miércoles 1 de julio de 2009

Bespoke. Parte IV: La camisa a medida

Si en anteriores capítulos hemos estudiado la importancia de contar con un amplio y variado armario de zapatos y con al menos cinco trajes con los que poderlos combinar, esta vez queremos hablar de la tercera pieza fundamental que determinará nuestro conjunto final, esto es, la camisa.

Un buen armario de camisas nos permitirá mezclar trajes, zapatos y corbatas consiguiendo de esta forma que contando con un mismo número de prendas en él, nuestro conjunto parezca diferente según las diferentes elecciones por las que optemos.

La situación laboral actual obliga a muchos caballeros a pasar un gran número de horas en su puesto de trabajo y aunque la vestimenta de la chaqueta es aconsejable en todo momento, hay que comprender que en ciertas oficinas y desempeños esto se hace francamente incomodo. Es por ello por lo que la camisa será la prenda más expuesta a la vista de todos los que nos rodean. Si bien es cierto que hoy en día existe una enorme variedad de diseños y la calidad de las camisas RTW ha aumentado, sobre todo en algunas casas del Reino Unido, la hechura sigue estando reservada en exclusiva a las camisas bespoke. Como hemos establecido en varias ocasiones, todo caballero tiene una fisonomía diferente. Si analizamos la complexión de diferentes señores reconoceremos que cada uno ellos tiene unas particularidades. Así encontraremos caballeros de hombros fuertes, otros con pecho ancho, algunos con barriga pronunciada etc. Todas estas diferencias hacen imposible que una talla M pueda tener la hechura adecuada para un espectro tan amplio de clientes. Es más, incluso una camisa 15-38 que se adecue al ancho del cuello y a la complexión del torso podrá sentar bien pero nunca perfecta a su portador. Esto es debido sencillamente al hecho de que el tallaje de las camisas RTW persigue adecuarse a las medidas estándar de un amplio abanico de señores quienes aún contando con medidas parecidas no tienen la misma complexión.

Siempre he mantenido que la característica fundamental a la hora de adquirir una nueva prenda es la hechura y en segundo lugar su calidad. Nunca debemos comprar una prenda por la marca que ésta lleve asociada. Hoy en día ya nadie nos puede garantizar que detrás de una marca conocida encontremos una calidad acorde con la popularidad de ésta. La correcta hechura de nuestra camisa puede disimular desde una nuez abultada o un cuello con exceso de papada hasta por ejemplo un hombro caído. Y esto como parece lógico solo se puede conseguir con una camisa bespoke.

Si a la hechura añadimos la posibilidad de escoger entre una extensa gama de diseños y una amplia variedad de telas así como la personalización de nuestros cuellos, puños, botones etc podremos entender por qué en países como el Reino Unido y Estados Unidos existe una auténtica pasión por la camisería a medida. En el anterior artículo que sobre la camisa escribimos en el mes de Junio adelantamos cómo debería ser el fitting de éstas teniendo en cuenta las diferentes complexiones existentes entre los caballeros. Igualmente establecimos cuales eran las notas principales que deberían diferenciar una buena camisa bespoke de una camisa RTW y cuales eran los resultados que debíamos perseguir.

Este mes, como complemento de aquel primer artículo, describiremos el proceso de confección de una camisa; o dicho de otra forma, todas las etapas existentes desde que el cliente entra en la tienda hasta que finalmente la abandona con su camisa lista ya para ser vestida.

Para narrar todo este fascinante proceso nos pusimos en contacto con la centenaria camisería Burgos de Madrid para que fueran ellos quienes nos guiaran a través de él y nos explicaran en detalle cada una de las fases de confección de una auténtica camisa bespoke. La camisería Burgos se fundó en 1912 por Julián Burgos, de ahí que todavía conserve el nombre y tan solo unos años después fue adquirida por la familia Olave. Hoy, ya en la tercera generación y a punto de celebrar su primer centenario, sigue siendo la referencia indiscutible cuando de camisas a medida se habla en España.

Situada en la histórica Calle de Cedaceros siempre ha contado entre su clientela con lo más granado de la sociedad española e internacional. Desde Cary Grant, Charles Grayson, Orson Welles, hasta personajes más actuales como D. Jaime de Marichalar han escogido durante muchos años a los camiseros de Burgos para la confección de sus camisas. Desde el comienzo de su andadura la confección artesanal de sus camisas y su reputación internacional les obligó abrir tienda en París para poder atender a sus clientes internacionales. Hoy en día su reconocimiento internacional les exige desplazarse a México dos veces al año para atender a su amplia clientela latinoamericana. Para los clientes más ocupados cuentan con un servicio a domicilio de elección de telas y toma de medidas.

Igualmente, han completado su oferta de camisas a medida con otras prendas tan especiales como los batines o los sombreros ingleses Lock. Si el cliente así lo desea le coserán, también a medida, boxers y pijamas usando las mismas telas y el mismo procedimiento que el utilizado con las camisas a medida. La realización de este artículo se debe en gran parte a Dña. Carmen Olave, quien tras contarle nuestro proyecto se puso a nuestra disposición para ayudarnos en todo lo que estuviera en su mano. Dña. Carmen sabedora del peso de la tradición ha tomado las riendas de la casa desde Enero con el firme propósito de que esta tercera generación que ella representa consiga mantener los estándares más altos para que una cuarta generación pueda heredar un negocio tan difícil pero apasionante en plenitud de facultades y seguir siendo por muchos más años la camisería de referencia en España.
Dña. Carmen Álvarez Olave, tercera generación de una larga saga de camiseros

Como hemos adelantado, este artículo se concibió con el objetivo de narrar la totalidad del proceso de confección artesanal de una camisa a medida atendiendo a los cánones más tradicionales y exigentes. Para ello la camisería Burgos tuvo la deferencia de cerrar sus puertas por unas horas para que viéramos desde primera línea cómo se desarrollaba tal proceso.

Durante varias horas tuvimos la oportunidad de charlar con los maestros cortadores, D. Ángel, D. Francisco y D. Jose, que sumando cien años en la casa han hecho del corte y cosido su oficio y son los responsables finales en gran parte de la calidad de las camisas que salen por la puerta de Burgos. Y decimos solo en gran parte porque además de estos artesanos hay que añadir a D. Gerardo y D. Pedro quienes con una experiencia en la casa de 20 años atienden y aconsejan a sus exclusivos clientes sobre la amplia gama de tejidos y complementos que podemos encontrar en la camisería.

No nos extraña que lo primero que nos comentan sea que hoy en día tampoco quedan ya verdaderos profesionales a los que acudir cuando de mandarnos a hacer una camisa a medida se trata.

Igualmente, se lamentan del poco conocimiento del español medio sobre camisería lo cual ha permitido que exista un gran intrusismo profesional por parte de las mal entendidas camiserías artesanas donde el cliente se limita a escoger un anagrama, un cuello y unos puños.

Tampoco desde esta camisería se comparte el interés creciente de ciertas sastrerías de ofrecer también servicios de camisería a medida. Son ellos mismos los primeros en reconocer que nunca podrían ofrecer trabajos de sastrería por no tener ni los conocimientos suficientes ni la experiencia necesaria. Sin embargo hoy hay muchos sastres que conjuntamente con su oferta de sastrería ofrecen también camisería a medida. Como ellos mismos nos explican un sastre puede coser maravillosos trajes pero nunca excelentes camisas. Son, en palabras suyas, sencillamente profesiones diferentes.

También nos quieren prevenir de aquellas tiendas-camiserías, algunas de ellas conocidas por todos nosotros, que aún realizando un trabajo más que aceptable se limitan solo a la toma de medidas y a la elección de la tela externalizando todo el proceso de confección de la camisa. Incluso nos advierten de que en ciertas camiserías inglesas de gran prestigio éstas se limitan asimismo a la toma de medidas al cliente y el resto del trabajo se lleva a cabo en algún país asiático. Esto es debido sencillamente a que semejante cantidad de pedidos no se puede realizar con mano experimentada nacional al no ser viable económicamente. Esto que parece un secreto a voces parecen olvidarlos muchos clientes extranjeros quienes por llevar la etiqueta de Jermyn Street en su camisa están dispuestos a hacer oídos sordos a esta realidad.

En definitiva, según su buen entender, deberíamos desconfiar de aquellas camiserías donde el camisero que nos toma las medidas no participa del resto del proceso y el único contacto que vuelve a tener con nuestra camisa es cuando llega a la tienda lista para ser envuelta y entregada al cliente.

Algo de lo que puedo dar fe es que en Burgos la gran mayoría del trabajo de la camisa se realiza en el taller que hay en el sótano de la tienda. Solamente el cosido de las diferentes partes de la camisa se deja en mano de las costureras lo que nos permite afirmar que la confección de la camisa es totalmente artesanal y en este aspecto no tiene nada que envidiar a la mejor sastrería inglesa.

Fue particularmente interesante el intercambio de ideas sobre cómo el marketing de ciertas casas ha conseguido captar un número muy importante de clientes ofreciendo camisas donde solo un logo o una marca justifica el alto precio que se paga por ellas. Como ellos nos apuntaron desde el primer momento que empezamos la conversación, nunca una camisa de fabricación convencional puede compararse con una cosida artesanalmente para un cliente en concreto teniendo solo en cuenta la fisionomía de éste y donde solo la mano humana es la responsable del resultado final. Es por ello que, como pasa con la sastrería, el mayor porcentaje del costo de la camisa viene directamente de la mano de obra empleada en ella.

Como ya hemos adelantado en alguna ocasión, si bien el caballero español cada vez está más al día de las nuevas tendencias y de las principales marcas tiene un gran desconocimiento a la hora de diferenciar lo bueno de lo extraordinario. Desgraciadamente a la hora de escoger una camisa no muchos caballeros españoles se paran a observar si por ejemplo los ojales de la camisa están cosidos a mano o sencillamente han sido cosidos todos del tirón por una máquina industrial.

Nunca ni la mejor camisa RTW por reputada que sea su logo podrá ofrecernos la hechura de una camisa bespoke; básicamente porque en la camisa a medida se ha utilizado un patrón personalizado mientras en la de confección se ha usado uno que responde a unas medidas estándar.

Después de la hechura el otro argumento que utilizaremos para defender la conveniencia de vestir camisas a medida es que en éstas se puede escoger multitud de tejidos de diferente composición y de mejor calidad a las que normalmente encontraremos en las camisas RTW. Esta calidad de los tejidos proporcionará una mayor duración a las características y colores de nuestra camisa; lo que permitirá finalmente que pasados muchos años con solo el cambio del cuello o en su caso de los puños, la camisa pueda volver a lucir como el primer día.

Es curioso observar como en cuestión de camisas el caballero inglés y americano está mucho menos influenciado por las marcas y es mucho más exigente en cuanto a la elección de los tejidos y los patterns que por ejemplo el caballero español y el italiano. De hecho, nos comenta Dña. Carmen, que los pedidos más exigentes normalmente le vienen de clientes norteamericanos quienes saben perfectamente el tipo de tela que quieren y las características que en ésta buscan. Muchos de estos clientes cuentan con su patrón desde hace muchos años, por lo que desde Burgos les localizan exactamente las telas que les puedan interesar y sin costo alguno les envían ejemplos de las mismas para que seleccionen aquellas que más les gustan. Por ejemplo, tienen varios clientes americanos que sienten predilección por las camisas tipo Tattersall y a éstos todos los años les envían puntualmente a sus casas las nuevas propuestas.

Después de esta pequeña introducción a la casa y de conocer las múltiples ventajas de la camisa a medida frente a la RTW estamos ya en disposición de escoger la tela con la que se coserá la camisa sobre la que versará el resto del artículo.

Extendidos los muestrarios sobre la mesa, Dña. Carmen nos explica los diferentes tipos de telas que podemos escoger atendiendo a su composición y procedencia. Encontramos desde tejidos nacionales hasta suizos, italianos etc. Sólo de algodón podemos observar hasta cinco muestrarios.

Finalmente y después de estudiar con detenimiento varios tejidos tanto Dña. Carmen como D. Gerardo, nos aconsejan decantarnos por una tela 100% algodón, suizo, concretamente de la casa Alumo, 160 a dos cabos y de trenzado popelín.

A la hora de hablar de las características de una tela hay una serie de conceptos que debemos tener claros para poder escoger tanto una determinada calidad como unas características acordes a nuestros gustos. Los conceptos de los que hablamos son la composición, el hilo, y el trenzado.

Sin querer extendernos en este punto apuntaremos respecto a la composición que debemos buscar siempre materiales naturales como el algodón, la lana, el lino o la seda. Independientemente de la que escojamos debemos huir a toda costa de las mezclas donde el poliéster esté presente ya que la calidad de la camisa se verá perjudicada. No obstante, si lo que buscamos es únicamente que nuestra camisa se planche fácilmente esta mezcla puede ser una opción a considerar.

