domingo, 1 de noviembre de 2009

Bespoke Parte VI. El zapato a medida; Norman Vilalta: artesano y artista

Artesano: "Persona que hace por su cuenta objetos de uso doméstico imprimiéndoles un sello personal, a diferencia del obrero fabril"
Artista: "Persona que hace algo con suma perfección”

Desde que empezó a andar http://www.elaristocrata.com/ allá por Abril 08 teníamos pendiente la realización de un artículo sobre zapatería a medida. Si bien nos hemos hecho eco en repetidas ocasiones del interesantísimo mundo de la sastrería, no habíamos hecho lo propio con el de la zapatería bespoke.

Siempre hemos defendido que la elegancia empieza por los pies. A nuestros lectores les resultará familiar nuestra afirmación de que el mejor traje de Henry Poole se puede ver arruinado por no vestir unos zapatos a la altura de éste o por no saberlos combinar. Igualmente, estos habrán leído en esta página en más de una ocasión que del mismo modo, también puede ocurrir que un traje normalito se realce al descansar éste sobre unos zapatos bien escogidos y de calidad. No obstante, ni el más fino John Lobb podría hacer milagros en muchas ocasiones.

Durante estos casi dos años en los que hemos estado pensando en la estructura de este artículo y los posibles talleres donde realizarlo el nombre de Norman Vilalta siempre ha estado dentro de nuestras primeras opciones. Igualmente, queremos agradecer a los que nos sugeristeis que le dedicáramos este artículo porque después de conocer en profundidad su trabajo no creo que hubiera habido ningún otro taller, ni nacional ni extranjero, donde se nos tratara mejor y donde se nos mostrara un trabajo tan diferente a lo que hasta la fecha conocíamos.

Después de charlar por teléfono e intercambiar varios emails sobre el artículo y lo que con él queríamos contaros, acordamos mantener un encuentro de tres días en su taller de Barcelona y conocer el producto en profundidad.

Si bien el taller de Norman se encuentra en el centro de Barcelona, está ubicado en una zona relativamente alejada del bullicio de la ciudad y en una calle muy significativa al encontrarse su taller rodeado de galerías de arte. Después de pasar tres días con Norman y conocer su forma de trabajar y lo que él busca en cada par de zapatos que fabrica parece claro que la elección de los bajos de la Casa de Antoni Pámies, un edificio modernista de 1908, para establecer su laboratorio no fue para nada una casualidad. Y decimos laboratorio porque lo que allí encontramos está más cerca de un lugar donde se realizan investigaciones y experimentos que del típico taller donde solo la construcción manual de algún objeto justifica este último nombre.

Lo primero que nos encontramos al entrar en su taller-laboratorio es un tirador de la puerta principal con forma de una gran horma que perteneció al señor Josep Cunillera, zapatero ortopédico recientemente jubilado y quien representaba la tercera generación de zapateros en su familia y a quien Norman tiene en gran afecto. Hoy son las herramientas de Don Josep las responsables en gran parte del acabado de los zapatos que salen por la puerta del taller de Norman. Como nos comenta Norman, “en el gremio de zapateros los utensilios de trabajo siempre deben pasar de una mano a otra y nunca pueden descansar”.

Aparte de esta enorme horma, nos llama la atención la disposición de la tienda. Aunque más cerca de un taller de pintura o de escultura que de cualquier zapatería que podamos conocer, este fascinante lugar rezuma orden dentro de un enorme desorden. Si lo que vamos buscando es un lugar donde el lujo sea el protagonista nos llevaremos una gran desilusión. Su taller nunca podrá ser una tienda ya que el polvo campa a sus anchas rodeado de zapatos, pieles, pruebas etc.

Como decimos, no hay ni ostentación ni objetos innecesarios. Todo el guiño al lujo lo representan tres pequeñas sillas de madera donde Norman pasa horas charlando con amigos y clientes. Si el visitante lo que quiere encontrar son solo esas pequeñas obras de arte que conocemos como zapatos estará más que satisfecho ya que éstos están por todo el taller.

Justo pasado el umbral de la puerta, en una pequeña mesa en la entrada, se divisa una muestra de lo que será en un futuro cercano su línea prêt-à-porter. En esta mesa encontramos desde zapatos inspirados en modelos ingleses de los años 30 pero con un guiño a la modernidad, hasta mocasines con forro de razo.

