domingo, 18 de diciembre de 2011

LA SASTRERÍA NAPOLITANA

A lo largo de los años habéis sido muchos los que de manera abierta o a través de peticiones privadas reclamabais que se escribiera un artículo sobre la sastrería italiana y más concretamente sobre la sastrería Napolitana.

Antes de entrar en profundidad a hablar de este tipo de sastrería es importante tener en cuenta que la sastrería Napolitana ya no es exclusiva de los sastres Napolitanos y que hoy al ser este estilo muy demandado sastres de otras ciudades, e incluso de otros países, practican también la técnica utilizada por los sastres napolitanos.

Por ello, aunque todos podamos tener en mente una serie de diferencias básicas entre, por ejemplo, el estilo inglés e italiano es importante recordar que no siempre ciertas características son exclusivas de uno u otro corte. Es más, lo que hoy mucha gente denomina de forma genérica corte italiano no siempre coincide con el tipo de corte de ciudades como Milán o Roma.

Igualmente, es importante no olvidar que en Nápoles e incluso en Roma hay tantos estilos como sastres existen y generalizar como hoy se hace sobre el corte napolitano, milanés o romano es dejar de lado muchas consideraciones.

Y para terminar estas notas introductorias también hay que tener en cuenta que el trabajo del sastre evoluciona en el tiempo y que una chaqueta cosida hace quince años por, por ejemplo, Rubicciani diferirá bastante de la última chaqueta que abandonó su sastrería.



La sastrería alemana y francesa


Dicho todo esto, también es importante recordar a los más fervientes seguidores de la sastrería napolitana que al igual que en todos los países hay caballeros que cuidan con gran esmero su vestimenta también hay buenos sastres en prácticamente la totalidad de los países de la vieja Europa.

Y quien no esté de acuerdo con esta afirmación le recomiendo que profundice en los requisitos y los años de experiencia que se exigen en Alemania para poder poner en la puerta de una sastrería las palabras Maestro Sastre.

Mención aparte requiere Francia. No deja de ser curioso observar como en Francia, país que todavía ocupa la cúspide de la alta costura femenina, cada día resulta más difícil encontrar caballeros que vistan elegantemente de traje. Y eso que no hay que olvidar que en Paris en un tiempo atrás se establecieron muchos de los sastres y camiseros ingleses e italianos más reputados.

Los mismos Henry Poole, Caraceni y Cifonelli y Hilditch & Key, abrieron todos en Paris aunque hoy excepto la casa italiana Cifonelli y el inigualable también italiano Camps De Luca ya nadie queda en Paris y los italianos, y la mayoría también de los ingleses, que fueron un día a Francia volvieron a su país sencillamente porque los caballeros franceses no demandaban ya sus servicios.




Y todo ello sin olvidar que en Francia los caballeros llegaron a vestir francamente bien como atestigua la elegancia de actores de la talla Noiret, Belmondo o Gabin.

Dicho todo esto, es de justicia admitir que hoy son el Reino Unido e Italia los dos países referentes a la hora de vestir.

El denominado British Style tiene toda una historia detrás mientras que el denominado Stile Italiano es algo reciente. Con total confianza podemos afirmar que Nápoles sin Savile Row no hubiera alcanzado las cotas de calidad y perfección con las que hoy cuentan sus principales sastrerías.

Como ya dijimos en aquel artículo donde comparábamos el British Style con el Stile Italiano es de justicia admitir que si hoy hay una forma de vestir que traspasa fronteras esa es la italiana. Sin embargo, tampoco nadie debería dejar de admitir que si el estilo italiano y concretamente la sastrería napolitana ha alcanzado tales niveles de perfección es porque tenía donde fijarse y a partir de ahí crear ese estilo tan particular.




El por qué de Nápoles y Londres

Puede parecer lógico que la mayoría de los hombres mejor vestidos del Reino Unido se concentren en Londres. El poder económico de la capital inglesa así como el aglutinar muchos bancos tanto nacionales como extranjeros, despachos de abogados, sedes de multinacionales, auditoras, consultoras y otros lugares donde se cuida con especial esmero la forma de vestir ha hecho que desde hace dos siglos los más reputadas sastrerías y camiserías abrieran allí sus puertas.

