domingo 11 de marzo de 2012

POR FIN: EL CLUB DE EL ARISTÓCRATA

Estimados Aristócratas,

Es todo un placer comunicaros dos noticias que estoy convencido marcarán un antes y un después en la vida de esta página.

La primera es la proyección de la película O´mast para todos los miembros de El Aristócrata el próximo día 28 de marzo . Durante dicha proyección podremos disfrutar del trabajo de los más afamados sastres napolitanos así como de una preciosa música. Aunque la película está grabada enteramente en italiano esta cuenta con subtítulos en inglés lo que facilitará la comprensión de la misma.

Concluida la película algunos de los más reputados sastres españoles comentarán las particularidades del a veces controvertido corte napolitano. Igualmente, podremos disfrutar, observar y tocar prendas confeccionadas en los talleres más reputados nacionales.

Una vez concluido el debate se procederá a la creación del Club de El Aristócrata.

Este Club, único en su categoría en España, emulando en cierta medida a los Clubs ingleses tendrá como objetivo el que sus miembros a través de reuniones periódicas compartan sus inquietudes por el buen vestir y por ese estilo de vida que siempre ha estado presente de una forma u otra en esta página.

Como explicaremos durante su presentación, es nuestra intención que, por ejemplo, personajes de relevancia mundial en este terreno se desplacen a Madrid para que nos den a conocer de primera mano su trabajo. No obstante, esto será solo el aperitivo de lo que el Club de El Aristócrata pretende abarcar ya que como os haremos saber durante la creación del mismo sus posibilidades son casi ilimitadas.

A todos aquellos que queráis compartir con nosotros estos dos importantes acontecimientos en la vida de www.elaristocrata.com os emplazaros para el próximo 28 de marzo a las 19:30 en la sede de la Asociación de Sastres de España, La Confianza, sito en la Calle Fuencarral 45 de Madrid.

Nos vemos allí.

El Aristócrata

domingo 12 de febrero de 2012

LA SASTRERÍA NAPOLITANA 3ª PARTE: ENTREVISTA CON ORAZIO LUCIANO

Queridos Aristócratas,

Para concluir esta serie de artículos dedicados a la sastrería napolitana hemos estado con una de las casas responsables de haber elevado esta sastrería a cotas de calidad y estilo insospechadas.

La sastrería La Vera Sartoria Napoletana de Orazio Luciano es sin lugar a dudas uno de los más claros exponentes de lo que hoy se denomina coloquialmente estilo napolitano. A través de esta entrevista, su hijo Pino Luciano comparte con nosotros los comienzos de su padre así como nos cuenta el concepto que de la palabra “estilo” tiene La Vera Sartoria Napoletana. Todo esto sin olvidar profundizar en las características que han hecho mundialmente conocido y deseado al traje de chaqueta napolitano.

Para los lectores que en otras ocasiones nos han mostrado su malestar con las entrevistas publicadas en la lengua original de los entrevistados hemos traducido la misma al español. Sin embargo, para aquellos otros que quieran sacar todo el sentido de la misma también hemos decidido publicarla en italiano.

Antes de que empecéis con su lectura quiero agradecer la traducción desinteresada del texto a D. Elio Vélez. Igualmente, quiero reconocer el esfuerzo de D. Francisco Holzer por haber hecho posible esta entrevista.

Espero que la disfrutéis.

Responde Pino Luciano, encargado de Luciano SRL junto con su padre Orazio:

1. ¿Podría contarnos algunos antecedentes sobre la historia de Luciano, y comentarnos un poco sobre su experiencia como sastre a lo largo de todos estos años?
La nuestra es una empresa que nace de una pasión. La pasión de mi padre Orazio, quien desde pequeño se fascinó por la sastrería del abuelo, por el olor de las telas, por las jornadas laboriosas del taller y allí comienza a soñar.

En la década de 1950 inicia su aprendizaje en sastrería hasta que creó un pequeño taller y, luego, una auténtica fábrica propia en la década de 1950. Fue durante esos años que juntos hemos trabajado para convertirnos en los embajadores de la moda napolitana en el mundo, al mismo tiempo que hemos creado una red comercial moderna e internacional.

Hoy la empresa confirma su decisión por este trabajo, propone colecciones de altísima calidad al mismo tiempo que ofrece un producto excelente en el modelado, en los tejidos y en la confección. Ofrece, pues, un servicio de calidad previo y posterior a la venta. Detrás de este suceso está sobretodo la dedicación y el empeño de personas sencillas, enamoradas de su propio trabajo.

Orazio Luciano La Vera Sartoria Napoletana es hoy una marca que significa tradición; pero también, innovación. Los procesos que conducen a la realización de una prenda de calidad son múltiples y sofisticados, dirigidos con profesionalismo por cerca de 30 colaboradores.

El corte hecho a mano, la selección de los revestimientos, el planchado realizado primero con la prensa y, luego, con la plancha caliente y un trapo húmedo según la tradición artesanal. El resultado es una prenda de manufactura excelsa con las típicas mangas a mappina, los acabados con hilo y aguja, los interiores suaves.

2. ¿Qué hace tan especial un traje de Orazio?
Seguramente su suavidad. El secreto de nuestras prendas está, como es sabido, en la construcción de la chaqueta, desestructurada, como lo requiere la tradición napolitana. Con solo tocarla se siente que se trata de una prenda hecha a mano, con puntos de costura delicados y flexibles, los cuales hacen a la prenda más confortable. Además están las mangas a mappina y el típico ojal con forma de pipa que vuelve a cada prenda reconocible.

Las reglas sartoriales son seguidas atentamente por la firma, la cual produce trajes cocidos a mano con maestría y experiencia, con hilos de prima calidad. Fantasías clásicas y, obviamente, acabados sartoriales.

3. ¿Cuáles son las principales diferencias entre un traje de Savile Row y uno de Orazio?
Las prendas de Savile Row las podemos definir como de un estilo construido, pesado, a decir “artificial”. Están lejos de un modelado moderno como el nuestro, que desea vestir a un hombre amante de la elegancia, pero que no desea parecer formal y recargado por el traje.

