábado fue que acababa de terminar el muestrario de lo que será su nueva línea de zapatos RTW aunque todavía no tiene fecha para su comercialización. En su línea RTW podemos estos encontrar el mismo trabajo artesanal que en su gama de bespoke pero obviamente sin ser a medida ni personalizados.

Otra nota característica de la forma de trabajar de Norman Vilalta y que le diferencia del resto de zapateros renombrados es que su cliente siempre tiene la opción de visitarle y ver el estado de confección de su zapato. Incluso si es su deseo, puede quedar con Norman y ver el trabajo que se realiza en las diferentes fases de la construcción de su zapato. “Nunca entenderé como puede haber señores que acudan a John Lobb Madrid a encargar un par de zapatos bespoke y no se den cuenta que allí se limitan únicamente a tomarles unas cuantas medidas y a mandarlas a la casa en Francia. El concepto que yo tengo de bespoke es bien diferente a esto”.

Norman fotografía todo el proceso de construcción del zapato y se lo hace llegar a sus clientes para que sepan en todo momento como va y en qué consiste cada fase de dicho proceso. “Mis clientes, normalmente, aparte de gustarles mis zapatos son amantes de de la alta zapatería y como es normal les agrada que les vaya enviando fotos de la evolución de sus zapatos”.

También realiza videos explicativos del proceso de construcción que igualmente se los hace llegar según va concluyendo las fases más importantes. “De esta forma intento que el cliente sienta como suyo el zapato desde el primer día”. El que Norman te haga unos zapatos es sobre todo una experiencia para su afortunado cliente ya que te da la opción de disfrutar de todo el proceso de construcción de tus propios zapatos.

Cuando le preguntamos por el prototipo de su cliente nos comenta que fundamentalmente suelen ser caballeros jóvenes que dan mucha importancia a su imagen. Tiene hasta un cliente de 22 años que todas las prendas que viste son bespoke al cual no le importa viajar a varios países y hacerse las camisas en uno, los trajes en otro etc.

Una de las preguntas que mucho antes de conocerle personalmente teníamos pensado hacerle era cuáles eran esos cinco pares de zapatos que deberían estar en el zapatero del caballero que viste de lunes a viernes de traje y el fin de semana de sport. Según su punto de vista estos deberían ser: dos buenos mocasines; “pero por lo que más quieras que por favor no sean Sebagos”, un monopetzzo (un zapato de una sola pieza, carente de todo tipo de adornos), un Blucher, un Oxford y algún zapato para provocar. “Y si lo pudiéramos completar con un Monkstrap y un Spectator nuestro armario estaría casi completo”. Fue concretamente un Spectator el primer zapato bespoke que vistió Norman.

De regreso a Madrid Norman nos envió un mail donde quería matizar esta respuesta. Nada mejor que sus propias palabras para entender toda la filosofía que se esconde detrás de sus zapatos.

“Me quedo dando vueltas a tu pregunta de qué zapatos debería tener un caballero y cuáles serían los cinco zapatos que un caballero debería tener. Ayer se me vino a la cabeza que independientemente de los otros cuatro, mi idea es que por lo menos uno, si no pueden ser todos, sea un zapato tan personal que represente la personalidad de quien lo vista y que tenga detalles que lo conviertan en único. Sea cual sea el estilo se tiene que salir de lo que es un zapato normal; en definitiva que tenga algo que lo convierta en único.

He comprobado que una de las cosas que más valoran mis clientes es poder llevar algo que este hecho solo para ellos; creo que es un placer que todos los amantes de la zapatería nos deberíamos dar al menos una vez en la vida”.

Obviamente no queremos terminar este tercer encuentro sin preguntarle por el rango de precios de estas pequeñas obras de arte. Desgraciadamente no conseguimos una repuesta directa y Norman se limita a hacerse eco de una de las frases más populares de su maestro Stefano Bemer: "Quality is remembered long after price is forgotten”.

En lo que por el contrario si encontramos una actitud decidida es en su ofrecimiento a todos los miembros de esta página de visitarle y como yo ya he podido comprobar, muy gustosamente mostrará su producto.

Y para dar la última puntada a estos tres apasionantes días en compañía de Norman Vilalta os dejamos un video resumen de lo que allí pudimos ver y sentir.



Video con audio


El Aristócrata

Fotos propiedad de http://www.elaristocrata.com/
Agadecimientos especiales a Norman Vilalta, G.H.B., R.E.L.-G. G, y T.L.-G.H. sin la ayuda de los cuales la realización de esta artículo hubiera sido de todo punto imposible

jueves 1 de octubre de 2009

Bespoke Parte V: El traje a medida y la prueba

A raíz del artículo del mes pasado en el que nos hicimos eco de la gran aceptación que vuelve a tener el traje cruzado nos han llegado una gran cantidad de preguntas. Esto nos ha animado a escoger al traje cruzado como el protagonista de este nuevo artículo de bespoke.

En un mundo donde las grandes marcas acaparan la mayor parte de las ventas y han destronado a oficios centenarios como el de sastre, estudiar todo el proceso de confección de un traje a medida nos permite reafirmarnos en la idea de que un traje de confección industrial, por muy importante que sea la marca que lleve en su interior, no justifica su elevado precio.

Este mes queremos compartir con todos vosotros dicho proceso haciendo hincapié en la importancia de las diferentes pruebas que se llevan a cabo hasta que el traje está totalmente listo para ser vestido.

Para ello nuevamente nos pusimos en contacto con D. José María Reillo, sastre y Presidente del Club de Sastres de España, para que fuera su buen hacer y profesionalidad los que nos guiaran a través de todas las fases de construcción de un traje cruzado a medida.

Una vez más queremos con este artículo homenajear y profundizar en el apasionante mundo del bespoke, un arte en vías de extinción que sin embargo para aquellos que nos gusta este mundo es todo un deleite poder seguir disfrutando hoy de sus servicios.

Debido al mimo y a la atención al detalle que desde la sastrería de D. José María se presta a su trabajo, nos vimos obligados a empezar a trabajar en este artículo en Junio pasado. Fue en ese mes cuando acudimos por primera vez a la sastrería a discutir el diseño del traje y las características que buscábamos en él.

Una de las primeras preguntas a las que tenemos que estar preparados a contestar cuando acudamos a un sastre de prestigio es la referente al uso que queremos darle a la prenda. Dependiendo de dicho uso nuestro sastre nos recomendará diferentes tipos de telas.
No es lo mismo, por ejemplo, el traje que un caballero quiera vestir en el día a día de la oficina que el que puede buscar un señor que solo lo necesite para eventos puntuales como, por ejemplo, una boda, una entrega de una condecoración o una recepción oficial.

Independientemente de que nos guste más una tela u otra no debemos olvidar nuestras circunstancias personales. Hay telas que necesitan de un cuidado mayor y si no se las trata correctamente pueden tener una vida limitada. Otras no están concebidas para aguantar el traqueteo de uso intensivo; otras necesitan de un mayor reposo para volver a su posición original etc.

Si queremos que nuestro traje aguante un buen número de años sometido a un uso frecuente debemos siempre optar por telas de cierto peso como son aquellas de no menos de 370gr. Estas telas son propiamente de invierno y su uso es desaconsejable en verano. Pero si lo que buscamos es durabilidad esos son los tejidos en los que nos tendremos que fijar.
También debemos tener en cuenta el color y el tipo de terminación de la tela escogida. No obstante si, como ha sido este caso, contamos con el asesoramiento de un profesional todos estos puntos serán resueltos por él y no tendremos que preocuparnos.

Contar con la ayuda de un buen sastre nos aportará innumerables ventajas a la hora de diseñar nuestro traje. Según sea nuestro estilo y tras mantener un pequeño encuentro con él, nos diseñará nuestro traje atendiendo a nuestro físico y personalidad. Podrá ser más entallado, de solapas más estrechas, el pantalón de corte más alto etc. También nos recomendará una chaqueta más corta, cerillera, una o dos pinzas, pinza inversa, tipo de botones, largo y ancho del pantalón etc. La molestia de definir todos estos puntos normalmente solo está al alcance de aquellos sastres cuyo trabajo es algo más que un mero sustento.

Igualmente, un experimentado sastre tendrá en cuenta nuestra constitución física para, a través de su trabajo, ocultar aquellos pequeños defectos que muchos de nosotros tenemos. De igual forma, con un corte correcto conseguirá resaltar nuestras virtudes.

Como ya indicamos en la primera parte de “Into the Fitting Room”, la realización de un traje a medida requiere de la paciencia del cliente, en algunos casos de mucha de ella, ya que normalmente su confección requerirá en algunos casos hasta de varios meses.

Es por ello por lo que el mes de Septiembre es el mes óptimo para planificar nuestro armario y tenerlo listo para cuando lleguen los meses de más frío.

Como hemos indicado, el poder contar hoy con este artículo nos obligó a empezar a trabajar en él en pleno verano sintiéndonos extraños al encontrarnos entre telas que eran más propias de invierno que de la época que estábamos comenzando.

