sábado, 5 de septiembre de 2020

COMIENZA EL AÑO. ¡A POR ÉL!

Estamos de vuelta. Unas semanas de descanso que sirvieron para desconectar y, sobre todo, para recargar unas pilas que van a hacer falta de cara a afrontar con éxito las idas y venidas de un año bastante atípico. 

Antes de volver sobre nuestra temática habitual y deseando que vuestro verano os haya traído también bastante paz interior os cuento algo del mío. Me cuesta entender cómo hay gente que decide pasar sus vacaciones con las mismas personas con las que ha compartido prácticamente todo el invierno. Para mi las vacaciones se tratan de desconectar, de conocer cosas nuevas, gentes, lugares y, sobre todo, alejarse, aunque sea solo unas semanas, de aquello que te espera a tu regreso. El ser dueño de tu tiempo es uno de los mayores privilegios y suertes del mundo. 
Despertarte y decidir solo tú sobre cada minuto del día es algo que aporta una paz y felicidad increíble. Recuerdo a mi amigo Placido Díaz cuando me decía: “las próximas dos horas me las reservo para mi”. ¿Os imagináis poder ser dueños de nuestro tiempo todos los días del año? Aunque para la mayoría imposible, sí deberíamos intentar dedicarnos a nosotros al menos los pocos días de verdaderas vacaciones que tenemos en el año. ¡Qué gran placer es despertarte y saber que las próximas 24 horas son solo para ti y para lo que te surja que quieras sobre la marcha!
Y eso es lo que yo intento, no siempre con el mismo éxito, las semanas de descanso de verano. Despertarme, salir a andar en bici, correr por la montaña o decidir quedarme ese día leyendo disfrutando del paisaje. Un aperitivo con la familia o esos amigos a los que quieres pero que no ves todo lo que te gustaría es otra de las suertes de ser dueño de tu tiempo. Una comida y una larga sobremesa con los tuyos sin pensar en lo que harás el resto del día es otro de esos placeres del verano. 
También en el verano toca disfrutar de hobbies que por el tiempo que conllevan no puedes hacer durante el invierno. Y precisamente hobbies, y muchos, tenemos los que leemos esta página. Y este que escribe no es una excepción. De ahí que use el verano para dar rienda suerte a algunos de ellos: además del deporte, la buena mesa, los coches deportivos y los hoteles fuera de los circuitos populares son fuentes inagotables de placer. Amante de la conocida como nueva cocina siempre escapo unos días a recorrer alguna región de España y visitar sus restaurantes Michelin. Aunque con cada visita me asaltan más dudas sobre los verdaderos motivos para que un restaurante disfrute de una, dos o tres estrellas (algunos de una no se la merecen, hay dos que debería ser tres y tres y dos que deberían bajar un escalón), hay que reconocer que la creatividad que se encuentra en ciertos menús es increíble. 
Apuntar en el mapa una serie de restaurantes, permite conocer lugares, pueblos, rutas, hoteles y productos locales de una manera súper gozosa. Este verano ha sido el turno de La Rioja y Guipúzcoa – provincia esta última que todos los veranos vuelve pues requiere de varios de ellos si se quiere dar buena cuenta de una mínima parte de su gastronomía -. Han sido bastantes los visitados, aunque si ha habido uno que me ha llamado la atención ha sido Kiro Sushi, restaurante con solo diez sillas donde se elabora auténtico sushi japonés; nada que ver ni con el pescado ni el arroz que incluso en los mejores restaurante japoneses que podamos conocer dan. El tiempo que dura el servicio te permite además conocer de la mano de Felix innumerables curiosidades de la cultura japonesa. Obviamente, en todos los restaurantes visitados ha habido platos y experiencias difíciles de olvidar, pero sin duda esta barra japonesa de sola una estrella ha sido la gran sorpresa.
Tanto yo como mi grupo de amigos más cercanos además de la cocina disfrutamos de los coches. Si el año pasado aprovechamos un largo puente para recorrer con deportivos la Costa Azul y terminar el viaje comiendo en Mirazur, el de este se está ya cocinando – posiblemente una manufactura que a todos nos gusta pero que no todos hemos visitado. Pero hasta que llegue el dichoso puente este verano hemos disfrutado de nuestras maravillosas carreteras y muchos de los placeres que esconden sus pueblos más recónditos, entre ellos el de la gastronomía. 
Los deportivos, los de verdad y no los gran turismos que solo aparentan serlo, no son cómodos para largos viajes y son en las carreteras comarcales donde verdaderamente se disfrutan. No se trata de correr, de hecho, raro será ver un Ferrari o un McLaren en carretera abierta a altas velocidades. El disfrute viene por el lado del sonido, de su belleza, de su historia, de su exclusividad y de todas esas sensaciones que transmiten a quien tiene la suerte de conducirlos. Indudablemente, hay coches que aún no siendo deportivos encierran tal lujo que, como el Bentayga, les dejamos que nos acompañen (en algún sitio hay que meter las maletas).

