domingo 1 de noviembre de 2009

Bespoke Parte VI. El zapato a medida; Norman Vilalta: artesano y artista

Artesano: "Persona que hace por su cuenta objetos de uso doméstico imprimiéndoles un sello personal, a diferencia del obrero fabril"
Artista: "Persona que hace algo con suma perfección”

Desde que empezó a andar http://www.elaristocrata.com/ allá por Abril 08 teníamos pendiente la realización de un artículo sobre zapatería a medida. Si bien nos hemos hecho eco en repetidas ocasiones del interesantísimo mundo de la sastrería, no habíamos hecho lo propio con el de la zapatería bespoke.

Siempre hemos defendido que la elegancia empieza por los pies. A nuestros lectores les resultará familiar nuestra afirmación de que el mejor traje de Henry Poole se puede ver arruinado por no vestir unos zapatos a la altura de éste o por no saberlos combinar. Igualmente, estos habrán leído en esta página en más de una ocasión que del mismo modo, también puede ocurrir que un traje normalito se realce al descansar éste sobre unos zapatos bien escogidos y de calidad. No obstante, ni el más fino John Lobb podría hacer milagros en muchas ocasiones.

Durante estos casi dos años en los que hemos estado pensando en la estructura de este artículo y los posibles talleres donde realizarlo el nombre de Norman Vilalta siempre ha estado dentro de nuestras primeras opciones. Igualmente, queremos agradecer a los que nos sugeristeis que le dedicáramos este artículo porque después de conocer en profundidad su trabajo no creo que hubiera habido ningún otro taller, ni nacional ni extranjero, donde se nos tratara mejor y donde se nos mostrara un trabajo tan diferente a lo que hasta la fecha conocíamos.

Después de charlar por teléfono e intercambiar varios emails sobre el artículo y lo que con él queríamos contaros, acordamos mantener un encuentro de tres días en su taller de Barcelona y conocer el producto en profundidad.

Si bien el taller de Norman se encuentra en el centro de Barcelona, está ubicado en una zona relativamente alejada del bullicio de la ciudad y en una calle muy significativa al encontrarse su taller rodeado de galerías de arte. Después de pasar tres días con Norman y conocer su forma de trabajar y lo que él busca en cada par de zapatos que fabrica parece claro que la elección de los bajos de la Casa de Antoni Pámies, un edificio modernista de 1908, para establecer su laboratorio no fue para nada una casualidad. Y decimos laboratorio porque lo que allí encontramos está más cerca de un lugar donde se realizan investigaciones y experimentos que del típico taller donde solo la construcción manual de algún objeto justifica este último nombre.

Lo primero que nos encontramos al entrar en su taller-laboratorio es un tirador de la puerta principal con forma de una gran horma que perteneció al señor Josep Cunillera, zapatero ortopédico recientemente jubilado y quien representaba la tercera generación de zapateros en su familia y a quien Norman tiene en gran afecto. Hoy son las herramientas de Don Josep las responsables en gran parte del acabado de los zapatos que salen por la puerta del taller de Norman. Como nos comenta Norman, “en el gremio de zapateros los utensilios de trabajo siempre deben pasar de una mano a otra y nunca pueden descansar”.

Aparte de esta enorme horma, nos llama la atención la disposición de la tienda. Aunque más cerca de un taller de pintura o de escultura que de cualquier zapatería que podamos conocer, este fascinante lugar rezuma orden dentro de un enorme desorden. Si lo que vamos buscando es un lugar donde el lujo sea el protagonista nos llevaremos una gran desilusión. Su taller nunca podrá ser una tienda ya que el polvo campa a sus anchas rodeado de zapatos, pieles, pruebas etc.

Como decimos, no hay ni ostentación ni objetos innecesarios. Todo el guiño al lujo lo representan tres pequeñas sillas de madera donde Norman pasa horas charlando con amigos y clientes. Si el visitante lo que quiere encontrar son solo esas pequeñas obras de arte que conocemos como zapatos estará más que satisfecho ya que éstos están por todo el taller.

Justo pasado el umbral de la puerta, en una pequeña mesa en la entrada, se divisa una muestra de lo que será en un futuro cercano su línea prêt-à-porter. En esta mesa encontramos desde zapatos inspirados en modelos ingleses de los años 30 pero con un guiño a la modernidad, hasta mocasines con forro de razo.

Tras esta mesa y sobre el suelo, tanto a derecha como izquierda, observamos múltiples zapatos diseñados y fabricados por él que muestran tanto su evolución como zapatero artesano como la gran variedad de líneas con las que ha trabajado a lo largo de su ya prolija carrera.

Los modelos e inspiraciones son amplísimos. Como Norman nos adelantó incluso antes de visitarle no encontramos en su taller las líneas típicas de los Oxford o Bluchers de las casas inglesas e italianas. En su casa, como veremos más adelante, este concepto está superado.

Conforme nos acercamos al fondo de la tienda empezamos a vislumbrar lo que verdaderamente nos ha traído hasta allí: su laboratorio.

Resulta sorprendente como en menos de tres metros cuadrados se dan cita desde las centenarias herramientas con las que trabaja Norman, su mesa de trabajo y una diminuta silla. El desvirador, las limas, los hierros de cantos fríos, las ruletas, los zigzags, el yunque etc. comparten este diminuto espacio con zapatos y botas que se encuentran en pleno proceso de construcción. En definitiva, no más de tres metros cuadrados de donde salen todos los años cien pequeñas obras de arte.

Si hemos tenido la suerte de conocer anteriormente los zapatos de Norman Vilalta seguramente esperaríamos encontrar un taller mucho más moderno y amplio del que allí se abre ante nuestros ojos. Sin embargo, si algo trasmite este centenario taller es que estamos frente al lugar de trabajo de un auténtico artesano.

Norman Vilalta es argentino de nacimiento, español de adopción y barcelonés de agradecimiento. Su carrera como zapatero empezó en el país Sudamericano. Trabajando ya como abogado aprovechaba los fines de semana para ir a la casa de los artesanos de Correa Bottier a aprender el oficio. La gran amabilidad de esta familia y los sentimientos que allí afloraron le hicieron decidirse a dejar su profesión de abogado, dejarse llevar por su impulso interior y comenzar a capacitarse como zapatero artesano.

De Buenos Aires emprendió el viaje a Florencia. Allí empezó a trabajar en un taller de una señora alemana donde conoció a quien sería su maestro los siguientes años: Stefano Bemer. Él fue quien le dijo que para aprender a diseñar y hacer zapatos a mano necesitaba de al menos cinco años de capacitación. En este taller de Via di Camaldoli pasó mas de un año y medio aprendiendo los secretos relacionados tanto con la construcción de un zapato artesanal como con el diseño del mismo. Desde Florencia aterrizó en Barcelona donde ya lleva siete años entregados a esta profesión.

Mientras nos fijamos en un pequeño taburete de mimbre nos explica que la silla de cada zapatero es la responsable en gran parte del resultado final. Según nos comenta, si no te sabes sentar no puedes hacer zapatos. La forma de sentarte determina, por ejemplo, hasta como puedes cortar. Según sea la altura de la silla, el trabajo que se realice sobre el zapato puede variar considerablemente. Su silla de trabajo apenas despega del suelo unos centímetros y para seros sincero, no parece muy tentador pasar sobre ella las más de cincuenta horas que requiere la confección de uno de sus zapatos a medida.
Una vez hechas las oportunas presentaciones y tras declararse lector empedernido de nuestra página nos empieza a narrar la larga tradición que en nuestro país hay de artesanía zapatera.

Según nos cuenta, los dos países con mejores pieles son Inglaterra y España. No obstante, España es el país con mayor tradición de cuero manufactura. Por ejemplo, el cuero cordovan de cabra es prácticamente todo de procedencia española. La tradición española-árabe sobre la venta y compra de cuero convirtió a España en uno de los países con más tradición en el trabajo de la piel. Pero desgraciadamente esto no se nos ha contado y muchos seguimos pensando que la buena piel es propiedad casi en exclusiva de otros países.

Por el contrario, nos adelanta, no sin cierto pudor, algo con lo que muchos de los lectores de www.elaristocrata.com estamos totalmente de acuerdo. En España, y por mucho que desde esta página se intenta hacer, no se visten buenos zapatos. Y lo que es peor, tampoco se saben combinar los diferentes tipos de zapatos. “En España la gente es capaz de gastarse un dineral en un traje y luego ponerse con él esos infumables Sebagos”.

Las mejores botas de montar a caballo se hacen en nuestro país y las botas de cowboy proceden de las botas españolas. Según nos comenta, las botas de montar y de polo son muy difíciles de fabricar. Antes de empezar a confeccionar dichas botas Norman consiguió varios modelos antiguos ingleses y los desmontó para entender cómo estaban hechos. Los zapateros ingleses que hace cincuenta años se dedicaban a fabricar botas de montar a medida representaban el súmmum de la perfección. La bota de montar representa la máxima complicación de la zapatería artesanal y desgraciadamente hoy son contados los zapateros que hacen este tipo de zapato. Norman presentará sus botas próximamente en el Abierto de polo argentino.

Tampoco las Chealsea boots fabricadas en nuestro país tienen nada que envidiar a las de las casas extranjeras más reputadas. Igualmente, nuestros zapatos cartujanos son, según su opinión, de una enorme belleza.

Nos comenta que una de las cosas que tiene pendientes es pasar dos meses con un guarnicionero andaluz que le enseñe como se hacían antiguamente los zapatos cartujanos. Los zapatos de, por ejemplo, Guarnicionería López, si bien pueden no tener la terminación de unos zapatos bespoke, son magníficos y cuentan con una enorme variedad de modelos. Tampoco podemos olvidar a algunos zapateros menorquines quienes podrían competir fácilmente con los sobrevalorados zapatos RTW de John Lobb. Sin embargo la mayor parte de las buenas marcas RTW siguen viniendo de Northampton.

“Hoy la mayoría de los zapateros que hacen bespoke son solo artesanos pero en cambio no diseñan zapatos. Quizás esto explique mi gran admiración por el trabajo de Roger Vivier y de Ferragamo quienes han sido, desde mi puto de vista, los dos grandes maestros de la zapatería mundial”.

Como puntualiza, hoy estos grandes nombres se van sustituyendo poco a poco por nombres como el de nuestro internacional Manolo Blahnik. “Yo admiro mucho a Manolo Blahnick porque ha dedicado toda una vida a los zapatos y desgraciadamente ha tenido que hacerse famoso fuera de nuestras fronteras para que aquí se le reconozca su trabajo. No obstante, su producto difiere mucho de lo que yo considero un zapato artesano. Una cosa es decorar un zapato y otra muy diferente es hacer manualmente un zapato”.

Continúa contándonos que si bien en España se fabrican buenos zapatos RTW en cambio no contamos con destacados zapateros. “No podemos olvidar que el poner una marca en el interior de la lengüeta del zapato no te convierte en zapatero. Ser zapatero es otra cosa”.

“Hoy las grandes marcas internacionales, incluso aquellas que muchos de nosotros podemos considerar como el súmmum del refinamiento y calidad, funcionan como una gran empresa donde un equipo de personas diseña la colección, otro decide los colores y una gran fábrica los produce. Por el contrario, existen muy pocos profesionales que realicen todo el zapato ellos solos y lo que no es menos importante desde el mismo lugar de trabajo”.

El trabajo de Norman Vilalta lo podemos dividir en dos grandes grupos. Por un lado, encontramos una línea compuesta por zapatos clásicos y medida y por otro una serie mucho más conceptual y minimalista donde se une la artesanía y el diseño.

Mientras continuamos con nuestra charla hacemos una pausa para que pueda tomar medidas a un cliente, un galerista, artista y coleccionista de arte, a quien había citado coincidiendo con nuestra visita para de esta forma poder narraros de la manera más real posible el proceso de confección de uno de sus zapatos.

Durante el proceso de toma de medidas estudia y tiene en cuenta ambos pies ya que como bien nos apunta, nadie tiene los dos pies de las mismas dimensiones. Mide desde el largo, el ancho y el alto desde diferentes puntos hasta el grosor de los dedos, la altura del talón, el puente del pie etc. Mientras toma las medidas nos sigue contando que la forma de trabajar de un zapatero está siempre en continua evolución. Uno de sus mayores cambios lo podemos apreciar en el trabajo del talón donde ahora éste es una mera continuación en vertical de la suela.

Una vez concluido el proceso de toma de medidas, empieza una apasionante conversación con el cliente de más de una hora sobre lo que le gusta en un zapato y cuál es la imagen que le gustaría transmitir con ellos. Obviamente, no puede ser el mismo zapato el de un caballero que vista trajes cortados según el estilo inglés que el del señor que se decante por un estilo más italiano o el de aquel que quiere convertir el zapato en el foco de atención de su vestimenta o el de alguien que solo lo vestirá de manera casual. Tampoco, con seguridad, será el mismo zapato el de un artista que el de un banquero. Y en esto radica, como veremos más adelante, el gran valor añadido de la artesanía Norman: nadie como él sabe trasmitir la personalidad de cada cliente a los zapatos.

Una vez que abandona el cliente el taller, Norman nos adelanta como evolucionará el proceso de confección del zapato durante los siguientes dos meses hasta que éste esté totalmente terminado.

Después de la toma de medidas se prepara la plantilla de manera que refleje tanto el diseño del zapato final como el de la suela, especificando cada milímetro para, por ejemplo, conseguir una punta afilada o un estilo de zapato en concreto. Seguidamente se corta la piel y se ponen a remojar las punteras y los contrafuertes las cuales a posteriori se rebajarán dependiendo de la estructura del zapato que se quiera conseguir (rígidos, flexibles, ligeros etc).

A continuación Norman dibuja el modelo del zapato sobre la horma de madera y confecciona los patrones con las correcciones para cada uno de los pies. En caso que el cliente quiera un forro con un diseño particular se realiza un proceso similar al anterior.

Una vez terminados los patrones se pasan a un papel que cubrirá y se montará sobre la horma de madera. Es importante cerciorarse de que el dibujo del papel y su situación en la horma concuerdan perfectamente. Después se corta la piel acorde a las medidas de cada pieza de corte y forro. Seguidamente, se rebajan las partes que correspondan y se comprueba que vayan tanto unidas como que no hayan quedado regruesos. Se apara y ya está el corte listo para montar.

Las diferentes partes del zapato se montan siempre por separado siguiendo el siguiente orden: forro, corte, punteras, barretas y finalmente el corte de la punta. Posteriormente se cose, siempre a mano, el Goodyear o en su defecto el Norvegese a la vira.

El siguiente paso es ya poner los cambrillones los cuales en su taller son siempre de madera. Una vez terminada su correcta colocación se realiza el interior del zapato según lo especificado por el cliente.

El montado de la suela se realiza una vez que esta haya estado en remojo varios días y siempre después de haberla martillado con una piedra de río para conseguir el mayor grado de alisado posible. Este es el momento perfecto para trabajar sobre la suela y conseguir la flexibilidad que en ella quiere el cliente.

A posteriori, se construye el tacón del zapato estrato a estrato, insertando solo un tipo de clavos de madera alemanes que impiden que entre el agua ya que al contacto con la humedad estos se ensanchan y bloquean su paso. “El tacón queda más firme porque no se arruinan como los de acero además de no usar clavos de acero en el tacón el cambrillón también es de madera, por eso son más ligeros y no suenan en los detectores de metales de los aeropuertos”. Para la construcción del tacón, anteriormente se han debido martillar también cada una de las tapas. La terminación y forma de los cantos se realiza con lija, agua y calor. Finalmente se lustran los cantos con los diferentes hierros del zapato.

El acabado de la suela y del tacón se hace tradicionalmente con lima, vidrio, luego se trata con unas lijas de papel y con los hierros calientes con agua para posteriormente repetir todo el proceso esta vez con ceras y tintas. Se realiza con una lija de joyería progresiva 350, 500 y 800. Con su uso conseguimos que la fibra quede completamente lisa y brillante. Es ahora cuando se ponen los cuños de cada uno de los artesanos que han intervenido en la fabricación del zapato y se graban las iniciales del cliente en cada uno de los zapatos.

El lustrado pone fin a la construcción del zapato. El grado de intensidad del mismo depende en gran medida de lo que quiera el cliente. Si se trata de una glaseatura, el zapato se lustra haciendo capas muy sutiles de cera con un líquido especial. Si el cliente prefiere algún tipo de textura como, por ejemplo, un tono envejecido, el proceso de lustrado se alarga en el tiempo necesitándose otros dos días. “Junto con la terminación del tacón y la suela es cuando se les da el "carácter" al zapato por ejemplo para un mismo modelo, si el cliente lo usa con un determinado estilo en el vestido se le puede dar un carácter particular“.

Los instrumentos que utiliza en la confección de sus zapatos son igualmente de primera calidad. Por ejemplo, las agujas con las que cose son de jabalí. Otros detalles como la pega, formada por resina, cera de abeja y aceite, de la que se sirve para impermeabilizar el hilo y así evitar que lo pudra el agua son otra muestra de su concepto de zapatería artesanal.

Otra nota de la calidad de su trabajo es el uso de diferentes técnicas para obtener ese resultado buscado. Por ejemplo, este cliente con el que nos reunimos ayer quería en su primer par de zapatos una suela fina pero muy rígida por lo que tuvo que hacer un tratamiento especial a la suela y así conseguir en la mínima superficie la mayor rigidez. Esto se complicó cuando le comunicó a Norman que, sin embargo, quería una piel muy flexible. Para ello Norman trató el cuero con agua y jabón para de esta forma hacerlo flexible.

En total tres o cuatro meses tendrá que esperar cada cliente de media para poder empezar a disfrutar de estas pequeñas obras de arte.

Después de esta pequeña explicación sobre las fases de construcción de un zapato artesanal, Norman vuelve sobre la importancia del asesoramiento al cliente. No siempre el cliente sabe con certeza el zapato que busca o, como ocurre en muchos de los casos, le pueden asaltar dudas tras conocer el trabajo y la opinión del zapatero. Si el cliente no tiene claro qué tipo de zapato busca, Norman le intenta ayudar a despejar sus dudas aminorando las opciones. Por ejemplo, como hemos podido comprobar in situ con su anterior cliente, Norman pregunta sobre la línea que más se corresponde con su gusto. Quiere saber si prefiere un zapato más redondo, más cuadrado o más alargado. En el caso en concreto de este cliente, Norman le recomienda un tipo de horma que también disimularán su elevado empeine.

El cliente, igualmente, pidió a Norman que le diera algo más de holgura a la parte exterior del pie izquierdo; algo por otra parte normal ya que según nos cuenta Norman todavía no ha conocido a nadie que tenga la fisionomía de los dos pies idéntica.

Después de todas estas consideraciones coinciden en optar por un zapato de corte clásico pero con una punta circular que dará ese toque moderno que mejor se adapta con la personalidad de su futuro propietario.

Trascurridas dos o tres semanas se llama al cliente para que se someta a una primera prueba. En esta prueba todavía no existen los zapatos como tal. Todo lo que vemos son una especie de zapatillas de estar por casa a las que ya se les ha dado la forma de los pies del cliente y que sirven a Norman para asegure de que las medidas que tomó fueron las correctas y el cliente se siente cómodo con estas zapatillas. Las zapatillas de prueba se confeccionaron sobre una horma de madera en la cual se harán ciertas modificaciones una vez comprobadas y ajustadas las medidas después de esta primera prueba.

Para la realización de las hormas, Norman escoge la horma tipo que mejor se adapta al perfil del pie del cliente y la personaliza con todas las medidas y características de sus pies. Añadiendo trozos de piel u otros materiales a hormas estándar consigue unas hormas totalmente acordes a la fisionomía del pie del cliente.

El número de hormas estándar con las que trabaja es enorme ya que como bien nos indica, aunque el cliente sea el mismo, no pueden ser iguales las hormas a utilizar en un Blucher, un Loafer o un Oxford. Igualmente, tampoco puede ser igual una horma de un Oxford en el que se vaya a utilizar piel de cocodrilo que una en la que se use piel de becerro. La piel a utilizar exige en muchas ocasiones hacer pequeñas correcciones en las hormas.

Una vez hecha la primera prueba con este tipo de zapatilla “de estar por casa” se configura un nuevo zapato con la horma y las medidas casi definitivas. Este zapato ya cuenta con lengüeta, cordones, forro, etc. Este nuevo zapato lo vestirá el cliente durante al menos dos semanas y será la clave para que el zapatero pueda asegurarse de que son como un guante para los pies de su cliente. Esta segunda prueba sirve también para que Norman haga las pequeñas modificaciones que requiera el zapato y pase estas nuevamente a la horma para poder empezar ya a trabajar en los zapatos finales.

Cuando la horma está totalmente definida y construida es el momento de comenzar a definir el modelo de zapato y la piel a utilizar.

La gran mayoría de la piel que utiliza el taller de Norman viene de Francia. En concreto su debilidad sigue siendo la Tanneries Du Puy; la misma piel que emplea Hermes para la confección de sus bolsos. Según nos comenta, no existe hoy en día mejor piel que esta. Igualmente, el ante que usa en la parte exterior del zapato tampoco es ante corriente, solo recurre a ante de antílope.