La composición que encontraremos con más frecuencia será el algodón. Dentro del algodón existen diferentes calidades dependiendo de la longitud de la hebra. Cuanto más larga sea la hebra mejor. En las hebras de 1.5 a 2.25 empieza la calidad alta. También podemos encontrar unos algodones más suaves que otros y algunos pueden caracterizarse por su gran resistencia. La máxima calidad es propiedad del algodón peruano, del egipcio y del archiconocido Sea Island.

El hilo igualmente es de gran importancia ya que será la unión de muchos de éstos los que darán lugar a la tela. El hilo puede estar formado o por uno o por dos cabos. El hilo de calidad siempre será a dos cabos, esto es, dos hilos entrelazados y enrollados entre sí que aportarán mayor longevidad a nuestra camisa.

Hay otro término con el que seguramente nos encontremos cuando busquemos un tejido de gran calidad: 2x2. Una buena tela además de ser a dos cabos debe contar con hilos verticales (urdimbre) y con hilos horizontales (trama). A esto es lo que se denomina 2x2.

Para terminar con las características del hilo debemos hablar del grosor del mismo o, lo que es lo mismo, del título. Cuánto más delgado sea el hilo mejor resultado dará y suele ser más agradecida al tacto ya que exige poner más hilos por centímetro cuadrado para que no se trasparente la camisa. Una camisa normal suele tener un título de unos 50´s a un cabo; una buena unos 80´s a dos cabos; y sólo las mejores tienen por encima de 100´s…. y siempre a dos cabos *1

La última característica que debemos tener en cuenta a la hora de escoger la tela es el trenzado del hilo. Según sea el trenzado obtendremos una textura u otra. Así encontramos el trenzados popelín, el Oxford, el piqué, la viyela, el voile, el fil a fil, el twill, la franela, la pana etc.

Como hemos adelantado, la camisa que hemos escogido es de trenzado popelín. El trenzado popelín se caracteriza por estar formado por el doble de hilos verticales que horizontales.

A título informativo comentar de forma sucinta que el trenzado Oxford es un trenzado cuadrado con igual número de hilos verticales que horizontales. Este trenzado es típico en la alta camisería de sport. Para verano, sin embargo, debemos buscar trenzados como el voile que se caracteriza por lo fino del hilo empleado. Otro trenzado muy común es el piqué cuyo trenzado da lugar a un tejido con forma de espiga. Las mal llamadas camisas de lino no son otra cosa que la unión de hilos de diferentes grosores, de ahí que su nombre debiese ser camisas de hilo y no de lino, y su confección es la más sencilla. Para las pieles más sensibles el trenzado que mejor evita cualquier tipo de picores es la viyela.

Una vez escogida la tela con la que se coserá nuestra camisa pasamos a la fase de toma de medidas.

Este es el punto clave de todo el proceso ya que cualquier error por pequeño que sea repercutirá en el resto de éste y esa hechura específica, que es la principal razón de acudir a los servicios bespoke, se puede ver arruinada. En contra de lo que sucede con la sastrería a medida, en la camisería resulta muy difícil y a veces hasta contraproducente que una vez cosida la camisa se realicen modificaciones en el resultado.

En total D. Gerardo nos toma diez medidas: cuello, espalda, largo de brazos, estomago, distancia hombros, cadera, pecho, caída de hombro y largo de la camisa.

La última medida consiste en medir el ancho total que forma la muñeca con el reloj. Esto persigue el objetivo de que nuestro puño de la camisa cubra el reloj y de esta forma los puños puedan sobresalir de las mangas del traje ambos por igual.

Tenemos igualmente la opción de bordar nuestras iniciales en la camisa. Para ello podemos escoger desde escudos familiares o diferentes tipos de letras hasta la terminación de las mismas en forma sombreada. La elección del lugar donde bordarlas recae únicamente en el cliente. Nosotros hemos escogido que se borden 7cm por encima de la cadera en la parte izquierda de la camisa.

Como complemento a todas estas medidas tenemos la opción de contar con pinzas en la espalda para conseguir mejor amplitud de movimientos u optar por una terminación entallada que evita cualquier exceso de tejido en la parte posterior de la camisa y elude tener que ajustarnos la camisa constantemente como ocurre con la mayoría de las camisas RTW.

Una vez anotadas las medidas es el momento de elegir tanto el cuello como los puños de nuestra camisa

Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de las camiserías tanto nacionales como internacionales, aquí a los cuellos les dan nombre personajes relevantes nacionales; así encontramos el cuello tipo D, en honor a por Don Pedro Domecq, el MV, por el Marqués de Villaverde etc.

Independientemente de la múltiple variedad de cuellos prefabricados que podemos encontrar, lo verdaderamente interesante es la posibilidad de personalizar totalmente esta parte tan importante de nuestra camisa. Así pues, podemos seleccionar desde el grado de apertura de los picos, la longitud de los mismos, forma más redondeada o más en línea recta, el número de centímetros que queremos que tenga en la parte trasera de la misma etc. Es posible hasta escoger una entretela o en su defecto optar por un cuello termofijado (opción nuevamente recomendable si no somos ningún filigranas con la plancha)

Como ya adelantamos en el anterior capítulo, la elección del cuello se debe realizar teniendo en cuenta dos puntos fundamentales: el primero y que ya fue desarrollado extensamente en aquel artículo sobre la camisa es la figura que forma el conjunto de nuestro rostro y cuello. Jugando con la elección del cuello podemos conseguir aparentar tener una cabeza más delgada, más ancha, más larga o más corta según sea el objetivo perseguido.

Y la segunda es el traje que vayamos a vestir con esa camisa. Seguramente todos nos hayamos fijado como caballeros que aparentemente visten correctamente olvidan que las solapas de sus chaquetas deberían cubrir ligeramente la parte exterior de los picos del cuello. Debemos conseguir que nuestros cuellos no terminen expuestos en su totalidad y su borde exterior sea cubierto ligeramente por las solapas de la chaqueta.

Si no sabemos que tipo de cuello es el que mejor se adapta a nuestra complexión lo mejor es dejarse aconsejar por D. Gerardo quien seguro buscará la mejor opción para cada uno de nosotros. Si es importante sin embargo tener en cuenta que el cuello que escojamos puede ser perfecto para ser vestido con un traje mientras que con otro traje de nuestro armario la vestimenta de esa misma camisa puede ser desaconsejable. Es por ello por lo que es importante vestir la chaqueta que usaremos con esa camisa el día de la prueba. Si nuestros trajes han sido cortados siguiendo el mismo patrón no tendremos que preocuparnos por esto y todas nuestras camisas podrán ser vestidas con cualquiera de ellos.

La elección de los puños, por el contrario, atiende normalmente a gustos personales y no hay tantas cosas que tener en cuenta como cuando de la selección de nuestro cuello se trataba.

Otra ventaja de acudir a la camisería a medida es que aparte de poder escoger entre puños tipo cocktail cuff, barrel cuff, French cuff, link cuff etc también podemos optar entre un amplio abanico de personalizaciones; por ejemplo podemos decantarnos por una terminación del puño en punta o matada, determinar el número de botones que queremos que tenga, el grosor, la longitud etc.

La personalización tanto del cuello como de los puños puede ser una nota de identidad de nuestra vestimenta que nos acompañe para el resto de nuestra vida. Son muchos los personajes que han pasado a la historia de la moda masculina clásica por un detalle de su vestimenta; y esto solamente se consigue con la personalización y la perseverancia en su uso.

Una vez que tengamos claro cuál es ese puño que más nos gusta y ese cuello que mejor se adapta a nuestra complexión ya no tendremos que preocuparnos en nuestras siguientes visitas de volverlo a diseñar ya que se creará un patrón en cartón para ambos y será guardado en el taller hasta nuestra siguiente visita.

Uno de los detalles que echamos en falta es la posibilidad de escoger entre diferentes tipos de ballenas para nuestra camisa. Suele ser frecuente el poder contar con ballenas tipo mother of pearl, de metal o incluso de algún material natural tipo asta de toro. Aquí solamente se ofrecen ballenas de plástico con el nombre de la casa grabado. Esto nos lo justificaron en base a que la enorme variedad de tipos de cuellos que sus clientes mandan confeccionar hace de todo punto imposible contar con ballenas estándar en diferentes materiales. Es por ello por lo que prefieren utilizar ballenas de plástico que luego pueden ser cortadas y adaptadas a todo tipo de cuellos.

Concluido tanto el proceso de toma de medidas como la elección del cuello y puños el taller se pone en marcha para que en un plazo aproximado de quince a veinte días podamos empezar a disfrutar de nuestra camisa. Para ello el primer paso es confeccionar el patrón de todas las partes de nuestra camisa.

Algo de lo que puedo dar fe es que cada cliente cuenta con un patrón; independientemente de que éste haya encargado una o varias camisas. Cada cliente un patrón. Esto que parece algo más que lógico no está tan extendido, y no solo en España, como a muchos nos gustaría.

Ante la amplia oferta de camisería a medida con la que hoy nos encontramos deberíamos solo confiar en aquellas que efectivamente nos realicen un patrón. Quizás nos llevaríamos muchas sorpresas si preguntamos sobre la posibilidad de ver nuestro patrón en reputadas tiendas de moda masculina que ofrecen servicios de camisería a medida. Si no hay patrón no se puede hablar de camisería a medida; o al menos sobre lo que nosotros entendemos como camisería a medida. Las camiserías de prestigio guardarán los diferentes patrones del cliente en un sobre-envoltorio en el que se escribe el nombre del cliente y normalmente en cajas de cartón los cuellos y los puños de los clientes ordenadas alfabéticamente.

Así pues cada uno de nosotros debería contar con un patrón para la espalda, otro para la parte frontal, otro para las mangas, otro para el canesú, otro para el cuello y otro para los puños. Una vez realizados los patrones en papel y en cartón para el cuello y los puños éstos se pasarán a la tela para su posterior cortado.

Como ya hemos adelantado, si la toma de medidas no ha sido exacta los pequeños desajustes se arrastraran durante todo el proceso dando lugar a un patrón inexacto y finalmente a una camisa no perfecta.

D. Gerardo, fue esta vez el responsable de la toma de las medidas

Las piezas son cortadas por uno de los maestros cortadores y posteriormente serán unidas por las costureras quienes serán las responsables igualmente del cosido a mano de los ojales y los botones mother of pearl. También serán ellas quien sólo a mano casarán los dibujos que unen el hombro y las mangas y que es una prueba inequívoca de encontrarnos ante una camisa de calidad. Esta labor será supervisada por los maestros cortadores que indicarán a las costureras lo que tienen que hacer en cada camisa y revisarán su trabajo para asegurar que se ha realizado correctamente. Otra de las funciones que tienen asignada es el correcto cosido de los diferentes pliegues que unen la manga al puño así como del cuello y el canesú.

Una vez terminada nuestra camisa un total de siete personas habrán trabajado en ella: el camisero que nos toma las medidas, un cortador, tres costureras (una encargada de coser los cuellos y los puños, otra que prepara la totalidad de la camisa y una rematadora que unirá las mangas), otra persona encargada de lavar la camisa ya terminada y una planchadora que es la responsable de esa parte que parece tan fácil pero que con el uso de una máquina industrial se podría arruinar todo el trabajo. Como curiosidad añadir que en esta camisería pueden presumir de tener una plancha que se usa exclusivamente para almidonar la pechera de las camisas de frac. Sus planchadoras han tenido que explicar la manera adecuada de planchar estas camisas al exclusivo servicio de muchos de sus clientes.

Una opción muy interesante que se nos ofrece desde la camisería Burgos es que si transcurrido el tiempo nuestra camisa sufriera cierto desgaste en el cuello o los puños, contamos con la posibilidad de mandarla a que se le cambien ambos. Con esta sustitución nuestra camisa podrá volver a lucir como el primer día. Es por ello por lo que cuando se nos entregue nuestra camisa observaremos que en la parte interior tiene cosida un número. Este número les sirve a sus profesionales para localizar nuestra ficha y encontrar la referencia exacta de la tela utilizada. Es curioso observar como se conservan todas las fichas desde que entró por su puerta el primer cliente.

Y finalmente el momento tan esperado; la prueba de la camisa. Esta prueba cobra especial interés en Burgos ya que no consiste sencillamente en un mero proceso burocrático como en la mayoría de las camiserías de nuestro país. Durante dicha prueba, siguiendo la forma de trabajar de las exclusivas camiserías inglesas, D. Gerardo, o alguno de los maestros cortadores, repasarán el cuaderno donde se han tomado las medidas y preferencias del cliente y comprobarán que todo está correcto y conforme los deseos el cliente. De no ser así y como ocurrió en nuestro caso, repasan la camisa hasta que el resultado sea exactamente el que quiere el cliente y solo cuando la camisa cuente con el total beneplácito de los maestros cortadores se nos entregará. La camisa se servirá lista para ser vestida y protegida por un papel de seda

Para terminar queremos agradecer a Dña. Carmen Olave su inestimable ayuda por trasportarnos al maravilloso mundo de la camisería a medida y ofrecernos la oportunidad de mostrar a todos nuestros lectores en que consiste el proceso de confección de una camisa a medida. Igualmente le deseamos desde aquí que sean muchas más las generaciones de camiseros que continúen la saga empezada hace ya casi un siglo por su abuelo. Esto creemos que lo tienen garantizado si siguen trabajando artesanalmente como hasta ahora sin olvidan las novedades que a este legendario oficio están incorporando camiseros de Estados Unidos e Inglaterra.

