LA VIDA SON MOMENTOS, ¡DISFRUTÉMOSLOS!

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Todos los años desde que terminamos la carrera, un grupo de amigos del Colegio Mayor nos reservamos cuatro días para, como diría Serrat, no dosificar los placeres, si no derrocharlos. [...]
Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest

Todos los años desde que terminamos la carrera, un grupo de amigos del Colegio Mayor nos reservamos cuatro días para, como diría Serrat, no dosificar los placeres, si no derrocharlos. Son cuatro días de “solo chicos” donde intentamos disfrutar de lo que más nos gusta: los viajes, los deportivos, la gastronomía y los hoteles especiales. 

Si el año pasado fue la Costa Azul el destino, el Bentley Mulsanne el coche, el Mirazur el restaurante final y Paris Motecarlo el hotel, este previendo el inminente cierre de fronteras decimos no alejarnos mucho de nuestro querido País. El viaje tuvo como destino Sintra, el coche esta vez fue un Porsche 718 Spyder, la gastronomía estuvo a cargo tanto de estrellas Michelin como de restaurantes con sabor local y el hotel el tranquilo Penha Longa Resort. 

Con los deberes hechos en la oficina, nos emplazamos a las 8 de la mañana para comenzar la jornada con unos buenos y ya clásicos huevos benedictinos. Quizás sean los años, pero seguimos siendo amantes de la clásica guía Michelin de papel para chequear y marcar la ruta, así como sus paradas; y esta fue la tarea que nos acompañó durante el café. No obstante, ya en ruta yo al menos preferí conectar el Car Play el Waze por si acaso, aunque al no ir por la vía más rápida este intentaba devolvernos a la autovía. Con los depósitos llenos, y sin ninguna prisa, pusimos ruta a Elvass, nuestra primera parada para estirar las piernas, dar un paseo por el acueducto, su Iglesia de la Asunción y su Castillo. 

Pero antes de llegar allí disfrutamos de una maravillosa ruta tanto de autovía como de carretera nacional. A los que nos gustan los coches el recorrer kilómetros no es algo pesado, sino incluso ilusionante. Si el año pasado los casi 3.000Km apenas se notaron por la comodidad y la insonorización sin par del Mulsanne, lo vivido con el 718 Spyder fue de una gran intensidad. El modelo que nos llevó hasta allí estaba preparado con infinidad de opciones persiguiendo la mayoría de ellas su comportamiento más racing. Seguro que muchos hemos tenido la oportunidad de conducir un 911 y otros muchos deportivos, pero lo que transmite este coche es difícil de comparar. Es lo más parecido a un “kart” grande o a un coche de circuito…De lo más “analógico”, en el buen sentido de la palabra, que he conducido en bastante tiempo. 

Si bien en autovía seguro iríamos más cómodos con un Panamera o incluso un 911 Turbo, cuando salimos de las vías rápidas el 718 te cautiva y te roba una sonrisa que ya no te devuelve hasta que regresas a la autovía. Su forma de encadenar curvas y su paso por ellas es, de verdad, de poner los pelos de punta, la aceleración de esos 420CV y sus 1.300Kg – nuestro modelo contaba con asientos deportivos tipo Bucket de plástico reforzado con fibra de vidrio y fibra de carbono así como otras medidas que le permiten reducir el peso – te hacen disfrutar de cada metro de carretera. Al contrario de lo que hoy se estila, el motor es atmosférico, un bóxer de 4 litros y 6 cilindros, capaz de estirarse hasta las 8.000 rpm, el empuje es sencillamente animal pudiéndote llevar hasta los 300 km/h. 