Según nos cuenta, un zapato que se use con asiduidad y que cuente con una piel de calidad y su construcción haya sido artesanal debería durar si se cuida no menos de cuarenta años. Ese cuidado debe consistir en la utilización de unas hormas a medida. No obstante, lo más importante para conseguir alargar lo máximo posible la vida de nuestros zapatos es llevarlos siempre a reparar al zapatero que los hizo. Nadie mejor que él conoce cómo están fabricados.

La elección del color en esta casa tampoco es tan sencilla como a priori se pudiera esperar. Una de las pasiones y notas diferenciadoras de los zapatos de Norman Vilalta es el tratamiento del color de la piel. En este laboratorio el cliente no se limita a escoger un negro o un marrón oscuro. “En general no hago zapato negros, los hago de pieles azules o marrones y luego las transformo en negro de modo que con el paso del tiempo vayan dando veladuras”. Se puede conseguir el color que se quiera o incluso optar por diferentes tonalidades en un mismo zapato. Para ello las somete a calor o utiliza diferentes aceites que oscurecen o aclaran la piel.

Norman tiñe la piel de tal forma que conforme pase el tiempo vaya cambiando de color y adquiera esa belleza que solo los zapatos viejos tienen. “A mi me gusta investigar la infinidad de tonalidades que pueden adquirir la pieles. Por ejemplo, en mi casa de campo de Mallorca teñí la misma piel en diez diferentes tonalidades y las expuse al sol directo durante un mes y medio para ver como evoluciona el color. La que más me gustó fue con la que confeccione los siguientes pares de zapatos”. El cliente que acude a esta casa busca también que el color de su zapato no sea como el de la mayoría de los zapatos RTW que puede comprar en cualquier tienda. Como pudimos comprobar la pala de muchos de sus zapatos está formada por diferentes colores e incluso por diferentes tipos de pieles.

Como él mismo nos comenta, tiene un don con las manos que le permite si se le enseña la técnica, realizar cualquier cosa que requiera del uso de estas. Su habilidad con las manos también le permite dibujar tatuajes en la piel de sus zapatos; algo muy demandado por algunos de sus clientes.

Según nos adelanta, tan trascendental es la piel que se usa por fuera del zapato como la que se utiliza en el interior. Como nos indica en varios momentos del encuentro, tan importante es la belleza del zapato por fuera como por dentro. “Hoy la gran mayoría de los zapateros artesanos solo prestan atención a la belleza exterior del zapato cuando para mí es igual de importante una como otra”.

Nos cuenta que él fabrica zapatos donde a veces la piel que emplea en su interior es mucho más cara que la que ha utilizado fuera. Hay zapatos que, por ejemplo, su interior lo confecciona con ante de cabra. Esta permite conseguir una suavidad que, en sus propias palabras, representa la máxima esencia del lujo. Otras veces es el raso dopiato italiano el utilizado para forrar sus zapatos.

Seguidamente nos muestra un dieciséis pies del que según nos adelanta solo consigue extraer piel para dos pares de zapatos. El resto de esta la utiliza para los zapatos de prueba. “Si te fijas esta piel no es pareja; la piel tiene que tener pequeños defectos. En una buena piel se debería apreciar hasta las venas del animal. Si la piel fuera pareja es porque estamos ante una piel de baja calidad ya que habrá sido corregida”.

"Cuando voy a coser un zapato siempre lo forro en nylon para que en el proceso de montaje del zapato la piel no se manche".

Es curioso comprobar como al igual que ocurría en el caso de Laszlo Vass, Norman siente una gran alegría cuando sus clientes le llevan a reparar los zapatos que salieron de sus manos hace varios años. “Es como el encuentro con ese antiguo amor al que no ves desde hace años; se te acelera el corazón y una extraña sensación se apodera de ti”. Nos justifica este sentimiento porque como él mismo nos apunta “cuando mis zapatos salen del taller son hermosos, pero cuando el cliente los usa y los reparo al cabo de cuatro o cinco años estos zapatos son verdaderamente bellos”.

La reparación de la suela exige humedecer el zapato para conseguir que entre nuevamente en la horma y de esta forma poder empezar una vez más el proceso de martillado. La suela se hace nuevamente entera, el tacón se realiza estrato a estrato etc. Para conseguir que el zapato pase del nivel inicial de hermoso al de bello es necesario estirar de nuevo la piel. “A mi me gustan más los zapatos con alguna mancha o con las típicas arrugas que muestran el paso del tiempo o con una suela gastada que un par de zapatos totalmente nuevos.

Aprovechamos entonces para preguntarle su opinión sobre las fotos donde recientemente se ha visto al Príncipe Carlos vistiendo unos Lobb remendados. Sin lugar a dudas se muestra a favor de remendar los zapatos buenos. Según él es una técnica maravillosa que aporta si cabe más clase a esos zapatos.

Cuando le preguntamos qué casas son las que gozan más de su admiración no nos da nombres. Se limita a apuntarnos que siempre debemos buscar aquellos zapatos que sean bonitos los mires por donde los mires. En concreto nos indica que en un zapato debe ser bonito tanto el exterior, el interior como la propia la suela. Estas tres dimensiones determinarán si podemos calificar un zapato como hermoso.

Igualmente, todos los componentes utilizados en la fabricación del zapato deben ser hermosos. La máxima de su maestro es que todo el zapato debería ser bello. “Debe ser bello desde el hilo como la propia la costura”. Nos comenta esto mientras nos enseña la costura de un zapato donde dicha costura simula a un collar de perlas. “Si te fijas en esta suela los agujeros para luego coserla están a cinco o seis milímetros entre ellos cuando lo normal sería un centímetro. Esto es lo que yo entiendo por bello”.

Todos sus zapatos son tanto personalizados según las preferencias de sus clientes como de fabricación 100% artesanal. “El proceso artesanal que utilizo tanto en mis zapatos RTW como en los bespoke es como mínimo de la misma calidad que los de las casas de, por ejemplo, Lobb o Berluti”. No obstante, la gran diferencia del zapato de Norman Vilalta radica en la personalización. “Mi cliente no entra en la tienda y dice quiero esos zapatos a medida. Yo no trabajo así. Yo no quiero hacer dos pares de zapatos iguales”. Como él mismo nos sigue narrando, por muy similares que sean los pies de dos clientes, el estilo de ellos siempre es diferente.

“Yo tengo que conocer al cliente, hablar con él durante al menos una hora, ver como viste y qué imagen quiere trasmitir. Necesito verle caminar. Debo conseguir que los zapatos de mis clientes sean la prolongación de su personalidad. Deben ser sus zapatos y los de nadie más. Sinceramente no entiendo como alguien que nunca ha visto a su cliente puede hacerle unos zapatos”.

Solo una vez que tenga claro el estilo del cliente, y a veces según nos comenta en esto radica la fase más compleja de la fabricación de los zapatos, empieza a trabajar sobre el diseño de los mismos. Como él mismo nos dice “te puedo asegurar que si te doy varias hormas diferentes y hago entrar a sus propietarios usted podría identificar fácilmente cada horma con su cliente”.

Otra nota característica de sus zapatos es que el dibujo de estos no es simétrico. Nunca el lado derecho del zapato y el izquierdo son iguales. Esto, según apunta, representa una dificultad añadida a la hora de coserlos porque cambian las referencias de un lado y otro.

“Igualmente, intento huir de las modas. A mí me interesa el diseño y la artesanía pero no entro en las modas. No entiendo, por ejemplo, la absurda moda de las slippers. Hace poco vi a Brad Pitt con unas grandes iniciales en esas zapatillas de estar por casa. ¿Acaso a Brad Pitt se le olvida su nombre que se ve en la necesidad de bordar esas enormes iniciales en sus zapatillas?”

Conforme transcurre el segundo de nuestros encuentros, nos comenta que cinco son los oficios que intervienen en la fabricación de un zapato: el hormero, el diseñador, el cortador, el aparador y el montador del zapato. Todos ellos, como ya hemos apuntado, pondrán luego su cuño en el zapato. Aunque Norman interviene de una forma u otra en todas las etapas, nos confiesa que él no apara.

Una de las mejores noticias que recibimos en aquella soleada mañana de sábado fue que acababa de terminar el muestrario de lo que será su nueva línea de zapatos RTW aunque todavía no tiene fecha para su comercialización. En su línea RTW podemos estos encontrar el mismo trabajo artesanal que en su gama de bespoke pero obviamente sin ser a medida ni personalizados.

Otra nota característica de la forma de trabajar de Norman Vilalta y que le diferencia del resto de zapateros renombrados es que su cliente siempre tiene la opción de visitarle y ver el estado de confección de su zapato. Incluso si es su deseo, puede quedar con Norman y ver el trabajo que se realiza en las diferentes fases de la construcción de su zapato. “Nunca entenderé como puede haber señores que acudan a John Lobb Madrid a encargar un par de zapatos bespoke y no se den cuenta que allí se limitan únicamente a tomarles unas cuantas medidas y a mandarlas a la casa en Francia. El concepto que yo tengo de bespoke es bien diferente a esto”.

Norman fotografía todo el proceso de construcción del zapato y se lo hace llegar a sus clientes para que sepan en todo momento como va y en qué consiste cada fase de dicho proceso. “Mis clientes, normalmente, aparte de gustarles mis zapatos son amantes de de la alta zapatería y como es normal les agrada que les vaya enviando fotos de la evolución de sus zapatos”.

También realiza videos explicativos del proceso de construcción que igualmente se los hace llegar según va concluyendo las fases más importantes. “De esta forma intento que el cliente sienta como suyo el zapato desde el primer día”. El que Norman te haga unos zapatos es sobre todo una experiencia para su afortunado cliente ya que te da la opción de disfrutar de todo el proceso de construcción de tus propios zapatos.

Cuando le preguntamos por el prototipo de su cliente nos comenta que fundamentalmente suelen ser caballeros jóvenes que dan mucha importancia a su imagen. Tiene hasta un cliente de 22 años que todas las prendas que viste son bespoke al cual no le importa viajar a varios países y hacerse las camisas en uno, los trajes en otro etc.

Una de las preguntas que mucho antes de conocerle personalmente teníamos pensado hacerle era cuáles eran esos cinco pares de zapatos que deberían estar en el zapatero del caballero que viste de lunes a viernes de traje y el fin de semana de sport. Según su punto de vista estos deberían ser: dos buenos mocasines; “pero por lo que más quieras que por favor no sean Sebagos”, un monopetzzo (un zapato de una sola pieza, carente de todo tipo de adornos), un Blucher, un Oxford y algún zapato para provocar. “Y si lo pudiéramos completar con un Monkstrap y un Spectator nuestro armario estaría casi completo”. Fue concretamente un Spectator el primer zapato bespoke que vistió Norman.

De regreso a Madrid Norman nos envió un mail donde quería matizar esta respuesta. Nada mejor que sus propias palabras para entender toda la filosofía que se esconde detrás de sus zapatos.

“Me quedo dando vueltas a tu pregunta de qué zapatos debería tener un caballero y cuáles serían los cinco zapatos que un caballero debería tener. Ayer se me vino a la cabeza que independientemente de los otros cuatro, mi idea es que por lo menos uno, si no pueden ser todos, sea un zapato tan personal que represente la personalidad de quien lo vista y que tenga detalles que lo conviertan en único. Sea cual sea el estilo se tiene que salir de lo que es un zapato normal; en definitiva que tenga algo que lo convierta en único.

He comprobado que una de las cosas que más valoran mis clientes es poder llevar algo que este hecho solo para ellos; creo que es un placer que todos los amantes de la zapatería nos deberíamos dar al menos una vez en la vida”.

Obviamente no queremos terminar este tercer encuentro sin preguntarle por el rango de precios de estas pequeñas obras de arte. Desgraciadamente no conseguimos una repuesta directa y Norman se limita a hacerse eco de una de las frases más populares de su maestro Stefano Bemer: "Quality is remembered long after price is forgotten”.

En lo que por el contrario si encontramos una actitud decidida es en su ofrecimiento a todos los miembros de esta página de visitarle y como yo ya he podido comprobar, muy gustosamente mostrará su producto.

Y para dar la última puntada a estos tres apasionantes días en compañía de Norman Vilalta os dejamos un video resumen de lo que allí pudimos ver y sentir.



Video con audio


El Aristócrata

Fotos propiedad de http://www.elaristocrata.com/
Agadecimientos especiales a Norman Vilalta, G.H.B., R.E.L.-G. G, y T.L.-G.H. sin la ayuda de los cuales la realización de esta artículo hubiera sido de todo punto imposible

jueves 1 de octubre de 2009

Bespoke Parte V: El traje a medida y la prueba

A raíz del artículo del mes pasado en el que nos hicimos eco de la gran aceptación que vuelve a tener el traje cruzado nos han llegado una gran cantidad de preguntas. Esto nos ha animado a escoger al traje cruzado como el protagonista de este nuevo artículo de bespoke.

En un mundo donde las grandes marcas acaparan la mayor parte de las ventas y han destronado a oficios centenarios como el de sastre, estudiar todo el proceso de confección de un traje a medida nos permite reafirmarnos en la idea de que un traje de confección industrial, por muy importante que sea la marca que lleve en su interior, no justifica su elevado precio.

Este mes queremos compartir con todos vosotros dicho proceso haciendo hincapié en la importancia de las diferentes pruebas que se llevan a cabo hasta que el traje está totalmente listo para ser vestido.

Para ello nuevamente nos pusimos en contacto con D. José María Reillo, sastre y Presidente del Club de Sastres de España, para que fuera su buen hacer y profesionalidad los que nos guiaran a través de todas las fases de construcción de un traje cruzado a medida.

Una vez más queremos con este artículo homenajear y profundizar en el apasionante mundo del bespoke, un arte en vías de extinción que sin embargo para aquellos que nos gusta este mundo es todo un deleite poder seguir disfrutando hoy de sus servicios.

Debido al mimo y a la atención al detalle que desde la sastrería de D. José María se presta a su trabajo, nos vimos obligados a empezar a trabajar en este artículo en Junio pasado. Fue en ese mes cuando acudimos por primera vez a la sastrería a discutir el diseño del traje y las características que buscábamos en él.

Una de las primeras preguntas a las que tenemos que estar preparados a contestar cuando acudamos a un sastre de prestigio es la referente al uso que queremos darle a la prenda. Dependiendo de dicho uso nuestro sastre nos recomendará diferentes tipos de telas.
No es lo mismo, por ejemplo, el traje que un caballero quiera vestir en el día a día de la oficina que el que puede buscar un señor que solo lo necesite para eventos puntuales como, por ejemplo, una boda, una entrega de una condecoración o una recepción oficial.

Independientemente de que nos guste más una tela u otra no debemos olvidar nuestras circunstancias personales. Hay telas que necesitan de un cuidado mayor y si no se las trata correctamente pueden tener una vida limitada. Otras no están concebidas para aguantar el traqueteo de uso intensivo; otras necesitan de un mayor reposo para volver a su posición original etc.

Si queremos que nuestro traje aguante un buen número de años sometido a un uso frecuente debemos siempre optar por telas de cierto peso como son aquellas de no menos de 370gr. Estas telas son propiamente de invierno y su uso es desaconsejable en verano. Pero si lo que buscamos es durabilidad esos son los tejidos en los que nos tendremos que fijar.
También debemos tener en cuenta el color y el tipo de terminación de la tela escogida. No obstante si, como ha sido este caso, contamos con el asesoramiento de un profesional todos estos puntos serán resueltos por él y no tendremos que preocuparnos.

Contar con la ayuda de un buen sastre nos aportará innumerables ventajas a la hora de diseñar nuestro traje. Según sea nuestro estilo y tras mantener un pequeño encuentro con él, nos diseñará nuestro traje atendiendo a nuestro físico y personalidad. Podrá ser más entallado, de solapas más estrechas, el pantalón de corte más alto etc. También nos recomendará una chaqueta más corta, cerillera, una o dos pinzas, pinza inversa, tipo de botones, largo y ancho del pantalón etc. La molestia de definir todos estos puntos normalmente solo está al alcance de aquellos sastres cuyo trabajo es algo más que un mero sustento.

Igualmente, un experimentado sastre tendrá en cuenta nuestra constitución física para, a través de su trabajo, ocultar aquellos pequeños defectos que muchos de nosotros tenemos. De igual forma, con un corte correcto conseguirá resaltar nuestras virtudes.

Como ya indicamos en la primera parte de “Into the Fitting Room”, la realización de un traje a medida requiere de la paciencia del cliente, en algunos casos de mucha de ella, ya que normalmente su confección requerirá en algunos casos hasta de varios meses.

Es por ello por lo que el mes de Septiembre es el mes óptimo para planificar nuestro armario y tenerlo listo para cuando lleguen los meses de más frío.

Como hemos indicado, el poder contar hoy con este artículo nos obligó a empezar a trabajar en él en pleno verano sintiéndonos extraños al encontrarnos entre telas que eran más propias de invierno que de la época que estábamos comenzando.

Después de discutir un largo rato sobre todos los aspectos recién mencionados nos decantamos finalmente por una tela de la centenaria casa inglesa Harrison of Edimburgh.
Queríamos una tela que si bien tuviera una larga vida no diera la apariencia de ser ni basta ni excesivamente abrigada. Por ello optamos por la gama Premier Cru de Harrison of Edimburgh. Esta línea de H.E. tiene como principales características ser de lana Merino y Super 100´s.

Aunque no queremos extendernos en el tema de las calidades de los diferentes tipos de tejidos ya que necesitaríamos un nuevo artículo, sí queremos aclarar un concepto que no parece que esté hoy en día muy claro ni siquiera para muchos profesionales. Nos referimos concretamente al término “Super” y al número que detrás de él aparece: 100, 120, 130 etc.

Hoy en día la gente sigue asociando este número a calidad y precio y no siempre es así o al menos no lo es respecto a la calidad en muchos de los casos. Muchos caballeros piensan que cuanto mayor sea el número mejor es la calidad del traje. Si efectivamente es esa su manera de pensar pueden llevarse alguna sorpresa desagradable.
Acorde con Michael Anton, la primera tela Super 100s apareció en 1960 en una fábrica inglesa que trabajaba lana procedente de ovejas australianas. Los comerciantes de la época se quedaron tan impresionados con esta tela que no dudaron en llamarla Super 100´s.

Hoy el término “Super” se utiliza para medir la calidad de la tela. Cuanto mayor sea el número, más fino se supone habrá sido el hilo que se ha utilizado para formar la tela resultante. Consecuentemente cuanto más fino sea el hilo utilizado mayor número de estos se tendrán que utilizar para conseguir, por ejemplo, los tres metros de tela que requiere un traje cruzado. Al igual que cuando estudiábamos las composiciones de las telas de las camisas, normalmente un mayor número de hilos se traduce en una tela más vistosa y elegante aunque también mucho más delicada, de longevidad más corta y más dada a arrugarse.
Debemos desconfiar de aquellas telas de número elevado que se ofrezcan a precios similares a los 80´s o 100´s. Tan importante es el hilo utilizado para tejer la tela como la manera en que se ha confeccionado esta última. Este hecho y que las puntadas utilizadas pueden variar enormemente de unas telas a otras hace que no siempre a los números mayores se les deba atribuir una calidad superior a la de los menores.

Otro peligro, como tuvo ocasión de comprobar el Cashmere and Camel Hair Manufacturers Institute en un análisis de 20 prestigiosos trajes, es que dos tercios de la tela de los trajes analizados no obedecían a lo que se especificaba en sus etiquetas. Esto es así debido a que no existe una forma de medida estándar para los conocidos como S-numbers. Todo lo que existe en la actualidad es una guía elaborada por la Wool Textile Organisation pero que desgraciadamente no todos los fabricantes tienen en cuenta a la hora de etiquetar sus telas.

Una vez más, solo cabe una solución para saber la calidad de la tela que tenemos enfrente y esta no es otra que tocar el tejido y dejarnos llevar por nuestra experiencia. Si todavía no tenemos la prática suficente debemos decantarnos por aquellas telas cuya reputación las preceda.
Como norma general apuntar que las telas hasta 110´s suelen ser idóneas para los trajes con los que acudamos a trabajar. Las telas Super 120´s y Super 130´s son indicadas para aquellos trajes que vistamos en ocasiones especiales y no con mucha frecuencia (una o dos veces al mes como máximo ya que si no nuestro traje no duraría más de cuatro o cinco años en nuestro armario).

A partir de 160´s las telas de nuestros trajes serán tan delicadas que solo podremos vestirlos en contadísimas ocasiones y además requerirán de un extraordinario cuidado. Por ejemplo, un traje 160´s que necesite pasar por la tintorería tiene muchas más opciones de salir de ella en peores circunstancias de las que entró.

Para saber qué tela debemos escoger aparte de en el tipo de tejido debemos fijarnos en su peso. Solo estudiando estas dos características podremos acertar en nuestra elección.

El peso de nuestra tela es de 330 gramos; un peso intermedio entre una tela de entretiempo y una tela de invierno. Las telas por debajo de 280 gramos son idóneas para los meses de calor y las que exceden de 365 son las que mejor se adaptan al frío invierno.
La realización de un traje a medida conlleva múltiple operaciones que buscan un mismo fin: conseguir la hechura perfecta para ese cliente específico.

