martes 1 de diciembre de 2009

Un toque de distinción: los accesorios

El comienzo del mes de Diciembre nos recuerda que ya están aquí las Navidades y con Ella, por fin, llega la época de los tejidos tipo Tweed, los jerséis de lana y unas semanas que se caracterizarán, entre otras cosas, por las compras.

Debido por un lado a la cercanía de estas fechas y por otro a la ausencia en www.elristocrata.com de un artículo dedicado a la importancia de los complementos y de los accesorios, hemos querido dedicar este capítulo de Diciembre a intentar ayudar a los más indecisos a decidirse a que sean estos pequeños detalles los que recaben su atención cuando se dispongan a realizar las compras navideñas.
No son pocos los caballeros que mantienen que la gran distinción la suelen aportar esos pequeños complementos que acompañan diariamente nuestro atuendo. Si bien nosotros somos de la opinión de que es más importante saber combinar los colores de, por ejemplo, nuestro traje-camisa-corbata que la elección de unos determinados gemelos, también es verdad que para alcanzar la máxima cota de elegancia no podemos olvidar nunca esos pequeños pero importantes detalles.
Seguramente todos hayamos escuchado o leído en alguna ocasión que la joyería del caballero debería estar solo compuesta por el aniño de bodas, el reloj, un sello y el pasador de corbata. Aunque a la lista se han ido sumando con el paso del tiempo algún otro complemento, como punto de partida es una afirmación muy acertada.

El reloj
Para mí el accesorio más importante es sin lugar a dudas el reloj. Los relojes han sido junto los zapatos los complementos que más han despertado mi interés y de alguna forma dos de mis grandes pasiones materiales junto al más bello de todos los animales: el caballo español.
Un reloj nos puede decir mucho más que simplemente la hora; nos puede hablar y contar muchas cosas de su propietario. Con seguridad la forma de pensar, las aficiones y hasta las amistades de un propietario de un Audermars Piguet, un Richard Mille o un Roger Dubuis diferirán bastante de las de un señor con un Patek Phillipe, un FP Journe o un Lange&Söhne.

También me atrevería a afirmar que al igual que diferirán estas, también lo hará, por ejemplo, el corte del traje, los zapatos que lo acompañen o incluso la decoración de su casa. Resulta increíble cuanto nos puede decir un reloj de su portador.

Al igual que es el accesorio más importante también, muy a mi pesar, suele ser el más caro. No obstante, si nos detenemos a pensar solo unos minutos encontraremos infinidad de motivos para justificar tal gasto; que muy pocas veces inversión. Por ejemplo, hoy no somos pocos los que dejamos constancia de un acontecimiento importante con la adquisición de un nuevo reloj.

Conforme pasan los años y admiramos aquellas primeras piezas que ocuparon los primeros lugares de nuestra ya vieja caja de relojes, rápidamente nos viene a la memoria esa infernal prueba de Selectivad o aquella carrera universitaria o ese primer trabajo o el día de nuestra boda o el nacimiento de nuestra primera hija….. De alguna forma llegan a ser como aquellos tatuajes que en otros decoran su piel y que al final de sus días recuerdan todos los avatares por los que ha pasado su vida.
A esto debemos añadir que los caballeros, al contrario de lo que ocurre con las damas, no solemos poseer muchos objetos de valor que perduren a lo largo de nuestra vida y que llegado el momento estén en disposición de seguir siendo disfrutados por la generación siguiente.

Seguro que a muchos nos resultará familiar la frase: nunca un Patek Philippe es del todo suyo; suyo es el placer de custodiarlo hasta la siguiente generación. Esta frase, aunque acuñada por esta mítica casa suiza, se podría hacer extensivo a la mayoría de las piezas que contando con un diseño intemporal y un gran nombre detrás nos acompañen hasta el momento que esa segunda generación se haya ganado el honor de custodiarla hasta la tercera generación.

La elección de un reloj es algo muy personal y no hay elecciones erróneas. Habrá caballeros que seguro le darán la mayor importancia al diseño mientras otros potenciaran el carácter manufactura de ciertas casas; las cuales, por cierto, son muchas menos de lo que muchos dependientes de joyerías y no pocos caballeros piensan.