Tras esta mesa y sobre el suelo, tanto a derecha como izquierda, observamos múltiples zapatos diseñados y fabricados por él que muestran tanto su evolución como zapatero artesano como la gran variedad de líneas con las que ha trabajado a lo largo de su ya prolija carrera.

Los modelos e inspiraciones son amplísimos. Como Norman nos adelantó incluso antes de visitarle no encontramos en su taller las líneas típicas de los Oxford o Bluchers de las casas inglesas e italianas. En su casa, como veremos más adelante, este concepto está superado.

Conforme nos acercamos al fondo de la tienda empezamos a vislumbrar lo que verdaderamente nos ha traído hasta allí: su laboratorio.

Resulta sorprendente como en menos de tres metros cuadrados se dan cita desde las centenarias herramientas con las que trabaja Norman, su mesa de trabajo y una diminuta silla. El desvirador, las limas, los hierros de cantos fríos, las ruletas, los zigzags, el yunque etc. comparten este diminuto espacio con zapatos y botas que se encuentran en pleno proceso de construcción. En definitiva, no más de tres metros cuadrados de donde salen todos los años cien pequeñas obras de arte.

Si hemos tenido la suerte de conocer anteriormente los zapatos de Norman Vilalta seguramente esperaríamos encontrar un taller mucho más moderno y amplio del que allí se abre ante nuestros ojos. Sin embargo, si algo trasmite este centenario taller es que estamos frente al lugar de trabajo de un auténtico artesano.

Norman Vilalta es argentino de nacimiento, español de adopción y barcelonés de agradecimiento. Su carrera como zapatero empezó en el país Sudamericano. Trabajando ya como abogado aprovechaba los fines de semana para ir a la casa de los artesanos de Correa Bottier a aprender el oficio. La gran amabilidad de esta familia y los sentimientos que allí afloraron le hicieron decidirse a dejar su profesión de abogado, dejarse llevar por su impulso interior y comenzar a capacitarse como zapatero artesano.

De Buenos Aires emprendió el viaje a Florencia. Allí empezó a trabajar en un taller de una señora alemana donde conoció a quien sería su maestro los siguientes años: Stefano Bemer. Él fue quien le dijo que para aprender a diseñar y hacer zapatos a mano necesitaba de al menos cinco años de capacitación. En este taller de Via di Camaldoli pasó mas de un año y medio aprendiendo los secretos relacionados tanto con la construcción de un zapato artesanal como con el diseño del mismo. Desde Florencia aterrizó en Barcelona donde ya lleva siete años entregados a esta profesión.

Mientras nos fijamos en un pequeño taburete de mimbre nos explica que la silla de cada zapatero es la responsable en gran parte del resultado final. Según nos comenta, si no te sabes sentar no puedes hacer zapatos. La forma de sentarte determina, por ejemplo, hasta como puedes cortar. Según sea la altura de la silla, el trabajo que se realice sobre el zapato puede variar considerablemente. Su silla de trabajo apenas despega del suelo unos centímetros y para seros sincero, no parece muy tentador pasar sobre ella las más de cincuenta horas que requiere la confección de uno de sus zapatos a medida.
Una vez hechas las oportunas presentaciones y tras declararse lector empedernido de nuestra página nos empieza a narrar la larga tradición que en nuestro país hay de artesanía zapatera.

Según nos cuenta, los dos países con mejores pieles son Inglaterra y España. No obstante, España es el país con mayor tradición de cuero manufactura. Por ejemplo, el cuero cordovan de cabra es prácticamente todo de procedencia española. La tradición española-árabe sobre la venta y compra de cuero convirtió a España en uno de los países con más tradición en el trabajo de la piel. Pero desgraciadamente esto no se nos ha contado y muchos seguimos pensando que la buena piel es propiedad casi en exclusiva de otros países.

Por el contrario, nos adelanta, no sin cierto pudor, algo con lo que muchos de los lectores de www.elaristocrata.com estamos totalmente de acuerdo. En España, y por mucho que desde esta página se intenta hacer, no se visten buenos zapatos. Y lo que es peor, tampoco se saben combinar los diferentes tipos de zapatos. “En España la gente es capaz de gastarse un dineral en un traje y luego ponerse con él esos infumables Sebagos”.

