El Aristócrata se creó hace ya más de un año para compartir y reflexionar sobre lo que desde nuestro punto de vista significaba la palabra “elegancia” en el contexto del vestir masculino. Para conseguir nuestro objetivo nos hemos visto obligados a volver constantemente a mirar a aquellos años, los años 30 y 40, donde la elegancia masculina alcanzaba su punto álgido.
Concretamente, la década que va de 1930 a 1940 representa la cúspide de lo que nosotros entendemos como elegancia masculina. Aquellos eran tiempos donde los caballeros sabían que prendas eran las adecuadas para ser vestidas en cada momento, estaban familiarizados con su significado, conocían las diferencias entre ropa formal, semi-formal o informal, no tenían dudas sobre cuando se debía vestir un frac, un esmoquin o un chaqué etc. Y esto se extendía a prácticamente todos los estratos sociales donde los diferentes señores, según sus posibilidades, intentaban ser lo más elegantes posible.
Desgraciadamente esos tiempos ya pasaron y, aunque qué duda cabe que ha habido otros periodos donde la elegancia masculina ha tenido buena cabida y grandes representantes, hoy nos encontramos con una sociedad que al menos en lo que a vestimenta masculina se refiere, dista mucho de lo que en aquella época se consideraba elegante. Hoy, por ejemplo, observamos que el uso del frac es meramente testimonial, la vestimenta del abrigo (y no ya solo de los legendarios frock o paddock) va desapareciendo sustituyéndose por prendas supuestamente más cómodas y modernas; el esmoquin hoy se viste en bodas; las revistas de moda masculina plasman como estiloso y elegante lo que a más de uno nos parece algo sencillamente esperpéntico etc.
Quizás por todo esto no falte razón a aquellos que nos critican por defender una forma de vestir perteneciente a otra época y totalmente desaparecida hoy en día. Al menos en esto tienen razón; efectivamente nuestro concepto de elegancia apenas tiene cabida hoy y difiere enormemente de lo que en estos tiempos se considera elegante.
A pesar de tener que dar a nuestros críticos la razón de entrada, les animaría a que repasaran la historia de la moda masculina para así darse cuenta de que lo que hace apenas dos años era considerado por ellos como muy moderno hoy es sencillamente algo totalmente superado o en el mejor de los casos algo pasado de moda o incluso ridículo. Por el contrario, aquellos trajes de chaqueta que hace 50 años vestía Cary Grant o Felipe de Edimburgo siguen siendo hoy perfectamente “ponibles” y lo que es más: seguramente lo sean por muchos más años. Esa es la grandeza de la moda masculina clásica; siempre será actual y podrá presumir de permanente.
DBJ de 1906…y preciosas botas tipo Balmoral
Sin querer justificar nuestras palabras usando la famosa frase que sobre la moda acuñó Oscar Wilde, “fashion is a form of ugliness so intolerable that we have to alter it every six months”, los que seguimos la evolución en el vestir masculino podemos apreciar como cada determinado tiempo resurge una prenda perteneciente a otra época y que prácticamente se daba por desaparecida. Esto que el mundo de la moda nos lo ofrecerá como algo novedoso no es otra cosa que un regreso a ese “horroroso pasado”.
En el artículo de este mes queremos estudiar el retorno de dos prendas que no hace mucho tiempo tuvieron un lugar destacado en el ropero de los caballeros y que habían caído en desuso; en concreto intentaremos conocer algo más de la corbata de lazo y de el traje cruzado.
Aunque el uso y la inclusión en nuestro Diccionario de la Lengua Española de la palabra pajarita ha hecho que en España se haya popularizado con este nombre, la denominación correcta para ésta es corbata de lazo ya que ésta no consiste en otra cosa que un trozo de tela donde sus dos extremos son anudados alrededor del cuello dando como resultado un nudo con dos lazos. Y es concretamente esa forma de anudarse alrededor del cuello la que los británicos tuvieron en cuenta para denominar a nuestra corbata de lazo como bow tie.
