sábado, 25 de mayo de 2019

EL ARTE DE CUBRIRSE LA CABEZA

Escribía este mes en la revista Gentleman que decía el autor de calle melancolía que “está bien tener sombrero por si se presenta una buena ocasión para quitárselo”. 

Y efectivamente no se equivoca el gran Joaquín Sabina descubriéndose ante su público cuando actuación tras actuación una infinita ovación le despide soñando volverse a encontrar. Precisamente este era uno de los significados originarios de esta prenda atemporal: mostrar respeto. 
Las costumbres cambian y ropa y complementos se reinventan o actualizan buscando servir tanto ahora como entonces al tiempo y a la sociedad que con ellos convive. Hoy el uso del sombrero no distingue clases sociales y, aunque en el ámbito militar todavía se mantiene la tradición de descubrirse ante un superior, hoy es solo un objeto de estética y protección contra el frío, la lluvia y el sol. 

Si en invierno eran los sombreros de pelo de conejo y castor los más recomendables por su ligereza y protección contra las bajas temperaturas, en primavera y verano la paja toquilla toma su relevo. El sombrero ecuatoriano es mucho más que otro sombrero, es moda, elegancia, estilo, practicidad e historia. Y precisamente a la historia debe su extendido nombre de sombrero panamá, país donde se popularizó por el uso masivo que de él hicieron los obreros que trabajaron en la construcción del Canal de Panamá. 
El sombrero ecuatoriano se convierte esta estación en el perfecto compañero sin que para ello tenga que divisarse el mar. Su ligereza y comodidad, así como su natural forma de sujetare en la cabeza, hará olvidar que se lleva puesto. Hay quienes prefieren cambiarlo cada temporada, pero como todas las cosas de calidad, incluido zapatos y trajes, el panamá mejora en aspecto con el uso; sobre todo si este ha sido el correcto. 

Los sombreros de “usar y tirar”, esos que se compran en cualquier tienda de población costera, suelen estar fabricados con fibras muy gordas y tejidos sin más pretensión que dar a dichas fibras forma hasta conseguir la de un sombrero. Sin embargo, ni cuentan con la flexibilidad de los mejores ni su ala consigue una bonita caída. Tampoco transpiran como aquellos pensados en pasar años con nosotros. 
Una de las ventajas del sombrero panamá es que puede vestir todo tipo de estilos y edades. Bastará con acertar en la medida de su ala y en la forma de su copa para transmitir una imagen más dandi o más gentleman. En principio, cuanto más estrecha sea su ala más juvenil será el aire que se consiga, de ser ancha el efecto final será el de un sombrero más serio. Dicho esto, hay ciertas medidas de ala que no deberían traspasarse ni por debajo ni por encima ya que el sombrero perdería todo su encanto. Las personas de reducida estatura agradecerán los sombreros tanto de ala como de copa contenida. Para ellos, la cinta no debería ser demasiado ancha. Se trata, en su caso, evitar aparentar ser más bajo de lo que ya se pudiera ser.  De escogerlo correctamente no hay excusa tampoco en ellos para no disfrutar de su aire jovial y relajado. 

El sombrero ecuatoriano tendría que caer dos dedos por encima de las cejas y el ala frontal insinuarse hacia abajo. Es la cinta que rodea su copa la responsable del mensaje del sombrero. De ser de un clásico negro nunca será incorrecta, aunque tampoco tendremos un sombrero con el que poder jugar en diferentes ambientes. Colores sólidos como el burdeos, el azul o el verde son alternativas a tener muy en cuenta. Si se quiere arriesgar más, se puede buscar una cinta a franjas. De ser este el caso parece recomendable que la combinación de colores no fuera muy llamativa. 
Respecto a su copa las opciones entre las que escoger cada día son más amplias. Aunque la clásica forma del fedora es la más extendida, el trilby es de tamaño más ajustado y consigue un look algo más original y contenido. Los amantes del ecuatoriano seguro que encuentran ocasiones para alternar estos dos modelos con otros menos extendidos, pero, si cabe, más especiales por su escaso número y limitada oferta. Sombreros como el Derby, reconocible por su ala rígida y su copa sin hendidura, perfecto para vestir en ciudad, el Homburg, también formal, de ala rígida, pero de copa con hendidura, o el Havana, mucho más informal, de ala bastante estrecha, con copa hundida en forma de lágrima y con un estilo único, son todos sombreros más exclusivos. Y para acompañar a un buen traje a medida mientras se pasea por la zona premium de tiendas de la ciudad nada como el Óptimo, sombrero que recuerda a los grandes clásicos del cine ambientados en la sabana africana.  

