viernes 1 de enero de 2010

Iconos del Estilo. Capítulo II: Fred Astaire; Elegance made casual and natural

“Few men have influenced American style more profoundly than Fred Astaire. Replacing the stiff-suited, aristocratic uniform of the day with his looser, more democratic look of tweed sport jackets and easy cut flannels, Astaire became a new model for a whole generation, and continues to be considered an icon of style.
A symbol of prewar America democratization, this charming dandy also replaced pomp and circumstance with nonchalance for practical reasons: being a dancer, Astaire´s clothes had to be comfortable, they had to follow him”

- Mr. Bruce Boyer, escritor de moda en CQ, Esquire y Quest

Hace ya más de un año, concretamente en Junio de 2008, inaugurábamos la sección de Iconos del Estilo con quien para mí ha sido uno de los grandes revolucionarios de la moda masculina: Eduardo VIII, Duque de Windsor.

Un mes más tarde, en Julio de 2008, hacíamos lo propio con la sección Iconos de la Elegancia. En esta ocasión no podía ser otro que Cary Grant el escogido como representante de la verdadera elegancia clásica intemporal para estrenar dicha sección. En Abril de 2009, esta publicación distingue al Príncipe Carlos de Inglaterra como el elegido para copar las páginas del segundo capítulo de Iconos de la Elegancia.

En esta ocasión queríamos continuar la saga de Iconos del Estilo o quizás lo que verdaderamente buscábamos no era otra cosa que encontrar la excusa perfecta para hablar de un caballero que a pesar de no contar con un físico destacable se convirtió en todo un referente del estilo de su época: Fred Astaire.

Fred Astaire fue, como apuntaba el crítico de moda Bruce Boyer en el párrafo introductorio de nuestro artículo, todo un icono de su época; una época, la de los años 30 y 40, donde la elegancia masculina alcanzaba sus cotas máximas y donde tener un bello rostro era imprescindible para destacar en el mundo del cine. Y quizás en ello radique la importancia de Astaire como icono del estilo.

Como decimos, en el tiempo en que Astaire hacía cine era prácticamente indispensable para convertirse en una estrella de Hollywood ser francamente apuesto. De ahí que tras ver sus enormes orejas seguro que todos estaremos de acuerdo en que si finalmente se convirtió en una no fue precisamente por su belleza natural.

Astaire no poseía ni un rostro agraciado ni una estatura que pudiera hacernos olvidar esos rasgos faciales más próximos, en palabras del escritor Graham Green, a los de Mickey Mouse que al de cualquier referente en el vestir masculino.

Aunque en su autobiografía Astaire sitúa su estatura en 1,75cm hoy parece confirmado que ésta no superaba el 1,71m. A pesar de destacar por un cuerpo deportista y fibroso, sus grandes entradas, esas llamativas orejas, sus 89cm de torso, su cintura de 73cm y su baja estatura no le otorgaban la fisionomía con la que un sastre deseara encontrarse en su probador.

Y precisamente es por esto por lo que no podemos dejar de admirar a Fred Astaire, todo un referente en el estilo que tenía una habilidad natural y conocía todos esos secretos para hacernos olvidar a todos ese cuerpo tan poco aventajado y fijarnos solo en su estilo delante de las cámaras.

Fred Astaire, un americano de Nebraska, conoció tan bien los secretos de los mejores sastres de la época como para posicionarse como un referente en una sociedad que hasta entonces solo miraba hacia Inglaterra y concretamente hacia las portadas de las revistas en la que el Duque de Windsor era el protagonista y a quien por cierto Astaire intentó enseñar bailar. De hecho, con solo 24 años, este americano de Omaha, era ya admirado e imitado por las elites sociales tanto de Londres como de Nueva York.

El estilo de Fred Astaire está estrechamente ligado al corte conocido popularmente como London Drape, English Drape o Drape Suit. Esta forma tan particular de coser tanto la chaqueta como el pantalón se le atribuye al sastre holandés de Anderson and Sheppard: Frederick Scholte, quien fue también el sastre del Duque de Windsor.