A pesar de que resulte difícil fallar en la elección de un reloj, hay unas mínimas normas a las que debemos prestar atención según el uso que le vayamos a dar. Por ejemplo, no debería ser el mismo reloj el que llevemos cuando vistamos de sport que el que escojamos cuando lo hagamos de chaqué.
Debemos huir de los maxi relojes, tan de moda hoy, cuando vistamos de forma clásica. La proporcionalidad de las diferentes prendas de las que tanto habla Alan Flusser aplica también al reloj. Un reloj de 44mm, por mucho que nos guste, no es apropiado vestirlo, por ejemplo, con un chaqué o un traje de tres piezas. Para estos encontramos opciones mucho más acertadas como es un reloj de bolsillo o uno de medidas discretas de 36 o 38mm.

Por el contrario si vestimos de sport o incluso con corbata pero de forma más informal, como por ejemplo durante los casual Fridays, un reloj de medidas más actuales puede completar nuestro conjunto de forma elegante.

Tampoco los relojes joyas, por exclusivos que sean, son adecuados en un caballero. La elegancia debe ser sencillez y discreción pero nunca esnobismo. Es por ello por lo que los relojes de pulsera de piel son, por norma general, más elegantes que los de acero u oro.
En definitiva se trata por un lado de buscar una adecuada concordancia entre nuestro reloj y el resto de nuestro atuendo y por otro de conseguir que no sea dicho reloj el primer blanco de las miradas de nuestros interlocutores. Hay infinidad de relojes de una enorme belleza y complejidad técnica que no necesitan hacerse visibles por sus materiales exteriores o por su tamaño y que sin embargo a la larga son los que resultan más bellos y los que esa segunda generación lucirá de forma orgullosa.

Los gemelos
A pesar de que los gemelos no se encuentran en esa escueta lista inicial de piezas de joyería que puede poseer un caballero, no cabe duda de que desde finales del S. XIX se han ganado por méritos propios un puesto de privilegio en ella.

Si bien los gemelos aparecen en el S. XVII los caballeros de la época no hacían uso de ellos al preferir estos por entonces cerrar los puños de la camisa con lazos de seda. No fue hasta el S. XIX cuando los gemelos empiezan a popularizarse y se convierten en el lugar perfecto donde mostrar piezas preciosas como el topacio, la turquesa o el zafiro.

Nuevamente fue Inglaterra y la anglomanía reinante en la época las grandes “culpables” de que su uso se empezara a extender tanto dentro como fuera de sus fronteras. Dicha anglomanía que recorre el mundo en los años 30 hace que todos los caballeros quieran seguir la nueva tendencia y cerrar sus camisas con gemelos; algo reservado hasta la fecha prácticamente solo al evening dress.
Esa popularidad despierta el interés de las casas de joyería y rápidamente amplían la oferta dirigida a los caballeros con gemelos realmente bellos. De hecho, fue el cuidado trabajo de los artesanos de aquella época de Van Cleef, Cartier y Tiffany el responsable de la creación de las piezas más bonitas y exclusivas que han llegado hasta nuestros días.

Otro gran responsable de la popularización de los gemelos fue el histórico Café Society. Miembros destacados de éste como Cole Porter, el Duque de Windsor o el mismo Cary Grant exportaron desde allí al resto del mundo una imagen cuidada donde los gemelos eran en gran parte los protagonistas.

También las señoras se dejaron atrapar por el encanto de los gemelos. Este fue el caso de la Princesa Natalie de Paley, de Tallulah Bankhead, de Amy Jolly o de la misma Marlene Dietrich quienes siempre que la ocasión lo permitía exhibían sus pequeños tesoros.

Los gemelos siguieron evolucionando en el tiempo dando lugar a formas y materiales muy diferentes a los conocidos hasta la fecha. En la película L'Homme à l'Hispano se pueden apreciar los primeros gemelos confeccionados enteramente en plástico o en piel y con diseños muy diferentes a lo acostumbrado hasta entonces.
A partir de los años 70 los gemelos van dejando paso a los “funcionales” botones y las camisas industriales salen de los talleres ya con un puño sencillo cosido a la manga.