Las mejores botas de montar a caballo se hacen en nuestro país y las botas de cowboy proceden de las botas españolas. Según nos comenta, las botas de montar y de polo son muy difíciles de fabricar. Antes de empezar a confeccionar dichas botas Norman consiguió varios modelos antiguos ingleses y los desmontó para entender cómo estaban hechos. Los zapateros ingleses que hace cincuenta años se dedicaban a fabricar botas de montar a medida representaban el súmmum de la perfección. La bota de montar representa la máxima complicación de la zapatería artesanal y desgraciadamente hoy son contados los zapateros que hacen este tipo de zapato. Norman presentará sus botas próximamente en el Abierto de polo argentino.

Tampoco las Chealsea boots fabricadas en nuestro país tienen nada que envidiar a las de las casas extranjeras más reputadas. Igualmente, nuestros zapatos cartujanos son, según su opinión, de una enorme belleza.

Nos comenta que una de las cosas que tiene pendientes es pasar dos meses con un guarnicionero andaluz que le enseñe como se hacían antiguamente los zapatos cartujanos. Los zapatos de, por ejemplo, Guarnicionería López, si bien pueden no tener la terminación de unos zapatos bespoke, son magníficos y cuentan con una enorme variedad de modelos. Tampoco podemos olvidar a algunos zapateros menorquines quienes podrían competir fácilmente con los sobrevalorados zapatos RTW de John Lobb. Sin embargo la mayor parte de las buenas marcas RTW siguen viniendo de Northampton.

“Hoy la mayoría de los zapateros que hacen bespoke son solo artesanos pero en cambio no diseñan zapatos. Quizás esto explique mi gran admiración por el trabajo de Roger Vivier y de Ferragamo quienes han sido, desde mi puto de vista, los dos grandes maestros de la zapatería mundial”.

Como puntualiza, hoy estos grandes nombres se van sustituyendo poco a poco por nombres como el de nuestro internacional Manolo Blahnik. “Yo admiro mucho a Manolo Blahnick porque ha dedicado toda una vida a los zapatos y desgraciadamente ha tenido que hacerse famoso fuera de nuestras fronteras para que aquí se le reconozca su trabajo. No obstante, su producto difiere mucho de lo que yo considero un zapato artesano. Una cosa es decorar un zapato y otra muy diferente es hacer manualmente un zapato”.

Continúa contándonos que si bien en España se fabrican buenos zapatos RTW en cambio no contamos con destacados zapateros. “No podemos olvidar que el poner una marca en el interior de la lengüeta del zapato no te convierte en zapatero. Ser zapatero es otra cosa”.

“Hoy las grandes marcas internacionales, incluso aquellas que muchos de nosotros podemos considerar como el súmmum del refinamiento y calidad, funcionan como una gran empresa donde un equipo de personas diseña la colección, otro decide los colores y una gran fábrica los produce. Por el contrario, existen muy pocos profesionales que realicen todo el zapato ellos solos y lo que no es menos importante desde el mismo lugar de trabajo”.

El trabajo de Norman Vilalta lo podemos dividir en dos grandes grupos. Por un lado, encontramos una línea compuesta por zapatos clásicos y medida y por otro una serie mucho más conceptual y minimalista donde se une la artesanía y el diseño.

Mientras continuamos con nuestra charla hacemos una pausa para que pueda tomar medidas a un cliente, un galerista, artista y coleccionista de arte, a quien había citado coincidiendo con nuestra visita para de esta forma poder narraros de la manera más real posible el proceso de confección de uno de sus zapatos.

Durante el proceso de toma de medidas estudia y tiene en cuenta ambos pies ya que como bien nos apunta, nadie tiene los dos pies de las mismas dimensiones. Mide desde el largo, el ancho y el alto desde diferentes puntos hasta el grosor de los dedos, la altura del talón, el puente del pie etc. Mientras toma las medidas nos sigue contando que la forma de trabajar de un zapatero está siempre en continua evolución. Uno de sus mayores cambios lo podemos apreciar en el trabajo del talón donde ahora éste es una mera continuación en vertical de la suela.

