viernes, 17 de mayo de 2013

BESPOKE XV:OPERA PUMPS MADE TO MEASURE

Antes de entrar a narrar lo que para mí ha resultado ser una experiencia “sartorial” de lo más agradable me gustaría explicar la contradicción existente en el título de este artículo. 

Todos sabemos que los conceptos “bespoke” y “made to measure” distan bastante entre sí como para poderlos asimilar como parece se ha hecho en este enunciado. Sin embargo, como veremos en este artículo, la confección artesanal de estas zapatillas hace que el resultado y el proceso de confección esté mucho más cerca de un zapato bespoke que de uno industrial. 

La principal diferencia entre un producto “made to measure” y otro “bespoke” radica principalmente en que en el primero la prenda se realiza, ya bien sea un traje, unos zapatos o una camisa, sobre un patrón o una horma existente. Por el contrario, cuando hablamos de bespoke hacemos solo referencia a aquellos productos que no se han realizado sobre unos patrones u hormas estándares sino que se han hecho exclusivamente según las medidas específicas de la fisionomía de una persona concreta. 

Si bien esta es la principal diferencia entre MTM y Bespoke también debemos tener en cuenta a la hora de analizar y comparar un producto fabricado con una u otra técnica la calidad de la mano de obra utilizada. Hay, por ejemplo, trajes MTM cuya calidad de mano de obra es superior a algunos de bespoke. 
También debemos estar siempre muy atentos a esas casas que dicen hacer un gran número de prendas bespoke porque no son pocas las veces que un producto con partes realizadas MTM como, por ejemplo, en las camisas los cuellos, nos es vendido como si fuera bespoke. Y esto cada día es más frecuente incluso entre muchas de las marcas que históricamente todos hemos considerado como la referencia de su sector. Basta poner como ejemplo las camisas “bespoke” de T&A. 

Aunque la preferencia de todo amante de lo purista y exquisito deberían ser siempre los productos 100% bespoke, hay alternativas MTM que además de ahorrarnos una cantidad importante de dinero pueden, en manos de un buen artesano, conseguir resultados excelentes. 

Las conocidas como opera pumps son, a priori, un zapato bastante sencillo y sin demasiadas complicaciones técnicas. Y decimos esto porque tanto el material con el que están construidas como el tipo de suela y la propia construcción del zapato no requieren de un arduo proceso y además dejan poco margen a la creatividad de su creador. No obstante, como veremos más adelante, esta sencillez deja de serlo si se realiza todo el proceso de forma manual y siguiendo un proceso puramente artesanal como el que narraremos aquí. 
Quizás haya sido por la oferta prácticamente inexistente de opera pumps en nuestro país, o quizás porque nunca me paré a pensar cómo mejorar artesanalmente lo que ofrece esta limitada oferta, no había pensado hasta recientemente cambiar mis viejas RTW opera pumps por otras más exclusivas. 

Sin embargo, esta situación cambió tras decidir hacerme un nuevo esmoquin francamente especial en cuanto a diseño y construcción artesanal y que traeremos a estas páginas el próximo mes. 

Fue precisamente entonces cuando me di cuenta de que mis viejas opera pumps no iban a estar a la altura de semejante creación. Por ello, al mismo tiempo que este nuevo esmoquin iba tomando vida decidí hablar con Antonio de Enrile, uno de los primeros lectores de esta página y con quien desde hace años compartimos emails con cosas que nos llaman la atención, para ver si había alguna forma de, a pesar de sus limitaciones, fabricar unas opera pumps sobre las que hacer descansar de forma orgullosa esa gran obra realizada por la familia Calvo de Mora. 
Recuerdo que cuando hablé con Antonio sobre este nuevo proyecto nos tiramos cerca de dos horas comentando lo que tenía en mente y cómo podíamos reinventar este zapato con las pocas alternativas que dejaba este modelo pero manteniendo su clásica línea. 

Como me comentó Antonio una vez concluidas las opera pumps, una de las grandes suertes que tengo es la de tener un pie tan estándar que bien podría haber servido para sacar la horma de un zapato industrial de talla 41.5. No obstante, en Enrile cuentan con tres terminaciones por cada talla de horma así como dos puntas entre las que elegir. En concreto la mía se trataba de la 415201 donde los tres primeros dígitos indican el número pie y los tres siguientes el ancho de horma. 

Es importante aquí mencionar que Antonio para asegurarse que acierta con las medidas de sus clientes no hace a los nuevos un zapato MTM si antes no cuentan con un RTW ya fabricado por él. 

Aunque hayan sido las nuevas tecnologías las que han hecho del trabajo de Antonio García Enrile conocido y muy apreciado fuera de nuestras fronteras, Antonio lleva entregado al oficio de zapatero artesano prácticamente toda su vida. Si bien su blog y el eco que de su trabajo se han hecho los medios online especializados ha hecho que cada día más su clientela sea extrajera Antonio es desde hace años un referente en su Sevilla natal. Y lo es por su exquisito trabajo realizado a lo largo de su vida primero como guarnicionero y posteriormente como zapatero; y cuando el tiempo se lo permite, también como creador de los más diversos complementos de piel. 
Para los que no conozcan a Antonio, comentar que este sevillano nació hace cuarenta y un años, es el pequeño de diez hermanos, está casado y tiene dos hijos. Y a pesar de lo que cabría pensar, nadie de su familia estuvo nunca relacionada ni con la guarnicionería ni con la zapatería. 

Ya durante sus años en el colegio Portaceli de Sevilla de los Jesuitas, Antonio empezó a sentir inquietud por los productos de piel y hacía pulseras con retales así como cinturones que vendía entre sus amigos y conocidos. 

Esta afición la compartía con su otra gran pasión, la esgrima. En el año 1992 comenzó a tirar a esgrima para solo un año más tarde proclamarse Subcampeón absoluto de Espada de Andalucía. Esto le animó a formarse también como monitor de espada y sable. 

Sin embargo, la enorme dedicación que el deporte le exigía no fue suficiente para hacerle olvidar su otra afición y compaginaba la actividad deportiva con la realización de los plastrones en piel, las mangas de maestro, los petos y algunos fundones de piel para otros profesionales.
De 1997 a 1999 estudió Marketing y al finalizar sus estudios creó su primera sociedad junto con dos compañeros de curso para diseñar y fabricar productos de piel que luego los comercializaban en España. A pesar de que su primera aventura empresarial le repercutió algunas pérdidas económicas esta también le valió para conocer la estructura de Ubrique y al que hoy es su socio y amigo Antonio Pérez. 

En el año 2000 presentó un proyecto en el prestigiosos Real Club Pineda de Sevilla para abrir una tienda-taller en la parte hípica que permitiera a los socios reparar sus guarniciones sin salir del Club, además de vender productos relacionados con la equitación. Los cuatro años en los que estuvo a cargo de este negocio le valieron además de para hacerse un nombre en el mundo ecuestre andaluz también para coger gran destreza en el trabajo del cuero de las guarniciones y luego exportarlo al empleo del cuero en la zapatería. 

Ya con la marca Enrile registrada abre en el año 2004 un local en el barrio de los Remedios de Sevilla donde se daban cita tanto la tienda como el taller de producción artesanal desde donde trabajaba la marroquinería y productos de caza e hípica. 

No obstante, decide enfrentarse a una realidad que por un motivo u otro nunca quiso admitir, esto es, que su verdadera pasión era la fabricación artesanal de zapatos. Con el firme propósito de dedicarse en cuerpo y alma a su vocación hace las maletas y se marcha a Elda; cuna de la zapatería y del mercado auxiliar en España. 
Mientras se saca durante los años 2006 al 2008 el título de Técnico Superior en Patronaje trabaja con un artesano que le enseña la parte práctica del montado del zapato. 

En el 2008, se asocia con el Sr. Antonio Pérez, profesional de la marroquinería con treinta años de experiencia y alquilan un local donde realizan marroquinería tanto para Enrile como para otras firmas. Su buen hacer le es valedero para que Brooks Brothers y J.Crew le confíen la producción de sus piezas de Shell Cordovan. 

Conocedor de la importancia de internet y de las facilidades que este medio brinda a los artesanos para dar a conocer en el extranjero su trabajo da entrada en su negocio al Sr. Alfonso Herraiz quien además de ayudarle en las labores comerciales es el responsable de todas las acciones online de posicionamiento y publicidad de la marca tanto a nivel nacional como internacional. 

El trabajo del Sr. Herraiz pronto empieza a dar sus frutos como atestigua el eco que del trabajo de Antonio se han hecho blogs de renombre internacionales, foros y reportajes especializados. 