Hoy, sin embargo, vemos nuevamente un claro resurgir del uso de gemelos y no hay señor elegante que se precie en nuestro país que no se decante por estos en los puños de sus camisas. Por el contrario, en países como Italia todavía el botón está muy presente y los gemelos, aunque ya muy popularizados, no tienen la exclusividad de la elegancia.

Hoy encontramos una enorme variedad de gemelos y francamente muchos de ellos con diseños muy interesantes. Sin embargo, si bien los gemelos de gama media han mejorado mucho en diseño, los gemelos joya al ser menos demandados no han hecho a la misma velocidad y los modelos que hoy encontramos en las joyerías de las principales ciudades del mundo no gozan de un gran atractivo.

Este hecho ha sido visto como una oportunidad de negocio y artesanos como David Webb han empezado a confeccionar gemelos joyas de una enorme belleza. No obstante, no es necesario hacer un gran desembolso para adquirir un bonito par de gemelos. Por ejemplo, los no tan exclusivos pero de diseño siempre interesante gemelos de Links o los archideseados JAR o los siempre divertidos de Il Travaso delle Idee son unas muy interesantes opciones.
También existen verdaderos artesanos que trabajan materiales como el marfil que consiguen con este tipo de materiales un resultado en concepto próximo al gemelo joya pero por aspecto más cercano al gemelo lúdico.

La elección del tipo de puño de nuestra camisa es algo personal y aunque hay opiniones muy autorizadas que mantienen que el puño sencillo es el más elegante, yo soy de la opinión de que el puño doble aporta una distinción a la camisa superior a la del puño sencillo. Además, el poder contar con este complemento nos permitirá introducir un toco de color y una mayor variedad a nuestro conjunto final.
Hasta no hace muchos años, la mayoría de los caballeros que se decidían por mostrar en sus camisas gemelos elegían aquellos cercanos al tipo joya. Hoy la enorme e interesante variedad de gemelos nos permite escoger este complemento con un carácter más alegre y con múltiples formas y colores que encontramos hoy.

Al igual que cuando hablábamos del reloj, la elección del gemelo debe guardar una correcta proporcionalidad y relación con nuestro atuendo. Parece lógico que no sea el mismo el gemelo el que usemos cuando vistamos un esmoquin que cuando nos decantemos por una americana de sport con unos jeans. De hecho, en las camisas de esmoquin nuestros gemelos siempre deberán ser iguales a los botones que con ésta llevemos.

Los gemelos se han ganado por meritos propios el ser objeto de culto entre muchos señores. Un claro ejemplo es Bertrand Pizzin de quien se dice posee más de 2.000 pares, siendo la mayoría de ellos gemelos joya. Otro caballero que desde hace muchos años se dejó atrapar por el encanto de este pequeño complemento fue Harry Connick Jr. quien es otro gran coleccionista.

Los gemelos son seguramente junto el reloj el único complemento que de cuidarse adecuadamente puede durar muchos años y con un poco de suerte pasar también a la siguiente generación.

El sello
Aunque reconozco que no soy partidario de este complemento, aquellos señores que quieran llevar el escudo de su familia deberán evitar que su sello sea demasiado suntuoso. Debemos prescindir de grabar nuestras iniciales en el sello ya que carece de todo sentido y elegancia. Tampoco aquellos sellos con una piedra preciosa son, desde mi opinión, un complemento imprescindible.

La sencillez es muchas veces sinónimo de elegancia y los anillos deberían estar reservados a las damas. Un anillo en un caballero es una pieza demasiado presuntuosa como para ser considera como elegante.
Hoy solo en círculos muy concretos en Inglaterra se puede seguir observando todavía su uso. Si este no es nuestro entorno natural, con total seguridad el sello producirá cierto rechazo y no menos incomprensión.

Las pulseras
Tampoco las pulseras son un accesorio que me despierte interés alguno. Cada día es más frecuente observar como caballeros perfectamente vestidos optan por este complemento que desde mi punto de vista rompe el aspecto sobrio del resto del conjunto. Es más, no son pocas las ocasiones donde no una, sino varias pulseras ocupan parte de la muñeca. Para mí no deja de ser un contrasentido el vestir, por ejemplo, un traje de tres piezas clásico y llevar cinco pulseras.