El Aristócrata

*1 (un hilo 100's tiene 100 veces 380 yardas de hilo por cada libra de peso de tela)
Las fotos son propiedad exclusiva de www.elaristocrata.com

lunes 1 de junio de 2009

Sartorial Vacations: Budapest y László Vass

Seguramente más de uno de nosotros se haya dejado influir por un sastre, un camisero, una tienda o, cómo es en este caso, por un zapatero a la hora de escoger el destino de sus vacaciones.
No son pocas las ciudades cuya visita puede estar más que justificada si, además de por su belleza, podemos encontrar esa prenda que nuestro armario desearía albergar tras sus puertas.

Si las DBJ de Al Bazar justifican una parada en Milán, las corbatas de Marinella nos convence para visitar Nápoles, los paraguas y pajaritas de la querida casa vienesa Jungmann & Neffe consiguen que incluso el exquisito chocolate de la tarta Sacher se nos pueda llegar a olvidar, la zapatería de László Vass hace, si cabe, más que obligatorio visitar la perla del Danubio.

Para la realización de este artículo hemos previamente concertado una reunión desde Madrid con Éva Vass quien desde el primer momento se mostró entusiasmada con la idea y nos agradeció que eligiéramos su casa para escribir este reportaje.
Éva es la hija de László Vass, quien trabaja mano a mano con su padre desde 1997 y quien debido a su dominio del inglés se responsabiliza de la negociación con los proveedores, la organización de la exportación, las labores de relaciones públicas, además del día a día de la tienda de Budapest.Será ella quien nos acompañe durante nuestra visita a la zapatería y quien nos repase la historia de ésta, la evolución de sus modelos más emblemáticos, las virtudes de un zapato bespoke, el significado que las palabras “hecho a mano” significan en casa de László Vass etc.

Si bien es cierto que los zapatos László Vass no son los más conocidos para el gran público, también lo es que cuando se habla de alta zapatería, Vass tiene siempre reservado un sitio privilegiado en la lista. O como el propio Lászlo Vass estable:

“When most American men think of superlative handmade shoes, Italy comes to mind. Or, for some more experienced customers, perhaps England. Few, however, think of the beautiful and exotic city if Budapest. The incredible handmade shoes of László Vass may change that, bringing Budapest back into the consciousness, and onto the feet of men of style.”
No debemos olvidar que durante la época del imperio Austro-Húngaro, los artesanos húngaros eran considerados como los mejores a la hora de trabajar la piel. En el periodo de entreguerras y una vez ocupada por la Unión Soviética, la zapatería húngara desapareció prácticamente en su totalidad debido principalmente a que la piel, que provenía en su mayoría del extranjero, dejó de ser abastecida a sus zapateros. Hoy, como veremos a lo largo del artículo, las cosas han cambiado pero, a pesar de esto, y como en la propia casa reconocen, todavía los zapatos de Lászlo Vass son más conocidos fuera de las fronteras de Hungría que dentro; algo que, por otro lado, pude comprobar por mi mismo.
Según nos explica Éva, Lászlo Vass comenzó su formación con apenas 14 años en la escuela técnica de zapateros donde permaneció 4 años. Al terminar sus estudios empezó ya a trabajar en el Instituto de Moda de Hungría donde estuvo cinco años y donde tuvo la oportunidad de trabajar en todas las fases de construcción del zapato; desde el diseño, la toma de medidas y el cortado hasta el montado el zapato. Con 23 años se presentó al examen obligatorio para conseguir el diploma de maestro zapatero. Su prueba consistió en fabricar un zapato modelo Budapest totalmente a mano.
Nos comenta Éva que en 1978 compró esta pequeña tienda y que durante los siguientes diez años se dedicó a la elaboración de zapatos de señora. En 1989, y coincidiendo con los cambios políticos ocurridos en Hungría, le resultaba muy dificil competir con las nuevas marcas que entraban en el país y decidió volver a sus orígenes como artesano de zapatos de caballero. Desde entonces es considerado como uno de los mejores zapateros del mundo habiéndose ganado por meritos propios un lugar destacado en la historia de la zapatería moderna junto a zapateros del renombre de John Lobb, Berluti, Gatto, Bálint, Materna o Alex Himer.
Hoy ya no quedan muchas casas reputadas que no comercialicen sus productos a través de sus propias tiendas o a través de tiendas multi-marcas en las principales ciudades del mundo. No obstante, el placer de comprar esa prenda tan apreciada aumenta, si cabe, si se realiza en su lugar de origen. Y si además esta pieza es difícil de conseguir fuera de su lugar de producción, su adquisición puede convertirse en toda una sartorial experience.

Los zapatos de László Vass son todavía muy difíciles de encontrar si no se peregrina a Budapest o en su defecto si no se paga un elevado precio extra por adquirirlos por Internet o en ciertas casas americanas, japonesas, austriacas o alemanas. Según explica el propio László, el trabajo de su equipo de 14 artesanos ofrece la misma calidad que los más prestigiosas zapateros ingleses pero a 1/3 del precio. Según comprobaremos más adelante, hay que reconocer que aunque hoy el precio de unos László Vass ya no es 1/3 del precio de los zapatos ingleses sí sigue siendo muy competitivo.
Si bien no es el objetivo de este artículo narrar el largo y arduo trabajo que conlleva fabricar un zapato a medida si queremos describir el placer que supone adquirir una pieza tan especial como son los zapatos Vass en su pequeña tienda de Budapest.

La tienda se encuentra en pleno centro comercial de Budapest. Debemos estar algo atentos ya que la calle puede hacernos pensar que la dirección no es la correcta al distar su apariencia mucho de las principales calles europeas donde podríamos encontrar zapatos de esta calidad y reputación. De hecho, el escaparate de la tienda tiene escasos dos metros de largo y no nos trasmite la imagen de lujo y refinamiento de los zapatos que dentro encontraremos. Quizás en esto radique parte del encanto de este pequeño establecimiento.
Lo primero que sorprende una vez dentro es el reducido tamaño de la tienda. Menos de veinte metros repartidos en dos plantas; una donde se exponen los zapatos y otra en la planta de arriba que hace las veces de almacén.

A pesar del reducido tamaño, la planta baja es suficientemente “grande” para exponer una gran variedad de modelos. La sensación que nos llevamos al entrar es que hay zapatos por todos los lados. En el escaparate los encontramos casi amontonados, dentro expuestos en baldas, en el suelo….hay zapatos hasta en los escalones de la escalera que lleva al segundo piso!!!.
Una vez que hemos saludado a Éva Vass, empezamos a descubrir los zapatos expuestos los cuales tienen una placa con el nombre del modelo de cada uno de ellos. Encontramos diversos modelos All Englisch, Budapest etc. Son particularmente interesante las baldas dedicadas al modelo Budapest donde podemos deleitarnos desde con los modelos más clásicos hasta con los nuevos Budapest con formas más cercanas a las del zapato italiano que a las del modelo originario y fabricados sobre modelos oxfords. Los modelos RTW podemos verlos en diferentes tipos de hormas dependiendo de su estrechez y forma (la horma banana, Peter, R, 3636, F, etc).
Después de explicarle a Éva Vass el cometido de nuestro portal de moda masculina clásica y una vez roto el hielo y a nuestra pregunta de qué es lo que hace tan especial a los zapatos allí expuestos nos empieza a describir la gran calidad tanto de los materiales empleados como de la mano de obra utilizada. Nos explica que todos los materiales son provistos sólo por las mejores casas en cada sector. Por ejemplo, tanto las insoles (plantillas), como las outsoles (suelas) las compran a la reputada casa alemana Joh Rendenbach; quien, según los expertos, fabrica la que es considerada una de las mejores suelas del mundo y que viste a los zapatos más reputados desde hace más de 135 años.

Es Rendenbach quien se responsabiliza de la suela exterior, el corcho, el cambrillón, la suela interior, el revirón y el tacón. Todas las suelas de los zapatos del taller de Lázsló Vass exhiben el sello de la Asociación de Curtidores Tradicionales de Alemania algo que les da una clara ventaja competitiva frente a mucha casas británicas, italianas o francesas.
Si bien Rendenbach es el proveedor oficial de la suela de todos los zapatos que salen por la puerta de esta zapatería, la procedencia de la piel utilizada varía según los modelos teniendo su origen en Francia e Inglaterra. La piel más utilizada es la boxcalf, piel de ternero. En el caso de los zapatos a medida se puede escoger desde piel de lagarto, buey, ciervo, elefante hasta de avestruz, canguro o caballo. Una piel muy popular en los zapatos de Vass es la Scotchgain, piel bovina que presenta una terminación graneada que también se conoce popularmente como Rindbox. La casa americana Horween le surte la codiciada piel cordovan. La gran mayoría de la piel cordovan montada en sus zapatos proviene de Chicago.
Aunque las pieles, como acabamos de ver, provienen del extranjero, los materiales utilizados en el interior del zapato son nacionales.

Las hormas de madera que utilizan para construir sobre ella tanto los nuevos modelos off the peg como los bespoke son del centenario taller Kálmán.

Si hay un modelo de László Vass que se ha ganado el reconocimiento tanto por los profesionales del sector como por los amantes de la alta zapatería, este es, sin lugar a dudas, el modelo Budapest.

Si hacemos caso a lo que sobre él se ha escrito, este modelo es el heredero de las botas que vestían los soldados húngaros en el S.XIX. Su elevada y dura punta servía para evitar que tanto la nieve como la escarcha entraran dentro de ella.
La principal característica del modelo Budapest, en contra de lo que mucha gente ha escrito, es su inconfundible puntera vega, o como aquí la hemos denominado más de una vez, su terminación full-brodge. Otra típico rasgo del Budapest es que se trata de un modelo Derby con cosido doble (no obstante también podemos encontrar modelos Vass con vira cosida lo que es más fino y elegante).

Otras particularidades propias del Budapest son su horma ancha, suela alta, piel dura de ternero, puntera elevada y muy reforzada; todo ello dando una sensación de conjunto de encontrarnos ante un zapato pesado, ancho, duro y en cierto modo hasta algo basto. Hoy ya podemos encontrar modelos Budapest con hormas muy próximas a las italianas y montados sobre modelos Oxfords y no Derby. Quizás sea debido a esto y a que al modelo clásico se han introducido algunos retoques lo que hace que el modelo Budapest siga siendo el buque insignia de la casa.
Hay pocos modelos que gocen de tanta personalidad como para haberse convertido en toda una leyenda. De hecho, su particular construcción full-brodge, con puntera elevada solo es fabricada por otra casa mas (Heinrich Dinkelacker).

Mi opinión es que si todo amante de la alta relojería debería poseer un Patek Philippe, todo amante de los buenos zapatos debería vestir un modelo Budapest. Quizás no sea el zapato más elegante como seguramente tampoco Patek sea el reloj tecnológicamente más avanzado; pero ambos son obligatorios en todo armario o colección que quiera presumir como tal.
Me atrevería a afirmar que será este modelo y no ningún otro que esté todavía por fabricar al que László Vass le deba estar agradecido por haber pasado a la historia de la zapatería. De hecho, no hay ningún profesional o amante de la alta zapatería que no sepa distinguir este modelo tan particular. Aunque su “basta” construcción y su puntera visiblemente elevada pueda afearlo en un primer vistazo, una vez calzado esto cambia y apenas se aprecia dicha elevación. Es por todo ello por lo que su vestimenta, desde mi punto de vista, deberá hacerse con ropa casual y no formal. Su portador, hasta vistiendo con ropa sport denotará un gusto exquisito por la alta zapatería.
Además de poder seguir escogiendo este modelo y algún otro más cercano a otra época, también encontramos modelos con hormas inglesas y zapatos con clara inspiración italiana. A pesar de todo, según nos comenta Éva, los modelos clásicos ingleses junto al modelo Budapest siguen copando la mayor parte de las ventas.
Una clara ventaja de los zapatos Vass frente a la terminación inglesa y más todavía frente a la italiana es la amplitud de sus hormas. El pie parece descansar en un gran sofá y nos aporta muchísima comodidad. Esto no gustará a los amantes del zapato italiano quienes preferirán una horma más estrecha que, a pesar de ser más incómoda, definitivamente estiliza más el pie.

