jueves 26 de junio de 2008

Lifestyle: Saint Tropez-Porto Cervo-Hvar

Ya está encima el verano y con él las vacaciones tan ansiadas y con certeza merecidas.

Seguramente ya tengamos elegido donde descansar estas semanas estivales pero si todavía hay quien no se ha decidido, este Jueves El Aristócrata no hablará de moda masculina e intentará echar una mano para que nadie se quede sin disfrutar de un verano Aristócrata.

Si bien las posibilidades en España son infinitas y en muchos casos no tienen nada que envidiar a las de fuera de nuestras fronteras, hoy el Aristócrata se centrará en tres de las localidades extranjeras más elitistas del mundo para disfrutar del Sol.

Si de elitismo y tradición se trata, parece obligado empezar hablando del archiconocido rinconcito de la Costa Azul, Saint Tropez.

Saint Tropez debe gran parte de su fama a dos personajes femeninos. En primer lugar y por orden cronológico a María de Médicis quien en el año 1600 desembarcó en este pueblecito en un barco engastado en nácar, marfil y ébano.

Y si con María de Médicis llegó el lujo, con Brigitte Bardot llegó el glamour. Ella fue la reina indiscutible del lugar en los años 60. Allí rodó la película ‘‘Y Dios creó a la mujer’’; película que encumbró definitivamente a fama mundial St. Tropez.

Desde entonces, Saint Tropez ha hecho honor al significado de su nombre y ha sido lo más de lo más. Por sus calles han desfilado desde estrellas de Hollywood, millonarios, cantantes, hasta árabes acaudalados y duquesas rusas.

Uno de los lugares más emblemáticos de este enclave de la Costa Azul es Le Club 55. Este chiringuito sobre la playa es el punto de encuentro de muchos famosos a la hora de l´aperitif. A pesar de no contar con ninguna característica destacable, si se quiere pasar desapercibido es casi obligatorio que el atuendo sea - si bien no elegante- si de marca y logo conocido.

Otro clásico del lugar es Le Senequier; lugar idóneo para tomar el café y deleitarse con los yates amarrados en el puerto cuya blancura contrasta con el color ocre de las fachadas de las casas formando una estampa incomparable.

Las discotecas VIP y Papagayo son las preferidas por los exclusivos visitantes. No obstante, si quieres demostrar tu pertenencia a esa clase social debes reservar mesa en Les Caves du Roy, en el hotel Byblos y pedir la archiconocida botella de seis litros de champagne Louis Roederer.

Alguien dijo una vez que siempre habrá clases y en Saint Tropez no se conoce la excepción a esta máxima. Si bien cada día es más frecuente el personaje que tras apropiarse del look adecuado quiere hacerse pasar por un millonario más, para formar parte de la élite tropezienne debes hacer tu entrada a Saint Tropez en yate, jet privado o helicóptero. No hay propietario de yate que se precie que no celebre al menos una fiesta en él. La competencia se vuelve feroz a la hora de celebrar la fiesta más exclusiva.

Si decidís prescindir del yate tendréis que alquilar una villa o en Le Quartier de Capon o Les Parcs.

Uno de los atractivos de Saint Tropez son sus estrechas y tranquilas calles, flanqueadas por mansiones y palacetes provenzales que evocan aquellos elegantes tiempos pasados. Y aunque sus calles no están concebidas para ello, todo lo que no sea pasearse por éstas con un Ferrari, Bentley o un Lamaborghini te excluirá automáticamente de la beautiful people de Saint Tropez.

La playa La Voile Rouge sigue siendo un referente en cuanto a animación y glamour se refiere. La playa de Les Jumeaux es una de las mejores para el baño.

La elegancia del visitante de los años 60 contrasta con el personaje más cool que se ha adueñado de St. Trop. A pesar de esto, Saint Tropez fuera de los meses punta del verano es un lugar encantador.

Otro lugar para perdernos este verano es Porto Cervo; situado en la parte septentrional de Cerdeña, en Costa Esmeralda. Si Brigitte Bardot fue vital a la hora de dar a conocer a la jet set del momento Saint Tropez, el Aga Khan fue clave a la hora convertir esta zona salvaje en un lugar de recreo para millonarios en los años 60.