Sin embargo, algo que llama poderosamente la atención es el hecho de que independientemente de que ciudades como Milán o Turín hayan sido el centro financiero de Italia, sea precisamente una ciudad de poco más de un millón de habitantes la que mejor haya sabido guardar la tradición. Nápoles es hoy el referente del buen vestir y la Meca a la que acuden los caballeros más elegantes del mundo en busca de ese corte tan característico.

Quizás el principal motivo de todo esto sea el hecho de que en Nápoles la tradición tenga, en todos los aspectos de su sociedad, mucha importancia. Solo como ejemplo apuntar que la gran mayoría de los caballeros napolitanos no entendería acudir a cenar a uno de esos lugares fashion que tanto abundan en las ciudades europeas y prefieran acudir a las Trattorias de toda la vida.




No deja de ser igualmente curioso el que en Nápoles la camisería a medida esté más extendida que en cualquier otro sitio en el mundo y sus propios habitantes elijan acudir a la camisería a medida y no al RTW a la hora de comprar sus camisas. La camisería a medida está tan extendida en Nápoles que sus precios son francamente competitivos de compararse con los de las principales ciudades europeas.

Es tal el poder de la tradición en Nápoles que es de los pocos sitios de Europa donde los caballeros todavía siguen yendo a las barberías y no a las peluquerías tal y como se conocen aquí.

De la misma forma, a nadie le debería sorprender encontrar señores de 70 años que solo tengan en su armario trajes a medida. Y esto no es porque sean presumidos; es sencillamente porque así han sido siempre las cosas allí y para sus habitantes resulta inconcebible que fuera de otra forma.




El comienzo de la sastrería Napolitana

Durante los años dorados del vestir masculino, los años 30, la elegancia de Cary Grant (quien por cierto era también cliente de la sastrería romana Caraceni), de Fred Astaire o de David Niven se apodera de la gran pantalla y su manera de vestir es imitada, o al menos se intenta, por los caballeros de la época.

Y es precisamente a partir de los años 30 donde el conocido hoy como estilo napolitano empieza a florecer.

Es concretamente con la unión de los míticos sastres Attolini y Rubinacci cuando nace en los años 30 la archiconocida London House. Es concretamente la London House y otro sastre italiano hoy ya elevado a mito por los estudiosos de la aguja, Angelo Blasi, quienes empiezan a desestructurar las armadas chaquetas inglesas imprimiendo ese toque único que desde hace unos diez años atrás ha ganando la partida a los sastres de la Row.

Para los amantes de este corte y reforzando la idea con la que abríamos este artículo de que no es bueno generalizar al hablar del corte napolitano apuntar que todavía hoy se dice que en Nápoles existen dos escuelas: la de Blasi y la de Attolini.

La principal diferencia es que el corte de Blasi es algo más estrecho de hombros y su chaqueta algo más armada, más tipo inglesa, mientras que la hechura de Attolini es algo más ancha. Los seguidores de Attolini mantienen que fue él quien desestructuró la chaqueta de Blasi, le quitó las hombreras y empezó a coserla entretelas muy finas dando lugar a lo que hoy la gente evoca cuando piensa en un traje napolitano.



Aunque el párrafo anterior podría hacer “correr chorros de sangre” entre los fervientes seguidores de una y otra corriente, lo que parece claro es que la sastrería italiana encontró en la alta sastrería inglesa el perfecto espejo en el que fijarse, imprimirle su propio estilo y crear un traje de una enorme comodidad.

Comodidad que consiguen olvidándose del forro, prescindiendo o utilizando finísimos paddings y escogiendo solo telas de tacto exquisito así como de una enorme ligereza y elasticidad.

Quien haya tenido la oportunidad de vestir uno de estos trajes habrá sentido la sensación de ir vestido de sport y no con traje alguno. El que apenas pesen los trajes resultantes y la facilidad de movimientos que permiten sus telas hacen que se adapte de forma totalmente natural al cuerpo. Esto hace que transmitan la sensación de ir, permitirme la expresión, como si se fuera con ropa de deporte. Y si lo que buscamos es esto hay que reconocer que como los Napolitanos ninguno.

De Londres a Nápoles

Si bien es de justicia admitir que desde hace ya diez años es la sastrería italiana y más concretamente la napolitana la que domina el mundo de la alta sastrería también lo es el hecho de que Nápoles no sería lo que hoy es sin, por un lado, un buen marketing y por otro Savile Row.