Con la toma de medidas, la realización del patrón, su paso a la tela, el corte, la unión de las diferentes piezas, el hilvanado, las múltiples pruebas y los retoques finales, el sastre persigue algo que le está vetado a la confección industrial, por prestigiosa que sea la casa: un traje ceñido por fuera, amplio por dentro, que oculta nuestros defectos y que está totalmente acorde a nuestras medidas, características y gustos.

Conseguir que nuestro traje sea una segunda piel sería sencillamente imposible sin la realización de un mínimo de dos pruebas. La realización de las pruebas no se lleva a cabo de forma aleatoria y con éstas se busca sobre todo que nuestro traje tenga la hechura perfecta. Esta hechura por muy precisa que haya sido la toma de medidas o la realización del patrón no se puede conseguir sin que se realicen varias pruebas.
Es por ello por lo que tenemos que estar agradecidos si nuestro sastre se toma la molestia de citarnos en varias ocasiones para comprobar el desarrollo de su trabajo. Esto sólo redundará en beneficio nuestro.

En el mundo de la alta sastrería a medida, como ocurre en otros muchos campos, a veces se opta por diferentes caminos para llegar a un mismo resultado. Es por ello por lo que no todos los sastres utilizan ni las mismas técnicas ni realizan las pruebas en las mismas etapas de confección del traje.

La sastrería británica capitaneada por los sastres de Savile Row opta en su mayoría por realizar dos o tres pruebas durante los dos meses que como mínimo requieren para la realización del traje. Estas pruebas coinciden con la conclusión de tres momentos fundamentales en el proceso de construcción del traje: el skeleton baste, el forward y el finish bar finish.
D. José María antes de empezar a trabajar en el skeleton baste, prefiere hacer una prueba para afinar lo más posible el skeleton baste. En esta prueba la tela ya está cortada acorde a nuestras medidas pero carece de toda forma.

Aunque en nuestro caso el largo de la chaqueta estaba ya cortado según nuestra preferencia especificada durante la toma de medidas, con esta prueba el sastre puede empezar a definir desde el largo de la chaqueta a la altura de los bolsillos. Este “trozo” de tela lo irá ajustando a nuestro cuerpo haciendo múltiples marcas con un jaboncillo de sastre. Todas estas marcas son fundamentales para conseguir un skeleton baste lo más perfecto posible.
Si efectivamente, como acabamos de establecer, cada sastre tiene una forma de trabajar que difiere en alguna medida a la de sus compañeros, la mayoría de ellos coincide en hacer una prueba cuando el skeleton baste está listo. Si nuestro sastre se salta esta prueba deberemos cerciorarnos que efectivamente nuestro traje será un traje bespoke y no lo que seguramente sea: un traje MTM.

En la prueba del skeleton baste nos encontraremos con una chaqueta donde las partes principales de la chaqueta aparecen unidas por un simple hilo de algodón blanco (basting thread). Este algodón se utiliza para mantener unidas las diferentes piezas y será retirado cuando el sastre termine de marcar los ajustes en el skeleton.
Si es la primera vez que acudimos a esta prueba nos llamará la atención que nuestra chaqueta apenas está construida, careciendo de bolsillos, ojales, hombreras o cualquier tipo de construcción interior etc.

Esta primera prueba es fundamental para hacer los grandes cambios: largo de la chaqueta, las mangas, talle, altura de los bolsillos, tipo de hombreras etc). Igualmente, la prueba del skeleton baste es de una ayuda inestimable para realizar modificaciones posteriores en el patrón.
Incluso con un patrón muy exacto, la primera prueba es necesaria para realizar ciertas modificaciones. Además, esta primera prueba es especialmente importante sobre todo si es la primera vez que acudimos a ese sastre. Si por el contrario somos ya clientes, esta prueba puede ser obviada por nuestro sastre ya que con nuestras sucesivas visitas nuestro sastre habrá perfeccionado nuestro patrón y pasará directamente a la prueba del forward sin necesidad de “molestarnos” con la prueba del skeleton baste.

Hay sastrerías, como por ejemplo, Anderson & Sheppard que nunca realizan esta primera prueba, debido a que según su sastre Mr. Hallbery “if you need the inlays, you don’t know what you’re doing”. Esto indudablemente obliga a los sastres de A&S a afinar muchísimo su trabajo ya que no hay lugar para errores. No obstante incluso en A&S siguen usando el skeleton cuando de un chaqué se trata o cuando trabajan con un cliente con físico difícil.
Es curioso observar como cada sastre, incluso perteneciente a una misma escuela, altera la manera de trabajar de su maestro buscando siempre un mejor resultado. Una de las cosas que más nos sorprendió de la forma de trabajar de la sastrería de D. José María es la no elaboración de patrón alguno.

Las medidas se dibujan en la tela y directamente se corta con el consecuente riesgo que ello implica si no se cuentora con la experiencia y pericia necesaria. Sus cincuenta años en la profesión le permiten pasar las medidas a la tela directamente sin necesidad de elaborar un patrón. Además el no usar patrón agiliza la construcción del traje. No obstante, para sus clientes extranjeros o para aquellos que no disponen del tiempo necesario D. José María realiza un patrón conforme a los cánones clásicos.
Por el contrario las sastrerías más prestigiosas de SR siempre realizan patrón. Esto es debido a que teniendo el cliente su patrón en la sastrería, éste se asegura que independientemente de la suerte que corra su sastre, él siempre podrá acudir a la sastrería y salir con un traje de similar corte; independientemente de quien lo corte.

En otras palabras, en España el cliente busca tener un traje cortado y cosido, por ejemplo, por el señor Reillo lo que obliga a este cliente asumir que cuando éste se jubile o deje de ejercer por cualquier motivo tendrá seguramente que acudir a otro sastre ya que la sastrería a la que él siempre había acudido no tiene su patrón y el traje que le puedan cortar nuevamente allí no será de idénticas medidas a la de sus antiguos trajes.
En Inglaterra, por el contrario, la mayoría de los clientes quieren tener un traje de Anderson & Sheppard o de Kilgour independientemente de quien lo corte o lo cosa. Por este motivo estas sastrerías siempre elaboran y conservan un patrón garantizando al cliente que al menos el skeleton baste será el mismo a anteriores ocasiones.
Una vez concluida la prueba del skeleton y realizados todos los ajustes nos llamarán en unas dos o tres semanas para una segunda prueba.

En esta segunda prueba, denominada forward, encontraremos nuestro traje prácticamente “construido”, lo cual significa que tanto los bolsillos, el forro interior, las solapas etc. estarán concluidas. Normalmente ni el cuello ni las mangas se encuentran del todo terminadas y las veremos básicamente como cuando acudimos a la prueba del skeleton baste.

Una de las ventajas de esta prueba es que nos da una idea muy aproximada de cuál será el resultado final de nuestro traje.
Sobre el forward se realizarán los ajustes afinando cada vez más la hechura de nuestro traje. Las modificaciones que nuestro sastre realice en esta prueba también se pasarán a nuestro patrón consiguiendo de esta forma cada vez un patrón más exacto que nos permitirá que en sucesivas ocasiones con sólo dos pruebas nuestro traje esté listo.

Después de la prueba del forward nuestro sastre rematará el traje y si todo ha ido sobre lo previsto la próxima vez que nos llamen será para llevárnoslo a casa.

No obstante, D. José María prefiere abusar de la paciencia de sus clientes y llamarles para una tercera prueba.
En esta tercera prueba el cliente se prueba el traje entero; un traje muy cercano al definitivo. El sastre probará los pantalones y comprobará que cierra correctamente en la parte delantera, que el tiro está correcto, ajustará el largo, su ancho, las rayas, evitará que se formen arrugas ni en el trasero ni en la caída pero siempre contando con cierta tela extra que permita el libre movimiento de las piernas y una cierta flexibilidad y margen a la hora de sentarnos etc.

Esta prueba es el momento adecuado para comprobar que el interior del traje está conforme a nuestros deseos. Debemos comprobar que el forro de los bolsillos es de las medidas que nosotros especificamos y que los compartimentos interiores están construidos atendiendo a nuestros gustos.
Después de hacer esos últimos retoques a nuestro pantalón nos probaremos nuestra chaqueta que estará prácticamente terminada a falta de los botones y los ojales. Es el momento para que nuestro sastre vea el largo de las mangas y la caída de la chaqueta para marcar donde irán todos los botones. Asimismo, nos realizará unos últimos ajustes a la chaqueta para conseguir el grado exacto de ceñido que quiera el cliente.

Hay que tener especial cuidado en este punto ya que una chaqueta demasiado entallada puede quedar bien cuando su portador está enfrente del espejo pero cuando empiece a caminar ese exceso de talle puede terminar pasándole factura en forma de rayas. Es también ahora el momento de cerciorarnos de que los bolsillos interiores de la chaqueta son acordes en número y forma a lo que especificamos en la toma de medidas.

Esta prueba que no es considerada como necesaria por muchos sastres sigue siendo requerida por D. José María ya que a pesar del lógico inconveniente que esto supone tanto para el cliente como para el sastre ayuda a conseguir una hechura muy perfeccionada.
Como él mismo comenta, las pruebas solo juegan en beneficio del cliente y es precisamente el cliente quien más se debería alegrar si su sastre se toma la molestia de citarle en varias ocasiones para perfeccionar su trabajo. De hecho esta prueba al no ser estrictamente necesaria no es requerida por muchos sastres.

En Inglaterra normalmente con las pruebas del skeleton baste y el forward es suficiente para que el cliente pase a recoger su traje y es poco frecuente que te llamen a una tercera prueba.

La tercera prueba, el finish bar finish, se realiza normalmente bien porque el cliente no reside en la ciudad del sastre y éste se lo tiene que enviar a su domicilio sin poderlo ver en la prueba definitiva o bien porque el cliente no cuenta con el tiempo necesario para esperar a esa última prueba; algo bastante frecuente en SR donde muchos de sus clientes son extranjeros y no disponen del tiempo necesario que la confección de un traje bespoke requiere.

En la prueba del finish bar finish el traje está casi terminado a falta de los ojales y el remate final.
En la sastrería de D. José María nos llamarán a una cuarta prueba que será la definitiva. Esta prueba no se puede considerar como tal ya que solo sirve para que nuestro sastre compruebe que todo está conforme. Esta prueba se realiza con el traje planchado. Si hay alguna mínima cosa que ajustar todavía se está a tiempo y de no ser necesario, como será en la mayor parte de los casos de haberse realizado las pruebas con mimo, el traje estará listo para que lo podamos lucir orgullosos.

Es recomendable preguntar a nuestro sastre sobre los cuidados adecuados para el traje. Seguramente muchos de nosotros nos sorprenderemos al oír las atenciones que son necesarias para conservarlo durante muchos años como está antes de salir por la puerta de la sastrería. Por otro lado parece normal que sea el mismo sastre quien ponga interés en que se cuide con mimo ese trabajo ya que además de haberle dedicado muchas horas de trabajo, sus clientes son su mejor tarjeta de presentación.

Para terminar, apuntar que seguramente muchos de nosotros habremos experimentado en alguna ocasión cierta desilusión con ese traje tan especial y por el cual hicimos un gran esfuerzo y el cual después de unas cuantas puestas no nos queda tan perfecto como cuando salíamos con él de la sastrería.
Esto ocurre prácticamente con toda nuestra vestimenta. Si, por ejemplo, nuestros zapatos no se adaptarán totalmente a la forma de nuestros pies hasta pasadas veinte puestas, es compresible que algo similar ocurra con nuestro traje.

Nuestro traje conforme lo vayamos vistiendo se irá adaptando a nuestro físico y es admisible que pueda aparecer alguna arruga o que incluso la caída del pantalón sea diferente una vez se haya acoplado a nuestra cadera.

Por ello algunos de los sastres más perfeccionistas piden al cliente que les vuelva a visitar vistiendo ese traje pasados unos meses. Solo entonces podremos saber si ese es “El Traje”. En ese momento tanto el sastre como el cliente quedarán totalmente conformes con ese trabajo.

Para concluir hacer hincapié una vez más en que la prueba es, con seguridad, el mejor aliado de la perfección por lo que si tenemos la suerte de que nuestro sastre se toma la molestia de llamarnos en varias ocasiones debemos estarle agradecido ya que éstas solo redundan en el beneficio del resultado final.

El Aristócrata

Fuente: http://www.englishcut.com

Fotos: Propiedad de http://www.elaristocrata.com/

martes 1 de septiembre de 2009

El regreso de dos clásicos: la corbata de lazo y la chaqueta cruzada

El Aristócrata se creó hace ya más de un año para compartir y reflexionar sobre lo que desde nuestro punto de vista significaba la palabra “elegancia” en el contexto del vestir masculino. Para conseguir nuestro objetivo nos hemos visto obligados a volver constantemente a mirar a aquellos años, los años 30 y 40, donde la elegancia masculina alcanzaba su punto álgido.

Concretamente, la década que va de 1930 a 1940 representa la cúspide de lo que nosotros entendemos como elegancia masculina. Aquellos eran tiempos donde los caballeros sabían que prendas eran las adecuadas para ser vestidas en cada momento, estaban familiarizados con su significado, conocían las diferencias entre ropa formal, semi-formal o informal, no tenían dudas sobre cuando se debía vestir un frac, un esmoquin o un chaqué etc. Y esto se extendía a prácticamente todos los estratos sociales donde los diferentes señores, según sus posibilidades, intentaban ser lo más elegantes posible.

Desgraciadamente esos tiempos ya pasaron y, aunque qué duda cabe que ha habido otros periodos donde la elegancia masculina ha tenido buena cabida y grandes representantes, hoy nos encontramos con una sociedad que al menos en lo que a vestimenta masculina se refiere, dista mucho de lo que en aquella época se consideraba elegante. Hoy, por ejemplo, observamos que el uso del frac es meramente testimonial, la vestimenta del abrigo (y no ya solo de los legendarios frock o paddock) va desapareciendo sustituyéndose por prendas supuestamente más cómodas y modernas; el esmoquin hoy se viste en bodas; las revistas de moda masculina plasman como estiloso y elegante lo que a más de uno nos parece algo sencillamente esperpéntico etc.

Quizás por todo esto no falte razón a aquellos que nos critican por defender una forma de vestir perteneciente a otra época y totalmente desaparecida hoy en día. Al menos en esto tienen razón; efectivamente nuestro concepto de elegancia apenas tiene cabida hoy y difiere enormemente de lo que en estos tiempos se considera elegante.

A pesar de tener que dar a nuestros críticos la razón de entrada, les animaría a que repasaran la historia de la moda masculina para así darse cuenta de que lo que hace apenas dos años era considerado por ellos como muy moderno hoy es sencillamente algo totalmente superado o en el mejor de los casos algo pasado de moda o incluso ridículo. Por el contrario, aquellos trajes de chaqueta que hace 50 años vestía Cary Grant o Felipe de Edimburgo siguen siendo hoy perfectamente “ponibles” y lo que es más: seguramente lo sean por muchos más años. Esa es la grandeza de la moda masculina clásica; siempre será actual y podrá presumir de permanente.

DBJ de 1906…y preciosas botas tipo Balmoral

Sin querer justificar nuestras palabras usando la famosa frase que sobre la moda acuñó Oscar Wilde, “fashion is a form of ugliness so intolerable that we have to alter it every six months”, los que seguimos la evolución en el vestir masculino podemos apreciar como cada determinado tiempo resurge una prenda perteneciente a otra época y que prácticamente se daba por desaparecida. Esto que el mundo de la moda nos lo ofrecerá como algo novedoso no es otra cosa que un regreso a ese “horroroso pasado”.

En el artículo de este mes queremos estudiar el retorno de dos prendas que no hace mucho tiempo tuvieron un lugar destacado en el ropero de los caballeros y que habían caído en desuso; en concreto intentaremos conocer algo más de la corbata de lazo y de el traje cruzado.

Aunque el uso y la inclusión en nuestro Diccionario de la Lengua Española de la palabra pajarita ha hecho que en España se haya popularizado con este nombre, la denominación correcta para ésta es corbata de lazo ya que ésta no consiste en otra cosa que un trozo de tela donde sus dos extremos son anudados alrededor del cuello dando como resultado un nudo con dos lazos. Y es concretamente esa forma de anudarse alrededor del cuello la que los británicos tuvieron en cuenta para denominar a nuestra corbata de lazo como bow tie.

Si bien no es el objetivo de este artículo estudiar la historia de este complemento si es interesante conocer que la pajarita data de las guerras prusianas del siglo XVII. Ya entonces los caballeros croatas utilizaban un tipo de bufanda alrededor del cuello para unir las aberturas del cuello de la camisa. Desde entonces fue la clase alta francesa la que con su uso lanzaría a la fama a la cravat, la cual ocupó un lugar destacadísimo en el armario de los caballeros franceses durante los siglos XVIII y XIX. Desde entonces aquel originario lazo fue evolucionando cambiando tanto en tamaño como en funcionalidad hasta llegar al concepto de pajarita que conocemos hoy en día.

Las bow ties las podemos hallar en diferentes tejidos destacando como en el caso de su hermana la corbata, las confeccionadas en seda. Como ocurre con estas últimas la forma del nudo resultante dependerá en gran medida del tejido elegido.

Hoy podemos encontrarnos básicamente con dos tipos de corbatas de lazo: las de mariposa y las de ala de murciélago. Aunque el decantarse por una u otra depende exclusivamente de los gustos personales de cada caballero nosotros seguimos prefiriendo las de tipo mariposa ya que sus líneas curvas dan un mayor movimiento a todo el conjunto. Igualmente, el modelo mariposa podrá aparecer con terminación en forma chata o en punta. Existen también pajaritas asimétricas caracterizadas por tener un extremo totalmente recto que qué duda cabe tienen también un encanto especial.

A la hora de escoger nuestra pajarita debemos tener varias cosas en cuenta además del tejido y de la terminación de los extremos de la misma. Así pues, es fundamental conocer el diámetro de nuestro cuello ya que ni todos los cuellos miden lo mismo ni consecuentemente todas las pajaritas tienen la misma longitud.

También el ancho de las bow ties puede variar. Es por ello por lo que al igual que comentamos cuando en su día hablábamos de la corbata, debemos tener en cuenta el grosor de nuestro rostro para escoger un ancho u otro. Si, por ejemplo, nuestro rostro es alargado seguramente admitirá una bow tie más ancha que si nuestro rostro es de dimensiones reducidas. Igualmente, jugando con nuestro nudo y las alas de nuestra pajarita tendremos la posibilidad de imprimir un carácter más serio o más alegre a nuestro atuendo.

Nuevamente las proporciones son fundamentales hasta a la hora de escoger este pequeño complemento. Tampoco aquí sirve el “one-size-fits all”. Parece lógico que si no todos los caballeros tenemos la misma talla de cuello tampoco tengamos nuestras pajaritas de la misma medida.

Todos habremos observado como en el afán de llamar absurdamente la atención ciertas marcas exhiben unas pajaritas totalmente desproporcionadas con el físico de su portador o con la hechura de la ropa que viste. Esta desproporción lo único que consigue es que toda la atención recaiga en nuestra pajarita y no al contrario de lo que debería ocurrir, esto es, que sea solo una ayuda más para que sea nuestro rostro el único protagonista de la foto.

Una vez más debemos hacer hincapié en que la elección de la ropa siempre deberá hacerse persiguiendo el objetivo de que ésta nos ayude a resaltar nuestras virtudes y a ocultar nuestros defectos. Si al final el protagonista va a ser nuestra camisa, nuestros pantalones o nuestra corbata y no nosotros mismos no estaremos cumpliendo con una de las máximas de la elegancia masculina, esto es, ser nosotros los protagonistas y no nuestra ropa. Nuestro atuendo como acabamos de apuntar solo tiene la misión de ayudarnos a conseguir lo mejor de nuestro físico.

Existen tres tipos de pajaritas atendiendo a las diferentes posibilidades de anudar ésta al cuello de nuestra camisa: la self-tie, la pre-tied y la horrenda ready tied donde una especie de imperdible se encarga de unirla a nuestro cuello. A pesar de contar con estas tres opciones es la self-tie donde solo nuestra destreza es la responsable del resultado final y consecuentemente la única que debiera tener un lugar en nuestro armario.

Si hemos escogido a la bow tie como un complemento que regresa con fuerza no lo hemos hecho por observarla recientemente en las revistas de moda masculina donde dicho sea de paso se viste sin seguir ningún rigor ni norma (por ejemplo, para nosotros la vestimenta de la corbata de lazo solo se puede contemplar cuando se vista con chaqueta). Por el contrario, el resurgir de la vestimenta de la pajarita lo encontramos en el correcto uso que por parte de ciertos caballeros se hace nuevamente de esta elegante prenda.

La vuelta de este complemento también se puede observar en el aumento de oferta que ciertas centenarias camiserías vuelven a ofrecer a sus clientes. Igualmente, las casas especializadas en la fabricación de pajaritas ven resurgir un negocio que se consideraba obsoleto y ahora ofrecen diseños muy variados y sobre todo muy actuales y elegantes. Si somos amantes de este complemento o después de la lectura de este artículo le damos al menos una oportunidad no debemos dejar de pasar por la Place Vendôme y traernos un bonito recuerdo de la ciudad de la luz.

Seguramente todos tengamos en nuestra mente algún caballero al que cada vez que le evocamos visualizamos su rostro lazado a una pajarita. Resulta muy difícil pensar en Winston Churchill o a Abraham Lincoln sin que inmediatamente una pajarita se dibuje en nuestra mente.

