DEL TRAJE AL POLO Y LA TEORÍA DEL SOMBRERO

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Dos titulares que con apenas veinticuatro horas de diferencia ocupaban esta semana las páginas de dos medios nacionales: El Confidencial y XL Semanal.[...]
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Dos titulares que con apenas veinticuatro horas de diferencia ocupaban esta semana las páginas de dos medios nacionales: El Confidencial y XL Semanal. Concretamente El Confidencial recogía su artículo bajo el título: “Del traje a la camisa y el polo: el teletrabajo jubila las corbatas en los bufetes”. XL Semanal: “Los rojos no usaban sombrero”

Ambos artículos de lo más interesantes por recoger situaciones antagónicas y por mostrar dos mundos que nunca habían estado tan alejados como hoy lo están. Irene Cortés en su columna de EL Confidencial reflejaba una realidad totalmente cierta, aunque no por ello no preocupante: los despachos de abogados también abandonan la corbata. Estos habían sido hasta hoy de los pocos lugares donde la corbata y, por supuesto, el traje se había mantenido con más fuerza presente. Cuando los códigos de vestimenta empezaron a relajarse ellos seguían fieles a lo que consideraban debía ser la manera con la que mostrarse a sus clientes. Con el paso de los años estos códigos y dicha relajación no ha hecho más que aumentar y hasta los despachos con más solera han terminado sucumbiendo a los tiempos modernos.

Irene apunta como los responsables de este cambio de tendencia la pandemia y el teletrabajo. Y no le falta razón. Quizás el cambio se venía cuajando desde mucho antes, pero es cierto que ambos factores han dado a la corbata la puntilla definitiva. En los tiempos que vivimos podría entenderse que estando en casa uno no se sentara frente al ordenador con su traje de franela cruzado. Sin embargo, de vuelta a la oficina tampoco se puede dar por bueno que se vistiera como si se siguiese en casa o, lo que es peor, como si se estuviese de cañas con amigos.

Nunca antes se había vestido tan mal. Y, por supuesto, tampoco nunca antes se aceptaba que se vistiera tan mal. Hoy en la mismísima oficina se ve con mejores ojos los conjuntos de sport que los pensados para vestirse en ella. En los tiempos actuales a la camiseta – camiseta sí – se le aplican unas connotaciones hasta de éxito. Los perfiles tecnológicos, los emprendedores de los sectores más variados y no pocos que por pensar que su juventud y su estatus económico o social les permite vestir como les de la real gana, escogen la camiseta como su atuendo del día a día. Quizás estos piensen que ello les acerca más a Zuckerberg, Page o Dorsey como aquellos jupies de los 80 pensaban que su gomina les convertiría en el siguiente Mario Conde o en el próximo Gordon Gekko. ¡Qué gran equivocación! Personalidad señores, personalidad… y un poco de educación.

La esperanza es que, igual que años atrás alguien se puso una camiseta para posicionarse frente de una sociedad que no le representaba, ojalá aparezca un nuevo revolucionario que vuelva a cambiar radicalmente el panorama de la vestimenta actual. De hecho, si de ir contracorriente se trata, hoy se es más contestatario dejando las camisetas para hacer deporte y vistiendo con corbata en la oficina.

Los rojos no usaban sombrero, eslogan de la sombrerería madrileña Brave que se hizo enormemente popular durante la posguerra española y que nos recuerda Pérez-Reverte para comenzar su artículo. Y, ¿por qué traer dicho artículo a nuestra columna cuando solo unas líneas antes hablábamos de la importancia de la camiseta en el nuevo ambiente laboral? Pues, porque, aunque parezca que todo pasado, al menos en el vestir fue mejor, todavía hoy son muchas las personas que no renunciar a vestir correctamente o, al menos, educadamente. La gran mayoría de ellas no dirigen grandes startups, ni exitosas empresas .com ni, seguramente, posean grandes jets ni aparezcan en las listas de los hombre más ricos del mundo. Sin embargo, tuvieron la suerte de o bien tener cuna o bien tener la inquietud necesaria para con esfuerzo, y mucho libro, adquirir los conocimientos del buen comportamiento y saber estar.

Y son estos los que nos recuerdan que hay mundo lejos de las camisetas y que al menos debería ser tan respetada su manera de vestir como hoy lo son dichas camisetas. Porque definitivamente si hoy uno puede asistir a una reunión en camiseta, hacerlo con sombrero no debiera llamar más la atención. Dice Pérez-Reverte que viste sombrero por respeto hacia sí mismo y hacia sus lectores. Y si esto no fuera suficiente refuerza su postura apuntando que, “en estos tiempos de general desaliño, gorras al revés, chanclas y calzoncillos, tiene un punto complementario de desafío. De personal chulería”. ¡Y qué verdad! Porque espero estén conmigo que hoy vestir no ya con sombrero sino con una simple corbata es mucho más revolucionario que hacerlo en mangas de camisa.

Pero efectivamente como añade desde su columna Patente de Corso “un sombrero no puede llevarlo cualquiera”. Él expone sus motivos; ciertos todos ellos. Quizás yo reduciría todos ellos a que no puede llevarlo cualquiera sencillamente porque se necesita educación y conocimiento. Mientras Arturo Pérez-Reverte saca su pluma para hacernos reír escribiendo que “a esos cantantes y músicos que llevan sombrero con un ala cortísima habría que imponerles una orden de alejamiento” yo recuerdo las recomendaciones que tanto en el libro “La Enciclopedia del Buen Vestir” como en diferentes artículos hemos dado sobre su correcto uso. No deja de ser curioso que en este convulso 2021 alguien dedique los escasos caracteres que permite una publicación para hablar de cosas tan banales como la correcta forma de cubrirse, de descubrirse o incluso de dejar el sombrero bajo la silla del bar.