Aunque sea frecuente encontrar en el anverso de muchos de estos sombreros la inscripción 100% Panamá, si lo que se busca es un sombrero de calidad y que acompañe años el haberse tejido en Montecristi o en Cuenca es una garantía. Estos, debido tanto a su alto precio como a la forma en la que está tejida su paja-toquilla, merecen un especial cuidado.
Lo más importante será evitar el gesto habitual de agarrar su punta con la mano a la hora de ajustarlo en la cabeza. Por el contrario, se agarrarán ambas alas evitando así estropear su copa. Pulverizar al empezar el día vapor de agua sobre él, sobre todo en los meses de más calor, garantiza que la paja toquilla no se quiebre y no pierda su elasticidad. Durante el invierno guardarlo en su caja no es del todo incorrecto siempre y cuando el lugar donde descanse no sea muy seco y no nos olvidemos cada determinado tiempo de sacarlo para airearlo y rociarlo con dicho vapor de agua.

José María López-Galiacho

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Difícil complemento el sombrero. Se corre el riesgo de parecer un abuelete o un gilipollas.Por cierto, que en el Ejército aún se mantiene la costumbre de descubrirse ante los superiores no sé de dónde lo habrá sacado, en cualquier caso no es así; en el nuestro, al menos, uno no va cubierto bajo techo y jamás se saluda con la cabeza descubierta - saludo militar, se entiende-.


Javier.

Vicente dijo...

Hola amigos,

Me gustan los sombreros , nunca, nunca una persona con un sombrero bien puesto, será un gilipollas. Nunca. Los que sabemos, y por eso lo sabemos, los gilipollas son los otros. Pero no lo aireemos.Me ha gustado mucho el último articulo. Me ha gustado, de verdad.
Algunas veces me hago la pregunta de porqué personas cultas, exitosas profesionalmente, inteligentes, como nuestro EA, tienen
un blog. Los que pensamos que vivir, la vida, es algo más que el paso de los días, nos hacemos preguntas. Pocas veces damos con
respuestas, pero no importa, lo principal es hacerse preguntas.
Y esto viene a cuento en las pocas respuestas que nuestro EA da a las preguntas que se le formulan. De los comentarios mios, nunca, silencio total. Aunque nunca sabré el porqué,
entiendo que son insignificantes. Evidentemente no puede contestar a todo, eso es claro. Pero dar una clase magistral, en 2019, y no atender a las preguntas de los ignorantes que queremos aprender..... Un cordial saludo

Misac dijo...

Buenas tardes a todos los que amamos el buen vestir

A mi personalmente me encantan los sombreros,más aún diré que las mujeres con sombrero están mucho más atractivas,quizás puede ser fetichismo pero realza la figura.
Este verano me pienso comprar un Panamá.

Quisiera saber la opinión de entendidos, lease aristócrata y cía., mi altura es de sólo 1,73 cm: el portar un sombrero me hará visualmente más chaparro?

saludos y gracias de antemano por los comentarios que de seguro son constructivos

El Aristócrata dijo...

Hola Vicente,

En absoluto sus preguntas son insignificantes. Simplemente creo que bastante escribo en mis artículos como para también hacerlo en los comentarios. Creo que ya en alguna ocasión he comentado que prefiero que sean ustedes quienes debatan sobre los temas manteniéndome al margen. Además, no puedo contestar a unos sí y a otros no. Dicho esto, mándeme un mail y encantado si tengo respuesta a su pregunta de dársela.

Un abrazo y disculpas
EA