Si bien la elección de la corbata de lazo como único tipo de corbata de nuestro armario es una elección muy respetable, no es nuestra intención convencer a ninguno de nuestros lectores para que cambie sus corbatas por éstas. Sí en cambio, pensamos que una alternancia entre ambas puede dar un soplo de aire fresco a nuestro conjunto así como cierta originalidad y todo ello sin hacer otra cosa que vestir sencillamente de manera clásica, varonil y elegante.

La corbata de lazo es especialmente indicada para ser vestida con una chaqueta cruzada. La DBJ (Double Breasted Jacket) al cruzarse en la mitad superior del torso deja una menor parte de la camisa expuesta por lo que no resulta tan necesario vestir con ella la tradicional corbata. A pesar de ser sobre todo indicada para ser combinada con la DBJ, tampoco hay problema alguno en vestirla con un traje de dos o tres botones. En este caso deberemos estar convencidos de nuestra elección ya que nuestra pajarita cobrará gran protagonismo en el conjunto final. Un chaleco ya sea de botonadura sencilla o cruzada puede ser un buen aliado si deseamos vestir una chaqueta de dos o tres botones con nuestra corbata de lazo.

Solo los señores de gran estatura deberían prescindir de ella ya que como apuntábamos en el artículo del mes anterior, estos caballeros si vistieran pajarita expondrían gran parte de su torso acentuando su elevada estatura.

El caballero de la siguiente foto, Mr William Boehlke, responsable de uno de los blogs de referencia en moda masculina, http://asuitablewardrobe.dynend.com/, es un buen ejemplo de cómo se debe combinar una bow tie con un traje cruzado. Si bien por la forma de lucir la pajarita parece obvio que no es la intención de su portador que ésta pase desapercibida, no lo hace más que si de una corbata normal se tratara. El resultado final es un conjunto muy elegante que denota gusto tanto por lo intemporal como por el estilo más actual.

Como podemos observar en la foto superior la pajarita guarda una correcta proporción tanto con el rostro de su portador como con el cuello de la camisa. Esta foto es un claro ejemplo de que se puede ser al mismo tiempo elegante, actual y estiloso sin necesidad de vestir de forma extravagante o forzada.

Aunque no vamos a entrar a describir el proceso de anudarse la pajarita, si queremos hacer hincapié en la importancia de que ésta quede siempre encuadrada entre los ojos y el límite exterior del rostro. La otra norma básica que debemos atender a la hora de anudarnos nuestra corbata de lazo es que ésta no sobresalga de los picos del cuello de la camisa.

Si bien la pajarita nos sigue permitiendo vestir de una manera clásica sobre todo es una perfecta aliada para aquellos dandis que quieran imprimir a su vestimenta un look moderno y actual. Su vestimenta no dejará a nadie indiferente y qué duda cabe que de vestirse correctamente nuestra pajarita nos posicionará en nuestro entorno como además de amantes de lo clásico, también como caballeros modernos y que marcan y siguen las tendencias más actuales.

Si como acabamos de ver la pajarita es un complemento muy interesante con el que volver a contar en nuestro armario, nuestra otra prenda de hoy, la chaqueta cruzada nunca tendría que haber salido de este.

Desgraciadamente a pesar de haberse ganado por méritos propios el derecho de ser considerada como toda un clásico, la chaqueta cruzada había dejado de vestirse prácticamente y ahora vuelve con fuerza a ocupar otra vez un lugar predilecto en el armario de los caballeros más elegantes. Si bien este regreso llega con cierto retraso a España si lo comparamos con el de algunos países de nuestro alrededor, parece ser que nuevamente nuestros sastres le empiezan a dedicar gran parte de su jornada de trabajo.

Siempre he mantenido que a pesar de las modas que en cada momento puedan surgir, la double breasted jacket nunca dejará de estar presente en el armario de los caballeros más exigentes con su aspecto. Es a nuestro parecer mucho más estilosa e imprime un carácter a nuestro conjunto difícilmente de igualar por la mejor SBJ; quizás por ello Alan Flusser estableció la supremacía de la DBJ sobre la SBJ con su célebre frase: “as to its style ranking, the double breasted sit is to the single-breasted what the pleated pant is to the plain front, incrementally more stylish”.

Solo un cuidado traje de tres piezas, tan difícil hoy en día de vestir en nuestro país por cuestiones climatológicas, puede a nuestro juicio aproximarse al encanto de la DBJ.

Aunque tampoco es nuestro objetivo estudiar la historia de esta prenda solo apuntar que la DBJ desciende directamente del abrigo frock; abrigo típico en el S. XIX caracterizado por sus solapas terminadas en punta y por su abotonadura cruzada. Desde mi punto de vista todavía no ha existido un abrigo que pueda igualar la belleza y la majestuosidad del frock.

Es curioso observar como la DBJ ha sufrido diversos vaivenes según la importancia que en su dilatada vida como pieza imprescindible de la indumentaria masculina le han atribuido los caballeros de las diferentes épocas. No obstante, al contrario de lo que ha sucedido con la corbata de lazo, la DBJ siempre ha estado presente con más o menos fuerza y nunca nos ha abandonado.

Si bien antes de la I Guerra Mundial eran igual de frecuentes las DBJ y las SBJ, en los años 20 y 30 la DBJ cobró un gran protagonismo desbancando a la SBJ y convirtiéndose en la chaqueta de referencia por excelencia. A finales de los años 30 un modelo de DBJ acapararía todas las miradas de los señores de la época convirtiéndose en todo un símbolo de una generación. Estamos hablando de la mítica chaqueta Kent, denominación que recibe en honor al Príncipe George, más conocido como Duke de Kent.

La chaqueta Kent se distinguía por ser del tipo four-on-two (cuatro botones de los cuales se abotonan dos; los sastres londinenses la conocen también por six-or four-button) y tenía la particularidad de alargar la figura de su portador al contar con menos botones en la parte superior del torso y consecuentemente extenderse las solapas hasta mas abajo que en las clásicas six-on-two (también conocida como 6x2 al poderse solo abotonar dos de los seis botones con los que cuenta la chaqueta). Con el uso de la six-or four una parte más visible del torso quedaba expuesta y consecuentemente tanto la camisa como la corbata cobraban un mayor protagonismo El corte de la chaqueta Kent es especialmente agradecido con los señores no muy altos que no quieran privarse del placer de vestir una DBJ.

Después de la II Guerra Mundial el uso de la chaqueta cruzada empieza a dejar paso a la SBJ como chaqueta preferida por los señores de la época debido principalmente a su mayor comodidad y a la posibilidad de desprenderse de ella en sus lugares de trabajo. A partir de los años 50 la primacía de la SBJ sobre la DBJ ha sido la tónica general; no obstante siempre ha habido periodos donde la DBJ ha regresado con más o menos energía como fue el caso de los años 80.

De todas las opciones disponibles: four on two, six or four, six-on-one etc la conocida como copa de Martini por la disposición de sus botones es a nuestro parecer sin duda la más elegante (6x2).

En todas ellas, las solapas terminan en forma puntiaguda y llevan un ojal en cada una de estas con el objetivo de guardar la máxima simetría entre el lado derecho y el izquierdo. Debido a que su correcto uso no admite que sea desabotonada bajo ninguna circunstancia, las dos aberturas traseras son obligatorias para permitirnos una cierta comodidad si tuviéramos que vestirla sentados.

Al menos un botón interno conocido como jigger es necesario para acoplar correctamente la chaqueta a nuestro cuerpo y evitar que se formen arrugas en el exterior y no bailen los dos lados de la chaqueta. Hoy es frecuente que ciertos sastres para evitar este problema cosan dos jiggers en vez de uno.

Si estamos de acuerdo en que un traje de chaqueta cruzado es la máxima expresión de la elegancia masculina y ocupa la cúspide de las prendas que conforman el informal dress también tendremos que tener claro que los complementos que con ella vayamos a vestir deben estar a su altura.

El traje cruzado exige gemelos como también requiere de un obligado pocket square. Los británicos más puristas no admitirán otro zapato que no sea negro y de cordones (y a ser posible un modelo Oxford liso). También optarán por algo que a priori va en contra de la definición de la DBJ, esto es, los pantalones sin vuelta. No le faltaba razón a Mr. Gieves Hawkes cuando defendía el uso del pantalón en la DBJ sin vuelta por la formalidad del conjunto. El dobladillo del pantalón siempre se ha considerado menos formal que su terminación “sin vuelta”.

Sobre lo que no existe duda alguna es que con un traje cruzado el uso de tirantes es de todo punto obligado. El pantalón se cortará pensando en que será vestido SOLO con tirantes por lo que no tendrá pasadores para el cinturón, tendrá una abertura en la parte central trasera para que cuando los tirantes hagan su trabajo no se produzca ese efecto tan feo que observamos en aquellos caballeros que adaptan unos tirantes a un pantalón “de cinturón”. Para terminar de ajustar nuestros pantalones optaremos por unas trabillas laterales o en su defecto por una única trasera , siempre por supuesto, de la misma tela que el resto del traje.

El uso de los tirantes no debería preocupar ni a sus máximos detractores ya que estos nunca se deberían vislumbrar al deber estar la chaqueta siempre abotonada y estar totalmente prohibido desprenderemos de ella. No obstante, a cualquier ojo mínimamente experto le resultará fácil adivinar nuestra correcta elección por la caída del pantalón.

Aunque no es intención de este artículo extendernos sobre el correcto uso de los tirantes, solo apuntar que si no queremos correr riesgos innecesarios siempre es más seguro combinar los tirantes con nuestra corbata que con cualquier otra prenda de nuestra indumentaria. Igualmente recordar que la lazadera de cuero que une nuestros pantalones con los tirantes deberá ser del mismo color que los zapatos que vistamos.

El nudo de la corbata, al estar ésta última oculta en un 70% por la chaqueta cruzada, cobra gran importancia. El nudo será prácticamente el único lugar donde se dirigirán las miradas que en otras ocasiones se repartían a lo largo de toda la corbata. Debido a que el nudo ocupará una gran parte del único trozo libre dejado por la chaqueta recomendamos decantarnos por un nudo más pequeño que los que acostumbramos a vestir con nuestras SBJ.

Sobre el tipo de nudo a vestir con la DBJ encontramos diferentes opiniones. Si queremos conseguir uno de los objetivos perseguidos con la DBJ, esto es, la máxima simetría posible entre la parte derecha y la izquierda, deberemos decantarnos por el nudo tipo Windsor. Sin embargo son muchos caballeros como el Príncipe Carlos o incluso su tío abuelo el Duque de Windsor los que rompieron esta norma y le imprimieron con finos nudos four in hand un carácter muy personal a la DBJ.

Si el nudo es importante más lo es si cabe el poquet square. Debido a que la parte de la camisa y de la corbata que permite mostrar la DBJ es mínima, la elección del pañuelo de bolsillo y su forma de descansar en nuestro bolsillo deberá ser más cuidada que con la SBJ ya que será a nuestro pañuelo donde se dirigirán la mayoría de las miradas de quienes nos rodeen.

Como ocurría con la pajarita y la corbata, la vestimenta de la DBJ y la SBJ es totalmente compatible y sin ningún problema podrán convivir en nuestro armario. No obstante el traje cruzado siempre estará un paso por delante en cuanto a elegancia y estilismo se refiere respecto al muchas veces aburrido traje sencillo de dos piezas. Igualmente una DBJ bien cortada nos ayudará a diferenciarnos del gran público que sin lugar a dudas sigue decantándose por la SBJ. No podemos estar más de acuerdo con la preferencia de Alan Flusser por la DBJ cuando establece que "Of all suits, the double-breasted is the most elegant"

Los amantes de la sastrería a medida encontrarán en ella una gran aliada ya que es muy extraño que en nuestro país se pueda encontrar dentro del servicio RTW de las grandes marcas opciones interesantes cuando de escoger un traje cruzado o una DBJ se trata. Siempre me ha llamado la atención la gran variedad de comercios que ofrecen verdaderas maravillas en trajes cruzados RTW en Milán o en Florencia. Sin embargo, como todos habremos podido apreciar, en nuestro país la oferta es muy limitada o prácticamente inexistente y solo el conocimiento y la aguja de algunos de nuestros mejores sastres podrá llenar ese gran vacío.

La DBJ tiene por si sola el suficiente encanto, estilismo y elegancia como para ser vestida incluso de un modo informal aunque siempre, por supuesto, con el uso de corbata. Una DBJ puede ser vestida perfectamente, al igual que lo hacemos con una blazer azul marino, con un pantalón gris marengo o incluso con unos vaqueros. Al rebajar la formalidad del conjunto final también podremos relajarnos en la elección de ciertos complementos pudiendo introducir zapatos de hebilla, de color o incluso de piel vuelta.

Hay muy pocos caballeros a los que el uso un traje de chaqueta les pudiera perjudicar. Si bien es cierto que a los señores altos y a los de hombros anchos les favorece más que a los de reducida estatura, la mayoría de estos últimos siguiendo las pautas descritas en el artículo del mes anterior podrán también disfrutar del placer que supone vestir una DBJ.

Más allá de las modas pasajeras todo amante de la ropa masculina debería poseer un traje cruzado. Si todavía nuestro armario no alberga uno de ellos podremos empezar decantándonos por un clásico azul marino al que seguro le sacaremos mucho partido por haber infinidad de ocasiones donde su vestimenta es más que recomendable (incluso si no queremos casarnos con un chaqué, nuestro traje azul marino cruzado sigue siendo una opción infinitamente más correcta que hacerlo por ejemplo con un esmoquin). Con seguridad y después de acostumbrarnos a vernos reflejados en nuestro espejo con nuestro traje cruzado, no tendremos reparo en ampliar la parte de nuestro armario reservado a este. Así podremos ir aumentando el número de ellos optando entre las diferentes tonalidades de grises o de rayas diplomática.

Para terminar indicar que el portador de una DBJ trasmite seriedad, formalidad y confianza…..y ninguna otra prenda saca más partido a un físico estándar como una DBJ.

Ya sea por ser amantes de la tradición o por serlo de la ropa masculina clásica o por querer imprimir estilo a nuestra forma de vestir o sencillamente por estar al día en las últimas tendencias, la vestimenta tanto de la corbata de lazo como del traje cruzado es hoy tan acertada como lo era en una época ya lejana.

El Aristócrata

Fotos y viñetas: http://asuitablewardrobe.dynend.com; http://thelondonlounge.net; www.askandyaboutclothes.com; www.thesartorialist.com; www.esquire.com; www.therakeonline.com;“Dressing the man”, Alan Flusser; “The Male Image, Men's Fashion in England 1300-1970”, Penelope Byrd; “The Art of Dress: Clothing and Society 1500-1914”, Jane Ashelford.

A pesar de contar con el permiso de gran parte de los propietarios de las fotos aquí expuestas queremos indicar que ninguna de las fotos utilizadas en este artículo son propiedad de www.elaristocrata.com. Es por ello que si su propietario desea que sean retiradas solo tiene que indicárnoslo.

sábado 1 de agosto de 2009

El caballero frente al espejo

Según Alan Flusser las dos notas que definen el buen vestir del caballero son la correcta elección tanto de los colores como del corte que mejor se adapta a nuestras particularidades físicas.

Como recordaran quienes siguen http://www.elaristocrata.com/, a lo largo de la corta pero intensa vida de esta página hemos hecho hincapié en la importancia de la selección de nuestro atuendo atendiendo sobre todo al tipo de físico de cada caballero. Debido a que esto es un tema algo complejo y que desgraciadamente no es tenido en cuenta ni nos es explicado ni por dependientes y ni por las revistas del sector, hemos querido dar respuesta a las consultas de ciertos lectores que nos preguntan cuales son las pautas que deben seguir para sacar el máximo partido a un físico que no siempre obedece a las medidas estándar.

Es por ello por lo que este mes estudiaremos las pautas a tener en cuenta cuando escojamos el corte de nuestra ropa, la elección de los diseños, los colores y los complementos según se trate de caballeros de estatura reducida, de complexión gruesa o de gran estatura.
Si hay alguien que ha estudiado este tema con verdadera profundidad, éste ha sido sin lugar a dudas Nicholas Antongiavanni quien a través de su libro "The Suit" hace un estudio pormenorizado del físico de aquellos caballeros que aun sin contar con unas medidas perfectas prestan una cuidada atención a su vestimenta y a través de ésta buscan sacarse el máximo partido.

Antes de empezar a estudiar en detalle estas complexiones físicas debemos admitir de entrada que nunca ni el mejor sastre de SR ni el mejor asesor personal podrá conseguir que el vestir de estos caballeros sea igual al de aquellos señores que han nacido con un don y un estilo que vistan la ropa que vistan siempre les quedará bien e inmensamente mejor que a nosotros que sabemos cómo combinar colores y cuáles son esos diseños y cortes que mejor se adaptan a nuestro físico. Aunque a algunos les cueste admitirlo, esto siempre ha ocurrido y siempre ocurrirá y debemos aceptarlo y no intentarlo cambiar ya que tarde o temprano deberemos afrontar esa realidad.
Tres claros ejemplos de caballeros que contaron con ese don fueron el Duque de Windsor, Cary Grant y Giovanni Agnelli. Estos tres iconos de la moda, cada uno con su estilo y sus particularidades, no necesitarían ni de grandes inversiones ni en tiempo ni en dinero para conseguir un resultado muy superior al de cualquier otro caballero. Sencillamente, como también ocurre en las damas, hay señores que vistan lo que vistan siempre les quedará bien. Esto hay que asumirlo para no fustrarnos.

Si bien hay caballeros a los que la naturaleza les ha regalado unas características físicas que les permiten desde vestir un traje de dos botones, de tres, cruzado, liso, de colores o hasta una chaqueta Tweed recargada etc la mayoría tendremos que hacer un esfuerzo a la hora de escoger esas prendas que nos permitan sacar lo máximo de nuestro físico.
Si la naturaleza nos ha regalado un físico y un porte similar al de Anthony Eden con seguridad nos será más fácil y rápido seleccionar nuestro armario y podremos tener un armario muy variado tanto en color como en modelos. Sin embargo, si desgraciadamente el azar no ha sido tan generoso con nosotros, como seguramente será el caso de la mayoría, tendremos que dedicar un esfuerzo adicional para completar nuestro armario.

Si bien de entrada partiremos con cierta desventaja frente a algunos afortunados caballeros, con un buen conocimiento tanto de nuestro físico como del corte que mejor oculta nuestros defectos y realza nuestras virtudes, el resultado final no tendría mucho que envidiar al de aquellos. Un ejemplo claro de caballeros que contando con un físico poco agraciado supieron vestirse con tal acierto que se convirtieron en todo un referente de su época fueron Fred Astaire, Adolphe Menjou o el mismo Samuel Hoare.
Antes de entrar a estudiar en detalle las pautas esenciales a tener en cuenta por aquellos físicos menos afortunados o que no responden a los parámetros más frecuentes queremos hacer una mención rápida a cómo deben vestirse aquellos caballeros cuyo físico es el mas extendido, osease, aquellos señores que no son ni muy gruesos ni muy delgados ni muy altos ni muy bajos. En esta franja es la que mayor número de caballeros se encuentran.

Estos señores, los denominados en palabras de Nicholas Antongiavani como “average men”, tienen la gran ventaja de poder experimentar con todo tipo de atuendo y dejarse aconsejar por su propio espejo sobre aquellas prendas que más favorecen a su complexión. La elección de la ropa, su corte y el color lo determinará el momento en el que vaya a ser vestida. Sólo las normas más básicas deberán ser tenidas en cuenta por los average men: tejidos cercanos a la franela en invierno, el Príncipe de Gales en las horas de sol, la raya diplomática en la tarde, y los colores oscuros y lisos durante la noche.

Si bien podrán decantarse por trajes de dos o tres botones según sea su preferencia, deberán siempre poseer un traje cruzado para las ocasiones que siendo formales no requieran de un chaqué o de un frac. Podrán igualmente jugar con los complementos como los gemelos o la corbata y podrán elegir entre los más variados patterns. Tendrán más libertad a la hora de escoger el largo del pantalón, las solapas y el tallaje de la chaqueta etc. En definitiva podrán experimentar con todas las posibles combinaciones para quedarse con aquella que más les gusten o que más les favorezcan.
Sin embargo aquellos caballeros de estatura reducida, de complexión gruesa o de gran estatura, deberán tener más cuidado al elegir su atuendo e incluso tendrán que dejar de lado sus preferencias para centrarse en los tipos de corte que jugando con la percepción óptica puedan disimular sus imperfecciones.

Los caballeros de reducida estatura, por ejemplo, con el objetivo de conseguir un efecto que alargue su figura deberán decantarse por trajes unicolor y sin ningún tipo de dibujo.