Un traje cortado según los patrones del London Drape convertirá a su propietario en un caballero con un cuerpo más estilizado y más atlético que el que verdaderamente se esconde tras el traje.

Para conseguir este efecto Scholte añadía a la chaqueta unos hombros de generosas proporciones y ceñía mucho la chaqueta a la cintura. Es, de alguna forma, una mezcla del corte americano y del británico. Del americano elige la caída natural de los hombros mientras que del británico coge la cintura ceñida.

El que personajes tan relevantes de la época como el Duque de Windsor o Fred Astaire se decantaran en sus trajes por el Drape Suit convierten a este estilo en el corte más extendido en la época. Si bien, como ya hemos estudiado, el Duque de Windsor experimentó también con nuevas “siluetas”, Fred Astaire se mantuvo fiel a dicho estilo durante mucho tiempo y fue, sin lugar a dudas, el gran responsable de su popularidad.

Fijándonos en esta foto de Robert Bryan podemos entender mejor el corte London Drape. Hombros muy anchos sin excesivas hombreras que terminan en una cintura muy ceñida, mangas muy amplias a la altura de la axila que gradualmente se va estrechando, solapas anchas terminadas en punta etc.

Los pantalones son muy anchos tanto a la altura de la cadera como en su contacto con el zapato por lo que apenas sufren estrechamiento en el discurrir de la pierna. Este tipo de pantalón es vestido por los caballeros de la época por encima incluso de la cintura lo que hace que el uso del cinturón sea innecesario y los señores, que no Astaire, se decantan por los tirantes.

El resultado final es un corte muy limpio y sin ninguna arruga dando la sensación de encontrarnos ante un caballero musculoso donde el torso en su parte media y baja dibuja la forma de copa de Martini que ya en otras ocasiones hemos tratado.

Este corte otorga una gran libertad de movimientos sobre todo en la parte de los brazos y los hombros. Al optar por unos hombros muy anchos y una cintura muy estrecha, la espalda tiene dentro de la chaqueta también gran autonomía de movimiento. La anchura de la sisa aporta también mucha libertad. Igualmente, consigue que no aparezca ningún tipo de arrugas por brusco que sea el movimiento que realice su propietario.

Si hemos entendido este corte seguramente ahora nos será más fácil comprender por qué el Drape Suit es considerado por los sastres de Anderson & Sheppard como “a hybrid between English/Continental and American”.

Aunque todavía quedan seguidores del English Drape, como Michael Anton autor del libro The Suit, debemos reconocer que este corte ha desaparecido prácticamente de nuestras calles.

No han sido pocas las ocasiones en las que en www.elaristocrata.com/ hemos discutido sobre quién de estos dos caballeros, Astaire o Grant, debería ser considerado como el caballero más elegante de todos los tiempos.

Si bien Cary Grant sigue siendo desde mi punto de vista el paradigma de la elegancia masculina, debo admitir que la de Fred Astaire es igual de sublime pero en forma diferente. La elegancia de Astaire radica, desde mi punto de vista, en la naturalidad con la que viste todo su armario; nada parece forzado. Grant nunca dejaría ni el mínimo detalle a la improvisación mientras que Fred Astaire escoge su ropa pensando en la finalidad a la que la va a destinar.

No obstante, para mí la gran diferencia reside, como ya hemos comentado, en que Cary Grant partía con gran ventaja debido a un cuerpo con unas medidas envidiables mientras Fred Astaire ni poseía la estatura, ni el cuerpo, ni esa belleza natural ni, en definitiva, el porte y la planta de Cary Grant.

Cary Grant no fue ningún revolucionario y tampoco tenía interés alguno en serlo. Sabía perfectamente elegir tanto el atuendo, el corte y los colores que conseguían que toda la atención se dirigiera a su rostro; su gran punto fuerte. Sin embargo, cuando observamos fotos de Fred Astaire nuestra mirada sube y baja desde su corbata hasta sus zapatos para solo después detenerse en su rostro.

