A raíz del artículo del mes pasado en el que nos hicimos eco de la gran aceptación que vuelve a tener el traje cruzado nos han llegado una gran cantidad de preguntas. Esto nos ha animado a escoger al traje cruzado como el protagonista de este nuevo artículo de bespoke.
En un mundo donde las grandes marcas acaparan la mayor parte de las ventas y han destronado a oficios centenarios como el de sastre, estudiar todo el proceso de confección de un traje a medida nos permite reafirmarnos en la idea de que un traje de confección industrial, por muy importante que sea la marca que lleve en su interior, no justifica su elevado precio.
Este mes queremos compartir con todos vosotros dicho proceso haciendo hincapié en la importancia de las diferentes pruebas que se llevan a cabo hasta que el traje está totalmente listo para ser vestido.
Para ello nuevamente nos pusimos en contacto con D. José María Reillo, sastre y Presidente del Club de Sastres de España, para que fuera su buen hacer y profesionalidad los que nos guiaran a través de todas las fases de construcción de un traje cruzado a medida.
Debido al mimo y a la atención al detalle que desde la sastrería de D. José María se presta a su trabajo, nos vimos obligados a empezar a trabajar en este artículo en Junio pasado. Fue en ese mes cuando acudimos por primera vez a la sastrería a discutir el diseño del traje y las características que buscábamos en él.
Una de las primeras preguntas a las que tenemos que estar preparados a contestar cuando acudamos a un sastre de prestigio es la referente al uso que queremos darle a la prenda. Dependiendo de dicho uso nuestro sastre nos recomendará diferentes tipos de telas.
Independientemente de que nos guste más una tela u otra no debemos olvidar nuestras circunstancias personales. Hay telas que necesitan de un cuidado mayor y si no se las trata correctamente pueden tener una vida limitada. Otras no están concebidas para aguantar el traqueteo de uso intensivo; otras necesitan de un mayor reposo para volver a su posición original etc.
Si queremos que nuestro traje aguante un buen número de años sometido a un uso frecuente debemos siempre optar por telas de cierto peso como son aquellas de no menos de 370gr. Estas telas son propiamente de invierno y su uso es desaconsejable en verano. Pero si lo que buscamos es durabilidad esos son los tejidos en los que nos tendremos que fijar.
Contar con la ayuda de un buen sastre nos aportará innumerables ventajas a la hora de diseñar nuestro traje. Según sea nuestro estilo y tras mantener un pequeño encuentro con él, nos diseñará nuestro traje atendiendo a nuestro físico y personalidad. Podrá ser más entallado, de solapas más estrechas, el pantalón de corte más alto etc. También nos recomendará una chaqueta más corta, cerillera, una o dos pinzas, pinza inversa, tipo de botones, largo y ancho del pantalón etc. La molestia de definir todos estos puntos normalmente solo está al alcance de aquellos sastres cuyo trabajo es algo más que un mero sustento.
Igualmente, un experimentado sastre tendrá en cuenta nuestra constitución física para, a través de su trabajo, ocultar aquellos pequeños defectos que muchos de nosotros tenemos. De igual forma, con un corte correcto conseguirá resaltar nuestras virtudes.
Como ya indicamos en la primera parte de “Into the Fitting Room”, la realización de un traje a medida requiere de la paciencia del cliente, en algunos casos de mucha de ella, ya que normalmente su confección requerirá en algunos casos hasta de varios meses.
Es por ello por lo que el mes de Septiembre es el mes óptimo para planificar nuestro armario y tenerlo listo para cuando lleguen los meses de más frío.
Como hemos indicado, el poder contar hoy con este artículo nos obligó a empezar a trabajar en él en pleno verano sintiéndonos extraños al encontrarnos entre telas que eran más propias de invierno que de la época que estábamos comenzando.
Después de discutir un largo rato sobre todos los aspectos recién mencionados nos decantamos finalmente por una tela de la centenaria casa inglesa Harrison of Edimburgh.
Aunque no queremos extendernos en el tema de las calidades de los diferentes tipos de tejidos ya que necesitaríamos un nuevo artículo, sí queremos aclarar un concepto que no parece que esté hoy en día muy claro ni siquiera para muchos profesionales. Nos referimos concretamente al término “Super” y al número que detrás de él aparece: 100, 120, 130 etc.
Hoy en día la gente sigue asociando este número a calidad y precio y no siempre es así o al menos no lo es respecto a la calidad en muchos de los casos. Muchos caballeros piensan que cuanto mayor sea el número mejor es la calidad del traje. Si efectivamente es esa su manera de pensar pueden llevarse alguna sorpresa desagradable.
Hoy el término “Super” se utiliza para medir la calidad de la tela. Cuanto mayor sea el número, más fino se supone habrá sido el hilo que se ha utilizado para formar la tela resultante. Consecuentemente cuanto más fino sea el hilo utilizado mayor número de estos se tendrán que utilizar para conseguir, por ejemplo, los tres metros de tela que requiere un traje cruzado. Al igual que cuando estudiábamos las composiciones de las telas de las camisas, normalmente un mayor número de hilos se traduce en una tela más vistosa y elegante aunque también mucho más delicada, de longevidad más corta y más dada a arrugarse.