Después de discutir un largo rato sobre todos los aspectos recién mencionados nos decantamos finalmente por una tela de la centenaria casa inglesa Harrison of Edimburgh.
Queríamos una tela que si bien tuviera una larga vida no diera la apariencia de ser ni basta ni excesivamente abrigada. Por ello optamos por la gama Premier Cru de Harrison of Edimburgh. Esta línea de H.E. tiene como principales características ser de lana Merino y Super 100´s.

Aunque no queremos extendernos en el tema de las calidades de los diferentes tipos de tejidos ya que necesitaríamos un nuevo artículo, sí queremos aclarar un concepto que no parece que esté hoy en día muy claro ni siquiera para muchos profesionales. Nos referimos concretamente al término “Super” y al número que detrás de él aparece: 100, 120, 130 etc.

Hoy en día la gente sigue asociando este número a calidad y precio y no siempre es así o al menos no lo es respecto a la calidad en muchos de los casos. Muchos caballeros piensan que cuanto mayor sea el número mejor es la calidad del traje. Si efectivamente es esa su manera de pensar pueden llevarse alguna sorpresa desagradable.
Acorde con Michael Anton, la primera tela Super 100s apareció en 1960 en una fábrica inglesa que trabajaba lana procedente de ovejas australianas. Los comerciantes de la época se quedaron tan impresionados con esta tela que no dudaron en llamarla Super 100´s.

Hoy el término “Super” se utiliza para medir la calidad de la tela. Cuanto mayor sea el número, más fino se supone habrá sido el hilo que se ha utilizado para formar la tela resultante. Consecuentemente cuanto más fino sea el hilo utilizado mayor número de estos se tendrán que utilizar para conseguir, por ejemplo, los tres metros de tela que requiere un traje cruzado. Al igual que cuando estudiábamos las composiciones de las telas de las camisas, normalmente un mayor número de hilos se traduce en una tela más vistosa y elegante aunque también mucho más delicada, de longevidad más corta y más dada a arrugarse.
Debemos desconfiar de aquellas telas de número elevado que se ofrezcan a precios similares a los 80´s o 100´s. Tan importante es el hilo utilizado para tejer la tela como la manera en que se ha confeccionado esta última. Este hecho y que las puntadas utilizadas pueden variar enormemente de unas telas a otras hace que no siempre a los números mayores se les deba atribuir una calidad superior a la de los menores.

Otro peligro, como tuvo ocasión de comprobar el Cashmere and Camel Hair Manufacturers Institute en un análisis de 20 prestigiosos trajes, es que dos tercios de la tela de los trajes analizados no obedecían a lo que se especificaba en sus etiquetas. Esto es así debido a que no existe una forma de medida estándar para los conocidos como S-numbers. Todo lo que existe en la actualidad es una guía elaborada por la Wool Textile Organisation pero que desgraciadamente no todos los fabricantes tienen en cuenta a la hora de etiquetar sus telas.

Una vez más, solo cabe una solución para saber la calidad de la tela que tenemos enfrente y esta no es otra que tocar el tejido y dejarnos llevar por nuestra experiencia. Si todavía no tenemos la prática suficente debemos decantarnos por aquellas telas cuya reputación las preceda.
Como norma general apuntar que las telas hasta 110´s suelen ser idóneas para los trajes con los que acudamos a trabajar. Las telas Super 120´s y Super 130´s son indicadas para aquellos trajes que vistamos en ocasiones especiales y no con mucha frecuencia (una o dos veces al mes como máximo ya que si no nuestro traje no duraría más de cuatro o cinco años en nuestro armario).

A partir de 160´s las telas de nuestros trajes serán tan delicadas que solo podremos vestirlos en contadísimas ocasiones y además requerirán de un extraordinario cuidado. Por ejemplo, un traje 160´s que necesite pasar por la tintorería tiene muchas más opciones de salir de ella en peores circunstancias de las que entró.

Para saber qué tela debemos escoger aparte de en el tipo de tejido debemos fijarnos en su peso. Solo estudiando estas dos características podremos acertar en nuestra elección.

El peso de nuestra tela es de 330 gramos; un peso intermedio entre una tela de entretiempo y una tela de invierno. Las telas por debajo de 280 gramos son idóneas para los meses de calor y las que exceden de 365 son las que mejor se adaptan al frío invierno.
La realización de un traje a medida conlleva múltiple operaciones que buscan un mismo fin: conseguir la hechura perfecta para ese cliente específico.

Con la toma de medidas, la realización del patrón, su paso a la tela, el corte, la unión de las diferentes piezas, el hilvanado, las múltiples pruebas y los retoques finales, el sastre persigue algo que le está vetado a la confección industrial, por prestigiosa que sea la casa: un traje ceñido por fuera, amplio por dentro, que oculta nuestros defectos y que está totalmente acorde a nuestras medidas, características y gustos.

Conseguir que nuestro traje sea una segunda piel sería sencillamente imposible sin la realización de un mínimo de dos pruebas. La realización de las pruebas no se lleva a cabo de forma aleatoria y con éstas se busca sobre todo que nuestro traje tenga la hechura perfecta. Esta hechura por muy precisa que haya sido la toma de medidas o la realización del patrón no se puede conseguir sin que se realicen varias pruebas.
Es por ello por lo que tenemos que estar agradecidos si nuestro sastre se toma la molestia de citarnos en varias ocasiones para comprobar el desarrollo de su trabajo. Esto sólo redundará en beneficio nuestro.

En el mundo de la alta sastrería a medida, como ocurre en otros muchos campos, a veces se opta por diferentes caminos para llegar a un mismo resultado. Es por ello por lo que no todos los sastres utilizan ni las mismas técnicas ni realizan las pruebas en las mismas etapas de confección del traje.

La sastrería británica capitaneada por los sastres de Savile Row opta en su mayoría por realizar dos o tres pruebas durante los dos meses que como mínimo requieren para la realización del traje. Estas pruebas coinciden con la conclusión de tres momentos fundamentales en el proceso de construcción del traje: el skeleton baste, el forward y el finish bar finish.
D. José María antes de empezar a trabajar en el skeleton baste, prefiere hacer una prueba para afinar lo más posible el skeleton baste. En esta prueba la tela ya está cortada acorde a nuestras medidas pero carece de toda forma.

Aunque en nuestro caso el largo de la chaqueta estaba ya cortado según nuestra preferencia especificada durante la toma de medidas, con esta prueba el sastre puede empezar a definir desde el largo de la chaqueta a la altura de los bolsillos. Este “trozo” de tela lo irá ajustando a nuestro cuerpo haciendo múltiples marcas con un jaboncillo de sastre. Todas estas marcas son fundamentales para conseguir un skeleton baste lo más perfecto posible.
Si efectivamente, como acabamos de establecer, cada sastre tiene una forma de trabajar que difiere en alguna medida a la de sus compañeros, la mayoría de ellos coincide en hacer una prueba cuando el skeleton baste está listo. Si nuestro sastre se salta esta prueba deberemos cerciorarnos que efectivamente nuestro traje será un traje bespoke y no lo que seguramente sea: un traje MTM.

En la prueba del skeleton baste nos encontraremos con una chaqueta donde las partes principales de la chaqueta aparecen unidas por un simple hilo de algodón blanco (basting thread). Este algodón se utiliza para mantener unidas las diferentes piezas y será retirado cuando el sastre termine de marcar los ajustes en el skeleton.
Si es la primera vez que acudimos a esta prueba nos llamará la atención que nuestra chaqueta apenas está construida, careciendo de bolsillos, ojales, hombreras o cualquier tipo de construcción interior etc.

Esta primera prueba es fundamental para hacer los grandes cambios: largo de la chaqueta, las mangas, talle, altura de los bolsillos, tipo de hombreras etc). Igualmente, la prueba del skeleton baste es de una ayuda inestimable para realizar modificaciones posteriores en el patrón.
Incluso con un patrón muy exacto, la primera prueba es necesaria para realizar ciertas modificaciones. Además, esta primera prueba es especialmente importante sobre todo si es la primera vez que acudimos a ese sastre. Si por el contrario somos ya clientes, esta prueba puede ser obviada por nuestro sastre ya que con nuestras sucesivas visitas nuestro sastre habrá perfeccionado nuestro patrón y pasará directamente a la prueba del forward sin necesidad de “molestarnos” con la prueba del skeleton baste.

Hay sastrerías, como por ejemplo, Anderson & Sheppard que nunca realizan esta primera prueba, debido a que según su sastre Mr. Hallbery “if you need the inlays, you don’t know what you’re doing”. Esto indudablemente obliga a los sastres de A&S a afinar muchísimo su trabajo ya que no hay lugar para errores. No obstante incluso en A&S siguen usando el skeleton cuando de un chaqué se trata o cuando trabajan con un cliente con físico difícil.
Es curioso observar como cada sastre, incluso perteneciente a una misma escuela, altera la manera de trabajar de su maestro buscando siempre un mejor resultado. Una de las cosas que más nos sorprendió de la forma de trabajar de la sastrería de D. José María es la no elaboración de patrón alguno.

