El Aristócrata

EL HOMBRE Y EL PERFUME

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Nicola Squicciarino escribía en “El vestido habla” que el perfume era «una suerte de ampliación del propio yo corporal, una prolongación olfativa de nuestra personalidad, una prolongación olfativa de nuestra imagen».[...]
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Nicola Squicciarino escribía en “El vestido habla” que el perfume era «una suerte de ampliación del propio yo corporal, una prolongación olfativa de nuestra personalidad, una prolongación olfativa de nuestra imagen». Sin duda, una bella y certera forma de resumir el papel del perfume en nuestro estilo.

Por cierto, como complemento al artículo de hace dos semanas, este libro pone de manifiesto el valor simbólico del vestido que, en interacción armónica con una forma de comunicación no verbal, forma un lenguaje visual bien articulado de múltiples implicaciones psicológicas y culturales.

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Antes de empezar con nuestro artículo, apuntar que en aras de una mayor economía del lenguaje, nos referiremos a las fragancias en general como perfume, independientemente de su concentración, lo mismo para Eau de Cologne (concentraciones compuestas habitualmente de un 95% de alcohol y un 5% de componentes aromáticos), Eau de Toilette (los componentes aromáticos se mueven entre el 5 y el 15%), y Eau de Parfum (15-20% de concentración) y el extracto de perfume (por encima del 20%).

Según la ocasión, como también dependiendo de los climas o épocas del año – húmedas o calurosas – puede interesar más un perfumes ligeros y fresco u otro fuerte y con más cuerpo.

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Pero empecemos por lo más importante. En un perfume interesan dos cosas. Que huela bien y que el aroma vaya alineado con la imagen que queramos proyectar en cada ocasión.  Entendiendo ese «bien» como algo cargado de subjetividad, no es baladí la decisión de qué perfume ponerse para cada momento. ¿Escoger un cítrico «flojito», inofensivo entre los varios que pueden encontrarse fácilmente en perfumerías? ¿Tal vez mejor un perfume más dulce? Un gourmand, un aroma reminiscente de elementos comestibles, como azúcar, miel o incluso café… Pero tampoco, demasiado informal para el entorno. ¿Y un fougère o un amaderado oriental? Algo masculino, con fuste, sobrio…

Los perfumes que potencian una imagen más seria gravitan en torno a una serie de notas, forma con que se conocen los diferentes elementos aromáticos que componen la fragancia, entre las que se encuentran el vetiver, el pachuli, el musgo, las distintas maderas, el cuero y el tabaco. Resulta poco menos que imposible hacer un inventario útil de notas y clasificarlas en función de su idoneidad para cada situación, ya que lo que hace único a un perfume, más allá de las notas con que trabaje, es la forma en que éstas se orquestan y la armonía de la mezcla.

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Una fragancia con muy pocas notas puede resultar de una enorme exquisitez, como es el caso de Encre Noire, de Lalique. Un perfume que despliegue un hercúleo listado de notas, con un desarrollo complejo entre la apertura y la transición, también puede dar lugar a un resultado espectacular, como ocurre con Jubilation XXV de Amouage.

Habida cuenta de que gustibus non est disputandum,mejor centrarse solo en dos criterios: el de la relación entre el perfume y el escenario social donde estemos, y el de los efectos del aroma en nuestro estado de ánimo. Delimitando con trazo grueso los ambientes sociales en los que podamos movernos, y como resultaría peligroso hacer más distinciones, dividámoslos por hoy en solo entornos de trabajo y en eventos de etiqueta:

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• Trabajo. ¿Es la oficina un lugar adecuado para llevar perfume? Más allá de los estudios que indican que el perfume puede mejorar la productividad en el lugar de trabajo, la respuesta es sí. Teniendo en cuenta, eso sí, que tan importante es el tipo de perfume que se escoja como el comedirse con la cantidad a ponerse. Interesa una aplicación moderada, que variará habitualmente entre una y tres atomizaciones en función de la concentración del perfume y su rendimiento, en muñecas o cuello, y un tipo de aroma que no resulte agresivo o especialmente llamativo. No sería buena idea sacar ese perfume con reminiscencias a cuero e incienso pues se notaría desde lejos. Esto entra en la categoría de «consejos de sentido común», pero no por ello merece ser menos subrayado.