Hay tres tipos de zapatos que podemos adquirir de este zapatero. Los RTW, los bespoke, y una tercera opción que nos permite encargar la realización de ciertos modelos que no están disponibles en la tienda escogiendo el color de piel y personalizando el dibujo. Está opción que está a caballo entre RTW y bespoke es una opción muy interesante que permite obtener si cabe unos zapatos más exclusivos. No obstante, la mayor exclusividad siguen siendo los bespoke que además de permitirnos escoger desde la forma, el modelo, la piel, el color, combinaciones de pieles, la dureza de la suela, la altura del talón etc son realizados exclusivamente para nuestros pies después de la toma de medida, la realización de nuestra horma y un largo proceso de confección que está más cerca de la magia que de la realidad. En palabras de Éva Vass, la fabricación de unos zapatos a medida exige entre cinco o seis semana y cobran gran importancia cuando el pie del cliente no se adecua a las medidas estándar; bien por ser muy ancho, muy estrecho, tener un puente muy elevado o una mezcla de todas estas particularidades. Es entonces cuando hay que pensar en el zapato bespoke .
Si el modelo Budapest ha conseguido internacionalizar la zapatería de Lázsló Vass, han sido sus zapatos a medida, los que se han ganado el aplauso de sus afortunados y distinguidos clientes. Con este difícil arte, y en escasos años, László ha conseguido plantar cara a zapateros de casas mucho más legendarias y reputadas que la suya.

Si podemos disfrutar del privilegio de probar el zapato bespoke de Vass, seguramente ya nunca volvamos a ver la zapatería con los mismos ojos.

No obstante, si nos gustan los zapatos expuestos en la tienda, algo por otro lado muy posible, y nuestros pies no tienen ninguna particularidad especial, los modelos RTW son una perfecta elección. Incluso según nos cuenta Éva, ellos siempre aconsejan al cliente que viene buscando exclusivamente zapatos a medida hacerse primero con unos RTW. Aunque como hemos establecido al principio de este artículo no es nuestra intención enfrentarnos a describir el arduo trabajo que significa confeccionar unos zapatos a medida, si queremos comentar el significado que la expresión “hechos a mano” implica para los zapatos fabricados por Vass.

Todos los modelos Vass, incluidos los RTW, son hechos a mano. La expresión “hechos a mano” seguramente la hayamos escuchado en varias ocasiones cuando hemos acudido a comprar un nuevo par de zapatos o la hayamos leído en los catálogos de las casas zapateras pero desgraciadamente dicha expresión admite múltiples acepciones y no todas implican que la gran parte del zapato haya sido confeccionada a mano. En el caso de Vass “hechos a mano” significa que gran parte del procedimiento de selección, cortado, cosido, montado y pulido del zapato es hecho estrictamente solo por las manos del zapatero.
En palabras textuales de Éva, “Vass shoes are 100% (means 100%) handmade, from the cutting of the leather to the finishing of the shoes”. Siguiendo con su explicación, nos destaca que el proceso de fabricación de los RTW y de los bespoke es idéntico. En los zapatos RTW se trabaja sobre ocho terminaciones que su padre cambia de tiempo en tiempo según las necesidades de los clientes.

Las piezas de la pala (empella, cañeta, bandas de las orejas, correas traseras etc) se cortan todas a mano. La unión de la pala, el forro y los accesorios también se realiza en su totalidad a mano. El aparado de la pala (unión de todas las piezas decorativas) se realiza con hilo de algodón o de lino según proceda también a mano. La mano del zapatero también es la responsable del festoneado ayudada de una de una pequeña herramienta.
La costura de la vira, de la entre-suela, el montado del talón, la costura de la suela exterior se realiza todo a mano con ayuda de un cordel y un punzón. La ornamentación de la suela y su pulido también se hace prescindiendo de máquina alguna.

Para las perforaciones (brogueings) no se sigue ninguna plantilla. Todo se hace con un punzón y a ojo. Sólo las perforaciones de la puntera se realizan utilizando un papel con el dibujo del patrón. El forro siempre va cosido a la piel (normalmente se cosen tres piezas: la pala y las dos cañetas).
Es interesante comprobar cómo las perforaciones no coinciden en dos modelos supuestamente idénticos. Incluso la distancia entre las perforaciones del pie derecho e izquierdo puede también variar. Las perforaciones puede estar más separadas en un pie que en otro o incluso ser de mayor diámetro en el pie, por ejemplo, izquierdo. Obviamente hay que fijarse mucho para poder apreciar estas pequeñísimas diferencias. Otro detalle interesante es que un mismo número puede tener ligeras variaciones en talla respecto a un modelo idéntico.
Algo también curioso es observar que el mismo modelo pueda variar ligeramente en color o terminación respecto a uno realizado anteriormente. Esto es debido a que el color de la piel cuando se trabaja a mano es difícil conseguir que tenga la misma tonalidad en todos los modelos.

Lo que para algunos puede ser un fallo, para otros es un valor añadido y una muestra de que todavía existen zapatos que siguen confeccionándose verdaderamente a mano y donde la máquina solo se utiliza para esas operaciones donde su uso es imprescindible y aconsejable.

Una vez comprados nuestros zapatos, estos se nos entregaran sin caja, con opción de hormas y dos bolsas individuales para su transporte y cuidado.
El laborioso proceso de fabricación de los zapatos Vass, incluso de sus zapatos off the peg, es lo que ha obligado a László a distribuirlos fuera de Budapest en número muy limitado. A pesar de lo que todas las casas zapateras predican, a mí personalmente no me cabe duda que para vender tantísimos pares de zapatos como venden las reputadas casas inglesas e italianas hoy en día conforme está el precio y la calidad de la mano de obra no queda otra que industrializar gran parte del proceso y sustituir muchas de las operaciones necesarias en la elaboración del zapato por mano de obra de peor calidad y sustituir horas hombre por horas máquina.

Para que nos hagamos una idea, y si damos por buena la información disponible, en el taller de Lázsló Vass se fabrican 1.000 pares de zapatos al año. Todo esto, según nos explica Éva, es realizado por sólo 14 artesanos; cada uno de ellos especializado en sólo una o varias fases del proceso de fabricación del zapato.
Seguramente si tuviéramos la oportunidad de ver la contabilidad interna de ciertas reputadas zapaterías observaríamos que a pesar de contar con mucho más personal, parece difícil entender que puedan vender miles de zapatos al año si efectivamente se han hecho a mano siguiendo un proceso similar al llevado a cabo en los zapatos de László Vass.

Cuando le preguntamos a Éva sobre esta cuestión nos dice que si bien su padre ya no está todos los días en el taller, durante muchísimos años así lo ha hecho, y esto le ha ayudado a tener controlado la totalidad del proceso de fabricación de sus zapatos. Según nos indica, no tienen ninguna intención de crecer más, y quizás ese sea el motivo de rechazar continuamente ofertas de grandes almacenes de vender sus zapatos y conseguir un gran beneficio. Para László la calidad de la piel es fundamental y esa calidad, según comenta su hija, se vería definitivamente perjudicada si se empezaran a distribuir los zapatos en grandes cantidades.
A la pregunta de qué diferencia en calidad hay entre sus zapatos y las casas reputadas inglesa, nos contesta que su padre siente un gran respeto por la forma de fabricar zapatos de Edward Green o Crockett&Jones; de hecho el único par de zapatos que tiene su padre que no es Vass, es un Edward Green. No obstante, nos aclara que los zapatos hechos a mano son de mejor calidad que cualquier otro elaborado en una fábrica; por más importante y caros que sean esos zapatos. Por ejemplo, según su parecer, es sencillamente imposible, si no es a mano, conseguir la medida exacta de la pala y su ajuste para cada terminación de zapato.
Cerca del final del encuentro con Éva, y deseando hacernos con el mayor número de zapatos posibles, le preguntamos cuales son los zapatos que deberían estar en todo armario de un caballero. Según su opinión tan importante es tener zapatos formales como zapatos sport. No por llevar con unos vaqueros hay que olvidar vestir correctamente a nuestros pies. Para las ocasiones formales ella se decanta por los Oxford y por los zapatos con hebilla - “in black of course”. Para vestimenta casual podemos ampliar el abanico de modelos y colores. No obstante, reconoce que en países como el nuestro los caballeros son mas atrevidos y se ven colores cercanos al coñac y al vino. Estos colores, según nos indica, son difíciles de ver para un uso formal en su país.

Éva es de la opinión de que Inglaterra sigue siendo el país donde los caballeros prestan más atención a sus zapatos aunque seguramente sean los vieneses los que más cuiden el conjunto de todo su vestuario.
A pesar de todo ello, los precios son bastante contenidos. Solo existen tres precios para todos los zapatos RTW. Los que más abundan son los que tienen precios de 99.000 o de 115.000 florines húngaros (unos 370€ y 430€ al cambio respectivamente). Solo unos pocos ascienden a 130.000 (490€). Sin embargo, si recurrimos a los archiconocidos almacenes americanos Bergdorf Goodman o a su compra por Internet deberemos estar preparados para pagar un sobreprecio importante. El precio de los zapatos bespoke empieza en 580€.

Si comparamos estos precios con los de la competencia seguramente encontremos otra razón de peso para viajar hasta este pequeño “museo” de la calle Haris Köz y adquirir este pequeño tesoro.
Obviamente, cualquier propietario de esta marca puede llevarlos o mandarlos para ser reparados. Algo de lo que presume Lázsló Vass es que incluso los zapatos que con más de 15 años que se llevan a su taller, solo necesitan un cambio de suela ya que tanto la piel como la propia estructura del zapato está en perfectas condiciones. Es por ello por lo que son los zapatos más viejos los que su arreglo le produce mayor satisfacción. Dicho orgullo aumenta al ser bastante probable que dicho par de zapatos haya podido ser confeccionado por él en su totalidad.
Hoy László comparte su profesión de zapatero con su amor al arte moderno y ha abierto un museo donde expone sus obras; muchas de ellas de artistas húngaros y otras conseguidas tras un canje de zapatos por cuadro.

Esperamos que Laszlo Vass continúe la legendaria saga de zapateros húngaros que han trabajado la piel durante más de doscientos años y sobre todo que la popularidad alcanzada por sus zapatos no le haga olvidar el mimo con el que deberían seguir fabricándose y que, como nos dice su hija, su máxima de “each pair has got a soul and we think of each pair os shoes as a pice of art” siga presente durante muchos años.
Y para acabar un día tan interesante y poder seguir disfrutando de la belleza de Budapest y recordar tan agradable experiencia, probablemente no haya sitio mejor al que ir a cenar que a Gundel donde seguiremos saboreando un ambiente selecto y perteneciente, como aquellos primeros modelos Budapest, ya a otra época.

El Aristócrata

Bibliografía: www.vass-shoes.com, “Handmade, Shoes for men”; Magda Molnar and Laszlo Vass.
Fotos: El autor,
askandyaboutclothes y cedidas por Éva Vass para ser utilizadas en exclusiva en www.elaristocrata.com

viernes 1 de mayo de 2009

Bespoke 3ª parte. Entrevista a D. José María Reíllo: Sastre y Presidente del Club de Sastres

Este mes http://www.elaristocrata.com/ cumple un año y por ello queríamos que el artículo de Abril tuviese la altura suficiente para ser digno de esta fecha. Para ello hemos escogido a D. José María Reíllo, sastre de dilatada experiencia profesional, gran reconocimiento profesional y Presidente del Club de Sastres para que sea él quien nos trasporte a través de esta entrevista al apasionante mundo de la alta sastrería masculina.

D. José María nos recibe puntualmente a la hora previamente pactada. Es de agradecer que una persona tan ocupada que viaja constantemente al extranjero para atender los pedidos de sus clientes haya organizado su agenda para que nadie interrumpa el encuentro que mantuvimos con él durante más de hora y media.

Conforme salía del interior del taller para recibirnos, su imagen impoluta nos dijo rápidamente que la siguiente hora y media iba a versar sobre sastrería en letras mayúsculas.

Aunque acostumbrado a tratar con personalidades relevantes del mundo de la política, los negocios y el espectáculo, D. José María se mostró durante toda la entrevista como una persona seria pero cercana, con grandes ganas de trasmitirnos su pasión por la profesión y con una capacidad de comunicación envidiable.
A pesar de estar en todo momento rodeado de cintas métricas, hilo de algodón, jaboncillo etc toda la sastrería rezuma orden.