Así por ejemplo, resulta apropiado recordar que el mismísimo Rubinacci envió a SR a un miembro de su familia para que aprendiera el trabajo de los sastres londinenses y lo exportara a la London House de Nápoles.

También el sastre de Roma, Tommy Caraceni, fue enviado por su padre en los años 30 a Henry Poole para que entendiese y aprendiese la forma de trabajar de la que por aquel entonces era considerada una de las mejores sastrerías del mundo.

Otro ejemplo fue Arturo Cifonelli quien aprendió la profesión de su padre Giuseppe en Roma pero en vez de quedarse en Roma también se marchó a SR. En 1911 decidió volver a Italia y en 1930 terminó abriendo su tienda en París; donde hoy todavía sigue esta sastrería.

Si de los años 30 a los años 60, SR es el centro mundial de la más alta sastrería después de esta fecha se empiezan a invertir las tornas y la más actual y natural sastrería italiana gana año tras año más popularidad y los ojos de los consumidores de este arte que es la sastrería a medida empiezan a fijarse en ella.




Sus principales características

Los italianos han adaptado el estilo clásico inglés a los nuevos tiempos estilizándolo y desestructurándolo lo que ha dado lugar a lo que hoy se conoce popularmente como el estilo Napolitano.

Este característico corte se diferencia por contar con apenas “relleno” o entretelas, no tener forro excepto en la las mangas y carecer de estructura. Si bien todas estas características se pueden encontrar en otras ciudades italianas con elevadas temperaturas seguramente sea el archi conocido hombro napolitano la nota más característica del estilo napolitano.

Tampoco podemos olvidar esos tejidos de enorme ligereza y comodidad que nadie como sus sastres saben elegir para combatir las elevadas temperaturas de Nápoles. ¡Y eso que la gran mayoría de ellas todavía proceden del Reino Unido!

Son precisamente estas características las que hacen tan atractivos y hasta objeto de culto los trajes que cortan las tijeras de los más aventajados sastres napolitanos. Sin embargo, antes de dar por bueno la idea generalizada de que la terminación de estos trajes es la más avanzada y la más exquisita es importante hacer alguna puntualización.

El cliente de la sastrería más purista napolitana debe saber que estos trajes dan la sensación de estar más próximos a un conjunto de sport que a uno de chaqueta. El aspecto ligero del traje napolitano le quita formalidad y no deberíamos sorprendernos de escuchar de alguna voz autorizada que esto no es un traje y que además su construcción tiene mucho más de mito que de realidad.



También es importante recordar que si la tela no es de una calidad excepcional y confeccionada pensando precisamente en que no será cosida con forro alguno es muy probable que termine arrugándose de forma rápida. Y por supuesto si no se acude a la cuna de esta sastrería es mejor asegurarse un buen corte de “la vieja escuela europea” que innovar este corte con uno de nuestros sastres.

Este tipo de confección consigue resultados espectaculares con los trajes cruzados. Las DBJ tan demandadas y bien vestidas en el país de la pasta envuelven con una gran naturalidad y estilo a sus afortunados propietarios.

Como acabamos de apuntar uno de los rasgos más característicos del estilo Napolitano es la forma en la que se cosen las mangas a los hombros. Apenas se forma el conocido popularmente como “chorizo” y tampoco se aprecia apenas la costura donde se unen el hombro y la manga.

La terminación de la hombrera es redondeada. Igualmente, en muchos casos se aprecian pliegues a la altura de la costura del hombro. Esto último es así debido a que la chaqueta no cuenta con apenas hombrera y en la caída natural de la tela no queda más remedio que aparezcan éstas; algo que hoy hasta se exagera para reclamar el sello de “hombro napolitano”.




A esto hay que unir que para ganar comodidad la extensión de la tela del brazo que se une con la hombrera es más larga que la del diámetro de la hombrera. Esto obliga al sastre a, con mucha pericia y siempre a mano ya que las máquinas de coser no permiten coser dos trozos de tela de diferente extensión, introducir el sobrante de la manga en el hombro. Es precisamente esto lo que hace que aparezcan en muchos casos esos pliegues de los que estamos hablando.

Con todo esto se consigue una caída del hombro totalmente natural donde apenas se aprecia la existencia de la hombrera; entre otras cosas porque ya de por sí la propia hombrera es mucho más delgada de la que estamos aquí acostumbrados.

