DEL SOMBRERO A MEDIDA

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Una prenda casi extinta pero cuyas profundas raíces le permiten aguantar los avatares de las modas y del paso del tiempo. Con motivo de la redacción de mi libro “La Enciclopedia [...]
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Una prenda casi extinta pero cuyas profundas raíces le permiten aguantar los avatares de las modas y del paso del tiempo.

Con motivo de la redacción de mi libro “La Enciclopedia del Buen Vestir” volví a charlar con José Signes, quien dirige el negocio fundado por su padre en 1968 y que es hoy una de las sombrerías de referencia en Europa. Podéis leer en este link nuestra visita a la fábrica hace ya seis años. En esta charla hablamos no solo del sombrero sino de sus orígenes, el momento actual que vive y de cómo cada día es más difícil hacerse con un verdadero sombrero a medida. 

Los grandes diseñadores buscan productores de sombreros de alta calidad con la restricción de tener que escoger entre la decena que queda en Europa, siendo Sevilla y Gata de Gorgos dos de los templos para este producto atemporal. Basta con echar un vistazo a fotografías de los años 20 para apreciar lo muy popular que era este complemento. Solo en la Plaza Mayor de Madrid se concentraban más de quince sombrererías, y en prácticamente todas se podía conseguir un sombrero a la medida, ya fuera hecho o adaptado.

Aunque a primera vista pudiera no apreciarse la diferencia entre un buen sombrero RTW de fieltro y uno hecho a medida, este se trabaja a mano desde la base del fieltro, con forma y medidas acordes exclusivamente a los deseos y fisionomía del cliente final, y ya no atendiendo a estándares. Para ello, entre otras cosas, se tiene que planchar el sombrero sobre las hormas más aproximadas para después adaptarlo con exactitud a la cabeza del cliente. 

Durante la época dorada del sombrero, entre los años veinte y cincuenta, la diferencia entre sombrero industrial y adaptado no era significativa, puesto que, en las fábricas, aunque con máquinas, se trabajaba prácticamente a mano. Eran tiempos donde se podía encontrar un enorme número de tallas, separadas por 1⁄2 centímetro, o incluso 1⁄4, algo frecuente también entre los sombreros RTW. No obstante, existía la necesidad de adaptar el sombrero a la cabeza del cliente, puesto que la mayoría eran muy duros y se buscaba un sombrero fuerte que se sintiera en la cabeza.

Para conseguir esta adaptación se utilizaba el «conformador», un aparato similar a un sombrero de madera que contaba con unas piezas verticales, llamadas palillos, para ajustar- se a la forma e irregularidades de la cabeza. Una vez colocado el conformador en la cabeza, se acopla un papel en los extremos de los palillos —donde cada uno dispone de un pequeño punzón— quedando perforado por ellos y marcado el dibujo de la cabeza. 

Con esta plantilla, que representaba la mejor foto del cráneo en posición horizontal, y con el «hormillón», donde se transporta la plantilla también con unos palillos, en este caso horizontales, y se prepara a modo de horma donde se procederá a ir adaptando el sombrero utilizando la presión de una cuerda, vapor y agua hasta completar el proceso. Una vez definido esto, se pasaba al momento de buscar el estilo de cada sombrero. En aquellos años, la mayoría de estas copas eran redondas, lo que se denominaba «copa abierta», y tocaba adaptar su forma superior atendiendo al estilo o la fisionomía de la cara de cada cliente.

Hoy en día es realmente complicado encontrar un artesano que realice un sombrero de calle a medida. En Andalucía todavía quedan algunos que mantienen la tradición descrita arriba, y siguen ofreciendo un sombrero enteramente hecho a la medida. Estos conservan los útiles y las técnicas de confección del sombrero Cordobés, que por su dureza necesariamente debe adaptarse a cada cliente. Pocas son ya las sombrererías que sobreviven en España, y al encontrarlas comprobaremos que prima el romanticismo sobre la necesidad. 

Los motivos de la desaparición del «hecho a la medida» son principalmente el desuso del sombrero y la moda del “sinsombrerismo”. Sin embargo, ha sido la preferencia de sombreros livianos y flexibles lo que ha reducido a unos cuantos románticos el uso del clásico modelo. La búsqueda de compuestos cómodos, adaptables y ligeros es la nueva tendencia, y ya no se prefiere como antaño que sea a través del uso reiterado que el sombrero acabe memorizando las líneas de nuestra cabeza, que ponérselo después de varias y largas puestas sea un verdadero placer.

La necesidad de tener que adaptar el sombrero a la cabeza ya no se busca hoy como se hacía en otro tiempo, pero no por ello el amante de este complemento ha dejado de disfrutar de la sensación de tocarlo, de apretarlo al cubrirse, de una determinada caída del ala, la sobreadaptación del sombrero en nuestra cabeza… Y la única manera de conseguir esto es haciendo gran parte del proceso a mano y utilizando solo los mejores materiales. 

Como hemos dicho, todavía queda algún fabricante español que busca y consigue llegar a estas sensaciones, también alguno italiano, pero siempre trabajando gran parte del proceso a mano. Un pequeño artesano de Córdoba, Pepe Miranda, sobrevive trabajando una gran mayoría de sus sombreros exclusivamente a medida. Este tiene en cuenta la estatura del cliente para las dimensiones del ala y la altura del sombrero, la forma de su cara para el diseño de la copa, la personalidad para la calidad del fieltro en la caída, manteniendo la inspiración en la forma original y consiguiendo un aspecto más o menos formal. 

En definitiva, más allá de una medida o un conformado para cada cliente, se busca realzar su personalidad y espíritu. Este trabajo casi de artista no siempre es valorado, a pesar de representar a una prenda tan complicada como esta, y por ello se intenta potenciar en las sombrererías profesionales desde el consejo, la intuición y el realce de los clientes, algo muy difícil de conseguir en quienes todavía no son usuarios.

Dice José Vicente Signes que «cada sombrero tiene su propia alma». Esto va más allá de que cada sombrero adquiera sus particulares líneas con el paso del tiempo, por efecto de las condiciones ambientales, del diferente manoseo o el uso desigual que se le da al sombrero. El sombrero es algo más que materia muerta, es la misma personalidad de su dueño. En definitiva, el sombrero a medida va mucho más allá de unos centímetros apropiados o de una forma adaptada a nuestra cabeza, porque a medida es aquel que refleja nuestra propia alma.

El Aristócrata

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COMENTARIOS

3 respuestas

  1. En dos semanas me planto mi Ecuatoriano y no me lo quito hasta septiembre. Ahora los tengo más variados y aunque tengo uno algo normal para el día a día, también tengo algún otro para ocasiones algo más especiales.
    Es cierto que en invierno como que me estorban pues no hace el suficiente frio como para que no termine siendo un estorbo.

    Gracias por compartir.

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