sábado, 17 de marzo de 2018

BESPOKE LXXIII: EL ESMOQUIN DE PRIMAVERA

Con las lluvias de los últimos días nadie diría que la primavera se encuentra ya llamando a la puerta. Sin embargo, basta un paseo por cualquier jardín para observar como las hortensias empiezan a brotar y que es solo cuestión de días que el color y alegría propia de esta temporada haga su aparición.

De todas las prendas del armario hoy considerado como formal, es el esmoquin la que más me atrae. Frac no tengo – ojalá me invitaran a algún evento donde apareciera este como etiqueta, tendría la excusa perfecta para hacerme uno – y los chaqué apenas los uso – cada vez son menos los actos de mañana donde se exige su vestimenta. En cambio, el esmoquin siempre hay ocasiones que lo reciben de buen agrado. 
Ya hemos contado en esta página su origen, sus usos, los diferentes modelos, los detalles, el de las prendas que lo acompañan, y hasta hemos escritos dos largos artículos detallando su proceso de confección a medida. Sin embargo, nos quedan todavía dos artículos pendientes: el esmoquin de mujer, artículo que narraré próximamente usando como referencia el que hace unos meses D. José María Reillo hizo a una mujer muy especial, y el esmoquin formado por una chaqueta de fumar y un pantalón independiente. O como he decidido llamar a este último: el esmoquin de primavera. 
El clásico esmoquin negro o azul media noche no tiene parangón en elegancia y clasicismo. Por mucho que se empeñen diseñadores en reinventarlo no conozco a ninguno que haya conseguido con su creación mejorar lo ya existente. Por ello, si solo un esmoquin se pudiera tener debería ser este: el clásico negro. Una vez se cuente con una versión de hilera sencilla y otro de hilera cruzada quizás nos apetezca probar con algo más atrevido. El adjetivo “atrevido” no hace referencia a lo que hoy se ve por ciertas Galas del Cine o por algunas pasarelas de moda. Por el contrario, en nuestro caso, hace referencia a un esmoquin de color diferente al negro, con detalles de costura ausentes en aquel pero de corte formal aunque menos protocolario. 
Como los proyectos que son un poco especiales llevan su tiempo, empezamos a trabajar con Joaquín Fernández en esta prenda hace ahora un año. Fue después de encargar la tela a finales del invierno pasado cuando nos pusimos como meta tenerlo listo para esta primavera. Difícil hubiera sido tenerlo terminado la pasada por lo que lo más lógico parecía hacer las pertinentes pruebas a comienzo de la primavera de este año. De poco sirve dejar lista una prenda de un año para otro pues raro es el cuerpo que no varia aunque sea unos gramos de un año para otro. 
No mucha gente trabaja con una mente tan abierta y a la cual la puedas molestar durante tantos meses enviándole fotos de ideas o sugerencias. Y para estos casos Joaquín es toda una garantía. Su paciencia, como ha puesto de manifiesto en infinidad de ocasiones, no conoce límites y aguanta estoicamente todas las “chuminadas” - como él las llama - de clientes tipo yo. Pero también es perfectamente consciente de lo que representa ese primer traje para un chaval joven y lo recibe y atiende cuantas veces sea necesario hasta que se decide. Si quieres ver como corta tu prenda no tienes más que decírselo y te llamará cuando se ponga a ello. Te bombardeara a whatsApps con fotos de tu chaqueta y te hará participe del momento de confección en el que se encuentra. Obviamente, si lo que te interesa es solo tener tu traje listo sin ser molestado sobre cómo se ha llegado a él sabrá limitarse a llamarte a las indispensables pruebas y entregártelo. Y si son varias prendas y no le rompes su rutina encantado se acercará a tu casa a probarte…y lo que surja. 
El concepto relajado de su sastrería se aprecia en detalles frescos como es el hecho de que no te dé hora para probar. Cuando la prueba está lista puedes pasarte a tu prueba. Si bien esto a no todo el mundo puede gustar no deja de ser una muestra de cercanía. Reconozco que yo mismo he sufrido en mis carnes ir a Langa y tener que esperar a ser atendido durante una larga hora pues aquello parecía el mercado en hora punta. Pero por otro lado puedes ser testigo de cómo Florentino Pérez le dice que la mitad del premio al empresario del año se lo debe a sus trajes. O de como Bertín Osborne y Arturo Fernández bromean sobre quien de los dos ha tenido en su vida más éxito con las mujeres. Arturo, ¡por supuesto!. Y allí en medio, independientemente de quien seas, eres uno más. 
