sábado, 1 de agosto de 2020

TOCA REÍR, ES AGOSTO

Otro año más, y van 12 +1, llegó agosto y con él el mes donde leer gana la mano a escribir. Agosto significa e implica cosas diferentes permitiéndome disfrutar de mis amigos y mis pasatiempos preferidos sin mirar el reloj.

En el campo profesional, agosto significa descansar, recargar la batería, pensar en ideas nuevas o en soluciones diferentes para los problemas que quedan esperando nuestro regreso. En el personal va, si cabe, mucho más allá. Para mi el mayor placer del mundo es el hecho de ser dueño de tu tiempo, saber que puedes enfrentar el día de 8 a 8 como te plazca, sin compromisos ni obligaciones. Quizás por ello no me guste veranear en lugares donde conozco gente, resulta muy difícil ser dueño de este tiempo y de tu espacio. En cambio, poder decidir sobre la marcha lo que hacer en cada momento del día es un privilegio que agosto concede.

Aquellos que por los motivos que sean viajamos ya lo suficiente durante el año enfrentamos agosto teniendo presente que ni los aviones ni los hoteles son bien recibidos. Los que no lo hacen encuentran, sin embargo, en agosto el mes donde conocer nuevos destinos. Ambos, no obstante, con los años nos entregamos al placer que aporta el no hacer literalmente nada de importancia; para hacerlo ya están los otros once meses del año. 

Despertarse y salir con la bici sin necesidad de mirar el reloj es uno de esos regalos de agosto. También lo son las largas sobremesas con la familia o con los amigos, pero con esos de siempre, los que no buscan de esa comida salir con nada más que unas sanas risas, la barriga llega y la lengua entrecortada. Es el momento de meditar, de hacer deporte, de exprimirnos al máximo físicamente, de disfrutar de los placeres terrenales, de gastar, de leer, de navegar, de trasnochar… y, sobre todo, de huir de compromisos y buscar cierta paz interna, en definitiva, de ser felices. 

En un año tan atípico como este, toca ser conscientes de lo efímero de las cosas y de los momentos. Hay que disfrutar de este agosto como si fuera el último. Con precaución, pero sin límites. Vivir con miedo no es vivir y lo que tenga que ser, me temo que terminará siendo. Aprovechemos el tiempo con la familia y con los amigos de verdad. Más allá de los primeros casi nada existe y está fuera de nuestro control el que un día dicho disfrute no dependa ya solo de nosotros.

Metámonos en los personajes y en las épocas de nuestros libros, veamos anochecer con un libro y nuestro espirituoso preferido. Desayunemos escuchando al mar y despidámonos del día en lo alto de una montaña. Bajemos dicha montaña de la mano de nuestra amada y riamos con ella hasta que vuelva a amanecer. 

Porque si solo una cosa pudiera pedir a este verano sería reírme, reírme y volver a reír.

Hasta septiembre.

El Aristócrata

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien, aunque las enseñanzas del CEU iban por derroteros o no.

Salvador López dijo...

Estoy de acuerdo. Si algo hemos aprendido de esta pandemia es no dar nada por sentado y agradecer cada instante como un momento especial que disfrutar. Gracias por recordarnos el placer de los pequeños detalles que sin duda valoraremos a partir de ahora más que nunca. ¡Feliz verano!