sábado, 2 de mayo de 2015

EL NUEVO CONCEPTO DEL LUJO: LA ARTESANÍA

Meses atrás analizábamos la más que interesante frase de Étienne Bonnotde Condillac “una cosa no tiene valor porque cuesta algo, como suele pensarse, sino que cuesta algo porque tiene un valor”. Y hoy el cliente de productos de lujo vuelve, después de una época de excesos, a tener esto muy presente buscando no ya tanto la marca sino el verdadero valor de lo que compra porque, sencillamente, su concepto del lujo ha cambiado. Si hace escasos años lo que se estilaba era presumir de vestir las marcas de lujo más conocidas, hoy son los productos con un gran componente artesanal, realizados a mano y atendiendo a procesos ancestrales, los que representan la máxima exclusividad.

Seguro que todos recordamos como no muchos años atrás logos y marcas ocupaban de manera visible las telas de las camisas, la piel y lonetas de los bolsos, los bolsillos traseros de los pantalones, etc. Fue tal la importancia de este fenómeno que media fauna animal, incluidos caballos, patos, perros, tiburones y alces tuvieron que crecer en tamaño para poder seguir luchando por un sitio en el mercado; tamaño que no siempre se correspondía con la calidad del producto final.
Hoy, para bien, las circunstancias han cambiado y observamos una clara vuelta a los verdaderos principios del lujo: exclusividad, personalización, materiales de primera calidad, artesanía y longevidad; características que todas juntas se traducen además de en un irremediablemente elevado precio, también en un alto valor del producto.

Cuando uno tiene la suerte de experimentar en primera persona la confección de un traje a medida, no tarda en preguntarse cómo puede ser posible que todavía sean muchos los que prefieran pagar un sobreprecio por un traje de confección, de medidas estándar, realizado en su mayoría a máquina y cuya justificación para su elevado precio radica, principalmente, en la marca que aparece en su interior. Por el contrario, en un traje artesanal el cliente puede escoger todos los detalles, desde la composición y color de la tela, la forma de las solapas, el número de botones, el tipo de corte del pantalón hasta las mismísimas entretelas. Además, al cliente se le cose un traje pensando únicamente en su físico y, para ello, se le toman más de veinte medidas, se le realiza un patrón y se le hacen tres pruebas. Todo ello con el objetivo de que ese traje realce sus fortalezas y oculte sus defectos.
Solo el conocimiento de la técnica, los años de experiencia, el esfuerzo y la destreza con la aguja pueden conseguir algo tan importante como disimular un hombro caído, una barriga pronunciada o unas piernas arqueadas. Basta observar a un sastre dibujando un patrón, cortándolo, montando un hombro, cosiendo un ojal o picando una solapa, para entender por qué hoy los gustos más exquisitos no dudan en apostar por el valor de lo artesanal.

Parémonos un segundo también a pensar el porqué de pagar un importante sobrecoste por un zapato a medida. ¿Verdaderamente el valor final de ese zapato es tan superior al de un buen zapato industrial?. Aunque el valor de las cosas materiales es subjetivo, y depende siempre de la percepción personal de cada uno, hay características que sencillamente colocan a uno y otro tipo de zapato en mundos diferentes. Por muy bien terminado que esté un zapato industrial, este al fin y al cabo ha salido de una cadena de montaje mientras que en un zapato artesanal han sido las manos del zapatero y sus viejas herramientas las únicas encargadas de traerlo a la vida. 
Ver a un hormero trabajar un bloque de madera, como ya se hacía en el S. XVI, hasta convertirlo en dos hormas réplicas exactas de las dimensiones y perfiles de cada uno de nuestros pies, habla del verdadero valor de lo hecho a mano. Hoy tenemos la gran suerte de contar con excepcionales zapateros al haber conservado estos las técnicas ancestrales de sus antecesores pero además perfeccionando el diseño como nunca antes se hizo. Más allá de la comodidad extra de un zapato a medida, el contar con suelas y pieles vetadas incluso a la mejor zapatería industrial y la posibilidad de disponer de un diseño totalmente exclusivo, sitúa a la zapatería artesanal en el más alto grado del refinamiento.