Como anteriormente comentábamos tanto Antonio como yo teníamos claro que no queríamos hacer unas opera pumps corrientes ya que para ello lo más sencillo hubiera sido acudir a una tienda y hacernos con el modelo industrial estándar. 
Hacer especial este modelo no es algo fácil ya que como hemos apuntado su montaje y los materiales utilizados son bastante sencillos. No obstante, teníamos claro que queríamos diferenciarlas de los modelos industriales, y de incluso de la mayoría de los modelos bespoke donde la suela solo aparece pegada. Para ello decidimos realizar un forro interior personalizado, de material natural y no sintético e intentar coserle, y no pegarle, la suela. Esto último representaba todo un reto. 

La fina suela de las opera pumps, como también del resto de la familia de las slippers, es tan fina que impide que se pueda coser al zapato y por ello lo más sencillo, y también la mayoría de veces lo más estético, es pegarlas y no coserlas. 

Sin embargo, y a pesar de ser lo que a priori parecía que era lo último que debíamos hacer, decidimos arriesgarnos e intentar que la suela se cosiera; por complicado que esto fuera. Para hacer esto posible lo que primero hicimos fue descartar el cosido goodyear ya que la suela resultante sería muy basta y afearía mucho el resultado final. Tras desechar la opción del cosido goodyear nos paramos a estudiar la posibilidad de apostar por un cosido blake a mano. Si bien este cosido permite jugar con una suela más fina, para llevarlo a cabo en un zapato tipo slipper se exige una enorme pericia ya que el grosor de la suela es mucho más fino que el de aquellas utilizadas en zapatos estándar tipo oxfords o derbys lo que complica enormemente el proceso de cosido. 
Durante nuestra conversación trajimos a colación un modelo bespoke de Lobb que a ambos nos había gustado mucho y que recordábamos tenía un forro interior color frambuesa que nos parecía la opción perfecta para estas opera pumps. Para mi sorpresa, Antonio consiguió dar con varias pieles de esta tonalidad y me las hizo llegar para que decidiera cuál de ellas me gustaba más. Fueron este tipo de detalles los que hicieron que la distancia entre Sevilla y Madrid apenas tuviera impacto en el proceso de construcción del zapato. 

Antonio, conocedor de la importancia que tiene la relación con el cliente, tiene como costumbre mantener informado a este en todo momento del proceso de confección de sus zapatos. Y para ello no duda en mandar constantemente fotos y videos del momento en el que se encuentra el zapato. De esta manera incluso antes de empezar el trabajo en ellos te hace llegar fotos de la piel que va a utilizar, de los forros, del tipo de hilo y de la suela.
Una vez cuenta con el visto bueno del cliente empieza a trabajar en el zapato pudiendo estar al día del momento exacto, así como de la forma, en que se encuentra el zapato. Esto además de ser muy bien recibido por cualquier amante de los zapatos evita posibles malos entendidos permitiendo corregirlos antes de que se haya empezado a trabajar en el zapato y sea ya demasiado tarde.
Decíamos al principio que la principal diferencia entre un zapato bespoke y un MTM es que en los MTM se usa una horma estándar. Como vemos en la foto es precisamente esa horma estándar sobre la que Antonio monta la totalidad del zapato. Exceptuando este detalle, el resto del proceso que sigue Antonio desde su taller de Sevilla es, como se puede apreciar en las fotos, idéntico a si se tratase de la realización de un zapato bespoke. 

Si bien el corte se ha realizado en charol negro procedente de Italia para el forro Antonio se valió de una piel de cabra de encuadernación nacional. 

Las suelas, las plantas de montado, los contrafuertes, los topes y las barretas decidió hacerlas en crupones de curtición vegetal realizados en España, concretamente en Igualada. Es de destacar que muy pocas curtiembres son las que realizan este tipo de curtición debido a que los periodos de producción son mucho mayores a los otros tipos de curtidos. 

El proceso de montado a mano que se ha llevado a cabo en estas opera pumps es similar al que se utilizaba ya hace ochenta años 

Para el aparado se utilizó hilo sintético y para la unión de piezas la conocida como cola de Viena (almidón) y pegamento natural. Por su lado, para la costura de la suela se empleó cáñamo natural empegado. Este hilo se caracteriza por ser muy flexible y resistente, y una vez que se le da con cerote de pez rubia se vuelve completamente impermeable. (La pez rubia es la resina de los pinos piñoneros que mezclada con cera de abeja forma una especie de bola llamada "cerote" sobre la que se restriega el hilo de cáñamo para hacerlo impermeable además de darle la cualidad de que en cada pespunte el agujero quede cegado y los hilos hechos un bloque). 
Como se ha indicado la costura Blake puede realizarse a mano o a máquina habiendo una enorme diferencia en cuanto la cantidad y la calidad de trabajo que requiere una y otra técnica. 

Cuando se realiza una costura blake a mano, como es este caso, se cose la suela a dos cabos, cruzando los dos hilos igual que cuando se puntea una suela al cerco pero con la diferencia de que hay que meter la mano en el calzado para sacar la aguja por la suela y meter la que viene en contra. De aplicar bien esta técnica cada puntada queda como una soldadura. 

Además es importante destacar el trabajo que meticulosamente se ha empleado en esta suela donde se ha realizado un hendido para esconder la costura para de esta forma no solo no afear la suela sino también protegerla del desgaste. Además, en el enfranque se ha realizado la típica cintura de violín tan común en los zapatos hechos a mano. Este estrechamiento en el enfranque consigue un efecto óptico que tiene como resultado un pie mas estilizado pero manteniendo el mismo el apoyo que si el enfranque fuera más ancho. 

En las prendas clásicas, como es el caso del esmoquin, los detalles son de gran importancia ya que lo que a priori puede parecer un bonito y elegante conjunto puede esconder grandes carencias que los ojos más entendidos suelen rápidamente percibir. 
 
Hoy en día debido a lo mal que se viste esta prenda somos muchos los que ya nos resignamos a conformarnos con que se haga acompañar el esmoquin de una pajarita y no de una corbata. La realidad y los ejemplos con los que nos encontramos a diario hace que parezca que sea mucho pedir que no arrastren los pantalones o que se lleve una botonadura acorde con la elegancia del conjunto y no botones sencillos en la camisa. Y si la realidad es la que es parecería una locura además pedir que esa camisa se hiciera acompañar de un cuello diplomático y no de un cuello estándar, o de una pajarita de una sola pieza y no de una ajustable, o de un fajín o un chaleco y no de una cintura “desnuda”. 

Si bien esta es la realidad que tenemos, y no solo en España, pienso sinceramente que al menos los lectores de esta página sí debiéramos saber cuando un esmoquin está completo y cuando solamente se trata de otro pseudo-esmoquin alquilado o incluso de uno comprado a uno de esos gurus de la moda que visten a las estrellas del balón o a nuestros actores en la gala de los premios Goya. La mayoría de estos diseñadores de RTW obvian que sus clientes carecen de todo tipo de conocimiento en lo que a la vestimenta formal se refiere y no se toman la molestia, quizás porque tampoco ellos lo saben, en pensar en que hay muchos detalles que cuidar en un esmoquin más allá de ponerle una conocida etiqueta en su interior. 
Si bien los pormenores de un buen esmoquin los explicaremos el mes que viene cuando analicemos el arduo pero apasionante trabajo de hacer un esmoquin a medida, hay detalles también en los zapatos que impactan directamente en la calificación final del esmoquin. 

Así, por ejemplo, si de querer ser lo más purista se trata deberíamos asegurarnos que tanto el lazo de las opera pumps como el vivo de la boca del zapato sean de la misma terminación. Una vez con esto comprobado habría que comprobar que además dicha terminación es igual a la de las solapas. Y para terminar de complicar más la búsqueda del conjunto perfecto que dichas solapas deberían ser contar con la misma terminación de tejido que pajarita. Es decir, si nuestras solapas son de tipo velvet o terciopelo, tanto la pajarita como el lazo y el vivo del zapato deberían ser del mismo color y terminación. 
Si fueran de seda o de gorgorán se debería mantener esta homogeneidad en la pajarita y en el lazo y vivo del zapato. Indudablemente, somos conscientes de que encontrar una pajarita de igual terminación y color que la solapa y que además sea de nuestra medida y que además sea del tipo “unbroken” y que además podamos conseguir unas opera pumps con un lazo de igual color y terminación que la pajarita y que además su vivo también siga esta pauta etc. etc. no resulta nada sencillo y en el mejor de los casos exige mucho tiempo. Eso por no hablar de la importancia que tiene en este caso saber a dónde acudir, via presencial o vía internet, y que sean conocedores de todos estos detalles y consecuentemente los incluyan en su oferta. 

Definitivamente todo esto es algo muy difícil pero que es lo que termina diferenciando un gran esmoquin, y a un entendido propietario, de alguien a quien sencillamente le han vestido para una ocasión determinada y que desconoce los apasionantes pormenores de esta prenda. 

