sábado, 25 de octubre de 2014

EL SIN SENTIDO DE LA MODA ESPAÑOLA

El pasado septiembre tuvo lugar la conocida como “Mercedes-Benz Fashion Week Madrid”. Una vez echado el telón es hora de analizar el verdadero papel de nuestros diseñadores, sus creaciones y el de la moda española en general en el complejo universo de la moda internacional.
De hacer caso a los rankings de las consultoras del sector, hay que bajar bastantes puestos hasta encontrar el nombre de alguna pasarela española en la lista de las de mayor renombre internacional. Las pasarelas de Londres, París, Nueva York o Milán no solo tienen una importante repercusión en su país sino que además también la tienen, y mucho, fuera de él. Son los diseñadores y las creaciones que desfilan en estas pasarelas las que congregan a los medios internacionales especializados, a las mejores modelos, a los personajes más relevantes de este mundo y a los rostros más conocidos. 
Por el contrario, nuestra pasarela no deja de ser una reunión de amigos donde año tras año desfilan prácticamente los mismos diseñadores nacionales y donde si no fuera por alguna mención en algún programa de corazón o en los minutos de relleno de algún telediario la gran mayoría ni nos enteraríamos de su existencia.
Sin embargo, las pasarelas españolas apenas tienen eco internacional, y año tras año terminan pasando con más pena que gloria incluso dentro de nuestras propias fronteras. Igualmente, el divorcio con la calle es palpable no solo a lo que a moda femenina se refiere sino también en lo concerniente a la moda masculina. Bastaría preguntar a la mayoría de nosotros por el nombre de un diseñador o de una marca nacional especializada en ropa de hombre para darnos cuenta de que son muy pocos los capaces de citar un nombre. Sin embargo, si hiciéramos el mismo ejercicio y preguntáramos por referencias internacionales escucharíamos con seguridad el de varias casas italianas.
La moda española debe replantearse su futuro, ya que parece claro que ni los diseñadores internacionales, ni los periodistas más influyentes, ni las grandes modelos, ni tampoco los medios escritos más conocidos incluyen a España en sus agendas. Qué duda cabe que hacer creaciones verdaderamente interesantes sería el primer punto sobre el que trabajar pero hay otros también que habría que considerar. Debemos empezar a pensar en grande y actuar consecuentemente. ¿De verdad es una buena publicidad para nuestra moda que el “front-row” de nuestros desfiles se llene de rostros del mundo del corazón y no lo haga, como sí lo hace en las grandes pasarelas internacionales, de las personas más destacadas del sector y de esos poderosos periodistas que son los que al final consagran a los diseñadores?.
Esto unido a la sin razón de varias ciudades españolas de contar con diferentes semanas de la moda en un país donde precisamente no abunda ni el interés por ésta ni la calidad de sus diseñadores, hace que España no aparezca ni en el más humilde puesto del mapa de la moda internacional.
Nuestros diseñadores se tienen que dar cuenta de la necesidad de abrir nuevos mercados y no les debería importar arriesgar y presentar sus colecciones fuera de nuestro país, aunque esto signifique enfrentarse a un ambiente más competitivo y hostil.
En un país como el nuestro donde todo se quiere conseguir a base de subvención no es de extrañar que no sean pocos los diseñadores que achaquen la nula repercusión de su trabajo fuera de nuestras fronteras a la falta de apoyo de la Administración. Sin embargo, los cocineros españoles nos han demostrado que no se necesita de subvenciones sino de calidad, innovación y excelencia para liderar el también competitivo sector de la alta restauración. Algo que confirmó también el siempre eterno Cristóbal Balenciaga. Con un paseo por su museo de Guetaria sería suficiente para entender por qué Balenciaga siempre será único. Sus creaciones, al contrario de lo que estamos acostumbrados hoy, no buscaban llamar absurdamente la atención sino que perseguían, por el contrario, algo tan simple pero al mismo tiempo tan complicado, como vestir a la mujer de la manera más elegante y sencilla posible. 
Y no solo fue el modisto guipuzcoano quien utilizó su aguja en pos de la elegancia más sublime sino que diseñadoras de la talla de Coco Chanel o Madeleine Vionnet también tuvieron presente que era solo la verdadera belleza de sus creaciones la que tenía que hacer que sus clientas fueran las más admiradas.
Bastará con tener un mínimo de sensibilidad para tras ver las creaciones del guipuzcoano, magnífico sastre también por cierto, entender porqué este genio triunfó como lo hizo y porqué aquellos que se refugian en lo extravagante, llamativo y sin sentido no tienen cabida en ninguna pasarela de prestigio. Y es que buscar y sobre todo conseguir conjuntos sencillos y elegantes no está alcance hoy no está al alcance de la mayoría de nuestros creadores. 
El Aristócrata
Importante: Ninguna de las fotos es de mi propiedad. Si el dueño de las mismas quiere que se retiren solo tiene que indicármelo.

13 comentarios:

FERRUZZO dijo...

Buenas noches;

Grandes verdades, ademas me parece que a los diseñadores españoles, (como a muchos otros profesionales) lo que les falta es trabajo.


FRRUZZO

Leo dijo...