Para algunos todas estas recomendaciones sobran pues las vieron en casa, para otros da igual pues creen vestir más que correctamente con su camiseta y gorro. Y es que como también todos sabemos el sombrero “no es un adorno superfluo ni un estorbo, sino algo útil y, al mismo tiempo, seña de educación de cada cual. En prueba de que en los tiempos que corren, aunque es cierto que todos somos iguales, algunos resultan más iguales que otros”.

El Aristócrata

PD Desde el “backoffice” de la página me piden que os transmita que aquellas personas que se apunten a un acto y no hagan su aparición ni avisen con la suficiente antelación no serán nuevamente invitadas y se les dará de baja de la lista de distribución. Aunque el acto de 007 y Aston Martin del pasado miércoles fue todo un éxito fueron muchos los que no pudieron asistir por volar rápidamente las plazas. De ahí que debiésemos pensar en los demás a la hora de confirmar nuestra presencia. Ser elegante es como saber vestir sombrero: tema de educación.

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COMENTARIOS

14 respuestas

  1. Cuánta razón y qué bien escrito! Es tremendamente asqueroso ver a la gente en camiseta en las reuniones. Y triste que piensen que su éxito se lo permite. Pobre clase media venida a más.

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  2. Queridos amigos: siento desilusionarlos pero hoy triunfar no es ser ni Notario, Cirujano, Ingeniero Aeronáutico o Abogado del Estado. Hoy triunfar es ser Tamara Falcó o Maria Pombo. Y esta gente no distingue una jirafa de un caniche. O en materia del blog un abrigo de un anorak.

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  3. Aristócrata, me permito unir este artículo de alguna forma con la frase de Winston Churchill que decía que los discurso debieran ser como las minifaldas: cortas pero enseñar mucho. Y este artículo es corto pero enseña tanto…

    Gracias por compartirlo

    Covadonga

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  4. En España se viste mal en todos sitios, encontrar personas que vistan con elegancia y decoro es en la actualidad algo casi imposible. Por eso los que vestimos con suma elegancia y decoro resaltamos tanto, es algo muy inusual. Los sombreros fedora me encantan, tengo bastantes en mi vestidor, también me encantan los gemelos, relojes, broches, tirantes y demás.

    Siempre visto sumamente elegante, me aplico a la perfección la célebre frase de Oscar Wilde no hay una segunda oportunidad para una primera impresión.

    Ser dandi es algo totalmente inusual en España.

    Ver a personas con camisetas o polos en las reuniones es algo horrible, me hace daño a la vista, es indecoroso.

    Saludos.

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    1. No es cierto lo que usted dice que en todos los sitios de España se vista muy mal.
      En San Sebastián y Oviedo son dos ciudades muy elegantes, por tanto su afirmación quiebra.
      Saludos

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  5. Es verdad, quise decir que en casi todos los lugares de España se viste muy mal, la elegancia es algo que se da muy poco en España. Yo soy todo un dandi y siempre visto sumamente elegante con trajes hechos a medida, gemelos, relojes, broches, agujas de corbata, tirantes, gafas, sombreros y zapatos de alto nivel. Buena presencia y modales abren puertas principales.

    Saludos.

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  6. No hay que dejarse igualar desde abajo. La elegancia es el resultado de un buen número de virtudes que cuesta un esfuerzo diario cultivarla. Resistencia. Nada como una gran camisa con su impecable corbata.

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  7. Añado que además de la buena presencia en el vestir es imprescindible mantener también unos valores éticos que nos definan como caballeros.
    Ya saben el dicho: “El hábito no hace al monje”.

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  8. Por supuesto, la elegancia son una serie de virtudes que yo tengo. Exacto, nada como una gran camisa Turnbull & Asser hecha a medida de algodón egipcio con su impecable corbata Marinella y su aguja de corbata S.T. Dupont. Yo soy todo un caballero y sumamente educado.

    Saludos.

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    1. Estimado Jorge:

      Me da a mí que esta página pudiera ser demasiado vulgar para usted por lo que le rogaría dejara de sorprendernos con las majaderías de sus comentarios. De no hacerlo me temo que a partir de ahora se borrarán.

      Un saludo
      EA

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  9. Una disculpa por no poder asistir al acto de Aston Martin. Ya tenía el smoking listo, pero tuve un contacto positivo y sin PCR confirmado, preferí no asistir.

    De todos modos escribí para avisar.

    Saludos Aristocrata.

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  10. No puedo estar más dea cuerdo. Si los camiseteros supieran el complejo que demuestran queriendo pasar de sobraos se taparían hasta con una manta. Señores, llevar camisetas al trabajo, o incluso en el tiempo libre, no es de ricos, ni de gente exitosa ni siquiera de pobres. Es de personas sin cultura alguno y, sobre todo, mal educados.
    Albert

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  11. Enhorabuena por el artículo!
    Creo que el vestuario debe de ser acorde a una situación, un entorno, un momento…y creo que tiene que ver más con educación que con éxito, dinero o clase social.
    El respeto por uno mismo y por sus clientes empieza en la forma de vestir y asearse, pero hoy en día parece que solo se valora el éxito en dinero y apariciones en medios, lo cual es triste y fugaz.
    Falta educación y buenos modales en la sociedad actual! Que bien nos vendría que más gente leyera el aristócrata.

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