Otra de sus características principales es que, guardando las diferencias, se asemeja en gran medida al corte del hombro de una camisa; lo que los sastres napolitanos denominan como spalla camicia.

Es importante nuevamente mencionar que si bien ciertas características, como la ausencia de padding en la hombrera, son comunes a la mayoría de los sastres napolitanos, otras como la mayor o menor limpieza de líneas dependerá de cada casa.

El no contar con forro les obliga a coser los bolsillos sobre la chaqueta en forma de parche, es decir, sobre la tela de la chaqueta y no con un bolsillo interior. Por eso es hoy tan frecuente observar como los sastres napolitanos han preferido dejar el interior de la chaqueta limpio, sin que se aprecie forro ninguno, y coser los bolsillos por fuera.

Otras casas, también napolitanas, prefieren forrar solo los costados para poder coser tanto los bolsillos laterales como el del pecho en el interior de la chaqueta.




¿Qué sastrería es mejor la italiana o la inglesa?


Sinceramente creo que quien mantenga una postura radical hacia una u otra sastrería se equivoca. Y se equivoca porque no hay una sola sastrería italiana o inglesa como tampoco hay un solo sastre en cada una de estas y porque también el trabajo de los sastres evoluciona.

Además de todo esto, no podemos olvidar que un buen sastre está capacitado para hacer el corte que le pida su cliente. Y quien no esté de acuerdo con nosotros que se pase por Anderson & Sheppard y pida que le corten un Rubinacci. Seguro que se sorprendería con el resultado.

Igualmente, a cada uno de nosotros nos puede gustar más uno u otro estilo y no por ello el otro corte es demasiado anticuado o por el contrario demasiado moderno. Si a todos nos gustara lo mismo creo, por ejemplo, que este blog no existiría.

Para mí nuevamente la clave está en el cliente. Dependerá de él y de lo exigente que sea el que consiga un traje mejor terminado. Todos nos esmeramos más en nuestras profesiones cuando sabemos que a quien tenemos enfrente conoce la diferencia entre lo bueno y lo excepcional.

Del Duque de Windsor, Fred Astaire, Cary Grant e incluso del mismísimo Príncipe Carlos han comentado sus sastres que eran clientes difíciles y que no se conformaban con cualquier cosa buscando siempre la perfección en la terminación de sus trajes.




Decía Angelo Blasi: "personalmente no me interesa el cliente a quien se puede satisfacer fácilmente, ese que está inmediatamente contento con mi trabajo. Hay poca satisfacción con un cliente así. Por el contrario dame el cliente exigente. En una palabra alguien que sea igual de perfeccionista que yo y que me obligue a sacar todo mi talento y destreza”.

Dicho esto y después de estudiar la sastrerñia napolitana creo que para calificarla de mejor o peor que la de otras ciudades es de vital importancia conocer nuestro concepto de traje y finalmente de lo que significa la palabra elegancia para nosotros.

Conclusión

Para todos esos lectores que me acusan de “no mojarme” con mi opinión en mis artículos decirles que sin quererme extender mucho yo diría que si lo que buscamos es limpieza de líneas, sobriedad, simplicidad, perfección, ausencia de arrugas y un traje que obedezca a los patrones clásicos de lo que debería ser un traje nuestra decisión debería ser la sastrería europea (inglesa, española, alemana o francesa).

Si por el contrario lo que buscamos es comodidad, estilo, la máxima calidad de mano de obra, naturalidad, diseño, tejidos de calidad excepcional y súper ligeros así como desprender un cierto grado de desenfadamiento parece claro que nuestra opción debería ser la sastrería napolitana.

O dicho de otra forma: la alta sastrería inglesa sigue siendo propietaria de la hechura más perfecta y de la atención al mínimo detalle mientras que la napolitana es única en diseño y en calidad de la mano de obra.


Y después de todo esto lo más importante: ¿vosotros qué opináis?

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo

El Aristócrata

jueves, 15 de diciembre de 2011

El ARISTÓCRATA EN HERRERA EN LA ONDA

Estimados Aristócratas,

Mientras termino de preparar un artículo sobre la sastrería napolitana os invito a escuchar la entrevista que me realizó Carlos Herrera en su programa Herrera en la onda.

Tiene momentos muy graciosos que espero os arranquen una sonrisa.

Un saludo y nos vemos nuevamente en unos días.