Si alguno de nosotros es de medidas contenidas le animo a hacer la siguiente prueba: vista un traje de chaqueta azul marino o gris y hágase una foto. Justo después escoja una chaqueta tipo Tweed y hagase otra foto. Únalas con algún programa informático, corte las cabezas e imprima ambas fotos como solo una. Muestre dicha foto a sus amigos y pregúnteles que con un vistazo rápido le digan que caballero les parece más alto. La mayoría de ellos podrá observar que se decantan por la foto del caballero de traje entero y de colores sólidos.
Dos caballeros de idéntica estatura y complexión que vistiendo diferente corte y tipo de ropa parecen ser de diferente altura y medidas

Si después de conocer cómo sacar el máximo partido a nuestra baja estatura hacemos nuevamente este truco y conseguimos que sea nuestro nuevo look el que siempre sea escogido como el más alto habremos entendido la importancia de vestirse acorde con nuestras particularidades físicas. Esta argucia puede ser utilizada para el resto de los casos que estudiaremos más adelante. De esta forma podremos escuchar por boca de otros si efectivamente nuestro objetivo de parecer más delgados, más bajos o más altos se está consiguiendo.

Deberemos evitar los diseños con líneas horizontales o con diseños tipo Príncipe de Gales ya que tanto las líneas horizontales como los cuadros que se repiten siguiendo un mismo patrón, como son estos casos, consiguen ensanchar la figura pero no alargarla. Igualmente, hay que huir de aquellos diseños donde predominen las líneas horizontales sobre las verticales.

La chaqueta no puede nunca quedar larga. Por detrás no deberá extenderse mas allá del trasero. Las mangas serán lo suficientemente cortas para enseñar mínimamente los puños de la camisa. Si en un caballero de estatura normal el no enseñar unos centímetros de el puño de la camisa denota falta de elegancia, esta omisión en un señor de baja estatura será un gran error al acentuar su reducida complexión.

La chaqueta no debe abotonar más abajo de la cintura y si estamos delgados debemos intentar resaltar nuestra silueta entallando nuestra chaqueta. Si somos más delgados también seremos más altos.

Las hombreras son otro gran aliado de los caballeros de reducida estatura ya que ayudan a alargar la figura y son completamente necesarias para sacar lo máximo de un cuerpo contenido.

La chaqueta deberá abrirse por su parte frontal a partir de la cintura y nunca más abajo para conseguir mayor verticalidad. Ésta quedará mejor sin aberturas traseras ya que sin éstas la chaqueta se pega mas al cuerpo dando la sensación de estar su portador más delgado y consecuentemente parecerá más alto.
Los más puristas sastres de SR aconsejaran a sus clientes no muy altos optar siempre por la chaqueta con un solo botón o en su defecto por la de dos. No obstante, podrán también elegir chaquetas de tres botones pero solo aquellas donde el botón superior es meramente de adorno y no se pretende que sea usado (las denominadas “21/2” o “roll through”). El corte de estas chaquetas hace que las solapas se alarguen mas y se junten más abajo que en las “verdaderas” chaquetas de tres botones. En la siguiente foto vemos a Cary Grant vistiendo el 21/2 más famoso de la sastrería reciente.
Otro punto que deben tener en cuenta es que el traje entero les favorece más que una chaqueta y un pantalón suelto. Esto es así porque su cuerpo, como acabamos de adelantar, quedará dividido en dos partes diferenciadas comprometiendo la verticalidad. Por el mismo motivo tampoco es recomendable el uso del cinturón (aunque en mi opinión el uso del cinturón no favorece a ningún caballero). Deberán por lo tanto decantarse por el uso de tirantes o en su defecto por pletinas.

Hay otros pequeños detalles a los que debemos prestar igualmente atención como son que el cosido del ojal de la solapa debe estar a mayor estatura de lo normal o como que el bolsillo del pecho de la chaqueta también deberá estar en una posición algo más alta de lo acostumbrado o como que los bolsillos laterales estarán ligeramente más bajos etc. Deberemos esconder las solapas de los bolsillos laterales por dentro del propio bolsillo para aumentar la verticalidad del conjunto.

Los colores sólidos en los trajes serán un buen aliado de los caballeros de baja estatura ya que estilizan la figura y consecuentemente esta estilización nos hará parecer más altos.

Las chaquetas de sport no sientan bien a los caballeros de reducida estatura al tener la mayoría de este tipo de chaquetas diseños donde abundan las líneas verticales. Igualmente, sus colores vivos no favorecen la verticalidad de la figura.

Antes de dar la última puntada a nuestra chaqueta y empezar a vestirla aconsejamos a los caballeros de baja estatura no vestir chaquetas cruzadas ya que tanto su gran número de botones como las líneas horizontales que se forman cuando la cruzamos transmiten la sensación de que su portador es un señor ancho lo que implica que en la foto final aparezca un caballero más bajo de lo que realmente es.

No obstante, si no nos queremos privar del placer de vestir una DBJ, debemos hacer hincapié a nuestro sastre de que los botones los cosa más altos y más juntos a lo que acostumbra a hacer a sus “average clients”.

Dos caballeros que sin poseer una gran estatura vistieron una DBJ con gran acierto fueron Aristotle Onassis y el inigualable Humphrey Bogart.

Debemos intentar vestir el pantalón en la cintura (no en la cadera) de tal forma que el sitio donde se empieza a abrir la chaqueta coincida con la parte superior del pantalón y no asome camisa alguna.

Es importante recordar que la cintura natural del caballero está algo por encima del ombligo y es ahí donde debemos vestir nuestro pantalón. ¿Qué conseguiremos con esto? Pues algo tan sencillo como un efecto óptico de piernas largas y torso reducido. Ambas características serán las responsables de que podamos mostrar una silueta más esbelta.
Los pantalones nunca descansarán sobre los zapatos; solo los tocaran ligeramente. Se vestirán sin vueltas para alargar nuestras piernas y conseguir "mayor altura".

Las camisas deberían igualmente ser de un solo color o en su defecto deberíamos escoger líneas verticales y lo más finas posibles. Otros diseños discretos como el de espiga o incluso un cuadro apenas visible como el de la siguiente foto son también apropiados.

Las corbatas, siguiendo con nuestro objetivo de alargar la figura, deberán no exceder nunca de 8.5cm en su parte más ancha. Nuevamente, al igual que ocurría con las camisas, los colores lisos y oscuros serán los más adecuados. Si nos gustan los diseños de rayas podremos optar por éstas siempre y cuando no sean rayas horizontales.

Hay buenos ejemplos de caballeros que sin contar con una gran estatura han conseguido elevar en gran medida su elegancia. Dos de ellos fueron el ex candidato a la Presidencia de los Estados Unidos, Ross Perot y el empresario y político Michael Bloomberg quienes con solo 1.57cm y 1.68cm respectivamente supieron sacar lo mejor de su a priori desaventajado físico. Otros casos como los de Edward G. Robinson, el de James Cagney o el de David Hyde Pierce demuestran que siguiendo unas mínimas pautas se puede crecer varios centímetros y además de forma elegante.

Si hasta ahora nuestro objetivo ha sido alargar la figura de los caballeros de baja estatura, cuando debamos aconsejar sobre cómo vestir a los señores de gran estatura deberemos buscar justo el efecto contrario, esto es, intentar que estos caballeros parezcan más bajos.

Para ello usaremos las mismas pautas que hemos seguido con los señores de reducida estatura pero las aplicaremos justo a la inversa.

Si hemos leído y entendido el por qué de estos consejos en los caballeros de baja estatura, la aplicación de estos a la inversa en los señores de gran estatura nos resultará fácil y por ello no entraremos en un análisis tan pormenorizado. No obstante, recalcaremos aquellas fórmulas que no deberíamos pasar por alto.

La primera norma a observar es que no es recomendable que vistamos prendas excesivamente entalladas al hacernos más delgados y consecuentemente más altos.
Al contrario de los caballeros de reducida estatura, deberemos dejar de lado las hombreras, huir de las solapas estrechas como también de las chaquetas sin aberturas traseras. Nunca nuestra chaqueta podrá ser corta ya que este fallo es capaz por él solo de arruinar todo el conjunto.

El ojal de la solapa deberá siempre situarse en una altura por debajo de los picos de la camisa. Los bolsillos laterales estarán situados a la altura del botón frontal más bajo o ligeramente por arriba.

Las chaquetas cruzadas son perfectas para los caballeros de gran estatura ya que la tela extra resultante de cruzar la chaqueta y las líneas horizontales que tal cruce produce consiguen un efecto óptico de ser más ancho y consecuentemente también más bajos. Los seis botones de la chaqueta cruzada así como la terminación en punta de las solapas refuerzan igualmente dicho efecto óptico.

Si bien las chaquetas de un solo botón al igual que las de dos no favorecen a los caballeros altos, las de tres botones estándar las pueden vestir al acortar el torso. Las 21/2 no les hacen ningún daño al alargarse sus solapas hasta la parte inferior del torso ocultando gran parte de éste.

Cuanto mas “recarguemos” nuestra vestimenta mejor será el resultado que consigamos. Si al caballero de reducida estatura le hemos recomendado llevar solo tres bolsillos en la chaqueta (los dos de los laterales más el obligatorio para albergar un pocket square), al señor de gran estatura le aconsejaremos que opte por chaquetas con esos tres bolsillos más el ticket o cerillera. Deberá igualmente dejar por fuera las solapas de los bolsillos laterales y no ocultarlas como recomendábamos al señor de baja estatura; ahora se trata de romper la verticalidad no de resaltarla.

Deberemos huir de los trajes con raya diplomática ya que nada como las líneas verticales para acentuar la estatura.

En la siguiente foto podemos observar a dos caballeros que con idéntica estatura pero con atuendo diferente parecen no medir lo mismo.

Los tejidos gruesos y pesados como la franela, los tipo Tweed y todos aquellos que tengan diseños muy marcados como los cuadros son más agradecidos con los señores de gran estatura que con los de baja.

A la hora de escoger nuestras corbatas buscaremos aquellas con líneas anchas. No podrán quedar cortas ya que acentuaremos nuestra estatura. Las corbatas de colores llamativos suelen ser igualmente más agradecidas. Las corbatas a rayas no son la peor opción entre las que poder optar ya que normalmente las líneas en las corbatas suelen ir en sentido diagonal rompiendo una vez más la verticalidad.

Nuevamente los diseños marcados y los cuadros serán el dibujo más favorecedor para nuestras camisas ya que éstos serán los responsables de ensanchar la percepción óptica de nuestro conjunto y de aparentar ser más bajos de lo que verdaderamente somos. Al igual que con los trajes, en las camisas debemos olvidarnos de los diseños de líneas verticales y sobre todo de las rayas delgadas y que estén muy juntas entre ellas.

Sin embargo, las tan actuales líneas horizontales favorecerán mucho a nuestras camisas al extender nuestro físico a lo ancho y estrecharlo a lo largo.

Normalmente el cuello de los caballeros de gran estatura suele ser más alargado que el del resto de señores por lo que deberemos tener especial cuidado cuando llegue el momento de la elección del cuello de nuestra camisa. La pauta principal a tener en cuenta es que dicho cuello debería abotonar más arriba de lo que lo hacen las camisas normales para acortar nuestro alargado cuello.

Los accesorios son siempre bienvenidos, sobre todo los gemelos y el pocket square ya que son “obstáculos” con los que se tropieza la verticalidad. La vestimenta de las corbatas de lazo nos estará totalmente prohibido al dejar todo nuestro torso al descubierto recalcando nuestra estatura.

Los pantalones deberán siempre contar con vuelta. Estos tendrán igualmente que contar con al menos una pinza. Dependiendo de la estatura del caballero, el dobladillo será más o menos ancho.

Para terminar no podemos dejar de hacer una mención a aquellos caballeros con cierto sobrepeso quienes cuentan también con infinidad de trucos que permiten quitarse esos kilos de más de encima.

Los consejos a seguir son muy parecidos a los descritos cuando hablábamos de cómo deberían vestir los caballeros de baja estatura. El objetivo es el mismo que con aquellos, esto es, debemos intentar parecer más altos. Pareciendo más altos estilizaremos la figura y consecuentemente varios kilos desaparecerán de nuestro cuerpo inmediatamente.

Para los trajes preferiremos los colores oscuros, un solo color o las rayas verticales. Dejaremos de lado las aperturas traseras y nos decantaremos por las chaquetas de dos botones.

Los trajes de tres piezas nos favorecerán enormemente ya que el chaleco se encargará de disimular esos kilos de más.

Las chaquetas clásicas de tres botones, esto es, aquellas que están cortadas pensando que se usarán los dos primeros botones deberán de olvidarse. Igualmente las DBJ se evitarán al ensanchar si cabe más la mitad superior de quien las viste.

Una de las pocas diferencias entre las pautas a seguir por las personas de reducida estatura y por las de sobrepeso es la que se refiere al tipo del cuello de las camisas. Para disimular un rostro redondo nada mejor que optar por un cuello con puntas alargadas.

Al igual que a los caballeros de baja estatura les favorecía el uso de tirantes ya que alargaba la percepción óptica de las piernas y consecuentemente toda la figura pareciendo más altos, a los caballeros con sobrepeso les ayudarán a ser más delgados.

La mayoría de los “average men” tienen la cintura más estrecha que los hombros y se pueden permitir entallar su chaqueta. Desgraciadamente y aunque esto sea estiloso sigue estando prohibido a los caballeros con cierto sobrepeso. El motivo es que los caballeros con sobrepeso suelen tener la cadera igual de ancha que la línea que une los hombros. Esto consigue que por poco que entallemos la chaqueta, nuestro exceso de peso se traslade a la ropa formándose las odiadas arrugas y hasta en casos extremos marcando de forma muy poco estética esos kilos de mas alojados en nuestra cadera. Es por ello por lo que las chaquetas nos deberán quedar algo holgadas. Cuando decimos “algo holgadas” no estamos pensando para nada en esas chaquetas que visten muchos caballeros con sobrepeso y que aparentan ser cuatro tallas más grande a la que necesitan. Esto es fácilmente apreciable en los hombros y en las mangas tamaño “extra-large”

Al igual que en los caballeros de reducida estatura, los pantalones deberán vestirse en la cintura y no en la cadera. Vistiendo así nuestros pantalones, conseguiremos un doble resultado; por un lado nuevamente alargaremos nuestras piernas y por otro la cintura del pantalón nos ayudará a ocultar el estomago. Las pinzas se vestirán a la manera tradicional inglesa, esto es, pinzas inversas que miran para dentro y no para fuera como es lo más frecuente en países como España e Italia. Este tipo de pinza normalmente disimula mejor el grosor de la pierna.

Debemos intentar que la hechura del pantalón sea relativamente ancha. Si optáramos por un corte italiano cuando alguien nos mire de perfil observará un gran contraste entre nuestro pantalón estrecho y nuestra barriga y se llevará la impresión errónea de estar frente a un caballero mucho más ancho de la realidad.

Las corbatas no podrán ser excesivamente estrechas al quedar consecuentemente mucho torso sin cubrir.

Dos buenos ejemplos de cómo minimizar el sobrepeso con la correcta elección del corte y del color los podemos encontrarlos en Sydney Greenstreet (147kg) y en Jackie Gleason quien con una estatura de 1.77cm y un peso de 136Kg supo quitarse muchos kilos de encima con solo poner en práctica las pautas aquí descritas.

Si bien la ropa RTW en señoras tiene algo de oferta para algunos de los grupos aquí descritos, de los caballeros desgraciadamente las grandes marcas no se han acordado y no cabe otra solución que acudir a un buen camisero y sobre todo a un sastre experimentado que conozca todos estos secretos y que sin ni siquiera contárnoslos nos sepa coser un traje que nos haga crecer, ser más bajos, más gordos o más delgados.

El Aristócrata

Fuente: “The Suit, A Machiavellian Approach to Men´s Style” Nicholas Antongiavanni; “Style and the Man: How and Where to Buy Fine Men´s Clothes” Alan Flusser

miércoles 1 de julio de 2009

Bespoke. Parte IV: La camisa a medida

Si en anteriores capítulos hemos estudiado la importancia de contar con un amplio y variado armario de zapatos y con al menos cinco trajes con los que poderlos combinar, esta vez queremos hablar de la tercera pieza fundamental que determinará nuestro conjunto final, esto es, la camisa.

Un buen armario de camisas nos permitirá mezclar trajes, zapatos y corbatas consiguiendo de esta forma que contando con un mismo número de prendas en él, nuestro conjunto parezca diferente según las diferentes elecciones por las que optemos.

La situación laboral actual obliga a muchos caballeros a pasar un gran número de horas en su puesto de trabajo y aunque la vestimenta de la chaqueta es aconsejable en todo momento, hay que comprender que en ciertas oficinas y desempeños esto se hace francamente incomodo. Es por ello por lo que la camisa será la prenda más expuesta a la vista de todos los que nos rodean.
Si bien es cierto que hoy en día existe una enorme variedad de diseños y la calidad de las camisas RTW ha aumentado, sobre todo en algunas casas del Reino Unido, la hechura sigue estando reservada en exclusiva a las camisas bespoke.
Como hemos establecido en varias ocasiones, todo caballero tiene una fisonomía diferente. Si analizamos la complexión de diferentes señores reconoceremos que cada uno ellos tiene unas particularidades. Así encontraremos caballeros de hombros fuertes, otros con pecho ancho, algunos con barriga pronunciada etc. Todas estas diferencias hacen imposible que una talla M pueda tener la hechura adecuada para un espectro tan amplio de clientes. Es más, incluso una camisa 15-38 que se adecue al ancho del cuello y a la complexión del torso podrá sentar bien pero nunca perfecta a su portador. Esto es debido sencillamente al hecho de que el tallaje de las camisas RTW persigue adecuarse a las medidas estándar de un amplio abanico de señores quienes aún contando con medidas parecidas no tienen la misma complexión.

Siempre he mantenido que la característica fundamental que debemos buscar a la hora de adquirir una nueva prenda es la hechura y en segundo lugar su calidad. Nunca debemos comprar una prenda por la marca que ésta lleve asociada. Hoy en día ya nadie nos puede garantizar que detrás de una marca conocida encontremos una calidad acorde con la popularidad de ésta.
La correcta hechura de nuestra camisa puede disimular desde una nuez abultada o un cuello con exceso de papada hasta por ejemplo un hombro caído. Y esto como parece lógico solo se puede conseguir con una camisa bespoke.

Si a la hechura añadimos la posibilidad de escoger entre una extensa gama de diseños y una amplia variedad de telas así como la personalización de nuestros cuellos, puños, botones etc podremos entender por qué en países como el Reino Unido y Estados Unidos existe una auténtica pasión por la camisería a medida.
En el anterior artículo que sobre la camisa escribimos en el mes de Junio adelantamos cómo debería ser el fitting de éstas teniendo en cuenta las diferentes complexiones existentes entre los caballeros. Igualmente establecimos cuales eran las notas principales que deberían diferenciar una buena camisa bespoke de una camisa RTW y cuales eran los resultados que debíamos perseguir.

Este mes, como complemento de aquel primer artículo, describiremos el proceso de confección de una camisa; o dicho de otra forma, todas las etapas existentes desde que el cliente entra en la tienda hasta que finalmente la abandona con su camisa lista para ser vestida.

Para narrar todo este fascinante proceso nos pusimos en contacto con la centenaria camisería Burgos de Madrid para que fueran ellos quienes nos guiaran a través de él y nos explicaran en detalle cada una de las fases de confección de una auténtica camisa bespoke
La camisería Burgos se fundó en 1912 por Julián Burgos, de ahí que todavía conserve el nombre, y tan solo unos años después fue adquirida por la familia Olave. Hoy, ya en la tercera generación y a punto de celebrar su primer centenario, sigue siendo una referencia indiscutible cuando de camisas a medida se habla en España.

Situada en la histórica Calle de Cedaceros siempre ha contado entre su clientela con lo más granado de la sociedad española e internacional. Desde Cary Grant, Charles Grayson, Orson Welles, hasta personajes más actuales como D. Jaime de Marichalar han escogido durante muchos años a los camiseros de Burgos para la confección de sus camisas.
Desde el comienzo de su andadura, la confección artesanal de sus camisas y su reputación internacional les obligó abrir tienda en París para poder atender a sus clientes internacionales. Hoy en día su reconocimiento internacional les exige desplazarse a México dos veces al año para atender a su amplia clientela latinoamericana. Para los clientes más ocupados cuentan con un servicio a domicilio de elección de telas y toma de medidas.

Igualmente, han completado su oferta de camisas a medida con otras prendas tan especiales como los batines o los sombreros ingleses Lock. Si el cliente así lo desea le coserán, también a medida, boxers y pijamas usando las mismas telas y el mismo procedimiento que el utilizado con las camisas a medida.
La realización de este artículo se debe en gran parte a Dña. Carmen Olave, quien tras contarle nuestro proyecto se puso a nuestra disposición para ayudarnos en todo lo que estuviera en su mano. Dña. Carmen sabedora del peso de la tradición ha tomado las riendas de la casa desde Enero con el firme propósito de que esta tercera generación que ella representa consiga mantener los estándares más altos para que una cuarta generación pueda heredar un negocio tan difícil pero apasionante en plenitud de facultades y seguir siendo por muchos más años una camisería de referencia en España.

Dña. Carmen Álvarez Olave, tercera generación de una larga saga de camiseros
Como hemos adelantado, este artículo se concibió con el objetivo de narrar la totalidad del proceso de confección artesanal de una camisa a medida atendiendo a los cánones más tradicionales y exigentes. Para ello la camisería Burgos tuvo la deferencia de cerrar sus puertas por unas horas para que viéramos desde primera línea cómo se desarrollaba tal proceso.