Otro peligro, como tuvo ocasión de comprobar el Cashmere and Camel Hair Manufacturers Institute en un análisis de 20 prestigiosos trajes, es que dos tercios de la tela de los trajes analizados no obedecían a lo que se especificaba en sus etiquetas. Esto es así debido a que no existe una forma de medida estándar para los conocidos como S-numbers. Todo lo que existe en la actualidad es una guía elaborada por la Wool Textile Organisation pero que desgraciadamente no todos los fabricantes tienen en cuenta a la hora de etiquetar sus telas.
Una vez más, solo cabe una solución para saber la calidad de la tela que tenemos enfrente y esta no es otra que tocar el tejido y dejarnos llevar por nuestra experiencia. Si todavía no tenemos la prática suficente debemos decantarnos por aquellas telas cuya reputación las preceda.
A partir de 160´s las telas de nuestros trajes serán tan delicadas que solo podremos vestirlos en contadísimas ocasiones y además requerirán de un extraordinario cuidado. Por ejemplo, un traje 160´s que necesite pasar por la tintorería tiene muchas más opciones de salir de ella en peores circunstancias de las que entró.
Para saber qué tela debemos escoger aparte de en el tipo de tejido debemos fijarnos en su peso. Solo estudiando estas dos características podremos acertar en nuestra elección.
El peso de nuestra tela es de 330 gramos; un peso intermedio entre una tela de entretiempo y una tela de invierno. Las telas por debajo de 280 gramos son idóneas para los meses de calor y las que exceden de 365 son las que mejor se adaptan al frío invierno.
Con la toma de medidas, la realización del patrón, su paso a la tela, el corte, la unión de las diferentes piezas, el hilvanado, las múltiples pruebas y los retoques finales, el sastre persigue algo que le está vetado a la confección industrial, por prestigiosa que sea la casa: un traje ceñido por fuera, amplio por dentro, que oculta nuestros defectos y que está totalmente acorde a nuestras medidas, características y gustos.
Conseguir que nuestro traje sea una segunda piel sería sencillamente imposible sin la realización de un mínimo de dos pruebas. La realización de las pruebas no se lleva a cabo de forma aleatoria y con éstas se busca sobre todo que nuestro traje tenga la hechura perfecta. Esta hechura por muy precisa que haya sido la toma de medidas o la realización del patrón no se puede conseguir sin que se realicen varias pruebas.
En el mundo de la alta sastrería a medida, como ocurre en otros muchos campos, a veces se opta por diferentes caminos para llegar a un mismo resultado. Es por ello por lo que no todos los sastres utilizan ni las mismas técnicas ni realizan las pruebas en las mismas etapas de confección del traje.
La sastrería británica capitaneada por los sastres de Savile Row opta en su mayoría por realizar dos o tres pruebas durante los dos meses que como mínimo requieren para la realización del traje. Estas pruebas coinciden con la conclusión de tres momentos fundamentales en el proceso de construcción del traje: el skeleton baste, el forward y el finish bar finish.
D. José María antes de empezar a trabajar en el skeleton baste, prefiere hacer una prueba para afinar lo más posible el skeleton baste. En esta prueba la tela ya está cortada acorde a nuestras medidas pero carece de toda forma.
Aunque en nuestro caso el largo de la chaqueta estaba ya cortado según nuestra preferencia especificada durante la toma de medidas, con esta prueba el sastre puede empezar a definir desde el largo de la chaqueta a la altura de los bolsillos. Este “trozo” de tela lo irá ajustando a nuestro cuerpo haciendo múltiples marcas con un jaboncillo de sastre. Todas estas marcas son fundamentales para conseguir un skeleton baste lo más perfecto posible.
En la prueba del skeleton baste nos encontraremos con una chaqueta donde las partes principales de la chaqueta aparecen unidas por un simple hilo de algodón blanco (basting thread). Este algodón se utiliza para mantener unidas las diferentes piezas y será retirado cuando el sastre termine de marcar los ajustes en el skeleton.
Esta primera prueba es fundamental para hacer los grandes cambios: largo de la chaqueta, las mangas, talle, altura de los bolsillos, tipo de hombreras etc). Igualmente, la prueba del skeleton baste es de una ayuda inestimable para realizar modificaciones posteriores en el patrón.
Hay sastrerías, como por ejemplo, Anderson & Sheppard que nunca realizan esta primera prueba, debido a que según su sastre Mr. Hallbery “if you need the inlays, you don’t know what you’re doing”. Esto indudablemente obliga a los sastres de A&S a afinar muchísimo su trabajo ya que no hay lugar para errores. No obstante incluso en A&S siguen usando el skeleton cuando de un chaqué se trata o cuando trabajan con un cliente con físico difícil.
