jueves 25 de septiembre de 2008

Vestimenta de las invitadas a una boda

Hace tiempo que recibo muchas peticiones para escribir un artículo sobre elegancia femenina. Como en esto no soy ningún experto he preferido que sea mi buena amiga Barbara, experta en protocolo, quien lo escribiese. No obstante he añadido alguna foto para que nosotros también podamos comentar en este artículo. Espero os guste:
Según Lorenzo Caprile en su libro “Vamos de boda” de la editorial Temas de Hoy, una boda es una ceremonia, no un baile, ni la entrega de los Oscar de Hollywood. No es el momento de tirar la casa por la ventana y de disfrazarse de lo primero que se nos ocurra. Según este famoso diseñador, sólo quedan las bodas como escaparate para que una mujer pueda lucirse. Lo peor es que muchas, como opina Lorenzo en su libro, no saben hacerlo, convencidas de que “más es más” o “más es mejor” y se cuelgan todo lo que encuentran a mano. Lo esencial ese día según el diseñador, es vestir con naturalidad, discreción y sutileza, todos sinónimos de elegancia.

Lo primero a tener en cuenta antes de decidir el atuendo de una boda, es saber si se trata de una boda de día o de noche.

Si la boda es de día nunca se podrá ir de largo y lo aconsejable es llevar un vestido corto o de media pierna, o vestido de cóctel sencillo, o bien un traje de chaqueta de pantalón, o de falda con colores llamativos y fuertes. Los accesorios tienen que ser sencillos y elegantes. Los zapatos serán del mismo tono o color que el traje y por último el bolso a ser posible del mismo color. Una buena idea es forrar los zapatos de la misma tela que el traje, queda muy elegante.

En bodas de día o tarde (tempranas) se puso de moda las chaquetas tipo Chanel con faldas de gasa combinadas con casquettes o tocados simples en el pelo. Lo bueno de una boda de día es que las invitadas pueden llevar en el pelo un bonito adorno, bien sea sombrero, pamela, “casquette”, tocado, un mini sombrero con plumas, etc. que les dará un toque diferente a su atuendo y que las hará distinguirse de las demás. A mi me encantan los tocados y pamelas, cada vez están más de moda y es un “must have” hoy en día. Si la boda es en invierno no se puede llevar abrigo informal, habrá que llevar un abrigo oscuro elegante y largo y nunca por favor aparecer en la iglesia con una gabardina, aunque sea un día lluvioso.

Cuando la boda es de noche las invitadas pueden ir de largo con colores sobrios o bien si la boda no es tan formal, llevar un vestido de cóctel de gasa, pero no podrán llevar sombreros, ni pamelas, sin embargo si podrán llevar recogidos y también es posible los tocados.

Muchas veces nos preguntamos si es posible llevar pantalón a una boda. La respuesta es que si el pantalón es de gasa muy ancho o de raso bordado y hace juego además con unas bonitas sandalias de tiras finas y de tacón de aguja, puede ser de lo más elegante. Ahora está de moda las sandalias o zapatos con alzas, súper modernos combinándolos con vestidos vaporosos y sandalias de madera.

Además quedaría muy bonito si se combinase el pantalón con una parte de arriba tipo ’twin-set’ (dos piezas) en dorado o plata o bien con un bonito top de lentejuelas.

Los materiales de los trajes aconsejados para una boda son los de gasa, seda salvaje, seda, raso o lino y los textiles como la lana y el algodón son siempre más informales por lo que yo les desaconsejo totalmente. Los tejidos dependen también de las estaciones, por ejemplo el terciopelo es apropiado para invierno y en verano es más común la gasa. Las invitadas no deberían ir vestidas de blanco o marfil porque es el color que usa la novia y ella es la protagonista en este día tan especial. Los trajes de color negro en mi opinión tampoco resultan muy apropiados, porque al fin y al cabo una boda es una celebración y se asocia más con colores más alegres mientras que el color negro en España está más asociado al luto. Se puede ir vestida de negro pero siempre que se combine con un toque de color por ejemplo negro y plata, negro y dorado, negro y blanco, etc. El reloj nunca se lleva en una boda a no ser que sea un reloj de pulsera pequeño o un reloj joya y en cuanto a las joyas siempre es bonito llevar buena joya, un bonito collar de perlas australianas, unos pendientes de diamantes, de esmeraldas, de rubíes, una sortija de diamantes, oro blanco, un buen anillo, un bonito broche de esmeraldas… Lo importante es que la joya vaya acorde con el traje y siempre le dará un toque especial y además, si es posible, evitar bisutería y también los collares y colgantes largos, aunque ahora estén muy de moda.