4. ¿A quiénes considera los mejores sastres del mundo?
La sastrería napolitana es ciertamente la mejor del mundo y, además, podemos decir que nosotros estamos entre los mejores de dicho ámbito. Esto porque preservamos de la mejor manera la tradición napolitana no solo en la práctica, sino también en los valores

Para contar nuestra historia y el suceso de la sastrería napolitana hemos publicado el libro Una vita un misura, donde se comprende cómo la sastrería es una escuela de instrucción de la misma manera que lo fue para mí.

El sacrificio, la determinación, la seriedad, el profesionalismo y también la pasión infinita por la elegancia, por las telas, por los detalles. Esto porque, no obstante la tecnología, el tiempo corre siempre más veloz y nosotros tenemos la sensación de que hay valores que son firmes porque forman parte del ser humano.

5. ¿Cuáles son los factores claves que mejor definen el estilo napolitano?
En el pasado pero también en la actualidad, quien viste una chaqueta napolitana se reconoce desde lejos, porque se nota cómo la prenda se ha adaptado al cuerpo con naturaleza, casi como una segunda piel. La ligereza es su característica principal y quien puede hacer la prenda suave resulta celebrado por los entendedores.

Mi padre Orazio observa el taller cada día para garantizar el respeto de este regla fundamental en todas las delicadas fases de elaboración. Aún hoy tiene consigo su viejo dedal como recuerdo de sus orígenes y como amuleto de la suerte en nuestra aventura internacional, en la cual nos sentimos embajadores de la elegancia napolitana para el mundo.

6. ¿Cuál es su opinión sobre la manera de vestir de los caballeros españoles? ¿Qué piensa que deberían mejorar? ¿Cuál es su opinión, hablando con franqueza, sobre el trabajo de nuestros sastres?
Se trata de escuelas de producción diferentes. La escuela napolitana está entre las más conocidas del mundo porque ha sabido combinar el concepto de elegancia con el de comodidad.
La atención de las exigencias del cliente y el cuidado por los detalles son seguramente el secreto di toda escuela sartorial de éxito.

7. ¿Quiénes son o han sido los caballeros más elegantes en la historia del vestido?
Considero a Agnelli como uno de los hombres más elegantes de todos los tiempos. Su estilo inconfundible ha sido admirado en Italia y el mundo. En la escena actual, en cambio, diría que Luca Cordero di Montezemolo ha heredado su estilo. Se trata de hombres que han unido al éxito personal un atractivo de elegancia y encanto innatos.

8. ¿Cómo describiría la palabra estilo?
No podría darle una definición simple. Puedo decir, en cambio, que se trata de un modo de ser. No basta un traje bello o la justa combinación de colores, tener estilo significa tener carácter, personalidad. Nacemos con él o no…
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Risponde Pino Luciano, a capo della Luciano srl con suo padre Orazio

1. Can you give us some background about Luciano history and a little bit about your tailor work experience all these years?

La nostra è un’azienda che nasce da una passione. La passione di mio padre Orazio che da piccolo resta affascinato dalla sartoria del nonno, dall’odore delle stoffe, dalle giornate operose del laboratorio e lì inizia a sognare. Negli anni ’50 inizia la sua gavetta in sartoria fino a creare un piccolo laboratorio e poi una vera e propria azienda negli anni ’90. È stato in quegli anni che, insieme, ci siamo adoperati per divenire ambasciatori della moda napoletana nel mondo, creando una rete commerciale moderna e internazionale.

Oggi l’azienda conferma la sua dedizione per questo lavoro, propone collezioni di altissima qualità offrendo un prodotto eccellente nella modellistica, nei tessuti, nella lavorazione ma anche un servizio di qualità pre e postvendita. Dietro questo successo c’è soprattutto la dedizione e l’impegno di persone semplici innamorate del proprio lavoro.

Orazio Luciano La Vera Sartoria Napoletana è oggi un marchio che significa tradizione ma anche innovazione. I processi che conducono alla realizzazione di un capo di qualità sono molteplici e sofisticati, gestiti con professionalità da circa 30 collaboratori.


Il taglio fatto a mano, la selezione delle fodere, la stiratura eseguita prima con le presse, poi con ferro caldo e panno umido secondo la tradizione artigianale. Ne viene fuori un capo dalla manifattura eccelsa con le tipiche maniche a mappina, le rifiniture con ago e filo, gli interni morbidissimi.



2. What makes so especial an Orazio suit?
Sicuramente la sua morbidezza. Il segreto dei nostri capi è, come noto, nella costruzione della giacca, destrutturata, come richiede la tradizione napoletana. Già toccandolo si sente che si tratta di un capo realizzato a mano, con punti di cucitura delicati e flessibili, che redono il capo sempre confortevole. E poi ci sono la manica a mappina e la tipica asoletta a pipa che rendono ogni capo riconoscibile.

Le regole sartoriali sono seguite attentamente dall’azienda, che produce abiti cuciti a mano con maestria ed esperienza con filati di prima scelta. Fantasie classiche e ovviamente rifiniture sartoriali.

3. What are the main different from a Savile Row suit and an Orazio one?

I capi di Savile Row possiamo definirli dallo stile costruito, pesante, “artificiale” dire. Sono lontani da una modellistica moderna come la nostra, che vuole vestire un uomo che ama l’eleganza ma non vuole apparire troppo “formale” e appesantito dall’abito.



4. Who do you consider to be the best tailors in the World?
La sartoria napoletana è certamente la migliore al mondo e noi possiamo dirci tra i migliori sul campo, perché preserviamo al meglio la tradizione partenopea, non solo nella pratica ma anche nei valori.

Per raccontare la nostra storia e il successo della sartoria napoletana abbiamo anche prodotto il libro: “Una vita un misura”, in cui si comprende come la sartoria sia una scuola di insegnamento, proprio come lo è stato per me.


Il sacrificio, la determinazione, la serietà, la professionalità e poi la passione infinita per l’eleganza, per le stoffe, per i dettagli. Questo perché, nonostante la tecnologia, il tempo che corre sempre più veloce, abbiamo la sensazione che ci sono valori che restano fermi perché fanno parte dell’essere umano.

5. What are the key factors that better define the Neapolitan style?
In passato ma anche oggi chi veste una giacca napoletana si riconosce già da lontano, perchè si nota come il capo sia adagiato al corpo con naturalezza, quasi come una seconda pelle. La leggerezza è la sua caratteristica principale e chi riesce a rendere il capo morbido e fine viene celebrato dagli intenditori.


