Catar un tabaco. El Aristocrata

CATAR UN TABACO

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Uno de los ‘problemas’ que surgen cuando uno comienza no sólo a echar humo, sino a intentar analizar el tabaco que está disfrutando, es cómo descubrir todos esos aromas, sabores y[...]
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Uno de los ‘problemas’ que surgen cuando uno comienza no sólo a echar humo, sino a intentar analizar el tabaco que está disfrutando, es cómo descubrir todos esos aromas, sabores y matices que uno lee o le comentan otros fumadores.

El tema de hoy daría para una tesis doctoral (y las hay), así que intentaremos resumir un poco los principales aspectos que afectan al tabaco, los aromas y los sabores primarios y secundarios a encontrar en nuestros cigarros.

Uno se dice así mismo, “a mí esto me sabe a tabaco”, y es totalmente cierto, ya que un cigarro premium sólo lleva tabaco. Pero hay infinidad de aromas y sabores que aparecen junto a la rica hoja, como pasa con el vino, que vienen marcados por dos aspectos fundamentales del tabaco: los factores y los procesos.

Entre los factores encontramos tierra, semilla, clima y piso foliar. Por tierra nos referimos a las características físicas y químicas del campo donde se siembra; sustratos, acidez, nutrientes, altitud, orientación… La semilla es la variedad del tabaco y sus características organolépticas. El clima, esencial ya que no se puede plantar tabaco para cigarro premium en cualquier punto del mundo, marca las temperaturas, precipitaciones, horas de sol… Quedándonos el piso foliar, que es la altura en que se encuentra cada hoja en la planta del tabaco, contando con características distintas, que podríamos resumir, de abajo a arriba en Volado, Seco, Viso y Ligero (aunque hay subdivisiones dentro de ellas y otros sistemas de nomenclatura).

Seguramente en futuras entradas hablemos más profundamente del piso foliar, pero resumiendo:

  • Volado: Con poca fortaleza, aromático, algo seco y sabores poco profundos y marcados, destaca por la combustión
  • Seco: Tabaco con fortaleza y sabores algo más definidos, destaca por aromático
  • Viso: Fortaleza media y aromático, los sabores son ya claramente marcados y reconocibles. Destaca por su equilibrio y sutileza.
  • Ligero: De fortaleza alta, es quien marca los principales sabores y evolución del cigarro, el hilo conductor cuando se incluye en la tripa. Desataca por su sabor y su lenta combustión.

Tras los cuatro factores, que no ‘dependen’ del hombre salvo de su correcta selección y cuidado, llegan los procesos, donde el tabaquero puede marcar las mayores diferencias. Será de estos procesos donde iremos sumergiéndonos en el futuro, pero que hoy exclusivamente nombraremos: Cosechado, Curado/Secado, Fermentación, Clasificación y Selección, Añejamiento, Torcido…

Vistos factores y procesos, que marcarán el qué, cómo y cuándo (qué aromas y sabores encontraremos, cómo estarán conjuntados y cuándo durante la fumada nos llegarán), toca aprender a reconocerlos.

Pero antes de pasar a hablar de la boca, de sabores, debemos hablar de nuestra amiga la nariz, los aromas. La razón es muy sencilla, sin nariz no hay sabor, los sabores es la conjunción de nariz y boca, y si no haced el ejercicio de taparos la nariz mientras coméis, cual niño chico que no le gusta el plato de espinacas.

LA NARIZ

Para la ‘cata’ del cigarro llevaremos el pie de este a nuestra nariz, y decimos el pie y no la capa porque a través de esta última nos perdemos el 70% del cigarro o más, que son tripa y capote y sus respectivos aromas. Sería como si oliésemos un plátano sin abrirlo…

En nariz comenzaremos a recibir información de qué nos vamos a encontrar en la fumada. Y aquí la ‘cata’, como nos pasará luego con los sabores, funciona por recuerdo y comparación; es decir, los aromas que encontremos en el tabaco serán aromas que guardamos en nuestra memoria y los obtendremos por comparación. Un ejemplo, los que hemos podido disfrutar del campo y su cuidado reconoceremos en los tabacos con aroma herbáceo húmedo el recuerdo del heno recién cortado o en aroma a cuero el recuerdo de una silla de montar a caballo.

Una vez contamos con los aromas por recuerdo, que por lo general encontraremos en parte en los sabores durante la fumada, también será la nariz la que nos dé una orientación de la posible intensidad en boca del tabaco, suele coincidir que tabacos con el aroma muy ligero y sutil suelen serlo luego en boca, al igual que los de aroma marcado y profundo suelen replicarse en boca.

LA BOCA

¿Y qué decir de la boca/sabores? Pues entramos en un mundo complejo que depende de nuestra genética y nuestro entrenamiento.

 Todos, absolutamente todos, podemos encontrar sabores y matices en el tabaco. Entrenándonos seremos capaces de encontrar los sabores primarios y una parte de los secundarios, pero hay gente con un don para encontrar hasta el más mínimo detalle (nombro aquí a Manuela Romerlo y David Cagigas, dos conocidos y reconocidos sumillers y aficionadosbuen  al tabaco).

Para el resto, los mundanos, dejamos aquí un gráfico de la lengua que nos ayudará a reconocer más fácilmente los 4 (5 si sumamos el umami, en el centro de la lengua) sabores primarios: dulce, amargo, salado y ácido.

Sobre esta base volvemos a trabajar por recuerdo y comparación, a tener que buscar en nuestra biblioteca mental los distintos alimentos y sabores que han ido creando nuestra experiencia personal. 

 Infinidad son los sabores que uno puede encontrar en un tabaco, pero os vamos a dejar el ejemplo de una rueda de aromas/sabores de la línea DAVIDOFF Millennium (el tabaco que os recomendamos esta semana y que tenéis al final de artículo). Ya todo queda a ‘gusto’ de cada fumador, siendo importante entender que aquí no hay respuestas correctas o incorrectas, cada uno tiene un paladar y recuerdo distinto, así que abrámonos a los comentarios de los demás, que en muchas ocasiones nos ayudarán a encontrar matices que en un principio no habíamos reconocido.

Los sabores no son, generalmente, los mismo durante toda la fumada, sino que cambian, se intensifican, decaen… según avanza el cigarro y sus tercios. Es lo que se llama evolución, aunque lo normal es contar con uno o dos sabores principales y ‘marcados’ que hacen de hilo conductor y sean los matices los que marquen las diferencias entre tercios.

Puede que un tabaco empiece con sabores intensos y ‘oscuros’ de tabaco (tierra, café, cacao, cuero…) para acabar dulce y meloso (melaza, madera, vainilla, nueces…) o que lleve la evolución contraria, es una decisión del master blend cuando soñó el cigarro. Y es una de las grandes maravillas del tabaco de tripa larga premium, que evolucione y nos dé una experiencia distinta en cada tercio del cigarro.

Podrías profundizar sobre el tema hasta el infinito, como ya hemos dicho da para una tesis doctoral, pero se trataba de introducirnos en los conceptos básicos a conocer y trabajar cada vez que fumemos un tabaco, nuestro placer se multiplica cuando comenzamos a reconocer los principales aromas y sabores de nuestro cigarro, lo que también nos permite ir descubriendo qué perfil de tabaco es el que más nos gusta.

RECOMENDACIÓN DE LA SEMANA

David A. Blasco

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