El Príncipe Karim Aga Khan (Aga Khan IV) supervisando el desarrollo de Porto Cervo 1960

En Porto Cervo se encuentra uno de los club náuticos más elitistas del mundo: el Yacht Club Costa Smeralda creado por el Aga Khan en 1977. En su Piazza Azzurra se celebran un sin fin de actividades durante todo el año. El edificio principal alberga 24 habitaciones tanto para los participantes en las regatas como para los miembros del mismo. Igualmente, el Yacht Club Costa Smeralda es conocido por su exclusivo wellness centre y por sus elitistas fiestas que alrededor de su piscina se celebran.La vida en Porto Cervo es muy similar a la descrita en Saint Tropez. El día empieza siempre después de la una de la tarde. A esta hora parten los yates para las calas y playas adyacentes. Éstos se suelen congregar en la impresionante playa de Capriccioli. También suelen amarrar en la Playa Liscia Ruja o en Baja Sardinia. Las aguas de Porto Cervo son consideradas como las más limpias del Mediterráneo.

Después del baño de rigor y del cocktail es obligado el paso a sus chiringuitos donde en sus rudimentarias mesas comparten mesa y mantel la aristocracia Europea y el mundo de las finanzas.

A continuación de una suculenta comida nada mejor que refugiarse nuevamente en el yate y disfrutar del penúltimo Kir Royal. La alta sociedad vuelve a la calle siempre después de las ocho de la tarde. Es entonces cuando se cambian los nudos por los km/h y los Bentley empiezan a acumularse en los alrededores de la Piazzetta.

No nos podemos despedir de Porto Cervo sin hacer una mención especial al complejo seguramente más famoso de toda Cerdeña: el Billonaire Club.

Cita obligada para todo el que pase por este rinconcito del Mediterráneo entre los meses de Julio y Agosto, el Billonaire cuenta con dos ambientes diferenciados. Por un lado el restaurante, especializado en platos típicamente del mediterráneo pero donde también se puede degustar un magnífico sushi y por otro la discoteca que reúne a la flor y nata que durante los meses de verano habita en este paraje.

La popularidad de Saint Tropez y en menor medida la de Porto Cervo, han convertido a estas dos localidades en centro del turismo mundial perdiendo quizá esa exclusividad y elegancia inicial. Desgraciadamente la globalización ha traído consigo que un sitio apenas explorado en cuestión de pocos años pueda llegar a estar masificado.

Seguramente no se salvará de este maleficio Hvar por lo que aprovechemos que no todo el mundo está familiarizado todavía con este isla de Croacia para ponerla en nuestro primer orden de preferencia.

Hvar está considerado por la revista Traveller como una de las diez islas más bonitas del mundo junto a Bali, Zanzíbar o Capri. Su popularidad viene desde mediados del XIX al ser el lugar de vacaciones de varias Monarquías europeas. La Reina Elizabeth financió la construcción de uno de los primeros hoteles de Hvar terminado en 1899.

La vida en Hvar si difiere en gran medida a la que podemos encontrar en Saint Tropez o en Porto Cervo. Aquí no hay que esperar a la una de la tarde para empezar el día. La llegada de los catamaranes a partir de las diez de la mañana marca el inicio de ésta.

Nos encontremos hospedados en alguno de los escasísimos hoteles de la isla o hayamos llegado a la isla en barco, no debemos dejar pasar la oportunidad de desayunar en la terraza del Café Pjaca; lugar perfecto para ver despertar a la cuidad.

A continuación podemos dirigirnos a algunas de las playas de agua cristalina a tumbarnos al sol sin más preocupación que “mantenernos vivos” hasta que llegue la hora del almuerzo. Si contamos con barco podemos dirigirnos a la playa de Dubovica o a la Zarace. Sin embargo, la proximidad de las playas del centro de Hvar hace que se pueda acudir a la mayoría de ellas a pie. Si queremos tranquilidad debemos huir, si o si, de la playa Milna.

