sábado, 14 de marzo de 2020

LA CAMISA

Estimados amigos:

Para esta semana tenía pensado publicar un artículo sobre el calzado más de sport. Sin embargo, a tenor de os acontecimientos he preferido dejaros un extracto de mi primer libro. Por su extensión creo que en estos momentos de casa pudiera ser mejor bienvenido. Seguro que aquellos que pagaron por el libro entienden que lo comparta gratuitamente.

“Un ojal realmente bien hecho, es el único vínculo entre el arte y la naturaleza.”  Oscar Wilde

La camisa es seguramente la prenda del armario del hombre más antigua de cuantas han llegado a nuestros días. No obstante, sería erróneo pensar que aquellas primeras camisas eran similares a las que hoy visten.

La camisa, tal y como se conoce hoy, es decir con una tira de botones en su parte frontal  no hace su aparición hasta 1871. No obstante, muchos siglos antes los hombres ya vestían una especie de camisola cuya evolución terminó derivando en la camisa actual. 

Hasta entonces los hombres cubrían su cuerpo con una especie de túnica de hilo que sin tener en cuenta medida alguna descansaba sobre sus cuerpos de forma holgada. Tanto estas túnicas como sus posteriores evoluciones se caracterizaron por tener que pasarse por la cabeza, como hoy se hace con las camisetas, para poderse vestir.
Si bien hoy no hay problema alguno en mostrar la camisa al exterior esto no siempre ha sido así. Hasta bien entrado el S. XIX las camisas eran consideradas como prendas de ropa interior y consecuentemente estaba totalmente prohibido mostrarla. Carecía de finalidad estética y solo servía para proteger del frío y para evitar que los olores corporales se filtrasen en las prendas exteriores sirviendo de parapeto frente a estos. Igualmente, las no pocas veces ásperas prendas exteriores obligaban a contar con camisas que protegieran el cuerpo del roce con aquellas. Con el mismo propósito las camisas eran cosidas con mangas largas y un cuello bastante alto. 

La consideración de la camisa como prenda interior explica por qué no es conforme a protocolo ni presentarse ante una dama en “mangas de camisa” ni desprenderse de la chaqueta en restaurantes. Si con seguridad ningún hombre se sentará a la mesa en camiseta interior tampoco lo debería hacer en camisa ya que al menos en este sentido el protocolo sigue considerando a ambas prendas como similares.
En la época Isabelina, la extravagancia de la época se apodera de los puños y de los cuellos de las camisa rematando ambos extremos con gorgueras de gran tamaño. A finales del S. XVIII, los encajes, las gorgueras y las camisas de almidón dejan paso a terminaciones menos pomposas de hilo blanco. Hasta la llegada de los primeros gemelos, los puños se cerraban con lazos de seda. Igualmente, las camisas sin ser tan armadas como antes si siguen contando con volantes abotonándose los cuellos con lazos y broches preciosos.  

Sólo a partir de finales del S. XIX la camisa empieza a ser considerada como otra prenda exterior y por tanto se empiezan a cuidar tanto sus medidas como su aspecto final. Es en estos años cuando la camisa blanca se apodera casi en exclusiva de los armarios de los hombres. 

La camisa blanca obligaba a los hombres a mantener una pulcritud total para evitar manchársela y evitar que sus amistades apreciaran cualquier tipo de mancha en ella. Solo los hombres más adinerados podían cambiarse varias veces al día de camisa y no mostrar mancha alguna por lo que la camisa blanca se convierte en la prenda fetiche de la alta sociedad de la época.
Por esta misma razón, las camisas a rayas o estampadas no eran aceptadas por la burguesía de entonces ya que se podía pensar que tras esos estampados se escondían posibles manchas. Para que nadie pudiera pensar semejante barbaridad y que los señores pudieran presumir de la clase social a la que pertenecían empezaron a vestir camisas con algún tipo de estampado pero manteniendo el cuello y los puños de color blanco.