Mio padre Orazio segue il laboratorio ogni giorno per garantire il rispetto di questa regola fondamentale in tutte le delicate fasi di lavorazione.

Ancora oggi ha sempre con sé il suo vecchio ditale come ricordo delle sue origini e come portafortuna in questa nostra avventura internazionale in cui ci sentiamo ambasciatori dell’eleganza napoletana nel mondo.



6. What is your opinion about the way Spanish gentlemen dress? What do you think should be improved? What is your opinion, frankly speaking, about our tailors work?

Si tratta di scuole di produzione differenti. La scuola napoletana è tra le più note al mondo perché è riuscita ad unire al concetto di eleganza quello di comodità.


L’attenzione alle esigenze del cliente e la cura dei dettagli sono sicuramente il segreto di ogni scuola sartoriale di successo.

7. Who are or have been the most elegant gentlemen in men dress history?
Ritengo Agnelli uno degli uomini più eleganti di tutti i tempi. Il suo inconfondibile stile è stato ammirato in Italia e nel mondo. Nel panorama odierno, invece, direi Luca Cordero di Montezemolo che ha ereditato il suo stile. Si tratta di uomini che hanno unito al successo personale un allure di eleganza e charme innati.



8. How would you describe the word “style”?
Non potrei darne una semplice definizione, posso dire invece che si tratta di un modo d’essere. Non basta un bell’abito o il giusto abbinamento di colori, avere stile significa avere carattere, personalità. Ci si nasce o nulla…

Espero que os haya gustado.

El Aristócrata

sábado 4 de febrero de 2012

D. JOSÉ LUIS IGLESIAS; OTRO MAESTRO QUE SE DESPIDE


Estimados Aristócratas,

Un paréntesis en nuestra serie de artículos sobre la sastrería napolitana para hacernos eco de la triste noticia del cierre definitivo de la centenaria sastrería gallega Iglesias.

Aunque ya lo adelantó el sastre D. José Luis Iglesias al diario regional “La Voz de Galicia” hoy su homólogo nacional “El Mundo” lo ha confirmado definitivamente.

Por ello hemos querido en modo de tributo hacernos eco de ambos artículos y mandar desde estas páginas un gran abrazo en forma de agradecimiento y respecto a quien con su gran amor a esta profesión ha ayudado a situar a la sastrería española en un altísimo nivel.

D. José Luis Iglesias Rodríguez heredó el negocio que su bisabuelo, también sastre, inauguró en 1864 y desgraciadamente ha llegado el día en que su jubilación anuncia que después de cuarenta y cinco años dedicados a esta apasionante profesión se retira a descansar.
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“La Voz de Galicia”:La tienda más antigua de A Coruña, con permiso de la farmacia Villar, cerrará sus puertas definitivamente a finales de febrero.

José Luis Iglesias Rodríguez, bisnieto del fundador de la Sastrería Iglesias, considera que llegó el momento de la jubilación y, además, decidió donar los tesoros que conserva este singular establecimiento fundado en 1864, ¡hace 147 años! Es la más antigua de España.

«Hace nueve años que mi mujer me pregunta ??¿cuándo piensas jubilarte???. Le fui contestando ??el año que viene??, pero ahora resulta que mi esposa hace cuatro días que se jubiló. Esto cambia las cosas, y además paso de los 65 años, llevo 45 trabajando, y 41 cotizados», argumenta José Luis desde la centenaria sastrería-museo de Riego de Agua que hace tres años fue distinguida por la Real Academia de Bellas Artes.

«Quiero ser un jubilado feliz porque durante toda mi vida he sido consecuente conmigo mismo, como me enseñó mi padre». Pondrá así fin a más de siglo y medio de una historia que comenzó su bisabuelo cuando se vino a hacer la mili a A Coruña y lo convencieron para que montase una sastrería tras demostrar en el ejército su habilidad con las tijeras.

No regresó a su Lalín natal y empezó la leyenda. El local quedará vacío en semanas, pero ¿qué hacer con las maquinas históricas con las que se elaboraron guerreras, levitas o chaquetas? ¿Dónde guardar el libro de contabilidad de 1901? ¿En qué lugar conservar los patrones? José Luis lo tiene claro. «Los voy a donar».

«El día que me muera es posible que tiren con todo. Para mí este trabajo fue una pasión y no quiero arriesgar», apunta. Recibió la visita de Moncho Núñez, director del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, en el que pronto se mostrarán dos máquinas de comienzos de los años veinte, «una Gutmann para hacer ojales que está perfecta, hasta con la documentación y los planos, y otra Maimin de corte vertical, para cortar bloques de muchas telas», destaca Núñez.

José Luis está en contacto con la Concejalía de Cultura y el Museo Militar para ubicar los otros fondos. «La gente me aconsejó que subastase por Internet, pero yo he vivido de vender trabajos, no de vender una plancha auténtica», sentencia.
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“El Mundo”:Con casi 150 años de historia a sus espaldas y un "saber hacer" que ha vestido a varias generaciones, la sastrería Iglesias, "la más antigua de España" según su propietario, cierra sus puertas. Este templo referente de la moda ubicado en el centro de A Coruña y fundado en 1864 no encuentra relevo generacional.

Se despide con nostalgia de tiempos mejores y en un acto de valentía cede sus tesoros al Ayuntamiento y al Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (Muncyt). La artesanía como forma de vida cobra sentido entre las paredes centenarias de este local. "Nosotros hacemos diseño", explica José Luis Iglesias, último descendiente de una saga familiar que hoy es ya una leyenda.


El germen fue su bisabuelo, "un sastre de Lalín que iba de casa en casa con la máquina de la cabeza a cambio de manutención". Llegó destinado a A Coruña para hacer el servicio militar, comenzó cosiendo uniformes que se convirtieron en producto estrella de una sastrería establecida en el corazón viejo de la urbe. A su muerte dejó un capital de 50.000 pesetas de la época y tres viviendas.

El negocio era ya imparable en un momento donde "sólo había tres o cuatro sastres en España de su categoría". Lo sucede el abuelo del actual regente, que vivió el gran momento de esplendor en los años 20. Por entonces, la sastrería daba trabajo a una veintena de personas y tenía delegaciones a lo largo de la geografía española, además de una escuela de formación.

