sábado, 11 de abril de 2015

LA TIMIDEZ DEL HOMBRE ESPAÑOL

¿Se imaginan ustedes a dos señoras vistiendo el mismo vestido en una boda? De ocurrir tan “trágico” acontecimiento seguramente de ninguna de ellas veríamos ese día su mejor sonrisa. Curiosamente, sin embargo, a los hombres no solo no nos importaría aparecer con el mismo traje que otro asistente sino que además estaríamos cómodos vistiendo prácticamente igual que la mayoría del resto de invitados.

A pesar de las diferenciadas estaciones de las que disfrutamos en España, hoy más que nunca, se viste de manera muy parecida en todas ellas. El traje azul marino de hilera sencilla se ha apoderado de nuestro armario no dejando mucho hueco ni a otros colores ni a otros tipos de corte. No mucho tiempo atrás de cruzarnos con alguien en el mes de Agosto con un impoluto traje marino oscuro pensaríamos que se encontraría camino a una boda. Hoy, por el contrario, esta práctica se repite de forma constante sin que para ello tenga que haber celebración de por medio. 
Y dicha estampa es algo que hoy se reproduce de manera constante tanto en invierno y en verano como en primavera y en otoño. Podría ser entendible que los trabajadores de un centro comercial vistieran de idéntica manera para poder ser fácilmente reconocibles por sus clientes. Sin embargo, la enorme homogeneidad que se da hoy en la vestimenta del hombre no obedece a causa justificable. Solo la timidez, la dejadez, el más absoluto desconocimiento de las principales notas básicas del vestir y el pasar inadvertido puede explicar el aburrimiento que hoy experimentan nuestras calles.

Un traje azul marino liso y de hilera sencilla no solo no es obligatorio sino que además debería ser el primero en cualquier buen armario. Sin embargo, una vez se contara con él se tendrían que abrir las puertas a otros colores, estampados y sobre todo a otros tipos de cortes. En ningún momento buscamos robar el protagonismo a los “sapeurs”, dandis de la República del Congo, famosos, entre otras cosas, por lo llamativo del color de su ropa, pero sí dar una oportunidad a alguno de los muchos elegantes colores hoy existentes. Curiosamente, no hace tantos años cuando nuestros mayores entraban en una sastrería lo hacían buscando un traje que además de distinguirles les diferenciara de su entorno. 
Y esa distinción se traducía en trajes de tres piezas, cruzados, en diferentes texturas de tejidos, en chaquetas de fantasía etc. Fueron pasando los años y los trajes de hilera sencilla grises y azules terminaron copando todo el protagonismo. No obstante, todavía entonces se era consciente de la conveniencia de los tonos grises por la mañana y de los azules oscuros por la noche; algo que obedecía no solo a un capricho sino, como veremos en un futuro capítulo, a razones de mucho más peso. Hoy, sin embargo, parece ya solo haber espacio para los azules oscuros.

Venzamos la timidez y no nos privemos del placer de vestir otros colores, tejidos y cortes. Un traje cruzado, por ejemplo, aunque pueda parecer algo de otro tiempo, no solo no es muy elegante sino que además es de lo más actual y estiloso. Y si con este todavía no nos atrevemos, intentemos probar con un tres piezas y juguemos con el corte de chaleco para mostrar, según nos apetezca, una imagen más seria o desenfadada. No dejemos tampoco que se marchen de nuestro armario los clásicos estampados diplomáticos y sigamos disfrutando de su elegancia intemporal. La infinidad de tipos de rayas entre las que elegir hace imposible no encontrar el mejor traje para acompañar a nuestra personalidad. Si nos sentimos cómodos con los azules marino, añadámosles un estampado diplomático y una doble fila y conseguiremos un traje totalmente diferente y, sobre todo, mucho más especial. 
Desgraciadamente al paso que vamos, no sería de extrañar que en muy pocos años terminar todos vistiendo igual pareciendo más un rebaño de ovejas que individuos únicos. Dejemos al menos nosotros de estar aborregados y traslademos a nuestra ropa nuestra personalidad y gusto único y no nos avergoncemos, sino todo lo contrario, de vestir diferente a lo que hoy hace la calle.

El Aristócrata

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Quero Aristócrata,

¡Verdades como puños!.

En este país tenemos un complejo de segundones, fracasados y paletos que no nos lo quitamos de encima. Y el problema es que viendo lo visto tampoco parece que queramos quitárnoslo.

Albert

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con el artículo.

Pero esta vez quería comentar sobre el video que ha subido del sastre francés Camps de Luca. Y lo hago en relación a otro comentario que hice en el artículo del Sr. Enrique Córdova.

