sábado, 20 de julio de 2019

DEL PORQUÉ DEL TÉRMINO FORMAL O POR QUÉ NO SE DEBE VESTIR ESMOQUIN EN LAS BODAS

En vista de la polémica levantada en torno a la ropa más correcta de vestir en las bodas y del porqué el esmoquin no debería tener cabida en ellas, quizás convenga repasar algunos conceptos básicos pero fundamentales. 

Todos los conjuntos de hombre quedan englobados bajo alguno de estos dos encabezados. ¿Cuántas veces hemos escuchado o leído en una invitación eso de “vestimenta formal”, “casual” o “informal”? Aunque en español asociemos el término “formal” con prácticamente toda combinación donde la corbata esté presente, e informal a aquellos donde ésta, o incluso la chaqueta, podría estar ausente, esto no es del todo exacto. 
Estando ya muchos lectores de vacaciones, y con algo más de tiempo para profundizar en los principios básicos de la vestimenta del hombre, cabe mencionar que los términos “formal” e “informal” provienen directamente del inglés y si bien se escriben igual su significado dista mucho en unas latitudes y otras. En el Reino Unido ambos términos, formal e informal, hacen referencia a combinaciones donde la corbata, estándar o de lazo, está siempre presente. En España, en cambio, por “informal” se llega a entender desde una chaqueta con unos chinos hasta un vaquero con un polo. Dicho esto, ambos términos han evolucionado con el tiempo llegando, incluso, a incorporar uno nuevo: el “semi-formal”. 

Así pues, el código de vestimenta más purista británico establece que el chaqué y el frac son atuendos formales, el esmoquin y el stroller semi-formales y el traje de chaqueta una prenda puramente informal. Para el protocolo inglés la diferencia entre ambos términos radica en la longitud de la chaqueta. Mientras que el atuendo formal se caracteriza por contar con una chaqueta con longitud por su parte trasera hasta la rodilla, en el atuendo semi-formal e informal la chaqueta es visiblemente más corta. 
Atrás quedó la época Victoriana y Eduardina donde los hombres vestían chaqué o frac por el mero hecho de que una mujer estuviera presente – el chaqué con luz solar y el frac sin ella.  Solo cuando estas no estaban, y siempre de noche, se permitían vestir sus esmóquines. Y es precisamente por el carácter formal de la boda y el lúdico del esmoquin por el que nunca se debería vestir este en aquellas, algo que sigue hoy tan presente como entonces. 

Desde entonces algunos conceptos han evolucionado. Concretamente si antes de la I Guerra Mundial y en el periodo de entre guerras el frac era considerado como el conjunto a vestirse después de las seis de la tarde, terminada esta el frac se reserva ya a actos de gran solemnidad. Igualmente, el esmoquin empieza a vestirse a la noche en momentos lúdicos convirtiéndose en los años treinta en el atuendo semi-formal más popular. 
Terminada la II Guerra Mundial, el traje de chaqueta reemplaza al chaqué por la mañana y se empieza a vestir incluso por la tarde, momento en que la vestimenta del frac pasa a ser puramente testimonial. 

Es a partir de los años sesenta y setenta, con la llegada de la conocida Peacock Revolution, cuando una juventud deseosa de romper reglas destierra para siempre la forma de vestir de sus padres. Si bien todavía por aquel entonces los sectores más tradicionales seguían prestando atención a la clasificación de atuendos formal e informal, la gran mayoría ya aceptan como “formal” la mera vestimenta de un sencillo traje. 
Y algo similar ocurrió con la evolución del término “informal”. Si el hombre de los años 20 entendía por acto informal vestir traje o esmoquin, el de los 40 asociaba ese término ya únicamente con el de traje. A partir de los 60 los conceptos “casual” o “informal” se asocian con conjuntos donde podría estar presente una chaqueta, pero no ya la corbata. 

La clasificación original de “formal” e “informal” es la que se debería tener en cuenta cuando surgiera la duda o no se tenga claro qué busca el anfitrión en su invitación. Mejor que se equivoque él con el término utilizado que nosotros intentando interpretar sus pensamientos. 
Dicho esto, el relajamiento reciente en el vestir obliga a repensar el significado de ambos términos según el ambiente y el perfil de la persona que invita. Y si invitamos nosotros, no corramos riesgos. Escribamos: “frac”, “chaqué”, “esmoquin”, “traje” o “chaqueta” y omitamos términos ingleses que solo conducen a confusión.  

El Aristócrata

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesantísimo vídeo el de esta semana. Ojalá haya más de este tipo.

Anónimo dijo...

Espero que por fin quede zanjada la polémica. Gracias por explicarlo.
Saludos. Andrés

Anónimo dijo...

Hay tanto paleto en este país que no se yo

MANUEL ALBA dijo...

Sugerente e interesante materia la de esta semana en un tiempo en el que todo lo que en tiempo de nuestros padres y abuelos resultaba encajar dentro de los cánones de unos modos y unas normas que no todo el mundo tenía por que asumir, pero que quienes las asumían y las aceptaban, por los motivos que fuesen, lo hacían con rigor y de buen grado. hoy se descarta o peor aún, se vulgariza.
No todo el mundo había de utilizar chaqué, ni frac, ni utilizar para acontecimientos tales como su boda unas prendas extrañas, por decirlo de algún modo, a los hábitos, usos y costumbres del entorno social en el que se desarrollaba la vida social de cada persona.
La cuestión fundamental era, y debería seguir siendo, vestir en cada ocasión con la dignidad y el decoro que la ocasión merece, y esa dignidad se rompe con la desmesura.
Con la aclaración de esta semana se fijan unas cuestiones fundamentales, pero si me lo permiten, quisiera señalar que, además, en esta época se ha superado la barrera del ridículo adoptándose una serie de indescriptibles atuendos como trajes de gala o ceremonia, superando no ya el asistir a determinados acontecimientos, como una boda, en esmoquin, sino con esos disfraces indescriptibles que se hacen frecuentes ya en las vidrieras de los propios comercios especializados en el ramo.¡Eso no es vestir con decoro!.
Siempre se ha utilizado el típico traje oscuro, algo tradicional, digno, para las ocasiones especiales, cuando no se ha vivido la costumbre familiar o social del uso de otra indumentaria de ceremonia por tradición o costumbre y creo que a nadie se les ha ocurrido, y entre ellos me cuento, asistir a un acontecimiento en el que se sabe que no va a utilizarse trajes o vestuario de especial ceremonia por los protagonistas, por ejemplo una boda de mañana en la que va a imperar el traje oscuro y discreto, enfundado en un chaqué, porque resultaría fuera de lugar. En el ridículo se cae tanto por defecto como por exceso.
España, la España tradicional, ha sido siempre discreta y muy ejemplar en estas cuestiones, y a lo largo de los tiempos, y para ello consultar los viejos álbunes fotográficos es de los más ilustrativo, ha sabido mantener en estas cuestiones, hasta esta reciente oleada de esnobismo vulgar y chabacano, un equilibrio que me parece envidiable.

FERRUZZO dijo...

Totalmente de acuerdo con Don Manuel Alba, que envidia su capacidad de analisis y luego de sintesis para exponer la conclusion al analisis.

FERRUZZO.