El Aristócrata

domingo, 4 de diciembre de 2011

EL ARISTÓCRATA RESPONDE A GQ

Jose Luis Díez Garde, periodista de GQ y alma mater de Esmoquinroom me realizó hace un par de semanas una entrevista con motivo del trabajo que publicó hace unos días en dicha revista bajo el título "¿Por qué vestimos mal en España?

Aunque como es comprensible no se pudo hacer eco de la totalidad de la extensión de mis respuestas sí he querido compartir todas ellos con todos vosotros.


1- ¿Cómo definirías el estilo de los españoles/madrileños?

Soso, aburrido y de una gran timidez.

Basta con acudir a un restaurante de negocios para observar como el caballero español no sale del traje azul o en su defecto de uno de color gris. Y son solo estos colores los que se visten independientemente de que sea de día, de noche, verano, invierno, se acuda a una representación de ópera, a una boda o se vaya sencillamente a la oficina.

Y eso por no nombrar el talle de los trajes. Por norma general las chaquetas que visten los caballeros españoles quedan grandes y los pantalones prácticamente arrastran por el suelo.
No obstante, Madrid es uno de los pocos sitios de nuestro país donde todavía es posible ver a algún caballero bien vestido.

2- ¿Algo característico?

Los malditos mocasines. No deja de ser sorprendente observar como hay caballeros que visten trajes francamente bien cortados pero que los hacen acompañar de castellanos tipo “Sebagos”. Esto destroza de un plumazo cualquier elegancia posible.

El mocasín parece formar parte indisoluble del conjunto del 80% de los caballeros que visten con traje. ¿Tan complicado sería acompañar al traje de un Oxford oscuro?

3- ¿Por qué no encontramos el rollo, los estilismos o el gusto por la moda que podemos ver en otros lugares?

Sencillamente porque en nuestro país no hay cultura alguna sobre la moda pero tampoco ni siquiera por el buen vestir. En España se trata de pasar desapercibido. El destacar en la vestimenta es un riesgo que el caballero español no está dispuesto a asumir.

¿Cuántos caballeros saben en nuestro país que si las chaquetas se confeccionaron con un bolsillo a la altura del pecho es para lucir un pañuelo de bolsillo y no como un mero adorno?

4- ¿Cuál sería la ciudad más elegante de España?

En Madrid, Oviedo, Sevilla y Santander se viste mejor que la media española. No obstante, todavía es posible encontrar caballeros bien vestidos en cualquier ciudad española.

Sin embargo, estamos a años luz de la forma de vestir de los señores de, por ejemplo, Nápoles, Florencia o del mismo Tokio. Y desgraciadamente de atenernos a lo que se ve en la calle esta distancia solo parece que vaya a aumentar y no, como a muchos nos gustaría, a reducirse.

¡Por más que nos pese en España los caballeros no visten bien!

5- ¿A quién imitamos, si es que imitamos a alguien?

¿Imitar? ¡En España no sabríamos ni si quiera en quien fijarnos para imitar una determinada forma de vestir!.

Hay una ignorancia tremenda sobre lo que es elegante y lo que no lo es. En nuestro país apenas hay referentes en los que fijarse; y los pocos que hay son a veces criticados sin piedad por la gran masa uniformada del traje azul marino y del mocasín.

¿Se imagina usted presentarse en una oficina en España vistiendo como lo hace el Duque de Feria o el Duque de Lugo? Seguro que nos sacarían cantares; lo cual no deja de ser una pena ya que en países como Italia esta conducta se aplaudiría.

6- ¿Qué solución podemos dar para el estilo de los españoles?

Difícil respuesta.

Debe haber referentes en quienes fijarse y que los jóvenes quisieran imitar. Mientras nuestros políticos de primerísima línea se presenten ante el mundo vistiendo mocasines y con trajes dos tallas grandes o nuestros deportistas y actores más destacados lo hagan con trajes donde solo se valora la marca y no la calidad y la hechura de la prenda la cosa está más que complicada.

Creo que es de vital importancia convencer a los jóvenes, y a los no tan jóvenes, de la importancia de nuestra imagen tanto en las relaciones personales como profesionales. En la mayoría de las ocasiones lo único que nuestro entorno ve de nosotros es un atuendo determinado y con dicho atuendo estaremos creando en su subconsciente una idea sobre quienes somos.