Los bolsos deben ser de tamaño pequeño, bien dorados, de terciopelo, y lo más bonito es optar por bolsos llamativos con lentejuelas si se viste un traje liso sin estampado. Los accesorios son esenciales por lo que siempre hay que planear cuáles llevar con tiempo. Y yo aconsejo ir con el traje a las tiendas para encontrar un bolso y unos zapatos acorde con el traje, es decir del mismo tono. En el caso de que el traje sea estampado, el bolso tendría que ser liso o bien estampado igual que el traje. Queda muy original forrar los bolsos de la misma tela que el traje.

Los zapatos pueden ir forrados con la tela del traje y lo recomendable son zapatos de salón con tacón, aunque en verano es frecuente el uso de sandalias, pero si este es el caso, siempre tendrán que ser con tacón.

Se recomienda llevar medias claras en las bodas de verano pero en el caso de llevar sandalias es mejor no llevarlas.

Dejar los hombros al descubierto durante la ceremonia religiosa no es correcto y siempre hay que cubrirlos con un chal, una chaqueta o bien un mantón de Manila. El chal, el mantón, la pashmina siempre tiene que ser del mismo color que el traje y que vaya acorde con el mismo. Evitar si es posible los materiales como la lana o el algodón y optar más por materiales como la seda y la gasa.

¿Cómo viste la madrina?

La mujer más mirada después de la novia es siempre la madrina y lo más apropiado es que lleve la mantilla que, según los puristas, tiene que ser de color negro y auténtica. Puede llevar un sombrero o nada en la cabeza. Para el vestido, hay que ser original y huir de todos los marfiles y blancos, que es el tono reservado exclusivamente para la novia. Si opta la madrina por llevar sombrero, aunque ya hemos dicho que no es lo apropiado por la noche, tendrá que tenerlo puesto durante toda la cena. Pero, si hay baile y sale a la pista, pues no sólo ha de quitárselo, sino que lo ideal es que se quede sin él y disfrute al máximo en honor de los novios. Para concluir he aquí dos famosas citas de Coco Chanel en cuanto a la moda:

“La moda se pasa de moda, el estilo jamás”

“No existen mujeres feas, sino mujeres vagas” o “no existen mujeres feas, sólo mujeres que no saben arreglarse.

Por último Honoré de Balzac afirmaba: “el bruto se cubre, el rico se adorna, el fatuo se disfraza, el elegante se viste”.

Bárbara C.G-A

jueves 18 de septiembre de 2008

La chaqueta de Tweed; la chaqueta de sport por excelencia

A muchos de nosotros seguramente nos gustaría que, al menos en lo que a moda masculina se refiere, se prestase más atención a los tiempos pasados que al incierto futuro. Sin embargo, debemos ser conscientes que el rumbo que los acontecimientos están tomando apunta a que esto no será así y que ni la elegancia de los años 30 y 40 ni la distinción de los Sloane Rangers volverán.

Desgraciadamente, y aunque me ha costado bastante trabajo, ya me he convencido de que en no más de dos generaciones el uso de la corbata será algo testimonial. No creo que las generaciones que están hoy viniendo al mundo, por muy formal que vaya a ser su lugar de trabajo, vayan a vestir a diario traje de chaqueta como hoy lo hacen sus padres.
Desde el Aristócrata siempre hemos defendido a ultranza lo que nosotros consideramos debe ser la elegancia masculina; a pesar de que para muchos sea algo totalmente pasado de moda y sin sentido en esta sociedad del S. XXI. Esto no quita que debamos ser conscientes de la época que vivimos y debamos adaptarnos a los nuevos tiempos. Si bien parece lógico que ya no soñemos con contar en nuestro armario con un frock coat, tampoco debemos perder las nociones básicas de lo que es y de lo que no es elegante ya que, como he dicho en varias ocasiones, la moda masculina clásica es la única moda permanente.

Esta semana el Aristócrata quiere detenerse en una prenda de vestir que nos puede ayudar en los nuevos tiempos a mantener el sentido de la elegancia clásica sin necesidad de ser considerado un ser extraño por el resto de la sociedad: la chaqueta de sport o como también se conoce la odd jacket al ser sus dibujos y tejidos diferente al pantalón.