Polifacético, disciplinado e inquieto, Iglesias admite que "en el año 58 este país me caía espantosamente gordo". Emigró a París y en 1972 regresó a España. Entonces decide tomar las riendas de la sastrería y relevar a su padre en la firma."Me das una alegría", me dijo. "Me pude haber quedado en Francia pero me gustan los retos", subraya.

Los sucesores del fundador trataron de mantener el principio de equilibrio que marcó su legado a pesar de los momentos difíciles y de las crisis como la de los 70 "que fue muy gorda y obligó a apretar costes". Además, la especialidad en confección de trajes militares fue un "hándicap" negativo que obligó a José Luis a renovarse y ampliar público tras la muerte de su padre. "Aquí no hay publicidad, pero aún así yo al Corte Inglés le gané clientes", admite.


Lleva 22 años trabajando sólo en su taller. "La sastrería se ha ido porque no hay quien trabaje. El oficio de sastre ha desaparecido", cuenta con resignación. "En Galicia y en el norte había sastres muy buenos, incluso muchos que no tenían establecimiento propio", recuerda.

Cada uno de sus trajes, que aún sigue cosiendo, cuesta 2.400 euros. En su elaboración José Luis invierte 12 días de trabajo en los que cuida los detalles al máximo. Las telas de la mejor calidad proceden de Reino Unido y Cataluña.

El diseño racionalista de la sastrería, que conserva su aspecto original, le valió un reconocimiento de la Real Academia de Bellas Artes. El local no es propio y aunque se ha planteado la posibilidad de convertirlo en museo nadie se quiere hacer cargo económicamente.

Al Archivo Histórico del Ayuntamiento le ha cedido una selección de litografías, láminas y patrones. La sastrería guarda patrones personalizados de todos sus clientes. La parte trasera del viejo inmueble esconde un taller con largas mesas donde un día cosían sin descanso sus empleados, hoy vacías. Allí sobreviven una máquina Guttman americana de hacer ojales de 1918, una Singer de la misma época o una Maimin de corte vertical que donará al Muncyt, pendiente de apertura en A Coruña.

El maestro muestra orgulloso el libro de la 'Minister´s Cutting Academy' de Londres, la academia de referencia en el arte de la sastrería donde se formó su padre, y que conserva como "la biblia" del oficio. En el escritorio, donde su abuelo cuadraba las cuentas del negocio, guarda reliquias inverosímiles como los negativos de los anuncios de publicidad que la sastrería proyectaba en los cines de Galicia. "Mi abuelo era fuerza viva en A Coruña", admite orgulloso señalando una instantánea de su antepasado en la inauguración del tranvía de Sada.


Un busto de 1872 de cartón piedra observa fijamente al visitante. Es la parte desmembrada de un maniquí que fue guardia civil, cabo o general para mostrar las confecciones del taller. Un establecimiento elevado ya a la categoría de institución y que marcó un hito de elegancia y clase en la vestimenta de aquellos caballeros del siglo XX.
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He de reconocer que tras la lectura nuevamente de ambos reportajes me ha entrado un poco de morriña y he vuelto a ojear la obra maestra de Herrera- Hervas “Exacto, técnica de costura” donde a final del mismo se apunta:

“EN EL PROBADOR: Además de probar, use el probador para hablar y convencer al cliente de la necesidad social de vestir bien. Háblele de nuevos tejidos, Detállele cuidadosamente los puntos esenciales del traje que estén bien hechos. Usted hace bien las cosas pero, ¿las ve el cliente? ¿Disfruta el cliente igual que usted de la bondad de su corte? No le importe decírselo, que él note la diferencia de su trabajo cuidado, a otro que no lo es; que comprenda la dificultad de su artesano oficio y de esta forma valore su trabajo.”

Descanse de ese más que merecido descanso Maestro Iglesias.

El Aristócrata

sábado 21 de enero de 2012

La Sastrería Napolitana 2ª parte


Estimados Aristócratas,

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Por ello como continuación a nuestro artículo sobre la sastrería Napolitana me gustaría compartir con vosotros un video avance de la película O´mast.

¡Son solo cinco minutos pero todos ellos de puro disfrute!.

Feliz fin de semana.



El Aristócrata

martes 17 de enero de 2012

EL CONCEPTO DE ELEGANCIA Y ESTILO DE FRED ASTAIRE


Estimados Aristócratas,

Mientras preparo el nuevo artículo quería compartir con vosotros una entrevista que le hizo GQ al gran Fred Astaire en el año 1957 donde habla sobre su concepto de elegancia y las modas que se imponían por aquel entonces.

Fred Astaire ha sido la prueba fehaciente de que no es necesario contar con un físico privilegiado para destacar sobre aquellos caballeros mucho más aventajados.
Espero que la disfrutéis:

"I know that once in awhile I've been on lists of best-dressed men," says Fred Astaire, the famous star of stage and screen, "but it always comes as a surprise to me. I never think of myself as spic and span or all duded out—just as someone who wants to be comfortable and satisfy his own taste."

Sitting his cool living-room above Beverly Hills, surrounded by its muted shades of green and gray, Astaire looks the part. He is dressed in a light pink shirt, tieless, with tan cotton slacks, gray-figured wool socks and dark brown suede shoes. A small gold "bit" pin holds the throat of his shirt together."

"Of course," he says, "in my business you have to dress for the role. At home, I dress for myself."

Astaire likes to think of himself as a conservative, inconspicuous dresser. He has his own ideas on what men should wear. He always has suits custom-tailored. Once he had it done in London, but now nearly all of them are worked up in a Beverly Hills shop at about $250 a copy. "As a kid," he recalled, "I used to abide by the judgment of Brooks Brothers in New York. I think I'm away from that now."

Roughly reckoned, his wardrobe consists of two dress suits (rarely sued except in movies), a couple of dinner jackets, both double-breasted (with a single-breasted on "on the way"), and about 20 other suits. "I gave away about a half dozen the other day," he says. "I hate to see them hanging in the closet, unused." Added to this he has perhaps a dozen sport coats and a variety of gay flannel trousers and cotton slacks—"a couple of dozen leisure combinations."

"I'm fairly careful about the tailoring," he says, "I usually take my suits back to the shop at least half a dozen times—too much shoulder or too loose or too tight. What I dislike is wearing a lot of material." He meditates for a moment. "I don't see any reason to carry all that extra cloth about," he adds.

If has any preferences for a cloth, Astaire says that it is for a light silky cashmere of vicuna. "There's nothing that makes me feel quite as well as a light overcoat of dark blue vicuna," he says.

