QUE NO TE DEN GATO POR LIEBRE: ELIGE BIEN A TU SASTRE

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En octubre de 2016 hablábamos de la importancia de saber diferenciar un sastre de un mero tomador de medidas.[...]
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En octubre de 2016 hablábamos de la importancia de saber diferenciar un sastre de un mero tomador de medidas. Aquel artículo tuvo gran acogida, de hecho, fue de los más leídos del año, y tras la petición de una publicación económica lo actualizamos y hoy lo compartimos con vosotros. Porque como decía el artículo original cuando hablamos de sastrería toca saber separar el grano de la paja.

Al igual que en el periodismo, en el mundo de la sastrería existe mucho intrusismo. Hoy por colgar en la puerta de una tienda el cartel de “Sastrería” se da por hecho que dentro hay un sastre. Y en ocasiones, demasiadas, esto no es así. Toca entonces separar el polvo de la paja. Pero ¿qué es un sastre?

Un sastre es alguien que sabe coger medidas, pero medidas que van mucho más allá de un largo de pantalón o de una manga. Es capaz de identificar con su ojo esa variación de cadera, ese hombro caído, esa pierna algo arqueada y todas esas pequeñas imperfecciones que todos, sin excepción, tenemos. Y, además, sabe reflejarlas en el patrón. Porque sin patrón no hay sastrería. En definitiva, es su experiencia y pericia con la aguja la que conoce como ocultar los defectos de su cliente y resaltar sus virtudes. El sastre, al menos el de verdad, hace un patrón a cada uno de sus clientes y no le adapta patrones estandarizados. El sastre pasa en su taller, no a kilómetros de este, ese patrón a la tela y posteriormente corta a tijera la tela. Y todo ello sobre la mesa de trabajo que, por supuesto, preside toda sastrería de prestigio.

Con todas las partes de la prenda ya cortadas (mangas, delantero, espalda etc.) sus oficiales y costureras hilvanan la prenda. He aquí dos términos que terminan de separar el polvo de la paja: “hilvanes” y “taller”. Si en la primera prueba de su traje, abrigo, esmoquin etc. la prenda no le es probada llena de hilos y con las partes apenas sujetas, es decir, hilvanada, dude de la autenticidad de su “sastre”. Igualmente, si en el interior de su sastrería no hay un taller donde se afanen con la aguja unos cuantos profesionales desconfíe, si cabe, más. Porque una sastrería sin taller no es sastrería. Cierto que hoy partes como los pantalones se externalizan a profesionales que trabajan desde casa. Pero esto no quita que haya un taller donde se piquen solapas, se hilvanen las prendas, se preparen las pruebas o se adapten los cambios. Dicho de otra forma, si su traje no se encuentra durante todo el tiempo de confección en su sastrería es más que probable que este esté siendo confeccionado en una cadena de montaje o a gran distancia de donde le tomaron medidas.

Un sastre es un artesano y el concepto de artesano va mucho más allá de saber entallar una chaqueta. Un sastre no vende trajes, los trae a la vida de la nada y, además, solo ayudado de su tiza, su tijera, sus hilos, sus manos y el buen hacer de sus costureras. Un sastre sabe confeccionar un traje, pero también un capote de caza, un uniforme de gala, un Chesterfield o un traje de corto. A un sastre no le valen solo unas nociones de costura para colgar el cartel de Sastrería. Un sastre debe formarse como en cualquier otra profesión. Pero al contrario que en la mayoría de ellas, en la de sastre además de la teoría se requiere de muchas horas, años, antes de poderse poner delante de un cliente, tomarle medidas o picarle unas solapas. Y lo que no es menos importante: esos años deben transcurrir bajo la mirada y la batuta de un sastre experimentado y sobre una incómoda silla baja aprendiendo a coser.

La confección de un traje artesanal, esto es cortado a medida y cosido a mano, conlleva una media de cincuenta horas además de al menos dos pruebas intermedias. En estas pruebas, mucho más allá de establecer un largo de pantalón, el sastre se asegura de haber salvado las posibles imperfecciones de nuestro cuerpo y, ayudado por los años de experiencia, salvarlas. El cliente experimentado sabrá diferenciar un traje artesanal de otro de sastrería industrial, sastrería esta última donde es la máquina, y no la mano del sastre, la principal responsable del resultado final del traje.

El bonito vuelo de unas solapas, vuelo que solo el picado artesanal puede conseguir, el cosido manual de los hombros y, sobre todo, el aire elegante y estiloso que solo la mejor sastrería artesanal puede conseguir serán los que terminen fijando la frontera entre el sastre de verdad y el aspirante a serlo. Y no tema baladí, cuando se lo entreguen pregunte cuánto vale su traje y no cuánto cuesta. Sencillamente un traje de sastre vale, uno industrial solo cuesta. Y, como decíamos en aquel artículo de 2016, recuerde: ni el practicante es médico, ni el monaguillo sacerdote.