Los más “activos” no deben olvidar que la siesta no es patrimonio único de España, y será difícil encontrar cualquier actividad por las calles de Hvar antes de las cinco de la tarde.

Para los que no quieran disfrutar de las múltiples actividades culturales que ofrece Hvar o simplemente quieren alargar la noche, el penthouse Top bar del Hotel Adriana ofrece a parte de unas maravillosas vistas, un gran ambiente.

No nos podemos marchar de Hvar sin visitar el BB Club bar del hotel Riva. A pesar de contar con más de cien años conserva el encanto de todos los Small Luxury Hotels of the World.

Aristócratas, es hora de empezar a hacer las maletas.

El Aristócrata

jueves 19 de junio de 2008

El placer de estar en casa


El ritmo alocado del tiempo que nos ha tocado vivir impone dejar de lado costumbres que no hace muchos años formaban parte del ritual de todo caballero.

Seguramente muchos de nosotros podamos recordar a nuestro padre con su pijama y su bata tomando el desayuno en casa y leyendo el periódico que amablemente le han hecho llegar. Hoy en la mayoría de los hogares del mundo esto es solo una foto del recuerdo y apenas se dedica tiempo a la liturgia del desayuno ni siquiera los fines de semana. Estas viejas costumbres de antaño están dando paso a lo que algunos llaman la búsqueda de la comodidad.

Algo similar ocurre cuando llega la hora de la cena. El sofá ha sustituido a la silla, la televisión a la conversación y los zapatos a las slippers. Ante esto cabe preguntase: ¿de verdad es esto más cómodo que cenar en la mesa con su correspondiente mantel mientras se disfruta de un buen vino en su copa Waterford? Con seguridad esta segunda opción obligará a hacer más viajes a la cocina pero que duda cabe, que el placer bien compensa el sobreesfuerzo. ¿Quién puede olvidar a Sherlock Holmes desayunando con ese atuendo tan exquisito a pesar de sólo llevar ropa de estar por casa?
Esa elegancia perdida deberíamos recuperarla cuanto antes. Yo, como muchos de vosotros, sueño con terminar mi jornada laboral, hacer algo de deporte y después de la ducha y el correspondiente aseo personal vestirme con mi pijama recién planchado y encima de éste ponerme mi bata de seda.

Cuando alguien me pregunta por qué me visto con tanto esmero siempre contesto que me visto para mi y para nadie más. Yo soy mi propio juez y mi primer crítico. Y mi casa no es ninguna excepción. Aún cuando sepa que estaré solo y no tendré ninguna visita, el ritual del baño, la hidratación de la cara y el vestirme para leer mi libro es una rutina diaria que realizo con gran placer.
Soy de las personas que piensan que la elegancia se pone de manifiesto en los pequeños detalles; y si alguna vez hemos roto la paz de un hogar sin ser esperados y nos reciben como si supieran que íbamos a ir, sin lugar a dudas estaremos delante de una persona elegante y no sería extraño que también con mucho estilo.

Debemos vestir de una forma determinada porque nos encontramos a gusto así y no para impresionar a nadie. La elegancia es una filosofía y ésta se debe mostrar en toda situación y lugar. De poco vale que acudamos a reuniones de trabajo de forma impoluta si al llegar a casa nos quedamos en camiseta, con boxers y nos calzamos unas chancletas de goma.

Todos necesitamos un tiempo para nosotros solos, poder deleitarnos con un buen libro o simplemente reservarnos el tiempo suficiente para gozar de un vaso de whisky, escuchar a Sinatra y dejar volar nuestros pensamientos sobre una LC4 Le Corbusier o sobre una Eames. Y si esto lo podemos disfrutar en una casa de campo y oyendo como se consume la leña seguramente no cambiemos ese momento por nada en el mundo. Son los pequeños placeres los que más goce proporcionan.