Una vez ya en la segunda planta de la sastrería, donde toma las medidas y prueba a los clientes, vemos de reojo la foto que tiene con su Majestad el Rey Don Juan Carlos y nos fijamos que también está en una pequeña mesita el libro del Caballero de Bernhard Roetzel. Mientras seguimos explorando esta encantadora dependencia, nos cuenta que uno de los trabajos que tienen pendiente desde el club de sastres es escribir un libro similar a éste en español e inglés pero entrando más al detalle, con fotos más explicativas, de más calidad y más actual.
Antes de empezar a grabar la entrevista nos explica que no es muy dado a conceder entrevistas pero que si ha hecho una excepción ha sido por el hecho de que nuestra publicación es de las pocas que tratan estos contenidos con rigurosidad. Igualmente, nos comenta que el artículo sobre el bespoke que publicamos en el Aristócrata en Mayo de 2008 (y que descansa sobre su mesa de trabajo como muestra de bienvenida) le ha parecido de gran interés y nos felicita por su contenido.

Su jornada nunca empieza después de las 8. Aprovecha las primeras horas del día para repasar el trabajo que sus oficiales han realizado el día anterior y echar un último vistazo a las pruebas que han de probarse los clientes a los que se ha citado.

1- ¿Podría hacernos un poco de historia desde la creación de la sastrería Reíllo en 1974 a nuestros días?
Yo empecé en la profesión muy joven. Recuerdo que con sólo 12 años ya cosía en mi pueblo de Campo de Criptana. Poco después empiezo a trabajar en varias sastrerías de la Gran Vía que es donde antes estaban las sastrerías aquí en Madrid. Con 26 años me instalo en esta sastrería de la calle Orense desde donde he entregado mi vida a esta profesión que tanto siempre he querido. Hoy ya tengo 61 años y sigo cosiendo tanto desde aquí como desde mi propia casa.
2- ¿Que ventajas tiene un traje a medida frente a uno de confección?
Un buen traje a medida debe ser como una segunda piel. En ningún momento debe suponer inconveniente alguno para moverte libremente. Debe resaltar tus virtudes físicas y disimular los problemas que todos tenemos. Debe ser estrecho por fuera pero amplio por dentro. Bien cuidado puede durar 20 años.

En un traje a medida se hacen las solapas según tu rostro, los hombros son individualizados, el talle del pantalón se individualiza según la complexión de cada cliente. No es lo mismo la figura de un chico de 20 años que la de un señor de 50 por lo que es fundamental un buen corte.
Otra gran ventaja es que es fácil de hacer arreglos en él en el caso de que el cliente engorde o adelgace.

Tan importante es que sea a medida como que sea hecho a mano. Observe usted este chaqué que acabamos de terminar para un cliente que tiene una recepción oficial con la Reina Isabel de Inglaterra. Toque esta tela, fíjese en los remates del faldón……mire como está rematada esta solapa……esto es imposible de encontrar en ningún traje de confección….por muy de Brioni que sea.

Un traje artesano de tipo medio es peor que uno hecho a maquina por lo que la mano de obra es muy importante y debe ser siempre de máxima calidad.
3- Si bien las sastrerías se han popularizado en España, son escasísimas las que todavía trabajan según los cánones más puristas. ¿Considera que la sastrería entendida en su sentido más tradicional está desapareciendo?
Hoy en España todavía podemos encontrar entre 20 y 25 sastres de primera línea que trabajan siguiendo los dictados más exigentes. Desgraciadamente la mayoría de ellos cuentan con muchos años de duro trabajo a sus espaldas y la fecha de jubilación se acerca sin contar con miembros en su familia que quieran seguir la estela dejada por ellos.

Antes en cualquier ciudad de España había un buen sastre. Por ejemplo, en León estaba Ciriaco, en Bilbao trabaja Cardenal (hoy ya en la tercera generación), Javier de Juana (hoy en la segunda generación) etc.

La sastrería tiene que evolucionar según las tendencias. Ya no tiene sentido seguir patrones de otra época donde se acentuaban las hombreras, los cortes anchos etc. Ahora se busca mas destacar la silueta, trajes mas ceñidos, que no estrechos, frontales más redondeados etc.

Uno de los problemas que han tenido grandes sastres de nuestro país es que han ido desapareciendo conforme han ido envejeciendo o falleciendo sus clientes. Los buenos oficiales, los que se han dedicado a esto desde muy jóvenes, se están también jubilando y no hay relevo generacional.
4- ¿Qué diferencia un traje que sale por la puerta de la sastrería de José Maria Reillo del de las sastrerías de prestigio inglesas o italianas?
Tanto mi trabajo como el de mis compañeros no tiene nada que envidiar a las sastrerías más prestigiosas de Savile Row. Es más, soy un convencido de que la técnica que usamos en España es mucho más depurada que la utilizada allí.

La calidad de la mano de obra también es muy superior. Y eso por no hablar de los precios que cobran allí. La confección del traje es muy superior a la que encontramos en el país anglosajón. Yo recomiendo que vean y toquen los trajes que salen de esas reputadas sastrerías; son como de otra época. Son muy armados, con una entretela gorda. Son trajes iguales que a los que se hacían hace 50 años pero con mano de obra de calidad inferior.

Nosotros trabajamos con telas de 200-300 gramos o 350 como máximo y más del 90% está hecho en su totalidad a mano. En España tenemos telas, como es Gorina, que tampoco tienen nada que envidiar a las mejores telas extranjeras. En mi sastrería no se externaliza nada en gente de fuera de la casa y todo el proceso de cortado y montado se hace donde usted y yo estamos ahora mismo. Esto seguramente no lo puedan decir muchas de los archiconocidas sastrerías británicas.

Como curiosidad permítame que le cuente que estando en Londres con mi mujer pasé a Huntsman donde llegaron hasta poner en duda que el ojal de mi chaqueta estuviera cosido a mano.

Otra cosa bien diferente son las sastrerías italianas. Hoy por hoy y mal que pese a los ingleses, la sastrería italiana está muy por encima de la inglesa. A parte de que son los italianos quienes determinan las nuevas tendencias, su forma de trabajar es mucho más depurada. Las sastrerías napolitanas son hoy el referente mundial. Admito que se nos compare con las sastrerías de prestigio italianas pero sinceramente pienso que la buena sastrería española está por encima de su homóloga inglesa.

Si bien hace años en España había sastres que sabían cortar pero no coser, hoy nuestros sastres saben cortar, coser y planchar; son sastres completos. Y eso tampoco lo pueden decir muchos sastres extranjeros.

La mano de obra española está a la cabeza junto a la italiana. Yo por ejemplo trabajo con clientes ingleses y esto es sencillamente porque nuestra mano de obra es mejor y encima somos más baratos al no tener la etiqueta de Savile Row.

Los italianos han sabido también promocionar muy acertadamente la sastrería masculina. Casas como Brioni, Zegna o el mismísimo Angelo Litrico se han promocionado de la mano de la moda femenina. Sin embargo aquí se ha promocionado la moda femenina y a nosotros se nos ha olvidado. Y le puedo asegurar que en España hay sastres extraordinarios y a pesar de esto son grandes desconocidos para la mayoría. Por ejemplo, un americano que venga a Europa a hacerse un traje a medida va directamente a Savile Row. Lo que no sabe es que se llevará una coraza por traje aunque se vuelva a su país muy contento por tener un traje Savile Row.

El apoyo que la sastrería masculina inglesa ha recibido por parte del gobierno, la TV, prensa etc. ha sido muy superior al que nosotros hemos tenido.

Hay sastrerías en España como la de Collado, los hermanos Córdoba, Jaime Gallo, su tío Casado etc. cuyo trabajo no tiene nada que envidiar al de ningún sastre del mundo. Collado, por ejemplo, no sabía cortar pero luego era capaz de indicarle al cortador a ojo donde recortar sin necesidad de ningún patrón. Era extraordinario.

Estados Unidos también contó durante los años 40 y 50 con verdaderos profesionales. En esa época allí estaba lo mejor de lo mejor.
5- ¿Cuántas horas se invierten en un traje a medida? ¿Cuál es el plazo medio de su elaboración?
De 45 a 55 dependiendo de las dificultades que tenga el cliente. Para que se haga una idea, sólo el planchado nos lleva 1 hora y media. Dependiendo de la carga de trabajo estamos tardando entre dos o tres meses.

6- ¿Qué porcentaje de sus trajes es hecho a mano?
90-95%. Excepto el picado de las solapas todo es a mano. Esto es así porque con una determinada máquina conseguimos disimular las puntadas mejor y porque de esta manera evitamos que la persona que cose esté recibiendo continuamente pinchazos de la aguja al ser el dedo el único que nos garantiza que la aguja ha traspasado toda la tela.
7- ¿Cuántas personas actualmente trabajan en su sastrería?
5, todos españoles y con muchísimos años de experiencia.

8- Aunque conocemos de su celo profesional, con la información que poseemos: ¿nos permitiría llamarle el sastre de nuestro Presidente?
Quizá hace algunos años si me lo podrían llamar pero hoy ya no coso los trajes del Presidente. En su primera legislatura le cosí trajes de protocolo como chaqué, esmoquin, frac y varios trajes normales. Pero como digo, yo ya no soy su sastre.
9- Desde el Aristócrata pensamos que se está dejando de lado la elegancia clásica presente en los años 30 para dejar paso a modas pasajeras. ¿Cree que nos encontramos ante un proceso irreversible?
Hay iconos del estilo como Cary Grant y Fred Astaire que siempre serán un referente. Me gusta ver películas de aquellos tiempos para observar cómo aquellos sastres ya eran capaces de a un físico tan poco agraciado como era el de Astaire, sacarle tanto partido.

No obstante las modas cambian y la sastrería tradicional no puede hacer oídos sordos a esta realidad. Yo siempre he seguido la tendencia de la moda pero con un orden. Un sastre tiene que estar al día. Esto no quiere decir que ciertas modas sean admisibles.

En la pasada feria de Florencia pude ver cómo ciertos caballeros italianos tenían mucho estilo; sin embargo también observé la manía que tienen otros de llevar el traje que da la impresión que les queda dos tallas pequeñas. Esto tampoco me parece correcto. No obstante soy de la opinión de que en España no se viste bien. Por ejemplo, los zapatos que viste usted son muy difíciles de ver en la calle.

No deja de sorprenderme cuando vengo por la carretera de Majadahonda como hay señores que conducen verdaderos cochazos y no prestan atención alguna a su aspecto físico. Por ejemplo, las casas han mejorado mucho, las familias españolas cada día viajan a mejores y más exclusivos destinos; sin embargo en el vestir no se ha experimentado esa mejoría.

Quizá tampoco nosotros hayamos sabido trasmitir el placer que se experimenta al ir bien vestido. La gente hoy en día es capaz de diferenciar un buen vino de uno malo; en cambio no son capaces de diferenciar un buen traje de uno malo.
No podemos olvidar que nuestro traje es como nuestra tarjeta de presentación. Es lo primero que se ve y la primera imagen que tendrá de nosotros nuestro interlocutor. Es signo de autoestima y de posición social. Un presidente de una multinacional que esté continuamente en los medios trasmite una imagen no sólo de él, sino también de la empresa. Seguramente si este caballero viste un traje dos tallas grandes o incluso con brillos no trasmitirá una imagen de éxito de su compañía.

Otra manía del caballero medio español es su costumbre de llevar el pantalón excesivamente largo. Presten atención al largo de los pantalones del Príncipe o del Rey; ese es el largo adecuado para la mayoría de los casos. Los frac que vemos por ejemplo en un programa de baile ahora muy conocido llevan una chaqueta tan larga que desprestigian totalmente a esa prenda.
10- ¿Ha cambiado mucho la sastrería de hace 60 años a la de ahora?
Si bien los patrones han cambiado, son los tejidos los que han experimentado el cambio más importante. A los sastres de antes les sería muy difícil trabajar las telas que se utilizan hoy en día. Ahora buscamos más la comodidad de nuestros trajes. Son telas mucho más ligeras. No por llevar un traje se debe uno sentir más incomodo que por vestir cualquier otra ropa. Esto obviamente, sólo lo puede conseguir un buen sastre analizando la figura de su cliente y cosiéndole un traje que sea, como ya hemos dicho, tan cómodo como una segunda piel. 11- ¿Cómo se puede justificar a los lectores de El Aristócrata que el precio de un traje ready to wear, de por ejemplo Chester Barrie o de Brioni, sea superior al de un traje donde se han invertido más de 50 horas de trabajo, su mayoría se ha realizado a mano y todo se ha cosido pensando en una sola persona?
Pues efectivamente, es muy difícil de justificar. Un traje de confección no puede costar 3.000€. Eso es una barbaridad. No podemos olvidar que por buena que sea la tela es un traje hecho por maquinas para un cliente prototipo que seguramente no sea quien termine comprándolo.

Y si lo que busca el cliente es una determinada tela, me resulta muy difícil pensar que una sastrería de prestigio no lo tenga. Aquí trabajamos con telas de Zegna, cachemira, 150´, Loro Piana y la mayoría de las de calidad que se encuentran en el mercado.

Tampoco podemos olvidar que la tela supone alrededor de un 10% del precio de un traje a medida; el resto es todo mano de obra.