Debemos siempre recordar que la chaqueta de sport es una prenda intermedia entre el traje y la ropa informal y por lo tanto no se puede considerar una prenda formal. Esto lo tienen bastante claro países como Inglaterra, Estados Unidos y la mayoría de Europa del Sur. Sin embargo en el centro y norte de Europa la chaqueta de sport está totalmente aceptada como prenda de vestir también en ambientes y lugares formales.

Las formas que puede adquirir la chaqueta de sport son innumerables por lo que en este artículo nos centraremos en la que para mí es la chaqueta de sport por excelencia: la chaqueta de Tweed.

El termino Tweed no hace referencia a otra cosa que a un tipo de tejido, similar al tacto al felpudo. Éste puede adquirir diferentes formas, texturas y dibujos. En la elección del tejido aparte de atender a nuestros gustos personales también debemos tener en cuenta el clima y la mayor o menor formalidad con la que vayamos a vestirla.

La aristocracia británica siempre se ha caracterizado desde el S. XIX por usar en sus actividades cinegéticas una combinación separada de chaqueta y pantalón. Esto era muestra de poder económico al ser un gasto extra el tener que poseer dos prendas para un sólo uso. El tejido Tweed se vestía para estas actividades, entre otras cosas, por la buena protección que otorgaba frente al frió y la lluvia.

Si acudiéramos a la ya legendaria tienda especializada en este tipo de prendas situada en Piccadilly seguramente el muestrario de telas Tweed que nos mostrarían sería tan amplio que nos costaría gran trabajo decidirnos por una de ellas.
Aunque la elección de las telas Tweed es algo muy personal, expondré las que, según mi opinión, cuentan con los dibujos y texturas más elegantes y son frecuentemente utilizadas hoy por los sastres europeos.

El Tweed Harris ha sido una vez más mi tejido escogido a la hora de mandar al sastre la nueva chaqueta para el otoño que comienza. Su terminación rústica la hace inapropiada para combinarla con corbata, pero es perfecta para los cada día más frecuentes fridays casual.

Los tejidos Shepherdís Check y el Hounstooth son los tejidos clásicos por excelencia del Tweed. Pueden adoptar múltiples combinaciones de colores y tamaños en sus dibujos. Si bien estas chaquetas son más formales que las de tipo Harris, es relativamente difícil encontrar el tipo de ropa adecuado con la que combinarlas con éxito.

Si nuestra intención es usar la chaqueta con corbata debemos buscar tejidos más cercanos al Donegal o a la espiga. Las chaquetas de tejido Donegal son muy fácil de combinar con las camisas de cuadros Tattersall o con jerséis de cachemir o lana. Por su parte, los tejidos de espiga dan un aspecto de lo más formal a nuestra chaqueta. Este dibujo de espiga también se puede vestir con corbatas.

Aunque, como mandan los cánones clásicos, tanto las camisas Tattersall como las camisas Oxford se deben vestir con botones en el cuello, si nuestra intención es hacerlo con nuestra chaqueta Tweed y con corbata deberemos olvidar esta máxima, sobre todo Norteamericana, y nos haremos confeccionar estas camisas de cuadros sin dichos botones. No debemos olvidar que las camisas tipo Tattersall se pensaron para ser vestidas en las casas de campo durante el fin de semana y por lo tanto la corbata no fue tomada en cuenta para su confección. Mi opinión es que cuando vistamos una chaqueta de sport tipo Tweed el resto de las prendas de vestir sean también de sport. Es mucho más elegante una chaqueta houndstooth con un jersey de pico y una camisa Tattersall con fondo blanco que esa combinación vestida con camisa y corbata.

Es importante tener en cuenta que la parte que va desde el bolsillo de la pechera a nuestro rostro, y sobre todo la vestimenta del cuello, será constantemente visualizado por aquellos que se dirijan a nosotros y transmitirá una imagen concreta sobre nosotros. No es lo mismo que la misma chaqueta se vista sobre una camiseta con jersey que directamente sobre una camisa. Seguramente la personalidad de cada portador será bien diferente.

Otros dos tejidos ahora muy populares son el Varied Herringbone y el tejido moteado utilizado para confeccionar las chaquetas conocidas como hacking jackets.

En cuanto al corte actual de la chaqueta de Tweed se puede hablar de dos terminaciones atendiendo al país donde sea cosida: la británica y la americana.