A la hora de escoger el pijama debemos considerar el material con el que está confeccionado. El tejido nos dará el confort y la temperatura que cada uno de nosotros necesita. Los pijamas de seda son extremadamente cómodos por su textura y ligereza y son susceptibles de usarlos tanto en verano como en invierno. Aún siendo infinitamente más baratos que los de cachemira, su precio es elevado. Si durante estas vacaciones vosotros o algún conocido va a pasar unos días en algún país asiático, especialmente en Vietnam o China, no debemos desaprovechar la oportunidad de que nos encarguen varios pijamas de seda. Si tales viajes no están previstos, podemos decantarnos por pijamas de algodón, franela etc.

La variedad de pijamas no es tan extensa como la de otras prendas; sin embargo también existen diferentes cuellos y puños.
Debemos siempre huir de los pijamas en forma de jersey y vestir los tipo chaqueta. A parte de ser más cómodos y ligeros son mucho más elegantes.
La camisa de dormir, predominante hasta los años 30, sigue contando hoy en día con un buen número de adeptos.
Los estampados de los pijamas son infinitos, pero nunca nos equivocaremos si lo elegimos de rayas. La más reputada tienda de pijamas inglesas fundada en 1925 ha hecho de las rayas su estandarte y las posibles combinaciones que se ofrecen en ella llegan a ser tan extensas como la de las propias corbatas. Esta tienda, como muchas otras en Jermyn Street, ofrece la posibilidad de confeccionar el pijama, la bata y los boxers con idéntico estampado.

La bata es otra prenda que debería formar parte de todo armario que se precie como tal. Si bien la seda sigue siendo el tejido preferido por su tacto, no debemos olvidar que cualquier mancha sobre ella nos obligará a pasar por la tintorería.
Para terminar el atuendo que todo caballero debe vestir al estar en casa no debemos olvidar las slippers. Todas las casas de zapatos de renombre incluyen en su colección diversos tipos de zapatillas para estar en casa. Suelen ser de piel y se puede optar por modelos abiertos o cerrados por el talón. El rey de las slippers sigue siendo el modelo Albert. Este modelo es el perfecto compañero para las casas de campo donde los suelos son más fríos y duros que en las casas de ciudad.
El modelo Albert se puede personalizar con el escudo de familia o en su defecto con las iniciales del portador.
Aunque particularmente no me gusta su combinación con trajes de ceremonia, la mezcla del modelo Albert, en sus versiones más tradicionales, con el esmoquin ha sido siempre frecuente entre los caballeros más atrevidos. No obstante su uso nunca debe ser alternativo al del zapato. La casa es para las slippers lo que la calle para los zapatos. Es por ello por lo que debemos huir de la moda más reciente de vestirlas con vaqueros o con cualquier otra prenda.
Kennedy en su casa de Virginia con slippers modelo Albert despidiendo a sus hijos
No quiero despedirme sin dejaros un fragmento del libro de Iván Aleksandrovich Goncharov: “Oblomow” como claro alegato a favor de la bata.

…. “llevaba puesta una bata persa, una auténtica bata oriental sin la menor influencia europea, sin borlas, terciopelo, ni cinturón, y tan amplia que hubiera podido envolverse en ella dos veces. Las mangas de la bata, de perfecto corte asiático, se ensanchaban a partir de las muñecas hasta llegar a los hombros. Aunque, con el uso, la bata había perdido parte de su aspecto primitivo y en algunos lados tenía lustre, seguía conservando su brillante colorido oriental y la tela continuaba siendo tan sólida como cuando fue adquirida. Aquella bata poseía para Oblomov una serie de cualidades, a cuál más valiosa. Era suave y se adaptaba por completo al cuerpo, sometiéndose a cualquier movimiento del mismo como una dócil esclava”.

El Aristócrata

jueves 12 de junio de 2008

Bespoke. Parte 2: La camisa

La camisa tal y como la conocemos hoy se empezó a vestir en el año 1871. Esta fecha populariza la camisa con la tira de botones que ha llegado hasta nuestros días. Hasta antes de 1871 se tenía que pasar por encima de la cabeza como hoy hacemos cuando nos ponemos una camiseta.