No me deja de sorprender como el sastre más famoso internacional que ha conocido este país, el Sr. Joseph Camps, tuviera que alcanzar dicha fama mundial fuera de nuestro país. Es una pena que hoy la gente peregrine a París a hacer un traje del sastre 50% español Camps de Luca y no lo haga a Madrid en nuestros sastres 100% españoles. Aunque quizás el sencillo hecho de que ninguno de nuestros sastres tenga ni un sencillo video como este que circular por internet al mundo entero explique el porqué por más q lo intente nuestro buen amigo "El Aristócrata" los sastres españoles seguirán siendo sastres de barrio.

Esto es solo una crítica constructiva y animo a "El Aristócrata" a q siga con su labor ya q sin ella nunca hubiera me hubiera hecho un traje a medida (ya tengo 7) y nunca hubiera sabido de la existencia de tan buenos sastres en nuestro país.

Saludos

Anónimo dijo...

....nadie puede negar que en temas de estilo e iconos de moda no somos referentes, cosa que puede parecer curiosa como me comento un amigo extranjero a la salida de una corrida de toros y ver los trajes de luces,, pero en cualquier caso podría ser útil el matiz de las profesiones y la manera de vestir,,,quien tomaría en serio a un abogado vestido como Lapo elkhan...en fin que este tema es digno de abordar.
saludos.

Anónimo dijo...

....a propósito del marketing del sector en mi opinión testimonial cuando no nula,,puede ser en parte el resultado de lo que tenemos en el panorama nacional y la visión internacional,,en el caso de la sastrería italiana,,quien conocería hoy a Armani, Versace y un largo etcétera si en los 80¨ el gobierno no hubiera puesto en marcha un plan para potenciar e internacionalizar el sector...pero bueno ,al menos tenemos el Plan E.
Saludos

Anónimo dijo...

Quien espere q el Gobierno le saque las castañas del fuego apañado va en el S.XXI
JL

Anónimo dijo...

...partiendo del concepto que la vestimenta lleva intrínseco el componente protocolario y es sin duda un ejercicio de diplomacia, aunque también de estatus social, en los tiempos que corren , en algunas profesiones donde la elegancia y la distinción eran seña de identidad ( abogados , políticos ,etc)al no pasar por su mejor momento han optado por distanciarse de la imagen del gremio cortando con esos lazos de identidad, seguramente muchos han visto un documental sobre la City de Londres en el cual se daban las pistas para reconocer a un PEZ GORDO,,,..pista numero uno,,nunca lleva corbata,,,
Saludos

Anónimo dijo...

Yo creo q hoy se viste peor que nunca. Y no lo digo porq cada vez más se vista sin corbata sino porque aquellos q la visten cada día lo hacen peor.

Yo estoy con el compañero q opina q somos unos acomplejados pero tb con el autor del artículo q apunta q el desconocimiento sobre las pautas de vestimenta es hoy mayor q nunca.

Dicho esto, todavía hoy es posible encontrar a gente q viste francamente elegante. Y si hablamos de estilo creo q tendríamos q admitir q el estilo está más presente en la buena ropa RTW q en la q hacen nuestros sastres. Hoy se pueden ver en ciertos escaparates premium chaquetas imposibles en la de los sastres.

En definitiva, q todo esto bien mereciera todo un estudio sociológico q lo intentara explicar.

Feliz domingo para todos.
Guille

dani dijo...

Sin desmerecer su entrada y sin ánimo de contradecir, señor EA, sí me gustaría decir que esa uniformidad en la vestimenta "formal" masculina, no solo no es nueva sino que es básica. Al fin y al cabo, el origen de casi todas las prendas de vestimenta formal son militares, y con eso creo que está dicho todo. En los años 30, todos los hombres vestían frac en las celebraciones nocturnas. Y el frac admite variaciones muy pequeñas (aunque muy importantes).

Aplicado a la vestimenta más informal o de sport, tiene VD. toda la razón, como siempre.

Saludos

El Aristócrata dijo...

Estimado Dani,

Efectivamente la vestimenta formal (chaqué y frac)es lo q es y no se puede, ni se debe, cambiar.

Pero a la vestimenta formal q aquí me refiero, la del traje y corbata, sí deja margen de elección y mucho. Basta con repasar las viñetas de Esquire de los años 30 - la década más exquisita de la vestimente masculina- para ver la inmensa variedad de colores, tejidos y cortes de los q se disfrutaba entonces.

Un abrazo para todos y gracias por vuestros comentarios.
EA

dani dijo...

Estimado EA,

Sí, tiene razón. No hay más que ver películas de los 40 para entender eso. Yo me quedo con El Halcón Maltés. El repertorio de trajes de esa película es increíble, denotando con traje y corbata 4 estilos masculinos totalmente diferentes. Y eso que es en blanco y negro. Lo que pasa es que el traje de ahora es el frac de antes.

Por cierto, alguna película que me pueda recomendar con un vestuario que a Vd le guste?

Me encanta este blog, porque siempre se puede aprender algo. Y no necesariamente de moda. Por ejemplo, aquí descubrí las motos Royal Enfield y ahora soy orgulloso propietario de una Bullet 500, por lo cual, si algún día me encuentro con Vd en una concentración, le invitaré a un trago (una vez aparcada la moto, claro está)

Toni dijo...