La chaqueta de Tweed inglesa se caracteriza por tener tres botones, cuatro en las mangas, los bolsillos están dispuestos en forma diagonal y sólo lleva un corte en la parte trasera. No obstante y aunque sea saltarse las normas clásicas, al no tener hoy como principal finalidad ser vestida para montar a caballo, dos cortes laterales siempre son más elegantes y extrañamente mucho más británico. El tejido Tweed utilizado en las chaquetas británicas suele ser bastante áspero.

Por el contrario, la chaqueta de Tweed americana suele llevar sólo dos botones en la parte frontal, puede llevar un corte en la parte trasera o dos en los laterales, los bolsillos no están inclinados y el tejido Tweed es más fino que el británico.

Si somos aficionados a la caza el traje completo de Tweed es una más que recomendable opción. Ofrece una excelente protección frente al frío, al viento y a la lluvia, por lo que es perfecto para ser usado, a parte de en los hipódromos, en las frías casas de campo británicas y para pasear por el campo al igual que para asistir a barbacoas al aire libre.

Si hace dos semanas decíamos que no tenía gran sentido mandar confeccionar un abrigo a medida debido a sus amplias líneas, en el caso de la chaqueta de Tweed es casi obligado. Sin querer entrar en una somera descripción de cómo debe ser una chaqueta bespoke (ya lo hicimos en el artículo “into the fitting room”) debemos recordar que es importante que las costuras casen al menos en toda la parte frontal de la chaqueta; sobre todo en los bolsillos y en la línea imaginaria entre el pecho, las mangas y las solapas de los bolsillos.

Los botones cobran gran importancia y deberíamos exigir a nuestro sastre que los cosiera de cuerno de búfalo o de cualquier otro material natural. Si tenemos en cuenta que coser una chaqueta puede implicar dos meses de espera, ahora es el momento para acudir al sastre y encargarle nuestra nueva chaqueta Tweed.


El Aristócrata

Biografía e ilustraciones utilizadas: “El Caballero” de Bernhard Roetzel; “Dressing the man” de Alan Flusser

jueves 11 de septiembre de 2008

Carta abierta a John Elkann

Llevo tiempo intentando evitar haceros eco de la “dedicatoy lettter” con la que empieza el libro “The Suit” de Nicholas Antogiavanni. En ésta Nicholas ofrece consejos tanto a John Elkann como al resto de los empleados del Grupo Fiat para que puedan presumir de vestir elegantemente.

El hecho de que el hermano de John Elkann, el estrafalario Lapo Elkann, fuera uno de esos empleados cuando el libro fue a la imprenta (era el responsable de la promoción de la marca FIAT) y el tono cómico utilizado en la carta hacen de esta dedicatoty letter todo un alegato a favor de la verdadera elegancia.

Fuente: thesartorialist

Nicolas Antongiavanni to John Elkann:

It is customary for those who desire to acquire favour with a well-dressed man to give him things of their own that they care for most or things that they see please him most. Thus, one often see them being presented with French lisle socks, English suspenders with white gut ends, bolts of ancient tweed, antique cufflinks, and similar ornaments worthy of their smartness. Since I desire to ask a favor of you with some testimony of my homage to you, I have found nothing in my belongings that I care for so much and esteem so greatly as my knowledge of the habits of well-dressed men, learned from long experience with modern dress and a continuous study of classic style. Having thought out and examined these things with great diligence for a long time, and now reduced them to one small volume, I send it to you.

I hope that you will find it useful in instilling sartorial discipline in your workforce, from which great advantage may be gained. For in times of prosperity, customs and mores always slacken, as success makes men insolent and riches make them idle. But in times of trouble they become circumspect, fretting that their prior conduct has caused their present ruin. They begin to respect those whose habits remained firm even in the boom years. This happens no less in matters of dress, which are an outward sign of our inner spirit. “Business casual” said to the world that making money is so easy, and slob can do it. But now that it has been proved difficult, men are less willing to trust their money to those who do not dress with care and respect. Thus by attiring your company smartly, you would attract all the capital and overwhelm your competition.