La vestimenta de Cary Grant sufrió una evolución hacia colores clásicos y sólidos y ya después de 1947 resulta muy difícil verle vistiendo colores más atrevidos o con cualquier tipo de pattern en ellos. Su vestimenta se caracterizaba por un corte exquisito, trajes azules y grises, camisas blancas y corbatas de colores también sólidos y próximos al gris y zapatos negros; preferiblemente oxfords. Como hemos dicho, dejando de lado colores fuertes y diseños llamativos Grant consiguió su objetivo: que todas las miradas se posaran rápidamente en la parte más atractiva de su cuerpo, su rostro.


Cary Grant solo admitía la perfección en el corte de su ropa. Como establece Richard Torregrossa, autor del libro Cary Grant: A Celebration of Style, a propósito de una comparativa entre Grant y Astaire: “Cary Grant just wore clothes that fit”. Nunca Grant optaría por un pañuelo para ajustarse sus pantalones; para eso estaban los tirantes, tampoco se decantaría por unos zapatos de ante con su traje cruzado, para eso existían los Oxford negros…… En definitiva, y siempre desde mi punto de vista, Fred Astaire podría ser más estiloso pero nunca más elegante que Cary Grant.

Todos estaremos de acuerdo en que, al contrario de Grant, no era precisamente el rostro de Astaire la parte de su físico más atractiva. Por ello Astaire se esforzó en conseguir que fuera todo él el protagonista de la foto. Para ello estudiaba diferentes combinaciones de colores en sus prendas, prestaba gran atención a sus accesorios y mezclaba como nadie estilo formal con estilo informal etc.

Todo esto lo realizó con tal acierto que al final lo menos importante era su rostro. Era su personalidad, su naturalidad, esa democratización de la elegancia y finalmente su estilo el único protagonista de la foto.

Sus camisas tipo button-down, sus trajes cruzados, su corbata a rayas anchas, sus pañuelos de bolsillo de seda rojo con diseño tipo paisley, sus calcetines azules combinados perfectamente con alguna otra prenda de sus atuendo, sus zapatos de ante, su sombrero, sus chaquetas de Tweed, sus jerséis de cachemira amarillos, sus bufandas, sus trajes grises franela y la curiosa forma de anudarse a la cintura como si de un cinturón se tratara corbatas o pañuelos los que le han situado como uno de los caballeros más estilosos de todos los tiempos.

En la época en que a Fred Astaire le tocó vivir lo que se entendía como masculinidad estaba claramente definido y hay pocos ejemplos tan claros como el suyo donde una de las máximas de la moda clásica, “clothes make the man”, se puede aplicar con más confianza.

Si a esto le añadimos la enorme naturalidad con que llevaba a cabo sus personales “experimentos”, seguramente no nos equivocaríamos si lo situáramos como una de las referencias en el vestir masculino de todos los tiempos así como el responsable de la popularización del estilo conocido como Mid-Atlantic (mezcla del corte de SR y el de Princeton).

Aunque todavía no ha nacido un caballero que vista la white tie como lo hacia Cary Grant, debo reconocer que Astaire vestía el esmoquin con tal naturalidad que daba la sensación de que era su prenda diaria aunque en su corte buscara más la comodidad que convertirse en un referente de la sastrería Anderson & Sheppard.

El estilo de Fred Astaire es imposible de entender sin antes comprender su trabajo de bailarín. Cada vez que acudía a las pruebas a su sastrería, Astaire realizaba sencillos movimientos de baile para cerciorarse de que disponía de total libertad de movimientos. La chaqueta tenía que ser amplia para permitirle desenvolverse en el escenario con soltura pero sin aparentar en ningún momento que le venía grande; sus pantalones tampoco podían dar la sensación de ser súper anchos o que con el movimiento se le cayeran a la cadera; estos debían permanecer, conforme el gusto de Fred, incluso por encima del ombligo y dibujar en la medida de lo posible sus fibrosas piernas.