Las medidas se dibujan en la tela y directamente se corta con el consecuente riesgo que ello implica si no se cuentora con la experiencia y pericia necesaria. Sus cincuenta años en la profesión le permiten pasar las medidas a la tela directamente sin necesidad de elaborar un patrón. Además el no usar patrón agiliza la construcción del traje. No obstante, para sus clientes extranjeros o para aquellos que no disponen del tiempo necesario D. José María realiza un patrón conforme a los cánones clásicos.
Por el contrario las sastrerías más prestigiosas de SR siempre realizan patrón. Esto es debido a que teniendo el cliente su patrón en la sastrería, éste se asegura que independientemente de la suerte que corra su sastre, él siempre podrá acudir a la sastrería y salir con un traje de similar corte; independientemente de quien lo corte.

En otras palabras, en España el cliente busca tener un traje cortado y cosido, por ejemplo, por el señor Reillo lo que obliga a este cliente asumir que cuando éste se jubile o deje de ejercer por cualquier motivo tendrá seguramente que acudir a otro sastre ya que la sastrería a la que él siempre había acudido no tiene su patrón y el traje que le puedan cortar nuevamente allí no será de idénticas medidas a la de sus antiguos trajes.
En Inglaterra, por el contrario, la mayoría de los clientes quieren tener un traje de Anderson & Sheppard o de Kilgour independientemente de quien lo corte o lo cosa. Por este motivo estas sastrerías siempre elaboran y conservan un patrón garantizando al cliente que al menos el skeleton baste será el mismo a anteriores ocasiones.
Una vez concluida la prueba del skeleton y realizados todos los ajustes nos llamarán en unas dos o tres semanas para una segunda prueba.

En esta segunda prueba, denominada forward, encontraremos nuestro traje prácticamente “construido”, lo cual significa que tanto los bolsillos, el forro interior, las solapas etc. estarán concluidas. Normalmente ni el cuello ni las mangas se encuentran del todo terminadas y las veremos básicamente como cuando acudimos a la prueba del skeleton baste.

Una de las ventajas de esta prueba es que nos da una idea muy aproximada de cuál será el resultado final de nuestro traje.
Sobre el forward se realizarán los ajustes afinando cada vez más la hechura de nuestro traje. Las modificaciones que nuestro sastre realice en esta prueba también se pasarán a nuestro patrón consiguiendo de esta forma cada vez un patrón más exacto que nos permitirá que en sucesivas ocasiones con sólo dos pruebas nuestro traje esté listo.

Después de la prueba del forward nuestro sastre rematará el traje y si todo ha ido sobre lo previsto la próxima vez que nos llamen será para llevárnoslo a casa.

No obstante, D. José María prefiere abusar de la paciencia de sus clientes y llamarles para una tercera prueba.
En esta tercera prueba el cliente se prueba el traje entero; un traje muy cercano al definitivo. El sastre probará los pantalones y comprobará que cierra correctamente en la parte delantera, que el tiro está correcto, ajustará el largo, su ancho, las rayas, evitará que se formen arrugas ni en el trasero ni en la caída pero siempre contando con cierta tela extra que permita el libre movimiento de las piernas y una cierta flexibilidad y margen a la hora de sentarnos etc.

Esta prueba es el momento adecuado para comprobar que el interior del traje está conforme a nuestros deseos. Debemos comprobar que el forro de los bolsillos es de las medidas que nosotros especificamos y que los compartimentos interiores están construidos atendiendo a nuestros gustos.
Después de hacer esos últimos retoques a nuestro pantalón nos probaremos nuestra chaqueta que estará prácticamente terminada a falta de los botones y los ojales. Es el momento para que nuestro sastre vea el largo de las mangas y la caída de la chaqueta para marcar donde irán todos los botones. Asimismo, nos realizará unos últimos ajustes a la chaqueta para conseguir el grado exacto de ceñido que quiera el cliente.

Hay que tener especial cuidado en este punto ya que una chaqueta demasiado entallada puede quedar bien cuando su portador está enfrente del espejo pero cuando empiece a caminar ese exceso de talle puede terminar pasándole factura en forma de rayas. Es también ahora el momento de cerciorarnos de que los bolsillos interiores de la chaqueta son acordes en número y forma a lo que especificamos en la toma de medidas.

Esta prueba que no es considerada como necesaria por muchos sastres sigue siendo requerida por D. José María ya que a pesar del lógico inconveniente que esto supone tanto para el cliente como para el sastre ayuda a conseguir una hechura muy perfeccionada.
Como él mismo comenta, las pruebas solo juegan en beneficio del cliente y es precisamente el cliente quien más se debería alegrar si su sastre se toma la molestia de citarle en varias ocasiones para perfeccionar su trabajo. De hecho esta prueba al no ser estrictamente necesaria no es requerida por muchos sastres.

En Inglaterra normalmente con las pruebas del skeleton baste y el forward es suficiente para que el cliente pase a recoger su traje y es poco frecuente que te llamen a una tercera prueba.

La tercera prueba, el finish bar finish, se realiza normalmente bien porque el cliente no reside en la ciudad del sastre y éste se lo tiene que enviar a su domicilio sin poderlo ver en la prueba definitiva o bien porque el cliente no cuenta con el tiempo necesario para esperar a esa última prueba; algo bastante frecuente en SR donde muchos de sus clientes son extranjeros y no disponen del tiempo necesario que la confección de un traje bespoke requiere.

En la prueba del finish bar finish el traje está casi terminado a falta de los ojales y el remate final.
En la sastrería de D. José María nos llamarán a una cuarta prueba que será la definitiva. Esta prueba no se puede considerar como tal ya que solo sirve para que nuestro sastre compruebe que todo está conforme. Esta prueba se realiza con el traje planchado. Si hay alguna mínima cosa que ajustar todavía se está a tiempo y de no ser necesario, como será en la mayor parte de los casos de haberse realizado las pruebas con mimo, el traje estará listo para que lo podamos lucir orgullosos.

Es recomendable preguntar a nuestro sastre sobre los cuidados adecuados para el traje. Seguramente muchos de nosotros nos sorprenderemos al oír las atenciones que son necesarias para conservarlo durante muchos años como está antes de salir por la puerta de la sastrería. Por otro lado parece normal que sea el mismo sastre quien ponga interés en que se cuide con mimo ese trabajo ya que además de haberle dedicado muchas horas de trabajo, sus clientes son su mejor tarjeta de presentación.

Para terminar, apuntar que seguramente muchos de nosotros habremos experimentado en alguna ocasión cierta desilusión con ese traje tan especial y por el cual hicimos un gran esfuerzo y el cual después de unas cuantas puestas no nos queda tan perfecto como cuando salíamos con él de la sastrería.
Esto ocurre prácticamente con toda nuestra vestimenta. Si, por ejemplo, nuestros zapatos no se adaptarán totalmente a la forma de nuestros pies hasta pasadas veinte puestas, es compresible que algo similar ocurra con nuestro traje.

Nuestro traje conforme lo vayamos vistiendo se irá adaptando a nuestro físico y es admisible que pueda aparecer alguna arruga o que incluso la caída del pantalón sea diferente una vez se haya acoplado a nuestra cadera.

Por ello algunos de los sastres más perfeccionistas piden al cliente que les vuelva a visitar vistiendo ese traje pasados unos meses. Solo entonces podremos saber si ese es “El Traje”. En ese momento tanto el sastre como el cliente quedarán totalmente conformes con ese trabajo.

Para concluir hacer hincapié una vez más en que la prueba es, con seguridad, el mejor aliado de la perfección por lo que si tenemos la suerte de que nuestro sastre se toma la molestia de llamarnos en varias ocasiones debemos estarle agradecido ya que éstas solo redundan en el beneficio del resultado final.

El Aristócrata

Fuente: http://www.englishcut.com

Fotos: Propiedad de http://www.elaristocrata.com/

martes 1 de septiembre de 2009

El regreso de dos clásicos: la corbata de lazo y la chaqueta cruzada

El Aristócrata se creó hace ya más de un año para compartir y reflexionar sobre lo que desde nuestro punto de vista significaba la palabra “elegancia” en el contexto del vestir masculino. Para conseguir nuestro objetivo nos hemos visto obligados a volver constantemente a mirar a aquellos años, los años 30 y 40, donde la elegancia masculina alcanzaba su punto álgido.

Concretamente, la década que va de 1930 a 1940 representa la cúspide de lo que nosotros entendemos como elegancia masculina. Aquellos eran tiempos donde los caballeros sabían que prendas eran las adecuadas para ser vestidas en cada momento, estaban familiarizados con su significado, conocían las diferencias entre ropa formal, semi-formal o informal, no tenían dudas sobre cuando se debía vestir un frac, un esmoquin o un chaqué etc. Y esto se extendía a prácticamente todos los estratos sociales donde los diferentes señores, según sus posibilidades, intentaban ser lo más elegantes posible.