His standard of taste in dressing is simple. "I just don't like a suit to stand out. I don't want someone looking twice at me and saying in an incredulous tone: 'What was that?'"
Astaire does not care for the new Ivy League look. "I simply don't understand it," he says. "It may look well on some people, young ones, but it's terrible on me." He believes that his measure of male dress is basically British. "You have to give them credit. They have been very stable in their designing and tailoring. They hardly ever change."

One of the present-day fashions that roils him is the prejudice against the double-breasted suit. "It's incredible how they have maligned that garment," Astaire declares. "Abroad, you will see three or four double-breasted suits to one single-breasted." For instance, he points out, he prefers the double-breasted dinner jacket—"for one thing, you don't have to wear a vest or that hideous invention, the cummerbund. And I can't comprehend red evening ties or fluffy shirt fronts or that sort of thing."

In suitings, he prefers the sober colors such as dark blue, dark gray, and dark brown—"the only light color I like is light gray." He is also partial to stripes but he wants them at least an inch or an inch-and-a-half apart. "That's distinctly British," he says. "We go away from or toward them in styles, but we always seem to basically revolve around their ideas."

Astaire is willing to confess that the East and the West are twain in fashion and have difficulty meeting on a common ground. "In Hollywood," he says, "you have big hats, long coats, brighter colors, insane combinations, and shirts that stick out over the pants. This has spread to the East but not yet, thank God, to the British."

One of his horrors is the present condition of the male suit coat. He feels that this is the outstanding mistake that most men make in their appearance. "The coat should be just long enough to cover the rear," he states. "The way most of them are today, they nearly reach the knees. I put on one belonging to a friend about my size the other day and I swear it came down to my knees."

Astaire admits that he has been told he has a good figure for fitting. He is inclined to be doubtful about it. "I don't think I look too well in suits," he says. "I'm really quite sloppy—casual, you know. I dress for myself and to feel relaxed." To this end, he possesses a couple of tweed coats in a small pattern of herringbone and one coat with a small gray-and-red plaid.

On tailoring, he feels that all coats should have the British side-vents—"quite deep, about seven inches." He favors two-button jackets, although he used to be an addict of three-buttoners at the age of 20. "I only button one," he says, "and I think it looks better that way." His trousers are cuffed and inclined to be a little shorter than most—"I don't want them slopping over onto my shoes.

Astaire often returns to his outspoken dislike of the present rage for "Ivy League" tailoring. "The unpadded shoulders, the three-buttoned long and boxy coat, the too-short, thin pants, and the thin ties with striped buttoned shirts in dark colors—well, I suppose this may go very well with some personalities but it's not for me. To me, all such look like TV producers. Maybe they want to." It seems amusing to Astaire to recall that when he was young such "outlandish" getups would have dubbed the wearers as "sissies"—but today the most extreme rigs of clothes are worn by the toughest gangs.

As for his shirts—they cost him from $12 to $25—he sometimes has them custom-made but usually picks them up from the counter. Except for full dress, he likes a soft shirt front, and light colors in the pink, blue, and tan range. "Once in a long while I'll buy a striped shirt," he adds.

He prefers a well-made buttoned cuff to French cuffs. In fact he never uses cufflinks except for formal dress, when he generally wears ruby-and-diamond studs and links or sapphire-and-diamond combinations. His daily jewelry is severely limited to a single gold-seal ring and the simples tie accessories.

He has what seems to him to be a "thousand ties" but in reality only between 50 and 100. He likes a full tie, not the narrow ones. "I always like to use the Windsor knot," he says. As for the collars, he dislikes the tab and prefers the button-down and the wide-spread collar— braced by staves. "Once I used to wear bow ties," he says somewhat wistfully, "with polka-dots, too, and enjoyed it, but I've got away from that." He explains his aversion for the narrow tie with a smile: "I'm narrow enough myself, too narrow." He points out that thinness seems to destroy an essential quality of dress, its style, by misuse in ties or lapels. "Look at the thin rolled lapels with the double-breasted suits—they are atrocities."
In his own ties, he prefers a dark color and a very small pattern. He has only a couple of striped ties, emblematic of the clubs to which he belongs.

In the shoe department, Astaire possesses perhaps 50 pairs of professional dancing shoes and more than 20 pairs of his own. "It's really very economical to have that many," he asserts. "I have shoes today that are as good as when I bought them 20 years ago—and I assure you I have worn them many times." A few pairs are slightly large for his feet and Astaire wears two pairs of wool socks with them when he goes walking. All his shoes are custom-made in London.

As for style and color, he prefers suede as a material and the loafer design. Most of his shoes, exclusive of the formal ones, are dark brown. "I don't have any evening pumps any more," he says. "I used to wear them 'way back. Now they're out of style. They were fun to wear but I don't see any chance of them coming back."

"It's rather hard for me to judge the way I look," Astaire sighs. He has been critical of his appearance on the screen for so long—"I think my pants were a bit too short in my last picture"—that he thinks he has little standing in the clique of clothes vanity. For instance, he denies the canard that he blocks his own hats—"but I do stretch them a little." He has a stretcher at home and, often finding that a size seven hat fits him better than the usual 7 1/8, he buys it and stretches it. "I suppose I really take a size 7 and 1/6," he remarks.

In hats, Astaire regrets the fact that he cannot wear a homburg. "I've always wanted to but never could," he asserts. He likes low crowns and fairly narrow brims (about 2 1/8 inches because "an eighth of an inch can make a lot of difference in a brim"). The hat band should be of normal width—"no wide ones, no high crowns, no wide brims." He wears them with an ordinary crease and abhors such developments as porkpies.

Handkerchiefs should be flipped out and folded into the pocket with an appearance of casualness, Astaire thinks. He does not like the square or folded style, nor the puff type that he describes "like a range of the Andes." Once, on a TV show, Ed Sullivan came to him and begged him to put his coat kerchief in properly. Astaire obliged. "I think it set a new standard for Ed," he said. "At least he was still wearing it that way when he appeared weeks later on the show.'

In the way of belts, Astaire likes to use silk handkerchiefs—purely for utilitarian purposes rather than theatrical. He has a 31-inch waist and loses pounds when he is dancing. The resilient silk allows him to draw his pants right. "I used to use old neckties for the same purpose but the handkerchiefs are better." At home he will use a belt, usually shoving the buckle to one side, "simply to get it out of the way."