En definitiva, podría entender su uso en un look totalmente casual pero nunca formal. Si a pesar de esta recomendación queremos completar nuestra vestimenta con una o varias pulseras deberíamos a toda costa evitar pulseras grandes con cierres con logos ostensibles o aquellas de algún material precioso como el oro o la plata. Con seguridad, una pulsera trenzada de cuero o de hilo hará menos daño a nuestra foto final que cualquier aparatosa pulsera.

El cinturón
Como todos sabéis no soy partidario del uso del cinturón cuando vistamos de traje. Unos tirantes, o en su defecto unas pletinas laterales, son infinitamente más elegantes que el más bonito cinturón. El cinturón, como ya hemos comentado aquí en repetidas ocasiones, solo consigue dividir nuestro cuerpo en dos partes de forma muy visible y consecuentemente acortar nuestra figura.

En un uso sport, donde la diferencia en tejidos y colores de la parte superior e inferior es muy marcada el uso del cinturón se hace más comprensible y suele favorecer al resultado final.

Si no nos pagan por ello, deberemos huir de exhibir grandes logos o estampados de la marca en el cinturón. Tampoco tiene mucho sentido dejarnos llevar por la moda tan popular entre los futbolistas de lucir un gran broche con unas iniciales en nuestro cinturón. La única interpretación que a esto se le puede encontrar es precisamente de la que tenemos que huir a toda costa.

Si lo que buscamos no es hacer publicidad gratuita a las casas italianas o francesas hay normalmente, dentro incluso de estas marcas, cinturones mucho más interesantes a considerar.

La pashmina
Hoy se denomina de forma genérica pashmina a una especie de bufanda algo más larga y de materiales más ligeros que ésta. Sin embargo esto no es del todo correcto.

La pashmina es un tipo de lana procedente de las cabras de pashmina que habitan en la región de Ladakh de Cachemira en la India. En la región de Cachemira se produce la conocida como lana de pashmina. La lana de pashmina junto con la del antílope tibetano del Himalaya y la vicuña peruana representa hoy la máxima exclusividad en lana.
Como se ha puesto de manifiesto este otoño, las épocas de frio cada vez duran menos y cada año son más benignas. Es por ello por lo que el uso de la bufanda tradicional de lana tiene cada vez menos sentido y la funcionalidad de la pashmina está más acorde a los tiempos, que en términos climatológicos, corren.

La lana de pashmina se caracteriza por ser más ligera que la lana tradicional y se distingue por su gran suavidad y su protección contra el frio. Encontrar una pashmina 100% de lana de pashmina es francamente difícil y casi siempre se encuentra mezclada con otros tejidos como la seda. También la mezcla de seda y cachemira es bastante frecuente. No obstante las fabricadas en pura pashmina siguen siendo las más exclusivas en cuanto número y precio.
Además de su funcionalidad, la pashmina aporta un toque de elegancia y estilo difícilmente alcanzable por la tradicional bufanda. Las posibilidades que ésta brinda a la hora de anudarla por el cuello y su larga caída dan un juego extra a nuestro look. Existen varios tamaños aunque yo me decantaría por aquellas tipo chal de gran tamaño 36´´x 80´´ y dejaría de lado las tipo bufanda que suelen medir 15´´ x 60´´.

Desgraciadamente en nuestro país la oferta de pashminas es escasísima y la mayoría de las que se venden como tal están más próximas a las bufandas tradicionales tanto en medidas como en tejidos. Definitivamente, no nos resultará fácil hacernos con modelos interesantes.
Nuevamente tendremos que salir de nuestras fronteras y acudir a París o a Florencia para poder ver cierta variedad. En ambas ciudades los caballeros no tienen complejo alguno en vestir una prenda creada pensando en la mujer.

Las gafas
Aunque hoy las lentillas están muy perfeccionadas y la tolerancia a ellas ha aumentado considerablemente, debido a la mejora de los compuestos, todavía hay caballeros que prefieren usar las clásicas gafas.

El aconsejar un modelo u otro no tendría sentido alguno al ser una opción muy personal y sobre todo al poseer cada caballero una fisionomía diferente. Mi único consejo es buscar en ellas el mismo estilo que buscamos en nuestra ropa. Si nuestro estilo es clásico no deberíamos optar por los maxi modelos tan de moda hoy. En cambio, no veo problema alguno en decantarnos por este tipo de gafas con nuestra vestimenta sport.
Si por el contrario nuestro estilo es más moderno resulta lógico que optemos por modelos más atrevidos. Si no tenemos pensado cambiar de gafas con asiduidad es mejor decantarse siempre por modelos clásicos que no tengan mucha montura.