Desgraciadamente esos tiempos ya pasaron y, aunque qué duda cabe que ha habido otros periodos donde la elegancia masculina ha tenido buena cabida y grandes representantes, hoy nos encontramos con una sociedad que al menos en lo que a vestimenta masculina se refiere, dista mucho de lo que en aquella época se consideraba elegante. Hoy, por ejemplo, observamos que el uso del frac es meramente testimonial, la vestimenta del abrigo (y no ya solo de los legendarios frock o paddock) va desapareciendo sustituyéndose por prendas supuestamente más cómodas y modernas; el esmoquin hoy se viste en bodas; las revistas de moda masculina plasman como estiloso y elegante lo que a más de uno nos parece algo sencillamente esperpéntico etc.

Quizás por todo esto no falte razón a aquellos que nos critican por defender una forma de vestir perteneciente a otra época y totalmente desaparecida hoy en día. Al menos en esto tienen razón; efectivamente nuestro concepto de elegancia apenas tiene cabida hoy y difiere enormemente de lo que en estos tiempos se considera elegante.

A pesar de tener que dar a nuestros críticos la razón de entrada, les animaría a que repasaran la historia de la moda masculina para así darse cuenta de que lo que hace apenas dos años era considerado por ellos como muy moderno hoy es sencillamente algo totalmente superado o en el mejor de los casos algo pasado de moda o incluso ridículo. Por el contrario, aquellos trajes de chaqueta que hace 50 años vestía Cary Grant o Felipe de Edimburgo siguen siendo hoy perfectamente “ponibles” y lo que es más: seguramente lo sean por muchos más años. Esa es la grandeza de la moda masculina clásica; siempre será actual y podrá presumir de permanente.

DBJ de 1906…y preciosas botas tipo Balmoral

Sin querer justificar nuestras palabras usando la famosa frase que sobre la moda acuñó Oscar Wilde, “fashion is a form of ugliness so intolerable that we have to alter it every six months”, los que seguimos la evolución en el vestir masculino podemos apreciar como cada determinado tiempo resurge una prenda perteneciente a otra época y que prácticamente se daba por desaparecida. Esto que el mundo de la moda nos lo ofrecerá como algo novedoso no es otra cosa que un regreso a ese “horroroso pasado”.

En el artículo de este mes queremos estudiar el retorno de dos prendas que no hace mucho tiempo tuvieron un lugar destacado en el ropero de los caballeros y que habían caído en desuso; en concreto intentaremos conocer algo más de la corbata de lazo y de el traje cruzado.

Aunque el uso y la inclusión en nuestro Diccionario de la Lengua Española de la palabra pajarita ha hecho que en España se haya popularizado con este nombre, la denominación correcta para ésta es corbata de lazo ya que ésta no consiste en otra cosa que un trozo de tela donde sus dos extremos son anudados alrededor del cuello dando como resultado un nudo con dos lazos. Y es concretamente esa forma de anudarse alrededor del cuello la que los británicos tuvieron en cuenta para denominar a nuestra corbata de lazo como bow tie.

Si bien no es el objetivo de este artículo estudiar la historia de este complemento si es interesante conocer que la pajarita data de las guerras prusianas del siglo XVII. Ya entonces los caballeros croatas utilizaban un tipo de bufanda alrededor del cuello para unir las aberturas del cuello de la camisa. Desde entonces fue la clase alta francesa la que con su uso lanzaría a la fama a la cravat, la cual ocupó un lugar destacadísimo en el armario de los caballeros franceses durante los siglos XVIII y XIX. Desde entonces aquel originario lazo fue evolucionando cambiando tanto en tamaño como en funcionalidad hasta llegar al concepto de pajarita que conocemos hoy en día.

Las bow ties las podemos hallar en diferentes tejidos destacando como en el caso de su hermana la corbata, las confeccionadas en seda. Como ocurre con estas últimas la forma del nudo resultante dependerá en gran medida del tejido elegido.

Hoy podemos encontrarnos básicamente con dos tipos de corbatas de lazo: las de mariposa y las de ala de murciélago. Aunque el decantarse por una u otra depende exclusivamente de los gustos personales de cada caballero nosotros seguimos prefiriendo las de tipo mariposa ya que sus líneas curvas dan un mayor movimiento a todo el conjunto. Igualmente, el modelo mariposa podrá aparecer con terminación en forma chata o en punta. Existen también pajaritas asimétricas caracterizadas por tener un extremo totalmente recto que qué duda cabe tienen también un encanto especial.

A la hora de escoger nuestra pajarita debemos tener varias cosas en cuenta además del tejido y de la terminación de los extremos de la misma. Así pues, es fundamental conocer el diámetro de nuestro cuello ya que ni todos los cuellos miden lo mismo ni consecuentemente todas las pajaritas tienen la misma longitud.

También el ancho de las bow ties puede variar. Es por ello por lo que al igual que comentamos cuando en su día hablábamos de la corbata, debemos tener en cuenta el grosor de nuestro rostro para escoger un ancho u otro. Si, por ejemplo, nuestro rostro es alargado seguramente admitirá una bow tie más ancha que si nuestro rostro es de dimensiones reducidas. Igualmente, jugando con nuestro nudo y las alas de nuestra pajarita tendremos la posibilidad de imprimir un carácter más serio o más alegre a nuestro atuendo.

Nuevamente las proporciones son fundamentales hasta a la hora de escoger este pequeño complemento. Tampoco aquí sirve el “one-size-fits all”. Parece lógico que si no todos los caballeros tenemos la misma talla de cuello tampoco tengamos nuestras pajaritas de la misma medida.

Todos habremos observado como en el afán de llamar absurdamente la atención ciertas marcas exhiben unas pajaritas totalmente desproporcionadas con el físico de su portador o con la hechura de la ropa que viste. Esta desproporción lo único que consigue es que toda la atención recaiga en nuestra pajarita y no al contrario de lo que debería ocurrir, esto es, que sea solo una ayuda más para que sea nuestro rostro el único protagonista de la foto.

Una vez más debemos hacer hincapié en que la elección de la ropa siempre deberá hacerse persiguiendo el objetivo de que ésta nos ayude a resaltar nuestras virtudes y a ocultar nuestros defectos. Si al final el protagonista va a ser nuestra camisa, nuestros pantalones o nuestra corbata y no nosotros mismos no estaremos cumpliendo con una de las máximas de la elegancia masculina, esto es, ser nosotros los protagonistas y no nuestra ropa. Nuestro atuendo como acabamos de apuntar solo tiene la misión de ayudarnos a conseguir lo mejor de nuestro físico.

Existen tres tipos de pajaritas atendiendo a las diferentes posibilidades de anudar ésta al cuello de nuestra camisa: la self-tie, la pre-tied y la horrenda ready tied donde una especie de imperdible se encarga de unirla a nuestro cuello. A pesar de contar con estas tres opciones es la self-tie donde solo nuestra destreza es la responsable del resultado final y consecuentemente la única que debiera tener un lugar en nuestro armario.

Si hemos escogido a la bow tie como un complemento que regresa con fuerza no lo hemos hecho por observarla recientemente en las revistas de moda masculina donde dicho sea de paso se viste sin seguir ningún rigor ni norma (por ejemplo, para nosotros la vestimenta de la corbata de lazo solo se puede contemplar cuando se vista con chaqueta). Por el contrario, el resurgir de la vestimenta de la pajarita lo encontramos en el correcto uso que por parte de ciertos caballeros se hace nuevamente de esta elegante prenda.

La vuelta de este complemento también se puede observar en el aumento de oferta que ciertas centenarias camiserías vuelven a ofrecer a sus clientes. Igualmente, las casas especializadas en la fabricación de pajaritas ven resurgir un negocio que se consideraba obsoleto y ahora ofrecen diseños muy variados y sobre todo muy actuales y elegantes. Si somos amantes de este complemento o después de la lectura de este artículo le damos al menos una oportunidad no debemos dejar de pasar por la Place Vendôme y traernos un bonito recuerdo de la ciudad de la luz.

Seguramente todos tengamos en nuestra mente algún caballero al que cada vez que le evocamos visualizamos su rostro lazado a una pajarita. Resulta muy difícil pensar en Winston Churchill o a Abraham Lincoln sin que inmediatamente una pajarita se dibuje en nuestra mente.

Si bien la elección de la corbata de lazo como único tipo de corbata de nuestro armario es una elección muy respetable, no es nuestra intención convencer a ninguno de nuestros lectores para que cambie sus corbatas por éstas. Sí en cambio, pensamos que una alternancia entre ambas puede dar un soplo de aire fresco a nuestro conjunto así como cierta originalidad y todo ello sin hacer otra cosa que vestir sencillamente de manera clásica, varonil y elegante.

La corbata de lazo es especialmente indicada para ser vestida con una chaqueta cruzada. La DBJ (Double Breasted Jacket) al cruzarse en la mitad superior del torso deja una menor parte de la camisa expuesta por lo que no resulta tan necesario vestir con ella la tradicional corbata. A pesar de ser sobre todo indicada para ser combinada con la DBJ, tampoco hay problema alguno en vestirla con un traje de dos o tres botones. En este caso deberemos estar convencidos de nuestra elección ya que nuestra pajarita cobrará gran protagonismo en el conjunto final. Un chaleco ya sea de botonadura sencilla o cruzada puede ser un buen aliado si deseamos vestir una chaqueta de dos o tres botones con nuestra corbata de lazo.