El marketing utilizado por estas casas, el llevar una determinada etiqueta y mucha ignorancia sobre lo que verdaderamente es un traje a medida, ha hecho que ciertas marcas se hayan popularizado mucho.

No obstante, tampoco nosotros los sastres hemos quizás sabido trasmitir las grandes diferencias que existen entre aquellos y nosotros a las generaciones más jóvenes y éstas se han dejado llevar por las modas y marcas del momento. Con sólo ver todo el trabajo que lleva hacer una solapa de un bolsillo como Dios manda pronto la gente se daría cuenta de que son, sencillamente, cosas diferentes.
12- ¿Cómo valora el éxodo de sastres de toda la vida de Savile Row a otras zonas más baratas de Londres o incluso a otras ciudades. ¿La llegada de sastres más jóvenes con modelos más modernos cambiará el espíritu de Savile Row? ¿Es el fin de la Row como se conoce hoy?
Sobre Savile Row podríamos hablar largo y tendido. Para empezar, Savile Row sólo es una acera; la otra está ocupada en su mayoría por tiendas de ropa de confección. Conocidas, pero al fin y al cabo confección pura y dura. Además de esto, los italianos se están haciendo también con esa calle. La gente sigue teniendo todavía un concepto muy romántico de Savile Row.
No voy a decir nombres pero hay sastrerías en Savile Row que envían las medidas a China y allí se confecciona el traje. El cliente lo recoge orgulloso en su tienda de Savile, le cobran un dineral y no sabe que el trabajo de ese establecimiento en ese traje ha sido más bien escaso. Eso le puedo garantizar, una vez más que, no pasa en nuestras sastrerías.

Hay que reconocer que la Row ha creado un mito alrededor de ella. Hay programas de televisión, reportajes en revistas de todo el mundo, apoyo por parte del gobierno, en definitiva todo un conglomerado que ha hecho que caballeros adinerados de todo el mundo quieran tener un traje con la etiqueta de Savile Row. En esto sí que nos llevan los ingleses mucho por delante.

Aquí, como ya he explicado, no recibimos apoyo alguno por parte de la Administración, no se ha potenciado la capacitación de los futuros sastres con cursos específicos, no se nos ha dado la oportunidad, como sí se ha hecho a la moda femenina, de realizar desfiles, reportajes en prensa.
Todo el esfuerzo se ha centrado en la alta costura femenina dejando de lado la sastrería masculina. Quizás nosotros tendríamos que haber unido también esfuerzos para sobreponernos a esta situación adversa. Es fundamental que la gente sepa lo que es excepcional y lo que es un trabajo mediocre. Por ejemplo, usted en esta chaqueta ve una solapa con el pico redondeado, la cabecera, el ojal correcto, el relieve del bolsillo, la abertura de este chaqué. Pero esto no tiene la ocasión de verlo la mayoría de la gente. Es por ello por lo que es fundamental que todos estos detalles salgan en algún sitio fotografiados para que la gente pueda luego tener capacidad de juzgar un traje a medida y uno de confección.
13- ¿Cuántos trajes son necesarios en el armario de todo caballero?
Depende de la actividad que tenga la persona; pero podemos decir que con uno para cada día de la semana es suficiente. Con 10 o 12 trajes tendríamos un armario completo para todo el año. Entre estos deberíamos tener trajes de diferentes colores.

Con un cierto mimo nos podrían durar muchos años. Son escasísimas las tintorerías que en España saben limpiar y planchar un traje. El planchado es de vital importancia para conservar nuestro traje. Echando un poco de agua con un pulverizador en el traje y poniendo un trapo encima para después pasar la plancha sin soltar vapor de agua conseguiremos un resultado mucho mejor que llevándolo a una tintorería.

Volviendo a la pregunta que usted me planteaba, es igualmente sorprendente lo uniformado que viste el caballero español. Cada día es más difícil ver caballeros que se salgan de los azules y grises en sus diversas tonalidades. Un importante ejecutivo de una multinacional me comentó recientemente que cada día vestía menos sus chaquetas de cachemira y de Loro Piana que en mi sastrería le habíamos cosido durante varios años, porque en la empresa eran la comidilla. 14- ¿Quiénes son, en su opinión, los señores Españoles mejor vestidos?
Normalmente son señores desconocidos para el gran público. De los conocidos por todos me quedo con la elegancia de Ignacio Galán, Eduardo Zaplana, Rivera Ordoñez, el Príncipe, Enrique Cornejo y Enrique Ponce. También en los trajes de tres piezas que viste Jaime de Marichalar hay detrás un gran trabajo; aunque algunos de ellos debieron ser cosidos cuando su figura era más estilizada quedándole ahora algo estrechos. De los extranjeros me quedo con el Príncipe Carlos y George Clooney. 15- ¿Dónde empieza el precio de un traje de dos piezas?
Un traje de dos piezas dependiendo del tejido escogido está entre 2.000 y 3.000€. Aunque a priori pueda parecer una cantidad elevada no lo es. Tenga en cuenta que si cogemos un traje de por ejemplo 2.500€ al que se le han dedicado 50 horas y le descontamos el precio de la tela, no es mucho lo que le queda al sastre. A esto hay que añadir el coste del local, luz, seguridad social etc. Hagan cuentas y luego me dicen si 2.500€ es tanto dinero como le podía parecer en un principio.
16. ¿Cuáles sus cometidos como Presidente del Club de Sastres?
Solemos organizar al menos una reunión anual en la que presentamos un nuevo tejido. Estamos igualmente en contacto para ver los avances de la costura y mantenernos al día. Muchos de nosotros a raíz de esta profesión hemos desarrollado una estrecha amistad personal y solemos quedar a comer y charlar sobre cosas muy diferentes a nuestro día en el taller……aunque nuestra pasión por esta profesión hace que no consigamos llegar al postre hablando de otra cosa que no sea de sastrería a medida.
Ya sólo nos queda agradecer una vez más la molestia que D. José María se tomó en recibirnos y sobre todo felicitarle por ser uno de los artífices fundamentales al que todos le debemos que hoy en día en nuestro país podamos seguir contanto con un grupo reducido pero de primera línea de sastres.

El Aristócrata

Fotos propiedad del autor

miércoles 1 de abril de 2009

Iconos de la elegancia; Capítulo 2: El Príncipe Carlos

Desde que escogimos a Cary Grant para inaugurar la sección de “iconos de la elegancia” de www.elaristocrata.com, hemos estado pensando, y mucho, quién podría estar a la altura o al menos acercase a él para ser el protagonista del segundo capítulo.

Aprovechando que la edición británica de la revista masculina Esquire ha elegido sorprendentemente al Príncipe Carlos como The World´s Best Dressed Man (decimos sorprendentemente porque después de ver al resto de los homenajeados la elección del Príncipe Carlos se debe deber a algún error que les fue imposible subsanar antes de lanzar la publicación) hemos decidido que nadie mejor que él representa en vida el concepto de elegancia masculina en el vestir.
La aristocracia y las monarquías de los diferentes países se han caracterizado, por supuesto con excepciones, por su discreción y formalidad en el vestir. Hoy, desgraciadamente, muchos de éstos han perdido esas viejas maneras y, o no cuidan con especial interés su vestir, o lo que es peor, el estatus social que suponen poseer creen que les permite experimentar con la moda y adoptar en ocasiones looks que están más próximos al espanto y al ridículo que a cualquier estilo.
Si hacemos un repaso a los más de 60 años de vida del Príncipe Carlos podremos observar que su forma de vestir apenas ha cambiado en todos estos años. Este hecho es digno de toda nuestra admiración. Seguramente todos tengamos en mente algún aristócrata que ha experimentado un cambio radical en su vestir una vez adquirido dicho rango o a algún otro que sintiéndose objeto de las miradas ha decidido cambiar su look elegante y admirable e imitable, ganado durante muchos años, por otro acorde simplemente a las modas del momento.
Una persona con el estatus social de un Príncipe heredero y con un número de años considerables a sus espaldas, con total seguridad habrá entrado en contacto con los gurús de la moda, decoradores, diseñadores, actores, pasarelas, modelos, iconos del estilo etc. Seguro que también le habrá tocado vivir cambios importantes en las tendencias de su generación y que de haber sucumbido a ellas los críticos de moda le habrían aplaudido e incluso hasta un sector mayoritario de la sociedad le hubiera dado su aprobación. Seguramente que también habrá experimentado las crisis de personalidad tan propias de ciertas edades que hacen que cambiemos nuestra forma de vestir normalmente hacia aspectos más desenfadados.
Pues a pesar de todo ello, si por algo se ha caracterizado la forma de vestir del Príncipe Carlos ha sido siempre por su coherencia. Si tenemos la oportunidad de acudir a una librería inglesa y ojeamos las numerosas biografías que existen sobre su persona podremos observar en las fotos del interior que su forma de vestir apenas ha sufrido cambios destacables en todos estos años.
Una de las personas que más han tenido que ver para que esto se haya mantenido así es sin lugar a dudas su padre, el Duque de Edimburgo. Éste, a pesar de ser testigo de otra época, supo trasmitir a su hijo la elegancia británica en su máximo exponente. Si observamos los trajes del Duque Felipe de Norton & Sons rápidamente podremos entender la influencia en el vestir de éste sobre su hijo. Los sastres de Felipe de Edimburgo presumen que éste viste los trajes que ellos le cortaron cuando tenía 36 años todavía ahora con 86. Esto es una muestra más de que la elegancia masculina clásica es, como siempre hemos mantenido desde esta página, la única moda masculina intemporal.
Igualmente, llegamos a otra conclusión de capital trascendencia; esto es, la importancia de tener una buena cuna. Definitivamente, no se trata sólo de tener un determinado estatus social o una desahogada posición económica; hay cosas para las que es imprescindible haber recibido un buen ejemplo y una correcta educación desde nuestra más temprana infancia.
Quizá esto explique las más que notables diferencias a la hora de vestir del Príncipe Carlos y de su tío abuelo el “Duke of Windsor”.

Hay quien califica al Príncipe Carlos como una persona aburrida a la hora de escoger su vestuario. De hecho, el Príncipe Carlos durante más de 30 años se ha mantenido fiel a los patrones clásicos que sus sastres de confianza Anderson and Sheppard y Gieves and Hawkes le han aconsejado y que él siempre ha vestido conforme al estilo más británico.

Tampoco sus camiseros de Budd y de Turnbull and Asser han sufrido estrés alguno por tener que cambiar rápidamente los patrones de sus camisas porque las nuevas modas así lo impusieran y el Príncipe Carlos así lo demandara.
El corte de sus trajes no puede obedecer a patrones más clásicos; cortes amplios que ayudan a que el traje descanse sobre el cuerpo sin insinuar demasiado la figura, solapas anchas y de corte bajo, faldones con dos aberturas cuyo largo coincide exactamente con el de los nudillos de la mano, pantalones sin vuelta en los dos y tres piezas y con vuelta en los cruzados (este es uno de los escasísimos detalles que no es bien visto por los más puristas ingleses quienes hasta en el traje cruzado optan por pantalones sin vuelta; quizás esta costumbre la heredó también de su padre) etc.
Aunque ha sido frecuente verle vestir trajes sencillos o con chaleco, en los últimos años la imagen más frecuente del Príncipe de Gales es el traje de chaqueta cruzado con todos sus botones abotonados (algo que, por cierto, también es norma en el Rey Juan Carlos).

Otra nota de su gusto por la verdadera elegancia clásica, es el vestir en todo momento un pocket square. Este complemento cada vez más en desuso pero cada vez más necesario es el fiel acompañante de todas sus chaquetas. Da igual con quien se reúna o que país visite, él siempre vestirá su pañuelo independientemente de que su homólogo no sepa ni siquiera que las chaquetas se confeccionaron con un bolsillo a la altura del pecho para lucir un pañuelo. Además por su forma de lucirlo no nos cabe duda de que se siente orgulloso de él y de su elección.
Siempre ha huido del colorido excesivo en sus atuendos. Sus trajes monocolor o diplomáticos son su elección más frecuente. Algo parecido sucede con sus camisas. Éstas suelen ser también monocolor o en todo caso con alguna fina línea. Será difícil verle con camisas a cuadros o de rayas llamativas o marcadas. Su color preferido para éstas es el azul claro. Este color le facilita la correcta combinación de los pañuelos y además le permite escoger un pañuelo de un estampado más alegre.