Al ser todavía muy poco frecuente por parte del hombre no acompañar a su atuendo con algún tipo de chaqueta, los cuellos eran la parte más expuesta al exterior y consecuentemente más propensa a mancharse. Por ello y para evitar estar cambiando continuamente de camisa, de hacer caso a la historia de la vestimenta masculina, la Sra. Hannah Montague, en 1820, cansada de estar lavando continuamente las camisas de su marido decidió coserlas con un cuello desmontable para que con solo intercambiar éste y sin necesidad de volver a lavarla poder tenerla nuevamente de un blanco impoluto. 

Según las fotografías que han llegado a nuestros días, ya a principios del S. XIX se empiezan a introducir diferentes colores y estampados en las camisas. Si bien la alta sociedad de entonces sigue manteniendo el blanco como color predilecto en sus camisas, la clase trabajadora viste camisas azules cuyo color disimulaba algo mejor que el blanco las manchas que se formaban en ellas a lo largo del día.
Tuvo que andar todavía mucho el siglo XIX para que la aristocracia de época termina vistiendo también camisas de color. Sin embargo, todavía entonces ésta prefería mantener el cuello y los puños de la camisa de un blanco impoluto para así poder seguir manteniendo su status frente al exterior. 

Desde el S. XX las camisas de color o con algún estampado son aceptadas en la mayoría de los lugares. No obstante, los estampados lisos o a rayas siguen siendo los más adecuados para vestirse en un ámbito formal y en la ciudad. Por el contrario, las camisas a  cuadros son más informales y su uso siempre es más adecuado en el campo o fuera de la ciudad.

Las camisas de vestir no contarán con botones en el cuello, no tendrán bolsillo y serán siempre de manga larga. Si bien los puños pueden ser sencillos o dobles, según sea la preferencia de cada hombre, la posibilidad de acompañar a la camisa con unos gemelos aporta a ésta un toque muy especial y elegante. 

Cómo identificar una camisa de calidad

La oferta de camisas es hoy mayor que nunca. Sin embargo, la calidad de las mismas es cada día menor.

El hecho de que hoy un determinado cuello, un color o un logo sean suficientes para que la mayoría de los hombres decidan qué camisa comprar ha servido de excusa a las principales marcas para bajar considerablemente la calidad de sus camisas. Es muy poco probable que en el proceso de compra de una camisa el cliente pregunte sobre la composición de la tela, el número de cabos o el tipo de trenzado del hilo. Y si lo hace no sería de extrañar que más de un dependiente le mirase con cara de sorpresa.
A la hora de identificar una buena camisa se deberá tener en cuenta tanto el tejido de la misma como su terminación:

1- Así pues, en primer lugar es indispensable asegurarse de que la camisa esté confeccionada con una tela de calidad. Un buen tejido proporcionará una mayor duración a las características y colores de la camisa. 

Las tres notas básicas que establecerán la calidad del tejido serán la composición, el hilo y el tipo de trenzado. 

Respecto a la composición se deberían buscar compuestos naturales como el algodón, la lana, el lino o la seda. Se huirá de las mezclas donde el poliéster esté presente ya que la calidad de la camisa final se verá perjudicada. 

La composición que hoy se encuentra con más frecuencia es el algodón. Dentro del algodón existen diferentes calidades dependiendo por un lado de su suavidad y resistencia y por otro de la longitud de la hebra. Cuanto más larga sea la hebra mejor. Las mejores camisas de algodón serán las fabricadas con algodón peruano, egipcio o con el archiconocido Sea Island.

La elección del tipo de hilo es igualmente de gran importancia al ser la unión de muchos de éstos los que dan lugar a la tela resultante. El hilo puede estar formado por uno o por dos cabos. El hilo de calidad siempre será a dos cabos, esto es, dos hilos entrelazados y enrollados entre sí que aportan mayor duración a la camisa. 
Otro término con el que seguramente se encontrarán los hombres que acudan a una camisería de prestigio será el que se indica con un “2x2”. Una buena tela además de ser a dos cabos debe contar con hilos verticales (urdimbre) y con hilos horizontales (trama). A esto es a lo que se denomina 2x2. 
Para terminar con las características del hilo es obligado hablar del grosor del mismo o, lo que es lo mismo, del título. Cuánto más delgado sea el hilo, mejor será su tacto y la calidad de la camisa resultante. Una camisa de calidad normal suele tener un título de unos 50´s a un cabo; una buena de unos 80´s a dos cabos; y sólo las mejores tienen un título por encima de 100´s…. y siempre a dos cabos.

