En un mundo tan monocolor, aburrido y hasta triste, atreverse con estampados y colores alejados de los lisos y oscuros bien puede considerarse un acto de valentía. O al menos de indiferencia ante las miradas ajenas.
Nunca antes el vestir del hombre había sido más homogéneo. Tanto en el sport como en el formal, parecemos clones y salirse de lo aceptado resulta un acto de temeridad. Es esa homogeneidad la que parece imponer que vistamos todos de oscuro, azules, grises, negros, ya sea en pantalones, jerséis o camisas. Y por supuesto nada de estampados que pudieran rivalizar con los lisos. Demos un paseo por un centro comercial por eso de ver mucha gente en muy poco espacio y comprobaremos como la mayoría de las personas visten muy parecido.

Es como si hubieran escogido su ropa, y sus colores, con el solo objetivo de cubrirse, y pasar desapercibidos entre la manada. De esta triste realidad también es cómplice el cliente de sastrería, quien prefiere sus trajes azules, independientemente de que estemos en invierno o verano, sean las diez de la mañana o de la noche, frente a la enorme oferta que ofrecen las mejores casas de telas.
Sorprendentemente, si las telas azules destronaron prácticamente a cualquier otra, los estampados lisos hicieron lo propio con las telas con dibujo. Y en la ropa de sport el escenario es parecido, colores oscuros y estampados lisos. Y en ambos casos patrones estandarizados sin mucha gracia, con alguna licencia a en las camisas. El haber quitado la corbata al traje ha conseguido no solo desprenderlo de elegancia alguna sino, además, quitarle cualquier estilo o sabor. ¿Quién recuerda haberse quedado gratamente sorprendido observando un traje, de sastre o no, que no llevara corbata? Abotonarte una chaqueta de traje sin llevar corbata no consigue si no estropear más ya la fealdad de por sí ese conjunto.

Quizás por todo ello, los conocidos como dos piezas sean la mejor opción para aquellos que quieran vestir con cierta gracia, algo de gusto y personalidad. Es precisamente en los dos piezas donde los estampados tanto en chaqueta como en camisa cobran protagonismo, al poderse incluir líneas y cuadros. También es en estos donde dependiendo del sitio y del momento se pueden incorporar diferentes dibujos y motivos a la corbata.
El tono calabaza es un buen compañero en otoño. Recordemos que una de las pautas del buen vestir consiste en hacer pasar los colores de cada estación a la ropa. De ahí que en primavera se escojan tonos coloridos y alegres y, en cambio, en otoño los ocres, burdeos o marrones sean los que cobren protagonismo. Y dentro de las diferentes tonalidades de ocres encontramos este calabaza.

No solo el color debe combinar con la estación del año, también el tejido debería hacerlo. De ahí que los linos reinen en verano y la cachemira cuando arrecia el frío. Hemos escrito en esta página más de algún artículo de las telas de pelo, así como también de su cuidado, por lo que omitimos volverlo hacer. Solo recordar que si en las lanas merinos encontramos diferentes niveles de calidad, en la cachemira ocurre lo mismo. De ahí que no debiera sorprender que el precio de ciertas cachemiras pueda, como es el caso, duplicar el de otras. Pero si bien una lana merino de calidad normal envejece relativamente bien, la cachemira muy pronto muestra su verdadera cara. Una cachemira mediocre rápidamente muestra el paso del tiempo, dando la sensación de tratarse de una chaqueta con más años de los reales; algo que se aprecia en ese pelo aplastado y con menos alegría que el de las chaquetas de buena cachemira.
Más allá de su función de abrigo, el tacto de una buena tela de cachemira es, para quien le guste este mundo, todo un disfrute. Además, denota el buen gusto de quien la ha escogido, pues hoy ya ni siquiera en jerséis suele ser frecuente esta lana, no siendo pocos los adultos a los que les costaría diferenciar la cachemira de una lana merino. La moda rápida y el consumo compulsivo hacen que se escoja la ropa por su diseño o su color, pero pocas veces por su calidad o composición; más si cabe si esa composición eleva el precio de la prenda.