Con estas opera pumps hemos querido, o al menos lo hemos intentado, demostrar nuevamente que de nada valer hacerte con el traje más perfecto o los complementos más estilosos y mejor combinados si todo esto no descansa sobre un zapato bien escogido y de calidad.
Igualmente, como defensores del producto nacional de calidad, y no solo del nacional por el solo hecho de ser español, apuntar que este país tiene artesanos, como es el caso de Antonio García Enrile, que nos deberían hacer pensar muy mucho el salir de nuestras fronteras o el acudir a marcas extranjeras para adquirir un par de zapatos artesanos de calidad. 

PD En unos día subiremos el video resumen de todo el proceso

El Aristócrata 

sábado, 27 de abril de 2013

DE PARÍS A BARCELONA, UN PASEO POR EL MUNDO DE LA MODA MASCULINA CLÁSICA

Desde que se fundó el Club Privado de El Aristócrata uno de nuestros objetivos era el que sus reuniones rotaran por la geografía nacional. Y el comienzo de la primavera nos pareció la perfecta excusa para cumplir nuestro deseo además de para disfrutar de un agradable fin de semana en la ciudad de Barcelona. 

Y con el propósito de hacer esto realidad empezamos a trabajar dos meses antes del evento tanto en la búsqueda de un sitio especial donde celebrar nuestra reunión trimestral como en la búsqueda de un plantel que fuera lo suficientemente motivador para que los socios del Club se desplazaran desde sus diferentes localidades a la Ciudad Condal. 

Fue de agradecer que la reputación alcanzada en tan poco tiempo por el Club Privado de El Aristócrata hizo facilitara que los tres ponentes a los que invitamos aceptaran sin dudarlo la invitación a acompañarnos en el que ha sido a día de hoy uno de los eventos más interesantes del Club. 

Y es que sin esta reputación no hubiera resultado sencillo reunir como hicimos a una terna del nivel del crítico de moda francés, Hugo Jacomet, alma mater del prestigioso blog Parisian Gentleman, el laureado sastre francés Lorenzo Cifonelly y quien es considerado como el mejor zapatero artesanal del mundo: el Sr. Pierre Corthay. 
Debido precisamente tanto a la calidad de los ponentes como al alto nivel de aceptación por parte de los miembros del Club que nos vimos forzados a buscar un lugar lo suficientemente especial como para dar a todos la bienvenida. 

Por ello no se nos ocurrió mejor lugar para celebrar la mesa redonda que hacerlo en las dependencias del prestigioso e histórico Círculo Ecuestre; lugar donde también se hospedaron aquellos miembros que decidieron pasar en Barcelona todo el fin de semana. 

Como todos sabéis el Círculo Ecuestre se funda el 26 de Noviembre de 1856 cuando un grupo de ilustres caballeros barceloneses aficionados a la hípica deciden constituirse como club privado para compartir esa afición común. Hoy, más de ciento cincuenta años después, es uno de los clubs privados más influyentes y elitistas de toda Europa y en cuyas emblemáticas instalaciones descansan del ajetreo del día a día las personalidades más destacadas de la vida social y cultural catalana. 

Pero todo esto no hubiera sido posible sin el apoyo que desde la mítica tienda Santa Eulalia se brindó desde el primer momento al Club. Gracias a Santa Eulalia lo que durante la organización del evento parecía un mar de problemas se tornó en unas unas placenteras semanas donde no se dejó nada a la improvisación. 
Poco podemos decir de Santa Eulalia que no hayamos dicho ya en este blog pero quizás baste para recordar el comentario común de los ponentes quienes no dudaron en afirmar que a pesar de sus múltiples viajes por todo el mundo nunca habían estado en una tienda tan especial como esta, tienda que no dudaron en calificarla como la mejor tienda multimarca en la que jamás habían estado. 

El Sr. Luis Sans, propietario de este templo del buen vestir que acaba de cumplir ciento setenta años, también miembro del Club de El Aristócrata, es el mejor embajador que nuestro Club tiene en Barcelona y ello se vio reflejado en las facilidades que desde el Círculo Ecuestre se nos brindaron también al resto de miembros en todo momento. 

Si bien fuimos muchos los que queríamos disfrutar de un par de días de descanso en Barcelona y nos desplazamos allí el mismo viernes la mayoría prefirieron hacerlo el mismo sábado. Sin embargo, estos últimos o dudaron en hacerlo con el tiempo suficiente como para no perderse la visita que Luis nos organizó por su tienda. En esta visita que empezó en la terraza, con copa de champagne en mano, pudimos conocer de boca del propio Luis la apasionante historia de esta casa y cómo hoy, a pesar de la crisis, lo que empezó como un pequeño negocio familiar factura hoy diecisiete millones de euros al año. 
Tras un apasionante paseo por las entretelas de Santa Eulalia disfrutamos de un paseo por todas las dependencias de lo que algunos miembros del Club calificaron como un espacio mucho más próximo a un museo que a cualquier tienda posible. 

Si bien todos las dependencias, desde la zapatería hasta la perfumería o incluso hasta los rincones dedicados al estilo más desenfado, escondían algún secreto. No obstante, fue indiscutiblemente la zona dedicada a la sastrería y a la camisería la que hizo más las delicias de los allí presentes. Precisamente en este espacio tuvimos la oportunidad de la mano de Yaris, mano derecha del respetado sastre catalán Sr. Marc Munill, de conocer de primera mano las particularidades del corte de Santa Eulalia. 

Concluida la visita, nos dirigimos a pie al Círculo Ecuestre donde el responsable de Relaciones Institucionales, el Sr. Antonio Basso, nos enseñó las lujosas y tranquilas dependencias de este exquisito Club Privado y nos hizo un rápido repaso por sus ciento cincuenta años de existencia. 

Terminada esta pasamos todos los presentes al salón la Espuela donde desde al mismo momento de abrir la puerta pudimos deleitarnos en nuestro camino a los asientos de las diferentes creaciones traídas tanto por Lorenzo Cifonelli como por Pierre Corthay directamente de París. 
El conocer de primera mano tanto el producto como las historias de éxito que se encuentran detrás de las marcas de Corthay y de Cifonelli debería ser todo un incentivo hacer reflexionar a todos aquellos profesionales nacionales que se niegan a admitir que este mundo ha cambiado y prefieren seguir trabajando de idéntica manera a como lo hacían veinte años atrás. 

Hoy estos ejemplos de éxito ponen de manifiesto que ya no solo se trata de ser el mejor sastre, el mejor camisero o el mejor zapatero sino que también hay que ser un buen empresario, un buen vendedor, un buen comunicador etc para poder tener un nombre en el mercado internacional; mercado donde la sastrería, la camisería y la zapatería artesanal no conoce de crisis y solo hace más que aumentar. 

Para ello además de tener que empezar a compaginar el tiempo que se pasa en la mesa de cortar o en la silla martillando una suela hay que, imitando a todos estos grandes profesionales, empezar a salir fuera y dar a conocer el trabajo de cada uno ya que como comentó en su día Luca Rubinacci de nada sirve hacer el ojal más bonito del mundo si luego no se vende. 

Si nos fijamos en la internacionalización que ha llevado a varios sastres y zapateros italianos e ingleses a ser considerados como auténticos ídolos entre los amantes de la sastrería y zapatería llegaremos a la conclusión de que esto ha sido en parte así porque precisamente estos han sabido de la importancia de salir de sus mesas y sillas de trabajo y dar a conocer su producto al mundo y no solo, como se sigue haciendo aquí, al cliente adinerado de la ciudad o del barrio donde tiene el sastre la sastrería. 
Basta con poner el nombre de estos grandes profesionales en cualquier buscador de internet y ver innumerables referencias tanto a ellos y como a su trabajo. Sin embargo, de hacer lo propio con los nuestros descubriremos un panorama muy diferente ya que todavía son muchos los que ni siquiera disponen de una sencilla página web. 

Estas y otras reflexiones son las que ayudan a explicar el momento tan delicado que pasa este sector en nuestro país y el momento de gran auge por el que pasa la sastrería y camisería italiana, francesa o inglesa. 

Otra de las cosas que yo particularmente siempre he echado en falta entre los sastres españoles es su poca capacidad de reinventarse y por el contrario limitarse a ofrecer el mismo tipo de servicio producto que el que ya ofrecían sus padres. Sin embargo, estudiando cómo han llegado a alcanzar fama mundial ciertos sastres y camiseros uno rápidamente llega a entender que parte de ese éxito ha sido debido, además de por explotar el gran altavoz mundial que es hoy internet, a enfocar la profesión desde un punto de vista más comercial y utilizando herramientas de marketing similares a las de cualquier otro tipo de negocio.