Las medidas se dibujan en la tela y directamente se corta con el consecuente riesgo que ello implica si no se cuentora con la experiencia y pericia necesaria. Sus cincuenta años en la profesión le permiten pasar las medidas a la tela directamente sin necesidad de elaborar un patrón. Además el no usar patrón agiliza la construcción del traje. No obstante, para sus clientes extranjeros o para aquellos que no disponen del tiempo necesario D. José María realiza un patrón conforme a los cánones clásicos.
En otras palabras, en España el cliente busca tener un traje cortado y cosido, por ejemplo, por el señor Reillo lo que obliga a este cliente asumir que cuando éste se jubile o deje de ejercer por cualquier motivo tendrá seguramente que acudir a otro sastre ya que la sastrería a la que él siempre había acudido no tiene su patrón y el traje que le puedan cortar nuevamente allí no será de idénticas medidas a la de sus antiguos trajes.
Una vez concluida la prueba del skeleton y realizados todos los ajustes nos llamarán en unas dos o tres semanas para una segunda prueba.
En esta segunda prueba, denominada forward, encontraremos nuestro traje prácticamente “construido”, lo cual significa que tanto los bolsillos, el forro interior, las solapas etc. estarán concluidas. Normalmente ni el cuello ni las mangas se encuentran del todo terminadas y las veremos básicamente como cuando acudimos a la prueba del skeleton baste.
Una de las ventajas de esta prueba es que nos da una idea muy aproximada de cuál será el resultado final de nuestro traje.
Después de la prueba del forward nuestro sastre rematará el traje y si todo ha ido sobre lo previsto la próxima vez que nos llamen será para llevárnoslo a casa.
No obstante, D. José María prefiere abusar de la paciencia de sus clientes y llamarles para una tercera prueba.
Esta prueba es el momento adecuado para comprobar que el interior del traje está conforme a nuestros deseos. Debemos comprobar que el forro de los bolsillos es de las medidas que nosotros especificamos y que los compartimentos interiores están construidos atendiendo a nuestros gustos.
Hay que tener especial cuidado en este punto ya que una chaqueta demasiado entallada puede quedar bien cuando su portador está enfrente del espejo pero cuando empiece a caminar ese exceso de talle puede terminar pasándole factura en forma de rayas. Es también ahora el momento de cerciorarnos de que los bolsillos interiores de la chaqueta son acordes en número y forma a lo que especificamos en la toma de medidas.
Esta prueba que no es considerada como necesaria por muchos sastres sigue siendo requerida por D. José María ya que a pesar del lógico inconveniente que esto supone tanto para el cliente como para el sastre ayuda a conseguir una hechura muy perfeccionada.
En Inglaterra normalmente con las pruebas del skeleton baste y el forward es suficiente para que el cliente pase a recoger su traje y es poco frecuente que te llamen a una tercera prueba.
La tercera prueba, el finish bar finish, se realiza normalmente bien porque el cliente no reside en la ciudad del sastre y éste se lo tiene que enviar a su domicilio sin poderlo ver en la prueba definitiva o bien porque el cliente no cuenta con el tiempo necesario para esperar a esa última prueba; algo bastante frecuente en SR donde muchos de sus clientes son extranjeros y no disponen del tiempo necesario que la confección de un traje bespoke requiere.
En la prueba del finish bar finish el traje está casi terminado a falta de los ojales y el remate final.
Es recomendable preguntar a nuestro sastre sobre los cuidados adecuados para el traje. Seguramente muchos de nosotros nos sorprenderemos al oír las atenciones que son necesarias para conservarlo durante muchos años como está antes de salir por la puerta de la sastrería. Por otro lado parece normal que sea el mismo sastre quien ponga interés en que se cuide con mimo ese trabajo ya que además de haberle dedicado muchas horas de trabajo, sus clientes son su mejor tarjeta de presentación.
Para terminar, apuntar que seguramente muchos de nosotros habremos experimentado en alguna ocasión cierta desilusión con ese traje tan especial y por el cual hicimos un gran esfuerzo y el cual después de unas cuantas puestas no nos queda tan perfecto como cuando salíamos con él de la sastrería.
Nuestro traje conforme lo vayamos vistiendo se irá adaptando a nuestro físico y es admisible que pueda aparecer alguna arruga o que incluso la caída del pantalón sea diferente una vez se haya acoplado a nuestra cadera.
Por ello algunos de los sastres más perfeccionistas piden al cliente que les vuelva a visitar vistiendo ese traje pasados unos meses. Solo entonces podremos saber si ese es “El Traje”. En ese momento tanto el sastre como el cliente quedarán totalmente conformes con ese trabajo.
Para concluir hacer hincapié una vez más en que la prueba es, con seguridad, el mejor aliado de la perfección por lo que si tenemos la suerte de que nuestro sastre se toma la molestia de llamarnos en varias ocasiones debemos estarle agradecido ya que éstas solo redundan en el beneficio del resultado final.
El Aristócrata
Fuente: http://www.englishcut.com
Fotos: Propiedad de http://www.elaristocrata.com/










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