Durante varias horas tuvimos la oportunidad de charlar con los maestros cortadores, D. Ángel, D. Francisco y D. Jose, que sumando cien años en la casa han hecho del corte y cosido su oficio y son los responsables finales en gran parte de la calidad de las camisas que salen por la puerta de Burgos. Y decimos solo en gran parte porque además de estos artesanos hay que añadir a D. Gerardo y D. Pedro quienes con una experiencia en la casa de 20 años atienden y aconsejan a sus exclusivos clientes sobre la amplia gama de tejidos y complementos que podemos encontrar en la camisería.
No nos extraña que lo primero que nos comentan estos maestros camiseros sea que hoy en día tampoco quedan ya verdaderos profesionales a los que acudir cuando de mandarnos a hacer una camisa a medida se trata.

Igualmente, se lamentan del poco conocimiento del español medio sobre camisería lo cual ha permitido que exista un gran intrusismo profesional por parte de las mal entendidas camiserías artesanas donde el cliente se limita a escoger un anagrama, un cuello y unos puños.

Tampoco desde esta camisería se comparte el interés creciente de ciertas sastrerías de ofrecer también servicios de camisería a medida. Son ellos mismos los primeros en reconocer que nunca podrían ofrecer trabajos de sastrería por no tener ni los conocimientos suficientes ni la experiencia necesaria. Sin embargo hoy hay muchos sastres que conjuntamente con su oferta de sastrería ofrecen también camisería a medida. Como ellos mismos nos explican un sastre puede coser maravillosos trajes pero nunca excelentes camisas. Son, en palabras suyas, sencillamente profesiones diferentes.
También nos quieren prevenir de aquellas tiendas-camiserías, algunas de ellas conocidas por todos nosotros, que aún realizando un trabajo más que aceptable se limitan solo a la toma de medidas y a la elección de la tela externalizando todo el proceso de confección de la camisa. Incluso nos advierten de que en ciertas camiserías inglesas de gran prestigio éstas se limitan asimismo a la toma de medidas al cliente y el resto del trabajo se lleva a cabo en algún país asiático. Esto es debido sencillamente a que semejante cantidad de pedidos no se puede realizar con mano experimentada nacional al no ser viable económicamente. Esto que parece un secreto a voces parecen olvidarlos muchos clientes extranjeros quienes por llevar la etiqueta de Jermyn Street en su camisa están dispuestos a hacer oídos sordos a esta realidad.

En definitiva, según su buen entender, deberíamos desconfiar de aquellas camiserías donde el camisero que nos toma las medidas no participa del resto del proceso y el único contacto que vuelve a tener con nuestra camisa es cuando llega a la tienda lista para ser envuelta y entregada al cliente.
Algo de lo que puedo dar fe es que en Burgos la gran mayoría del trabajo de la camisa se realiza en el taller que hay en el sótano de la tienda. Solamente el cosido de las diferentes partes de la camisa se deja en mano de las costureras lo que nos permite afirmar que la confección de la camisa es totalmente artesanal y en este aspecto no tiene nada que envidiar a la mejor sastrería inglesa.

Fue particularmente interesante el intercambio de ideas sobre cómo el marketing de ciertas casas ha conseguido captar un número muy importante de clientes ofreciendo camisas donde solo un logo o una marca justifica el alto precio que se paga por ellas. Como ellos nos apuntaron desde el primer momento que empezamos la conversación, nunca una camisa de fabricación convencional puede compararse con una cosida artesanalmente para un cliente en concreto teniendo solo en cuenta la fisionomía de éste y donde solo la mano humana es la responsable del resultado final. Es por ello que, como pasa con la sastrería, el mayor porcentaje del costo de la camisa viene directamente de la mano de obra empleada en ella.
Como ya hemos adelantado en alguna ocasión, si bien el caballero español cada vez está más al día de las nuevas tendencias y de las principales marcas tiene un gran desconocimiento a la hora de diferenciar lo bueno de lo extraordinario. Desgraciadamente a la hora de escoger una camisa no muchos caballeros españoles se paran a observar si por ejemplo los ojales de la camisa están cosidos a mano o sencillamente han sido cosidos todos del tirón por una máquina industrial.

Nunca ni la mejor camisa RTW por reputado que sea su logo podrá ofrecernos la hechura de una camisa bespoke; básicamente porque en la camisa a medida se ha utilizado un patrón personalizado mientras en la de confección se ha usado uno que responde a unas medidas estándar.

Después de la hechura el otro argumento que utilizaremos para defender la conveniencia de vestir camisas a medida es que en éstas se puede escoger entre multitud de tejidos de diferente composición y de mejor calidad a las que normalmente encontraremos en las camisas RTW. Esta calidad de los tejidos proporcionará una mayor duración a las características y colores de nuestra camisa; lo que permitirá finalmente que pasados muchos años con solo el cambio del cuello, o en su caso de los puños, la camisa pueda volver a lucir como el primer día.

Es curioso observar como en cuestión de camisas el caballero inglés y americano está mucho menos influenciado por las marcas y es mucho más exigente en cuanto a la elección de los tejidos y los patterns que por ejemplo el caballero español y el italiano. De hecho, nos comenta Dña. Carmen, que los pedidos más exigentes normalmente le vienen de clientes norteamericanos quienes saben perfectamente el tipo de tela que quieren y las características que en ésta buscan. Muchos de estos clientes cuentan con su patrón desde hace muchos años, por lo que desde Burgos les localizan exactamente las telas que les puedan interesar y sin costo alguno les envían ejemplos de las mismas para que seleccionen aquellas que más les gustan. Por ejemplo, tienen varios clientes americanos que sienten predilección por las camisas tipo Tattersall y a éstos todos los años les envían puntualmente a sus casas las nuevas propuestas.

Después de esta pequeña introducción a la casa y de conocer las múltiples ventajas de la camisa a medida frente a la RTW estamos ya en disposición de escoger la tela con la que se coserá la camisa sobre la que versará el resto del artículo.

Extendidos los muestrarios sobre la mesa, Dña. Carmen nos explica los diferentes tipos de telas que podemos escoger atendiendo a su composición y procedencia. Encontramos desde tejidos nacionales hasta suizos, italianos etc. Sólo de algodón podemos observar hasta cinco muestrarios.

Finalmente y después de estudiar con detenimiento varios tejidos tanto Dña. Carmen como D. Gerardo, nos aconsejan decantarnos por una tela 100% algodón, suizo, concretamente de la casa Alumo, 160 a dos cabos y de trenzado popelín.

A la hora de hablar de las características de una tela hay una serie de conceptos que debemos tener claros para poder escoger tanto una determinada calidad como unas características acordes a nuestros gustos. Los conceptos de los que hablamos son la composición, el hilo y el trenzado.

Sin querer extendernos en este punto apuntaremos respecto a la composición que debemos buscar siempre materiales naturales como el algodón, la lana, el lino o la seda. Independientemente de la composición que escojamos debemos huir a toda costa de las mezclas donde el poliéster esté presente ya que la calidad de la camisa se verá perjudicada. No obstante, si lo que buscamos es únicamente que nuestra camisa se planche fácilmente esta mezcla puede ser una opción a considerar.

La composición que encontraremos con más frecuencia será el algodón. Dentro del algodón existen diferentes calidades dependiendo de la longitud de la hebra. Cuanto más larga sea la hebra mejor. En las hebras de 1.5 a 2.25 empieza la calidad alta. También podemos encontrar unos algodones más suaves que otros y algunos pueden caracterizarse por su gran resistencia. La máxima calidad sigue siendo propiedad del algodón peruano, del egipcio y del archiconocido Sea Island.

El hilo igualmente es de gran importancia ya que será la unión de muchos de éstos los que darán lugar a la tela. El hilo puede estar formado por uno o por dos cabos. El hilo de calidad siempre será a dos cabos, esto es, dos hilos entrelazados y enrollados entre sí que aportarán mayor longevidad a nuestra camisa.

Hay otro término con el que seguramente nos encontremos cuando busquemos un tejido de gran calidad: 2x2. Una buena tela además de ser a dos cabos debe contar con hilos verticales (urdimbre) y con hilos horizontales (trama). A esto es lo que se denomina 2x2.


Para terminar con las características del hilo debemos hablar del grosor del mismo o, lo que es lo mismo, del título. Cuánto más delgado sea el hilo mejor resultado dará y suele ser más agradecida al tacto ya que exige poner más hilos por centímetro cuadrado para que no se trasparente la camisa. Una camisa normal suele tener un título de unos 50´s a un cabo; una buena unos 80´s a dos cabos; y sólo las mejores tienen por encima de 100´s…. y siempre a dos cabos.

La última característica que debemos tener en cuenta a la hora de escoger la tela es el trenzado del hilo. Según sea el trenzado obtendremos una textura u otra. Así encontramos el trenzados popelín, el Oxford, el piqué, la viyela, el voile, el fil a fil, el twill, la franela, la pana etc.

Como hemos adelantado, la camisa que hemos escogido es de trenzado popelín. El trenzado popelín se caracteriza por estar formado por el doble de hilos verticales que horizontales.

A título informativo comentar de forma sucinta que el trenzado Oxford es un trenzado cuadrado con igual número de hilos verticales que horizontales. Este trenzado es típico en la alta camisería de sport. Para verano, sin embargo, debemos buscar trenzados como el voile que se caracteriza por lo fino del hilo empleado. Otro trenzado muy común es el piqué cuyo trenzado da lugar a un tejido con forma de espiga. Las mal llamadas camisas de lino no son otra cosa que la unión de hilos de diferentes grosores, de ahí que su nombre debiese ser camisas de hilo y no de lino, y su confección es la más sencilla. Para las pieles más sensibles el trenzado que mejor evita cualquier tipo de picores es la viyela.

Una vez escogida la tela con la que se coserá nuestra camisa pasamos a la fase de toma de medidas.

Este es el punto clave de todo el proceso ya que cualquier error por pequeño que sea repercutirá en el resto de éste y esa hechura específica, que es la principal razón de acudir a los servicios bespoke, se puede ver arruinada. En contra de lo que sucede con la sastrería a medida, en la camisería resulta muy difícil y a veces hasta contraproducente que una vez cosida la camisa se realicen modificaciones en el resultado.

En total D. Gerardo nos toma diez medidas: cuello, espalda, largo de brazos, estomago, distancia hombros, cadera, pecho, caída de hombro y largo de la camisa.


La última medida consiste en medir el ancho total que forma la muñeca con el reloj. Esto persigue el objetivo de que nuestro puño de la camisa cubra el reloj y de esta forma los puños puedan sobresalir de las mangas del traje ambos por igual.

Tenemos igualmente la opción de bordar nuestras iniciales en la camisa. Para ello podemos escoger desde escudos familiares o diferentes tipos de letras hasta la terminación de las mismas en forma sombreada. La elección del lugar donde bordarlas recae únicamente en el cliente. Nosotros hemos escogido que se borden 7cm por encima de la cadera en la parte izquierda de la camisa.

Como complemento a todas estas medidas tenemos la opción de contar con pinzas en la espalda para conseguir mejor amplitud de movimientos u optar por una terminación entallada que evita cualquier exceso de tejido en la parte posterior de la camisa y elude tener que ajustarnos la camisa constantemente como ocurre con la mayoría de las camisas RTW.

Una vez anotadas las medidas es el momento de elegir tanto el cuello como los puños de nuestra camisa

Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de las camiserías tanto nacionales como internacionales, aquí a los cuellos les dan nombre personajes relevantes nacionales; así encontramos el cuello tipo D, en honor a por Don Pedro Domecq, el MV, por el Marqués de Villaverde etc.

Independientemente de la múltiple variedad de cuellos prefabricados que podemos encontrar, lo verdaderamente interesante es la posibilidad de personalizar totalmente esta parte tan importante de nuestra camisa. Así pues, podemos seleccionar desde el grado de apertura de los picos, la longitud de los mismos, forma más redondeada o más en línea recta, el número de centímetros que queremos que tenga en la parte trasera de la misma etc. Es posible escoger una entretela o en su defecto optar por un cuello termofijado (opción nuevamente recomendable si no somos ningún filigranas con la plancha)

Como ya adelantamos en el anterior capítulo, la elección del cuello se debe realizar teniendo en cuenta dos puntos fundamentales: el primero y que ya fue desarrollado extensamente en aquel artículo sobre la camisa es la figura que forma el conjunto de nuestro rostro y cuello. Jugando con la elección del cuello podemos conseguir aparentar tener una cabeza más delgada, más ancha, más larga o más corta según sea el objetivo perseguido.

Y la segunda es el traje que vayamos a vestir con esa camisa. Seguramente todos nos hayamos fijado como caballeros que aparentemente visten correctamente olvidan que las solapas de sus chaquetas deberían cubrir ligeramente la parte exterior de los picos del cuello. Debemos conseguir que nuestros cuellos no terminen expuestos en su totalidad y su borde exterior sea cubierto ligeramente por las solapas de la chaqueta.

Si no sabemos que tipo de cuello es el que mejor se adapta a nuestra complexión lo mejor es dejarse aconsejar por D. Gerardo quien seguro buscará la mejor opción para cada uno de nosotros. Si es importante sin embargo tener en cuenta que el cuello que escojamos puede ser perfecto para ser vestido con un traje mientras que con otro traje de nuestro armario la vestimenta de esa misma camisa puede ser desaconsejable. Es por ello por lo que es importante vestir la chaqueta que usaremos con esa camisa el día de la prueba. Si nuestros trajes han sido cortados siguiendo el mismo patrón no tendremos que preocuparnos por esto y todas nuestras camisas podrán ser vestidas con cualquiera de ellos.

La elección de los puños, por el contrario, atiende normalmente a gustos personales y no hay tantas cosas que tener en cuenta como cuando de la selección de nuestro cuello se trataba.

Otra ventaja de acudir a la camisería a medida es que aparte de poder escoger entre puños tipo cocktail cuff, barrel cuff, French cuff, link cuff etc también podemos optar entre un amplio abanico de personalizaciones; por ejemplo podemos decantarnos por una terminación del puño en punta o matada, determinar el número de botones que queremos que tenga, el grosor, la longitud etc.

La personalización tanto del cuello como de los puños puede ser una nota de identidad de nuestra vestimenta que nos acompañe para el resto de nuestra vida. Son muchos los personajes que han pasado a la historia de la moda masculina clásica por un detalle de su vestimenta; y esto solamente se consigue con la personalización y la perseverancia en su uso.

Una vez que tengamos claro cuál es ese puño que más nos gusta y ese cuello que mejor se adapta a nuestra complexión ya no tendremos que preocuparnos en nuestras siguientes visitas de volverlo a diseñar ya que se creará un patrón en cartón para ambos y será guardado en el taller hasta nuestra siguiente visita.

Uno de los detalles que echamos en falta es la posibilidad de escoger entre diferentes tipos de ballenas para nuestra camisa. Suele ser frecuente el poder contar con ballenas tipo mother of pearl, de metal o incluso de algún material natural tipo asta de toro. Aquí solamente se ofrecen ballenas de plástico con el nombre de la casa grabado. Esto nos lo justificaron en base a que la enorme variedad de tipos de cuellos que sus clientes mandan confeccionar hace de todo punto imposible contar con ballenas estándar en diferentes materiales. Es por ello por lo que prefieren utilizar ballenas de plástico que luego pueden ser cortadas y adaptadas a todo tipo de cuellos.

Concluido tanto el proceso de toma de medidas como la elección del cuello y puños el taller se pone en marcha para que en un plazo aproximado de quince a veinte días podamos empezar a disfrutar de nuestra camisa. Para ello el primer paso es confeccionar el patrón de todas las partes de nuestra camisa.

Algo de lo que puedo dar fe es que cada cliente cuenta con un patrón; independientemente de que éste haya encargado una o varias camisas. Cada cliente un patrón. Esto que parece algo más que lógico no está tan extendido, y no solo en España, como a muchos nos gustaría.

Ante la amplia oferta de camisería a medida con la que hoy nos encontramos deberíamos solo confiar en aquellas que efectivamente nos realicen un patrón. Quizás nos llevaríamos muchas sorpresas si preguntamos sobre la posibilidad de ver nuestro patrón en reputadas tiendas de moda masculina que ofrecen servicios de camisería a medida. Si no hay patrón no se puede hablar de camisería a medida; o al menos sobre lo que nosotros entendemos como camisería a medida. Las camiserías de prestigio guardarán los diferentes patrones del cliente en un sobre-envoltorio en el que se escribe el nombre del cliente y normalmente en cajas de cartón los cuellos y los puños de los clientes ordenadas alfabéticamente.

Así pues cada uno de nosotros debería contar con un patrón para la espalda, otro para la parte frontal, otro para las mangas, otro para el canesú, otro para el cuello y otro para los puños. Una vez realizados los patrones en papel y en cartón para el cuello y los puños éstos se pasarán a la tela para su posterior cortado.

Como ya hemos adelantado, si la toma de medidas no ha sido exacta los pequeños desajustes se arrastraran durante todo el proceso dando lugar a un patrón inexacto y finalmente a una camisa no perfecta.

D. Gerardo fue esta vez el responsable de la toma de las medidas

Las piezas son cortadas por uno de los maestros cortadores y posteriormente serán unidas por las costureras quienes serán las responsables igualmente del cosido a mano de los ojales y los botones mother of pearl. También serán ellas quien sólo a mano casarán los dibujos que unen el hombro y las mangas y que es una prueba inequívoca de encontrarnos ante una camisa de calidad. Esta labor será supervisada por los maestros cortadores que indicarán a las costureras lo que tienen que hacer en cada camisa y revisarán su trabajo para asegurar que se ha realizado correctamente. Otra de las funciones que tienen asignada es el correcto cosido de los diferentes pliegues que unen la manga al puño así como del cuello y el canesú.

Una vez terminada nuestra camisa un total de siete personas habrán trabajado en ella: el camisero que nos toma las medidas, un cortador, tres costureras (una encargada de coser los cuellos y los puños, otra que prepara la totalidad de la camisa y una rematadora que unirá las mangas), otra persona encargada de lavar la camisa ya terminada y una planchadora que es la responsable de esa parte que parece tan fácil pero que con el uso de una máquina industrial se podría arruinar todo el trabajo. Como curiosidad añadir que en esta camisería pueden presumir de tener una plancha que se usa exclusivamente para almidonar la pechera de las camisas de frac. Sus planchadoras han tenido que explicar la manera adecuada de planchar estas camisas al exclusivo servicio de muchos de sus clientes.

Una opción muy interesante que se nos ofrece desde la camisería Burgos es que si transcurrido el tiempo nuestra camisa sufriera cierto desgaste en el cuello o los puños, contamos con la posibilidad de mandarla a que se le cambien ambos. Con esta sustitución nuestra camisa podrá volver a lucir como el primer día. Es por ello por lo que cuando se nos entregue nuestra camisa observaremos que en la parte interior tiene cosida un número. Este número les sirve a sus profesionales para localizar nuestra ficha y encontrar la referencia exacta de la tela utilizada. Es curioso observar como se conservan todas las fichas desde que entró por su puerta el primer cliente.

Y finalmente el momento tan esperado; la prueba de la camisa. Esta prueba cobra especial interés en Burgos ya que no consiste sencillamente en un mero proceso burocrático como en la mayoría de las camiserías de nuestro país. Durante dicha prueba, siguiendo la forma de trabajar de las exclusivas camiserías inglesas, D. Gerardo, o alguno de los maestros cortadores, repasarán el cuaderno donde se han tomado las medidas y preferencias del cliente y comprobarán que todo está correcto y conforme los deseos el cliente. De no ser así y como ocurrió en nuestro caso, repasan la camisa hasta que el resultado sea exactamente el que quiere el cliente y solo cuando la camisa cuente con el total beneplácito de los maestros cortadores se nos entregará. La camisa se servirá lista para ser vestida y protegida por un papel de seda

Para terminar queremos agradecer a Dña. Carmen Olave su inestimable ayuda por trasportarnos al maravilloso mundo de la camisería a medida y ofrecernos la oportunidad de mostrar a todos nuestros lectores en que consiste el proceso de confección de una camisa a medida. Igualmente le deseamos desde aquí que sean muchas más las generaciones de camiseros que continúen la saga empezada hace ya casi un siglo por su abuelo. Esto creemos que lo tienen garantizado si siguen trabajando artesanalmente como hasta ahora sin olvidan las novedades que a este legendario oficio están incorporando camiseros de Estados Unidos e Inglaterra.

El Aristócrata

*1 (un hilo 100's tiene 100 veces 380 yardas de hilo por cada libra de peso de tela)
Las fotos son propiedad exclusiva de http://www.elaristocrata.com/

lunes 1 de junio de 2009

Sartorial Vacations: Budapest y László Vass

Seguramente más de uno de nosotros se haya dejado influir por un sastre, un camisero, una tienda o, cómo es en este caso, por un zapatero a la hora de escoger el destino de sus vacaciones.
No son pocas las ciudades cuya visita puede estar más que justificada si, además de por su belleza, podemos encontrar esa prenda que nuestro armario desearía albergar tras sus puertas.

Si las DBJ de Al Bazar justifican una parada en Milán, las corbatas de Marinella nos convence para visitar Nápoles, los paraguas y pajaritas de la querida casa vienesa Jungmann & Neffe consiguen que incluso el exquisito chocolate de la tarta Sacher se nos pueda llegar a olvidar, la zapatería de László Vass hace, si cabe, más que obligatorio visitar la perla del Danubio.