Es una pena lo del complejo. Nos admiramos de ver a famosos y actores de hollywood lo elegantes que visten y no somos capaces de hacer el esfuerzo de imitarles por creer que no nos sentaría igual o que ese vestuario es demasiado caro. Nada más lejos, siempre hay opciones y al final se llevan el gato al agua las grandes corporaciones de ropa.
Recuerdo que en la primera mitad del siglo XX, prácticamente todos los caballeros salian de casa con sus trajes y corbatas - hasta el frutero de la esquina usaba corbata detras de su delantal. Que tiempos aquellos... Un saludo a todos.

Anónimo dijo...

Hola a todos. También estaría bien cuidar el lenguaje escrito. Al fin y al cabo, es lo que, junto a la ropa y el lenguaje hablado, nos distingue de los animales irracionales. Al final parecemos niños escribiendo en esas redes sociales. Por lo demás, me parece increíble que sigamos estando acomplejados. Y, por desgracia, no se limita a la vestimenta.

Néstor dijo...

No querer llamar la atención (por el motivo que sea) es algo muy digno. Y la mejor manera de hacerlo es vestir como lo hace la mayoría. No es borreguismo. Es discreción. Una persona elegante (concepto altamente subjetivo) no tiene la necesidad de distinguirse. Me parece algo obvio y que frecuentemente se olvida. Si es una persona elegante y que sabe apreciar la calidad tal vez lleve unos oxford negros a medida pero no llevará unos spectator o un traje cruzado en cuadro ventana (aunque le encanten!)

Y lo dice alguien que babea ante los tejidos de Kiton e Isaia, pero que por prudencia prefiere ceñirse a un simple worsted marino de Cacciopoli.

Señor aristócrata, aprecio sus artículos, pero nunca dejaré de advertirle que por mucho que nos seduzcan ciertas prendas de ropa, el sentido común aconseja la moderación.

Un abrazo,

Toni dijo...

No es digno entre caballeros ser grosero ni maleducado en público. Mucho menos cuando no se conocen las partes... Es solo una reflexión.
Saludos a todos.

Vicente dijo...

Amigos de EA:

Por fin después de mucho tiempo me animo a hacer algún comentario sobre cosas
que he leído en el magnifico blog de EA.
El sentido del ridículo, el temor a la opinión de los demás, la masa, en el peor
sentido de la palabra, está ahí y no vamos a descubrirlo ahora. Pero no es que lo
tengamos en la vestimenta, sino a expresar nuestra opinión cuando no coincida con
la del populacho, agresivo, envidioso, revanchista. Ser de derechas, católico, inteligente, rico, elegante... cuidado. Los españoles no es que tengamos complejo de paletos, es que somos unos paletos. hay que tener mucha personalidad para salirse de la mediocridad imperante. No pidamos imposibles. como pienso y digo lo anterior, también me parece que aquí hay gente realmente muy bien vestida. Joven y no tan joven, quizás no con la fantasía italiana pero magníficos. Cada vez hay mas compatriotas dispuestos a distinguirse de la masa. Y lo consiguen.
El otro asunto que quisiera comentar es el del tema expuesto e insistido dos veces por un compañero a quien felicito y aplaudo. Y que los aludidos callan, y otorgan, como muertos. Y no es otro que el del distinto trato que se da, o puede darse, a un cliente sea quien sea. La picaresca se presenta donde menos se la espera. No quisiera ahondar, soy cliente, pero está claro.Por eso me vale de muy poco esos panegíricos que dedicas a algunos profesionales de tu confianza. Pondría el símil gastronómico. Aprendamos de la guía Michelin, quizas con criterios discutibles pero nunca su honestidad. Un saludo.

Anónimo dijo...

Por favor, no sean Vds. groseros ni maleducados en público. Y menos sin conocer a las partes.
Es una simple sugerencia.
Saludos,
Antonio.

Anónimo dijo...

Los hombres viste siempre con una componente uniformizadora/interior: de ahí la igualdad en el vestido. Pero no completamente interior. El vestir hacia dentro significa no buscar demasiado el agrado social, de modo que el vestir cae del lado de la función práctica donde la estética se ve mermada. El hombre elegante sacrifica esa parta hacia dentro y ese vestir hacia fuera más que buscar una aprobación comprende un aspecto de gusto social, cuando lo busca a toda costa entonces es exhibicionismo y ya se cae en el territorio de cualquier hipertrofia, es decir, horteridad, lucimiento olvidando el vestir para adentro. La mujer casi siempre busca un equilibrio en un punto más allá que el mero vestir hacia fuera sin sólo lucirse sino tal vez buscar el epatar, el aplauso, de ahí que su vestir no sea gregario ni uniformizador. Excelente blog, un saludo cordial.