Si bien no es el objetivo de este artículo estudiar la historia de este complemento si es interesante conocer que la pajarita data de las guerras prusianas del siglo XVII. Ya entonces los caballeros croatas utilizaban un tipo de bufanda alrededor del cuello para unir las aberturas del cuello de la camisa. Desde entonces fue la clase alta francesa la que con su uso lanzaría a la fama a la cravat, la cual ocupó un lugar destacadísimo en el armario de los caballeros franceses durante los siglos XVIII y XIX. Desde entonces aquel originario lazo fue evolucionando cambiando tanto en tamaño como en funcionalidad hasta llegar al concepto de pajarita que conocemos hoy en día.
Las bow ties las podemos hallar en diferentes tejidos destacando como en el caso de su hermana la corbata, las confeccionadas en seda. Como ocurre con estas últimas la forma del nudo resultante dependerá en gran medida del tejido elegido.
Hoy podemos encontrarnos básicamente con dos tipos de corbatas de lazo: las de mariposa y las de ala de murciélago. Aunque el decantarse por una u otra depende exclusivamente de los gustos personales de cada caballero nosotros seguimos prefiriendo las de tipo mariposa ya que sus líneas curvas dan un mayor movimiento a todo el conjunto. Igualmente, el modelo mariposa podrá aparecer con terminación en forma chata o en punta. Existen también pajaritas asimétricas caracterizadas por tener un extremo totalmente recto que qué duda cabe tienen también un encanto especial.
A la hora de escoger nuestra pajarita debemos tener varias cosas en cuenta además del tejido y de la terminación de los extremos de la misma. Así pues, es fundamental conocer el diámetro de nuestro cuello ya que ni todos los cuellos miden lo mismo ni consecuentemente todas las pajaritas tienen la misma longitud.
También el ancho de las bow ties puede variar. Es por ello por lo que al igual que comentamos cuando en su día hablábamos de la corbata, debemos tener en cuenta el grosor de nuestro rostro para escoger un ancho u otro. Si, por ejemplo, nuestro rostro es alargado seguramente admitirá una bow tie más ancha que si nuestro rostro es de dimensiones reducidas. Igualmente, jugando con nuestro nudo y las alas de nuestra pajarita tendremos la posibilidad de imprimir un carácter más serio o más alegre a nuestro atuendo.
Nuevamente las proporciones son fundamentales hasta a la hora de escoger este pequeño complemento. Tampoco aquí sirve el “one-size-fits all”. Parece lógico que si no todos los caballeros tenemos la misma talla de cuello tampoco tengamos nuestras pajaritas de la misma medida.
Todos habremos observado como en el afán de llamar absurdamente la atención ciertas marcas exhiben unas pajaritas totalmente desproporcionadas con el físico de su portador o con la hechura de la ropa que viste. Esta desproporción lo único que consigue es que toda la atención recaiga en nuestra pajarita y no al contrario de lo que debería ocurrir, esto es, que sea solo una ayuda más para que sea nuestro rostro el único protagonista de la foto.
Una vez más debemos hacer hincapié en que la elección de la ropa siempre deberá hacerse persiguiendo el objetivo de que ésta nos ayude a resaltar nuestras virtudes y a ocultar nuestros defectos. Si al final el protagonista va a ser nuestra camisa, nuestros pantalones o nuestra corbata y no nosotros mismos no estaremos cumpliendo con una de las máximas de la elegancia masculina, esto es, ser nosotros los protagonistas y no nuestra ropa. Nuestro atuendo como acabamos de apuntar solo tiene la misión de ayudarnos a conseguir lo mejor de nuestro físico.
Existen tres tipos de pajaritas atendiendo a las diferentes posibilidades de anudar ésta al cuello de nuestra camisa: la self-tie, la pre-tied y la horrenda ready tied donde una especie de imperdible se encarga de unirla a nuestro cuello. A pesar de contar con estas tres opciones es la self-tie donde solo nuestra destreza es la responsable del resultado final y consecuentemente la única que debiera tener un lugar en nuestro armario.