Aunque ya en Madrid varios días, este fin de semana ha servido para poner definitivamente el punto final al verano con escapada gastronómica rápida, pero muy intensa, a Valladolid y Salamanca.
Ojalá todos los que nos leemos estemos empezando este nuevo año académico con salud, trabajo y optimismo. ¡Feliz vuelta!

El Aristócrata

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola,muy buenas intersante su artículo.Yo me voy a mojar un poquito.Este verano,no he salido de la península por el COVID y me he dedicado a hacer crítica gastronómica.Atrio debería tener las 3 estrellas,el servicio de mesa es impecable,magnìfico ,mejor que alguno de 3 estrellas.Me gustarìa que dejase alguna recomendación en Salamanca.Yo le digo la mía,Mesón Gonzalo ,no tiene ninguna estrella ,pero está muy bien.Un saludo.

El Aristócrata dijo...

En Salamanca probamos Víctor Gutiérrez, muy recomendable. Atrio para mi es un dos muy correcto, pero no un tres. Cierto es que hay dos estrellas que se la merecen menos que ellos pero tampoco Atrio debería ser de tres (opinión totalmente personal y subjetiva).

Anónimo dijo...

Yo opino lo mismo al respecto, Atrio es un dos estrellas correcto, las tres estrellas son para Arzak, El Celler De Can Roca y ese nivel de restaurantes.

Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

El mundo de las estrellas Michelín es eso: un mundo. Si bien estoy de acuerdo con que Atrio es un dos, no así que Paco Roncero mantega un año más las dos cuando su cocina actual debería ser de una. Tampoco entiendo que el Lab de Sergi Arola de Penha Langa sea un uno y no un dos. Pero dicho esto, los 3 estrellas son merecidos, al menos la mayr parte de los españoles. Y aunque no parezca preocupar mucho a los lectores de esta página, en España tenemos la suerte de disfrutar de estos restaurantes por precios irrisorios (en comparación con países como UK, Alemania, EEUU...)

Muy acertado el artículo. Preciosos ambos coches.

Albert

Anónimo dijo...

Si no me falla la memoria ese Hotel es el Beaumanoir de Biarritz, verdad? Para los amantes del Champagne decirles que tiene el bar con la mayor variedad del mundo de añadas de Dom Perignon.

Jandilla dijo...

Sólo la bódega de Atrio ya es como para ponerle una constelación de estrellas.

El Aristócrata dijo...

Cierto, la bodega es impresionante. Las verticales que tiene son muy difíciles de ver.
EA

Jandilla dijo...

Pocos, muy pocos restaurantes en todo el mundo con esa bodega. Lo de Ch. Yquem es para caerse de espaldas. Si tuviese dinero estaría allí comiendo, y sobre todo bebiendo todos los meses.