MÁS QUE UNA FERIA, UN MUSEO
El salón de vehículos históricos de París, posiblemente el mejor del mundo, celebró la pasada semana sus cincuenta ediciones con una exhibición de joyas sobre ruedas realmente únicas ,y un anuncio muy interesante, el salto del charco para organizar una primera edición en Nueva York, en noviembre de este año.
Por Javier Arias
En 1976, un grupo de entusiastas franceses soñaron reunir bajo el mismo techo una colección heterogénea de vehículos históricos, desde los modelos más sencillos hasta los modelos más sofisticados pasando por coches de carreras de todas las épocas. Además de la exposición de los coches, el punto de encuentro debería servir para el intercambio de conocimiento y experiencias. Una verdadera reunión de amigos bajo un denominador común.
Cincuenta años después, la madurez del proyecto confirma el buen hacer de aquellos entusiastas, y la cita de RETROMOBILE es una prueba inequívoca de que el mundo del coleccionismo de automóviles está más pujante que nunca. Y ojalá siga así muchos años.

En el escenario del espacio de exposiciones parisino de la Puerta de Versalles, la feria ocupó dos pabellones. El primero, dedicado a coches de menos de 30.000 euros, está pensado como nivel de entrada a esta maravillosa afición y en él se podían ver muchas cosas chulas. Fiat 500, Renault 5, Peugeot 205, y hasta algunos Suzuki Samurai made in Linares. Sin duda, una excelente iniciativa para atraer a un público más joven.
UN MUSEO
El pabellón 7, con sus tres plantas a rebosar fue el epicentro del salón. Al entrar, uno se perdía, no sabías donde mirar ni por donde empezar. Como niños en una juguetería, casi corríamos de lado a lado sorprendidos por el altísimo nivel de los coches allí expuestos. Es imposible encontrar muchos de esos coches, fuera de los museos o los libros.

De Alfa Romeo pudimos encontrar joyas como el primer 1.600 Spider Duetto que se presentó en el salón de Ginebra de 1966, con sus líneas esbeltas obra del gran Pinin Farina. Junto a él dos máquinas de carreras excepcionales como el 750 Competizione, una barqueta con un pequeño motor de 1.5 litros pero que gracias a la magia de Carlo Abarth rendía 145 caballos. Y, por último, el famoso ‘periscopo’ un 33/2 de 1967 con el que la marca del Biscione participó en las carreras de prototipos.

Por seguir un cierto orden, en este caso alfabético, otra marca con notable presencia en el salón fue Bugatti. El club francés de la marca es muy activo y fue uno de los fundadores de la muestra. Aunque las máquinas del genio don Ettore Bugatti siempre se han asociado a la competición, y para muestra el curioso T32 Tank, en París, también, pudimos admirar un elegantísimo 101 Cabriolet. Pero sin lugar a duda, la joya del salón fue el tren automotriz con cuatro motores de la marca que en los años 30 rompió el récord de velocidad alcanzado unos impresionantes, para la época, 196 kms/h. Suponemos que entonces las vías eran mejores que ahora.

Y claro, en un salón como este no podía falta una marca como Ferrari. Los vimos en muchos stands, pero donde se encontraron los mejores fueron en el de Christie’s que subastó desde un precioso 250 GT ‘passo corto’, hasta una unidad de mi coche soñado de juventud, el 288 GTO. Pero lo que llevó Richard Mille a su espacio era de auténtica locura. De todos es conocida la afición al motor del relojero, y en París desplegó la artillería pesada: un 166 MM, un 375 Plus, un 250 TR, un 250 LM y los excitantes 330 P4, héroes de Le Mans. Posiblemente, para mí, el mejor stand de RETROMOBILE.
DE CARRERAS Y DE ARTE
Decir lo anterior es osadía, insisto que, en cada planta, en cada stand, en cada metro cuadrado había un coche que te hacía perder la cabeza. Por ejemplo, y para un loco de los rallyes como yo, la muestra de coches del grupo B como el Audi Quattro, el Peugeot 205 T16 o los Delta S4 eran para sentarse durante un rato largo. Y entre ellos, el coche de rally más bonito de la historia, el Lancia 037. Yo los vi correr y nunca olvidaré el sonido de aquellos motores que impulsaban las bestias más salvajes de la carretera.







De Porsche también vimos mucho coche de carreras, desde 911 de rally hasta 904, 917 o un más moderno 919 de Le Mans. Mucho Cayenne tuneado para el desierto, que es la moda y bellos 550, que, vistos al lado de los anteriores, parecen coches de juguete.

Mucho ala de gaviota de Mercedes, y el mejor era una unidad que participó en la Mille Miglia.
Y como no podía menos en París, gran presencia de Renault con sus Alpine y homenaje de aniversario para el simpático Clío.
Me encantó volver a ver el Mazda de Le Mans con motor rotativo, que la marca nipona inscribió para probar las bondades de su motor rotativo Wankel con el que equipaba a los RX.




Para probar la frase de que un coche puede ser una obra de arte, bastó pararse a ver el stand de BMW que exhibió algunas unidades del proyecto Art Cars. Recordemos que durante años la marca bávara promocionó sus coches nuevos enviando una unidad a un reconocido artista para que la pintara. Unidades como el M1 de Warhol o los CSL de Calder o Stella capturaron la atención del público en todo el mundo con una iniciativa realmente original. Incluso España tuvo su hueco en la exposición, cuando el artista canario César Manrique decoró un suntuoso serie 7 a principios de los 90.
MISCELANEA
Junto a toda esa abrumadora muestra de coches, en el RETROMOBILE había mucho más que ver. Algunas motos, como el stand de Ducati o el de las artesanales Brought Superior. La muestra de los vehículos de Steve McQueen y por supuesto un montón de puestos donde comprar modelos a escala, ropa y mil objetos tentadores del mundo del motor.

No faltaron los relojes, con una esquina dedicada a piezas de época donde admiramos increíbles y únicos calendarios perpetuos de Patek y varios Daytona ‘Paul Newman’. Algunos de mayor valor que michos expuestos.






París bien vale una misa, y un salón de clásicos. Si tienen la oportunidad, no se pierdan la próxima edición. EA estará allí de nuevo.




