In all these items, Astaire sticks rigidly to his formula of inconspicuous color and exquisite cut.

In his socks, Astaire allows himself a little leeway. He likes wool in preference to silk and cotton and never wears garters except, of course, when he is working in pictures. He is not too taken with synthetic fabrics of any kind. He is fond of some sort of pattern on his socks, based on a subdued background.

He dislikes shorts of any kind in publics. He prefers double-breasted overcoats. He thinks that his fondness for not wearing ties may have been a sin in the past—"once I was tossed out of a place, I think on Catalina, for not wearing a tie. Nowadays they furnish you some hideous one to appease the other diners."

Although he has several fur overcoats he never wears them—and he abhors fur trim of any kind. As for mohair or silk for dinner jackets, bright-colored or metallic-threaded coats—"good God, no! It hurts me to think about them." He points out that the trend to velvet cuffs and collars is a reprise of Edwardian styles and that he believes it will be ephemeral. He sees fancy vests in a short revival but believes they will subside and go away if no one looks. On the other hand, he is very fond of cardigan sweaters of all types.

Asked about the so-called Calypso influence in sportswear, Astaire replied cheerily: "I sincerely trust that there is none whatsoever." As to the clothes in which he spends most of his time, Astaire pointed out that possibly these were his "sweat clothes," the slacks and sweaters in which he originates, practices, rehearses, and teaches his dances. "I must have dozens of these combinations," he adds, "but this is purely a necessary professional dress."

His own preference for wear would be the ageless, conservative suiting, fabric, and color, complemented with shirt and tie each in its own distinctive small pattern or low-keyed color. The Astaire creed of dress is: "Be yourself—but don't be conspicuous."

El Aristócrata

domingo 18 de diciembre de 2011

LA SASTRERÍA NAPOLITANA

A lo largo de los años habéis sido muchos los que de manera abierta o a través de peticiones privadas reclamabais que se escribiera un artículo sobre la sastrería italiana y más concretamente sobre la sastrería Napolitana.

Antes de entrar en profundidad a hablar de este tipo de sastrería es importante tener en cuenta que la sastrería Napolitana ya no es exclusiva de los sastres Napolitanos y que hoy al ser este estilo muy demandado sastres de otras ciudades, e incluso de otros países, practican también la técnica utilizada por los sastres napolitanos.

Por ello, aunque todos podamos tener en mente una serie de diferencias básicas entre, por ejemplo, el estilo inglés e italiano es importante recordar que no siempre ciertas características son exclusivas de uno u otro corte. Es más, lo que hoy mucha gente denomina de forma genérica corte italiano no siempre coincide con el tipo de corte de ciudades como Milán o Roma.

Igualmente, es importante no olvidar que en Nápoles e incluso en Roma hay tantos estilos como sastres existen y generalizar como hoy se hace sobre el corte napolitano, milanés o romano es dejar de lado muchas consideraciones.

Y para terminar estas notas introductorias también hay que tener en cuenta que el trabajo del sastre evoluciona en el tiempo y que una chaqueta cosida hace quince años por, por ejemplo, Rubicciani diferirá bastante de la última chaqueta que abandonó su sastrería.



La sastrería alemana y francesa


Dicho todo esto, también es importante recordar a los más fervientes seguidores de la sastrería napolitana que al igual que en todos los países hay caballeros que cuidan con gran esmero su vestimenta también hay buenos sastres en prácticamente la totalidad de los países de la vieja Europa.

Y quien no esté de acuerdo con esta afirmación le recomiendo que profundice en los requisitos y los años de experiencia que se exigen en Alemania para poder poner en la puerta de una sastrería las palabras Maestro Sastre.

Mención aparte requiere Francia. No deja de ser curioso observar como en Francia, país que todavía ocupa la cúspide de la alta costura femenina, cada día resulta más difícil encontrar caballeros que vistan elegantemente de traje. Y eso que no hay que olvidar que en Paris en un tiempo atrás se establecieron muchos de los sastres y camiseros ingleses e italianos más reputados.

Los mismos Henry Poole, Caraceni y Cifonelli y Hilditch & Key, abrieron todos en Paris aunque hoy excepto la casa italiana Cifonelli y el inigualable también italiano Camps De Luca ya nadie queda en Paris y los italianos, y la mayoría también de los ingleses, que fueron un día a Francia volvieron a su país sencillamente porque los caballeros franceses no demandaban ya sus servicios.




Y todo ello sin olvidar que en Francia los caballeros llegaron a vestir francamente bien como atestigua la elegancia de actores de la talla Noiret, Belmondo o Gabin.

Dicho todo esto, es de justicia admitir que hoy son el Reino Unido e Italia los dos países referentes a la hora de vestir.

El denominado British Style tiene toda una historia detrás mientras que el denominado Stile Italiano es algo reciente. Con total confianza podemos afirmar que Nápoles sin Savile Row no hubiera alcanzado las cotas de calidad y perfección con las que hoy cuentan sus principales sastrerías.

Como ya dijimos en aquel artículo donde comparábamos el British Style con el Stile Italiano es de justicia admitir que si hoy hay una forma de vestir que traspasa fronteras esa es la italiana. Sin embargo, tampoco nadie debería dejar de admitir que si el estilo italiano y concretamente la sastrería napolitana ha alcanzado tales niveles de perfección es porque tenía donde fijarse y a partir de ahí crear ese estilo tan particular.




El por qué de Nápoles y Londres

Puede parecer lógico que la mayoría de los hombres mejor vestidos del Reino Unido se concentren en Londres. El poder económico de la capital inglesa así como el aglutinar muchos bancos tanto nacionales como extranjeros, despachos de abogados, sedes de multinacionales, auditoras, consultoras y otros lugares donde se cuida con especial esmero la forma de vestir ha hecho que desde hace dos siglos los más reputadas sastrerías y camiserías abrieran allí sus puertas.

Sin embargo, algo que llama poderosamente la atención es el hecho de que independientemente de que ciudades como Milán o Turín hayan sido el centro financiero de Italia, sea precisamente una ciudad de poco más de un millón de habitantes la que mejor haya sabido guardar la tradición. Nápoles es hoy el referente del buen vestir y la Meca a la que acuden los caballeros más elegantes del mundo en busca de ese corte tan característico.

