sábado, 21 de noviembre de 2020

BESPOKE XCI: LA CHAQUETA OBLIGADA

Si septiembre es mes de encargos, noviembre es de recogidas. Y lo mismo ocurre con abril y junio, aunque cada vez en menor proporción al ser la temporada de verano cada vez más floja en lo que se refiere a encargos de prendas artesanales.  Algo que por otro lado compensaban las sastrerías con chaqués de boda. 

Como contaba en el artículo anterior de esta chaqueta, esta iba a ser francamente especial pues sería la última que José María Reillo me cosería desde su sastrería de la calle de Monte Esquinza. Seguro que habrá otras, pero ninguna ya desde esa sastrería en la que tantas horas he pasado, tanto he aprendido y tantos buenos momentos he vivido. 

Las chaquetas azules son, después de unos oxfords negros, la prenda más importante, además de versátil, de cuantas se pueden tener. Y en lo que respecta a este tipo de chaqueta, su popularidad irá solo en aumento al vestirse cada vez menos el traje de una pieza y ser precisamente sustituido por ella. Aunque todos estamos de acuerdo en que no son alternables, y solo complementarias, la realidad es la que es y las conocidas como “americanas” gozarán de un protagonismo especial. No obstante, y ojalá me equivoque, al ritmo que vamos hasta me aventuro a presagiar su defunción en no más de una generación. 

Una cachemira 100% de Loro Piana bien se merece unas buenas manos que la den forma. Aunque a su calidad no se le puede poner ningún pero, Loro Piana no es una casa especialmente barata, más de compararla con otras como Drapers o Harrison of Edimburgh, por lo que sería una pena el que se cosiese por alguien con un concepto moderno de la sastrería. Por color, tela, hechura y forro, botones etc. es una chaqueta que nace para durar, y durar en plenas facultades muchos años.  

Si también en las lanas merinos hay diferentes tipos de calidades, en la cachemira se manifiestan con mucha fuerza. Los precios de ciertas cachemiras pueden, como es el caso, duplicar el de otras casas. Pero si bien una lana merino de calidad normal envejece relativamente bien, la cachemira muy pronto muestra su verdadera pasta. Una cachemira mediocre muy pronto mostrará el paso del tiempo, dando la sensación de tratarse de una chaqueta con muchos más años que los reales, el pelo rápidamente queda como aplastado y el roce a la altura de los codos con la mesa de trabajo quedará patente. 

Nuestra chaqueta está cortada y pensada como chaqueta para todo. Cierto que podría vestirse con un pantalón de franela gris y corbata pero en esta ocasión lo que buscábamos era una chaqueta con una imagen más sport. Una chaqueta para todo y que pudiera combinar con todo, tanto para subirse a un avión con un cómodo pantalón, para ir en la maleta por si de repente surgiera una reunión o una cena imprevista o para, incluso, vestir un pantalón vaquero en momento dado. 

Si os fijáis es más corta de lo habitual (valga este paréntesis para apuntar que a las fotos que veis se le terminó alargando dos centímetros), también algo más ceñida y de mangas un poco, solo un poco, más estrechas, de costuras cargadas, detalle siempre de sport, bolsillos de media luna con cerillera, bolsillos más informales que los de solapa recta. Una chaqueta con los cantos tan abiertos requiere, de vestirse en plan dos piezas, un pantalón alto para que no se vea camisa ni corbata alguna. Este efecto conseguirlo con un pantalón de sport no resulta fácil pues estos suelen vestirse menos en la cintura y más en la cadera. Pero si de perseguir un efecto sport se trata los cantos abiertos ayudan a ello. Con el mismo objetivo de buscar un aire de sport se escogieron los botones.

Como ya se comentó en el anterior artículo de esta chaqueta, las botonaduras tanto plateadas como doradas, botonaduras que originariamente acompañaban a las verdaderas Blazers, resultan siempre más informales que los clásicos botones de corozo o asta. Quizás por ello, también nos fijamos en ello a la hora de buscar aquellos que mejor combinaran con el aire de la chaqueta. Sin embargo, en vez de escogerlos plateados o dorados (hay casas con una oferta francamente interesante) decidimos hacer un esfuerzo y comprarlos de plata. Si efectivamente el coste es mucho más alto, también lo es la durabilidad de estos botones, así como la posibilidad ya comentada de cambiarlos llegada la fecha de caducidad de la chaqueta.

Los forros, como bien saben los amantes del bespoke, han evolucionado mucho y sus estampados hoy son casi infinitos. Desde el más clásico hasta el más rebelde la oferta en colores, en temáticas o personalizaciones es increíble. Teniendo en cuenta que teniendo más chaquetas informales el uso de esta tampoco será muy intenso convenía escoger uno que no fuera excesivamente rompedor, pues uno se enamora más rápido de lo rompedor, pero se cansa antes que de uno más clásico. Creo que después de estudiar un amplio abanico de ellos se eligió uno relativamente comedido. Dicho esto, la chaqueta, aún en su uso más informal, se vestirá abotonada por lo que solo yo veré su forro al meterla en la maleta. 

La artesanía, subiré fotos una vez concluida, se aprecia en la mano de obra. Aunque las solapas han sido cosidas a máquina – según D. José María la solapa le gira mejor que de picarlas a mano -, la gran mayoría – tampoco la tapeta del cuello – se ha hecho a mano. Y es precisamente en esta, y no tanto en otros detalles como botones, forros etc., donde radica la esencia del bespoke. La artesanía industrial, muy respetable pero siempre un escalón por debajo, puede conseguir una chaqueta de terminación aparentemente similar pero que no cumplirá con la demanda del paladar más exigente o entendido; paladar que seguirá demando que su chaqueta se cosa en un taller artesanal siempre por manos y no por máquinas. Y esta chaqueta, como muchas otras de nuestros escasos pero buenos sastres, nació en el taller de Monte Esquinza y no vio otras paredes que aquellas antes de abandonarlo. 

En definitiva, es nuevamente la realización de ese patrón individual, el corte de las diferentes partes de la prenda a tijera, el cosido de las mismas a mano, las diferentes pruebas al cliente así como la ejecución, también a mano, de ojales, vivos, entretelas, pecho, bolsillos etc. lo que diferencia el traje artesanal del industrial. 

El Aristócrata

3 comentarios:

Anónimo dijo...

El hecho de que no se encuentre mano de obra, no quiere decir que tengamos que "vender" que las solapas picadas a máquina quedan mejor que a mano. Solo hace falta ver la foto de las solapas que no tienen ninguna forma circular, ni vida, ni movimiento para que quede pegada al pecho. La máquina de picar solapas NUNCA ha conseguido el resultado por el cual se pica la solapa. La máquina solo une el sido con el tejido de forma totalmente plana.
Saludos José María y felicidades por tus artículos.

Federico Lombardo

El Aristócrata dijo...

He añadido un link a las palabras del artículo "picadas a mano" que redirige a un artículo que habla sobre ambas técnicas y cuál pudiera resultar mejor.
Un saludo

Guillermo Saavedra Ch. dijo...

Esta serie de artículos hace que incluso desde el otro lado del Atlántico nos apenemos por el cierre en la 14 de Monte Esquinza, la "americana definitiva" será una joya del bespoke y de la nostalgia.