Igualmente, los sastres más conocidos a nivel mundial han intentado diferenciarse de su compañero ofreciendo algo único. Y no me refiero haciendo un traje, una chaqueta o un chaqué único sino ofreciendo una prenda diferenciadora con el claro sello de la casa. 
Y Lorenzo Cifonelli siempre tuvo esto claro y por ello no le importó incluir en su línea bespoke una serie de chaquetas con un diseño propio y diferenciador. De esta forma el cliente que se hace con una de ellas cuenta además de con una chaqueta 100% bespoke también con una prenda que todo el mundo la pudiera identificar con la casa Cifonelli. De esta manera los clientes de la casa pueden presumir de sastre, que no de marca, con la convicción de que su chaqueta, aún sin llevar marca interior alguna, será reconocida por todos los entendidos a varios metros. Y como este concepto responde claramente a lo que demandan muchos clientes de bespoke hoy estas chaquetas forman parte del éxito de la casa Cifonelli. 

No obstante, si estas chaquetas nunca pasaran desapercibidas y tendrán siempre el sello y la marca Cifonelli quizás sean las chaquetas cruzadas las que más orgulloso le hacen sentir al propio Lorenzo. 

Son muchos los detalles que diferencian el corte Cifonelly del napolitano y británico y los que tuvimos ocasión de probarnos una de sus chaquetas a concluido el acto pudimos observar además de un diseño muy particular una sisa muy alta que en todo momento te hace recordar que allí está la chaqueta. 

Para aquellos que no estén familiarizados con la sastrería francesa decir que la casa Cifonelli se fundó en Roma en 1880 por Giuseppe Cifonelli y desembarcó en París en 1926. Hoy Lorenzo Cifonelli representa la cuarta generación de sastres de su familia. 
Si bien esta casa es especialmente apreciada por los caballeros japoneses y chinos, los constantes viajes a atender a sus clientes rusos es lo que ha hecho que haya sido en la ciudad de St. Petersburg donde Lorenzo haya decidido abrir su primera sastrería fuera de las fronteras francesas. 

Desde que en 1990 Lorenzo y su primo Massimo tomaron las riendas del negocio familiar lo han sometieron a una gran transformación; transformación que se vio materializada a través de una concienzuda campaña internacional y de una estrategia de marketing más propia de una gran multinacional que de una sencilla sastrería. 

Todo este esfuerzo dio como resultado que, por ejemplo, la casa Hermes delegase en ellos sus trajes a medida desde los años 1992 a 2008 o que lanzasen ya en el 2007 una línea MTM y una RTW; líneas ambas ofrecidas físicamente solo desde su sastrería de París. 

No es que precisamente yo me sienta muy identificado con el concepto de belleza de Karl Lagerfeld pero por si algún lector decir que el modisto afirmó que era capaz de identificar un Cifonelli desde una distancia de cien metros. 
Entre los clientes más destacados de esta sastrería francesa encontramos a Ralph Lauren, Paul Meurisse, Lino Ventura, Marcello Mastroianni o François Mitterrand. 

Sobre Pierre Corthay hay poco que se pueda decir. Sencillamente un maestro con una meteórica carrera profesional que se ha abrió camino desde bien joven sin tener más padrino que sus propias manos 

Y es que P. Corthay empieza a formarse como zapatero con solo 16 años para solo cinco años después estar ya trabajando en el mismísimo John Lobb. Y solo le bastó un año allí para que otra casa mítica zapatera francesa, Berluti, lo fichara como uno de sus zapateros estrellas. 

En 1990 crea ya su propia marca de zapatos y se permite lujos como ser el elegido para hacer los zapatos “made to order” de Lavin o que el Sultan de Brunei le encargara la friolera de 150 pares de zapatos bespoke. 

En el año 2000 crea su línea RTW y el éxito tanto de esta como de sus zapatos a medida hace que abra boutique en Londres, Tokio, Osaka, Fukuoka, Hong Kong y en Dubái. 

El hecho de que su trabajo traspasara fronteras le valió que el Ministro de Cultura Francés le otorgara la distinción ‘Maitre d’Art’, convirtiéndose así en el único zapatero en alzarse con tan distinguido reconocimiento. 

A Hugo Jacomet todos los amantes de la elegancia intemporal le conocemos desde hace muchos años. Su página Parisian Gentleman es todo un referente en el mundo y su enorme número de lectores de todos los rincones del planeta ha hecho que sus disertaciones sobre la moda clásica masculina sean traducidas a ocho idiomas. 

A pesar de esta afición, Hugo Jacomet tuvo antes una vida muy prolija como escritor y director de cine habiendo escrito, dirigido o producido más de 300 películas y documentales. 
Uno de sus éxitos que más repercusión ha tenido ha sido la película que recientemente escribió y produjo a junto a la Maison Corthay y el Groupe Edmond de Rothschild. En esta producción, La Beauté du Geste, se narra un viaje por todo el mundo, sobre todo por Paris, Londres, Tokio, Hong Kong y Dubái donde se da a conocer a los mejores artesanos del mundo. 

Fueron especialmente interesantes las reflexiones que sobre la vestimenta clásica compartió Hugo con nosotros así como las experiencias de Pierre Corthay en el mercado japonés; mercado que en su opinión es de los más entendidos y donde más se aprecia el trabajo artesanal de calidad. 

Igualmente, todos coincidieron en la importancia y en el gran impacto que ha tenido internet y los foros y blogs especializados en la internacionalización de sus marcas. 
El debate se alargó durante más de dos horas, tiempo en el que se habló de la forma de vestir de los grandes actores de Hollywood, el concepto de elegancia de hoy, los grandes referentes tanto de antes como de ahora etc. También la manera de combinar los calcetines, los colores que mejor combinan con cada tipo de traje, el pañuelo de bolsillo, los trajes cruzados etc. fueron otros de los temas que precedieron a un variado aperitivo y a una posterior suculenta cena en el salón de la Terraza. 

Fue tal la magia que se creó entre los ponentes y los asistentes que la mayoría siguió intercambiando pareceres sobre este apasionante mundo, ya copa en mano, en los cómodos sillones de las diferentes sala del Club Ecuestre, hasta bien entrada la madrugada. 

El Aristócrata

lunes, 22 de abril de 2013

HOLLAND & SHERRY Y LANGA NOS RECUERDAN QUE POR FIN LLEGÓ LA PRIMAVERA

Estimados lectores,

Mientras termino el artículo sobre la crónica del último evento del Club Privado de El Aristócrata quiero dar las gracias a aquellos lectores que acudieron al acto organizado por la mítica casa escocesa Holland & Sherry y la sastrería-camisería Langa. 

Los que hemos tenido la oportunidad de conocer de primera mano el arduo proceso de elaboración de los tejidos de la casa escocesa entendemos porqué no solo es un privilegio sino también un orgullo el mandarse confeccionar los trajes y abrigos en cualquiera de los tejidos que sus variados muestrarios ponen a nuestra disposición. Prueba de ello la pudimos dar los que asistimos a la presentación de sus tejidos de verano donde los linos y las lanas más finas harán las delicias de los caballeros en las noches más calurosas y elegantes del verano. 

Y como no podía ser de otra manera Holland & Sherry sólo podía unirse en esta iniciativa a alguien que entendiese su filosofía y que garantizase los altos estándares de calidad de esta marca. Y como en veces anteriores el elegido volvió a ser la sastrería-camisería capitaneada por D. Mariano Langa y por el Sr. Joaquín Fernández. 

El Sr. Langa es con seguridad uno de los mejores camiseros de España y sin lugar a dudas sus camisas son las mejores relación calidad-precio de todo el país. Bastará con conocer tanto a él como a sus camisas y compararlas con las que ofrece gran parte de la competencia para no dudar en hacerle nuestro camisero de cabecera.
Los ya muchos años de experiencia, la humildad y el querer ofrecer un producto actual y acorde a nuestros tiempos ha hecho que el joven sastre Joaquín Fernández se permita con escasos treinta años, aunque ya con quince en la profesión, hacer frente a las agujas más consagradas del país. Su buen hacer y la facilidad de captar la idea de cada cliente ha hecho que no pocos caballeros hayan dejado a su sastre de cabecera para dejarse llevar con ojos cerrados por la nueva sastrería que desde Feliz Boix se ofrece a los paladares más jóvenes y exquisitos.
El día de puertas abiertas organizado por estas dos casas que se complementan perfectamente fue recibido con gran júbilo por los clientes y amigos de Langa y lectores de esta página quienes de forma masiva no dudaron en aprovechar el descuento del 20% que tanto en las telas como en la mano de obra se ofreció ese día y encargarse una chaqueta o traje para la temporada de calor que acabamos de comenzar.

¡Enhorabuena! 