Quizás el principal motivo de todo esto sea el hecho de que en Nápoles la tradición tenga, en todos los aspectos de su sociedad, mucha importancia. Solo como ejemplo apuntar que la gran mayoría de los caballeros napolitanos no entendería acudir a cenar a uno de esos lugares fashion que tanto abundan en las ciudades europeas y prefieran acudir a las Trattorias de toda la vida.




No deja de ser igualmente curioso el que en Nápoles la camisería a medida esté más extendida que en cualquier otro sitio en el mundo y sus propios habitantes elijan acudir a la camisería a medida y no al RTW a la hora de comprar sus camisas. La camisería a medida está tan extendida en Nápoles que sus precios son francamente competitivos de compararse con los de las principales ciudades europeas.

Es tal el poder de la tradición en Nápoles que es de los pocos sitios de Europa donde los caballeros todavía siguen yendo a las barberías y no a las peluquerías tal y como se conocen aquí.

De la misma forma, a nadie le debería sorprender encontrar señores de 70 años que solo tengan en su armario trajes a medida. Y esto no es porque sean presumidos; es sencillamente porque así han sido siempre las cosas allí y para sus habitantes resulta inconcebible que fuera de otra forma.




El comienzo de la sastrería Napolitana

Durante los años dorados del vestir masculino, los años 30, la elegancia de Cary Grant (quien por cierto era también cliente de la sastrería romana Caraceni), de Fred Astaire o de David Niven se apodera de la gran pantalla y su manera de vestir es imitada, o al menos se intenta, por los caballeros de la época.

Y es precisamente a partir de los años 30 donde el conocido hoy como estilo napolitano empieza a florecer.

Es concretamente con la unión de los míticos sastres Attolini y Rubinacci cuando nace en los años 30 la archiconocida London House. Es concretamente la London House y otro sastre italiano hoy ya elevado a mito por los estudiosos de la aguja, Angelo Blasi, quienes empiezan a desestructurar las armadas chaquetas inglesas imprimiendo ese toque único que desde hace unos diez años atrás ha ganando la partida a los sastres de la Row.

Para los amantes de este corte y reforzando la idea con la que abríamos este artículo de que no es bueno generalizar al hablar del corte napolitano apuntar que todavía hoy se dice que en Nápoles existen dos escuelas: la de Blasi y la de Attolini.

La principal diferencia es que el corte de Blasi es algo más estrecho de hombros y su chaqueta algo más armada, más tipo inglesa, mientras que la hechura de Attolini es algo más ancha. Los seguidores de Attolini mantienen que fue él quien desestructuró la chaqueta de Blasi, le quitó las hombreras y empezó a coserla entretelas muy finas dando lugar a lo que hoy la gente evoca cuando piensa en un traje napolitano.



Aunque el párrafo anterior podría hacer “correr chorros de sangre” entre los fervientes seguidores de una y otra corriente, lo que parece claro es que la sastrería italiana encontró en la alta sastrería inglesa el perfecto espejo en el que fijarse, imprimirle su propio estilo y crear un traje de una enorme comodidad.

Comodidad que consiguen olvidándose del forro, prescindiendo o utilizando finísimos paddings y escogiendo solo telas de tacto exquisito así como de una enorme ligereza y elasticidad.

Quien haya tenido la oportunidad de vestir uno de estos trajes habrá sentido la sensación de ir vestido de sport y no con traje alguno. El que apenas pesen los trajes resultantes y la facilidad de movimientos que permiten sus telas hacen que se adapte de forma totalmente natural al cuerpo. Esto hace que transmitan la sensación de ir, permitirme la expresión, como si se fuera con ropa de deporte. Y si lo que buscamos es esto hay que reconocer que como los Napolitanos ninguno.

De Londres a Nápoles

Si bien es de justicia admitir que desde hace ya diez años es la sastrería italiana y más concretamente la napolitana la que domina el mundo de la alta sastrería también lo es el hecho de que Nápoles no sería lo que hoy es sin, por un lado, un buen marketing y por otro Savile Row.




Así por ejemplo, resulta apropiado recordar que el mismísimo Rubinacci envió a SR a un miembro de su familia para que aprendiera el trabajo de los sastres londinenses y lo exportara a la London House de Nápoles.

También el sastre de Roma, Tommy Caraceni, fue enviado por su padre en los años 30 a Henry Poole para que entendiese y aprendiese la forma de trabajar de la que por aquel entonces era considerada una de las mejores sastrerías del mundo.

Otro ejemplo fue Arturo Cifonelli quien aprendió la profesión de su padre Giuseppe en Roma pero en vez de quedarse en Roma también se marchó a SR. En 1911 decidió volver a Italia y en 1930 terminó abriendo su tienda en París; donde hoy todavía sigue esta sastrería.

Si de los años 30 a los años 60, SR es el centro mundial de la más alta sastrería después de esta fecha se empiezan a invertir las tornas y la más actual y natural sastrería italiana gana año tras año más popularidad y los ojos de los consumidores de este arte que es la sastrería a medida empiezan a fijarse en ella.




Sus principales características

Los italianos han adaptado el estilo clásico inglés a los nuevos tiempos estilizándolo y desestructurándolo lo que ha dado lugar a lo que hoy se conoce popularmente como el estilo Napolitano.

Este característico corte se diferencia por contar con apenas “relleno” o entretelas, no tener forro excepto en la las mangas y carecer de estructura. Si bien todas estas características se pueden encontrar en otras ciudades italianas con elevadas temperaturas seguramente sea el archi conocido hombro napolitano la nota más característica del estilo napolitano.

Tampoco podemos olvidar esos tejidos de enorme ligereza y comodidad que nadie como sus sastres saben elegir para combatir las elevadas temperaturas de Nápoles. ¡Y eso que la gran mayoría de ellas todavía proceden del Reino Unido!

Son precisamente estas características las que hacen tan atractivos y hasta objeto de culto los trajes que cortan las tijeras de los más aventajados sastres napolitanos. Sin embargo, antes de dar por bueno la idea generalizada de que la terminación de estos trajes es la más avanzada y la más exquisita es importante hacer alguna puntualización.

El cliente de la sastrería más purista napolitana debe saber que estos trajes dan la sensación de estar más próximos a un conjunto de sport que a uno de chaqueta. El aspecto ligero del traje napolitano le quita formalidad y no deberíamos sorprendernos de escuchar de alguna voz autorizada que esto no es un traje y que además su construcción tiene mucho más de mito que de realidad.