You should aim for them to emulate the dandies of old, while honouring the conventions of our time. And you should not have any fear of the word. As invented by George Brummell two centuries ago, the dandy is the enemy of the splendiferous and effeminate. He instead favors simple clothes, pristine in cut, immaculate in fit, made from resilient materials by expert craftsmen, never ostentations, always manly-not the garishness of Carson Kressley but the tastefulness of Brian Williams. So far from frippery, dandyism is the mean between foppishness and slovenliness. As Tully says, “in the matter of dress, the intermediate course is best.” This little book will help you and your employees find the middle way and thrive along it. And I hope that it will not be thought presumption if a poor and obscure man dares to discuss and give rules for the art of dress. For although looking smart is so much more important for busy global executives than is for the rest of us, they have no time to study these things, whereas I have had ample occasion to investigate and record them.

Therefore, take this small gift in the spirit with which I send it. If you consider and read it diligently, you will learn from it my extreme desire that you and your employees attain the peak of elegance. And if you will at some time turn your eyes from the summit of Chairman’s suite at Fiat to these low places, you will learn how great is my desire to serve as a sartorial consultant to your company.

A pesar de que en mi opinión la forma de vestir de Lapo Elkann no puede distar más de lo que yo considero elegante, no hay que olvidar que Lapo Elkann fue elegido uno de los diez hombres mejor vestidos del mundo en el año 2007 por la revista Vanity Fair, es considerado por muchos individuos como el dandy del S. XXI y es objeto casi de culto por Scott Schuman, fundador de la archiconocida página Sartotialist.

El Aristócrata

jueves 4 de septiembre de 2008

El abrigo: un imprescindible en el armario de todo caballero

El comienzo del otoño es el momento perfecto para panificar lo que será nuestro armario el próximo año.

Aunque tener un buen armario lleva su tiempo y una suma de dinero importante, hay prendas que nunca deberían faltar en él. Si bien no es el objetivo del artículo de esta semana establecer qué “piezas” tendrían que estar presentes siempre en nuestro armario, sí queremos hacer mención a la prenda que, después de unos buenos zapatos, es la base de todo buen ropero: el abrigo o como se conoce en Inglaterra el overcoat.

Una vez que nuestro armario pueda presumir de tener unos buenos oxford negros con costura prusiana, es el momento de pensar qué prenda será la siguiente en la lista. Seguramente todos tengamos al menos un traje al que recurrir en caso de necesidad. Sin embargo, no estoy tan seguro de que todos tengamos en nuestro armario un abrigo como Dios manda. Como ya hemos establecido en alguna ocasión, es cierto que tanto los tiempos como el clima están cambiando. Cada vez es mas raro, al menos en las grandes urbes, acudir al trabajo caminando o ver en los termómetros temperaturas muy por debajo de los cero grados. Son aparentemente estos motivos los que hacen que el uso del abrigo sea cada vez más testimonial.

Desgraciadamente hoy se estilan las prendas de abrigo que fueron creadas para unos fines muy diferentes. Si hace diez años le tocó el turno a unas famosas chaquetas inglesas verdes, que desde mucho antes sólo eran utilizadas para deportes como la pesca, la caza o la equitación, ahora es el momento de las chaquetas pensadas para ir en moto. Tras pasear por alguna gran ciudad española, uno se puede llegar a preguntar cómo es posible que habiendo tanta gente que viste chaquetas de moto, sigue habiendo tantos coches. Sencillamente, no cuadra. Sinceramente preferiría que todos los caballeros fuéramos a la oficina uniformados con elegantes topcoats azueles, marrones o verdes que con esas chaquetas de llamativos colores. Al menos tendríamos menos problemas en identificar nuestro abrigo que el que se encuentran hoy en día los guardarropas de muchos restaurantes y discotecas de moda.

Me resultaría muy extraño que debajo de un abrigo clásico, su portador no vistiera prendas que estuvieran a la altura de éste. Sin embargo debajo de las chaquetas de moda todo es posible.
El laissez-aller imperante en nuestra sociedad hace que, hasta en los sitios elegantes por antonomasia como el teatro, la opera etc., por la búsqueda únicamente del confort y el seguimiento de las tendencias del momento se dejen de lado las buenas maneras y la auténtica elegancia.

El uso del abrigo puede tener muchos empleos. Como establece Roetzel, “la función protectora del abrigo también puede entenderse en un sentido figurado. Representa el envoltorio que nos protege de un entorno en ocasiones hostil y además constituye una barrera entre el mundo exterior y nosotros. Todos hemos experimentado alguna vez la sensación de no querer quitarnos el abrigo al estar en un lugar poco agradable o incómodo”.