El tejido 100 % cachemira color calabaza, referencia N759019, perteneciente a la colección Cashmere – 759 de Loro Piana, presenta un gramaje de 300 g/ml, situándose en un rango óptimo para confección sartorial de alto nivel. Este peso confiere al tejido una estructura equilibrada y garantiza una caída natural sin comprometer su ligereza.
El tejido está realizado a partir de cachemira de calidad superior, fibra extrafina, seleccionado por su finura, longitud de fibra y uniformidad, lo que se traduce en una mano excepcionalmente suave, elevada capacidad térmica y excelente comportamiento en uso prolongado. Su construcción permite un buen control dimensional y estabilidad, factores clave para la confección de chaquetas.

En cuanto a la procedencia de la cachemira, Loro Piana es reconocida por su enfoque meticuloso y sostenible en la obtención de esta fibra rara. La cachemira proviene de la Capra Hircus, una cabra que habita regiones montañosas de Asia, sobre todo en Mongolia y Mongolia Interior (China), donde las condiciones climáticas extremas hacen que el subpelo de estos animales sea extremadamente fino y aislante —lo que da lugar a fibras de la más alta calidad. Loro Piana ha trabajado durante décadas para construir relaciones duraderas con las comunidades locales y promover métodos de cría sostenibles, participando incluso en protocolos de certificación de cadena de suministro responsable junto con organizaciones internacionales.
Además, la cachemira que utiliza Loro Piana se selecciona con criterios muy estrictos: solo se emplean fibras que cumplen con estándares de finura, longitud y resistencia excepcionales, lo que conlleva que las existencias sean naturalmente limitadas. La producción de tejidos exclusivos como el de esta chaqueta se realiza en cantidades reducidas, lo que subraya su rareza y el valor de cada metro de tejido.

El principal inconveniente de las telas de pelo como la vicuña o la cachemira es su planchado (en este link el sastre Daniel Daniel Schleissner da algunos consejos para hacerlo correctamente). Y en el de las prendas con un estampado o un color con personalidad, como por color el de esta chaqueta, es escoger las prendas a acompañarla. Como norma general, recomendar que si en el conjunto hay una prenda con demasiada personalidad como esta chaqueta lo más acertado, o al menos lo menos arriesgado, es dejar el resto de prendas con estampado liso y sin tonos llamativos.
Igualmente, si estamos empezando a construir el armario, carece de sentido dedicar el esfuerzo económico de un nuevo traje a una chaqueta que como esta no nos la pondremos más de dos o tres veces en el año. Mejor hacernos primero con unos buenos básicos (link), una variedad de zapatos de calidad (link), unas cuantas camisas tanto de sport como de traje y solo después ir incorporando prendas más especiales.

Conocedores de que aun no siendo extravagante el color de nuestra chaqueta, dicho color no es frecuente, nos decidimos por un corte bastante tradicional. De ahí, que no jugáramos, como en otras ocasiones hemos hecho, ni con la forma de los bolsillos, su tipología de hilera o el forro. Todo en ella es bastante tradicional: dos ojales centrales, tres en las mangas, dos bolsillos tipo luna, uno cerillera y un forro de seda de tono neutro.
Aunque todavía no está terminado, la idea es combinarse con un pantalón tipo, que no, vaquero de vestir con pinzas (pantalón vaquero). Este pantalón si bien imita al típico vaquero su tela es mucho menos rústico asimilándose en caída a la de un pantalón de lana estándar. Sin embargo, conserva un aire desenfadado que, a mi parecer mejor, combina con esta chaqueta. Obviamente, también podría vestirse con un pantalón de franela azul marino claro mandando un mensaje más formal, aunque yo lo vea más con la primera opción.

Joaquín Fernández Prats fue el sastre que se aventuró a coserme la chaqueta, no sin muchos meses entre la elección de la tela y la entrega. La carga de trabajo de las sastrerías españolas vuelve a estar en máximos y tener prisa no parece ser hoy lo mejor – me comentaba hace ya más de un mes un compañero de Joaquín que ya no cogían encargos de chaqués para este verano pues no hay mano de obra capaz de sacar adelante todos los pedidos. Esto ha hecho también que, como todo últimamente, los precios hayan experimentado un aumento considerable.
Continuará…
El Aristócrata




