Una vez concluido el proceso de toma de medidas, empieza una apasionante conversación con el cliente de más de una hora sobre lo que le gusta en un zapato y cuál es la imagen que le gustaría transmitir con ellos. Obviamente, no puede ser el mismo zapato el de un caballero que vista trajes cortados según el estilo inglés que el del señor que se decante por un estilo más italiano o el de aquel que quiere convertir el zapato en el foco de atención de su vestimenta o el de alguien que solo lo vestirá de manera casual. Tampoco, con seguridad, será el mismo zapato el de un artista que el de un banquero. Y en esto radica, como veremos más adelante, el gran valor añadido de la artesanía Norman: nadie como él sabe trasmitir la personalidad de cada cliente a los zapatos.

Una vez que abandona el cliente el taller, Norman nos adelanta como evolucionará el proceso de confección del zapato durante los siguientes dos meses hasta que éste esté totalmente terminado.

Después de la toma de medidas se prepara la plantilla de manera que refleje tanto el diseño del zapato final como el de la suela, especificando cada milímetro para, por ejemplo, conseguir una punta afilada o un estilo de zapato en concreto. Seguidamente se corta la piel y se ponen a remojar las punteras y los contrafuertes las cuales a posteriori se rebajarán dependiendo de la estructura del zapato que se quiera conseguir (rígidos, flexibles, ligeros etc).

A continuación Norman dibuja el modelo del zapato sobre la horma de madera y confecciona los patrones con las correcciones para cada uno de los pies. En caso que el cliente quiera un forro con un diseño particular se realiza un proceso similar al anterior.

Una vez terminados los patrones se pasan a un papel que cubrirá y se montará sobre la horma de madera. Es importante cerciorarse de que el dibujo del papel y su situación en la horma concuerdan perfectamente. Después se corta la piel acorde a las medidas de cada pieza de corte y forro. Seguidamente, se rebajan las partes que correspondan y se comprueba que vayan tanto unidas como que no hayan quedado regruesos. Se apara y ya está el corte listo para montar.

Las diferentes partes del zapato se montan siempre por separado siguiendo el siguiente orden: forro, corte, punteras, barretas y finalmente el corte de la punta. Posteriormente se cose, siempre a mano, el Goodyear o en su defecto el Norvegese a la vira.

El siguiente paso es ya poner los cambrillones los cuales en su taller son siempre de madera. Una vez terminada su correcta colocación se realiza el interior del zapato según lo especificado por el cliente.

El montado de la suela se realiza una vez que esta haya estado en remojo varios días y siempre después de haberla martillado con una piedra de río para conseguir el mayor grado de alisado posible. Este es el momento perfecto para trabajar sobre la suela y conseguir la flexibilidad que en ella quiere el cliente.

A posteriori, se construye el tacón del zapato estrato a estrato, insertando solo un tipo de clavos de madera alemanes que impiden que entre el agua ya que al contacto con la humedad estos se ensanchan y bloquean su paso. “El tacón queda más firme porque no se arruinan como los de acero además de no usar clavos de acero en el tacón el cambrillón también es de madera, por eso son más ligeros y no suenan en los detectores de metales de los aeropuertos”. Para la construcción del tacón, anteriormente se han debido martillar también cada una de las tapas. La terminación y forma de los cantos se realiza con lija, agua y calor. Finalmente se lustran los cantos con los diferentes hierros del zapato.

El acabado de la suela y del tacón se hace tradicionalmente con lima, vidrio, luego se trata con unas lijas de papel y con los hierros calientes con agua para posteriormente repetir todo el proceso esta vez con ceras y tintas. Se realiza con una lija de joyería progresiva 350, 500 y 800. Con su uso conseguimos que la fibra quede completamente lisa y brillante. Es ahora cuando se ponen los cuños de cada uno de los artesanos que han intervenido en la fabricación del zapato y se graban las iniciales del cliente en cada uno de los zapatos.

El lustrado pone fin a la construcción del zapato. El grado de intensidad del mismo depende en gran medida de lo que quiera el cliente. Si se trata de una glaseatura, el zapato se lustra haciendo capas muy sutiles de cera con un líquido especial. Si el cliente prefiere algún tipo de textura como, por ejemplo, un tono envejecido, el proceso de lustrado se alarga en el tiempo necesitándose otros dos días. “Junto con la terminación del tacón y la suela es cuando se les da el "carácter" al zapato por ejemplo para un mismo modelo, si el cliente lo usa con un determinado estilo en el vestido se le puede dar un carácter particular“.