Si hemos escogido a la bow tie como un complemento que regresa con fuerza no lo hemos hecho por observarla recientemente en las revistas de moda masculina donde dicho sea de paso se viste sin seguir ningún rigor ni norma (por ejemplo, para nosotros la vestimenta de la corbata de lazo solo se puede contemplar cuando se vista con chaqueta). Por el contrario, el resurgir de la vestimenta de la pajarita lo encontramos en el correcto uso que por parte de ciertos caballeros se hace nuevamente de esta elegante prenda.
La vuelta de este complemento también se puede observar en el aumento de oferta que ciertas centenarias camiserías vuelven a ofrecer a sus clientes. Igualmente, las casas especializadas en la fabricación de pajaritas ven resurgir un negocio que se consideraba obsoleto y ahora ofrecen diseños muy variados y sobre todo muy actuales y elegantes. Si somos amantes de este complemento o después de la lectura de este artículo le damos al menos una oportunidad no debemos dejar de pasar por la Place Vendôme y traernos un bonito recuerdo de la ciudad de la luz.
Seguramente todos tengamos en nuestra mente algún caballero al que cada vez que le evocamos visualizamos su rostro lazado a una pajarita. Resulta muy difícil pensar en Winston Churchill o a Abraham Lincoln sin que inmediatamente una pajarita se dibuje en nuestra mente.
Si bien la elección de la corbata de lazo como único tipo de corbata de nuestro armario es una elección muy respetable, no es nuestra intención convencer a ninguno de nuestros lectores para que cambie sus corbatas por éstas. Sí en cambio, pensamos que una alternancia entre ambas puede dar un soplo de aire fresco a nuestro conjunto así como cierta originalidad y todo ello sin hacer otra cosa que vestir sencillamente de manera clásica, varonil y elegante.
La corbata de lazo es especialmente indicada para ser vestida con una chaqueta cruzada. La DBJ (Double Breasted Jacket) al cruzarse en la mitad superior del torso deja una menor parte de la camisa expuesta por lo que no resulta tan necesario vestir con ella la tradicional corbata. A pesar de ser sobre todo indicada para ser combinada con la DBJ, tampoco hay problema alguno en vestirla con un traje de dos o tres botones. En este caso deberemos estar convencidos de nuestra elección ya que nuestra pajarita cobrará gran protagonismo en el conjunto final. Un chaleco ya sea de botonadura sencilla o cruzada puede ser un buen aliado si deseamos vestir una chaqueta de dos o tres botones con nuestra corbata de lazo.
Solo los señores de gran estatura deberían prescindir de ella ya que como apuntábamos en el artículo del mes anterior, estos caballeros si vistieran pajarita expondrían gran parte de su torso acentuando su elevada estatura.
El caballero de la siguiente foto, Mr William Boehlke, responsable de uno de los blogs de referencia en moda masculina, http://asuitablewardrobe.dynend.com/, es un buen ejemplo de cómo se debe combinar una bow tie con un traje cruzado. Si bien por la forma de lucir la pajarita parece obvio que no es la intención de su portador que ésta pase desapercibida, no lo hace más que si de una corbata normal se tratara. El resultado final es un conjunto muy elegante que denota gusto tanto por lo intemporal como por el estilo más actual.
Como podemos observar en la foto superior la pajarita guarda una correcta proporción tanto con el rostro de su portador como con el cuello de la camisa. Esta foto es un claro ejemplo de que se puede ser al mismo tiempo elegante, actual y estiloso sin necesidad de vestir de forma extravagante o forzada.
Aunque no vamos a entrar a describir el proceso de anudarse la pajarita, si queremos hacer hincapié en la importancia de que ésta quede siempre encuadrada entre los ojos y el límite exterior del rostro. La otra norma básica que debemos atender a la hora de anudarnos nuestra corbata de lazo es que ésta no sobresalga de los picos del cuello de la camisa.
Si bien la pajarita nos sigue permitiendo vestir de una manera clásica sobre todo es una perfecta aliada para aquellos dandis que quieran imprimir a su vestimenta un look moderno y actual. Su vestimenta no dejará a nadie indiferente y qué duda cabe que de vestirse correctamente nuestra pajarita nos posicionará en nuestro entorno como además de amantes de lo clásico, también como caballeros modernos y que marcan y siguen las tendencias más actuales.