PD Espero esta semana subir la crónica del último acto organizado por el Club Privado de El Aristócrata que se celebró el pasado 7 de Abril en el Círculo Ecuestre de Barcelona patrocinado por la casi bicentenaria casa Santa Eulalia. 

El Aristócrata

domingo, 17 de marzo de 2013

COSTAR VS VALER, LA DIFERENCIA ESTÁ EN LOS DETALLES

Decía Etienne de Condillac que “una cosa no tiene valor porque cuesta algo, como se suele pensar, sino que cuesta algo porque tiene un valor”.
Hace unos meses leía en el blog de mi amigo Hugo Jacomet un artículo firmado por él donde hablaba del verdadero significado de la palabra “valer”.Además de coincidir plenamente con su pensamiento, no pude dejar de pensar cómo hoy la inmensa mayoría de los caballeros, tanto nacionales como extranjeros, siguen prefiriendo gastarse su dinero en cosas que cuestan, y a veces mucho, y que sencillamente no lo valen.

Por ello este mes quisiera pararme a compartir con vosotros esos pequeños detalles que rápidamente nos dicen si lo que estamos pagando por esa prenda lo vale o simplemente lo cuesta. Hay muchas marcas, de camisas, de trajes, de zapatos, de corbatas que cuestan auténticas fortunas pero que, sin embargo, apenas tienen valor. O dicho de otro modo, más allá de poder “presumir” de llevar el logo o las iniciales de la marca de moda su valor real no se corresponde con lo que nos tocará pagar por ella.
Puedo entender que un adolescente prefiera una camisa adornada con un caballo, una tortuga, un pato o con cualquier otro vertebrado de la inmensa fauna animal de los que se valen hoy las marcas de moda a una camisa fabricada con un mínimo de calidad. Sin embargo, me cuesta trabajo aceptar que esta costumbre sea seguida de manera general también por sus padres.

El valor de una prenda lo proporciona principalmente el material con el que está confeccionada, la calidad mano de obra utilizada y una hechura lo más personalizada posible. El coste, sin embargo depende de otras variables que están directamente relacionadas con la marca que lleve, el posicionamiento de la misma, el tipo de tiendas donde se vendan, las campañas de marketing, etc.

Con esto no queremos decir que algunos productos ofrecidos por ciertas marcas del universo del lujo no tengan valor ya que por norma general tanto los materiales empleados como la mano de obra es superior a la media. Pero lo que tampoco nos importa afirmar es que el coste de dichos productos es mucho mayor a su valor real.

Cuando uno tiene la oportunidad de ver la pericia con la que trabaja un zapatero artesano, pero un artesano de verdad, y de los materiales que utiliza así como el tiempo, la precisión y el esfuerzo que pone en cada nuevo par de zapatos entiende rápidamente el gran valor de lo que de sus manos sale. Y ese es el valor que debería costar.

Igualmente, cuando uno presencia el trabajo de un sastre haciendo un patrón, montando un hombro, cosiendo un ojal, picando una solapa, planchando un traje etc. entiende porqué el valor del traje final está sencillamente en otra categoría al de aquellos que escoden una gran maca de prestigio en su interior.

Conociendo y sobre todo entendiendo el valor de un objeto se sabrá discernir si ese precio que a priori ha podido parecer elevado está o no justificado. Igualmente, será ese conocimiento el que nos debería hacer plantearnos hasta qué punto no estamos siendo una víctima más del acertado marketing de las casas de moda y consecuentemente estamos pagando un precio injustificado por un producto que carece de valor.

Muchas veces hemos oído que las cosas cuestan sencillamente lo que la gente está dispuesta a pagar por ellas. Si bien esto es una realidad, no es óbice para admitir también que en la ropa masculina, mucho más incluso si cabe en la femenina, los conceptos valor y precio no siempre van de la mano.

Por eso, este mes queremos dar unos pequeños consejos que nos ayuden a simple vista a saber si lo que estamos pagando por esa nueva prenda se corresponde efectivamente con su valor. Y queremos intentar saberlo valiéndonos solo de nuestra vista y sin necesidad alguna de contar con un conocimiento previo.

Como hemos mencionado anteriormente, el valor de una prenda lo proporciona principalmente el material con el que está confeccionado, la mano de obra utilizada y una hechura lo más personalizada posible.

El material es de todo punto importante se trate de un zapato, de una camisa, de un traje o hasta de unos sencillos calcetines. Dependiendo de cada uno, se dará al material más valor o menos pero lo que está claro es que concretamente en estas prendas que vamos a analizar su importancia es muy elevada.

Distinguir un material de otro requiere de conocimiento y práctica. Aunque no hay mejor conocimiento que el que se adquiere tocando y sintiendo los diferentes tejidos o pieles, el llegar a diferenciar lo bueno de lo excepcional requiere de tiempo. Cuánto más tiempo pasemos arrugando telas, estudiando composiciones y pesos o acariciando y doblando pieles más fácil nos será luego identificar el valor de cada tejido o de cada piel.

Bastará con acariciar una tela con mezcla de seda y cachemira para comprobar una suavidad diferente, por ejemplo, a la de los tejidos de lana. De ponernos una camisa con un buen algodón Sea Island sentiremos el disfrute de nuestra piel al sentir su tacto. De caminar con unos zapatos de piel de Tanneries Du Puy, nuestros pies elevaran su canto particular al Dios de la flexibilidad y la comodidad.

No obstante, como estaréis con nosotros, resulta muy difícil en un artículo explicar con fotos o con palabras esas sensaciones que solo el tacto puede relevar. Por ello, dejaremos que sea cada uno quien con la experiencia de los años termine diferenciando un buen tejido o una buena piel.

Igualmente, tampoco entraremos en la otra característica principal que diferencian las prendas de confección de las hechas a mano, esto es, la hechura personalizada. Sobre esta ya hemos escrito mucho y seguiremos haciéndolo en próximos artículos.

Por el contrario, nos vamos a centrar en aquellos detalles que el sentido de la vista puede revelar a cualquiera aun cuando no se haya visto nunca un buen traje, una buena camisa o unos buenos zapatos.

Y serán los detalles que nuestra vista nos revele los que nos ayuden a saber si efectivamente lo que cuesta esa prenda se corresponde finalmente con el valor real de la misma. Detalles todos ellos que solo requieren de un mínimo de observación y que están a la vista de todos expuestos en las estanterías y perchas de las tiendas.

Hoy cada vez son más los sastres que deciden arrastrados por el éxito de su línea bespoke crear una línea de ropa industrial. Aunque esta línea RTW mantiene ciertas particularidades con la línea bespoke poco tienen que ver ya que los sastres que hicieron famosa a esta última no intervienen en la confección de esa nueva línea de negocio y en muchos casos hasta son fabricadas a miles de kilómetros de la sastrería en que finalmente se venderán.

A pesar de ello, estas reputadas casas no tienen reparo en poner precios totalmente injustificados a trajes y camisas que comparten poco más que la etiqueta con las prendas artesanales que han dado fama a la casa.

Si bien sucumbir a este fenómeno, al menos en nuestro país, carece de sentido al poder conseguir por un precio incluso menor trajes y camisas hechos de manera verdaderamente artesanal, sí es cierto que el fenómeno va en aumento y ya es bastante fácil observar como se venden trajes y camisas de confección industrial que en algunos casos llegan a triplicar el de trajes y camisas verdaderamente artesanales y además hechos a medida.

Esto se podría entender en países como Reino Unido o Italia donde su sastrería y camisería alcanzan precios verdaderamente altos pero es incomprensible pagar por trajes industriales esas locuras en otros, que como el nuestro, ofrecen de forma artesanal un producto de menor precio y de mucha más calidad.

Si bien los trajes de estas casas poseen un estilo, un diseño y unas telas muy superiores a la media, otras marcas se han limitado a inventar una historia, a ser posible siempre con más de cien años, vestirla de glamour y relacionarla con las manos encallecidas de unos artesanos trabajando en un pequeño local. Después se coloca en las estanterías de una tienda situada en una zona premium y atraen a ese cliente al que le es indiferente el valor real de la prenda y consecuentemente no le importa pagar lo que sea por hacerse con esa “histórica” y elitista pieza.


Y precisamente para saber a la hora de comprar un traje si nos están “vistiendo de torero” deberemos fijarnos en los siguientes detalles.

Así por ejemplo, a la hora de hacernos con un nuevo traje industrial habrá que cersiorarse de que las solapas no hayan sido termo-fijadas. Para ello bastará con pellizcar ambos lados de la misma separándolos y comprobar que efectivamente no estén “pegadas”.

Los botones son de las cosas a las que más fácil acceso se tiene y que de ser de plástico ya denotan que nos encontramos ante una chaqueta de la que, en el mejor de los casos, se podría decir que no se la ha puesto mucho cariño en su confección. Asegurándonos de que sean de algún compuesto natural como cuerno o al menos de corozo.