Los instrumentos que utiliza en la confección de sus zapatos son igualmente de primera calidad. Por ejemplo, las agujas con las que cose son de jabalí. Otros detalles como la pega, formada por resina, cera de abeja y aceite, de la que se sirve para impermeabilizar el hilo y así evitar que lo pudra el agua son otra muestra de su concepto de zapatería artesanal.

Otra nota de la calidad de su trabajo es el uso de diferentes técnicas para obtener ese resultado buscado. Por ejemplo, este cliente con el que nos reunimos ayer quería en su primer par de zapatos una suela fina pero muy rígida por lo que tuvo que hacer un tratamiento especial a la suela y así conseguir en la mínima superficie la mayor rigidez. Esto se complicó cuando le comunicó a Norman que, sin embargo, quería una piel muy flexible. Para ello Norman trató el cuero con agua y jabón para de esta forma hacerlo flexible.

En total tres o cuatro meses tendrá que esperar cada cliente de media para poder empezar a disfrutar de estas pequeñas obras de arte.

Después de esta pequeña explicación sobre las fases de construcción de un zapato artesanal, Norman vuelve sobre la importancia del asesoramiento al cliente. No siempre el cliente sabe con certeza el zapato que busca o, como ocurre en muchos de los casos, le pueden asaltar dudas tras conocer el trabajo y la opinión del zapatero. Si el cliente no tiene claro qué tipo de zapato busca, Norman le intenta ayudar a despejar sus dudas aminorando las opciones. Por ejemplo, como hemos podido comprobar in situ con su anterior cliente, Norman pregunta sobre la línea que más se corresponde con su gusto. Quiere saber si prefiere un zapato más redondo, más cuadrado o más alargado. En el caso en concreto de este cliente, Norman le recomienda un tipo de horma que también disimularán su elevado empeine.

El cliente, igualmente, pidió a Norman que le diera algo más de holgura a la parte exterior del pie izquierdo; algo por otra parte normal ya que según nos cuenta Norman todavía no ha conocido a nadie que tenga la fisionomía de los dos pies idéntica.

Después de todas estas consideraciones coinciden en optar por un zapato de corte clásico pero con una punta circular que dará ese toque moderno que mejor se adapta con la personalidad de su futuro propietario.

Trascurridas dos o tres semanas se llama al cliente para que se someta a una primera prueba. En esta prueba todavía no existen los zapatos como tal. Todo lo que vemos son una especie de zapatillas de estar por casa a las que ya se les ha dado la forma de los pies del cliente y que sirven a Norman para asegure de que las medidas que tomó fueron las correctas y el cliente se siente cómodo con estas zapatillas. Las zapatillas de prueba se confeccionaron sobre una horma de madera en la cual se harán ciertas modificaciones una vez comprobadas y ajustadas las medidas después de esta primera prueba.

Para la realización de las hormas, Norman escoge la horma tipo que mejor se adapta al perfil del pie del cliente y la personaliza con todas las medidas y características de sus pies. Añadiendo trozos de piel u otros materiales a hormas estándar consigue unas hormas totalmente acordes a la fisionomía del pie del cliente.

El número de hormas estándar con las que trabaja es enorme ya que como bien nos indica, aunque el cliente sea el mismo, no pueden ser iguales las hormas a utilizar en un Blucher, un Loafer o un Oxford. Igualmente, tampoco puede ser igual una horma de un Oxford en el que se vaya a utilizar piel de cocodrilo que una en la que se use piel de becerro. La piel a utilizar exige en muchas ocasiones hacer pequeñas correcciones en las hormas.

Una vez hecha la primera prueba con este tipo de zapatilla “de estar por casa” se configura un nuevo zapato con la horma y las medidas casi definitivas. Este zapato ya cuenta con lengüeta, cordones, forro, etc. Este nuevo zapato lo vestirá el cliente durante al menos dos semanas y será la clave para que el zapatero pueda asegurarse de que son como un guante para los pies de su cliente. Esta segunda prueba sirve también para que Norman haga las pequeñas modificaciones que requiera el zapato y pase estas nuevamente a la horma para poder empezar ya a trabajar en los zapatos finales.

Cuando la horma está totalmente definida y construida es el momento de comenzar a definir el modelo de zapato y la piel a utilizar.

La gran mayoría de la piel que utiliza el taller de Norman viene de Francia. En concreto su debilidad sigue siendo la Tanneries Du Puy; la misma piel que emplea Hermes para la confección de sus bolsos. Según nos comenta, no existe hoy en día mejor piel que esta. Igualmente, el ante que usa en la parte exterior del zapato tampoco es ante corriente, solo recurre a ante de antílope.