Se hará bien si se escoge un perfume masculino, formal, en el que podría haber una combinación de notas terrenales como el vetiver, el musgo o el pachuli, con notas que aligeren la composición, como elementos cítricos o marinos. Un perfume amaderado, con notas ligeras que balanceen el aroma, también es una combinación acertada. Notas que den al perfume ese toque clásico, de barbería, como la lavanda, son habituales en composiciones sobrias y elegantes. Un perfume que pivote en torno al eje lavanda-maderas-vetiver, por ejemplo, suele ser una apuesta segura para los entornos formales.

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Definitivamente, que uno esté en la oficina no es óbice para dejar de elegir un perfume con personalidad, pero teniendo presente que en determinados ambientes no es bueno que el perfume anuncie nuestra presencia, sino que nos acompañe sutilmente. Por ello, conviene mantenerse alejado de aromas muy dulces o maderas muy fuertes, como el oud, que según como se presenten pudieran no ser del gusto de todos. Bueno es buscar composiciones que no polaricen opiniones.

• Eventos de etiqueta. Aquí es donde se disparan las opciones. En este escenario tenemos un margen mucho mayor para usar perfumes que llamen más la atención, de mayor proyección y carácter. La opulencia de un perfume que conjugue notas pesadas (oud, tabaco, cuero) con notas dulces o florales, tienen plena cabida en este tipo de situaciones en las que, siempre dentro de los márgenes en que se mueve el buen gusto, nos podemos permitir destacar optando por un aroma más extravagante.

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En relación con nuestro estado de ánimo, conviene tener en cuenta ciertos aspectos generales sobre cómo los aromas lo moldean y reorientando nuestras predisposiciones afectivas. Numerosos estudios han sido publicados relacionando olores con los efectos que causan en nuestro sistema nervioso y nuestro bienestar. Por ejemplo, el olor a aceite de esencia de limón tiene efectos antidepresivos y vigorizantes, afectando a nuestro sistema dopaminérgico.

La vainilla, a su vez (concretamente la vanilina, el componente principal de esta nota) tiene efectos relajantes, asociándose fácilmente a nuestra infancia. Algo parecido pasa con la lavanda, que tiene ligeras propiedades sedantes. El romero, en cambio, se considera un aroma estimulante, nos hace estar más en alerta, algo parecido al olor a menta, del que hay estudios que lo asocian a una mejora en el rendimiento cognitivo y físico.

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Así pues, y con todas las aristas que presenta una cuestión aparentemente tan sencilla como la elección de un perfume, todo se reduce a cómo nos hace sentir y cómo queremos que haga sentir a la gente que nos rodea. La armonía entre estos dos puntos, mantener la coherencia entre nuestro aroma y la imagen que se quiera proyectar, ayuda a que el perfume se convierta en un elemento que ayude a reforzar el mensaje de cada estilo. Y si entre la gran variedad de perfumes hoy disponibles no encontramos el que cumpla con dicho objetivo, siempre podremos acudir, como era habitual en el S. XIX y principios del XX, a un reputado perfumista para que traiga a la vida el perfume de nuestros sueños. 

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COMENTARIOS

12 comentarios

  1. Muy interesante el artículo. Gracias.
    A mi el 1852 me parece como que contiene demasiadas especies. El Royal Water de Creed aún siendo también muy fresco tiene un toque a mandarina y limón como más puro.

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  2. Lanvin L´Homme, lo uso desde mediados de los 90, descatalogado e imposible de encontrar en perfumerías desde hace casi 20 años, aún hoy lo consigo por internet, que compro de cinco en cinco frascos de 100ml, de existencias antiguas, liquidaciones por cierre de perfumerías o países árabes.

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  3. Yo era muy de A. Di Parma pero terminé oliéndola en todos los sitios. Ahora soy muy de Amouage. Aunque reconozco que son fuertes y muy orientales.

    Por cierto: dónde compráis vosotros los perfumes?

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  4. Dependiendo del perfume lo compro siempre online : en la web directamente o en “Perfumería Urbieta” de San Sebastián. Lo hago online, porque no los encuentro donde vivo. Utilizo de la casa L´artisan parfumeur y de Dyptique

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    1. Buenas noche,
      digna de visitar, una preciosidad. Sin duda la mejor de San Sebastián por goleada. El personal muy amable y relojerías muy próximas. Además de las pocas, por no decir la única sastrería que queda en SS. No lo digo como turista. Nacido y aún continuo viviendo aquí.

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