Si como acabamos de ver la pajarita es un complemento muy interesante con el que volver a contar en nuestro armario, nuestra otra prenda de hoy, la chaqueta cruzada nunca tendría que haber salido de este.
Desgraciadamente a pesar de haberse ganado por méritos propios el derecho de ser considerada como toda un clásico, la chaqueta cruzada había dejado de vestirse prácticamente y ahora vuelve con fuerza a ocupar otra vez un lugar predilecto en el armario de los caballeros más elegantes. Si bien este regreso llega con cierto retraso a España si lo comparamos con el de algunos países de nuestro alrededor, parece ser que nuevamente nuestros sastres le empiezan a dedicar gran parte de su jornada de trabajo.
Siempre he mantenido que a pesar de las modas que en cada momento puedan surgir, la double breasted jacket nunca dejará de estar presente en el armario de los caballeros más exigentes con su aspecto. Es a nuestro parecer mucho más estilosa e imprime un carácter a nuestro conjunto difícilmente de igualar por la mejor SBJ; quizás por ello Alan Flusser estableció la supremacía de la DBJ sobre la SBJ con su célebre frase: “as to its style ranking, the double breasted sit is to the single-breasted what the pleated pant is to the plain front, incrementally more stylish”.
Solo un cuidado traje de tres piezas, tan difícil hoy en día de vestir en nuestro país por cuestiones climatológicas, puede a nuestro juicio aproximarse al encanto de la DBJ.
Aunque tampoco es nuestro objetivo estudiar la historia de esta prenda solo apuntar que la DBJ desciende directamente del abrigo frock; abrigo típico en el S. XIX caracterizado por sus solapas terminadas en punta y por su abotonadura cruzada. Desde mi punto de vista todavía no ha existido un abrigo que pueda igualar la belleza y la majestuosidad del frock.
Es curioso observar como la DBJ ha sufrido diversos vaivenes según la importancia que en su dilatada vida como pieza imprescindible de la indumentaria masculina le han atribuido los caballeros de las diferentes épocas. No obstante, al contrario de lo que ha sucedido con la corbata de lazo, la DBJ siempre ha estado presente con más o menos fuerza y nunca nos ha abandonado.
Si bien antes de la I Guerra Mundial eran igual de frecuentes las DBJ y las SBJ, en los años 20 y 30 la DBJ cobró un gran protagonismo desbancando a la SBJ y convirtiéndose en la chaqueta de referencia por excelencia. A finales de los años 30 un modelo de DBJ acapararía todas las miradas de los señores de la época convirtiéndose en todo un símbolo de una generación. Estamos hablando de la mítica chaqueta Kent, denominación que recibe en honor al Príncipe George, más conocido como Duke de Kent.
La chaqueta Kent se distinguía por ser del tipo four-on-two (cuatro botones de los cuales se abotonan dos; los sastres londinenses la conocen también por six-or four-button) y tenía la particularidad de alargar la figura de su portador al contar con menos botones en la parte superior del torso y consecuentemente extenderse las solapas hasta mas abajo que en las clásicas six-on-two (también conocida como 6x2 al poderse solo abotonar dos de los seis botones con los que cuenta la chaqueta). Con el uso de la six-or four una parte más visible del torso quedaba expuesta y consecuentemente tanto la camisa como la corbata cobraban un mayor protagonismo El corte de la chaqueta Kent es especialmente agradecido con los señores no muy altos que no quieran privarse del placer de vestir una DBJ.
Después de la II Guerra Mundial el uso de la chaqueta cruzada empieza a dejar paso a la SBJ como chaqueta preferida por los señores de la época debido principalmente a su mayor comodidad y a la posibilidad de desprenderse de ella en sus lugares de trabajo. A partir de los años 50 la primacía de la SBJ sobre la DBJ ha sido la tónica general; no obstante siempre ha habido periodos donde la DBJ ha regresado con más o menos energía como fue el caso de los años 80.