Para la realización de este artículo hemos previamente concertado una reunión desde Madrid con Éva Vass quien desde el primer momento se mostró entusiasmada con la idea y nos agradeció que eligiéramos su casa para escribir este reportaje.
Éva es la hija de László Vass, quien trabaja mano a mano con su padre desde 1997 y quien debido a su dominio del inglés se responsabiliza de la negociación con los proveedores, la organización de la exportación, las labores de relaciones públicas, además del día a día de la tienda de Budapest.Será ella quien nos acompañe durante nuestra visita a la zapatería y quien nos repase la historia de ésta, la evolución de sus modelos más emblemáticos, las virtudes de un zapato bespoke, el significado que las palabras “hecho a mano” significan en casa de László Vass etc.

Si bien es cierto que los zapatos László Vass no son los más conocidos para el gran público, también lo es que cuando se habla de alta zapatería, Vass tiene siempre reservado un sitio privilegiado en la lista. O como el propio Lászlo Vass estable:

“When most American men think of superlative handmade shoes, Italy comes to mind. Or, for some more experienced customers, perhaps England. Few, however, think of the beautiful and exotic city if Budapest. The incredible handmade shoes of László Vass may change that, bringing Budapest back into the consciousness, and onto the feet of men of style.”
No debemos olvidar que durante la época del imperio Austro-Húngaro, los artesanos húngaros eran considerados como los mejores a la hora de trabajar la piel. En el periodo de entreguerras y una vez ocupada por la Unión Soviética, la zapatería húngara desapareció prácticamente en su totalidad debido principalmente a que la piel, que provenía en su mayoría del extranjero, dejó de ser abastecida a sus zapateros. Hoy, como veremos a lo largo del artículo, las cosas han cambiado pero, a pesar de esto, y como en la propia casa reconocen, todavía los zapatos de Lászlo Vass son más conocidos fuera de las fronteras de Hungría que dentro; algo que, por otro lado, pude comprobar por mi mismo.
Según nos explica Éva, Lászlo Vass comenzó su formación con apenas 14 años en la escuela técnica de zapateros donde permaneció 4 años. Al terminar sus estudios empezó ya a trabajar en el Instituto de Moda de Hungría donde estuvo cinco años y donde tuvo la oportunidad de trabajar en todas las fases de construcción del zapato; desde el diseño, la toma de medidas y el cortado hasta el montado el zapato. Con 23 años se presentó al examen obligatorio para conseguir el diploma de maestro zapatero. Su prueba consistió en fabricar un zapato modelo Budapest totalmente a mano.
Nos comenta Éva que en 1978 compró esta pequeña tienda y que durante los siguientes diez años se dedicó a la elaboración de zapatos de señora. En 1989, y coincidiendo con los cambios políticos ocurridos en Hungría, le resultaba muy dificil competir con las nuevas marcas que entraban en el país y decidió volver a sus orígenes como artesano de zapatos de caballero. Desde entonces es considerado como uno de los mejores zapateros del mundo habiéndose ganado por meritos propios un lugar destacado en la historia de la zapatería moderna junto a zapateros del renombre de John Lobb, Berluti, Gatto, Bálint, Materna o Alex Himer.
Hoy ya no quedan muchas casas reputadas que no comercialicen sus productos a través de sus propias tiendas o a través de tiendas multi-marcas en las principales ciudades del mundo. No obstante, el placer de comprar esa prenda tan apreciada aumenta, si cabe, si se realiza en su lugar de origen. Y si además esta pieza es difícil de conseguir fuera de su lugar de producción, su adquisición puede convertirse en toda una sartorial experience.

Los zapatos de László Vass son todavía muy difíciles de encontrar si no se peregrina a Budapest o en su defecto si no se paga un elevado precio extra por adquirirlos por Internet o en ciertas casas americanas, japonesas, austriacas o alemanas. Según explica el propio László, el trabajo de su equipo de 14 artesanos ofrece la misma calidad que los más prestigiosas zapateros ingleses pero a 1/3 del precio. Según comprobaremos más adelante, hay que reconocer que aunque hoy el precio de unos László Vass ya no es 1/3 del precio de los zapatos ingleses sí sigue siendo muy competitivo.
Si bien no es el objetivo de este artículo narrar el largo y arduo trabajo que conlleva fabricar un zapato a medida si queremos describir el placer que supone adquirir una pieza tan especial como son los zapatos Vass en su pequeña tienda de Budapest.

La tienda se encuentra en pleno centro comercial de Budapest. Debemos estar algo atentos ya que la calle puede hacernos pensar que la dirección no es la correcta al distar su apariencia mucho de las principales calles europeas donde podríamos encontrar zapatos de esta calidad y reputación. De hecho, el escaparate de la tienda tiene escasos dos metros de largo y no nos trasmite la imagen de lujo y refinamiento de los zapatos que dentro encontraremos. Quizás en esto radique parte del encanto de este pequeño establecimiento.
Lo primero que sorprende una vez dentro es el reducido tamaño de la tienda. Menos de veinte metros repartidos en dos plantas; una donde se exponen los zapatos y otra en la planta de arriba que hace las veces de almacén.

A pesar del reducido tamaño, la planta baja es suficientemente “grande” para exponer una gran variedad de modelos. La sensación que nos llevamos al entrar es que hay zapatos por todos los lados. En el escaparate los encontramos casi amontonados, dentro expuestos en baldas, en el suelo….hay zapatos hasta en los escalones de la escalera que lleva al segundo piso!!!.
Una vez que hemos saludado a Éva Vass, empezamos a descubrir los zapatos expuestos los cuales tienen una placa con el nombre del modelo de cada uno de ellos. Encontramos diversos modelos All Englisch, Budapest etc. Son particularmente interesante las baldas dedicadas al modelo Budapest donde podemos deleitarnos desde con los modelos más clásicos hasta con los nuevos Budapest con formas más cercanas a las del zapato italiano que a las del modelo originario y fabricados sobre modelos oxfords. Los modelos RTW podemos verlos en diferentes tipos de hormas dependiendo de su estrechez y forma (la horma banana, Peter, R, 3636, F, etc).
Después de explicarle a Éva Vass el cometido de nuestro portal de moda masculina clásica y una vez roto el hielo y a nuestra pregunta de qué es lo que hace tan especial a los zapatos allí expuestos nos empieza a describir la gran calidad tanto de los materiales empleados como de la mano de obra utilizada. Nos explica que todos los materiales son provistos sólo por las mejores casas en cada sector. Por ejemplo, tanto las insoles (plantillas), como las outsoles (suelas) las compran a la reputada casa alemana Joh Rendenbach; quien, según los expertos, fabrica la que es considerada una de las mejores suelas del mundo y que viste a los zapatos más reputados desde hace más de 135 años.

Es Rendenbach quien se responsabiliza de la suela exterior, el corcho, el cambrillón, la suela interior, el revirón y el tacón. Todas las suelas de los zapatos del taller de Lázsló Vass exhiben el sello de la Asociación de Curtidores Tradicionales de Alemania algo que les da una clara ventaja competitiva frente a mucha casas británicas, italianas o francesas.
Si bien Rendenbach es el proveedor oficial de la suela de todos los zapatos que salen por la puerta de esta zapatería, la procedencia de la piel utilizada varía según los modelos teniendo su origen en Francia e Inglaterra. La piel más utilizada es la boxcalf, piel de ternero. En el caso de los zapatos a medida se puede escoger desde piel de lagarto, buey, ciervo, elefante hasta de avestruz, canguro o caballo. Una piel muy popular en los zapatos de Vass es la Scotchgain, piel bovina que presenta una terminación graneada que también se conoce popularmente como Rindbox. La casa americana Horween le surte la codiciada piel cordovan. La gran mayoría de la piel cordovan montada en sus zapatos proviene de Chicago.
Aunque las pieles, como acabamos de ver, provienen del extranjero, los materiales utilizados en el interior del zapato son nacionales.

Las hormas de madera que utilizan para construir sobre ella tanto los nuevos modelos off the peg como los bespoke son del centenario taller Kálmán.

Si hay un modelo de László Vass que se ha ganado el reconocimiento tanto por los profesionales del sector como por los amantes de la alta zapatería, este es, sin lugar a dudas, el modelo Budapest.

Si hacemos caso a lo que sobre él se ha escrito, este modelo es el heredero de las botas que vestían los soldados húngaros en el S.XIX. Su elevada y dura punta servía para evitar que tanto la nieve como la escarcha entraran dentro de ella.
La principal característica del modelo Budapest, en contra de lo que mucha gente ha escrito, es su inconfundible puntera vega, o como aquí la hemos denominado más de una vez, su terminación full-brodge. Otra típico rasgo del Budapest es que se trata de un modelo Derby con cosido doble (no obstante también podemos encontrar modelos Vass con vira cosida lo que es más fino y elegante).

Otras particularidades propias del Budapest son su horma ancha, suela alta, piel dura de ternero, puntera elevada y muy reforzada; todo ello dando una sensación de conjunto de encontrarnos ante un zapato pesado, ancho, duro y en cierto modo hasta algo basto. Hoy ya podemos encontrar modelos Budapest con hormas muy próximas a las italianas y montados sobre modelos Oxfords y no Derby. Quizás sea debido a esto y a que al modelo clásico se han introducido algunos retoques lo que hace que el modelo Budapest siga siendo el buque insignia de la casa.
Hay pocos modelos que gocen de tanta personalidad como para haberse convertido en toda una leyenda. De hecho, su particular construcción full-brodge, con puntera elevada solo es fabricada por otra casa mas (Heinrich Dinkelacker).

Mi opinión es que si todo amante de la alta relojería debería poseer un Patek Philippe, todo amante de los buenos zapatos debería vestir un modelo Budapest. Quizás no sea el zapato más elegante como seguramente tampoco Patek sea el reloj tecnológicamente más avanzado; pero ambos son obligatorios en todo armario o colección que quiera presumir como tal.
Me atrevería a afirmar que será este modelo y no ningún otro que esté todavía por fabricar al que László Vass le deba estar agradecido por haber pasado a la historia de la zapatería. De hecho, no hay ningún profesional o amante de la alta zapatería que no sepa distinguir este modelo tan particular. Aunque su “basta” construcción y su puntera visiblemente elevada pueda afearlo en un primer vistazo, una vez calzado esto cambia y apenas se aprecia dicha elevación. Es por todo ello por lo que su vestimenta, desde mi punto de vista, deberá hacerse con ropa casual y no formal. Su portador, hasta vistiendo con ropa sport denotará un gusto exquisito por la alta zapatería.
Además de poder seguir escogiendo este modelo y algún otro más cercano a otra época, también encontramos modelos con hormas inglesas y zapatos con clara inspiración italiana. A pesar de todo, según nos comenta Éva, los modelos clásicos ingleses junto al modelo Budapest siguen copando la mayor parte de las ventas.
Una clara ventaja de los zapatos Vass frente a la terminación inglesa y más todavía frente a la italiana es la amplitud de sus hormas. El pie parece descansar en un gran sofá y nos aporta muchísima comodidad. Esto no gustará a los amantes del zapato italiano quienes preferirán una horma más estrecha que, a pesar de ser más incómoda, definitivamente estiliza más el pie.

Hay tres tipos de zapatos que podemos adquirir de este zapatero. Los RTW, los bespoke, y una tercera opción que nos permite encargar la realización de ciertos modelos que no están disponibles en la tienda escogiendo el color de piel y personalizando el dibujo. Está opción que está a caballo entre RTW y bespoke es una opción muy interesante que permite obtener si cabe unos zapatos más exclusivos. No obstante, la mayor exclusividad siguen siendo los bespoke que además de permitirnos escoger desde la forma, el modelo, la piel, el color, combinaciones de pieles, la dureza de la suela, la altura del talón etc son realizados exclusivamente para nuestros pies después de la toma de medida, la realización de nuestra horma y un largo proceso de confección que está más cerca de la magia que de la realidad. En palabras de Éva Vass, la fabricación de unos zapatos a medida exige entre cinco o seis semana y cobran gran importancia cuando el pie del cliente no se adecua a las medidas estándar; bien por ser muy ancho, muy estrecho, tener un puente muy elevado o una mezcla de todas estas particularidades. Es entonces cuando hay que pensar en el zapato bespoke .
Si el modelo Budapest ha conseguido internacionalizar la zapatería de Lázsló Vass, han sido sus zapatos a medida, los que se han ganado el aplauso de sus afortunados y distinguidos clientes. Con este difícil arte, y en escasos años, László ha conseguido plantar cara a zapateros de casas mucho más legendarias y reputadas que la suya.

Si podemos disfrutar del privilegio de probar el zapato bespoke de Vass, seguramente ya nunca volvamos a ver la zapatería con los mismos ojos.

No obstante, si nos gustan los zapatos expuestos en la tienda, algo por otro lado muy posible, y nuestros pies no tienen ninguna particularidad especial, los modelos RTW son una perfecta elección. Incluso según nos cuenta Éva, ellos siempre aconsejan al cliente que viene buscando exclusivamente zapatos a medida hacerse primero con unos RTW. Aunque como hemos establecido al principio de este artículo no es nuestra intención enfrentarnos a describir el arduo trabajo que significa confeccionar unos zapatos a medida, si queremos comentar el significado que la expresión “hechos a mano” implica para los zapatos fabricados por Vass.

Todos los modelos Vass, incluidos los RTW, son hechos a mano. La expresión “hechos a mano” seguramente la hayamos escuchado en varias ocasiones cuando hemos acudido a comprar un nuevo par de zapatos o la hayamos leído en los catálogos de las casas zapateras pero desgraciadamente dicha expresión admite múltiples acepciones y no todas implican que la gran parte del zapato haya sido confeccionada a mano. En el caso de Vass “hechos a mano” significa que gran parte del procedimiento de selección, cortado, cosido, montado y pulido del zapato es hecho estrictamente solo por las manos del zapatero.
En palabras textuales de Éva, “Vass shoes are 100% (means 100%) handmade, from the cutting of the leather to the finishing of the shoes”. Siguiendo con su explicación, nos destaca que el proceso de fabricación de los RTW y de los bespoke es idéntico. En los zapatos RTW se trabaja sobre ocho terminaciones que su padre cambia de tiempo en tiempo según las necesidades de los clientes.

Las piezas de la pala (empella, cañeta, bandas de las orejas, correas traseras etc) se cortan todas a mano. La unión de la pala, el forro y los accesorios también se realiza en su totalidad a mano. El aparado de la pala (unión de todas las piezas decorativas) se realiza con hilo de algodón o de lino según proceda también a mano. La mano del zapatero también es la responsable del festoneado ayudada de una de una pequeña herramienta.
La costura de la vira, de la entre-suela, el montado del talón, la costura de la suela exterior se realiza todo a mano con ayuda de un cordel y un punzón. La ornamentación de la suela y su pulido también se hace prescindiendo de máquina alguna.

Para las perforaciones (brogueings) no se sigue ninguna plantilla. Todo se hace con un punzón y a ojo. Sólo las perforaciones de la puntera se realizan utilizando un papel con el dibujo del patrón. El forro siempre va cosido a la piel (normalmente se cosen tres piezas: la pala y las dos cañetas).
Es interesante comprobar cómo las perforaciones no coinciden en dos modelos supuestamente idénticos. Incluso la distancia entre las perforaciones del pie derecho e izquierdo puede también variar. Las perforaciones puede estar más separadas en un pie que en otro o incluso ser de mayor diámetro en el pie, por ejemplo, izquierdo. Obviamente hay que fijarse mucho para poder apreciar estas pequeñísimas diferencias. Otro detalle interesante es que un mismo número puede tener ligeras variaciones en talla respecto a un modelo idéntico.
Algo también curioso es observar que el mismo modelo pueda variar ligeramente en color o terminación respecto a uno realizado anteriormente. Esto es debido a que el color de la piel cuando se trabaja a mano es difícil conseguir que tenga la misma tonalidad en todos los modelos.

Lo que para algunos puede ser un fallo, para otros es un valor añadido y una muestra de que todavía existen zapatos que siguen confeccionándose verdaderamente a mano y donde la máquina solo se utiliza para esas operaciones donde su uso es imprescindible y aconsejable.

Una vez comprados nuestros zapatos, estos se nos entregaran sin caja, con opción de hormas y dos bolsas individuales para su transporte y cuidado.
El laborioso proceso de fabricación de los zapatos Vass, incluso de sus zapatos off the peg, es lo que ha obligado a László a distribuirlos fuera de Budapest en número muy limitado. A pesar de lo que todas las casas zapateras predican, a mí personalmente no me cabe duda que para vender tantísimos pares de zapatos como venden las reputadas casas inglesas e italianas hoy en día conforme está el precio y la calidad de la mano de obra no queda otra que industrializar gran parte del proceso y sustituir muchas de las operaciones necesarias en la elaboración del zapato por mano de obra de peor calidad y sustituir horas hombre por horas máquina.

Para que nos hagamos una idea, y si damos por buena la información disponible, en el taller de Lázsló Vass se fabrican 1.000 pares de zapatos al año. Todo esto, según nos explica Éva, es realizado por sólo 14 artesanos; cada uno de ellos especializado en sólo una o varias fases del proceso de fabricación del zapato.
Seguramente si tuviéramos la oportunidad de ver la contabilidad interna de ciertas reputadas zapaterías observaríamos que a pesar de contar con mucho más personal, parece difícil entender que puedan vender miles de zapatos al año si efectivamente se han hecho a mano siguiendo un proceso similar al llevado a cabo en los zapatos de László Vass.

Cuando le preguntamos a Éva sobre esta cuestión nos dice que si bien su padre ya no está todos los días en el taller, durante muchísimos años así lo ha hecho, y esto le ha ayudado a tener controlado la totalidad del proceso de fabricación de sus zapatos. Según nos indica, no tienen ninguna intención de crecer más, y quizás ese sea el motivo de rechazar continuamente ofertas de grandes almacenes de vender sus zapatos y conseguir un gran beneficio. Para László la calidad de la piel es fundamental y esa calidad, según comenta su hija, se vería definitivamente perjudicada si se empezaran a distribuir los zapatos en grandes cantidades.
A la pregunta de qué diferencia en calidad hay entre sus zapatos y las casas reputadas inglesa, nos contesta que su padre siente un gran respeto por la forma de fabricar zapatos de Edward Green o Crockett&Jones; de hecho el único par de zapatos que tiene su padre que no es Vass, es un Edward Green. No obstante, nos aclara que los zapatos hechos a mano son de mejor calidad que cualquier otro elaborado en una fábrica; por más importante y caros que sean esos zapatos. Por ejemplo, según su parecer, es sencillamente imposible, si no es a mano, conseguir la medida exacta de la pala y su ajuste para cada terminación de zapato.
Cerca del final del encuentro con Éva, y deseando hacernos con el mayor número de zapatos posibles, le preguntamos cuales son los zapatos que deberían estar en todo armario de un caballero. Según su opinión tan importante es tener zapatos formales como zapatos sport. No por llevar con unos vaqueros hay que olvidar vestir correctamente a nuestros pies. Para las ocasiones formales ella se decanta por los Oxford y por los zapatos con hebilla - “in black of course”. Para vestimenta casual podemos ampliar el abanico de modelos y colores. No obstante, reconoce que en países como el nuestro los caballeros son mas atrevidos y se ven colores cercanos al coñac y al vino. Estos colores, según nos indica, son difíciles de ver para un uso formal en su país.

Éva es de la opinión de que Inglaterra sigue siendo el país donde los caballeros prestan más atención a sus zapatos aunque seguramente sean los vieneses los que más cuiden el conjunto de todo su vestuario.
A pesar de todo ello, los precios son bastante contenidos. Solo existen tres precios para todos los zapatos RTW. Los que más abundan son los que tienen precios de 99.000 o de 115.000 florines húngaros (unos 370€ y 430€ al cambio respectivamente). Solo unos pocos ascienden a 130.000 (490€). Sin embargo, si recurrimos a los archiconocidos almacenes americanos Bergdorf Goodman o a su compra por Internet deberemos estar preparados para pagar un sobreprecio importante. El precio de los zapatos bespoke empieza en 580€.

Si comparamos estos precios con los de la competencia seguramente encontremos otra razón de peso para viajar hasta este pequeño “museo” de la calle Haris Köz y adquirir este pequeño tesoro.
Obviamente, cualquier propietario de esta marca puede llevarlos o mandarlos para ser reparados. Algo de lo que presume Lázsló Vass es que incluso los zapatos que con más de 15 años que se llevan a su taller, solo necesitan un cambio de suela ya que tanto la piel como la propia estructura del zapato está en perfectas condiciones. Es por ello por lo que son los zapatos más viejos los que su arreglo le produce mayor satisfacción. Dicho orgullo aumenta al ser bastante probable que dicho par de zapatos haya podido ser confeccionado por él en su totalidad.
Hoy László comparte su profesión de zapatero con su amor al arte moderno y ha abierto un museo donde expone sus obras; muchas de ellas de artistas húngaros y otras conseguidas tras un canje de zapatos por cuadro.