Solo los señores de gran estatura deberían prescindir de ella ya que como apuntábamos en el artículo del mes anterior, estos caballeros si vistieran pajarita expondrían gran parte de su torso acentuando su elevada estatura.

El caballero de la siguiente foto, Mr William Boehlke, responsable de uno de los blogs de referencia en moda masculina, http://asuitablewardrobe.dynend.com/, es un buen ejemplo de cómo se debe combinar una bow tie con un traje cruzado. Si bien por la forma de lucir la pajarita parece obvio que no es la intención de su portador que ésta pase desapercibida, no lo hace más que si de una corbata normal se tratara. El resultado final es un conjunto muy elegante que denota gusto tanto por lo intemporal como por el estilo más actual.

Como podemos observar en la foto superior la pajarita guarda una correcta proporción tanto con el rostro de su portador como con el cuello de la camisa. Esta foto es un claro ejemplo de que se puede ser al mismo tiempo elegante, actual y estiloso sin necesidad de vestir de forma extravagante o forzada.

Aunque no vamos a entrar a describir el proceso de anudarse la pajarita, si queremos hacer hincapié en la importancia de que ésta quede siempre encuadrada entre los ojos y el límite exterior del rostro. La otra norma básica que debemos atender a la hora de anudarnos nuestra corbata de lazo es que ésta no sobresalga de los picos del cuello de la camisa.

Si bien la pajarita nos sigue permitiendo vestir de una manera clásica sobre todo es una perfecta aliada para aquellos dandis que quieran imprimir a su vestimenta un look moderno y actual. Su vestimenta no dejará a nadie indiferente y qué duda cabe que de vestirse correctamente nuestra pajarita nos posicionará en nuestro entorno como además de amantes de lo clásico, también como caballeros modernos y que marcan y siguen las tendencias más actuales.

Si como acabamos de ver la pajarita es un complemento muy interesante con el que volver a contar en nuestro armario, nuestra otra prenda de hoy, la chaqueta cruzada nunca tendría que haber salido de este.

Desgraciadamente a pesar de haberse ganado por méritos propios el derecho de ser considerada como toda un clásico, la chaqueta cruzada había dejado de vestirse prácticamente y ahora vuelve con fuerza a ocupar otra vez un lugar predilecto en el armario de los caballeros más elegantes. Si bien este regreso llega con cierto retraso a España si lo comparamos con el de algunos países de nuestro alrededor, parece ser que nuevamente nuestros sastres le empiezan a dedicar gran parte de su jornada de trabajo.

Siempre he mantenido que a pesar de las modas que en cada momento puedan surgir, la double breasted jacket nunca dejará de estar presente en el armario de los caballeros más exigentes con su aspecto. Es a nuestro parecer mucho más estilosa e imprime un carácter a nuestro conjunto difícilmente de igualar por la mejor SBJ; quizás por ello Alan Flusser estableció la supremacía de la DBJ sobre la SBJ con su célebre frase: “as to its style ranking, the double breasted sit is to the single-breasted what the pleated pant is to the plain front, incrementally more stylish”.

Solo un cuidado traje de tres piezas, tan difícil hoy en día de vestir en nuestro país por cuestiones climatológicas, puede a nuestro juicio aproximarse al encanto de la DBJ.

Aunque tampoco es nuestro objetivo estudiar la historia de esta prenda solo apuntar que la DBJ desciende directamente del abrigo frock; abrigo típico en el S. XIX caracterizado por sus solapas terminadas en punta y por su abotonadura cruzada. Desde mi punto de vista todavía no ha existido un abrigo que pueda igualar la belleza y la majestuosidad del frock.

Es curioso observar como la DBJ ha sufrido diversos vaivenes según la importancia que en su dilatada vida como pieza imprescindible de la indumentaria masculina le han atribuido los caballeros de las diferentes épocas. No obstante, al contrario de lo que ha sucedido con la corbata de lazo, la DBJ siempre ha estado presente con más o menos fuerza y nunca nos ha abandonado.

Si bien antes de la I Guerra Mundial eran igual de frecuentes las DBJ y las SBJ, en los años 20 y 30 la DBJ cobró un gran protagonismo desbancando a la SBJ y convirtiéndose en la chaqueta de referencia por excelencia. A finales de los años 30 un modelo de DBJ acapararía todas las miradas de los señores de la época convirtiéndose en todo un símbolo de una generación. Estamos hablando de la mítica chaqueta Kent, denominación que recibe en honor al Príncipe George, más conocido como Duke de Kent.

La chaqueta Kent se distinguía por ser del tipo four-on-two (cuatro botones de los cuales se abotonan dos; los sastres londinenses la conocen también por six-or four-button) y tenía la particularidad de alargar la figura de su portador al contar con menos botones en la parte superior del torso y consecuentemente extenderse las solapas hasta mas abajo que en las clásicas six-on-two (también conocida como 6x2 al poderse solo abotonar dos de los seis botones con los que cuenta la chaqueta). Con el uso de la six-or four una parte más visible del torso quedaba expuesta y consecuentemente tanto la camisa como la corbata cobraban un mayor protagonismo El corte de la chaqueta Kent es especialmente agradecido con los señores no muy altos que no quieran privarse del placer de vestir una DBJ.

Después de la II Guerra Mundial el uso de la chaqueta cruzada empieza a dejar paso a la SBJ como chaqueta preferida por los señores de la época debido principalmente a su mayor comodidad y a la posibilidad de desprenderse de ella en sus lugares de trabajo. A partir de los años 50 la primacía de la SBJ sobre la DBJ ha sido la tónica general; no obstante siempre ha habido periodos donde la DBJ ha regresado con más o menos energía como fue el caso de los años 80.

De todas las opciones disponibles: four on two, six or four, six-on-one etc la conocida como copa de Martini por la disposición de sus botones es a nuestro parecer sin duda la más elegante (6x2).

En todas ellas, las solapas terminan en forma puntiaguda y llevan un ojal en cada una de estas con el objetivo de guardar la máxima simetría entre el lado derecho y el izquierdo. Debido a que su correcto uso no admite que sea desabotonada bajo ninguna circunstancia, las dos aberturas traseras son obligatorias para permitirnos una cierta comodidad si tuviéramos que vestirla sentados.

Al menos un botón interno conocido como jigger es necesario para acoplar correctamente la chaqueta a nuestro cuerpo y evitar que se formen arrugas en el exterior y no bailen los dos lados de la chaqueta. Hoy es frecuente que ciertos sastres para evitar este problema cosan dos jiggers en vez de uno.

Si estamos de acuerdo en que un traje de chaqueta cruzado es la máxima expresión de la elegancia masculina y ocupa la cúspide de las prendas que conforman el informal dress también tendremos que tener claro que los complementos que con ella vayamos a vestir deben estar a su altura.

El traje cruzado exige gemelos como también requiere de un obligado pocket square. Los británicos más puristas no admitirán otro zapato que no sea negro y de cordones (y a ser posible un modelo Oxford liso). También optarán por algo que a priori va en contra de la definición de la DBJ, esto es, los pantalones sin vuelta. No le faltaba razón a Mr. Gieves Hawkes cuando defendía el uso del pantalón en la DBJ sin vuelta por la formalidad del conjunto. El dobladillo del pantalón siempre se ha considerado menos formal que su terminación “sin vuelta”.

Sobre lo que no existe duda alguna es que con un traje cruzado el uso de tirantes es de todo punto obligado. El pantalón se cortará pensando en que será vestido SOLO con tirantes por lo que no tendrá pasadores para el cinturón, tendrá una abertura en la parte central trasera para que cuando los tirantes hagan su trabajo no se produzca ese efecto tan feo que observamos en aquellos caballeros que adaptan unos tirantes a un pantalón “de cinturón”. Para terminar de ajustar nuestros pantalones optaremos por unas trabillas laterales o en su defecto por una única trasera , siempre por supuesto, de la misma tela que el resto del traje.

El uso de los tirantes no debería preocupar ni a sus máximos detractores ya que estos nunca se deberían vislumbrar al deber estar la chaqueta siempre abotonada y estar totalmente prohibido desprenderemos de ella. No obstante, a cualquier ojo mínimamente experto le resultará fácil adivinar nuestra correcta elección por la caída del pantalón.

Aunque no es intención de este artículo extendernos sobre el correcto uso de los tirantes, solo apuntar que si no queremos correr riesgos innecesarios siempre es más seguro combinar los tirantes con nuestra corbata que con cualquier otra prenda de nuestra indumentaria. Igualmente recordar que la lazadera de cuero que une nuestros pantalones con los tirantes deberá ser del mismo color que los zapatos que vistamos.

El nudo de la corbata, al estar ésta última oculta en un 70% por la chaqueta cruzada, cobra gran importancia. El nudo será prácticamente el único lugar donde se dirigirán las miradas que en otras ocasiones se repartían a lo largo de toda la corbata. Debido a que el nudo ocupará una gran parte del único trozo libre dejado por la chaqueta recomendamos decantarnos por un nudo más pequeño que los que acostumbramos a vestir con nuestras SBJ.