De todas las opciones disponibles: four on two, six or four, six-on-one etc la conocida como copa de Martini por la disposición de sus botones es a nuestro parecer sin duda la más elegante (6x2).En todas ellas, las solapas terminan en forma puntiaguda y llevan un ojal en cada una de estas con el objetivo de guardar la máxima simetría entre el lado derecho y el izquierdo. Debido a que su correcto uso no admite que sea desabotonada bajo ninguna circunstancia, las dos aberturas traseras son obligatorias para permitirnos una cierta comodidad si tuviéramos que vestirla sentados.
Al menos un botón interno conocido como jigger es necesario para acoplar correctamente la chaqueta a nuestro cuerpo y evitar que se formen arrugas en el exterior y no bailen los dos lados de la chaqueta. Hoy es frecuente que ciertos sastres para evitar este problema cosan dos jiggers en vez de uno.
Si estamos de acuerdo en que un traje de chaqueta cruzado es la máxima expresión de la elegancia masculina y ocupa la cúspide de las prendas que conforman el informal dress también tendremos que tener claro que los complementos que con ella vayamos a vestir deben estar a su altura.
El traje cruzado exige gemelos como también requiere de un obligado pocket square. Los británicos más puristas no admitirán otro zapato que no sea negro y de cordones (y a ser posible un modelo Oxford liso). También optarán por algo que a priori va en contra de la definición de la DBJ, esto es, los pantalones sin vuelta. No le faltaba razón a Mr. Gieves Hawkes cuando defendía el uso del pantalón en la DBJ sin vuelta por la formalidad del conjunto. El dobladillo del pantalón siempre se ha considerado menos formal que su terminación “sin vuelta”.
Sobre lo que no existe duda alguna es que con un traje cruzado el uso de tirantes es de todo punto obligado. El pantalón se cortará pensando en que será vestido SOLO con tirantes por lo que no tendrá pasadores para el cinturón, tendrá una abertura en la parte central trasera para que cuando los tirantes hagan su trabajo no se produzca ese efecto tan feo que observamos en aquellos caballeros que adaptan unos tirantes a un pantalón “de cinturón”. Para terminar de ajustar nuestros pantalones optaremos por unas trabillas laterales o en su defecto por una única trasera , siempre por supuesto, de la misma tela que el resto del traje.
El uso de los tirantes no debería preocupar ni a sus máximos detractores ya que estos nunca se deberían vislumbrar al deber estar la chaqueta siempre abotonada y estar totalmente prohibido desprenderemos de ella. No obstante, a cualquier ojo mínimamente experto le resultará fácil adivinar nuestra correcta elección por la caída del pantalón.
Aunque no es intención de este artículo extendernos sobre el correcto uso de los tirantes, solo apuntar que si no queremos correr riesgos innecesarios siempre es más seguro combinar los tirantes con nuestra corbata que con cualquier otra prenda de nuestra indumentaria. Igualmente recordar que la lazadera de cuero que une nuestros pantalones con los tirantes deberá ser del mismo color que los zapatos que vistamos.
El nudo de la corbata, al estar ésta última oculta en un 70% por la chaqueta cruzada, cobra gran importancia. El nudo será prácticamente el único lugar donde se dirigirán las miradas que en otras ocasiones se repartían a lo largo de toda la corbata. Debido a que el nudo ocupará una gran parte del único trozo libre dejado por la chaqueta recomendamos decantarnos por un nudo más pequeño que los que acostumbramos a vestir con nuestras SBJ.
Sobre el tipo de nudo a vestir con la DBJ encontramos diferentes opiniones. Si queremos conseguir uno de los objetivos perseguidos con la DBJ, esto es, la máxima simetría posible entre la parte derecha y la izquierda, deberemos decantarnos por el nudo tipo Windsor. Sin embargo son muchos caballeros como el Príncipe Carlos o incluso su tío abuelo el Duque de Windsor los que rompieron esta norma y le imprimieron con finos nudos four in hand un carácter muy personal a la DBJ.