Hay muchas formas de disfrutar de estos coches. Una obviamente es en carretera de montaña, otra en circuito, pero también se puede hacer a velocidades legales. Claramente las sensaciones en una y otra conducción son diferentes, pero no peores. Tuvimos suerte y el tiempo acompañó por lo que gran parte del trayecto lo hicimos a cielo abierto. A velocidades contenidas se puede disfrutar de este descapotable y de una música que, al contrario que en otros descapotables, se escucha y disfruta perfectamente. Además, una de las cosas por la que siempre se diferenciará Porsche de cualquier competencia es que incluso los conductores sin grandes dotes al volante, como es mi caso, pueden conducir cualquiera de sus modelos sintiéndose mucho mejores “pilotos” de lo que verdaderamente son. Cuando los caballos son muchos y los kilos pocos, no todos los coches te permiten errores, cambios bruscos en la trazada y frenar o acelerar cuando no toca. Cualquier Porsche lo permite, y el nuestro no era excepción. Si algo hace diferente a Porsche es claramente su facilidad de conducción. 

Si en esto destaca la marca alemana, también es cierto que el sonido, incluido el de sus deportivos, no te embauca tanto como lo hacen los deportivos italianos. Esta es una faceta en la que siguen por detrás. Quizás por ello, el Spyder cuente con un botón para ampliar dicho sonido; dicho lo cual no es tan intimidatorio como cabría esperar de un coche tan radical. 

Siempre he sido amante del tacto del alcántara en el volante y este, de reducidas dimensiones imitando los deportivos GT de competición, lo tenía. En un coche así este tipo de volante parece casi tan obligado como los asientos bucket del mismo material o la presencia del carbono. Ya sea para ahorrar peso o para darle un aspecto más racing los tiradores de las puertas son de tela, como en el 911 T (para mí el 911 más puro). Hoy raro es el coche que no sea automático, siendo lo más frecuente tener que pedirlo manual si así es el deseo del futuro propietario (a veces es incluso más caro que la versión automática). 

Pero a cualquier persona que de verdad le guste conducir preferirá su coche manual. Para mí un cambio manual es como un reloj de cuerda: auténtica esencia. Quizás por ello, el Spyder que nos llevó a Portugal fuera manual; una caja de seis velocidades de palanca muy corta y cortísimo recorrido que te permite bajar y subir de marchas muy rápidamente. Obviamente, la conocida como aceleración dinámica (punta-tacón) es parte de lo que tiene que ofrecer un coche como este. 

De Elvass y su restaurante El Cristo pusimos rumbo a Lisboa por autopista dejando las maletas en el hotel Browns, un hotel muy céntrico y bastante moderno cuyas habitaciones cuentan con todo tipo de avances tecnológicos y detalles de diseño como la nevera Smeg o el altavoz Marshall. Un 10 a las sábanas. Tras una ducha y un primer gintonic en su bar caminamos hasta la Avenida de la Libertad, calle donde están las principales boutiques de moda. Aunque la mayoría de nombres son los mismos que podemos encontrar en cualquier otra capital europea, hay una tienda muy especial, relativamente nueva, que merece la pena visitar: Fashion Clinic. 

Se trata de una tienda multimarca con no mucho producto de cada una de ellas, pero con cosas interesantes. Quizás la más interesante sea la sección de zapatería ya que cuenta con una gran variedad tanto de zapatos como de zapatillas. Concretamente dentro de estas últimas se pueden encontrar desde modelos muy modernos hasta otros bastante clásicos y elegantes. La tienda se beneficia de su localización pues al estar dentro del edificio Tivoli tienes acceso directo a una preciosa tienda de libros de moda, de automóviles, relojes etc. de editoriales premium como Taschen. 

El conjunto está dividido en tres plantas por lo que también se puede acceder directamente al restaurante JNcQUOI de preciosa decoración y bastante elegante con cierto toque moderno. Si se prefiere algo rápido abajo se encuentra el Deli Bar que es una barra para tomar algo rápido mientras pone música un DJ. Por cuestiones de reservas y tiempo no probamos ni uno ni otro pues cenábamos en poco tiempo en Loco y la copa estaba reservada en uno de mis bares preferidos de Lisboa: el Red Frog.  