Una de las grandes virtudes de Fred Astaire fue su profundo conocimiento para elegir con gran acierto las proporciones de su ropa que mejor se adaptaban a su físico. Igualmente, era un experto en escoger esos colores y diseños que mejor disimulaban su reducida estatura.

Si tenemos tiempo de repasar el artículo que publicamos el pasado mes de Agosto podremos observar como las pautas recomendadas a caballeros de baja estatura las conocía perfectamente y las ponía en práctica. Desde el corte de sus solapas, la colocación de los botones en sus chaquetas cruzadas, el tipo de cuello de sus camisas, los colores, los patterns…..nada de esto parecía serle nuevo.

A pesar de que en su época los trajes con grandes cuadros, puestos de moda por el Duque de Windsor, hacían las delicias de los caballeros, Fred Astaire se decantaba por colores lisos y diseños más discretos. Igualmente, cuando tenía que escoger chaquetas o trajes a cuadros prefería diseños de reducido tamaño como los tejidos conocidos popularmente como Príncipe de Gales. De hecho a Fred Astaire se le atribuye la popularización de las chaquetas de sport.

Si bien desde bien joven era ya cliente de Brooks Brother, una vez alcanzó la fama sus trajes eran ya cortados en Anderson & Sheppard. También era cliente de Kilgour y de French & Stanbury.

Sus camisas, al igual que en el caso del Duque de Windsor, eran cosidas en Hawes & Curtis. También era cliente de la ya desaparecida Beale & Inman.

Prefería los modelos de camisas con cuellos blandos y con botones tan típicas en los campus de la Ivy League. Se caracterizan por una gran amplitud tanto en las mangas como en el cuerpo.

El tipo de cuello de su camisa era perfecto para la fisionomía de su rostro. El nudo Windsor de sus estrechas corbatas que se anudada en ese cuello conseguía disimular con gran acierto sus enormes orejas y su estrecha cara.

En escasísimas ocasiones escogía camisas a rayas. Sus preferidas siempre fueron las camisas lisas con tonalidades próximas al rosa, al azul claro y al amarillo.

Si bien muchos críticos de moda consideran al Príncipe de Gales y a Fred Astaire los dos estilos más imitados de la historia de la moda masculina reciente, a Astaire se le atribuye el honor de haber sido el actor de Hollywood más laureado en el sentido más “sartorialista” de la palabra.

Seguramente una de la descripciones que mejor definen el estilo de Fred Astaire sea la que realizó Joseph Epstein, editor de The American Scholar, cuando dijo de Fred Astaire “Charm is elegance made casual, with emphasis on the casual…….american charm, to be truly American, somehow has to combine the aristocratic with the democratic, but without a trace of snobbery”.

Fue precisamente esa elegancia casual la que creo toda una corriente de seguidores a lo largo de muchos años, sobre todo en Estados Unidos. Era tal la naturalidad con la que vestía sus trajes que éstos daban la sensación final de estar más próximos a cualquier atuendo casual que formal.

Definitivamente, el estilo de Astaire no se puede desligar de la naturalidad con la que vestía su ropa. Si nos deleitamos viendo cualquiera de sus películas observaremos que viste los trajes con la misma naturalidad que yo vestiría unos vaqueros. Y lo que es más, parece que en su persona esos trajes le resultan tan cómodos como a nosotros nuestro pijama.

Era capaz desde escoger calcetines de colores más que atrevidos para la época o incluso a rayas o anudarse una corbata a la cintura del pantalón y aún así conseguir que a nadie le llamara la atención. Tampoco tenía reparo en vestir un traje con un jersey que hacía las veces de la camisa y la corbata; algo totalmente prohibido por el establishment de la época. A sus chaquetas, al contrario de lo que se estilaba en Estados Unidos e influenciado por el estilo más británico, le añade dos aberturas laterales….

Y a pesar de todo esto, no había nada forzado en su forma de vestir. Esa seguridad y naturalidad con la que escogía la ropa de su día a día le alejaban de ser calificado como excéntrico.