Debemos convencer a la sociedad que para ser elegante no es necesario obsesionarse con las tendencias ni llenar nuestra ropa de grandes logos. La verdadera elegancia va mucho más allá; es solo sencillez y seguridad.

7- ¿Hay algo que podamos definir como ‘el problema’?

La falta de gusto y sensibilidad por lo bello. Y esto no aplica solo a la forma de vestir. El arte, en cualquiera de sus facetas, cada vez tiene menos seguidores.
La “marquitis” a la que está sometida esta sociedad tampoco ayuda. Hay que demostrar a las generaciones más jóvenes que no merece la pena pagar por un traje, una camisa o unos zapatos los disparates que las casas de moda exigen por poner su marca. Sencillamente no lo valen. Por el contrario, los trabajos artesanales de camiseros, zapateros, sastres etc resultan además de ser más bellos también únicos y de una calidad infinitamente mayor.

Un sencillo ejemplo. En Nápoles, debido a su tradición artesanal, son muchos los señores que no tienen ni un traje ni una camisa de confección. Y además en dichos trajes y camisas ni siquiera permiten que su sastre o camisero les ponga una etiqueta interior donde se diga la tela utilizada. Los protagonistas son ellos y no las marcas o los logos que tan tristemente se apoderan de la ropa de los caballeros españoles.

8- ¿Nos gusta la moda a los españoles?¿Más que a las mujeres o lo seguimos viendo como algo femenino?

Aunque la moda sigue siendo propiedad del género femenino, no solo en España sino también en todo el mundo, en nuestro país los caballeros cada día le prestan más atención. Si bien antes lo más normal es que fuera la madre o la mujer quien comprara la ropa al hijo o al marido, esto, afortunadamente, cada día es menos frecuente.

Si hablamos solo de seguir las modas todavía el caballero español es muy reacio a ello. Es nuevamente su gran vergüenza, poca seguridad en sí mismo y en su estilo lo que hace que opte por combinaciones donde no arriesgue lo más mínimo.

9- ¿Cuál es el estado de la moda masculina en nuestro país actualmente?

Aunque me duela decirlo, la moda española de caballero es toda una desconocida. Sencillamente no existe.

Si ya resulta francamente difícil que el español medio sea capaz de nombrar a un diseñador nacional, casi imposible sería que un extranjero hiciera lo propio. Basta con acudir al Pitti Uomo para ver que los diseñadores españoles no tienen cabida y que son mayoritariamente los italianos quienes dominan el mundo de la moda masculina.

Y si la moda masculina española es lo que se nos muestra en el Ego o en la desconocida internacionalmente Pasarela Cibeles esta situación no parece que vaya a cambiar en un corto plazo.

Seguramente con cierta ayuda institucional y nuevos talentos que nos vistieran y no intentaran disfrazarnos el panorama sería muy diferente.

10- Históricamente, ¿cómo hemos vestido los españoles?¿Crees hemos evolucionado para bien?

Yo no soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor y tampoco quiero dar la sensación en esta entrevista de ser pesimista pero hoy se viste peor que lo que se hacía antes. Yo visto vaqueros y polos como todo el mundo pero lo que nunca haría sería ir con ellos al teatro o a la opera; y hoy esto es una práctica de lo más frecuente. Antes al menos se cuidaba más el protocolo y ponerse una corbata no representaba como lo hace ahora ningún esfuerzo.
Antes los caballeros se vestían tanto para uno mismo como para los demás. Se guardaban las formas. Hoy ya vestimos solo pensando en nuestra comodidad y olvidando que vestir de una determinada forma también es una muestra de respeto para los demás.

Sinceramente creo que los caballeros Españoles estamos en disposición de vestir tan bien como los que más. Solo necesitamos “salir del armario” de la timidez y no avergonzarnos de vestir diferente a nuestro entorno.


El Aristócrata

jueves, 1 de diciembre de 2011

LA INTEMPORALIDAD DE LA MODA CLÁSICA

Estimados Aristócratas,

Os dejo una nueva entrevista que realizó Gonzalo Niederleytner y Gracia Rivas en su programa Edición Limitada de la cadena Gestiona Radio.

Edición Limitada es uno de los pocos programas de radio que está enfocado a temas relacionados con la moda y estilo de vida. Además, tanto Gonzalo como Gracia son dos grandes entendidos y siempre resulta un privilegio compartir un rato con alguien que comparte tu pasión.

Un saludo y espero que os guste.

El Aristócrata