Desde que se comenzó a vestir el abrigo, éste también ha servido para diferenciar las clases sociales. Normalmente la persona que ayuda a otra a ponerse el abrigo suele ser de clase social inferior. Hoy, este gesto es cada vez menos frecuente aunque, qué duda cabe, sigue siendo un bonito guiño de atención.

El overcoat se pensó para ser vestido por encima de todas las demás prendas de vestir ya fuera un traje o un pantalón con un suéter. En su concepción más purista, el overcoat debe extenderse siempre por debajo de la rodilla y suele ser de un peso considerable (el metro pesa unos 0.62Kg). No debemos olvidar que antiguamente las prendas de abrigo eran muy pesadas por los tejidos utilizados en su confección.

Para los que consideren que vestir hoy en día un abrigo tan largo no tiene sentido, siempre pueden decantarse por un abrigo tipo topcoat. Éstos llegan hasta la rodilla y suelen ser de materiales más ligeros (unos 0.5Kg el metro)El abrigo tipo overcoat, como muchas de las prendas que vestimos hoy en día, tiene su origen en el mundo militar. El término “coat” es una de las primeras palabras relacionadas con la ropa recogida en el diccionario británico. De hecho, ya en el S. XVII, era vestido con usos militares y normalmente ponía de relevancia el estatus social de su portador.
Innumerables retratos muestran a Napoleón a caballo con un abrigo gris. Sin embargo, fue durante el reinado de la Reina Victoria cuando se concreta la forma y el estilo del abrigo que ha llegado a nuestros días. Los overcoats fueron la prenda de abrigo que los soldados usaron hasta más allá de la terminación de la II Guerra Mundial. El ejército ruso lo siguió vistiendo incluso tiempo después para protegerse de sus fríos invernales. Hoy existen prendas mucho más ligeras y cómodas que proporcionan mejor protección contra el frío, la lluvia y la nieve, lo que hace que el uso del abrigo en la batalla no tenga hoy sentido alguno.

Si en líneas generales podemos catalogar los abrigos en los que se abotonan de forma sencilla y los que lo hacen de forma cruzada, nosotros debemos ir más allá y conocer los seis tipos de abrigos que, desde mi punto de vista, son los abrigos por excelencia. Al menos uno de ellos debería estar en todo armario de un caballero.

En primer lugar, el Chesterfield. La casa de los duques de Chesterfield fueron quienes popularizaron este abrigo en el S. XIX. Aunque puede ser cruzado es el modelo de hilera sencilla de botones el más extendido. Sus colores más habituales son el azul, el beige o incluso el negro. Sin embargo, la espiga gris de lana con el cuello de terciopelo negro representa el Chesterfield por excelencia.
El British Warm Overcoat tiene sus orígenes en el mundo militar. En nuestro país es difícil verlo por ser extremadamente caluroso al ser confeccionado con lana Melton. También existe en material de tela cavalry o incluso de cachemira. El templo de la sastrería situado en el Nº 1 de la Row, aparte de confeccionarlo a medida, también lo vende en su versión RTW. El Príncipe Carlos es uno de sus máximos adeptos.
El Crombie Coat es la opción más segura y polivalente para usarlo en las grandes ciudades. El color azul marino es perfecto tanto para otoño como para invierno. Este abrigo resulta muy fácil de encontrarse en las principales boutiques del mundo. Una prestigiosa casa británica lo lleva vendiendo desde el año 1898 y qué duda cabe que el sobreprecio que hay que pagar por sacarlo por la puerta de esta legendaria casa hace que su portador pueda presumir de vestir una pieza histórica en el mundo de la moda clásica.
El Covert Coat es la opción perfecta para aquellos que no se atrevan con el largo Chesterfield. Concebido como abrigo de montar y de caza, como se aprecia en el obligado bolsillo de generosas proporciones situado en el interior del mismo que tenia la utilidad de guardar munición, hoy es vestido también en la ciudad.
En su versión más actual el covert es ceñido, no sobrepasa la rodilla y está confeccionado con una tela ligera que permite llevarlo gran parte del año. Otra característica típica de este abrigo son las cuatro costuras paralelas que tiene en los puños y en su borde inferior (conocidas como railroadings). El color por antonomasia sigue siendo el marrón claro. Al igual que el Chesterfield, en el covert el cuello está forrado de terciopelo. Al ser el cuello la parte del abrigo que más roce sufría por su contacto con el pelo, siempre resultaba más barato y sencillo cambiar ese pequeño trozo de terciopelo que tener que comprar un nuevo abrigo. La cerillera en el lado derecho, su cuello velvet, su corte ceñido, su terminación por encima de la rodilla etc. hacen de él la opción perfecta para los que quieran vestir de forma clásica pero con un toque más acorde a nuestros tiempos

Otra de las ventajas de un abrigo tipo covert coat es su elegancia tanto con un traje de tres piezas como con unos vaqueros y unos castellanos.
El Polo Coat es el abrigo americano por excelencia. Popularizado por la tienda de caballeros más famosa de Estados Unidos, lleva en su catálogo desde 1910. Su nota característica son los grandes bolsillos que permiten guardar casi todo tipo de objetos.