La artesanía ha regresado para enfrentarse a un mundo que se mueve con enorme  rapidez. Y lo ha hecho devolviendo a la vida esos pequeños talleres que parecían olvidados, esos utensilios envejecidos por las manos de varias generaciones y aquellos antiguos taburetes de madera. Para estos artesanos, liderados por los maestros de la piel, no importa ni el tiempo ni el número de maletines, baúles o bolsos que sean capaces de hacer. Para ellos, lo verdaderamente importante es la calidad de la mano de obra empleada, la atención a los más pequeños detalles y en que sea, precisamente, el nivel de terminación del producto, y no la marca, el que justifique su verdadero valor.
Si en la sastrería, la camisería, la zapatería o la marroquinería el regreso a los valores es palpable, el fenómeno de la relojería manufacturera ha cambiado totalmente el significado de la palabra lujo. Si antes muchos soñábamos con hacernos con una u otra marca, hoy el cliente de la verdadera alta relojería ya no busca las piezas de estas casas sino las complicaciones que salen de las manos de ciertos relojeros independientes. Complicaciones como la del tourbillon, la repetición de minutos, el calendario perpetuo, la ecuación del tiempo etc. requieren, ya no de fábricas o de grandes nombres, sino de mentes y manos capacitadas para hacerlas realidad. Viendo trabajar a uno de estos relojeros es cuando uno entiende el verdadero significado de la frase de Étienne Bonnotde Condillac.

El Aristócrata

11 comentarios:

Antonio garcía Enrile dijo...

Buenos días,

Estoy encantado con el artículo y totalmente de acuerdo. Creo que esta tendencia ha puesto en marcha de nuevo no solo a los pequeños talleres, sino también a los grandes talleres de las casas de lujo, que han empezado de nuevo ha formar personas en los oficios y dar valor al trabajo bien hecho.
Realmente detrás de piezas artesanas de calidad lo que verdaderamente encontramos son valores olvidados (esfuerzo, constancia, superación ) no debemos olvidar que Hermés una vez fue un guarnicionero con grandes miras,o que LV era un gran maletero que supo adaptarse y crecer , berluti o lobb eran "solo " zapateros artesanos y así detrás de casi cualquier marca centenaria hay una historia parecida donde esos valores cobran todo su protagonismo .
Enrile

dani dijo...

Totalmente de acuerdo en todo. Es incluso extrapolable a muchos ámbitos.

Anónimo dijo...

Verdades como puños!
Pero recuerda q no se le puede pedir peras al olmo. Y en este mundo hay mucha nuez. Aunq pensándolo bien hasta mejor. ¿Se imaginan a Messi o Ronaldo vistiendo medianmente bien? Si lo hicieran, entoces ya seríamos como ellos y eso sí q sería el acabose.
Justin

Anónimo dijo...

Si Messi y Ronaldo vistieran bien, únicamente vestirían bien. Su comentario cae en el mismo defecto que Messi y Ronaldo, el vestir bien de forma clásica no entiende de si muchos o pocos lo hacen... entiendo yo. Comentario tremendamente snob el suyo. Por cierto, me alegro sobremanera que usted vista bien.
Carlos López

Anónimo dijo...

Apunta EA en su artículo un dato que me parece crucial y es el notable descenso en la calidad en los productos de muchas marcas de lujo. Uno se da cuenta de que pagar 400 €uros por unas deportivas de plástico pegado con logos o colores significativos es una gran estupidez, por ejemplo.

Héctor Castañeda.

Anónimo dijo...