La última característica que se debe tener en cuenta a la hora de escoger la tela de la camisa es el trenzado del hilo. Según sea el tipo de trenzado se conseguirá una textura u otra. Existen infinidad de trenzados como el popelín, el oxford, el piqué, la viyela, el voile, el fil a fil, el twill, la franela, la pana etc. El trenzado escogido será el responsable tanto del aspecto final del tejido como de lo caluroso de la camisa.
Una camisa que cuente con una buena tela y sea cuidada con cierto mimo puede durar hasta seis años incluso lavándose una vez por la semana.

2- Una vez comprobado que la camisa cuenta con la calidad deseada hay que cerciorarse de que la terminación de la camisa está acorde con los más altos estándares de terminación.

Si en solo detalle tuviera que fijarse un hombre para establecer si la camisa que tiene delante de él cuenta con una buena terminación éste sería sin lugar a dudas el cerciorarse que efectivamente los dibujos casan en las diferentes costuras. Esto se puede apreciar con facilidad en la unión del hombro y de la manga. El que en una camisa no casen las costuras no significa que no se hayan podido cuidar el resto de detalles. Pero, sin embargo, una camisa donde no casen los dibujos nunca podrá ser considera como una gran camisa. 
La otra característica que junto al casamiento de los dibujos establecerá el mayor o menor nivel de la calidad de la terminación de la camisa será la calidad de la mano de obra empleada. Hoy exceptuando las camisas que se confeccionan a medida, y no todas, éstas se cosen a máquina y no por las manos de camiseros. De no acudir a una camisería y mandar confeccionar a medida la camisa, algo muy aconsejable como veremos en el siguiente capítulo, hay que asegurarse de que al menos los ojales sí han sido cosidos a mano. 
Es poco frecuente en una camisa de confección industrial encontrar su parte alta trasera dividida en dos partes. El uso del canesú en la camisería industrial no deja de ser un instrumento de marketing pero siempre es bienvenido al darle a la camisa un toque más artesanal.

Solo en las mejores camisas de confección se podrán encontrar pinzas en la espalda que  aporten mayor amplitud de movimientos. De no contar con ellas al menos habrá que conseguir que la camisa quede lo suficientemente entallada como para evitar cualquier exceso de tejido en la parte posterior de la camisa y así evitar tener que ajustarla constantemente.

Una buena camisa debe ofrecer la posibilidad de introducir en el cuello unas ballenas que permitan mantener las puntas de éste rectas y conseguir de esta forma que no se despeguen de la pechera de la camisa. Las ballenas se pueden encontrar en materiales como plástico, níquel, plata, madre-perla etc. En algunos casos existe la posibilidad de bordar sobre ellas las iniciales o el nombre. Por normal general, las buenas camisas llevarán un juego de ballenas de repuesto.

En las zonas donde se produce un mayor desgaste, la camisa contará con un dobladillo de la tela y cosido con una doble costura. 
Otro de los detalles que diferencian a una buena camisa es el número de puntadas por centímetro con las que se hayan cosido las diferentes piezas de la camisa. Cuantas más puntadas haya, más resistente será la camisa. Una camisa de calidad deberá poder presumir de contar con al menos ocho puntadas por centímetro. 

Los botones suelen ser de algún material resistente como el nácar. Los más utilizados por su particular resistencia son los botones del material conocido como madre perla. 

Uno de los detalles que claramente establece la calidad de una camisa es el número de pliegues que unen la manga con el puño. Normalmente, una camisa de mediana calidad no suele contar con más de dos pliegues. Sin embargo, una camisa de alta calidad suele lucir siempre un mínimo de tres. 

La existencia de un pequeño triángulo uniendo la parte delantera y trasera de la camisa denota esmero en la fabricación de la camisa y la hace más resistente. Sin embargo, aunque hoy este detalle es introducido por muchas casas de camiseras como un mero instrumento de marketing.
Al igual que ocurría cuando se hablaba de la importancia de la calidad de la mano de obra en la confección del traje, en las camisas también ésta resulta vital. Si bien encontrar una camisa cosida enteramente a mano es imposible de no acudir a una buena camisería, al menos los ojales y los botones sí deberían estar cosidos a mano.