En sus inicios, la camisa tenía la finalidad de simplemente proteger del frío y era considerada prenda de ropa interior. Es a partir de finales del S. XIX cuando la camisa empieza a ser tenida como símbolo de elegancia; especialmente la camisa blanca, ya que su portador al llevar tanto el cuello como los puños de un blanco impoluto demostraba pertenecer a una clase social que no necesitaba trabajar. Por esta misma razón las camisas a rayas o estampadas no eran aceptadas por la clase alta de la época ya que se podía pensar que esos estampados disimulaban posibles manchas. Para que nadie pudiera pensar esto, y que los señores pudieran demostrar que seguía “habiendo clases” se empezó a coser a las camisas estampadas el cuello y los puños de color blanco.

La confección de camisas con puños y cuellos blancos sigue siendo habitual en las sastrerías más tradicionales. Sin embargo, como he comentado en alguna ocasión, yo me decantaría para las ocasiones más formales por camisas a rayas con cuello blanco pero con los puños en el mismo estampado que el resto de la camisa.
A la hora de diferenciar una buena camisa debemos tener en cuenta varias cosas:

Como veremos en posteriores fotos, la camisa debe tener la posibilidad de introducirle en el cuello unas varillas (también denominadas ballenas) que permitan mantener el cuello recto y conseguir que no se despeguen las puntas de la pechera de la camisa. Estas pueden ser de plástico, níquel, plata, madreperla etc. En algunos casos existe la posibilidad de bordar las iniciales en ellas. Hoy en día todas las buenas camisas llevan un juego de ballenas de repuesto, por lo que no es necesario gastarse dinero en ellas. Además cada cuello dependiendo de su longitud y anchura necesita unas ballenas diferentes. Sólo si todas nuestras camisas llevan el mismo tipo de cuello y son de la misma casa estaría justificado su compra.

El uso del canesú en la camisería a medida debe servir para mucho más que para ser simplemente una herramienta de marketing. Normalmente, todos tenemos un hombro ligeramente más alto que el otro y el canesú es el perfecto aliado para evitar que la camisa produzca un efecto óptico no deseado.

Uno de los detalles que muestran que estamos ante una camisa a medida, o en su caso ante una camisa de confección de gran calidad, es la unión de los dibujos en las diferentes costuras. Esto se puede apreciar con facilidad en la unión del hombro y las mangas.


Normalmente en las zonas donde se produce un mayor desgaste se realiza un dobladillo de la tela y se cose con una doble costura


Otro de los detalles que diferencian a una buena camisa son las puntadas por centímetro. Cuantas más haya, más resistente será. Deberíamos encontrarnos con unas ocho puntadas por cada centímetro.

Los botones suelen ser de algún material resistente como el nácar. Los más utilizados por su resistencia son los botones mother-of-pearl:


Un detalle que tristemente se ha extendido como instrumento de marketing es el pequeño triángulo que une la parte delantera y trasera de la camisa. Sin embargo, es fácil distinguir cuando se ha añadido a la prenda con este fin o cuando se ha cosido para darle una mayor resistencia a la camisa:



Desde mi opinión uno de los detalles que antes nos hablan de la calidad de la camisa es el número de pliegues que unen las mangas y los puños.

Los ojales se coserán a mano al igual que los botones

Hasta finales del S. XIX los cuellos de las camisas podían ser de dos tipos. O de ala (todavía se pueden ver en algún frac o esmoquin) o vueltos. También existía la posibilidad de comprar los cuellos separados de la camisa e intercambiarlos según la ocasión y de esta forma tener "dos" camisas.

Si bien la elección del cuello es una opción personal, no hay que olvidar que no a todos nos favorecen todas las posibilidades.

Cuando hablamos del tipo de cuello hay que tener en cuenta tanto la forma y distancia de las puntas como el ancho del cuello. La combinación correcta de estos dos elementos podrá resaltar nuestra fisionomía al igual que un mal uso acentuara nuestros defectos.