Sobre el tipo de nudo a vestir con la DBJ encontramos diferentes opiniones. Si queremos conseguir uno de los objetivos perseguidos con la DBJ, esto es, la máxima simetría posible entre la parte derecha y la izquierda, deberemos decantarnos por el nudo tipo Windsor. Sin embargo son muchos caballeros como el Príncipe Carlos o incluso su tío abuelo el Duque de Windsor los que rompieron esta norma y le imprimieron con finos nudos four in hand un carácter muy personal a la DBJ.

Si el nudo es importante más lo es si cabe el poquet square. Debido a que la parte de la camisa y de la corbata que permite mostrar la DBJ es mínima, la elección del pañuelo de bolsillo y su forma de descansar en nuestro bolsillo deberá ser más cuidada que con la SBJ ya que será a nuestro pañuelo donde se dirigirán la mayoría de las miradas de quienes nos rodeen.

Como ocurría con la pajarita y la corbata, la vestimenta de la DBJ y la SBJ es totalmente compatible y sin ningún problema podrán convivir en nuestro armario. No obstante el traje cruzado siempre estará un paso por delante en cuanto a elegancia y estilismo se refiere respecto al muchas veces aburrido traje sencillo de dos piezas. Igualmente una DBJ bien cortada nos ayudará a diferenciarnos del gran público que sin lugar a dudas sigue decantándose por la SBJ. No podemos estar más de acuerdo con la preferencia de Alan Flusser por la DBJ cuando establece que "Of all suits, the double-breasted is the most elegant"

Los amantes de la sastrería a medida encontrarán en ella una gran aliada ya que es muy extraño que en nuestro país se pueda encontrar dentro del servicio RTW de las grandes marcas opciones interesantes cuando de escoger un traje cruzado o una DBJ se trata. Siempre me ha llamado la atención la gran variedad de comercios que ofrecen verdaderas maravillas en trajes cruzados RTW en Milán o en Florencia. Sin embargo, como todos habremos podido apreciar, en nuestro país la oferta es muy limitada o prácticamente inexistente y solo el conocimiento y la aguja de algunos de nuestros mejores sastres podrá llenar ese gran vacío.

La DBJ tiene por si sola el suficiente encanto, estilismo y elegancia como para ser vestida incluso de un modo informal aunque siempre, por supuesto, con el uso de corbata. Una DBJ puede ser vestida perfectamente, al igual que lo hacemos con una blazer azul marino, con un pantalón gris marengo o incluso con unos vaqueros. Al rebajar la formalidad del conjunto final también podremos relajarnos en la elección de ciertos complementos pudiendo introducir zapatos de hebilla, de color o incluso de piel vuelta.

Hay muy pocos caballeros a los que el uso de una chaqueta cruzada les pudiera perjudicar. Si bien es cierto que a los señores altos y a los de hombros anchos les favorece más que a los de reducida estatura, la mayoría de estos últimos siguiendo las pautas descritas en el artículo del mes anterior podrán también disfrutar del placer que supone vestir una DBJ.

Más allá de las modas pasajeras todo amante de la ropa masculina debería poseer un traje cruzado. Si todavía nuestro armario no alberga uno de ellos podremos empezar decantándonos por un clásico azul marino al que seguro le sacaremos mucho partido por haber infinidad de ocasiones donde su vestimenta es más que recomendable (incluso si no queremos casarnos con un chaqué, nuestro traje azul marino cruzado sigue siendo una opción infinitamente más correcta que hacerlo por ejemplo con un esmoquin). Con seguridad y después de acostumbrarnos a vernos reflejados en nuestro espejo con nuestro traje cruzado, no tendremos reparo en ampliar la parte de nuestro armario reservado a este. Así podremos ir aumentando el número de ellos optando entre las diferentes tonalidades de grises o de rayas diplomática.

Para terminar indicar que el portador de una DBJ trasmite seriedad, formalidad y confianza…..y ninguna otra prenda saca más partido a un físico estándar como una DBJ.

Ya sea por ser amantes de la tradición o por serlo de la ropa masculina clásica o por querer imprimir estilo a nuestra forma de vestir o sencillamente por estar al día en las últimas tendencias, la vestimenta tanto de la corbata de lazo como del traje cruzado es hoy tan acertada como lo era en una época ya lejana.

El Aristócrata

Fotos y viñetas: http://asuitablewardrobe.dynend.com; http://thelondonlounge.net; www.askandyaboutclothes.com; www.thesartorialist.com; www.esquire.com; www.therakeonline.com;“Dressing the man”, Alan Flusser; “The Male Image, Men's Fashion in England 1300-1970”, Penelope Byrd; “The Art of Dress: Clothing and Society 1500-1914”, Jane Ashelford.

A pesar de contar con el permiso de gran parte de los propietarios de las fotos aquí expuestas queremos indicar que ninguna de las fotos utilizadas en este artículo son propiedad de www.elaristocrata.com. Es por ello que si su propietario desea que sean retiradas solo tiene que indicárnoslo.

sábado 1 de agosto de 2009

El caballero frente al espejo

Según Alan Flusser las dos notas que definen el buen vestir del caballero son la correcta elección tanto de los colores como del corte que mejor se adapta a nuestras particularidades físicas.

Como recordaran quienes siguen http://www.elaristocrata.com/, a lo largo de la corta pero intensa vida de esta página hemos hecho hincapié en la importancia de la selección de nuestro atuendo atendiendo sobre todo al tipo de físico de cada caballero. Debido a que esto es un tema algo complejo y que desgraciadamente no es tenido en cuenta ni nos es explicado ni por dependientes y ni por las revistas del sector, hemos querido dar respuesta a las consultas de ciertos lectores que nos preguntan cuales son las pautas que deben seguir para sacar el máximo partido a un físico que no siempre obedece a las medidas estándar.

Es por ello por lo que este mes estudiaremos las pautas a tener en cuenta cuando escojamos el corte de nuestra ropa, la elección de los diseños, los colores y los complementos según se trate de caballeros de estatura reducida, de complexión gruesa o de gran estatura.
Si hay alguien que ha estudiado este tema con verdadera profundidad, éste ha sido sin lugar a dudas Nicholas Antongiavanni quien a través de su libro "The Suit" hace un estudio pormenorizado del físico de aquellos caballeros que aun sin contar con unas medidas perfectas prestan una cuidada atención a su vestimenta y a través de ésta buscan sacarse el máximo partido.

Antes de empezar a estudiar en detalle estas complexiones físicas debemos admitir de entrada que nunca ni el mejor sastre de SR ni el mejor asesor personal podrá conseguir que el vestir de estos caballeros sea igual al de aquellos señores que han nacido con un don y un estilo que vistan la ropa que vistan siempre les quedará bien e inmensamente mejor que a nosotros que sabemos cómo combinar colores y cuáles son esos diseños y cortes que mejor se adaptan a nuestro físico. Aunque a algunos les cueste admitirlo, esto siempre ha ocurrido y siempre ocurrirá y debemos aceptarlo y no intentarlo cambiar ya que tarde o temprano deberemos afrontar esa realidad.
Tres claros ejemplos de caballeros que contaron con ese don fueron el Duque de Windsor, Cary Grant y Giovanni Agnelli. Estos tres iconos de la moda, cada uno con su estilo y sus particularidades, no necesitarían ni de grandes inversiones ni en tiempo ni en dinero para conseguir un resultado muy superior al de cualquier otro caballero. Sencillamente, como también ocurre en las damas, hay señores que vistan lo que vistan siempre les quedará bien. Esto hay que asumirlo para no fustrarnos.

Si bien hay caballeros a los que la naturaleza les ha regalado unas características físicas que les permiten desde vestir un traje de dos botones, de tres, cruzado, liso, de colores o hasta una chaqueta Tweed recargada etc la mayoría tendremos que hacer un esfuerzo a la hora de escoger esas prendas que nos permitan sacar lo máximo de nuestro físico.
Si la naturaleza nos ha regalado un físico y un porte similar al de Anthony Eden con seguridad nos será más fácil y rápido seleccionar nuestro armario y podremos tener un armario muy variado tanto en color como en modelos. Sin embargo, si desgraciadamente el azar no ha sido tan generoso con nosotros, como seguramente será el caso de la mayoría, tendremos que dedicar un esfuerzo adicional para completar nuestro armario.

Si bien de entrada partiremos con cierta desventaja frente a algunos afortunados caballeros, con un buen conocimiento tanto de nuestro físico como del corte que mejor oculta nuestros defectos y realza nuestras virtudes, el resultado final no tendría mucho que envidiar al de aquellos. Un ejemplo claro de caballeros que contando con un físico poco agraciado supieron vestirse con tal acierto que se convirtieron en todo un referente de su época fueron Fred Astaire, Adolphe Menjou o el mismo Samuel Hoare.
Antes de entrar a estudiar en detalle las pautas esenciales a tener en cuenta por aquellos físicos menos afortunados o que no responden a los parámetros más frecuentes queremos hacer una mención rápida a cómo deben vestirse aquellos caballeros cuyo físico es el mas extendido, osease, aquellos señores que no son ni muy gruesos ni muy delgados ni muy altos ni muy bajos. En esta franja es la que mayor número de caballeros se encuentran.