Aquellos señores que así lo deseen deberían contar con la opción de poder grabar sus iniciales en la camisa. 

Hasta finales del S. XIX los cuellos de las camisas podían ser de dos tipos. O de ala, todavía presentes acompañando al frac y al esmoquin, o vueltos. Igualmente, existía la posibilidad de comprar ambos cuellos por separados e intercambiarlos según la ocasión lo requiriese. 

Hoy la oferta de modelos de cuellos es muy variada y su correcta elección además de los gustos personales también de las medidas y particularidades del rostro del hombre. 

Medidas a tener en cuenta en su elección

Una correcta hechura de la camisa puede disimular desde una nuez abultada o un cuello con exceso de papada hasta, por ejemplo, un hombro caído. Si bien conseguir esto resulta imposible de no acudir a la camisería a medida, conociendo los trucos que a continuación se exponen resultará siempre más fácil acertar con la elección de esa nueva camisa.  

Normalmente cuando un señor  va a adquirir una camisa se fija principalmente en el diseño de la misma para orientar su elección. La mayoría de las veces es un tipo de línea o un modelo de cuadro el que hace al hombre decidirse por una camisa u otra. Este tipo de diseño unido al color de la camisa es lo que finalmente decanta la elección de una camisa u otra.
Sin embargo, cada día más, el potencial comprador se fija en los diferentes tipos de cuellos para hacerse con una camisa u otra. Por ello, el cuello se ha convertido en un elemento más de marketing de las casas de moda para atraer a nuevos clientes. 

La elección del tipo de cuello es de gran importancia ya que escogiendo, por ejemplo, un cuello más abierto u otro más cerrado se podrá dar entrada a un nudo más fino o a otro más gordo. Igualmente, la abertura del cuello así como el largo de sus puntas obligará a optar por una chaqueta con las solapas más abiertas o más cerradas.

A pesar de esto, son todavía muy pocos los señores que escogen un tipo de cuello ateniendo a la complexión de su rostro. Una buena relación entre el cuello de la camisa y el rostro de su portador puede conseguir desde adelgazar una cara ancha hasta encoger un rostro alargado.
Así, los hombres con la cara estrecha deberán buscar cuellos con solapas separadas y cortas. El conocido como cuello italiano será el más indicado para ellos. Según sea la estrechez del rostro así deberá ser el grado de abertura de las puntas de su camisa. Para los rostros más estrechos el cuello conocido como full cutaway, caracterizado por tener sus solapas muy separadas, será de gran ayuda. 

Si se acompañase una cara delgada de un cuello de puntas largas y solapas próximas entre sí sólo se conseguiría acentuar si cabe más la estrechez de ese rostro.

Los señores de cara ancha o redondeada, por el contrario, saldrán más favorecidos de escoger cuellos estrechos y de puntas largas. Escogiendo un cuello inglés, caracterizado por tener las solapas visiblemente más alargadas y estrechas que el italiano, estos hombres conseguirán engañar al ojo curioso mandando al exterior un mensaje de rostro poco grueso. 
Si los hombres de rostro redondeado se decantan por un cuello italiano darán la impresión de tener un rostro todavía más ancho del que ya poseen. 

Aquellos hombres que contando con un rostro normal pero algo ancho encontrarán en el cuello francés un buen aliado. El cuello francés es muy parecido al inglés en cuanto a sus puntas alargadas. Sin embargo, éstas están algo más separadas dejando ver una parte mayor del nudo de la corbata. Al igual que el inglés, el cuello francés da la sensación de alargar el rostro del caballeo que lo viste produciéndose con dicho alargamiento automáticamente un estrechamiento del mismo. 

Los señores que tengan una cabeza alargada deberán decantarse por camisas con cuellos con puntas también alargadas y de solapas anchas. Estos señores de escoger un cuello con solapas de reducidas dimensiones acentuarían el largo de su rostro. Por ello, deberán buscar cierta homogeneidad escogiendo puntas más largas.
Por el contrario, aquellos hombres de rostros chatos escogerán un cuello con puntas cortas para alargar varios centímetros su contenido rostro.  