Veamos unos ejemplos:


En la primera foto de esta viñeta vemos como una cara ancha deberá optar por llevar cuellos algo largos y estrechos para disimular dicha anchura del rostro; por el contrario si nuestro rostro es estrecho, un cuello abierto y de puntas cortas será la mejor opción. Finalmente, si nuestro cuello es largo la elección del tipo de cuello debería igualmente ser largo para no acentuarlo más. No hay que olvidar que los cuellos pequeños y estrechos siempre harán parecer nuestro rostro más alargado:

La distancia entre los cuellos también nos va a ayudar a la elección del tejido de la corbata y a escoger el tipo de nudo.

El nudo de la corbata debe siempre esconder bajo él la tela que separa el comienzo de los picos de la camisa.
En la siguiente fotografía encontramos una muestra de la mayoría de cuellos que existen en la actualidad:

Existen principalmente tres tipos de cuello: el cuello inglés que es estrecho entre las puntas y de gran anchura para cubrir gran parte del cuello; el cuello italiano de puntas separadas que exige corbatas y nudos anchos y el cuello americano que al llevar una pequeña trabilla hace que la corbata sobresalga de la camisa acentuándose su carácter.

Siempre es mejor que la longitud de la camisa, que no la de las mangas, sea lo suficientemente larga para que la camisa permanezca en su sitio incluso cuando nos agachemos. Es por este motivo por lo que si después de recoger nuestra camisa apreciamos que la parte trasera es más larga que la delantera no debemos alarmarnos.

La longitud de las mangas de la camisa debe permitir que independientemente de la posición en que se encuentre el brazo, el puño no se desplace de la muñeca:


Como hemos comentado en el primer capítulo de la serie de bespoke, la solapa de la chaqueta debería cubrir el borde exterior del cuello y sus puntas; también deberá tener la anchura necesaria para sobresalir por la parte trasera de la chaqueta.

Y por supuesto, siempre que se lleve corbata el botón del cuello de la camisa debe ir abotonado. Aquí no hay excepciones.

Los tipos de telas más populares para confeccionar camisas son batista de algodón, popelín, oxford, royal oxford o la prestigiosa sea island. Para camisas más sport se puede también utilizar la franela o la villela con los típicos cuadros Tattersall.

Para las fechas en las que nos encontramos debemos elegir colores más alegres que en el invierno.

Aunque mi predilección para un uso formal son las camisas de puño doble, no hay que olvidar que muchos caballeros prefieren el puño sencillo. Esto es bastante frecuente en países como Italia y es el símbolo diferenciador de una prestigiosa casa inglesa la cual usa tres botones. Encontramos gran variedad de ellos:

Aunque no hay mejor personalización para una camisa que su propio corte hay caballeros a los que les gusta grabar sus iniciales en ellas. Éstas se suelen bordar en la pechera izquierda. Fred Astaire acostumbraba llevarlas en la manga izquierda de la camisa. Últimamente se ven también en los puños.


Cuando hablábamos de los trajes bespoke analizamos cómo diferenciarlo fácilmente de un ready to wear o incluso de un made-to-measure. Desgraciadamente, en la camisa a medida ocurre algo parecido a las sastrerías de trajes; hay muy pocos profesionales de verdad y demasiados aficionados.

Seguro que todos conocemos lugares donde tras elegir el cuello, los puños, la tela y un par de medidas nos venden una camisa a medida.

Lo fundamental en las camisas a medida, al igual que en los trajes, no es la tela sino el patrón y la costura. Algunas marcas italianas y británicas pueden presumir de hacer sus camisas con telas de máxima calidad pero ninguna podrá tener la mesura de una a medida.

Para realizar una camisa a medida normalmente se toman varias magnitudes: las del pecho a la altura de las asilas, la de la cintura, la de la cadera, la de los dos brazos (normalmente su longitud no es exactament igual), la de la anchura de la espalda, el largo deseado de la camisa, el del contorno del cuello. Hay otras medidas que dependiendo de las preferencias del cliente se pueden tomar, como es el ancho del puño.