Todas sus camisas lucen un puño doble del que no sobra mucha tela una vez puestos los gemelos. A veces puede dar incluso la impresión de que son puños sencillos donde se ha sustituido el botón por un ojal sobre el que se pasa el gemelo. Los gemelos se caracterizan por su sencillez y discreción sintiendo especial debilidad por los gemelos de formas redondas y con una parte de ellos en oro. Esta discreción se puede observar también en sus corbatas. Colores nuevamente clásicos y no llamativos con pequeños motivos suelen ser los que gozan de su confianza. No obstante, su predilección todavía hoy de vestir corbatas a rayas con bandas de colores bastante anchas denotan una vez más su gusto por lo intemporal.
En cuanto a calzado se refiere, sigue optando por los Oxford classic con la típica horma ancha inglesa. Con los trajes oscuros y diplomáticos viste siempre calzado negro y con sus trajes grises prefiere las tonalidades marrones oscuras o las de color vino.
Un detalle que goza de toda mi respeto es su negativa a desabotonarse el primer botón de la botonadura de la manga; costumbre tristemente extendida entre todos aquellos que quieren presumir de vestir de sastre. ¿A alguien le cabe alguna duda de que esos trajes llevan detrás muchísimas horas de trabajo y múltiples ajustes? Sus trajes son la prueba fehaciente de que un buen traje bespoke no necesita de ese absurdo detalle snob para lucir como algo artesanal.
Si bien antes era más proclive a lucir siempre una flor en el ojal de chaqueta últimamente podemos verle ya en actos de diversa índole sin ésta.

Quizás su único guiño tímido a la modernidad sean las pulseras que en alguna foto se pueden adivinar debajo del puño doble.

También merecen una especial atención su amplio armario de abrigos; todos ellos obedeciendo una vez más a los patrones y colores clásicos ingleses.
En múltiples ocasiones nos hemos hecho eco de las dos principales premisas para vestir correctamente de Alan Flusser: el color y la proporcionalidad de las prendas con la fisionomía de cada caballero.

Si nos fijamos en el conjunto formado por su cuello de la camisa, el nudo de la corbata y las solapas de la chaqueta (conjunto que conforma la primera imagen de todo aquel que nos mire) apreciaremos que todas éstas partes no cobran relevancia alguna y su rostro es el único protagonista del retrato final. No debemos olvidar que como ya hemos establecido en alguna ocasión, toda nuestra vestimenta tiene como misión final resaltar nuestro rostro y nuestro físico. El protagonista somos nosotros y no nuestro nudo de corbata o nuestro abrigo.
Si vistiendo un determinado corte o un look concreto el resultado es beneficioso debemos trabajar con esos parámetros y no intentar que aquello que nos gusta pero que no nos favorece se haga el dueño de nuestro armario. Seguro que todos estamos cansados de ver cuellos full-cutaway en caballeros de rostro delgado o de fisionomía estrecha que lo único que consiguen con su uso es acentuar su delgadez.

Los conjuntos del Príncipe Carlos guardan una total proporcionalidad tanto entre todas sus partes como con el físico de su portador. Si alguna pega podemos poner a éstas es su manía de seguir vistiendo el nudo sencillo que ya se anudaba desde pequeño. El tiempo pasa para todos y los Príncipes no son una excepción. El rostro del Príncipe Carlos se ha ensanchado con los años y quizás una segunda vuelta a la corbata conseguiría un resultado final más acorde con su fisionomía actual.
Sinceramente creo que pasará mucho tiempo hasta que veamos a un personaje público de la relevancia del Príncipe de Gales vistiendo tantísimos años según los cánones clásicos y dando el máximo sentido a la palabra elegancia. Él es una clara muestra de que no es necesario sucumbir a las tendencias más modernas o convertirnos en auténticos fashion victims para poder ser un exponente de la elegancia y el estilo.

El Aristócrata

domingo 1 de marzo de 2009

The shoe wardrobe

Siempre he mantenido que la elegancia empieza por el calzado y que éste es, sin lugar a dudas, la parte más importante de la indumentaria masculina. Como ya hemos establecido en más de una ocasión, el mejor traje de Henry Poole se puede ver arruinado por no vestir unos zapatos a la altura de éste o por no saberlos sencillamente combinar.

Del mismo modo, también puede ocurrir que un traje normalito se realce al descansar éste sobre unos zapatos bien escogidos y de calidad; aunque ni el más fino John Lobb podría hacer milagros en muchas ocasiones.

Unos buenos zapatos tratados con mimo pueden durarnos muchísimo tiempo. Si nos propusiéramos adquirir un par de zapatos todos los años, podríamos llegar a tener un armario a lo largo del tiempo similar al que en la foto del encabezado exhibe orgulloso Mr. Adolphe Menjou.
A través del reportaje de este mes intentaremos establecer cuáles son esos modelos que no deberían faltar en el armario de todo Aristócrata. Debido a que a la hora de vestir casual las opciones pueden ser interminables y además muy personales, nos centraremos siguiendo la línea editorial de nuestra página en las opciones más recomendable para vestir de forma formal.

Los que nos acompañáis desde el principio habréis observado que en elaristocrata.com no prestamos especial atención a las diferentes marcas. Preferimos hablar por el contrario, de ciertas telas, del corte bespoke, del correcto uso de las diferentes prendas etc. A pesar de ésto, a la hora de comprar zapatos debemos siempre acudir a marcas reputadas. Y cuando digo reputadas no me refiero a las marcas de moda. Las centenarias casas de Northampson, o ciertas casas húngaras, francesas o americanas siguen siendo el referente. Debemos por lo tanto huir de las marcas más “fashion” que en su afán de ganar cuota de mercado empiezan a ofrecer todo tipo de calzado. Es increíble comprobar, sobre todo en nuestro país, como hay banqueros, políticos etc que visten trajes perfectamente cortados y luego por supuesta comodidad o sencillamente por desconocimiento visten los zapatos erróneos. También es tristemente frecuente observar como muchos caballeros no dan importancia al calzado y se gastan la gran parte de su presupuesto en el traje, la camisa etc. dejando una parte mínima para los zapatos. Esto debería ser justamente al contrario: primero tendríamos que escoger los zapatos y luego deberíamos pensar cómo repartir el resto de nuestro presupuesto. Seguramente ninguno de nosotros vestiremos dos días consecutivos el mismo traje, por lo que tampoco parece muy conveniente ni correcto vestir dos días seguidos los mismos zapatos. Si a este hecho unimos una de las recomendaciones esenciales a la hora de cuidar nuestro calzado, esto es, dejarlos descansar al menos un día después de su uso, parece más que comprensible que poseamos más de un par. Esto que parece algo más que razonable desgraciadamente no siempre lo es y podemos contemplar como se produce una rotación de camisas, corbatas pero siempre vistiendo el mismo par de zapatos o en el mejor de los casos sólo se produce una alternancia entre dos.

Basta con cinco pares en nuestro armario correctamente escogidos para afrontar nuestro día a día. A éstos obviamente le tendremos que añadir aquellos zapatos que calzaremos una vez nos desprendamos del traje de chaqueta pero que en esta ocasión no vamos a tratar.

Oxford

Seguramente el modelo más clásico y más elegante de cuantos expondremos aquí. Es perfecto para ser vestido tanto con traje como con chaqué. Si sólo un par de zapatos pudiéramos permitirnos, éstos deberían ser sin lugar a dudas este clásico inglés que está en el armario de los caballeros ingleses desde 1830. Una de las notas que diferencia unos buenos Oxford es su costura prusiana. Como establece B. Roetzel en la costura prusiana las dos partes de la pala que se juntan con los cordones están cosidas bajo la parte delantera del zapato y terminan en una lengüeta cosida bajo los cordones. El resultado suele ser un zapato muy formal ya que en él apenas se averigua la lengüeta. Aunque el Oxford lo podemos encontrar cada vez en más tonalidades, su color por excelencia sigue siendo el negro.

Existen múltiples variedades del modelo Oxford. Desde el clásico plain con los obligados cinco pares de agujeros y con un fino pespuntado en la puntera hasta el semi-brogue con puntera y la línea de las orejas con perforaciones marcadas y contrafuerte en el talón hasta el más recargado y de uso más sport full-brogue. El origen de las perforaciones en la piel de los zapatos proviene de los granjeros irlandeses quienes para facilitar el secado del interior de sus zapatos, hacían agujeros en la piel de la puntera y en las cañetas de su calzado.

En el Reino Unido, este tipo de zapato también se popularizó entre los guardas forestales. La burguesía que cazaba con éstos empezó también a vestirlos. A partir de entonces las perforaciones se fueron haciendo cada vez más finas para terminar siendo simplemente un adorno del zapato.
Más tarde y ya entrado el S. XIX los full-brogue empezaron a verse hasta en los campos de golf y eran considerados como zapatos deportivos.

El despegue de este modelo se debe al Príncipe de Gales, cuando sorprendió a la prensa internacional jugando al golf con zapatos full-brogue. Su particular estilo a la hora de vestir hizo que también se le viera vistiéndolos en varias ocasiones en recepciones de la alta sociedad de la época.

La principal diferencia entre el full-brogue y el semi-brogue está en la terminación de la puntera: en el caso del full-brogue, se trata de una puntera con terminación triangular, y en el del semi-brogue de una puntera con terminación recta.
Cuanto menos recargado sea nuestro Oxford más adecuado será para ser vestido formal. Esto no significa que el modelo plain sea siempre el más adecuado. Un semi-brogue o incluso un full es perfecto para ser calzado con por ejemplo, un traje de Tweed, unos pantalones de pana, de franela e incluso con un Príncipe de Gales. Los Brogue de ante, tan populares para vestirse con traje en Italia, pueden ser calzados desde con unos chinos hasta con unos vaqueros.

Derby

Los derby para los británicos y blucher para los americanos son otra opción que deberíamos tener en cuenta a la hora de confeccionar un buen armario.

La principal diferencia con el oxford es que en el derby la parte lateral del zapato va cosida por fuera de la parte delantera. La lengüeta en este caso se extiende desde el comienzo de la parte que cubre los dedos hasta el final del empeine.
Al igual que en el caso de los Oxford, según el grado de adorno los Blucher pueden recibir diversos nombres. Si no hay adornos se denominan plantip blucher; si lleva puntera nos encontraremos ante unos toecap bluchers, si llevan una puntera de ala similar al del full brogue en el Oxford lo llamaremos long wing blucher. El grado de adorno al igual que en los Oxford establece su formalidad.
Si nos decantamos por modelos con perforaciones marcadas tendrán que ser destinados a un uso rural. Los podremos lucir con chaquetas de tweed o incluso con trajes de lino. Los colores más frecuentes en los derby son los mismos que en el caso de su primo hermano, los Oxford: negros, marrones en sus diversas tonalidades, vino etc. No obstante, no debemos pasar por alto que después de las seis de la tarde sólo el color negro es aceptado para ser vestido con un conjunto formal. En caso de que vistamos de forma casual podremos ampliar los colores a elegir; incluso después de esta hora.

Monkstrap

Este tipo de zapato recibe esta denominación por la utilización de hebillas para abotonar el zapato y porque recuerda a las sandalias de los monjes. La gran diferencia con los Oxford y con los Derby es que es la hebilla la que une las cañetas. En un lado encontramos la hebilla y en el otro, el trozo de piel que se une a ésta. Los zapatos con hebilla son otro clásico que no puede faltar en ningún buen armario que presuma de tal. Podemos encontrarlo con una sólo hebilla o con una hebilla doble. Normalmente los zapatos de hebilla doble suelen ser más finos que los de hebilla sencilla aunque existen modelos como los savile de C&J que son de una gran belleza. Su uso aún siendo muy formal no lo es tanto como el clásico oxford; de ahí que calzarlos con un chaqué no sea correcto. El chaqué sigue siendo propiedad del oxford plain o de las botas Balmoral.

Un zapato con hebilla da una gran variedad a nuestro armario. Unos oxfords y unos derby pueden ser confundidos por el ojo inexperto. Esto no ocurre con unos monks. Su/s hebilla son un signo claro de identidad. Otra ventaja de los monks, que también gozan los modelos derby, es que suelen ser más cómodos que los oxfords. Su uso es particularmente agradecido por los caballeros de pie ancho o con un empeine pronunciado. Igualmente su cierre hace que nos olvidemos totalmente de comprobar si se nos han desatado los cordones. Si bien sobre el uso de los oxfords hay un acuerdo sobre su idoneidad para ser calzados en la mayoría de las ocasiones, no ocurre lo mismo con los monks. Pocos modelos clásicos de zapatos levantan tantas discrepancias entre los caballeros que gustan de vestir de forma clásica. No veremos al inglés más tradicional vistiendo estos zapatos. Esto tiene su justificación en el hecho de que el ancho del pantalón inglés es de generosas proporciones lo que puede producir que se enganche fácilmente en la hebilla y además que estropee la caída del pantalón. Si nos decantamos por este zapato deberemos escoger un corte más estrecho para nuestro pantalón. Estos pueden ser destinados también a un uso más sport. Por ejemplo un zapato de doble hebilla con algún dibujo en color vino pueden ser perfectos para vestirlos hasta con unos jeans. Con una bonita variedad de oxfords, derbys y monks tendremos sin lugar a dudas cubierto nuestro armario en lo que se refiere a nuestra vestimenta formal.