Un largo paseo, con más de una cuesta, y llegamos al restaurante Loco, una estrella Michelin. Cierto que hay más alternativas Michelin en la ciudad pero las demás las conocíamos ya. Seguramente sea el peor estrella Michelin de la Lisboa y difícil resulta justificar que la haya vuelto a mantener este año. Las raciones son alarmantemente pequeñas incluso para un restaurante Michelin. El ambiente y el espacio son certeros y consigue ese ambiente de cocina vista y sala pequeña ahora tan en boga en estos restaurantes. Ausencia total de manteles – algo que además de ser ya muy frecuente supone un enorme ahorro para el restaurante -, servicio educado y siempre atento aunque vestido cada uno más o menos a su forma y con las zapatillas New Balance o similares propiedad de cada uno de los camareros. 

Al menos para mí para otorgar una estrella Michelin o más, además de un excelente menú, el local, la atención, los conocimientos, la vestimenta del personal, la mesa etc. deben también merecérsela. Pero incluso, de fijarnos solo en la comida, todos coincidimos en la generosidad del personal de Michelin adjudicando a este restaurante una estrella. Nada nos sorprendió, de hecho, pensándolo ahora no me acuerdo de ningún plato, y nos marchamos de allí sin más. Curioso que recuerde más el rato posterior y el correspondiente coktail en Red Frog que algo de lo que probamos en Loco. 

A la mañana siguiente y antes de salir para Cascáis, dimos otro paseo por la ciudad. ¡Si increíble fue hacerlo por Salamanca solo unas semanas atrás sin turistas, no menos relajado fue descubrir Lisboa también sin ellos!. Visita obligada a Luvaría Ulisses, tienda de guantes hechos a mano abierta en 1925 y a la Librería Bertrand, esta de 1732. En A Vida Portuguesa, situada en la antigua fábrica de cerámicas Viúva Lamego, hicimos las compras que nos ayudarían a recordar por semanas este nuevo viaje: cerámica Bordalo Pinheiro, la mítica pasta Couto y algún aceite de Triunfo y Santa María. 

En Cascáis, aparcados los coche en el parking más nuevo que pudimos encontrar – es curioso como todavía se hacen los párquines, incluidos los más espaciosos, con tal inclinación en sus rampas que malabarismos toca hacer para no rozar el morro del coche al final de estas – nos dirigimos corriendo al restaurante Mar do Inferno pues la hora de la comida se echaba encima.  Aún cuando llegamos con el firme propósito de picar algo y llegar al menos con medio deposito vacío a la cena, fue entrar y nuestra vista ser capturada por todo tipo de crustáceos. Y de la vista al plato fue solo cuestión de minutos. El paisaje que rodea al restaurante es espectacular y la estampa de nuestros coches con el mar rompiendo prácticamente debajo de ellos convirtió seguramente este lugar en el más fotografiado de Cascáis ese día. 

Con el dado que siempre nos acompaña y reparte suerte unos bebieron y otros condujimos a nuestro hotel: el complejo Penha Longa de la cadena Ritz Cartlon. Probablemente uno de los hoteles más especiales de Portugal, sitio de visita obligada para los amantes del golf, está ubicado dentro de un monasterio de 1355, lugar originariamente de retiro de la Casa Real Portuguesa. Aunque cuenta con dos restaurantes Michelin, uno de ellos de nuestro chef Sergi Arola, ambos se encontraban cerrados por ser temporada baja. Si bien a ninguno nos hubiera importado repetir el LAB, no pudo ser y en su lugar reservamos Arola, el restaurante abierto desde donde se puede ver parte de ese maravilloso campo de golf.

Pero antes de cenar decidimos hacer una cata en profundidad de las ginebras portuguesas, profundidad que requirió de tiempo, infinitas risas de por medio, y que terminó convenciendo a los más reticentes a posponer la cena a la comida del día siguiente. Sin compromiso ya por delante, y con buenísimos tintos locales escogidos con acierto y la comida estrictamente necesaria para llegar a la mañana  llegó el momento de ayudar al camarero a cerrar el bar, coger el ascensor y disfrutar de una cama y un silencio francamente relajante.