Quizás a la única norma a tener en cuenta a la hora de adquirir nuestras nuevas gafas de día (no las de sol) sea a la que hace referencia Alan Flusser en su libro “Dressing the Man”. Si todos estamos de acuerdo en que nuestro rostro debe ser el gran protagonista y la ropa nos debería ayudar a que así sea, o en sus propias palabras, si admitimos que nuestro rostro debe ser la foto y todo lo que le rodea el marco, debemos buscar gafas que no centralicen en ella la mirada de nuestros interlocutores. Por ello la elección del color es de suma importancia.
Si somos morenos de piel siempre será más conveniente optar por monturas oscuras y no claras. Si por el contrario nuestra tez es clara, escogiendo unas gafas de color oscuro no conseguiremos nuestro objetivo: que sea nuestra cara y no nuestras gafas la foto final a la que miren nuestros interlocutores ya que una gafa oscura resaltará demasiado por el fuerte contraste de tonalidades.

Aunque las gafas de sol cada día se usan más en invierno, su uso sigue estando mucho más extendido en la época de verano. El que sean un complemento muy necesario en nuestro país, no significa que su uso esté justificado en todas las ocasiones.

Seguro que más de uno de nosotros estará cansado de observar como en las bodas de verano, hay incluso invitados que ejercen de testigos y acuden a la Iglesia con el último modelo de la temporada. Al igual que un reloj de 44mm no es apto para vestirse con un morning coat tampoco las míticas gafas de piloto de Ray-Ban son un buen compañero para nuestro chaqué. Cada cosa en su lugar y en su momento.
Igualmente, tampoco es bienvenido el uso de gafas de sol en recintos cerrados y mucho menos cuando estemos sentados a la mesa; por mucho incluso que se empeñen ciertas estrellas de Hollywood en desmentir con su actitud esta afirmación.

La estilográfica
La pluma fue hasta los años 50 una fiel alidada de los bolsillos de las chaquetas de los caballeros de la época. La simplicidad del bolígrafo, su menor coste y la seguridad de no manchar la chaqueta convirtió a este último en su sustituto natural. Sin embargo, el romanticismo de una pluma nunca estará al alcance de ningún bolígrafo.

Aunque cada día en menor número, todavía hay caballeros que siguen usando la pluma como se hacía de antaño y se resisten a sustituirla por el impersonal bolígrafo. La firma que se realiza con una pluma da la sensación de que aguantará los avatares de la vida de forma más exitosa.
Las grandes firmas de la historia se han realizado con una pluma al igual que lo han hecho las grandes obras literarias. Por ejemplo, Eisenhower firmó la paz de la II Guerra Mundial con una estilográfica Parker51. La firma del Tratado de Desarme Nuclear de 1987 se realiza con plumas Parker creadas para la ocasión por Ronald Reagan y Mikhail Gorbachev. Winston Churchill firmaba normalmente con una Conway Stewart etc.
La “tecnología” de los plumines ha evolucionado mucho y ya no estamos expuestos a esas manchas inesperadas. Igualmente, rara vez nos dejarán en la estacada como si lo hacen, y en no pocas ocasiones, los bolígrafos.

Debemos reconocer que antes la belleza estaba reservada solo a la pluma y los bolígrafos eran mirados de reojo y no tenían unos diseños tan cuidados como las primeras. Hoy esta situación ha cambiado y podemos encontrar bolígrafos verdaderamente atractivos.

Como hemos dicho a lo largo de todo el artículo, debemos siempre buscar uniformidad en todos nuestros complementos. No tiene sentido vestir un traje cortado en Hunstman y llevar en su interior un bolígrafo de plástico, por ligero y cómodo que sea, ya que con seguridad nos chocaría ver a ese caballero sacar en una cena ese bolígrafo para anotar cualquier dato.