Para los que somos forofos de los zapatos seguramente estas opciones no nos hayan aportado nada nuevo al tener varios modelos de ellos en nuestro armario. Para éstos y para los que quieran ampliar su fondo de armario hay otros modelos que si bien podemos prescindir de ellos, tarde o temprano terminaran robando espacio a nuestro armario.

Los mocasines, también conocidos como loafers y en algún caso como slip on, deberían ayudar a completar nuestro shoe wardrobe. A pesar de que sea tristemente habitual en nuestro país ver hasta en los círculos más elitistas su uso con traje de chaqueta, los mocasines nunca se deben vestir con traje de chaqueta; sean el modelo que sean e independientemente de la casa que los fabrique. No hay cosa más decepcionante que observar a un caballero con un traje bien cortado vistiendo unos sidney o incluso unos sebagos classic. Sin embargo, su uso si es correcto en una vestimenta semi-formal. Por ejemplo, una chaqueta azul marina y unos pantalones grises admiten perfectamente unos Tassel. También se pueden vestir con pantalones sport o con unos vaqueros.
Hay mocasines italianos que bien merecen también un hueco en nuestro armario, sobre todo en la época de verano.

Uno de los caprichos que si podemos permitírnoslo debemos sucumbir a él, son las botas Balmoral. Este modelo vió la luz ya en el S XIX. La bota la diseñó el zapatero de la Reina Victoria con el fin de que fueran vestidas por el Príncipe Alberto en su castillo de Balmoral. Más tarde fue utilizado como zapato de trabajo tanto por hombres como por mujeres.

Estas botas son perfectas para ser calzadas en las épocas más frías y son ideales sobre todo con nuestro morning suit. Ya bien sea porque nos guste asistir al comienzo de las diferentes temporadas de la opera o porque solamos vestir black tie o white tie deberíamos tener en nuestro armario unas opera pumps. Igualmente, si somos de los que disfrutamos pasando tiempo en nuestra casa de campo o simplemente en casa deleitándonos o de un buen libro tendríamos que adquirir cuanto antes un par de elegantes slippers. Podríamos seguir hablando casi indefinidamente de todos los modelos que deberían estar en nuestro armario o que sencillamente nos gustaría algún día poder vestir pero, por esta vez, nos quedaremos con los aquí descritos, los cuales por otro lado nos dan una base muy sólida para poder afrontar con confianza cualquier atuendo y cualquier situación.

El Aristócrata

miércoles 11 de febrero de 2009

Encuesta sobre preferencias de estilo

domingo 1 de febrero de 2009

British Style vs Stile Italiano

Foto ampliable
Siempre he querido escribir sobre las diferencias a la hora de vestir entre los caballeros italianos y los británicos. Aunque seguramente todos tengamos en mente algunas fundamentales, cada día resulta más difícil encontrarlas debido tanto a la globalización de la moda como a la mezcla de ambos estilos imperantes en la actualidad.

Hoy nos podemos cruzar con un caballero por Via della Spiga con un traje cortado en Anderson & Sheppard de tres piezas en un azul oscuro y vistiendo unos Gatto de color. A pesar de esto, todavía existen unas diferencias básicas entre ambos estilos.

Desde ya y para evitar posteriores reproches quiero pedir excusas por la posible generalización de las diferencias que a continuación expondremos dejando claro que hoy más que nunca se hace difícil encontrarlas.

Antes de entrar en ellas debemos destacar que el denominado British Style tiene toda una historia detrás mientras que el denominado Stile Italiano es algo reciente. Con total confianza podemos afirmar que Nápoles sin Savile Row no hubiera alcanzado las cotas de calidad y perfección con las que hoy cuentan sus principales sastrerías. Con esto quiero decir que, por más que pese a algunos, el estilo italiano proviene directamente del estilo británico.

Los italianos han adaptado el estilo clásico inglés a los nuevos tiempos y lo han estilizado; y en muchos casos, hay que reconocer, que con gran acierto. Los italianos visten para parecer atractivos. Hay un grado de exhibicionismo propio en el caballero italiano. Éste busca que le miren; quiere ser el blanco de las miradas tanto de ellas como de ellos. Su objetivo es que el traje le favorezca lo máximo posible. El dandi italiano busca destacar sobre el resto. El traje, la camisa, los zapatos representan para el caballero italiano, como lo podría hacer el coche, un determinado estatus. Por el contrario, el caballero británico no busca el aspecto sexy del traje. El gentleman inglés prefiere limitarse a vestir dentro de los parámetros que han sido los considerados los correctos a lo largo de décadas. Los ingleses persiguen la más que famosa discreción británica. Esto se aprecia si cabe más cuando hablamos de vestimenta formal. El gentleman británico sabe cómo y cuándo vestir un esmoquin o un chaqué. No nos resultará fácil encontrar a un caballero inglés, por ejemplo, vistiendo un esmoquin a las 3 de la tarde o vistiéndolo con corbata. Como acertadamente apunta Bernhard Roetzel, la vestimenta inglesa no peca de individualismo; su objetivo es respetar las normas establecidas incluso por generaciones anteriores a ellas, siendo relativamente frecuente ver a caballeros ingleses vistiendo el traje de su padre o incluso de su abuelo.

Robert Gieve

Desde mi experiencia con ambos países creo poder afirmar que hay dos diferencias fundamentales en la vestimenta clásica de estos dos países: el uso del color y el talle de la ropa.

Para el británico el traje es de color oscuro, principalmente en sus diversas tonalidades de azules y grises. Si se tratase de un traje de raya diplomática, ésta siempre será fina y nunca llamativa. El caballero italiano arriesga más en la elección de los colores y en el dibujo del tejido siendo muy habitual, sobre todo en los últimos tiempos, rayas diplomáticas muy anchas y cuyo color sobresale visiblemente del color predominante.

Esta diferencia aplica también a la hora de la elección del tono de la camisa y de la corbata. Nuevamente el italiano es mucho más generoso en el uso de los mismos.

Un inglés se siente seguro vistiendo una camisa azul clara y una corbata azul oscura y no busca correr riesgos innecesarios.

El gentleman inglés puede llegar a ser tan discreto que de la sensación de ser aburrido y uniformado. El caballero italiano es mucho más individualista, pasa más horas frente a su armario pensando diversas combinaciones y no le preocupa correr riesgo por innovar o, llegado el caso, no le importa incluso equivocarse. Si nos cruzáramos por la calle con el típico caballero inglés y tuviéramos que recordar pasados dos días su atuendo, seguramente nos costaría trabajo al ser todo éste muy discreto. Sin embargo, la imagen del inconfundible caballero italiano con el que nos cruzamos hace ya varios días permanecerá en nuestro subconsciente incluso pasadas varias semanas.


Como hemos ya apuntado, el caballero inglés tiene muy claro lo que está bien y lo que no y le cuesta salirse de esas pautas. Su máxima preocupación siempre será el corte del traje. Por muy elegante que sea el traje que tiene en su armario si éste no tiene el corte perfecto para su figura nunca lo vestirá. La marca siempre es secundaria, pero por supuesto se da por hecho que ha salido por la puerta de alguna sastrería de Savile Row.


La segunda gran diferencia es la referente al talle de las prendas. El caballero italiano viste de forma excesivamente entallada. Da la sensación de que ha sido él quien ha entrado en la ropa; mientras que en el caso del gentleman inglés es la ropa quien debe entrar en él y no viceversa.

Hay caballeros italianos que parece que han comprado su traje en las rebajas de febrero y se han visto obligados a quedarse uno que es de una o dos tallas menor a la que verdaderamente le debería corresponder. Esto se observa tanto en el largo de los faldones de la chaqueta como en el de las mangas. De ahí que sea frecuente que al cerrarse la chaqueta se aprecie la famosa “X“ que nunca se verá a la chaqueta del caballero inglés.


La chaqueta del gentleman inglés preferirá faldones largos y sueltos sobre las caderas. El efecto de una chaqueta inglesa es bastante similar a la de un reloj de arena.

Esta misma pauta se observa en los pantalones. Al caballero inglés siempre le descansará sobre el zapato de forma generosa, mientras que el caballero italiano lo prefiere sensiblemente más corto. El ancho del pantalón también difiere. El gentleman inglés preferirá un ancho a la altura del zapato cercano a los 24cm mientras el italiano optará por 21cm o incluso menos. Igualmente el talle inglés es más alto que el italiano.


Aunque ahora los estilosos italianos también prefieren los tirantes para sujetar sus pantalones, en la indumentaria formal inglesa son un must.

Una diferencia que hoy en día sigue muy vigente es la que hace referencia a la vuelta en el pantalón. El gentleman inglés sigue prefiriendo, como preferían su padre y su abuelo, el pantalón sin vuelta. En cambio, el caballero italiano se decanta normalmente por la vuelta.

A parte de estas diferencias básicas podemos encontrar otras que en menor medida hacen que todavía hoy podamos hablar de dos estilos diferenciados.

El caballero italiano viste de forma más casual, más alegre, más relajada, más actual e incluso a veces más “desenfrenada”.

Para el gentleman inglés, lo actual no tiene por que diferir con lo que se consideraba actual en los años 50. Si observamos los trajes del Príncipe Carlos en su juventud o del mismo Sean Connery en su papel de James Bond podríamos afirmar que efectivamente siguen siendo hoy totalmente vestibles. Qué duda cabe que muchos nietos de los actuales caballeros italianos soltarán alguna sonrisa cuando vean las fotos de su abuelo en algún retrato de familia.

En los complementos también se aprecian diferencias. Aunque como pasa hoy con los tirantes, el stile italiano se decanta también por los gemelos. No obstante esto no siempre ha sido así en el país mediterráneo. Hasta hace relativamente bien poco, el caballero italiano ha preferido el puño de botones. Para el gentleman inglés sólo cabe la opción de las camisas de puño doble.

El pañuelo en la chaqueta es obligatorio en ambos casos. No obstante, difiere la forma de mostrarlo. El inglés nuevamente es más conservador; el italiano lo puede llegar a hacer el protagonista de su indumentaria o bien por la llamativa forma de exhibirlo o incluso por el gran porcentaje de él que puede llegar a mostrar.

La flor en el ojal de la chaqueta sigue siendo propiedad del caballero más británico.

Los tejidos usados por los sastres italianos suelen ser más finos y menos pesados que los británicos; algo por otro lado explicable si observamos las temperaturas de ambos países.

En los zapatos también encontramos claras diferencias. La horma del zapato inglés es más ancha, su puntera más redondeada. Suelen ser zapatos duros y pueden dar la sensación de ser a veces incluso algo bastos. Los zapatos italianos son más estilizados, con líneas más finas, de diseño refinado y dan la sensación final de ser más ligeros.


Hormas británicas frente a italinas

Ambos estilos se decantan por zapatos de cordones o en su defecto por zapatos con hebillas sin embargo, la elección del color en determinadas ocasiones les puede llegar a enfrentar. Para el caballero británico el color del zapato sigue siendo el negro. El italiano se decanta por vestir zapatos con alguna tonalidad y preferirá para el mismo color oscuro del traje del caballero británico un zapato marrón oscuro, algún burdeos oscuro o incluso un zapato de piel vuelta.
British Style vs Stile Italiano

El caballero inglés vestirá sombrero porque es lo correcto y así siempre lo ha visto en casa. Al igual que no se olvida de las llaves de su casa antes de abandonarla, tampoco se olvida de su sombrero. El caballero italiano, si viste sombrero, lo hará porque mejora el resultado final de su indumentaria. Sacará de su armario el sombrero que una vez comprobado frente al espejo su resultado le favorece. Hoy puede vestir sombrero y la semana que viene olvidarse totalmente que hacía una semana vestía uno. La chaqueta del caballero inglés será cruzada y si en su defecto se decantase por una sencilla vestirá chaleco. La chaqueta cruzada es también cada día más frecuente en el caballero más actual italiano. No así el chaleco, prenda que por otro lado y debido a las altas temperaturas está más que justificada su ausencia en Italia.
Simon y Richard Cundey de Henry Poole & Co.´s
Los bolsillos inclinados, aunque frecuentes ya en ambos países, tienen su origen en el Reino Unido. Estos facilitaban la introducción de objetos en los deportes ecuestres. Origen británico también tiene el tan actual doble bolsillo.

Según pasen los años veremos qué rumbo adoptan ambas corrientes aunque todo parece indicar que terminarán fusionándose y será entonces muy difícil seguir hablando del British Stile y del Stile Italinao como todavía hoy podemos hacer.

Si bien yo me sigo decantando por el estilo británico, seguramente la correcta mezcla de la elegancia británica y el estilo italiano sea la fórmula que mejores resultados pueda aportarnos.


El Aristócrata

Fotos: The Sartorialist, The London Lounge y El Caballero; manual de moda masculina clásica