El terciopelo tiene una serie de características que no lo hace fácil trabajar. Una vez cortado, y sobre todo cosido, no agradece de buen grado las correcciones. De ahí que las pruebas intermedias sean recomendables. Aunque como veremos en el esmoquin de mujer, el azul marino de Holland & Sherry es francamente elegante, Holland tiene otro azul, este que sale en las fotos, que rompe todavía más con la formalidad de esta prenda. Y fue este azul cielo fue el que escogí para este esmoquin. Pensado para vestirse en primavera, difícil hacer lo propio en verano por lo pesado y caluroso del terciopelo, tocaba buscarle un pantalón con el que combinar. Si bien un pantalón tipo tartán  podría quedar bien, quizás su uso sea bastante limitado. Por ello, aún pecando de terminar siendo demasiado clásico, escogí un pantalón, también de Holland, en azul media noche y de corte similar al del clásico esmoquin. Además, este tono es de los pocos colores que no roba protagonismo alguno al resto de las prendas. Y teniendo una chaqueta ya de por sí llamativa, incluir un estampado también con personalidad sería recargar demasiado el conjunto.
La chaqueta la hicimos con unas solapas de fantasía alejándonos con sus líneas redondeadas de las siempre más formales terminadas en punta. Por lo demás su corte obedece al del esmoquin estándar. Un faldón largo que llega hasta los nudillos de la mano, sin aberturas y de corte en mangas y encuentros generosos. Recordemos que el esmoquin no busca dibujar la silueta de su portador sino alzar su elegancia y darle la comodidad necesaria por si tuviera que salir a pista a bailar. Quizás la clave de los detalles de este conjunto radique en los adornos a coser en mangas y bolsillos. En un país donde no abunda este tipo de prendas, conseguirlos, y más en un color similar al del tejido principal, no es tarea baladí. Mentiría si dijera que no tengo dudas en que lo conseguiremos pero prefiero que sea el trabajo de Joaquín el que hable del resultado.
Aprovechando que entramos en el periodo de encargos de verano aproveché la última visita a Langa para además de encargar algunas camisas hacerme también un traje cruzado de raya diplomática también de la casa de Peebles. La primera prueba la realicé justo después de probar la chaqueta del esmoquin por lo que la sensación de ligereza fue si cabe todavía mayor de la esperada. Sin llegar a sentir aquella sensación de desnudez conseguida con los trajes, pantalón incluido, de 800 gramos que hace años me hizo el propio Joaquín, el efecto vaporoso de la chaqueta es altamente destacable.
Al contrario que otros trajes con este decidimos ser más comedidos y volver un poco a medidas más clásicas o conservadoras. La chaqueta la alargamos algún centímetro y la boca del pantalón la ensanchamos. Detalles pocos hicimos esta vez, seguramente cansados de tanto pensar los de la chaqueta del esmoquin. Solapas de 8,5cm, boca de 21cm, bolsillos estándar con solapas normales, mangas algo más anchas y, eso sí, sisa muy alta. Imagino que elegiremos algún forro diferente a los más extendidos pero no experimentaremos tampoco demasiado con él para guardar cierta homogeneidad con el resto en el conjunto. Sobre que volviera a ser cruzado no había duda. 
Como sabéis no soy muy de los azules oscuros, y mucho menos en estaciones tan luminosas como la primavera o el verano. Pienso que el gris, exceptuando las ocasiones de noche y las más formales, resulta más acertado. Y la raya diplomática además añade un toque no solo de negocios sino también de estilo que hacen de este traje una prenda muy versátil.  
El escoger ahora este corte más conservador, por favor, no significa que sea el correcto. Simplemente significa que cierta variedad en el armario es agradecida. Habiendo momentos tanto formales como desenfados tener trajes pensados para uno y otro momento nunca está de más. ¿Acaso vestimos igual a las 10 de la mañana en una reunión de trabajo que a las 10 de la noche en una fiesta con amigos?. 
Ahora solo queda esperar a la prueba intermedia, y a contar con fotos más profesionales, para conocer cómo evoluciona este esmoquin y a la segunda para ver el aspecto que va tomando el traje cruzado. 

¿Todo listo para la fiesta del día 5?

El Aristócrata

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cierto es que la esa chaqueta en ese color es atrevida pero también que es una pasada. Respecto al traje poco puedo decir pues me esperaré a la prueba donde se vea más avanzado.
Albert

Anónimo dijo...

Yo no me podría poner esa chaqueta azul sin sentirme como un director de banda municipal, demasiado para mi...


F.