El Aristócrata

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COMENTARIOS

10 comentarios

  1. Buenas tardes,

    Este artículo me ha traído al recuerdo a mi costurera, que desgraciadamente se volvió a su Brasil natal, una mano exquisita para hacer de todo. Hasta que un día le llevé una chaqueta de traje, Zegna Su Misura, no me gustaba como estaba un hombro y le dije si me lo podía arreglar y directamente me dijo que no, eso lo tiene que hacer un sastre, nunca se me olvidará esa frase y la honestidad de esa gran costurera. Ya han pasado varios años y sigo echándola de menos.

    Feliz semana a todos.

    Un saludo,

    Eneko

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  2. Qué bien viene recordar cada determinado tiempo la diferencia entre un sastre y los múltiples tomadores de medidas y vendedores de humo que siguen abundando.
    Me han gustado el artículo.

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  3. ¿Nunca se han preguntado por qué les sientan tan mal los trajes a los futbolistas? Desgracian los uniformes de traje corporativo al subir o bajar del autobús, caminando por la terminal y no digamos ya los trajes de fiesta en celebraciones de premios. Quizá salvaría a Etoo, que denota el gusto por la sastrería y el disfrute por vestir buenos trajes. Quizá sea porque la mayoría son muy delgados de talle y con piernas muy fuertes, muchos son estrechos de pecho y con hombros caídos como Cristiano o Ramos y casi todos tienen cero elegancia y se les ve disfrazados e incómodos en las ocasiones que van vestidos con traje y corbata.

    Fíjense ahora en Roger Moore: todo está en su sitio, solapas, mangas, corbata, mangas de camisa, hombros, pecho, conjunción del cuello con los otros cuellos de las prendas, todo tiene un baile y un vuelo especial, la perfección absoluta del esmoquin, esté abrochada o no la chaqueta de un conjunto; un abrigo, una sahariana, un mono de esquí, un albornoz, cualquier cosa que este hombre se pusiera la elevaba. Podría ir hoy con pantalones setenteros de campana que no desentonaría. Mi madre siempre me decía que hay personas que hacen al traje y otras a las que el traje les hace. Con esto que digo, es que la planta es lo principal para vestir un traje, aunque si no se tiene gusto, le puede sentar bien pero irá mejor vestido otro hombre menos agraciado físicamente. Ahí entra el juego de artesanía del sastre para destacar u ocultar como magníficamente explica López-Galiacho, y a ese hombre se le podrá admirar porque en el fondo gusta de vestirse, de elegir los zapatos y otros detalles, de saber mezclar colores, prendas, tejidos y texturas para las ocasiones, temporadas u horas del día. En íntimo farde, principalmente.

    Gracias Aristócrata por sus artículos, siempre se aprende con usted. Hace proselitismo del bueno.

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  4. Buenos días sr Gonzalo
    muy buena referencia la suya.
    De sobra conocido es que la inmensa mayoría de los futbolistas son unos “macarras” con millones y esa mezcla hace daño a la vista
    Saludos

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  5. Totalmente de acuerdo con lo de los futbolistas. Pero yo me pregunto: ¿acaso visten mejor los empresarios? ¿o los emprendedores? ¿o los políticos? ¿o los periodistas? Claramente los futbolistas son la punta de lanza pero gente con la cultura que ellos no tienen no visten mucho mejor.

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    1. Buenas tardes sr. Gabriel
      en mi humilde opinión, una de las personas más elegantes en España fue Pedro Toledo y no entro a valorar su gestión en el BBVA.
      Fue el primer banquero en llevar vaqueros y pelo largo. Personalmente, le quedaba como un guante

      Saludos

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  6. Para vestir bien un traje hay que saber vestirlo con elegancia y tener muy buena planta y se tienen que dar una serie de cosas. La más importante es la cuna. Si no te han inculcado desde la cuna el buen vestir con suma elegancia es imposible que vayas a vestir elegante. La cuna es algo esencial para vestir sumamente elegante. Efectivamente, los empresario, emprendedores, políticos o los periodistas no visten mucho mejor que los futbolistas. Yo he vestido sumamente elegante desde la cuna por ello soy un dandi.

    Saludos.

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  7. Gran artículo. Recientemente se ve una avalancha de marcas creadas por personajes que han salido de la nada y tratan de crear la apariencia de personas influyentes (desgraciadamente por la gran incultura de nuestra sociedad terminan influencia a la generaciones más joven). Un ejemplo claro la firma AB (que ni me atrevo a mencionar por no otorgar más protagonismo). Un autentico insulto a todo lo que representa un sastre

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