Según nos cuenta, un zapato que se use con asiduidad y que cuente con una piel de calidad y su construcción haya sido artesanal debería durar si se cuida no menos de cuarenta años. Ese cuidado debe consistir en la utilización de unas hormas a medida. No obstante, lo más importante para conseguir alargar lo máximo posible la vida de nuestros zapatos es llevarlos siempre a reparar al zapatero que los hizo. Nadie mejor que él conoce cómo están fabricados.

La elección del color en esta casa tampoco es tan sencilla como a priori se pudiera esperar. Una de las pasiones y notas diferenciadoras de los zapatos de Norman Vilalta es el tratamiento del color de la piel. En este laboratorio el cliente no se limita a escoger un negro o un marrón oscuro. “En general no hago zapato negros, los hago de pieles azules o marrones y luego las transformo en negro de modo que con el paso del tiempo vayan dando veladuras”. Se puede conseguir el color que se quiera o incluso optar por diferentes tonalidades en un mismo zapato. Para ello las somete a calor o utiliza diferentes aceites que oscurecen o aclaran la piel.

Norman tiñe la piel de tal forma que conforme pase el tiempo vaya cambiando de color y adquiera esa belleza que solo los zapatos viejos tienen. “A mi me gusta investigar la infinidad de tonalidades que pueden adquirir la pieles. Por ejemplo, en mi casa de campo de Mallorca teñí la misma piel en diez diferentes tonalidades y las expuse al sol directo durante un mes y medio para ver como evoluciona el color. La que más me gustó fue con la que confeccione los siguientes pares de zapatos”. El cliente que acude a esta casa busca también que el color de su zapato no sea como el de la mayoría de los zapatos RTW que puede comprar en cualquier tienda. Como pudimos comprobar la pala de muchos de sus zapatos está formada por diferentes colores e incluso por diferentes tipos de pieles.

Como él mismo nos comenta, tiene un don con las manos que le permite si se le enseña la técnica, realizar cualquier cosa que requiera del uso de estas. Su habilidad con las manos también le permite dibujar tatuajes en la piel de sus zapatos; algo muy demandado por algunos de sus clientes.

Según nos adelanta, tan trascendental es la piel que se usa por fuera del zapato como la que se utiliza en el interior. Como nos indica en varios momentos del encuentro, tan importante es la belleza del zapato por fuera como por dentro. “Hoy la gran mayoría de los zapateros artesanos solo prestan atención a la belleza exterior del zapato cuando para mí es igual de importante una como otra”.

Nos cuenta que él fabrica zapatos donde a veces la piel que emplea en su interior es mucho más cara que la que ha utilizado fuera. Hay zapatos que, por ejemplo, su interior lo confecciona con ante de cabra. Esta permite conseguir una suavidad que, en sus propias palabras, representa la máxima esencia del lujo. Otras veces es el raso dopiato italiano el utilizado para forrar sus zapatos.

Seguidamente nos muestra un dieciséis pies del que según nos adelanta solo consigue extraer piel para dos pares de zapatos. El resto de esta la utiliza para los zapatos de prueba. “Si te fijas esta piel no es pareja; la piel tiene que tener pequeños defectos. En una buena piel se debería apreciar hasta las venas del animal. Si la piel fuera pareja es porque estamos ante una piel de baja calidad ya que habrá sido corregida”.

"Cuando voy a coser un zapato siempre lo forro en nylon para que en el proceso de montaje del zapato la piel no se manche".

Es curioso comprobar como al igual que ocurría en el caso de Laszlo Vass, Norman siente una gran alegría cuando sus clientes le llevan a reparar los zapatos que salieron de sus manos hace varios años. “Es como el encuentro con ese antiguo amor al que no ves desde hace años; se te acelera el corazón y una extraña sensación se apodera de ti”. Nos justifica este sentimiento porque como él mismo nos apunta “cuando mis zapatos salen del taller son hermosos, pero cuando el cliente los usa y los reparo al cabo de cuatro o cinco años estos zapatos son verdaderamente bellos”.