Estos señores, los denominados en palabras de Nicholas Antongiavani como “average men”, tienen la gran ventaja de poder experimentar con todo tipo de atuendo y dejarse aconsejar por su propio espejo sobre aquellas prendas que más favorecen a su complexión. La elección de la ropa, su corte y el color lo determinará el momento en el que vaya a ser vestida. Sólo las normas más básicas deberán ser tenidas en cuenta por los average men: tejidos cercanos a la franela en invierno, el Príncipe de Gales en las horas de sol, la raya diplomática en la tarde, y los colores oscuros y lisos durante la noche.

Si bien podrán decantarse por trajes de dos o tres botones según sea su preferencia, deberán siempre poseer un traje cruzado para las ocasiones que siendo formales no requieran de un chaqué o de un frac. Podrán igualmente jugar con los complementos como los gemelos o la corbata y podrán elegir entre los más variados patterns. Tendrán más libertad a la hora de escoger el largo del pantalón, las solapas y el tallaje de la chaqueta etc. En definitiva podrán experimentar con todas las posibles combinaciones para quedarse con aquella que más les gusten o que más les favorezcan.
Sin embargo aquellos caballeros de estatura reducida, de complexión gruesa o de gran estatura, deberán tener más cuidado al elegir su atuendo e incluso tendrán que dejar de lado sus preferencias para centrarse en los tipos de corte que jugando con la percepción óptica puedan disimular sus imperfecciones.

Los caballeros de reducida estatura, por ejemplo, con el objetivo de conseguir un efecto que alargue su figura deberán decantarse por trajes unicolor y sin ningún tipo de dibujo.

Si alguno de nosotros es de medidas contenidas le animo a hacer la siguiente prueba: vista un traje de chaqueta azul marino o gris y hágase una foto. Justo después escoja una chaqueta tipo Tweed y hagase otra foto. Únalas con algún programa informático, corte las cabezas e imprima ambas fotos como solo una. Muestre dicha foto a sus amigos y pregúnteles que con un vistazo rápido le digan que caballero les parece más alto. La mayoría de ellos podrá observar que se decantan por la foto del caballero de traje entero y de colores sólidos.
Dos caballeros de idéntica estatura y complexión que vistiendo diferente corte y tipo de ropa parecen ser de diferente altura y medidas

Si después de conocer cómo sacar el máximo partido a nuestra baja estatura hacemos nuevamente este truco y conseguimos que sea nuestro nuevo look el que siempre sea escogido como el más alto habremos entendido la importancia de vestirse acorde con nuestras particularidades físicas. Esta argucia puede ser utilizada para el resto de los casos que estudiaremos más adelante. De esta forma podremos escuchar por boca de otros si efectivamente nuestro objetivo de parecer más delgados, más bajos o más altos se está consiguiendo.

Deberemos evitar los diseños con líneas horizontales o con diseños tipo Príncipe de Gales ya que tanto las líneas horizontales como los cuadros que se repiten siguiendo un mismo patrón, como son estos casos, consiguen ensanchar la figura pero no alargarla. Igualmente, hay que huir de aquellos diseños donde predominen las líneas horizontales sobre las verticales.

La chaqueta no puede nunca quedar larga. Por detrás no deberá extenderse mas allá del trasero. Las mangas serán lo suficientemente cortas para enseñar mínimamente los puños de la camisa. Si en un caballero de estatura normal el no enseñar unos centímetros de el puño de la camisa denota falta de elegancia, esta omisión en un señor de baja estatura será un gran error al acentuar su reducida complexión.

La chaqueta no debe abotonar más abajo de la cintura y si estamos delgados debemos intentar resaltar nuestra silueta entallando nuestra chaqueta. Si somos más delgados también seremos más altos.

Las hombreras son otro gran aliado de los caballeros de reducida estatura ya que ayudan a alargar la figura y son completamente necesarias para sacar lo máximo de un cuerpo contenido.

La chaqueta deberá abrirse por su parte frontal a partir de la cintura y nunca más abajo para conseguir mayor verticalidad. Ésta quedará mejor sin aberturas traseras ya que sin éstas la chaqueta se pega mas al cuerpo dando la sensación de estar su portador más delgado y consecuentemente parecerá más alto.
Los más puristas sastres de SR aconsejaran a sus clientes no muy altos optar siempre por la chaqueta con un solo botón o en su defecto por la de dos. No obstante, podrán también elegir chaquetas de tres botones pero solo aquellas donde el botón superior es meramente de adorno y no se pretende que sea usado (las denominadas “21/2” o “roll through”). El corte de estas chaquetas hace que las solapas se alarguen mas y se junten más abajo que en las “verdaderas” chaquetas de tres botones. En la siguiente foto vemos a Cary Grant vistiendo el 21/2 más famoso de la sastrería reciente.
Otro punto que deben tener en cuenta es que el traje entero les favorece más que una chaqueta y un pantalón suelto. Esto es así porque su cuerpo, como acabamos de adelantar, quedará dividido en dos partes diferenciadas comprometiendo la verticalidad. Por el mismo motivo tampoco es recomendable el uso del cinturón (aunque en mi opinión el uso del cinturón no favorece a ningún caballero). Deberán por lo tanto decantarse por el uso de tirantes o en su defecto por pletinas.

Hay otros pequeños detalles a los que debemos prestar igualmente atención como son que el cosido del ojal de la solapa debe estar a mayor estatura de lo normal o como que el bolsillo del pecho de la chaqueta también deberá estar en una posición algo más alta de lo acostumbrado o como que los bolsillos laterales estarán ligeramente más bajos etc. Deberemos esconder las solapas de los bolsillos laterales por dentro del propio bolsillo para aumentar la verticalidad del conjunto.

Los colores sólidos en los trajes serán un buen aliado de los caballeros de baja estatura ya que estilizan la figura y consecuentemente esta estilización nos hará parecer más altos.

Las chaquetas de sport no sientan bien a los caballeros de reducida estatura al tener la mayoría de este tipo de chaquetas diseños donde abundan las líneas verticales. Igualmente, sus colores vivos no favorecen la verticalidad de la figura.

Antes de dar la última puntada a nuestra chaqueta y empezar a vestirla aconsejamos a los caballeros de baja estatura no vestir chaquetas cruzadas ya que tanto su gran número de botones como las líneas horizontales que se forman cuando la cruzamos transmiten la sensación de que su portador es un señor ancho lo que implica que en la foto final aparezca un caballero más bajo de lo que realmente es.

No obstante, si no nos queremos privar del placer de vestir una DBJ, debemos hacer hincapié a nuestro sastre de que los botones los cosa más altos y más juntos a lo que acostumbra a hacer a sus “average clients”.

Dos caballeros que sin poseer una gran estatura vistieron una DBJ con gran acierto fueron Aristotle Onassis y el inigualable Humphrey Bogart.

Debemos intentar vestir el pantalón en la cintura (no en la cadera) de tal forma que el sitio donde se empieza a abrir la chaqueta coincida con la parte superior del pantalón y no asome camisa alguna.

Es importante recordar que la cintura natural del caballero está algo por encima del ombligo y es ahí donde debemos vestir nuestro pantalón. ¿Qué conseguiremos con esto? Pues algo tan sencillo como un efecto óptico de piernas largas y torso reducido. Ambas características serán las responsables de que podamos mostrar una silueta más esbelta.
Los pantalones nunca descansarán sobre los zapatos; solo los tocaran ligeramente. Se vestirán sin vueltas para alargar nuestras piernas y conseguir "mayor altura".

Las camisas deberían igualmente ser de un solo color o en su defecto deberíamos escoger líneas verticales y lo más finas posibles. Otros diseños discretos como el de espiga o incluso un cuadro apenas visible como el de la siguiente foto son también apropiados.

Las corbatas, siguiendo con nuestro objetivo de alargar la figura, deberán no exceder nunca de 8.5cm en su parte más ancha. Nuevamente, al igual que ocurría con las camisas, los colores lisos y oscuros serán los más adecuados. Si nos gustan los diseños de rayas podremos optar por éstas siempre y cuando no sean rayas horizontales.

Hay buenos ejemplos de caballeros que sin contar con una gran estatura han conseguido elevar en gran medida su elegancia. Dos de ellos fueron el ex candidato a la Presidencia de los Estados Unidos, Ross Perot y el empresario y político Michael Bloomberg quienes con solo 1.57cm y 1.68cm respectivamente supieron sacar lo mejor de su a priori desaventajado físico. Otros casos como los de Edward G. Robinson, el de James Cagney o el de David Hyde Pierce demuestran que siguiendo unas mínimas pautas se puede crecer varios centímetros y además de forma elegante.