Al hilo de ciertos comentarios, deseo hacer constar que los zapatos 100% españoles "Magnani" están a la altura de la considerada como mejor marca de zapatos que existe hoy por hoy en el mundo: Sebago.
Magnani es mas barata, no porque sean peores zapatos, sino porque fabricar en España es mas barato que en Estados Unidos.
No echemos por tierra lo español, que cuando vienen los extranjeros alucinan con lo que tenemos aqui...
No nos creamos todo: zapateros que son artistas, que todo lo hacen a mano... ¡que hablamos de zapatos, no de esculturas!

El Aristócrata dijo...

Hombre, yo creo q decir q Sebago es la mejor marca de zapatos del mundo es como poco una enorme exageración.
EA

Anónimo dijo...

Mas que exageración es ignorancia diría yo, en lo que si que estoy de acuerdo con este señor es en el comentario sobre la casa MAGNANI, gran colección y gran calidad ESPAÑOLA 100%, que no tiene que envidiar nada a italianos o ingleses ni en calidad ni en diseño, el que vaya dentro de un mes a Pitti allí vera a los tres hermanos batiendose el cobre para exportar porque tristemente su mercado esta fuera de España, pues aquí no les reconocemos su trabajo, grandes.


FERRUZZO

Antonio garcía Enrile dijo...

Supongo que estará bromeando.

Enrile

Anónimo dijo...

Magnani es una gran marca, sin duda, pero... Sebago? Es una broma, no? Y lo de que tan solo son zapatos.., pues sí. Tan solo son zapatos, y tan solo es comida, y tan solo es un coche, y tan solo es un libro... Si aplico su razonamiento, no me compro ni unos Magnani. Me compro unos fluchos y tan contento. Y por favor, no olvidemos que Magnani no es la única marca española que existe. También verá a los Albadalejo "batiéndose el cobre". Y en cuanto al comentario sobre los zapateros artistas..., pues qué quiere que le diga: tenemos entre otros a Vilalta y Enrile, a los que yo no trataría simplemente de zapateros. La creatividad también existe en los zapatos.

Lenin Leonardo Macana Guerrero dijo...

Siguiendo a su consejo Don José María creo que mi correo quedaría bien en este artículo publicado hace unas semanas;

Cordial saludo Don José María, a través de su página me pone a pensar muchas cosas acerca de la sastrería artesanal. Para mí es muy valioso el trabajo manual de un artista, desde un pintor, un carpintero hasta un sastre y zapatero. La tecnología no tiene esa sensibilidad para reflejar lo que puede un ser humano, sin embargo, se me atraviesa por la mente que pasaría si se hiciera uso de ciertas herramientas tecnológicas para que el artesano haga lo suyo, me refiero a un sastre o un zapatero, que si bien, aparte de hacer un arte deben venderlo y necesitan de clientes que los visiten o ellos los visiten por lo que toma tiempo al igual el hacer la pruebas antes del traje final demanda paciencia para el cliente, alguno de los procesos se pudiera acelerar con tecnología sin afectar el resultado final y sobre todo el trabajo manual pueda ser una nueva etapa que reviva la labor de los sastres y zapateros como en su época dorada?

Me refiero precisamente a tecnologías como un escaner 3D portatil que si bien se usa ahora en la medicina para la ortopedia, por ejemplo, y toma las medidas reales y precisas de un cuerpo no se podría usar para que una persona que desee hacerse con un traje de un sastre que no está en su ciudad o país, pudiera ser escaneado y sobre la información de ese escaneo el sastre pudiera empezar su trabajo y quizá ahorrar el número de pruebas para que el cliente disfrute su traje? igualmente para un zapatero que teniendo el escaner de los pies de su cliente en un programa CAD pueda hacer las hormas incluso más rápido si tiene una impresora 3D?

Bueno mi estimado Aristócrata, quería poner esta inquietud o reflexión que tuve para saber que opinaba usted acerca de que la tecnología brinde unas ayudas en tiempo a los artesanos y al cliente para así ser llamativo sin dejar de ser exclusivo y de igual manera democratizar la sastrería como también demostrar que la artesanía también puede competirle a la manufactura industrial.

Gracias por su atención.