La reparación de la suela exige humedecer el zapato para conseguir que entre nuevamente en la horma y de esta forma poder empezar una vez más el proceso de martillado. La suela se hace nuevamente entera, el tacón se realiza estrato a estrato etc. Para conseguir que el zapato pase del nivel inicial de hermoso al de bello es necesario estirar de nuevo la piel. “A mi me gustan más los zapatos con alguna mancha o con las típicas arrugas que muestran el paso del tiempo o con una suela gastada que un par de zapatos totalmente nuevos.

Aprovechamos entonces para preguntarle su opinión sobre las fotos donde recientemente se ha visto al Príncipe Carlos vistiendo unos Lobb remendados. Sin lugar a dudas se muestra a favor de remendar los zapatos buenos. Según él es una técnica maravillosa que aporta si cabe más clase a esos zapatos.

Cuando le preguntamos qué casas son las que gozan más de su admiración no nos da nombres. Se limita a apuntarnos que siempre debemos buscar aquellos zapatos que sean bonitos los mires por donde los mires. En concreto nos indica que en un zapato debe ser bonito tanto el exterior, el interior como la propia la suela. Estas tres dimensiones determinarán si podemos calificar un zapato como hermoso.

Igualmente, todos los componentes utilizados en la fabricación del zapato deben ser hermosos. La máxima de su maestro es que todo el zapato debería ser bello. “Debe ser bello desde el hilo como la propia la costura”. Nos comenta esto mientras nos enseña la costura de un zapato donde dicha costura simula a un collar de perlas. “Si te fijas en esta suela los agujeros para luego coserla están a cinco o seis milímetros entre ellos cuando lo normal sería un centímetro. Esto es lo que yo entiendo por bello”.

Todos sus zapatos son tanto personalizados según las preferencias de sus clientes como de fabricación 100% artesanal. “El proceso artesanal que utilizo tanto en mis zapatos RTW como en los bespoke es como mínimo de la misma calidad que los de las casas de, por ejemplo, Lobb o Berluti”. No obstante, la gran diferencia del zapato de Norman Vilalta radica en la personalización. “Mi cliente no entra en la tienda y dice quiero esos zapatos a medida. Yo no trabajo así. Yo no quiero hacer dos pares de zapatos iguales”. Como él mismo nos sigue narrando, por muy similares que sean los pies de dos clientes, el estilo de ellos siempre es diferente.

“Yo tengo que conocer al cliente, hablar con él durante al menos una hora, ver como viste y qué imagen quiere trasmitir. Necesito verle caminar. Debo conseguir que los zapatos de mis clientes sean la prolongación de su personalidad. Deben ser sus zapatos y los de nadie más. Sinceramente no entiendo como alguien que nunca ha visto a su cliente puede hacerle unos zapatos”.

Solo una vez que tenga claro el estilo del cliente, y a veces según nos comenta en esto radica la fase más compleja de la fabricación de los zapatos, empieza a trabajar sobre el diseño de los mismos. Como él mismo nos dice “te puedo asegurar que si te doy varias hormas diferentes y hago entrar a sus propietarios usted podría identificar fácilmente cada horma con su cliente”.

Otra nota característica de sus zapatos es que el dibujo de estos no es simétrico. Nunca el lado derecho del zapato y el izquierdo son iguales. Esto, según apunta, representa una dificultad añadida a la hora de coserlos porque cambian las referencias de un lado y otro.

“Igualmente, intento huir de las modas. A mí me interesa el diseño y la artesanía pero no entro en las modas. No entiendo, por ejemplo, la absurda moda de las slippers. Hace poco vi a Brad Pitt con unas grandes iniciales en esas zapatillas de estar por casa. ¿Acaso a Brad Pitt se le olvida su nombre que se ve en la necesidad de bordar esas enormes iniciales en sus zapatillas?”

Conforme transcurre el segundo de nuestros encuentros, nos comenta que cinco son los oficios que intervienen en la fabricación de un zapato: el hormero, el diseñador, el cortador, el aparador y el montador del zapato. Todos ellos, como ya hemos apuntado, pondrán luego su cuño en el zapato. Aunque Norman interviene de una forma u otra en todas las etapas, nos confiesa que él no apara.

Una de las mejores noticias que recibimos en aquella soleada mañana de sábado fue que acababa de terminar el muestrario de lo que será su nueva línea de zapatos RTW aunque todavía no tiene fecha para su comercialización. En su línea RTW podemos estos encontrar el mismo trabajo artesanal que en su gama de bespoke pero obviamente sin ser a medida ni personalizados.