Esperamos que Laszlo Vass continúe la legendaria saga de zapateros húngaros que han trabajado la piel durante más de doscientos años y sobre todo que la popularidad alcanzada por sus zapatos no le haga olvidar el mimo con el que deberían seguir fabricándose y que, como nos dice su hija, su máxima de “each pair has got a soul and we think of each pair os shoes as a pice of art” siga presente durante muchos años.
Y para acabar un día tan interesante y poder seguir disfrutando de la belleza de Budapest y recordar tan agradable experiencia, probablemente no haya sitio mejor al que ir a cenar que a Gundel donde seguiremos saboreando un ambiente selecto y perteneciente, como aquellos primeros modelos Budapest, ya a otra época.

El Aristócrata

Bibliografía: www.vass-shoes.com, “Handmade, Shoes for men”; Magda Molnar and Laszlo Vass.
Fotos: El autor,
askandyaboutclothes y cedidas por Éva Vass para ser utilizadas en exclusiva en www.elaristocrata.com

viernes 1 de mayo de 2009

Bespoke 3ª parte. Entrevista a D. José María Reíllo: Sastre y Presidente del Club de Sastres

Este mes http://www.elaristocrata.com/ cumple un año y por ello queríamos que el artículo de Abril tuviese la altura suficiente para ser digno de esta fecha. Para ello hemos escogido a D. José María Reíllo, sastre de dilatada experiencia profesional, gran reconocimiento profesional y Presidente del Club de Sastres para que sea él quien nos trasporte a través de esta entrevista al apasionante mundo de la alta sastrería masculina.

D. José María nos recibe puntualmente a la hora previamente pactada. Es de agradecer que una persona tan ocupada que viaja constantemente al extranjero para atender los pedidos de sus clientes haya organizado su agenda para que nadie interrumpa el encuentro que mantuvimos con él durante más de hora y media.

Conforme salía del interior del taller para recibirnos, su imagen impoluta nos dijo rápidamente que la siguiente hora y media iba a versar sobre sastrería en letras mayúsculas.

Aunque acostumbrado a tratar con personalidades relevantes del mundo de la política, los negocios y el espectáculo, D. José María se mostró durante toda la entrevista como una persona seria pero cercana, con grandes ganas de trasmitirnos su pasión por la profesión y con una capacidad de comunicación envidiable.
A pesar de estar en todo momento rodeado de cintas métricas, hilo de algodón, jaboncillo etc toda la sastrería rezuma orden.

Una vez ya en la segunda planta de la sastrería, donde toma las medidas y prueba a los clientes, vemos de reojo la foto que tiene con su Majestad el Rey Don Juan Carlos y nos fijamos que también está en una pequeña mesita el libro del Caballero de Bernhard Roetzel. Mientras seguimos explorando esta encantadora dependencia, nos cuenta que uno de los trabajos que tienen pendiente desde el club de sastres es escribir un libro similar a éste en español e inglés pero entrando más al detalle, con fotos más explicativas, de más calidad y más actual.
Antes de empezar a grabar la entrevista nos explica que no es muy dado a conceder entrevistas pero que si ha hecho una excepción ha sido por el hecho de que nuestra publicación es de las pocas que tratan estos contenidos con rigurosidad. Igualmente, nos comenta que el artículo sobre el bespoke que publicamos en el Aristócrata en Mayo de 2008 (y que descansa sobre su mesa de trabajo como muestra de bienvenida) le ha parecido de gran interés y nos felicita por su contenido.

Su jornada nunca empieza después de las 8. Aprovecha las primeras horas del día para repasar el trabajo que sus oficiales han realizado el día anterior y echar un último vistazo a las pruebas que han de probarse los clientes a los que se ha citado.

1- ¿Podría hacernos un poco de historia desde la creación de la sastrería Reíllo en 1974 a nuestros días?
Yo empecé en la profesión muy joven. Recuerdo que con sólo 12 años ya cosía en mi pueblo de Campo de Criptana. Poco después empiezo a trabajar en varias sastrerías de la Gran Vía que es donde antes estaban las sastrerías aquí en Madrid. Con 26 años me instalo en esta sastrería de la calle Orense desde donde he entregado mi vida a esta profesión que tanto siempre he querido. Hoy ya tengo 61 años y sigo cosiendo tanto desde aquí como desde mi propia casa.
2- ¿Que ventajas tiene un traje a medida frente a uno de confección?
Un buen traje a medida debe ser como una segunda piel. En ningún momento debe suponer inconveniente alguno para moverte libremente. Debe resaltar tus virtudes físicas y disimular los problemas que todos tenemos. Debe ser estrecho por fuera pero amplio por dentro. Bien cuidado puede durar 20 años.

En un traje a medida se hacen las solapas según tu rostro, los hombros son individualizados, el talle del pantalón se individualiza según la complexión de cada cliente. No es lo mismo la figura de un chico de 20 años que la de un señor de 50 por lo que es fundamental un buen corte.
Otra gran ventaja es que es fácil de hacer arreglos en él en el caso de que el cliente engorde o adelgace.

Tan importante es que sea a medida como que sea hecho a mano. Observe usted este chaqué que acabamos de terminar para un cliente que tiene una recepción oficial con la Reina Isabel de Inglaterra. Toque esta tela, fíjese en los remates del faldón……mire como está rematada esta solapa……esto es imposible de encontrar en ningún traje de confección….por muy de Brioni que sea.

Un traje artesano de tipo medio es peor que uno hecho a maquina por lo que la mano de obra es muy importante y debe ser siempre de máxima calidad.
3- Si bien las sastrerías se han popularizado en España, son escasísimas las que todavía trabajan según los cánones más puristas. ¿Considera que la sastrería entendida en su sentido más tradicional está desapareciendo?
Hoy en España todavía podemos encontrar entre 20 y 25 sastres de primera línea que trabajan siguiendo los dictados más exigentes. Desgraciadamente la mayoría de ellos cuentan con muchos años de duro trabajo a sus espaldas y la fecha de jubilación se acerca sin contar con miembros en su familia que quieran seguir la estela dejada por ellos.

Antes en cualquier ciudad de España había un buen sastre. Por ejemplo, en León estaba Ciriaco, en Bilbao trabaja Cardenal (hoy ya en la tercera generación), Javier de Juana (hoy en la segunda generación) etc.

La sastrería tiene que evolucionar según las tendencias. Ya no tiene sentido seguir patrones de otra época donde se acentuaban las hombreras, los cortes anchos etc. Ahora se busca mas destacar la silueta, trajes mas ceñidos, que no estrechos, frontales más redondeados etc.

Uno de los problemas que han tenido grandes sastres de nuestro país es que han ido desapareciendo conforme han ido envejeciendo o falleciendo sus clientes. Los buenos oficiales, los que se han dedicado a esto desde muy jóvenes, se están también jubilando y no hay relevo generacional.
4- ¿Qué diferencia un traje que sale por la puerta de la sastrería de José Maria Reillo del de las sastrerías de prestigio inglesas o italianas?
Tanto mi trabajo como el de mis compañeros no tiene nada que envidiar a las sastrerías más prestigiosas de Savile Row. Es más, soy un convencido de que la técnica que usamos en España es mucho más depurada que la utilizada allí.

La calidad de la mano de obra también es muy superior. Y eso por no hablar de los precios que cobran allí. La confección del traje es muy superior a la que encontramos en el país anglosajón. Yo recomiendo que vean y toquen los trajes que salen de esas reputadas sastrerías; son como de otra época. Son muy armados, con una entretela gorda. Son trajes iguales que a los que se hacían hace 50 años pero con mano de obra de calidad inferior.

Nosotros trabajamos con telas de 200-300 gramos o 350 como máximo y más del 90% está hecho en su totalidad a mano. En España tenemos telas, como es Gorina, que tampoco tienen nada que envidiar a las mejores telas extranjeras. En mi sastrería no se externaliza nada en gente de fuera de la casa y todo el proceso de cortado y montado se hace donde usted y yo estamos ahora mismo. Esto seguramente no lo puedan decir muchas de los archiconocidas sastrerías británicas.

Como curiosidad permítame que le cuente que estando en Londres con mi mujer pasé a Huntsman donde llegaron hasta poner en duda que el ojal de mi chaqueta estuviera cosido a mano.

Otra cosa bien diferente son las sastrerías italianas. Hoy por hoy y mal que pese a los ingleses, la sastrería italiana está muy por encima de la inglesa. A parte de que son los italianos quienes determinan las nuevas tendencias, su forma de trabajar es mucho más depurada. Las sastrerías napolitanas son hoy el referente mundial. Admito que se nos compare con las sastrerías de prestigio italianas pero sinceramente pienso que la buena sastrería española está por encima de su homóloga inglesa.

Si bien hace años en España había sastres que sabían cortar pero no coser, hoy nuestros sastres saben cortar, coser y planchar; son sastres completos. Y eso tampoco lo pueden decir muchos sastres extranjeros.

La mano de obra española está a la cabeza junto a la italiana. Yo por ejemplo trabajo con clientes ingleses y esto es sencillamente porque nuestra mano de obra es mejor y encima somos más baratos al no tener la etiqueta de Savile Row.

Los italianos han sabido también promocionar muy acertadamente la sastrería masculina. Casas como Brioni, Zegna o el mismísimo Angelo Litrico se han promocionado de la mano de la moda femenina. Sin embargo aquí se ha promocionado la moda femenina y a nosotros se nos ha olvidado. Y le puedo asegurar que en España hay sastres extraordinarios y a pesar de esto son grandes desconocidos para la mayoría. Por ejemplo, un americano que venga a Europa a hacerse un traje a medida va directamente a Savile Row. Lo que no sabe es que se llevará una coraza por traje aunque se vuelva a su país muy contento por tener un traje Savile Row.

El apoyo que la sastrería masculina inglesa ha recibido por parte del gobierno, la TV, prensa etc. ha sido muy superior al que nosotros hemos tenido.

Hay sastrerías en España como la de Collado, los hermanos Córdoba, Jaime Gallo, su tío Casado etc. cuyo trabajo no tiene nada que envidiar al de ningún sastre del mundo. Collado, por ejemplo, no sabía cortar pero luego era capaz de indicarle al cortador a ojo donde recortar sin necesidad de ningún patrón. Era extraordinario.

Estados Unidos también contó durante los años 40 y 50 con verdaderos profesionales. En esa época allí estaba lo mejor de lo mejor.
5- ¿Cuántas horas se invierten en un traje a medida? ¿Cuál es el plazo medio de su elaboración?
De 45 a 55 dependiendo de las dificultades que tenga el cliente. Para que se haga una idea, sólo el planchado nos lleva 1 hora y media. Dependiendo de la carga de trabajo estamos tardando entre dos o tres meses.

6- ¿Qué porcentaje de sus trajes es hecho a mano?
90-95%. Excepto el picado de las solapas todo es a mano. Esto es así porque con una determinada máquina conseguimos disimular las puntadas mejor y porque de esta manera evitamos que la persona que cose esté recibiendo continuamente pinchazos de la aguja al ser el dedo el único que nos garantiza que la aguja ha traspasado toda la tela.
7- ¿Cuántas personas actualmente trabajan en su sastrería?
5, todos españoles y con muchísimos años de experiencia.

8- Aunque conocemos de su celo profesional, con la información que poseemos: ¿nos permitiría llamarle el sastre de nuestro Presidente?
Quizá hace algunos años si me lo podrían llamar pero hoy ya no coso los trajes del Presidente. En su primera legislatura le cosí trajes de protocolo como chaqué, esmoquin, frac y varios trajes normales. Pero como digo, yo ya no soy su sastre.
9- Desde el Aristócrata pensamos que se está dejando de lado la elegancia clásica presente en los años 30 para dejar paso a modas pasajeras. ¿Cree que nos encontramos ante un proceso irreversible?
Hay iconos del estilo como Cary Grant y Fred Astaire que siempre serán un referente. Me gusta ver películas de aquellos tiempos para observar cómo aquellos sastres ya eran capaces de a un físico tan poco agraciado como era el de Astaire, sacarle tanto partido.

No obstante las modas cambian y la sastrería tradicional no puede hacer oídos sordos a esta realidad. Yo siempre he seguido la tendencia de la moda pero con un orden. Un sastre tiene que estar al día. Esto no quiere decir que ciertas modas sean admisibles.

En la pasada feria de Florencia pude ver cómo ciertos caballeros italianos tenían mucho estilo; sin embargo también observé la manía que tienen otros de llevar el traje que da la impresión que les queda dos tallas pequeñas. Esto tampoco me parece correcto. No obstante soy de la opinión de que en España no se viste bien. Por ejemplo, los zapatos que viste usted son muy difíciles de ver en la calle.

No deja de sorprenderme cuando vengo por la carretera de Majadahonda como hay señores que conducen verdaderos cochazos y no prestan atención alguna a su aspecto físico. Por ejemplo, las casas han mejorado mucho, las familias españolas cada día viajan a mejores y más exclusivos destinos; sin embargo en el vestir no se ha experimentado esa mejoría.

Quizá tampoco nosotros hayamos sabido trasmitir el placer que se experimenta al ir bien vestido. La gente hoy en día es capaz de diferenciar un buen vino de uno malo; en cambio no son capaces de diferenciar un buen traje de uno malo.
No podemos olvidar que nuestro traje es como nuestra tarjeta de presentación. Es lo primero que se ve y la primera imagen que tendrá de nosotros nuestro interlocutor. Es signo de autoestima y de posición social. Un presidente de una multinacional que esté continuamente en los medios trasmite una imagen no sólo de él, sino también de la empresa. Seguramente si este caballero viste un traje dos tallas grandes o incluso con brillos no trasmitirá una imagen de éxito de su compañía.

Otra manía del caballero medio español es su costumbre de llevar el pantalón excesivamente largo. Presten atención al largo de los pantalones del Príncipe o del Rey; ese es el largo adecuado para la mayoría de los casos. Los frac que vemos por ejemplo en un programa de baile ahora muy conocido llevan una chaqueta tan larga que desprestigian totalmente a esa prenda.
10- ¿Ha cambiado mucho la sastrería de hace 60 años a la de ahora?
Si bien los patrones han cambiado, son los tejidos los que han experimentado el cambio más importante. A los sastres de antes les sería muy difícil trabajar las telas que se utilizan hoy en día. Ahora buscamos más la comodidad de nuestros trajes. Son telas mucho más ligeras. No por llevar un traje se debe uno sentir más incomodo que por vestir cualquier otra ropa. Esto obviamente, sólo lo puede conseguir un buen sastre analizando la figura de su cliente y cosiéndole un traje que sea, como ya hemos dicho, tan cómodo como una segunda piel. 11- ¿Cómo se puede justificar a los lectores de El Aristócrata que el precio de un traje ready to wear, de por ejemplo Chester Barrie o de Brioni, sea superior al de un traje donde se han invertido más de 50 horas de trabajo, su mayoría se ha realizado a mano y todo se ha cosido pensando en una sola persona?
Pues efectivamente, es muy difícil de justificar. Un traje de confección no puede costar 3.000€. Eso es una barbaridad. No podemos olvidar que por buena que sea la tela es un traje hecho por maquinas para un cliente prototipo que seguramente no sea quien termine comprándolo.

Y si lo que busca el cliente es una determinada tela, me resulta muy difícil pensar que una sastrería de prestigio no lo tenga. Aquí trabajamos con telas de Zegna, cachemira, 150´, Loro Piana y la mayoría de las de calidad que se encuentran en el mercado.

Tampoco podemos olvidar que la tela supone alrededor de un 10% del precio de un traje a medida; el resto es todo mano de obra.

El marketing utilizado por estas casas, el llevar una determinada etiqueta y mucha ignorancia sobre lo que verdaderamente es un traje a medida, ha hecho que ciertas marcas se hayan popularizado mucho.

No obstante, tampoco nosotros los sastres hemos quizás sabido trasmitir las grandes diferencias que existen entre aquellos y nosotros a las generaciones más jóvenes y éstas se han dejado llevar por las modas y marcas del momento. Con sólo ver todo el trabajo que lleva hacer una solapa de un bolsillo como Dios manda pronto la gente se daría cuenta de que son, sencillamente, cosas diferentes.
12- ¿Cómo valora el éxodo de sastres de toda la vida de Savile Row a otras zonas más baratas de Londres o incluso a otras ciudades. ¿La llegada de sastres más jóvenes con modelos más modernos cambiará el espíritu de Savile Row? ¿Es el fin de la Row como se conoce hoy?
Sobre Savile Row podríamos hablar largo y tendido. Para empezar, Savile Row sólo es una acera; la otra está ocupada en su mayoría por tiendas de ropa de confección. Conocidas, pero al fin y al cabo confección pura y dura. Además de esto, los italianos se están haciendo también con esa calle. La gente sigue teniendo todavía un concepto muy romántico de Savile Row.
No voy a decir nombres pero hay sastrerías en Savile Row que envían las medidas a China y allí se confecciona el traje. El cliente lo recoge orgulloso en su tienda de Savile, le cobran un dineral y no sabe que el trabajo de ese establecimiento en ese traje ha sido más bien escaso. Eso le puedo garantizar, una vez más que, no pasa en nuestras sastrerías.

Hay que reconocer que la Row ha creado un mito alrededor de ella. Hay programas de televisión, reportajes en revistas de todo el mundo, apoyo por parte del gobierno, en definitiva todo un conglomerado que ha hecho que caballeros adinerados de todo el mundo quieran tener un traje con la etiqueta de Savile Row. En esto sí que nos llevan los ingleses mucho por delante.

Aquí, como ya he explicado, no recibimos apoyo alguno por parte de la Administración, no se ha potenciado la capacitación de los futuros sastres con cursos específicos, no se nos ha dado la oportunidad, como sí se ha hecho a la moda femenina, de realizar desfiles, reportajes en prensa.
Todo el esfuerzo se ha centrado en la alta costura femenina dejando de lado la sastrería masculina. Quizás nosotros tendríamos que haber unido también esfuerzos para sobreponernos a esta situación adversa. Es fundamental que la gente sepa lo que es excepcional y lo que es un trabajo mediocre. Por ejemplo, usted en esta chaqueta ve una solapa con el pico redondeado, la cabecera, el ojal correcto, el relieve del bolsillo, la abertura de este chaqué. Pero esto no tiene la ocasión de verlo la mayoría de la gente. Es por ello por lo que es fundamental que todos estos detalles salgan en algún sitio fotografiados para que la gente pueda luego tener capacidad de juzgar un traje a medida y uno de confección.
13- ¿Cuántos trajes son necesarios en el armario de todo caballero?
Depende de la actividad que tenga la persona; pero podemos decir que con uno para cada día de la semana es suficiente. Con 10 o 12 trajes tendríamos un armario completo para todo el año. Entre estos deberíamos tener trajes de diferentes colores.

Con un cierto mimo nos podrían durar muchos años. Son escasísimas las tintorerías que en España saben limpiar y planchar un traje. El planchado es de vital importancia para conservar nuestro traje. Echando un poco de agua con un pulverizador en el traje y poniendo un trapo encima para después pasar la plancha sin soltar vapor de agua conseguiremos un resultado mucho mejor que llevándolo a una tintorería.

Volviendo a la pregunta que usted me planteaba, es igualmente sorprendente lo uniformado que viste el caballero español. Cada día es más difícil ver caballeros que se salgan de los azules y grises en sus diversas tonalidades. Un importante ejecutivo de una multinacional me comentó recientemente que cada día vestía menos sus chaquetas de cachemira y de Loro Piana que en mi sastrería le habíamos cosido durante varios años, porque en la empresa eran la comidilla. 14- ¿Quiénes son, en su opinión, los señores Españoles mejor vestidos?
Normalmente son señores desconocidos para el gran público. De los conocidos por todos me quedo con la elegancia de Ignacio Galán, Eduardo Zaplana, Rivera Ordoñez, el Príncipe, Enrique Cornejo y Enrique Ponce. También en los trajes de tres piezas que viste Jaime de Marichalar hay detrás un gran trabajo; aunque algunos de ellos debieron ser cosidos cuando su figura era más estilizada quedándole ahora algo estrechos. De los extranjeros me quedo con el Príncipe Carlos y George Clooney. 15- ¿Dónde empieza el precio de un traje de dos piezas?
Un traje de dos piezas dependiendo del tejido escogido está entre 2.000 y 3.000€. Aunque a priori pueda parecer una cantidad elevada no lo es. Tenga en cuenta que si cogemos un traje de por ejemplo 2.500€ al que se le han dedicado 50 horas y le descontamos el precio de la tela, no es mucho lo que le queda al sastre. A esto hay que añadir el coste del local, luz, seguridad social etc. Hagan cuentas y luego me dicen si 2.500€ es tanto dinero como le podía parecer en un principio.
16. ¿Cuáles sus cometidos como Presidente del Club de Sastres?
Solemos organizar al menos una reunión anual en la que presentamos un nuevo tejido. Estamos igualmente en contacto para ver los avances de la costura y mantenernos al día. Muchos de nosotros a raíz de esta profesión hemos desarrollado una estrecha amistad personal y solemos quedar a comer y charlar sobre cosas muy diferentes a nuestro día en el taller……aunque nuestra pasión por esta profesión hace que no consigamos llegar al postre hablando de otra cosa que no sea de sastrería a medida.
Ya sólo nos queda agradecer una vez más la molestia que D. José María se tomó en recibirnos y sobre todo felicitarle por ser uno de los artífices fundamentales al que todos le debemos que hoy en día en nuestro país podamos seguir contanto con un grupo reducido pero de primera línea de sastres.

El Aristócrata

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