sábado, 9 de febrero de 2019

LOS MEJORES SOMBREROS PARA EL FRIO

Un gorro de lana es una magnífica opción para enfrentarse al frio tanto durante el aprés-ski como en el ambiente rural con los conjuntos más informales. La gorra de béisbol la podemos encontrar en versiones interesantes como las confeccionadas con lana tweed o ante. No obstante, tanto el gorro de lana como la gorra de béisbol carecen de estilo y elegancia alguna. 

Atrás quedó el sombrero de copa, sombrero al que debemos la todavía existencia del clásico taxi inglés de techo alto. Hoy la cuidad sigue agradeciendo los sombreros más atemporales acompañando al traje y a los abrigos más atemporales. Pero no peor quedan en ausencia de corbata con un look cuidado durante una agradable tarde de compras. 
El sombrero no solo es estética, es comodidad, polivalencia y, para los más señores, una ayuda para mostrar respeto. Protege tanto del frio como de la lluvia, permite dejar las manos libres e imprime personalidad a toda la persona. Hay modelos que añaden un toque elegante a los conjuntos de corbata y otros uno muy especial a los de sport. Por ejemplo, el clásico sombrero Fedora, mejor si fue confeccionado con pelo de castor, además de ser muy ligero y flexible realza la belleza de todo conjunto, tanto formal como informal. 
No obstante, aunque pueda vestirse con muchos tipos de abrigos, incluidos de sport, es con uno clásico y de longitud más allá o cercana a la rodilla con quien mejor combina. Si antes solo el clásico sombrero gris o negro eran aceptados, hoy el abanico es mucho más amplio. Aún cuando hoy se vean muchos tonos, el azul marino, el gris o el marrón son las mejores alternativas.
No conviene hacerlo el protagonista, por ejemplo, escogiendo uno de tono llamativo y una cinta de gran contraste, sino mejor hacer coincidir su color con el del abrigo dejando dicha cinta del color del resto del sombrero. 
Si el fedora, sombrero popularizado por los gánsteres de los años 30, se caracteriza por tener una copa triangular, unos hundidos laterales y un ala de tamaño medio, el Trilby, sombrero para un conjunto algo más informal, se diferencia, además de por su procedencia del mundo de las carreras de caballos, por su ala sensiblemente más estrecha. Con su frontal inclinado hacia abajo y su parte trasera hacia arriba, se distingue respecto al fedora por una cinta algo más ancha y por su ala contenida, ala que imprime un estilo más relajado. 
Al margen de las interpretaciones que los diseñadores más modernos han hecho de él con estampados y colores poco habituales, su versión en color liso oscuro y de pelo de liebre, castor o conejo sigue siendo una opción difícil de batir. 

Aún cuando contar con un Coke, también conocido como Bowler o bombín, tendría sentido de visitar con frecuencia el país al que debe su popularidad, la realidad es que el siempre más versátil, y si cabe más exclusivo, Homburg aporta la elegancia máxima que requiere el mejor abrigo largo. Aún cuando este modelo sea el complemento perfecto de los conjuntos más formales, también se puede vestir con otros más corrientes. 
La clásica gorra de tweed inglesa fue en sus inicios la forma más barata con la que la clase obrera se protegía del frio. Sin embargo, poco después fue el añadido obligatorio de deportes como el tenis, el golf o la caza, pasándola también a vestir la aristocracia en las casas de campo, aristocracia que para la ciudad seguía prefiriendo los sombreros de fieltro. Hoy la gorra inglesa puede vestirse tanto en el campo como en la ciudad, quedando correcta con un abrigo inglés, pero más especial si cabe, con un conjunto relajado de chaqueta sport y pantalón informal. Conviene huir de las confeccionadas en lana estándar o en pana y buscar un bonito estampado a cuadros o un siempre acertado tejido de tweed.

El Aristócrata

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Gran sorpresa ver que aún no tocando esta semana nos regala un nuevo artículo.
Albert

Manuel de Alba dijo...

¡Otra vez me tiene aquí!
Pensarán que tengo un castillo con espacio para guardar infinidad de prendas pero no es así ya que mi casa se reduce a las pequeñas dimensiones de un apartamento reducido, aunque cómodo u organizad, donde cabe perfectamente un vestuario apropiado para cada ocasión.
Y si la semana pasada hice comentarios sobre la recuperación de rendas de mis mayores, hoy D. José María me vuelve a tocar la fibra sensible con otra debilidad: los sombreros, prenda largamente desahuciada del vestir de los hombres y que vuelve a asomar por el horizonte, aunque algunos no la hemos abandonado nunca, a pesar de que se nos tachase de anacrónicos en algún momento.
En invierno y en verano, en mi casa se ha usado sombrero... Acabo de llegar a casa con mi sombrero marrón oscuro a juego con la chaqueta y un pantalón beige . Me gustan con ala un poco ancha y los tengo clásicos y combinables con todo en colores negro, gris, verde... algunos con sus cajas originales, de otra época, de establecimientos de Madrid o Sevilla que aún existen, esas cajas sombrereras cilíndricas que me resultan tan espectaculares. Hoy se trata en la página de los sombreros de invierno, ¡ que bien combinan con pañuelos o bufandas, además de con el traje o el abrigo!. Luego está el remedio para el sol en el verano, esos sombreros de jipijapa de los que ya nos dio este blog una lección magistral en su día, los llamados "Panamá" que resultan ser ecuatorianos.
Tengo del baúl familiar algún que otro "canotier" que debió pertenecer a quien sabe que ancestro pero que están en perfecto estado de uso y que cuando me lo pongo hay quien pregunta de donde saqué lo que llevo el la cabeza...
Y también tengo bombín y sombrero alto, chistera, que me ha acompañado siempre que he vestido chaqué, mucho antes de que los neo famosos la redescubrieran para dar la nota en botas de farándula de medio pelo.
Sobre las gorras tengo mi opinión: Nada que objetar las tradicionales de paño, elegantes, cómodas y muy útiles, pero no tengo palabras para calificar esa uniforme y esquizofrénica gorra que se ha impuesto en la sociedad presente, ese engendro que cuando era pequeño la llamaban "gorrilla japonesa" no se por que razón. Hoy todos, mayores y jóvenes, se disfrazan con ropa pseudo deportiva, chándal y zapatones de colores estridentes y se colocan en la cabeza unas gorras de colorines con la visera hacia atrás. Pariendo de la base de que con ese disfraz la sociedad admite que se pueda ir a cualquier parte, algo que me aterra, y de la premisa de que la visera en la gorra sirve para dar sombra a los ojos y protegerlos de los rayos solares y no a la nuca, es tal el malestar que me produce ese atuendo que se me hace difícil, incluso, mantener una conversación seria con alguien que va de esa guisa.