Desde hace unos años atrás, se puso la moda entre ciertos grupos sociales de demostrar un cierto estatus desabotonándose al menos un ojal de la manga. Como he confesado en varias ocasiones, esto, desde mi punto de vista, carece de sentido. Y esto pienso que es así sencillamente porque si para demostrar que el traje es de sastre tenemos que desabotonarnos un botón es porque no nos lo ha hecho un buen profesional. Ya que de haberlo cosido un buen artesano serán tantos los detalles que lo pongan de manifiesto que creo que sería una ofensa para él el que uno de sus clientes tuviera que seguir esta práctica para demostrarlo.

Si a esto añadimos que hoy cualquier marca de segunda pone en sus chaquetas ojales practicables, esta costumbre debería ser dejada totalmente de lado. Práctica, por cierto, la de estas tiendas si cabe todavía más absurda si pensamos que un ojo mínimamente educado puede diferenciar perfectamente un ojal hecho por una máquina de uno cosido por unas manos humanas.

Si bien la propia forma del ojal y el relieve del cosido nos sacará rápidamente de dudas, para cerciorarnos del todo de que el ojal que tenemos delante de nosotros está hecho a mano bastará con desabotonar el botón y observar el ojal por su parte trasera. Si está tan perfecto por detrás como por delante tendremos motivos más que justificados para empezar a sospechar de que pagaremos lo que cueste la prenda pero no lo que vale. Y esto aplica igualmente al ojal de la solapa.
 
 
Apenas algunos caballeros se fijan cuando van a comprar una chaqueta en el interior de la misma. Y sin embargo son precisamente los detalles que menos se ven los que más cosas nos pueden relevar de la calidad de la prenda.

Por ello, y sobre todo ahora que predominan las chaquetas desarmadas, no nos de vergüenza y abrámosla para observar la calidad de su terminación. Si bien la construcción del hombro es hoy en lo que más nos fijamos y es fundamental para entender parte del valor de la prenda, la construcción interna de éste no es siempre visible y tampoco es cuestión de asustar al vendedor y hacerle pensar que estamos destripando su chaqueta.

No obstante, bastaré con prestar atención a aquello que sí podemos ver fácilmente. Fijémonos, por ejemplo, en la costura central y asegurémonos de que esta haya sido rematada con un bonito vivo. Y hagamos lo propio con las costuras de los faldones.

Si el vendedor insiste en las grandes cualidades de la chaqueta y el precio marcado en la etiqueta también así lo quiere hacer entender asegurémonos de que ese ribeteado haya sido cosido a mano y no a máquina. Ninguna mano humana todavía es capaz de trazar una línea recta perfecta y dar las puntadas en la misma extensión y con el mismo espacio entre una y otra como lo hace una máquina de coser industrial. Con un rápido vistazo sabremos si las costuras se han rematado con un ribeteado y de haber sido así si se ha realizado a máquina o a mano.

Otro detalle que deberíamos descubrir en el interior de las chaquetas de confección industrial, pero de alta gama, es el refuerzo que en el lateral del bolsillo interior se cose para darle una resistencia extra y evitar que a lo largo de los años de tanto meter y sacar por ejemplo la cartera se termine rompiendo.

Solo en las chaquetas con una terminación excelente aparecerá ese bolsillo cosido también a mano.

Otras de las prácticas recientes en las chaquetas que están llegando a las tiendas más exclusivas consiste en realizar sobre las costuras un doble picado. El doble picado es muy fácil de apreciar ya que se encuentra, o quizás deberíamos decir se debería encontrar, a lo largo de toda la chaqueta así como en los hombros y en las solapas de los bolsillos. Este segundo picado se realiza a un centímetro más o menos del principal y tiene como objetivo reforzar la prenda dando mayor resistencia a las costuras.

Si bien esto es una práctica habitual en las mejores sastrerías, las mejores marcas industriales introducen este muy bienvenido detalle de calidad. Dependiendo del precio de nuestra chaqueta se debería o no exigir este detalle.

Y será precisamente ese precio el que nos aconseje pasar directamente por caja o de ser francamente elevado seguir investigando algo. Si queremos asegurarnos de que cuando en dicha caja no vayamos a pagar con nuestra chaqueta la mitad del alquiler de esa preciosa tienda verifiquemos que ese doble picado haya sido no solo hecho sino además hecho a mano y no a máquina.

Aunque parezca que esté de moda que el doble picado se muestre de manera más que visible esto, en la mayoría de las ocasiones, no obedece a moda alguna sino solo a que el picado ha sido cosido a máquina y no a mano.

Un buen doble picado apenas se observará si ha sido cosido por unas manos experimentadas que buscaban la buena terminación de la prenda y no solo un argumento más de venta. Dicho esto, las chaquetas que cuenten con un doble picado, tanto a máquina como a mano, denotan una mejor terminación y cariño que las que no y consecuentemente deberemos estar dispuestos a pagar un importante precio por ellas.
 
 

En los trajes diplomáticos o en las chaquetas o trajes con cuadros deberemos fijarnos en que el dibujo coincida en la tapeta del cuello y a las costuras de los bolsillos.

Igualmente, asegurémonos de que las rayas diplomáticas no se esconden y aparecen a lo largo de la costura central de la espalda. La espalda debe quedar limpia y todas las rayas se deben ver en toda su extensión.


Obviamente dependiendo de la atención que se haya prestado a la chaqueta cabrá esperar una calidad semejante en la terminación de los pantalones.

Resultaría difícil pedir a un fabricante industrial que pusiera en todos sus pantalones, por ejemplo, botones en la portañuela o pletinas en la cintura. Y esto es así porque resulta difícil saber si el cliente final va a querer esta terminación o por el contrario prefiere una cintura limpia y una sencilla cremallera. Por ello mismo, no resulta a simple vista fácil apreciar muchos detalles que hablen de la calidad del pantalón.

No obstante, debemos esperar que el botón central esté cosido a mano, que de contar con botones estos sean de algún material natural y que los ojales hayan sido cosidos a mano. Bastará con seguir los consejos expuestos en la chaqueta al hablar de los ojales para saber si estos efectivamente han sido cosidos a mano.

Un ojal en la costura inferior de la cintura pensado para ser ocupado por ese otro botón que aparece más o menos debajo del principal será un detalle siempre bienvenido. Igualmente, la cintura deberá contar además de con el botón central otro más a unos centímetros para que entre los estos dos y el anterior se reparta toda la presión de la cintura y gane comodidad su propietario.

También fijémonos en la parte interior de la cintura del pantalón y comprobamos que tenga cierto cuerpo para tener la seguridad de que no se arrugará a los pocos minutos de ponérnoslo. El bajo del pantalón, tanto cuente con vuelta como si no, deberá tener cosido, que no pegado, un refuerzo que evite que con el roce del zapato se termine dañando.

Si el traje que nos ha gustado no cumple con la mayoría de las particularidades arriba descritas y su precio es superior a dos mil euros comprémoslo si ese es nuestro deseo pero hagámoslo siendo conscientes de que sencillamente no lo vale.

Un buen traje a medida en nuestro país cuesta unos 2.000-2.500 euros (con telas buenas aunque excluyendo las telas más exquisitas) y además de contar con todos los detalles anteriores y estar hecho enteramente a mano, también está hecho a medida; cosa de lo que ningún traje industrial podrá nunca presumir.

Si las marcas industriales que ofrecen trajes de calidad son muy pocas y nos resultará fácil localizarlas y saber cuál de ellas ofrece una buena terminación, las marcas especializadas en camisas son muchas y deberemos agudizar la vista, y por supuesto el tacto, para tener la seguridad de que pagaremos por ellas lo que verdaderamente valgan.

En las camisas, por suerte para todos, también ayudándonos solo de la vista podremos detectar una serie de detalles que marcarán la diferencia entre sola otra más y una especial. No obstante, el objetivo de excepcional en una camisa sigue estando reservada a la camisería artesanal ya que solo en esta se cosen las camisas a medida atendiendo a esa hechura individual de cada cliente.

Aunque no esté directamente relacionado con el tema en cuestión, lo primero que deberíamos hacer a la hora de plantearnos comprar una camisa es huir de todas esas casas que han hecho de un logo, una letra o de cualquier ejemplar de la fauna animal su signo diferenciador. A una buena camisa se la diferencia por la tela o por la calidad de la mano de obra empleada pero no por llevar un perro, una ballena o una jirafa. Además de que esos animalitos no llevan implícito calidad alguna, exhibir marcas de manera visible denota una falta de elegancia.