Si hasta ahora nuestro objetivo ha sido alargar la figura de los caballeros de baja estatura, cuando debamos aconsejar sobre cómo vestir a los señores de gran estatura deberemos buscar justo el efecto contrario, esto es, intentar que estos caballeros parezcan más bajos.

Para ello usaremos las mismas pautas que hemos seguido con los señores de reducida estatura pero las aplicaremos justo a la inversa.

Si hemos leído y entendido el por qué de estos consejos en los caballeros de baja estatura, la aplicación de estos a la inversa en los señores de gran estatura nos resultará fácil y por ello no entraremos en un análisis tan pormenorizado. No obstante, recalcaremos aquellas fórmulas que no deberíamos pasar por alto.

La primera norma a observar es que no es recomendable que vistamos prendas excesivamente entalladas al hacernos más delgados y consecuentemente más altos.
Al contrario de los caballeros de reducida estatura, deberemos dejar de lado las hombreras, huir de las solapas estrechas como también de las chaquetas sin aberturas traseras. Nunca nuestra chaqueta podrá ser corta ya que este fallo es capaz por él solo de arruinar todo el conjunto.

El ojal de la solapa deberá siempre situarse en una altura por debajo de los picos de la camisa. Los bolsillos laterales estarán situados a la altura del botón frontal más bajo o ligeramente por arriba.

Las chaquetas cruzadas son perfectas para los caballeros de gran estatura ya que la tela extra resultante de cruzar la chaqueta y las líneas horizontales que tal cruce produce consiguen un efecto óptico de ser más ancho y consecuentemente también más bajos. Los seis botones de la chaqueta cruzada así como la terminación en punta de las solapas refuerzan igualmente dicho efecto óptico.

Si bien las chaquetas de un solo botón al igual que las de dos no favorecen a los caballeros altos, las de tres botones estándar las pueden vestir al acortar el torso. Las 21/2 no les hacen ningún daño al alargarse sus solapas hasta la parte inferior del torso ocultando gran parte de éste.

Cuanto mas “recarguemos” nuestra vestimenta mejor será el resultado que consigamos. Si al caballero de reducida estatura le hemos recomendado llevar solo tres bolsillos en la chaqueta (los dos de los laterales más el obligatorio para albergar un pocket square), al señor de gran estatura le aconsejaremos que opte por chaquetas con esos tres bolsillos más el ticket o cerillera. Deberá igualmente dejar por fuera las solapas de los bolsillos laterales y no ocultarlas como recomendábamos al señor de baja estatura; ahora se trata de romper la verticalidad no de resaltarla.

Deberemos huir de los trajes con raya diplomática ya que nada como las líneas verticales para acentuar la estatura.

En la siguiente foto podemos observar a dos caballeros que con idéntica estatura pero con atuendo diferente parecen no medir lo mismo.

Los tejidos gruesos y pesados como la franela, los tipo Tweed y todos aquellos que tengan diseños muy marcados como los cuadros son más agradecidos con los señores de gran estatura que con los de baja.

A la hora de escoger nuestras corbatas buscaremos aquellas con líneas anchas. No podrán quedar cortas ya que acentuaremos nuestra estatura. Las corbatas de colores llamativos suelen ser igualmente más agradecidas. Las corbatas a rayas no son la peor opción entre las que poder optar ya que normalmente las líneas en las corbatas suelen ir en sentido diagonal rompiendo una vez más la verticalidad.

Nuevamente los diseños marcados y los cuadros serán el dibujo más favorecedor para nuestras camisas ya que éstos serán los responsables de ensanchar la percepción óptica de nuestro conjunto y de aparentar ser más bajos de lo que verdaderamente somos. Al igual que con los trajes, en las camisas debemos olvidarnos de los diseños de líneas verticales y sobre todo de las rayas delgadas y que estén muy juntas entre ellas.

Sin embargo, las tan actuales líneas horizontales favorecerán mucho a nuestras camisas al extender nuestro físico a lo ancho y estrecharlo a lo largo.

Normalmente el cuello de los caballeros de gran estatura suele ser más alargado que el del resto de señores por lo que deberemos tener especial cuidado cuando llegue el momento de la elección del cuello de nuestra camisa. La pauta principal a tener en cuenta es que dicho cuello debería abotonar más arriba de lo que lo hacen las camisas normales para acortar nuestro alargado cuello.

Los accesorios son siempre bienvenidos, sobre todo los gemelos y el pocket square ya que son “obstáculos” con los que se tropieza la verticalidad. La vestimenta de las corbatas de lazo nos estará totalmente prohibido al dejar todo nuestro torso al descubierto recalcando nuestra estatura.

Los pantalones deberán siempre contar con vuelta. Estos tendrán igualmente que contar con al menos una pinza. Dependiendo de la estatura del caballero, el dobladillo será más o menos ancho.

Para terminar no podemos dejar de hacer una mención a aquellos caballeros con cierto sobrepeso quienes cuentan también con infinidad de trucos que permiten quitarse esos kilos de más de encima.

Los consejos a seguir son muy parecidos a los descritos cuando hablábamos de cómo deberían vestir los caballeros de baja estatura. El objetivo es el mismo que con aquellos, esto es, debemos intentar parecer más altos. Pareciendo más altos estilizaremos la figura y consecuentemente varios kilos desaparecerán de nuestro cuerpo inmediatamente.

Para los trajes preferiremos los colores oscuros, un solo color o las rayas verticales. Dejaremos de lado las aperturas traseras y nos decantaremos por las chaquetas de dos botones.

Los trajes de tres piezas nos favorecerán enormemente ya que el chaleco se encargará de disimular esos kilos de más.

Las chaquetas clásicas de tres botones, esto es, aquellas que están cortadas pensando que se usarán los dos primeros botones deberán de olvidarse. Igualmente las DBJ se evitarán al ensanchar si cabe más la mitad superior de quien las viste.

Una de las pocas diferencias entre las pautas a seguir por las personas de reducida estatura y por las de sobrepeso es la que se refiere al tipo del cuello de las camisas. Para disimular un rostro redondo nada mejor que optar por un cuello con puntas alargadas.

Al igual que a los caballeros de baja estatura les favorecía el uso de tirantes ya que alargaba la percepción óptica de las piernas y consecuentemente toda la figura pareciendo más altos, a los caballeros con sobrepeso les ayudarán a ser más delgados.

La mayoría de los “average men” tienen la cintura más estrecha que los hombros y se pueden permitir entallar su chaqueta. Desgraciadamente y aunque esto sea estiloso sigue estando prohibido a los caballeros con cierto sobrepeso. El motivo es que los caballeros con sobrepeso suelen tener la cadera igual de ancha que la línea que une los hombros. Esto consigue que por poco que entallemos la chaqueta, nuestro exceso de peso se traslade a la ropa formándose las odiadas arrugas y hasta en casos extremos marcando de forma muy poco estética esos kilos de mas alojados en nuestra cadera. Es por ello por lo que las chaquetas nos deberán quedar algo holgadas. Cuando decimos “algo holgadas” no estamos pensando para nada en esas chaquetas que visten muchos caballeros con sobrepeso y que aparentan ser cuatro tallas más grande a la que necesitan. Esto es fácilmente apreciable en los hombros y en las mangas tamaño “extra-large”

Al igual que en los caballeros de reducida estatura, los pantalones deberán vestirse en la cintura y no en la cadera. Vistiendo así nuestros pantalones, conseguiremos un doble resultado; por un lado nuevamente alargaremos nuestras piernas y por otro la cintura del pantalón nos ayudará a ocultar el estomago. Las pinzas se vestirán a la manera tradicional inglesa, esto es, pinzas inversas que miran para dentro y no para fuera como es lo más frecuente en países como España e Italia. Este tipo de pinza normalmente disimula mejor el grosor de la pierna.

Debemos intentar que la hechura del pantalón sea relativamente ancha. Si optáramos por un corte italiano cuando alguien nos mire de perfil observará un gran contraste entre nuestro pantalón estrecho y nuestra barriga y se llevará la impresión errónea de estar frente a un caballero mucho más ancho de la realidad.

Las corbatas no podrán ser excesivamente estrechas al quedar consecuentemente mucho torso sin cubrir.

Dos buenos ejemplos de cómo minimizar el sobrepeso con la correcta elección del corte y del color los podemos encontrarlos en Sydney Greenstreet (147kg) y en Jackie Gleason quien con una estatura de 1.77cm y un peso de 136Kg supo quitarse muchos kilos de encima con solo poner en práctica las pautas aquí descritas.

Si bien la ropa RTW en señoras tiene algo de oferta para algunos de los grupos aquí descritos, de los caballeros desgraciadamente las grandes marcas no se han acordado y no cabe otra solución que acudir a un buen camisero y sobre todo a un sastre experimentado que conozca todos estos secretos y que sin ni siquiera contárnoslos nos sepa coser un traje que nos haga crecer, ser más bajos, más gordos o más delgados.

El Aristócrata

Fuente: “The Suit, A Machiavellian Approach to Men´s Style” Nicholas Antongiavanni; “Style and the Man: How and Where to Buy Fine Men´s Clothes” Alan Flusser