Aunque se nota en muchos detalles la falta de clientes por la pandemia, el buffet sigue mereciendo la pena. Si bien eché de menos muchas de las cosas que solo unos meses atrás allí disfrutaba, las vistas desde el restaurante donde se sirve y la cuidada atención siguen justificando no perdérselo. Esta vez sí recorrimos Cascáis, compramos sus famosos calcetines y pusimos rumbo a Azenhas do Mar. La carretera de puerto que te lleva hasta allí fue todo un deleite con el 718. Lo más parecido a estar dentro de un rally. Si no llega a ser por los ciclistas que obligaban a tomar bastantes precauciones las apuradas de frenadas y las aceleraciones hubieran sido de vértigo. 

El coche se siente tremendamente ágil y ligero, aunque cuando pisas el freno, aún siendo bruscamente, se clava sin ningún tipo de movimiento lateral, dándote la sensación de que son muchos más sus kilos. Seguramente, esto sea debido a su increíble chasis, a sus frenos inspirados en los del 911 GT3 y a sus ruedas de 20 pulgadas. Por cierto, las pinzas de freno de color rojo le dan un toque de carreras muy puro. Aunque a cielo abierto y altas velocidades el sistema de sonido Bose se queda un poco justo, a velocidades legales o con la capota puesta es más que suficiente.

Por su facilidad de conducción cualquier persona disfrutaría de este coche. Si bien lo cierto es que el 718 Spyder es para un conductor purista, para alguien entendido de la marca Porsche y de lo que ha significado este nombre en el mundo de las carreras. Y es en este terreno purista donde el 718 no tiene rival, ni siquiera de coches que duplicaban su precio. Unas fotos y a nuestro siguiente destino: Sintra.

Aunque la belleza de Sintra es mucha, también son muchos, muchísimos, los turistas que la visitan. Pero esta pandemia pocas, poquísimas, cosas buenas ha traído siendo la posibilidad de visitar esta ciudad sin ellos una de esas pocas. Unos vinos, el dado y disfrutando de la conducción al aire libre de vuelta a Penha Longa a comer en Arola. Aunque obviamente LAB es más sorprendente que Arola, en este último se pueden degustar alguno de los platos más famosos del estrellado chef catalán. 

El sitio es idílico y la tranquilad que allí se vive mientras uno pierde la vista en la vegetación que te rodea se recuerda durante semanas. Dos horas de auténtico disfrute rematadas con un coulant de menta maravilloso y un bonito detalle que Sergi nos dejó desde Chile en forma de caja de bombones para cada uno de nosotros. El preceptivo gintonic nacional, el internacional, el español y una hora para descansar y prepararnos para la que sería nuestra última cena Michelin.

Aunque yo personalmente no esperaba mucho del lugar, fue este último el que más supero mis expectativas y el que sin duda a todos más nos gustó: la Fortaleza do Guincho, de la cadena Relais & Châteaux. Un estrella Michelin en una antigua fortaleza del S XVII que es el punto más al oeste de Europa.

Las vistas desde el comedor son increíbles y bien merecería la pena haberlo visitado con luz solar. Aunque al comedor se le notan los años, el menú degustación, con diecisiete pases, prácticamente todo él elaborado con productos de mar o locales, es realmente sorprendentemente. Raciones quizás demasiado copiosas que hacen difícil llegar al final de la cena. ¡Pero qué deleite!

Dado y de regreso a Penha Longa. Gintonic, guía Michelin de papel marcando en lápiz la ruta de vuelta, descanso, desayuno, dos paradas para descansar y repostar y despedida en Madrid. WhatsApps sugiriendo ya el próximo destino y nudo de corbata a a la mañana siguiente para comenzar una nueva semana.  

El Aristócrata

ARTÍCULOS RELACIONADOS

SUSCRÍBETE

Regístrate en la newsletter de El Aristócrata y recibe en tu correo lo último en Ropa, Relojería, Vehículos y Estilo de Vida

COMENTARIOS

11 respuestas

  1. Que envidia me da usted,lo mas importante y que mas envidia me da es la compañia, esa vieja compañia de los viejos camaradas, con esos recuerdos que en realidad nadie sabe si sucedieron o son sueños de juventud, pero que siempre se recuerdan y divierten, nostalgia…
    Los gintonic no me dan ninguna envidia y en cambio echo de menos algun malta..