Manuel de Alba

Misac dijo...

Buenas tardes Sr.Manuel

Suscribo todo lo q ha dicho, más aún le diré que me resultan muy atractivas las mujeres con sombrero y sí es cierto q la gorra de béisbol no es producto español.
Salvo afortunadas excepciones cada vez se viste peor

Anónimo dijo...

Que acertado que está usted señor de Alba con respecto a la gorrilla japonesa, la cual en mi país llamamos "Cap", la utilizan de día y de noche, con sol y lluvia, con la visera hacia delante, ladeada hacia un costado o simplemente para atrás. Parecería que la tienen adherida a la cabeza, y a veces por la mugre creería que realmente es así. Creo que es una de esas nefastas modas que importamos de los Estados Unidos.
Concuerdo con el caballero que previamente dijo: -Salvo afortunadas excepciones cada vez se viste peor.

Anónimo dijo...

En el fondo coincido con lo ya dicho. Peeero, si alguno de Vds hubiera nacido en USA a partir de 1990, probablemente tendría hoy varias gorras, con bastante seguridad. Vds. piensan así porque han nacido en un lugar y momento concreto, así que su forma de pensar respecto al vestir no es una verdad absoluta y el ni siquiera considerar a quien no piense igual, creo que es un ejercicio de cerradura mental excesivo. Más aún en el mundo que hoy vivimos, le pese a quien le pese. "Yo soy yo y mis circunstancias", como decía Ortega.

Por otro lado, el blog me parece fantástico. Felicidades

Jorge dijo...

En España casi nadie aprecia la sastrería artesana, muy poca gente viste bien, yo siempre que no haga calor visto con trajes Canali, Pal Zileri siempre hechos a medida con gemelos y relojes de oro, diamantes, zafiros, tiantes, pañuelos de bolsillo algunas veces con sombreros Borsalino.

A mis 27 años visto de una forma bastante elegante, hoy he vestido traje Pal Zileri azul hecho a medida con una tela Delfino Super 150´S, abrigo Pal Zileri azul de cachemira hecho a medida, bufanda Pal Zileri blanca de cachemira, reloj Patek Philippe, gemelos Cartier de oro blanco y diamantes, corbata, pañuelo de bolsillo y cinturón Hermès, zapatos oxfords negros Edward Green, camisa Turnbull & Asser hecha a medida, gafas de sol Oliver Peoples y sombrero Borsalino, en invierno es cuando más elegante se puede vestir y como todo el mundo sabe el verano es el mayor enemigo de la elegancia.

Un distinguido saludo.

Anónimo dijo...

Me encanta el buen vestir pero hoy en día, y si no es estrictamente necesario lo contrario, lo hago de sport pues para mi prima la comodidad y el traje me resulta demasiado aparatoso; me siento asfixiado y envarado a pesar de que , gracias a DIos, tengo una buena percha.
Pero debo decirle estimado Jose Maria, que sigo con asiduidad este su blog y veo, con demasiada frecuencia que muchas veces esos trajes tan elegantes y de buen paño llevan a sus propietarios cuando lo justo y necesario sería que sus portadores los vistiesen con naturalidad y elegancia, cosa poco frecuente.

Un saludo y gracias.

Anónimo dijo...

Lo cierto es que, para vestir bien sólo se necesitan dos cosas: cultura y buen gusto; y si me apuran tan sólo la primera. Es la cultura la que te dice qué vestir, dependiendo de la hora, el lugar, la estación y el tipo de acontecimiento. El buen gusto, que es innato pero siempre necesita ser educado, decidirá el éxito estético de la elección, pero nunca la corrección, ésta corre a cargo de la cultura.
En cuanto al dinero, pues depende. Es un hecho que cuanto peor sea el físico, más necesario es un traje a medida que intente adaptarse, disimulando, a los defectos de cada uno. Y si mides metro noventa no te pongas pajarita y si mides metro sesenta y cinco huye de los sombreros. Sentido común.
Y el mayor enemigo de la elegancia no es el verano, es la estupidez.

Saludos.
Javier.

Anónimo dijo...

La discreta elegancia del marquismo