Si el nudo es importante más lo es si cabe el poquet square. Debido a que la parte de la camisa y de la corbata que permite mostrar la DBJ es mínima, la elección del pañuelo de bolsillo y su forma de descansar en nuestro bolsillo deberá ser más cuidada que con la SBJ ya que será a nuestro pañuelo donde se dirigirán la mayoría de las miradas de quienes nos rodeen.
Como ocurría con la pajarita y la corbata, la vestimenta de la DBJ y la SBJ es totalmente compatible y sin ningún problema podrán convivir en nuestro armario. No obstante el traje cruzado siempre estará un paso por delante en cuanto a elegancia y estilismo se refiere respecto al muchas veces aburrido traje sencillo de dos piezas. Igualmente una DBJ bien cortada nos ayudará a diferenciarnos del gran público que sin lugar a dudas sigue decantándose por la SBJ. No podemos estar más de acuerdo con la preferencia de Alan Flusser por la DBJ cuando establece que "Of all suits, the double-breasted is the most elegant"
Los amantes de la sastrería a medida encontrarán en ella una gran aliada ya que es muy extraño que en nuestro país se pueda encontrar dentro del servicio RTW de las grandes marcas opciones interesantes cuando de escoger un traje cruzado o una DBJ se trata. Siempre me ha llamado la atención la gran variedad de comercios que ofrecen verdaderas maravillas en trajes cruzados RTW en Milán o en Florencia. Sin embargo, como todos habremos podido apreciar, en nuestro país la oferta es muy limitada o prácticamente inexistente y solo el conocimiento y la aguja de algunos de nuestros mejores sastres podrá llenar ese gran vacío.
La DBJ tiene por si sola el suficiente encanto, estilismo y elegancia como para ser vestida incluso de un modo informal aunque siempre, por supuesto, con el uso de corbata. Una DBJ puede ser vestida perfectamente, al igual que lo hacemos con una blazer azul marino, con un pantalón gris marengo o incluso con unos vaqueros. Al rebajar la formalidad del conjunto final también podremos relajarnos en la elección de ciertos complementos pudiendo introducir zapatos de hebilla, de color o incluso de piel vuelta.
Hay muy pocos caballeros a los que el uso de una chaqueta cruzada les pudiera perjudicar. Si bien es cierto que a los señores altos y a los de hombros anchos les favorece más que a los de reducida estatura, la mayoría de estos últimos siguiendo las pautas descritas en el artículo del mes anterior podrán también disfrutar del placer que supone vestir una DBJ.
Más allá de las modas pasajeras todo amante de la ropa masculina debería poseer un traje cruzado. Si todavía nuestro armario no alberga uno de ellos podremos empezar decantándonos por un clásico azul marino al que seguro le sacaremos mucho partido por haber infinidad de ocasiones donde su vestimenta es más que recomendable (incluso si no queremos casarnos con un chaqué, nuestro traje azul marino cruzado sigue siendo una opción infinitamente más correcta que hacerlo por ejemplo con un esmoquin). Con seguridad y después de acostumbrarnos a vernos reflejados en nuestro espejo con nuestro traje cruzado, no tendremos reparo en ampliar la parte de nuestro armario reservado a este. Así podremos ir aumentando el número de ellos optando entre las diferentes tonalidades de grises o de rayas diplomática.
Para terminar indicar que el portador de una DBJ trasmite seriedad, formalidad y confianza…..y ninguna otra prenda saca más partido a un físico estándar como una DBJ.
Ya sea por ser amantes de la tradición o por serlo de la ropa masculina clásica o por querer imprimir estilo a nuestra forma de vestir o sencillamente por estar al día en las últimas tendencias, la vestimenta tanto de la corbata de lazo como del traje cruzado es hoy tan acertada como lo era en una época ya lejana.
El Aristócrata
Fotos y viñetas: http://asuitablewardrobe.dynend.com; http://thelondonlounge.net; www.askandyaboutclothes.com; www.thesartorialist.com; www.esquire.com; www.therakeonline.com;“Dressing the man”, Alan Flusser; “The Male Image, Men's Fashion in England 1300-1970”, Penelope Byrd; “The Art of Dress: Clothing and Society 1500-1914”, Jane Ashelford.
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