Las plumas, al igual que los relojes, pueden llegar a tener un gran valor sentimental para su propietario. Ya sea bien porque nos acompañe desde hace muchos años o porque la hayamos heredado de un ser querido o sencillamente porque con ella hayamos firmado un acontecimiento importante en nuestra vida, una pluma nos puede traer emotivos recuerdos. Hoy, incluso muchos de los caballeros que usan el bolígrafo a diario reservan las grandes firmas a su pluma.

Actualmente existen grandes coleccionistas de estilográficas que poseen auténticos tesoros y no tienen reparo en acudir a las subastas más exclusivas para adquirir esa pieza que llevan buscando desde hace tiempo.

Si de comprar una nueva estilográfica se trata yo recomendaría, como también lo haría con muchos de los accesorios aquí tratados, hacernos con piezas de época en anticuarios. Por ejemplo, la mítica tienda de Colonia de Peter Pütz tiene una infinidad de plumas, gemelos, alfileres etc. con enorme belleza e historia.

El paraguas, el móvil, la cartera, el juego de maletas….
Hay otros muchos accesorios que pueden aportar a nuestro conjunto un toque de elegancia o distinción. Un claro ejemplo son los paraguas de Swaine o los de James Smith&Son, los cuales con una madera que está pulida a mano pueden elegirse hasta en tres tallas diferentes.
Aunque en otro artículo entraremos más en detalle en las normas de caballerosidad a las que todo señor debe prestar atención, debemos siempre tener presente que cuando nos encontremos en compañía de una dama tenemos que portar nosotros el paraguas y asegurarnos de que es ella y no nosotros a quien se mantiene protegida de la lluvia.

También intentaremos que camine por el lado más alejado de la acera para en caso que un automóvil salpique el agua acumulada al lado del bordillo sea a nosotros a quienes nos manche y no a ella.

Los móviles son hoy más que un accesorio una necesidad. Aunque no hace mucho tiempo carecíamos de ellos y seguíamos acudiendo a reuniones y buscando soluciones a ciertos imprevistos, hoy salir de casa sin él puede representar todo un problema.

Los modelos que se pueden encontrar en el mercado son infinitos y las innumerables aplicaciones de muchos de ellos nos sorprenden no a pocos. Independientemente de nuestras necesidades, debemos huir de esos teléfonos hoy tan de moda y codiciados por las nuevas “celebrities” y el “new money”: los teléfonos joya.

Un teléfono con incrustaciones de diamantes, cristales, oro, plata etc. es solo un signo de ostentación y no debemos olvidar que la elegancia es discreción y esta palabra tiene más de cinco letras.

Quizás a más de uno le sorprenda que uno de los complementos al que más cariño se le pueda llegar a coger sea una “vulgar” cartera donde guardar el dinero y alguna que otra tarjeta.
Una cartera con una buena piel y sobre todo con un buen cosido nos puede y nos debe durar muchos años. Normalmente son aquellos objetos que más tiempo nos han acompañado y no los más nuevos, a los que más cariño se les coge. Seguro que unos zapatos a los que les hayamos cambiado la suela en dos ocasiones tienen un mayor valor sentimental para nosotros que ese último par que acaba de entrar en nuestro armario.

Algo similar puede ocurrir con una cartera. Aunque con el tiempo envejezca y la piel se oscurezca, si nos ha acompañado muchos años y en situaciones muy diversas y además nos la ha regalado una persona querida seguro que será uno de nuestros accesorios preferidos.

Aunque como todos vosotros sabéis no soy partidario de citar marcas debo reconocer que la piel que usa la mítica casa francesa Louis Vuitton en sus carteras es excelente y envejece francamente bien. Si bien a nadie le aconsejaría que comprara sus zapatos, ya que son de una calidad ínfima, no tengo inconveniente alguno en recomendar sus carteras.

No obstante, todavía existen verdaderos artesanos de la piel y de la aguja que son capaces de hacer verdaderas obras de arte y sus carteras nada tienen que envidiar a la de las más reputadas casas internacionales de complementos.
Otros accesorios como una agenda, un juego de maletas o un maletín de trabajo pueden aportarnos igualmente un toque de distinción.

En definitiva si escogemos correctamente también esos “pequeños” detalles nuestra indumentaria se verá completada y en muchos casos resaltada.

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo para todos

El Aristócrata