Después de la toma de medidas se dibuja el patrón y se pasa a la tela. Al contrario de lo que ocurre con un traje bespoke, la camisa a medida no se prueba en mitad del proceso de confección. Las camiserías que más miman a sus clientes dan a éstos un prototipo de la camisa final. El cliente la vestirá y lavará unas cuantas veces y solo luego se le harán los arreglos finales. Este largo proceso explica en parte por qué algunas camiserías exigen un pedido mínimo de entre seis y doce camisas.

Patrones de madera para hacer en papel el patrón de cada cliente

Patrones de papel ya preparados para pasar a la tela


Si al hablar de trajes a medida obligatoriamente teníamos que hablar de Savile Row, al hablar de camisas a media lo tenemos que hacer de Jermyn Street.

La globalización ha obligado en ambas calles, y a pesar de que nos quieran convencer de lo contrario, a cambiar el modus operandi en ambos sectores del bespoke. Si bien el english cut está asegurado, no ocurre lo mismo con el made in England. La mano de obra más barata ha hecho que muchas de las prendas que se venden en las prestigiosas tiendas de Jermyn Street hayan sido manufacturadas, en muchos casos, en talleres externos o como en infinidad de casos ocurre en fábricas en la India.

No obstante, todavía quedan tiendas en Jermyn Street que sobreviven a los altos costes que conlleva fabricar las camisas en el Reino Unido.

Interior de una de las tiendas más antiguas y con más prestigio de Jermyn Street

Todo este cuidado y mimo en la elaboración de una camisa a medida nos garantiza que con el cuidado necesario, nuestra compañera nos durará una media de 6 años lavándola 1 vez a la semana.

Las fotos y viñetas han sido sacadas de los libros "Dressing the man" de Alan Flusser, "El Caballero" de B. Roetzel. Thomas de www.englishcut.com me ha cedido para este artículo la de los patrones y los botones mother of pearl

El Aristócrata

jueves 5 de junio de 2008

Iconos del estilo. Capítulo 1: Eduardo VIII, Duque de Windsor

Antes de comenzar quiero puntualizar que cuando hablemos de estilo en este artículo no necesariamente lo haremos de elegancia. Seguramente a todos nos vienen rápidamente a la cabeza nombres de señores elegantes y nombres de caballeros con estilo. Pero probablemente el número empieza a disminuir cuando queremos recordar caballeros que posean ambas cualidades.

A lo largo de la historia existieron personajes que marcaron no sólo el estilo de vestir de su generación sino que fueron los responsables de que mucho después de desaparecer, sus innovaciones pasaran a formar parte de nuestro vestir diario. Es a las pocas personas que han vestido con estilo a las que debemos principalmente este hecho. Éstas han experimentado con tal gusto y éxito en su vestir que muchas de sus extravagantes creaciones se consideran hoy en día hasta algo clásico e incluso refinado.

Como ya adelanté en uno de mis artículos, en El Aristócrata escribiremos una serie de capítulos sobre aquellos caballeros que marcaron una época en el vestir masculino. Dividiremos esta serie de artículos en dos apartados: los dedicados a los iconos del estilo y los versados en los iconos de la elegancia.

La mayoría de nosotros estaremos de acuerdo en que si se ha elegido en este primer capítulo al Duque de Windsor, se ha decidido inaugurar esta sección con uno de los iconos del estilo por antonomasia.

Si Beau Brummell fue el icono del estilo del S. XIX, Eduardo VIII ocupó su puesto en el S. XX.

A pesar de estar sólo un año como Rey del Reino Unido su reinado no dejó indiferente a nadie. Eduardo VIII se vio en la necesidad de abdicar al trono debido al amor que siempre profirió por Wallis Simpson; aristócrata americana que no gozaba de la simpatía ni de la Casa Real ni de la Iglesia, al ser considera una liberal en sus relaciones con los hombres y estar divorciada en dos ocasiones. Unos meses después de abdicar se casó con la señora Simpson en Francia. Su discurso de abdicación siempre será recordado por su emotividad y por la victoria del amor frente a los prejuicios y presiones sociales.