También es importante antes de escoger una camisa u otra analizar el tamaño de la cabeza. Así pues, los hombres con una cabeza de dimensiones importantes deben escoger camisas con un cuello con solapas anchas y abiertas. Según sea mayor el tamaño de esa cabeza mayor deberá ser el grado de abertura de las solapas del cuello. 

Sin embargo, aquellos señores con una cabeza de reducidas dimensiones tendrán que buscar camisas con solapas pequeñas para que les hagan aparentar tener una cabeza más grande.  

Si la fisionomía del rostro y de la cabeza es importante para escoger ese cuello que mejor resultado puede proporcionar a la imagen final, también resulta fundamental analizar la longitud del cuello de cada hombre. Jugando con los diferentes tipos de cuellos de camisa se puede disimular un cuello largo o alargar uno de reducidas dimensiones. 
Los señores de cuello largo saldrán favorecidos de vestir camisas con cuellos con puntas largas y solapas anchas ya que este tipo de camisas dan la impresión de acortar el cuello. Si bien este pequeño truco puede ayudar a los hombres a disimular su largo cuello, no hay nada como acudir a la camisería a medida y mandar coser un cuello a la camisa que abotone más arriba que lo que hacen normalmente la mayoría de las camisas.

Por el contrario, si el cuello del hombre es corto el cuello de la camisa deberá ser también de reducidas dimensiones. Igualmente, dependiendo del nivel de acortamiento del cuello así deberá ser el grado de apertura de las solapas del cuello de la camisa. Cuanto más corto sea el cuello del hombre más abiertas las solapas del cuello de la camisa deberán estar. 

Basta con ponerse delante de un espejo con camisas con diferentes tipos de cuello para de un rápido vistazo ver como el mismo rostro puede engordar, adelgazar, estirarse o encogerse de usar uno u otro. 
Una vez se tenga claro qué tipo de cuello es el que mejores resultados aporta a cada hombre hay otros detalles que también son importantes considerar antes de decidirse por la compra de una u otra camisa.

Así pues, resulta importante que bajo el nudo de la corbata se esconda la tela que separa los picos de la camisa. Si los picos del cuello están muy separados podría ocurrir que el nudo de la corbata no fuera suficientemente grande para ocultar tras él toda la tela y quedara a la vista parte del cuello de la camisa. Por ello resulta aconsejable antes de adquirir una camisa tener en cuenta el tipo de nudo preferido por cada hombre.
Es de todo punto fundamental que los puños de la camisa sobresalgan por las mangas de la chaqueta. Esta es una norma básica de la elegancia masculina que sin embargo no es tenida en cuenta por los hombres tanto como fuera deseable. Debido a que las mangas de la chaqueta se marcan en el momento de la prueba, sin ni siquiera a veces el cliente haber dado unos pasos con ella puesta, es frecuente que una vez en casa y tras vestirla unas cuantas horas las mangas de ésta parezcan haber “encogido”. 

Con enseñar un centímetro y medio del puño de la camisa será suficiente. En todo caso y para estar seguros de que la parte del puño que sobresale de la manga no es excesivo bastará con cerciorarse de que el gemelo o el botón quedan ocultos por manga de la chaqueta.
Resulta conveniente que la longitud de la camisa sea lo suficientemente larga para que no se salga del pantalón incluso al agacharse. Por este motivo, no habrá que alarmarse de encontrar camisas cuya parte trasera fuera más larga que la delantera.

Si bien una camisa nunca será una camiseta y por lo tanto no debería quedar tan ceñida como ésta, sí es importante que se adapte al cuerpo sin que quede visiblemente holgada. Tan  importante es, por ejemplo, que no tire de la sisa como que no se formen bolsas en los costados. Tan feo es el efecto óptico de unas mangas largas como que quede estrecha a la altura del pecho.