También es importante recordar que si la tela no es de una calidad excepcional y confeccionada pensando precisamente en que no será cosida con forro alguno es muy probable que termine arrugándose de forma rápida. Y por supuesto si no se acude a la cuna de esta sastrería es mejor asegurarse un buen corte de “la vieja escuela europea” que innovar este corte con uno de nuestros sastres.

Este tipo de confección consigue resultados espectaculares con los trajes cruzados. Las DBJ tan demandadas y bien vestidas en el país de la pasta envuelven con una gran naturalidad y estilo a sus afortunados propietarios.

Como acabamos de apuntar uno de los rasgos más característicos del estilo Napolitano es la forma en la que se cosen las mangas a los hombros. Apenas se forma el conocido popularmente como “chorizo” y tampoco se aprecia apenas la costura donde se unen el hombro y la manga.

La terminación de la hombrera es redondeada. Igualmente, en muchos casos se aprecian pliegues a la altura de la costura del hombro. Esto último es así debido a que la chaqueta no cuenta con apenas hombrera y en la caída natural de la tela no queda más remedio que aparezcan éstas; algo que hoy hasta se exagera para reclamar el sello de “hombro napolitano”.




A esto hay que unir que para ganar comodidad la extensión de la tela del brazo que se une con la hombrera es más larga que la del diámetro de la hombrera. Esto obliga al sastre a, con mucha pericia y siempre a mano ya que las máquinas de coser no permiten coser dos trozos de tela de diferente extensión, introducir el sobrante de la manga en el hombro. Es precisamente esto lo que hace que aparezcan en muchos casos esos pliegues de los que estamos hablando.

Con todo esto se consigue una caída del hombro totalmente natural donde apenas se aprecia la existencia de la hombrera; entre otras cosas porque ya de por sí la propia hombrera es mucho más delgada de la que estamos aquí acostumbrados.

Otra de sus características principales es que, guardando las diferencias, se asemeja en gran medida al corte del hombro de una camisa; lo que los sastres napolitanos denominan como spalla camicia.

Es importante nuevamente mencionar que si bien ciertas características, como la ausencia de padding en la hombrera, son comunes a la mayoría de los sastres napolitanos, otras como la mayor o menor limpieza de líneas dependerá de cada casa.

El no contar con forro les obliga a coser los bolsillos sobre la chaqueta en forma de parche, es decir, sobre la tela de la chaqueta y no con un bolsillo interior. Por eso es hoy tan frecuente observar como los sastres napolitanos han preferido dejar el interior de la chaqueta limpio, sin que se aprecie forro ninguno, y coser los bolsillos por fuera.

Otras casas, también napolitanas, prefieren forrar solo los costados para poder coser tanto los bolsillos laterales como el del pecho en el interior de la chaqueta.




¿Qué sastrería es mejor la italiana o la inglesa?


Sinceramente creo que quien mantenga una postura radical hacia una u otra sastrería se equivoca. Y se equivoca porque no hay una sola sastrería italiana o inglesa como tampoco hay un solo sastre en cada una de estas y porque también el trabajo de los sastres evoluciona.

Además de todo esto, no podemos olvidar que un buen sastre está capacitado para hacer el corte que le pida su cliente. Y quien no esté de acuerdo con nosotros que se pase por Anderson & Sheppard y pida que le corten un Rubinacci. Seguro que se sorprendería con el resultado.

Igualmente, a cada uno de nosotros nos puede gustar más uno u otro estilo y no por ello el otro corte es demasiado anticuado o por el contrario demasiado moderno. Si a todos nos gustara lo mismo creo, por ejemplo, que este blog no existiría.

Para mí nuevamente la clave está en el cliente. Dependerá de él y de lo exigente que sea el que consiga un traje mejor terminado. Todos nos esmeramos más en nuestras profesiones cuando sabemos que a quien tenemos enfrente conoce la diferencia entre lo bueno y lo excepcional.

Del Duque de Windsor, Fred Astaire, Cary Grant e incluso del mismísimo Príncipe Carlos han comentado sus sastres que eran clientes difíciles y que no se conformaban con cualquier cosa buscando siempre la perfección en la terminación de sus trajes.




Decía Angelo Blasi: "personalmente no me interesa el cliente a quien se puede satisfacer fácilmente, ese que está inmediatamente contento con mi trabajo. Hay poca satisfacción con un cliente así. Por el contrario dame el cliente exigente. En una palabra alguien que sea igual de perfeccionista que yo y que me obligue a sacar todo mi talento y destreza”.

Dicho esto y después de estudiar la sastrerñia napolitana creo que para calificarla de mejor o peor que la de otras ciudades es de vital importancia conocer nuestro concepto de traje y finalmente de lo que significa la palabra elegancia para nosotros.

Conclusión

Para todos esos lectores que me acusan de “no mojarme” con mi opinión en mis artículos decirles que sin quererme extender mucho yo diría que si lo que buscamos es limpieza de líneas, sobriedad, simplicidad, perfección, ausencia de arrugas y un traje que obedezca a los patrones clásicos de lo que debería ser un traje nuestra decisión debería ser la sastrería europea (inglesa, española, alemana o francesa).

Si por el contrario lo que buscamos es comodidad, estilo, la máxima calidad de mano de obra, naturalidad, diseño, tejidos de calidad excepcional y súper ligeros así como desprender un cierto grado de desenfadamiento parece claro que nuestra opción debería ser la sastrería napolitana.

O dicho de otra forma: la alta sastrería inglesa sigue siendo propietaria de la hechura más perfecta y de la atención al mínimo detalle mientras que la napolitana es única en diseño y en calidad de la mano de obra.


Y después de todo esto lo más importante: ¿vosotros qué opináis?

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo

El Aristócrata

jueves 15 de diciembre de 2011

El ARISTÓCRATA EN HERRERA EN LA ONDA

Estimados Aristócratas,

Mientras termino de preparar un artículo sobre la sastrería napolitana os invito a escuchar la entrevista que me realizó Carlos Herrera en su programa Herrera en la onda.

Tiene momentos muy graciosos que espero os arranquen una sonrisa.

Un saludo y nos vemos nuevamente en unos días.

El Aristócrata