No obstante, a pesar de esa naturalidad Astaire siempre estaba alerta a todo lo que el mundo de la moda le ponía frente a sus ojos. Una clara muestra de ello la encontramos en la anécdota que cuenta Astaire en su autobiografía “Steps in Time”. Según narra aquí, después de que sufriera un accidente con su Rolls-Royce Twenty solo fue capaz de recordar los botones del chaleco y los gemelos de diamantes y rubí que vestía el otro conductor. Según sigue contando, esa imagen no le desapareció de la retina hasta el día siguiente en que acudió a Cartier a adquirir un nuevo par de gemelos.

Es curioso observar la evolución del estilo Mid-Atlantic en Astaire. En los primeros años, la vestimenta de Astaire tenía sobre todo influencia británica. Pero fue con el paso de los años cuando empezó a diseñar su particular estilo. Y efectivamente, como establecen los escritores de moda de su época, el estilo Mid-Atlantic de Astaire es ya por entonces una mezcla de Jermyn Street, Broadway y Mulholland Drive.

La fusión que hace del estilo clásico británico y el más casual americano se puede apreciar en la película de 1941: “Second Chours” donde se aprecian dos tipos de vestimenta: una el campus de la universidad y otra muy diferente en la ciudad.

Aunque escoger la película de Astaire donde con más estilo viste resulta francamente difícil. Seguramente tendríamos que estar de acuerdo con aquellos que se decantan por "Top Hat". Esta película que vio la luz en 1935 pertenece a una época donde la elegancia masculina alcanza su punto álgido.

No obstante, el dandi al que este mes dedicamos este artículo aparece en todo su esplendor en “Isn´t it a lovely day?”. Es esta película aparece Fred Astaire vistiendo chaquetas de Tweed, corbatas a rayas llamativas, trajes de franela gris, pocket squares de seda, camisas con botones en el cuello, zapatos de ante, sombrero tipo Homburg etc.

En 1942 con su interpretación en la película “Holiday Inn” da un paso más en la definición de lo que se conocerá a partir de entonces como estilo americano. El estilo de Fred Astaire en “Daddy Long Legs” lo convierten para muchos en el actor mejor vestido de todos los tiempos.

Le gustaban los zapatos tipo spectator, se atrevió con los jerseys de cuello vuelto, sentía predilección por los trajes cruzados, prescindió de los tirantes; algo obligado en los años 30 y 40….. Todo esto nos hará comprender como no son pocos los norteamericanos que le consideran el más glamuroso dandi que ha dado su país.

Si tenemos ocasión y después de la lectura de este artículo nos recreamos viendo sus películas observaremos que a pesar de haber pasado más de 70 años de su aparición en la gran pantalla su estilo tiene repercusión incluso hoy en muchos caballeros. Sus trajes de franela en grises y azules marinos sólidos, o en su defecto a rayas, las chaquetas tipo Príncipe de Gales, las blazers azul marino son hoy tan actuales como en la época en la que Fred Astaire bailaba con Ginger Rogers.

Para terminar os dejo una anécdota más que curiosa sobre la forma tan peculiar que tenía el señor Fred Astaire de hacer comprender a su ropa quien mandaba y cómo no les quedaba más remedio que sentar bien a su propietario.

“My late husband, David, and Fred Astaire went to the same little Italian tailor in Beverly Hills, up on Little Santa Monica. One day David came in to pick up a new suit, and there was Fred. The tailor comes out of the back room with Fred's new suit on a hanger and hands it to Fred. Fred takes the suit off the hanger, rolls it up, and throws it against the wall. David said, 'What are you doing?' And Fred answered, 'The way to wear clothes is to tell them who's boss in the beginning. Then they fit you."

- Danvi Janssen en “Fred Astaire: his friends talk”, Sarah Giles

Felíz Año 2010 y gracias por seguir un año más con nosotros.

El Aristócrata

Biografía y fotos: “Fred Astaire Style” Bruce Boyer, Assouline Publishing. “Fred Astaire”, Joseph Epstein, Yale University Press. “Steps in Time”, Fred Astaire, Cooper Square Press