Dicho esto, para pagar un precio importante por una camisa industrial hay que asegurarse antes de que encontramos detalles que lo justifican. Al igual que ocurría con el traje, obviamente la calidad de la tela y su composición son factores fundamentales pero ¿cómo explicar solo por fotos cómo diferenciar una buena tela de otra que no lo es? Desgraciadamente para este artículo, será nuevamente el tacto y la experiencia el consejero al que acudir para que nos guie en nuestra elección; tacto y experiencia que como decimos resulta imposible fotografiar.

Respecto a esas cosas que más fácilmente nuestra vista puede detectar encontramos en primer lugar los botones. Cualquier camisa, incluso ya siendo de mediana calidad, debería contar con botones del material conocido como madre perla. Nuestra camisa debería sernos entregada con un juego de repuesto por si se perdiera el botón de los puños o del frontal.

Aunque dependiendo del tipo de camisa esta puede contar con botones o no en el cuello, de no tenerlos será seguramente porque se ha fabricado pensando en que se vista corbata. De ser así, deberíamos asegurarnos de que cuenta con un juego de varillas que son acordes con las medidas de la punta del cuello. Desgraciadamente a veces ocurre que son de medida estándar pudiendo quedar algo justas y al doblar el cuello pueden llegar a partirse. Al igual que con los botones, se nos debería entregar un juego de recambio.

Otro detalle fácil de apreciar y que habla rápidamente de la calidad y esfuerzo que se ha hecho en la camisa que tenemos enfrente de nosotros es cuando el dibujo (rayas o cuadros) casan en la costura que separa la manga del hombro.

Si la camisa contara con canesú o con bolsillo de pecho, algo esto último de lo que no soy muy partidario al romper con la limpieza de líneas de la camisa y al carecer de sentido de ir acompañada por una chaqueta, los dibujos deberían también casar en estas costuras.

Decía Oscar Wilde que "un ojal realmente bien hecho, es el único vínculo entre el arte y la naturaleza". Y creo que quien haya tenido el privilegio de deleitarse observando tanto el proceso de cosido como luego el ojal en la prenda final compartirán con el escritor británico su afirmación.

Hoy lamentablemente son ya demasiadas las camiserías de prestigio, incluidas muchas de la mítica calle Jermyn Street, que ya ni se molestan en coser los ojales a mano y lo hacen a máquina. Basta con observar los ojales de las camisas a medida de la laureada Turnbull and Asser para saber de lo que estamos hablando.

Esta casa, como otras muchas de la calle londinense, cosen los ojales con un tipo de máquina que si bien consigue un resultado muy próximo a la terminación a mano no dejan de estar hechos a máquina. Esto hay que reconocer que no ocurre con la alta camisería napolitana donde los ojales son siempre cosidos a mano.

Si ya desde hace años hasta las camisas artesanales de Turnbull and Asser ya no pueden presumir de contar con sus ojales cosidos a mano no nos deberíamos extrañar que nos resultara casi misión imposible hacernos con una camisa RTW con ojales cosidos a mano.

De conseguirlo y querer buscar argumentos de peso para pagar por ella lo que nos están pidiendo, fijémonos en que el hilo cubra toda la extensión del ojal y no se aprecie espacios entre puntada y puntada. No solo es importante el que haya sido cosido algo a mano sino también que se haya realizado con pericia.

Otro detalle que habla de la calidad de una camisa es el rematado que a lo largo del faldón de la camisa se hace con un dobladillo cosido a mano.

Aunque esto no es obligatorio en una camisa de calidad la parte trasera debería ser ligeramente más larga que la delantera para que cuando nos sentemos con el paso del tiempo no termine saliéndose del pantalón.

Aunque el trozo de tela que funciona de refuerzo y que une la parte delantera con la trasera antes era una muestra de calidad hoy es prácticamente ya solo un detalle de marketing por lo que aunque de tenerlo sería bienvenido de no verlo tampoco deberíamos alarmarnos.

Por el contrario, un detalle que sí habla de calidad de la camisa son el número de puntadas utilizadas en el proceso de cosido. Cuantas mas haya por centímetro mayor será la resistencia de la costura. Bastará con comparar una camisa no muy buena con otra buena para observar como el número de puntadas varía considerablemente de una a otra. Una camisa con más de ocho puntadas por centímetro sí tiene valor y el coste de la misma será elevado.

Al igual que recomendábamos en el traje separar los dos lados de la solapa para cerciorarnos que no estaban pegadas deberíamos hacer lo mismo con el cuello de la camisa para asegurarnos que no está termo-fijado y que por el contrario cuenta con un forro interior.

Otro detalle que “desnudará” de golpe a la camisa y que nos dará la pista definitiva del valor real de la camisa será la costura de los hombros. Aprovechemos cuando estamos en el vestidor para darle la vuelta al hombro y comprobar si se ha cosido esta parte con una sola costura o con dos.

De contar con dos, algo siempre recomendable, fijémonos si alguna de ellas al menos ha sido cosida a mano. Si una de ellas ha sido cosida a mano fenomenal y si lo han sido las dos me temo que será mejor sentarnos y ponernos cómodos antes de dar la vuelta a la etiqueta.

Si una camisa no cuenta con la mayoría de los detalles aquí descritos y cuesta más de ciento ochenta euros comprémosla también si este es nuestro deseo pero siendo conscientes nuevamente de que sencillamente no lo vale. Una buena camisa a medida en nuestro país cuesta entre 150-200€ (con telas buenas aunque excluyendo las más especiales) y además de utilizar por norma general telas de mejor calidad que las RTW están hechas a mano y a medida. Por tanto, asegurémonos muy mucho de que si vamos a pagar más de ese precio por una camisa industrial sabemos por qué lo hacemos.

Repasado ya el traje y la camisa le llega el turno a los zapatos. De la misma forma que hemos hecho con aquellos, con estos vamos también a intentar distinguir un buen zapato de otro que no lo es solo por fotos. Y decimos que lo vamos a “intentar” porque a través de fotos y de una descripción que solo se haga por escrito, pero sin la ayuda del tacto o de una pequeña explicación visual, resulta muy difícil explicar cosas como un cosido Goodyear, la flexibilidad de la piel, el significado de comodidad o el ajuste del ideal del zapato.

Una dificultad añadida es que la verdadera calidad de un zapato se aprecia no sobre una estantería sino tras haber pasado unos buenos años con él. Tras esos años y fijándonos en cómo ha envejecido la piel y cómo de entera sigue la construcción del mismo sabremos si nuestra elección fue la correcta.

No obstante, como hemos dicho vamos a intentarlo. Lo primero que hablará de la calidad del zapato en su conjunto será el “empaque” del mismo. Un buen zapato, por los propios materiales con los que está confeccionado, por norma general no posee la ligereza de un zapato que está pensado para que solo pase un par de temporadas en nuestro armario.

El buen zapato se nota armado y robusto. Esto es especialmente visible en los zapatos de cordones aunque también si comparamos un mocasín de calidad con otro más bien normalito notaremos grandes diferencias en lo que a robustez se refiere.

Al contrario de lo que hemos apuntado al hablar del traje y de la camisa, cuando se trata de hacernos con unos buenos zapatos lo más fiable será acudir a las marcas premium por todos conocidas.

Bastará con observar un Alden, un Edward Green, un Tricker, un Lobb o un Vass para entender perfectamente de qué hablamos cuando lo hacemos de un zapato con empaque, robustez, de calidad y bien armado.

Cada vez son más las marcas italianas que empiezan a prestar atención no ya solo al diseño sino también por fin a la calidad final de sus zapatos. No obstante, en la mayoría de los casos bastará con coger en una mano un zapato de cualquier marca conocida de Northampton y en otra un Canali o incluso un Sutor Mantellassi para entender por qué los zapatos ingleses en lo que a calidad se refieren siguen marcando el paso.

Desgraciadamente y aunque lo intentemos, cuando hablamos de zapatos de calidad tenemos que hacerlo de marcas. Al contrario de lo que ocurre con, por ejemplo, las camisas las casas por antonomasia zapateras tienen unos estándares de calidad inherentes al nombre de cada una de ellas que garantizan una alta calidad en el resultado.

Conocer la calidad de la piel del zapato resulta vital. Sin embargo, diferenciar una buena piel solo por fotos no es algo fácil. Y es que si con las telas de los trajes y de las camisas resultaba vital el poderlas tocar para hacernos una idea de su calidad, en los zapatos además de poder tocar la piel también deberíamos poder caminar con ellos y, sobre todo, verlos envejecer.

Y solo el uso y el tiempo nos desvelarán como envejece esa piel, cómo cambia de color, cómo se marca o cómo se cuartea. Si la piel de nuestro viejo zapato se ha acartonado, si por el uso se le han formado arrugas llamativas o si no permite coserle una nueva suela al desgarrarse la piel, quedará de manifiesto que si bien puede que compráramos un zapato bonito su calidad queda ahora patente que era muy baja.