Otra nota característica de la forma de trabajar de Norman Vilalta y que le diferencia del resto de zapateros renombrados es que su cliente siempre tiene la opción de visitarle y ver el estado de confección de su zapato. Incluso si es su deseo, puede quedar con Norman y ver el trabajo que se realiza en las diferentes fases de la construcción de su zapato. “Nunca entenderé como puede haber señores que acudan a John Lobb Madrid a encargar un par de zapatos bespoke y no se den cuenta que allí se limitan únicamente a tomarles unas cuantas medidas y a mandarlas a la casa en Francia. El concepto que yo tengo de bespoke es bien diferente a esto”.

Norman fotografía todo el proceso de construcción del zapato y se lo hace llegar a sus clientes para que sepan en todo momento como va y en qué consiste cada fase de dicho proceso. “Mis clientes, normalmente, aparte de gustarles mis zapatos son amantes de de la alta zapatería y como es normal les agrada que les vaya enviando fotos de la evolución de sus zapatos”.

También realiza videos explicativos del proceso de construcción que igualmente se los hace llegar según va concluyendo las fases más importantes. “De esta forma intento que el cliente sienta como suyo el zapato desde el primer día”. El que Norman te haga unos zapatos es sobre todo una experiencia para su afortunado cliente ya que te da la opción de disfrutar de todo el proceso de construcción de tus propios zapatos.

Cuando le preguntamos por el prototipo de su cliente nos comenta que fundamentalmente suelen ser caballeros jóvenes que dan mucha importancia a su imagen. Tiene hasta un cliente de 22 años que todas las prendas que viste son bespoke al cual no le importa viajar a varios países y hacerse las camisas en uno, los trajes en otro etc.

Una de las preguntas que mucho antes de conocerle personalmente teníamos pensado hacerle era cuáles eran esos cinco pares de zapatos que deberían estar en el zapatero del caballero que viste de lunes a viernes de traje y el fin de semana de sport. Según su punto de vista estos deberían ser: dos buenos mocasines; “pero por lo que más quieras que por favor no sean Sebagos”, un monopetzzo (un zapato de una sola pieza, carente de todo tipo de adornos), un Blucher, un Oxford y algún zapato para provocar. “Y si lo pudiéramos completar con un Monkstrap y un Spectator nuestro armario estaría casi completo”. Fue concretamente un Spectator el primer zapato bespoke que vistió Norman.

De regreso a Madrid Norman nos envió un mail donde quería matizar esta respuesta. Nada mejor que sus propias palabras para entender toda la filosofía que se esconde detrás de sus zapatos.

“Me quedo dando vueltas a tu pregunta de qué zapatos debería tener un caballero y cuáles serían los cinco zapatos que un caballero debería tener. Ayer se me vino a la cabeza que independientemente de los otros cuatro, mi idea es que por lo menos uno, si no pueden ser todos, sea un zapato tan personal que represente la personalidad de quien lo vista y que tenga detalles que lo conviertan en único. Sea cual sea el estilo se tiene que salir de lo que es un zapato normal; en definitiva que tenga algo que lo convierta en único.

He comprobado que una de las cosas que más valoran mis clientes es poder llevar algo que este hecho solo para ellos; creo que es un placer que todos los amantes de la zapatería nos deberíamos dar al menos una vez en la vida”.

Obviamente no queremos terminar este tercer encuentro sin preguntarle por el rango de precios de estas pequeñas obras de arte. Desgraciadamente no conseguimos una repuesta directa y Norman se limita a hacerse eco de una de las frases más populares de su maestro Stefano Bemer: "Quality is remembered long after price is forgotten”.

En lo que por el contrario si encontramos una actitud decidida es en su ofrecimiento a todos los miembros de esta página de visitarle y como yo ya he podido comprobar, muy gustosamente mostrará su producto.

Y para dar la última puntada a estos tres apasionantes días en compañía de Norman Vilalta os dejamos un video resumen de lo que allí pudimos ver y sentir.



Video con audio


El Aristócrata

Fotos propiedad de http://www.elaristocrata.com/
Agadecimientos especiales a Norman Vilalta, G.H.B., R.E.L.-G. G, y T.L.-G.H. sin la ayuda de los cuales la realización de esta artículo hubiera sido de todo punto imposible