En sus comienzos se confeccionaba con pelo de camello y ahora se cose con lana virgen. El color más extendido del polo coat es el beige aunque los muchos años que lleva en el escaparate de la más prestigiosa camisería de Jermyn Street han hecho que el color azul sea el preferido de los británicos para este abrigo.
A no ser que nos compremos un covert coat o que tengamos en nuestro armario más de un abrigo, nuestra preferencia de color debería ser el azul marino ya que es el color que mejor se sabe adaptar a las diferentes ocasiones.

Para terminar los seis “must” no podemos dejar de hablar del abrigo tirolés. Sencillo y clásico, es de corte amplio y descansa por debajo de la rodilla. De cuello vuelto, lleva solo una abertura larga trasera. Aunque está disponible en diferentes colores, el verde es el color del tirolés.
Hay otros abrigos como el slipon, el macintosh, la trinchera etc que si bien tienen un uso más específico no tienen la elegancia de los anteriormente nombrados. Otros como el frock coat o el paddock se han ganado por meritos propios el derecho de tener un artículo en exclusiva.

Aunque la forma más clásica sigue siendo la hilera de botones, el abrigo cruzado es mucho más especial. Heredado de la época militar, vestido principalmente por la marina, el abrigo cruzado proporciona, en mi opinión, una elegancia y protección frente al clima superior al abrigo sencillo.

Un traje por buena que sea su tela y terminación, si se usa con relativa frecuencia, tiene fecha de caducidad. Si embargo, un abrigo puede durar toda una vida; o más.
Hay siempre piezas en el armario de todo caballero a las que se tiene especial cariño; normalmente esas prendas son las que nos acompañan año tras año en las más diversas circunstancias. En mi caso, éstas son mi primer par de zapatos de Northampton (unos Barcroft con ya dos cambios de suela), una cazadora de montar a caballo (aunque está destrozada han sido tantas las horas con ella y en tantos momentos que nunca dejará de ocupar un puesto preferente en mi armario) y mi primer abrigo que vestí en la fiesta de celebración de acceso a la universidad (éste por cierto heredado de un tío abuelo mío) que sigue intacto y ya lo puedo calificar hasta como una pieza vintage.

Esta será siempre una ventaja de la ropa clásica; nunca pasa de moda y conforme pasan los años más sabor y más cariño alcanza.

A pesar de que un abrigo a medida siempre nos sentirá mejor, no veo necesario gastarse el dinero extra que esto conlleva ya que los tejidos utilizados en las versiones RTW suelen ser aceptables y la amplitud de su corte no obliga a contar con un buen sastre. Cuando vayamos a comprar nuestro abrigo no debemos olvidar vestir un traje de chaqueta, ya que es importante cerciorarse sobre todo de la correcta longitud de los hombros.

Una de las discusiones más acaloradas que he presenciado referida a la moda masculina clásica masculina se centró sobre la conveniencia o no de portar un pañuelo en el bolsillo de la solapa del abrigo. Un bando, haciendo caso al significado estricto de la palabra “overcoat,” defendía la inapropiabilidad de vestir dicho pañuelo ya que el overcoat debe estar por encima de toda prenda, incluido el pañuelo. El otro, por el contrario, influido por el look del Príncipe de Gales y respaldando las palabras de Alan Flusser sostenía que todo bolsillo debe ser ocupado por un pocket square.
Mi humilde opinión al respecto es, que si bien puede resultar muy elegante, el vestir ya un abrigo es un signo de distinción que nos permite diferenciarnos de la gran masa sin necesidad de recargarlo con un pañuelo.

Ahora solo queda esperar que nos abandone este verano cruel para empezar a gozar de nuestro nuevo compañero.

Biografía utilizada: “El Caballero”, Bernhard Roetzel

El Aristócrata