El fuerte marketing de ciertas casas de ropa ha conseguido que a la hora de comprar una camisa los hombres den demasiada importancia a su etiqueta. Sin embargo, todavía quedan señores que conocen de la importancia de contar con una buena tela y con una acertada hechura. Para estos, la marca que lleve cosida su camisa es algo secundario y prefieren gastarse su dinero en camisas hechas a medida y a mano donde no es un logo sino la hechura la que habla de la calidad final de la prenda adquirida.
La camisa de confección industrial, al igual que se vio cuando se hablaba de los trajes, está pensada para ser vestida por un hombre con unas medidas estándar las cuales no tienen por qué coincidir con las del señor que finalmente va a adquirir la camisa. Puede ocurrir, por tanto,  que si bien el cuello y el largo de las mangas se adapten a su comprador esto no ocurra con el resto de medidas. Así, un hombre con un tórax fornido y otro con uno delgado pueden perfectamente terminar escogiendo la misma talla de camisa con resultados muy diferentes. 

Por todo ello y para asegurarse que la camisa cuenta con las medidas perfectas, los hombres más exigentes con su imagen terminan siempre acudiendo a la camisería a medida; entendiendo por camisería a medida aquellas que obviamente van mucho más allá de limitarse ofrecer a sus clientes una tela, unos tipos de cuellos y unos modelos de puños. 

Con el objetivo de que la camisa no forme arruga alguna y de la sensación de ser sencillamente como una segunda piel, al privilegiado cliente de una buena camisería a medida se le tomarán varias medidas. Así pues, se le medirá desde el pecho, la cintura, la cadera, la longitud de los brazos, la espalda, el contorno del cuello, ambas muñecas etc.
Después de la toma de medidas se dibujará un patrón por cada pieza de la camisa el cual se pasará a la tela para ser cortado. Al contrario de lo que ocurre con los trajes a medida, la camisa a medida no se suele probar en mitad de su proceso de confección. Solo las camiserías más prestigiosas darán a su cliente un prototipo de camisa con las medidas finales para que la vista y la lave unas cuantas veces y de esta forma poder hacer los últimos ajustes sobre la que será la camisa final. 

Igualmente, el cliente de la camisería a medida puede escoger desde la longitud, el ancho y el grado de apertura de los picos del cuello hasta una forma más redondeada o más en línea recta. Igualmente, podrá diseñar el tipo de puño que más le guste, podrá elegir el número de pliegues que unan la manga al puño, un cuello con entretela o termofijado, el largo de la parte trasera de la camisa etc. 

Otra gran ventaja de la camisería a medida es que sus camisas duran más. Esto se debe principalmente a dos motivos. Por un lado, las telas empleadas son de mayor calidad y por lo tanto son más resistentes, y por otro, aquellos hombres que vean como con el tiempo el cuello de sus camisas se les termina rozando o el puño se les desgasta por el propio uso o por el roce con el reloj sólo tendrán que acudir a su camisería para que usando la misma tela le cambien las partes afectadas. 
Con seguridad, el afortunado cliente de una buena camisería no tendrá que preocuparse ni de que casen los dibujos de las diferentes costuras, ni de que los ojales estén cosidos a mano, ni tan siquiera tendrá que comprobar que su camisa cuente con más puntadas por centímetro que lo que con seguridad hará la mejor camisa industrial.  Todo ello se dará por descontado y simplemente el nuevo propietario tendrá que limitarse a disfrutar viendo como su camisa no muestra arruga alguna independientemente de la situación que adopte olvidándose, igualmente, de ajustarse el sobrante de la camisa por debajo del pantalón como sí lo tendrán que hacer los hombres que hayan acudido a la camisería industrial.

Si se tiene en cuenta que hoy tristemente en todos los lugares de trabajo los hombres se desprenden de su chaqueta parece más obligado hoy que nunca cuidar la elección de la camisa  prestando una especial atención a sus medidas. 

El Aristócrata

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bonito gesto. Gracias!

Salvador López dijo...

Un artículo muy interesante.
Habían detalles que desconocía.
Muy útil.

Muchísimas gracias.

Tenemos que mantener nuestros valores porque lógicamente esta situación pasará y tendremos que seguir mostrándonos elegantes y con estilo.

Un abrazo a todos los compañeros del blog.

Salvador López.

Anónimo dijo...

Muy buena nota, la mejor que leí sobre camisas, muchas gracias!