    En cuanto nuestras joyas patrias nos levanten el cautiverio, aunque con otro plan no menos interesante(me explico de sobra), pienso clonar este viaje.
    Para mañana tenia vuelo (que se cancelo por cierto) para visitar religiosamente Fortezza da Basso esta semana … y ya estoy como el oso del zoo

    0
    0
  2. ¡Qué gran artículo! Curiosamente tengo un Panamera – la familia impide poder tener un 911 y me resigno a ir en un aburrido utilitario – y de este coche he leído efectivamente que es la autentica esencia Porsche; incluso más que los 911 – a excepción de los GT.

    Y totalmente de acuerdo. Hay que disfrutar más y quejarnos menos. Y Portugal ofrece un montón de placeres y a precios súper competitivos. Como nos sigan sablando a impuestos aquí puede ser una buena opción donde jubilarse.

    Un abrazo y gracias por un artículo tan interesante.
    AC

    0
    0
  3. Ese coche es adictivo. Nada que ver con un Cayman. Además, dudo que incluso un GT, por no hablar de Ferrari o Lamborghini, pudieran seguirlo por una carretera de montaña. Parece más un Aniversario que un Hulk, aunque no lo sé.
    Albert

    0
    0
  4. Precioso viaje. Apuntado queda todo y en cuanto se pueda tocará dar fe de todo lo aquí escrito. Del coche poco que comentar. De decirlo usted efectivamente debe ser una gozada de coche aunque para mi el gran hito de la historia de Porsche es el Taycan; el primer eléctrico accesible de líneas francamente cautivadoras (lo siento pero es que no puedo con los Teaslas).

    Guillermo

    0
    0
  5. Hola a todos. El porsche 718 spyder, transmite unas sensaciones muy difíciles de trasladar en palabras, hay que conducirlo para experimentarlo. Tuve la suerte de conducirlo y fue una experiencia increíble.

    También la Fortaleza en Cascáis es una gran experiencia que recomiendo para cuando vayan desapareciendo las actuales restricciones.

    Para terminar, es cierto que la vida son los momentos vividos y también la preparación de los que quedan por venir.

    Phil

    0
    0
  6. Luvaria Ulises, nunca 2 metros cuadrados tuvieron tan buen uso.
    Visito Portugal una vez al año (a ser posible) y siempre vuelven conmigo una de sus obras. Que detalle cuando te ponen el guante previa aplicación del talco.

    Si señor, un auténtico rincón para entendidos.

    Felicidades por sus buenas costumbres.

    0
    0
  7. Gracias a todos por comentar. La verdad que Portugal cada vez tiene más encanto, o quizás siempre lo tuvo pero no lo disfruté como hasta ahora. La Fortezza es un lugar francamente bonito, no tiene el lujo de Penha Langa pero sí mucho encanto.
    Un saludo a todos.
    EA

    0
    0
  8. Que maravilla de vehículo y de experiencia. Tanto me ha gustado leerlo que se me antoja copiarle, amable autor, para acercarme a un estupendo Parador que conocí cerca de Oporto, disfrutando de la buena vida. El vehículo es suyo? Alquilado? Por más que miro no consigo encontrar quien ni donde alquilan vehículos semejantes para una buena experiencia de fin de semana como esa.
    Gracias por compartir estos momentos y este blog, es un placer leerle.

    0
    0
  9. Siempre que se viste pajarita hay que hacerlo con una camisa blanca con los botones ocultos y puños dobles con gemelos.

    En la foto 17 el camarero incumple esa norma de etiqueta y los mejores gin tonics son con tónica Fever-Tree.

    Un saludo.

    0
    0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Foto del día

Chica de la semana

Vanidades Culinarias

Vídeo de la semana

La enciclopedia del buen vestir

es Spanish