Estimado aristócrata:

Aunque no sea el dueño de las fotos, le ruego que las retire. He tenido que salir del despacho e ir al baño para poder llorar como "Pancho" cuando murió "Chanquete".

Bromas aparte, coincido con usted en el análisis de la moda española. Salvando media docena de nombres, poco hay de lo que podamos presumir.

Quizás nos consuele pensar que, como grandes artistas, los diseñadores actuales imitan a Van Gogh, que no vendió un cuadro en toda su vida.

Anónimo dijo...

Las fotos que ilustran el artículo muestran el estilo elegante y sobrio de los diseñadores españoles. Especial mención merece la camisa amarilla que permite lucir sutilmente las joyas de la familia con gran clase.

Anónimo dijo...

Echo de menos que los de la primera foto, lleven las orejas azules como los de la foto tercera.
Llevar las orejas pintadas de azul es un símbolo de elegancia, como elegante es sin duda el traje amarillo del señor situado más a la izquierda de la referida primera foto. Ese traje, con las orejas pintadas de azul, aporta una distinción y un sello sin parangón.
Lo que ocurre es que la gente no tiene formación estética y no lo comprende. Y, tal y como Vd. ha indicado, la administración tampoco.
Como sugerencia, un detalle que aportaría plasticidad, dinamismo y originalidad. Propongo que a todos los modelos les coloquen unas ramas de olivo de la nariz. Es un árbol muy mediterráneo.
Saludos,
Jesús María.

FERRUZZO dijo...

Buenas noches:

Cuando ayer hablaba de trabajo, me exprese mal, quise decir horas de trabajo, no carga de trabajo. que esa hay que buscarla y no se consigue con trajes de trasparencias (que jeta hay que tener)


FERRUZZO.

Anónimo dijo...

Sr. Aristocrata, me gustaria que hablaran mas de la sastreria a medida artesanal, ya que después de vivir 2 años en Londres, he visto que allí se sabe vestir muy bien y hombres de 30-40 años. Por ello, me gustaria que nos diese unas instrucciones para poder conocer un buen sastre aquí en España y que nos pueda ofrecer la autèntica sastreria a medida que muchos apreciamos.
Muy atentamente,

Carlos

El Aristócrata dijo...

Estimado Carlos,

Sobre sastres españoles artesanales hay escrito en este blog bastante. Incluso hay un artículo dedicado a cómo encontrar tu sastre. Dicho esto, yo no creo q en Inglaterra se vista mejor porque la sastrería artesanal esté más extendida que en España sino porque el concepto de elegancia difiere mucho del nuestro.

Dicho esto, le adelanto que en el próximo artículo hablaré de tres grandes de la tijera y el hilo. El Sr. Pepe Alonso, historia viva de la sastrería española y de quien sus compañeros hablan maravillas (algo complicadísimo en el tan "especial" mundo de la sastrería nacional), el Sr. Daniel Schleissner, un sastre joven con un concepto muy actual de la sastrería, y la Sra. María Alonso, una de las mejores profesionales de la aguja y quien trabaja para tres de las mejores sastrerías de España.

Un saludo y gracias a todos por comentar.

EA

Anónimo dijo...

Carlos,
Antes de pedir que se hable más de sastrería artesanal, haga Vd. el favor de leer las entradas del blog. Cuando lo haga se dará cuenta de que aquí se habla casi exclusivamente sobre ese tema. No me parece bien que se hable sin saber, con absoluta falta de rigor y generando la sensación de que aquí se habla de otros asuntos.
Seamos serios, por favor.
Saludos,
Guillaume R.

Anónimo dijo...

Sr. Aristocrata, me alegro que de que así sea, ya que hace poco que estoy siguiendo este blog y tengo la sensación que tiran un poco por los suelos la auténtica sastreria artesanal, que te ajusta como un guante y que se trabaja manualmente todo su recorrido de formas. Dando prioridad al uso de la màquinas con la excusa de que se parece a lo hecho a mano, o que se tarda menos tiempo. Siento decirle que he quedado un poco decepcionado con algunos comentarios de estos que defienden el uso de estos medios que poco tienen a ver con la calidad que nos ofrece todo aquello que nos ofrece el trabajo de un artísta con sus manos e inteligencia.
Gracias por todo y espero que reconduzca este tema.

Carlos.

Jandilla dijo...

Por favor, EA, no desvele el secreto del "maestro".

Anónimo dijo...

Estimado Carlos,
No se entera Vd. de nada.
Saludos,
Guillaume.

El Aristócrata dijo...

Me ha hecho reír Jandilla!!
Muy bueno…pero ya no hay marcha atrás….
Un fuerte abrazo
EA

HorrendusMaximus dijo...

El problema del mundo de la moda es más simple que todo eso, y es el siguiente:

Es un sector adicto a la espantajería y a la mamarrachez.

Sale un tipo con un chubasquero de plástico transparente, unos zuecos holandeses y una escafandra en la cabeza (modelito valorado en un gritón y medio de euros)y un montón de mamarrachos endogámicos aplauden y lloran de alegría en un circo montado por y para ellos que no le interesa a nadie.

Y ojo, se supone que son los "Creadores de tendencia", pese a lo cual, afortunadamente la gente no viste así por la calle, aunque poco falta.

La industria del vestuario masculino debería ser otra cosa, no esa payasada aberrante.