Tanto como Príncipe de Gales como Duque de Windsor su peculiar manera de vestir siempre llamó la atención, traspasó fronteras y fue imitada por los caballeros de la época. La prensa internacional jugó un papel determinante en la internacionalización del estilo del Duque de Windsor al brindarle una extraordinaria publicidad. Su visita a los Estados Unidos en 1924 ocupó todas las portadas de las revistas y periódicos de la época. La revista Men´s Wear dijo en su edición de ese año: “la persona media Americana está más interesada en la ropa del Príncipe de Gales que en la de cualquier otro individuo en la tierra”.

Nunca se podrá determinar a ciencia cierta dónde termina la realidad y dónde empieza la leyenda. Pero si nos aliamos con la leyenda y con las fotos que han llegado a nuestros días, podemos afirmar que las aportaciones del Duque de Windsor a la moda masculina fueron innumerables y sin lugar a dudas, fue un revolucionario en el vestir.

A él se le atribuye poner de moda por ejemplo la chaqueta de smoking con solapas redondas:

y la pajarita ancha y sobre abultada:

y el diseño de la camisa actual de smoking y la chaqueta cruzada tipo dinner jacket con solapas negras que conseguían resaltar la elegancia de la camisa blanca:

…….

La prensa internacional llevó a los escaparates de la época todo aquello que el Duque vestía, por raro o excéntrico que pudiera resultar. En los años 40, pocos caballeros no se dejaron atrapar por su costumbre de vestir trajes cruzados con rayas curvas:

Otra de sus innovaciones que ha llegado a nuestros días y que es muy popular en países como Italia, es la práctica del Duque de Windsor de vestir un traje azul marino con zapatos de piel vuelta marrones.

El cuello windsor full cutaway que su camisero de Hawes and Curtis diseñó para él fue otra de sus grandes aportaciones. Este modelo de cuello sigue siendo el número 1 en ventas de la centenaria casa inglesa. Y como no podía ser de otra manera, para este cuello tan abierto Eduardo VIII creó el nudo windsor.

Pero por si algo su gusto puede ser calificado de exquisito es por la facilidad que tenía para mezclar “patterns” y colores (bastante llamativos por cierto, para la época). A pesar de ser visto con malos ojos por parte del resto de la Familia Real, su estilo casual y ese aire de libertad que sus conjuntos transmitían traspasó fronteras. El Duque de Windsor contribuyó de manera poderosa a que el resto del planeta sufriera una acusada fiebre de Anglomanía.

Chaquetas de sport del Duque de Windsor

También fue pionero a la hora de utilizar calcetines que se salían de los colores y dibujos comunes y que era capaz de combinarlos con éxito con la corbata o hasta con el pocket square.

Cuentan incluso que siendo Príncipe de Gales en una ocasión se manchó los pantalones y acudió a la tienda más cercana para cambiarse rápidamente. El dependiente estaba desembalando unos pantalones y el Príncipe escogió unos de la caja q todavía no habían sido planchados y estaban doblados. Debido a la premura que llevaba se los puso sin planchar. Desde ese momento la gente empezó a llevar raya en el pantalón.

Su pelo rubio y su piel clara le obligaron a experimentar con exquisito gusto la combinación de colores con la que conseguía el máximo partido de su look.



Como comentábamos al principio del artículo no siempre el concepto estilo es sinónimo de elegancia. La excentricidad del Duque de Windsor le hizo cometer, desde nuestro punto de vista, errores que a ninguno de nosotros se nos permitiría y que sólo a una persona con mucho poder o gran prestigio social se le pasarían por alto.

La alta sociedad de la época siempre le reprochó su manía de quitarse la chaqueta y remangarse a la mínima oportunidad las mangas de la camisa, o acudir a actos donde el resto de los caballeros portaban el típico sombrero inglés de fieltro con sombrero panamá, o ser invitado a actos formales y aparecer con chaquetas tipo casual etc.

No obstante las enormes aportaciones del Príncipe de Gales al vestir masculino han sido de tal magnitud que sus errores pueden ser fácilmente olvidados.

En este artículo hemos querido hablar de la relación del Duque de Windsor con la moda masculina y no ha sido nuestro objetivo ni nuestra intención entrar a valorar su persona.

El Aristócrata