Cuando toquemos la piel del zapato y la doblemos debemos tener la sensación de que es una piel tierna, que de la sensación de estar “viva”. Es difícil explicar en palabras esa percepción que nos gustaría aquí transmitir pero es posible de poder comparar un zapato de una gran calidad con otro estándar.

Para entender un poco lo que queremos explicar bastará con coger un mocasín de la marca Sebago, mejor si ya tiene algún tiempo, y fijarnos y tocar la piel con la que está fabricado. Su tacto y el aspecto de esta estarán más próximos al plástico que a cualquier piel de calidad. A continuación cojamos un zapato de cualquiera de las otras marcas aquí mencionadas que tenga hasta el doble de uso que nuestro mocasín Sebago y entenderemos a que nos referimos cuando decimos que la piel debe dar la sensación de estar tierna y viva.

No es que tenga nada personal en contra de estos zapatos Dominicanos pero en este artículo los mocasines Sebagos nos serán de gran utilidad ya que raro es el español que no los conozca o incluso que los haya comprado alguna vez y por ello todos sabemos perfectamente el zapato al que nos estamos refiriendo.

Más allá de lo que el tacto y la experiencia nos cuenten del zapato que estamos a punto de comprar, hay algunos detalles en los que siempre deberíamos fijarnos.

Por ejemplo, deberíamos asegurarnos de que nuestro pie descansará dentro del zapato sobre una plantilla de piel y no de plástico. Igualmente, debemos asegurarnos de que esté tenga cierta envergadura y no se trate solo de una finísima capa de piel. Observemos, por ejemplo, la plantilla de un modelo Church´s pre-Prada y comparémoslo con otras marcas para entenderlo.

Hoy hay casas como Corthay o Berluti que son expertas en teñir el zapato con sombras, diferentes colores y tonalidades y brillos que le dan un toque muy interesante al zapato. El efecto patina en el teñido de los zapatos es un arte que no está al alcance de todo zapatero.

Si bien estos tipos de zapatos no serán fáciles encontrar en su línea RTW al no ser del gusto de todos los caballeros, de lo que sí nos tendríamos que cerciorarnos es de que al menos el teñido haya sido hecho con un mínimo de calidad.

Hace ya algunos años me hice con unos zapatos marrones bastante bonitos de Louis Vuitton que si bien me costaron una cantidad importante definitivamente no lo valían. Y no lo valían sencillamente porque tras frotarlos con un trapo blanco para quitarles la poca suciedad acumulada en su primera puesta dejaron todo el trapo de un marrón más que sospechoso.

En los zapatos, al igual que en los trajes y en las propias camisas, siempre lo que no se ve dice más de la calidad de la prenda final que lo que queda a la vista de todos. Por eso nunca deberíamos hacernos con un nuevo par de zapatos sin fijarnos en cómo está rematado el zapato por dentro. Bastará con ser mínimamente observadores para saber si con ese zapato se ha querido solo cumplir con el expediente o por el contrario se ha terminado internamente con la misma delicadeza empleada por fuera.

Otro de los puntos en los que no nos podemos dejar de fijar es en la suela. Lo primero que debemos comprobar es que la suela haya sido cosida y no pegada y así haya sido hecho a lo largo de toda la suela del zapato. Esto es fácil de comprobar mirando el cosido del perímetro interno del zapato. El que la suela esté cosida y no pegada permitirá que en el futuro al cambiar la suela y el tacón el zapato siga teniendo un aspecto mucho más saludable.

A pesar de que la mayoría de los zapatos cuentan con suela de cuero no debemos pensar que todas son iguales. El número de capas de estas así como su composición y su cosido coloca a unas y a otras en mundos diferentes. ¿Acaso no os habéis preguntado por qué muchos de vuestros mejores zapatos todavía tienen su suela original y por qué a la mayoría de vuestros mocasines Sebagos, incluso con bastante menos uso, ya les cambiasteis la suela?

El cosido de la suela es una parte fundamental y si ese zapato que nos ha gustado no ha cuidado esta parte, independientemente de su coste, su valor quedará en entredicho. El cosido más extendido entre los zapatos de calidad es el conocido como cosido Goodyear. Este tipo de cosido aporta al zapato comodidad, durabilidad, flexibilidad y es garantía de que tras un cambio de suela nuestros zapatos puedan llegar a recuperen su aspecto original.

Como el objetivo de este artículo es no entrar en explicar conceptos técnicos sino en intentar solo con la mirada detectar el valor de las cosas dejaremos la explicación del cosido goodyear para otro momento.

Normalmente, como acabamos de apuntar, la gran mayoría de los zapatos con más nombre están cosidos con este sistema y aunque el cosido que fija la pala a la palmilla es interior y consecuente no se puede apreciar a simple vista, el segundo cosido, el que une la vira con la suela y la entresuela es exterior y sí se puede apreciar en algunos modelos.

Igualmente, si fuéramos capaces de levantar la plantilla interior del zapato, algo muy difícil si esta se ha fijado bien, deberíamos apreciar una capa de corcho que es la responsable de dar confort al pie. Esta capa de corcho es precisamente la que hace que la forma de nuestros pies quede grabada con el uso en ella. Esta fina capa de corcho no debe confundirse con el corcho que separa las “dos” suelas del zapato.

En la mayoría de los zapatos, incluso en muchos de los modelos de las marcas aquí citadas, el cosido de la suela queda visible en la propia suela. Sin embargo, en los zapatos de más alta gama ese cosido queda oculto en la propia suela y sus zapateros prefieren o dejar la suela lisa o decorar el perímetro con algún tipo de adorno.

El talón debe estar formado por varias capas de piel que se unen con unos clavos. El número de estos así como una disposición personalizada al modelo concreto de tacón y zapato así como la finura de los propios clavos hablará de una mayor o menor calidad de la terminación.

Nuevamente con observar al mismo tiempo un tacón de un zapato de mediana calidad y otro de buena calidad entenderemos de lo que estamos hablando. Si alguno de vosotros ha perdido el tacón de sus zapatos o ha visto como este se separaba de la planta del zapato y ha tendido que amartillarlo para que volviera a su posición originaria está claro que no debería hacerse nunca más con esa marca. Y el consejo sería el mismo si ha comprobado con el paso del tiempo como los diferentes estratos de piel del talón se han separado.

Se da por hecho que en el extremo del tacón habrá un trozo de goma dura que además de amortiguar el impacto en cada paso le proteja de estropearse rápidamente.

En la puntera es posible, aunque no frecuente, que encontremos un trozo de metal para protegerlos también de dicho desgaste. De ser así, el zapatero de la marca habrá puesto más destreza si ese contrafuerte no sobresale del resto de la suela del zapato que de parecer que se ha añadido una vez terminado el mismo. Sin embargo, lo más normal es ver unos pequeños clavos en la puntera que consiguen también el objetivo de protegerles.

La planta del zapato suele rematarse con cera para darle brillo. Si bien esto es un bonito detalle no tiene mayor importancia. Lo que sí deberemos asegurarnos es que nos entreguen una bolsa para cada zapato. A la hora de colocar los zapatos en la maleta siempre resulta más fácil poder jugar con ellos independientemente.

Las propias bolsas tienen calidades diferentes como se nota en el propio material, en las lazaderas, y en la manera en que se han grabado, cosido o añadido el logo de la marca. Hasta por las bolsas se podría saber la calidad del zapato ya que la diferencia en calidad varia bastante entre unas a otras.

Solo de las mejores casas zapateras cabrá esperar que entreguen sus zapatos con unas hormas de madera. No obstante, si tenemos en cuenta que el precio y valor de los zapatos aquí descritos es más que considerable sería de recibo que se incluyeran dichas hormas. Esto si bien lo entendió perfectamente Lobb parece que no muchas han seguido su camino. Y como dice este artículo muchas veces en los detalles radica la diferencia.
 
A todos nos sonará familiar la frase que dice que “quality will be remembered long after price has been forgotten”. Y en el tema de los zapatos esto es toda una verdad.

Por ello, si pretendemos hacernos con un buen par de zapatos y además con las características aquí descritas desconfiemos de aquellos con un precio menor de trescientos euros. Los buenos zapatos son caros y no existen las gangas.

Recordemos finalmente que si nos queremos hacer con un buen par de zapatos de calidad no hay opción más segura que dejar de lado las casas multi-producto y las marcas del momento y centrarse en las casa zapateras por excelencia.

Esperamos que este artículo nos haya ayudado a todos a poder apreciar solo con la vista esos detalles que diferencian las prendas excepcionales y que consecuentemente su alto valor justifica pagar por ellas un importante coste.

En próximos capítulos intentaremos hacer un análisis parecido en complementos como el pañuelo de bolsillo, la corbata, los calcetines o los tirantes.

El Aristócrata